jueves, 13 de noviembre de 2014

Dedicado a los jóvenes seguidores de “La pizarra de Gaude”

Dicen que los que tenemos mucha “experiencia” acumulada necesitamos dormir menos horas.

Tal vez por eso esta noche desperté y me puse a contar ovejitas -¿por qué será?- tratando de conciliar nuevamente el sueño.

De repente, se plantó delante de mi nebulosa memoria, algo que posiblemente comencé a oír el mismo día que abrí los ojos por primera vez al otro lado de la ventana, desde la que se oía como balaban las ovejas y quizás un poco más allá el lobo aullaba por no poder entrar al corral para llevarse la borrega blanca, o negra, que seguramente le habría dado igual.

Para vosotros, jóvenes -que sois todos- seguidores de “La pizarra de Gaude”.

Cuando yo nací, la trashumancia era el medio de traslado de los rebaños de merinas y yeguadas entre las dehesas de Extremadura y los montes de León.

Como el paso de los rebaños era a través de La Cañada Merinera y ésta está próxima a Camporredondo (mi pueblo) los pastores solían reponer sus viandas en la tienda de mis padres.

Quizás fueron estos pastores –boca a boca- los que la divulgaron por todos los recorridos y por eso es éste el romance más lejano  que guarda mi memoria.


Camporredondo 10-XI-2014

2 comentarios:

  1. ¡Qué poder de sugestión tienen los romances, amigo Gaude!

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  2. En mi duermevela fueron apareciendo guardas, ovejas, cañadas... y, de repente las merinas, los lobos y... "La loba parda". Creo que se me pusieron los pelillos -como decimos en mi pueblo- de punta ¡hacía tanto tiempo que no me acordaba de la "Loba parda"! Me dio mucha alegría y, cuando me levanté lo primero que hice fue contaros mis recuerdos. infantiles.

    Un pastoril abrazo.

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