martes, 28 de octubre de 2014

La Binadera.

De vez en cuando doy una vuelta por el local donde duermen –cuasi- debidamente colocadas las herramientas y enseres que ya no se usan, o se usan menos. A veces hago un alto ante una de ellas y pienso en lo importante que fue en su momento y la poca importancia que le damos hoy, cuando ya nos parece que somos ricos, que aquello fue un mal sueño y que, quizás, nunca fue realidad. Pero a mí me ocurre algo no sé si especial o curioso: me paro delante de una de estas herramientas y se me abre un enorme libro en el que voy leyendo. Hasta tal punto me ocurre que, a veces, se me difumina la herramienta y sigo leyendo hasta que despierto y vuelvo a verme sobre mi silla particular. Sólo entonces me doy cuenta de que allí está escrita una buena parte de la historia de mi vida; quizás la más especial.

Un día, me paré delante de la binadera y comenzaron a discurrir imágenes que, aun después de tantos años, siguen nítidas como el primer día.

Fue la binadera quizás la primera herramienta con la que el niño tuvo que ganarse su sustento: Rudesindo –y hacia él dirigía la pregunta el maestro- ¿por qué no viniste ayer a clase? (a la escuela se decía) “es que tuve que ir a capar remolachas”.

¿Sabe usted con qué herramienta el niño capaba remolachas? Pues eso: con la binadera. ¿Con qué herramienta el niño escardaba? Pues también con la binadera. Y con la binadera rozaba las achicorias y rozaba el melonar –decían que el melonar agradecía el polvo que se levantaba-. ¡Tantas y tantas labores se hacían con la binadera!

Y en la pala de la binadera quedó grabado lo que ahora vamos a relatar. Era el mes de mayo, la planta de la remolacha estaba muy crecida, hay que caparlas (entresacarlas) porque se hacen grandes y la experiencia aconseja hacerlo en el menor tiempo posible. El “amo” busca mano de obra, toda es poca y para ello se recluta a todo el personal capaz de sostener la binadera con sus manos. El sueldo, o jornal, es de miseria, pero a la miseria había que combatirla, y la única arma que había era otra miseria en forma de salario.

Fortunata es reclutada -no importa si es una niña o no, la edad no cuenta- para la tarea. Cobrará menos que las personas mayores porque es una niña, pero tendrá que sacar adelante la misma cantidad de surcos que una persona mayor. Injusticia sobre injusticia.

Por el esfuerzo requerido, o por la escasa y desequilibrada alimentación la niña no se encuentra bien. Por el surco adelante va vomitando, no puede seguir el ritmo de los mayores: se queda atrás. Una señora de la cuadrilla -tenía corazón de madre- multiplicando su esfuerzo, ayuda a Fortunata. El “amo “desde una finca próxima observa ¡Fortunata no sigue el ritmo impuesto por el resto de la cuadrilla! El “amo” deja su quehacer, se acerca, y sin más preámbulos espeta: Fortunata, dice, te pago por trabajar. El ángel que ayuda a la niña interviene: ¡pobrecilla, dice, está enferma, ya la ayudo yo! Si está enferma que se quede en casa, respondió el “amo”, y cuando esté en condiciones que vuelva. La niña tuvo que marchar para casa, descansó un rato, tal vez su madre le diera un beso, porque poco más había, y por la tarde Fortunata siguió formando parte del grupo de la binadera.

Fue la binadera quizás la herramienta que se adaptó mejor a la edad de los usuarios, por eso las había de todo tipo: desde la pequeñita para rozar zanahorias o achicorias, hasta la que sólo podían manejar los más fuertes de la sociedad rural: la binadera de la viña. Recuerdo con todo cariño y admiración, el manejo de esta binadera por parte de Alejandro Núñez, era un número uno en su manejo, porque a su posible habilidad unía una fuerza casi sobrenatural.

Hemos dicho de la binadera más pequeña que quizás fue la primera herramienta con la que el niño se entrenaba para la dura vida de agricultor. Había otra más grande para encasillar (hacer grupos de remolacha en la siembra a cordoncillo) y remataba la de la viña. Como vemos, había un tipo de binadera para cada necesidad y para cada edad.

Una de las imágenes que perduran en nuestra retina es la del abuelo Salustiano que se apoyaba en dos bastones para llegar al tajo (tarea), uno de los batones era la cayada y el otro, cogida por la parte de la pala, era la binadera. O sea la binadera como bastón pero, al llegar al corte, era usada como herramienta supresora de malas hierbas.

Y ahora una maldad por mi parte, pero que tiene por alcahueta a la binadera. Ya he contado que en casa hubo aquello que llamaban “casino” y allí se reunían a jugar algunos señores mayores que algunas veces comenzaban la partida a primera hora de la noche y la terminaban también a primera hora… pero de la mañana.

Los hombres iban a jugar la partida de cartas pero, a veces, acordaban el día antes llevarse la binadera al “casino”. Y claro, ahora alguien querrá saber para qué se la llevaban. Pues muy sencillo: si la partida se prolongaba hasta el día siguiente, por la mañana un poco antes de amanecer dejaban el juego y marchaban cada uno allí donde tuvieran un posible corte que justificara su presencia. Entonces, cuando los agricultores regresaban de hacer la mañanada, para almorzar, los otros agricultores (los de las cartas) también se sumaban. De esta forma se cuidaban mucho las apariencias, algo que se consideraba muy importante en aquellos tiempos: “que arda la casa pero que no se vea el humo”. Como veis truquillos y pequeñas trampas siempre ha habido. La diferencia está en que aquellas trampas podían perjudicar la economía familiar, no la del vecino; eran binaderas, no tarjetas: éstas son posteriores.

Para no asustaros no quiero relatar los dolores de espalda (dolor de riñones decíamos) que provocaba la, aparentemente, inofensiva binadera.


Camporredondo octubre de 2014

lunes, 20 de octubre de 2014

¿La Séptima ruta de Delibes?

Observo -con tristeza- “Rutas de Delibes” en las que –bajo mi modesto entender- falta una importante al sur-este de la provincia. Ruta en la que Delibes (“Castilla Habla”, "Alfares bíblicos") charla con los alfareros (cacharreros entonces) hermanos San José, Conceso y Alberto. Hermanos que fabricaban, en sus hornos de hornija, en Arrabal de Portillo, los famosos herradones de barro cocido que los “expertos”, después, se han encargado de transformar en herradones de latón. En esta ruta –cada vez menos- podríamos contemplar y, sobre todo recibir explicaciones de cómo se fabricaban todo tipo de cacharros, entre ellos los herradones que acabamos de citar, pudiendo aún contemplar algunas piezas que en los años 40 y 50 del pasado siglo se ordeñaba las ovejas en la zona.

En la misma ruta se incluye la charla que mantiene el escritor con Mariano Sastre, obrero del campo (Castilla Habla”, "Tierra de Pinares"), que nos habla del pino negral o resinero, también nos comenta sobre el pino albar o piñonero y el pino carrasco, que no medra en las laderas.

Después de la charla que mantiene con el obrero del campo el escritor se asoma -en su camino desde Arrabal de Portillo hacia Iscar- por el balcón del llano de San Marugán donde, en el cementerio de Cogeces, descubre los cipreses más papujados que jamás haya visto y que, también, los “expertos” sitúan en Cogeces del Monte donde dicen: “se secaron y hubo que arrancarlos” (invito a que se visiten, todavía, en el mismo cementerio -y los mismos cipreses- que Delibes pudo observar).

Camina un poco más el escritor y encuentra a Eleuterio Cabrero (Tello Totorro), en Iscar. Con él hace un repaso profundo sobre la economía boyante del pueblo. Aquí mismo el escritor hace mención a la labor que está realizando el hombre de campo que, nos dice está "azuzando un viejo macho acorrillando un majuelo" lo que, aun siendo verdad, no hay “experto” que aclare lo que es acorrillar para que quede claro que no se acorrilla con el arado sino con el azadón…

Y para no hacerme más pesado ¿nadie se acuerda dónde concibió Delibes la idea de “Las Ratas”? Pues el escritor nos ha dicho que la idea le surgió en un viaje que realizó a El Henar. Allí le hablaron de que por aquellos arroyos se criaban unos topos (ratas de agua o topos de ribera, hoy totalmente desaparecidos) que formaban parte muy importante de la economía familiar de los toperos y tenían una carne exquisita, razón por la cual la gente los cazaba y comía.

¿Merece la séptima ruta esta zona que, no sé por qué motivo, ha sido excluida de las rutas de Delibes? Puedo asegurar que en esta ruta  tiene el escritor aficionados y admiradores de de su obra que pueden corregir algunos errores de los que se cometen al interpretar el lenguaje del escritor.

Después de lo expuesto pregunto: ¿valdría la pena una charla a nuestro jóvenes -estudiantes o no- sobre los alfares (cacharrerías conocidas y desaparecidas o en trance de desaparecer? ¿No sería interesante que a nuestros jóvenes -estudiantes o no- alguien les hablara de la forma de resinar en tiempos pretéritos? ¿Habría mejor ruta que la séptima... (Tierra de Pinares) para explicar a nuestros jóvenes la forma de cosechar las piñas, no por el piñonero, sino por los sufridos piñeros? ¿Sería interesante que alguien hablara a nuestros jóvenes –aprovechando las alfarerías de Arrabal- sobre el pastoreo en tiempos pasados? ¿Podría alguien mostrar a nuestros jóvenes lo que es un ciprés papujado? ¿Sería interesante que nuestros jóvenes supieran donde ideó Delibes “Las Ratas”?

Es posible que el mismo día que en El Henar comentaron sobre la existencia y aprovechamiento de las ratas de agua (topos de ribera) -que, como he dicho, dieron origen a "Las Ratas"- también comentaran a Delibes que en mi pueblo (Camporredondo) se produjo un hecho digno de ser conocido por el cazador que escribe: el lance de “El Matacán del majuelo", “Viejas historias de Castilla la Vieja”, porque un hecho exactamente igual se produjo en mi pueblo, solamente que fue anterior (años 1920-30) a que Delibes lo escribiera y el galgo era el de el tio Alonso, teniendo que ser abatida la liebre, tras varios lances, por un disparo de escopeta para evitar que el matacán llegara al perdedero (Monte Arenas en el pago de El Colorado) y el majuelo estaba situado en la Gamarra al pie de las laderas del mismo nombre. Todo muy coincidente.

En fin, si alguien se atreve a desglosar, para nuestros jóvenes, lo que acabo de enumerar, permítanme que me descubra ante él. Trabajo habría para los posibles guías.

Y, cuasi, nada más, creí que debía reivindicar una ruta más del escritor y eso es lo que he intentado manifestar.

Copias a: Diputación Provincial de Valladolid, Fundación Miguel Delibes, El Norte de Castilla y La Piazarra de Gaude.


miércoles, 15 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Un paréntesis..

Allá donde estuve, cual Isidoro, paseé con orgullo el pueblo escrito en mi cara.

Amigos de “En Camisas de Once Varas: hasta aquí mi tránsito por el campo de las palabras de este mundo maravilloso (el mundo rural) que, según mi criterio, los expertos y diccionarios –poco o nada rigurosos- no han tratado como se merece. Oí y escuché que mis raíces me gritaban y no pude, ni quise, resistirme a su llamada. He intentado hasta donde me ha sido posible defender la pureza del lenguaje rural desde donde creo que debe hacerse: desde el pueblo y la tierra; nunca desde la tranquilidad de un escritorio. Desde la mesa-escritorio el campo no se ve si no a través de imágenes deformadas que, a veces, muchas veces, no hacen justicia a los hombres y mujeres del campo.

No por eso dejo de agradecer a “expertos” y diccionarios que me hayan obligado a salir de mi tranquilo refugio de jubilado para contrastar lo que ellos y en ellos se dice y la realidad (mi realidad de hombre nacido y criado en el campo). No sé si habré conseguido aportar un poco de luz allí donde a mí me parecía que había tinieblas. A través de “La Pizarra de Gaude” y en su apartado “En camisas de once varas” he querido examinar la opinión de aficionados –quiero creer que bienintencionados- que bajo mi punto de vista era desatinada. Si lo he conseguido o no es usted el que debe juzgarlo: “lo escrito, escrito está”. Allí le invito a reflexionar y nada le agradecería más que me hiciera saber aquello con lo que no esté de acuerdo, para rectificar lo que haya que rectificar y para aclarar lo que no esté suficientemente claro (todo sea en memoria y cariño hacia el campo y sus gentes).

En mi pueblo decimos “para muestra un botón”. Eso es lo que he intentado hacer desde “En Camisas de Once varas”, dejar un botón de lo que está ocurriendo con la obra de Delibes y con el lenguaje rural. A partir de aquí, creo, son otros con más y mejor formación que yo los que deben seguir aunque, por lo visto y leído hasta el momento, tengo muy fundados temores de que lo que vaya a perdurar es lo que públicamente he denunciado como un claro aprovechamiento de una obra sobre el mundo rural que es digna de mejor estudio. Lo que acabo de decir no sé si debéis tenerlo en cuenta, al fin y al cabo no es más que la opinión de un ex pastor y ex agricultor que no admite que desde la academia le digan que ordeñó en herradones de latón que fabricaban los cacharreros (alfareros) de Arrabal de Portillo, que el arado viñero y el romano son el mismo arado, que los agricultores medíamos el sulfato de cobre a puñados, que la Milana (Los Santos Inocentes) sea la hembra del milano, la freza, meaína, barbón, humeón, greñuda, manguito, aventadora…  etc. etc. etc.

Hago este paréntesis porque quiero seguir contando cosas para generaciones posteriores y para ello necesito más “tiempo” del que dispongo.

Y cómo no tengo, como acabo de decir, el “tiempo” que quisiera, si quiero terminar diciendo a nuestras autoridades académicas: el honor de pertenecer a la Real Academia no acaba al ocupar tal o cual sillón correspondiente a una determinada letra; ahí comienza vuestra labor. Lo que queda por ver después es si se nota, o no, vuestro trabajo.

Con esto no estoy diciendo adiós sino, si es posible, hasta luego, porque trabajo hay mucho por hacer. 

Repito: “Para muestra un botón”.

HASTA PRONTO.


martes, 14 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Quitameriendas.

Quitameriendas
VHCV pp. 54-55
(...) las
 quitameriendas que aparecen en las eras cuando finaliza el verano,
quitameriendas.
1.
 f. Planta de la familia de las Liliáceas, muy parecida al cólquico, del que se distingue por no estar soldadas entre sí las largas uñas de sus sépalos y pétalos.

Lo que acaba usted de leer amigo lector de “En camisas de once varas” lo puede encontrar, tal cual, en Cátedra Miguel Delibes.

Parece que al autor del glosario le llamó la atención la palabra quitameriendas, pero no tenía demasiado tiempo para investigar y explicar -para los no versados- lo que es la planta, y no se le ocurre un camino más corto que acudir al DRAE y… “aquí paz y después gloria”: así es más fácil.

Entonces trataremos, desde nuestra óptica de aficionado y admirador del escritor -también como hombre de campo- de encontrar un punto de conexión entre la planta “quitameriendas” y lo que es, en buena parte, la denuncia que constantemente Delibes hace sobre la miseria en que vivía el campo castellano. “El cielo de Castilla es tan alto porque los labradores lo empujan de tanto mirarlo”. Vamos a ello:

Que los trabajos más duros en el campo eran los que se realizaban en verano no creo que pueda ser objeto de discusión. Por eso, desde el día de la matanza, las mejores tajadas se guardaron en la olla entre manteca para cuando la dura jornada comenzara al alba, finalizando cuando el velo de la noche hiciera imposible continuar. Sólo en este tiempo se hacían cuatro o cinco comidas: desayuno, primera hora de la mañana; almuerzo, nueve de la mañana; comida, al mediodía;  merienda, contra la tarde y cena.

Cuando las labores de siega, trilla, limpia, y una vez que el grano se encerraba en desvanes o paneras,las horas de mayor esfuerzo por la mañana (la mañanada) se eliminaban y con ellas habíamos suprimido el desayuno. Nos quedaba una comida que, entonces, no era un lujo sino una necesidad: la merienda.

Cuando la era –nunca mejor dicho- quedaba limpia de polvo y paja, sobre la superficie en la que se había recogido el fruto de tanto esfuerzo, era cuando nacía una planta como la que nos describe el DRAE: la quitameriendas (perezosa en Camporredondo por aquello de que florecía tarde). Planta muy bonita, de colores muy delicados pero…  nos indicaba que la merienda se había acabado: el trabajo fuerte había terminado. Lo que hemos dicho, y que los días eran más cortos y, como tal, la jornada también se acortaba daban al traste con la merienda. No es culpa de la planta, ella no nos quitaba la merienda, pero venía a decirnos que el tiempo de la merienda había pasado.

Estoy hablando de la merienda –merienda en la era- y tal vez nos parezca que esto era una de esas “merendonas” campestres que hoy nos disparan la tasa de colesterol: nada más lejos de la realidad, la merienda, por regla general, era una sanísima, buena y modesta ensalada de tomate y pepino aderezada con aceite, sal y vinagre que, con un trozo de pan, sabía a gloria. ¿Tendría el merito la ensalada, o el rato de descanso que se disfrutaba durante el “ágape”?

Y hasta aquí la historia de una bonita planta que nacía en la era al terminar el verano y que su presencia indicaba que ya no habría más meriendas, al menos en la era. Pero la planta no era la culpable de tanta miseria como se vivía en aquellos tiempos, la quitameriendas nos avisaba que en la era ya no habría más meriendas, pero durante unos días ponía un bello colorido sobre la superficie de la era barrida.  

Tiene una parte triste el final de la historia de la quitameriendas y es que ha pasado a ser planta rara, al menos en la zona en que este pueblerino la vio nacer y morir tantas veces.

ESPERO QUE ALGUIEN ESTUDIE LA OBRA DE DELIBES Y DESPUÉS NOS LA CUENTE: SE LO MERECE.

Nota al final de esta serie de palabras: Por falta de fuente de información (esta era la última palabra que habíamos recogido de la Cátedra Miguel Delibes) nos vemos obligados a dejar en suspenso la serie. Si algún día volviéramos, nuevamente, a tener oportunidad de seguir, así lo haríamos.


lunes, 13 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Garia/gario

Diccionario del Castellano Tradicional página 273.

Garia  n.f.   Útil de hierro con cuatro dientes que sirve para cargar la mies o la hierba en los carros o para remover la basura en la tierra.
 –>bieldo, gario.
Observ.: En algunas zonas es de madera.

Gario  n.m.   Instrumento de hierro que sirve para cargar la mies o la hierba en los carros, o para remover la basura en la tierra.
-->Garia, bieldo, garieta.
Observ.: se diferencia del bieldo en que este último es de madera.

Ruego -porque así lo siento- que alguien, y cuando digo alguien me estoy refiriendo a algún responsable (véase autoridad) que, además de saber, conozca mínimamente este mundo –me refiero al mundo rural- que, al menos los diccionarios que van a servir para formar a futuras generaciones, sean inspeccionados y controlados por personas que entiendan de lo que hablan. A partir de aquí, juzgue usted por qué digo esto: me comentan que el diccionario en cuestión sirve da base de consulta en colegios e institutos sin que nadie se sonroje.

Lo primero que quiero hacer es ofrecer representación fotográfica de las herramientas o útiles (tratados en esta entrada) usados para las distintas tareas en el corral, la cuadra, la tierra, la era…etc. Vamos por orden de aparición:

De izquierda a derecha: garia de picos, bieldo, gario y garia de bolas
Garia de picos.- Aparentemente en principio todo es correcto, pero vamos por partes: con esta herramienta se remueve la basura en la tierra o allí donde ésta se encuentre: cuadra, corral, estercolero o para esparcirlo por la tierra. Pero vamos con lo más importante ¿usted cree, amigo seguidor de “En camisas de once varas”, que es posible remover la basura (estiércol) si esta herramienta es de madera? Pues eso es lo que nos dice el Diccionario del Castellano Tradicional. La respuesta la tiene usted al lado: ¿sería posible, como norma general, manejar el estiércol con el bieldo o el gario? Cada herramienta tiene un uso y el agricultor la usa allí donde le viene a propósito. O sea: Bieldo y gario como sinónimos de garia, imposible. La garia siempre es de acero. Y si en otra zona es de madera -porque con ese nombre se la conoce- siempre será de madera (las churras siempre serán churras y las merinas merinas, no las mezclemos).

Bieldo.- El bieldo se usa para lo que fue concebido: para beldar (separar el grano de la paja aireándola).

Gario.- Con este útil de era el agricultor llenaba la tolva de la máquina aventadora y manejaba la paja allá donde le surge la necesidad: llenar el pajar, llenar el carro para transportar la paja hasta el pajero o el pajar, etc.

El gario y la garia no son sinónimos: son distintos y sirven para tareas distintas. ¿Sería posible mover el grano limpio con la horca, o segar la mies con la pala? Cada útil para lo que sirve.

Supongo que queda meridianamente claro que con el gario sería imposible remover el estiércol.

Hemos querido añadir una garia más para dejar constancia de su existencia:

Garia de bolas.- Para no dejar posibilidad de que en otro sitio nos digan para que sirve debemos dejarlo claro: con esta herramienta se manejaban las remolachas, achicorias, zanahorias etc. Las bolas -en vez de picos como la anterior- evitaban que se clavaran en el producto a manejar.

Y ahora quiero decir al DRAE, al DUE, al DCT. y otros que no nombro, que esto es lo que se debe hacer para -cual torre de Babel- no confundir. En otra parte se llamaran de otra manera, pero en ninguna parte se puede manejar el estiércol con el gario porque es imposible.

Comentario final: si con diccionarios de este estilo queremos formar futuras generaciones serán generaciones engañadas por sus… ¿profesores?

Quizás pueda parecer exagerado lo que acabo de decir pero, si a usted se lo parece, le ruego visite “En Camisas de Once Varas” desde el principio y verá que hace falta algún control: se trata de formar nuevas generaciones y una parte principal gira en torno a la cultura ¿o no?

domingo, 12 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Peseta.

Página 223 del DCT:
Peseta n.f.  Crucífera espinosa que florece en primavera. Se da en lugares herbosos
-->Hierba de la plata.

Les aseguro que más de un disgusto me ha dado la dichosa peseta con sus afiladas púas, porque si no yo, que no ando sobrado de entendederas, no me habría enterado con la definición que nos da el DCT.

Antes de seguir: ¿Alguien puede decirnos de dónde proviene el nombre? Sé que desde hace muchos, muchos años, se la conoce con ese nombre, pero el origen del mismo no tengo ni idea, ni a quién recurrir.

Sobre el sinónimo (hierba de la plata) no puedo opinar, lo desconozco; pero si llega a ser de oro… Que florece en primavera no creo que sea una buena pista, son tantas las plantas que florecen en primavera que muy difícil me lo pone el Diccionario del Castellano Tradicional para saber cuál de ellas es. ¡Hombre! una pista que puede ser definitiva es la siguiente:”se da en lugares herbosos” ¡joder!, como la mayoría de las hierbas ¿o no?

Veamos:

Peseta: bonita planta
Peseta.- Para terminar rápidamente os diré que si queréis buscar su definición en otros diccionarios buscarlo como abrojo, pues ese es el nombre de la planta. Jamás he podido saber por qué el nombre de peseta, pero el caso es que en toda, o buena parte, de la provincia de Valladolid se la conoce con este nombre que se presta a toda confusión: estos enemigos públicos abundan en verano y las pesetas (las calas) andaban escasas en todas las estaciones del año.

De esta planta lo que puedo decir que la encuentras -como todo lo que no deseas- por casi todas partes; principalmente por terrenos arenosos. Las he sufrido en mis pies, principalmente, pero donde las encontrarás rápidamente es si circulas con la bici por caminos de carro o por senderos, las hay por todas partes aunque no las veas. En seguida notarás que la rueda de la bicicleta se desinfla; no lo pienses más, ni le des más vueltas, seguramente allí está la peseta. Pero si vas por la carretera y notas la misma sensación, no te pares a pensar: el tractor la sacó pinchada en sus ruedas y la peseta esperó a que pasaras con tu bici para amargarte el grato paseo que te habías propuesto.
Abrojo: simpático y amenazador fruto de la peseta

O sea:

PESETA.- Planta rastrera, florece en primavera o principio de verano. Sus pinchos son el terror de las cámaras de las ruedas de las bicicletas, a las que pincha con suma facilidad. --> Abrojo.

Ésta es la definición –más o menos- que encontrará  en el Diccionario de Camporredondo.

La peseta, además de planta rastrera, es rastrera por vil, despreciable y traicionera.








sábado, 11 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Rastra.

Página 287 del Diccionario del Castellano Tradicional

Rastra  n.f.  Herramienta compuesta por un mango largo en cuyo extremo cruza un travesaño armado de dientes o púas de madera. Con ella se tapaba el grano una vez sembrado o se recogía la paja o la hierba.

A partir de aquí siguen otras tres acepciones -junto con el DRAE y el DUE- a cual más disparatadas, según la opinión de éste que teclea. No se trata de que aquí o allá se llame de esta o aquella manera, es que si es rastra no puede ser rastrillo, rastrilla, rastro o camizadera, etc. según el momento en que nos encontremos.

Podría ofrecer fotografías del rastro, la rastrilla o la camizadera, pero estamos hablando de rastra, y rastra es ésta que vemos, la cual observamos que no sirve para acamizar la parva, tampoco para pulir tabones como dice la segunda acepción, ni va enganchada al arado… en fin que aquí presento la rastra que se usó al menos durante todo el siglo XX (antes puedo asegurar que yo no estaba), aunque creo que la rastra es bastante anterior.

Con la rastra se suavizaba el lomo de los surcos después de sembrar (quedaban igualados), se rompía la costra de la tierra después de llover para facilitar la nacencia o nascencia… en fin servía para muchas tareas pero no, no, no, para acamizar la parva no servía la rastra.

Quiero contarles aquí y ahora otra tarea especial que cubría la rastra: ¿se acuerdan cuando hablamos de los piñeros y las parvas de piñas? Pues eso: con la rastra y una caballería pasaban por encima de la parva de piñas abiertas y los piñones caían al suelo. ¿Curioso no?

Bueno, que no les canso más, otro día que no sé lo que nos dirán del rastro, rastrilla, etc. ofreceremos un foto como ahora y con eso creo que la cosa quedará más clara, por lo menos para los que somos duros de mollera.

Para evitar… ¿Qué serán las otras piezas que se ven? Se lo digo: el timón de la camiza, el timón del arado romano y la horquilla (varas) del arado viñero. El timón que se ve al fondo es el del arado de San Martín. Más abajo hay más, pero no salen en la foto a pesar de que no se mueven.

¡Qué pesado soy! ya lo sé, es que soy de campo.

viernes, 10 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Hocino/hoz

Página 276-277 del DCT.

Hocino  n.m.  Hoz pequeña en general. Sirve para cortar las malas hierbas.

DRAE : Instrumento curvo de hierro acerado, con mango, que se usa para cortar leña.

DUE: herramienta con una hoja curva que se usa, por ejemplo, para cortar leña.

Hoz  n.f.  Hoja de acero laminado y corte afilado y ondulado en forma de media luna, con un mango corto de madera.

Viendo las acepciones que nos ofrecen DRAE, DUE y DCT pocas cosas creo que se pueden decir acerca de hocino y hoz. Sí que llama la atención que nos diga el DCT. que “sirve para cortar las malas hierbas” porque ¿con qué se cortan, o cortaban, las hierbas buenas?

Digo que pocas cosas se pueden decir aparte de reivindicar el hocino para segar la mies que durante toda la vida se usó en Camporredondo hasta donde llegaban, también, segadores gallegos con el mismo tipo de herramienta para segar.

Según los diccionarios DRAE y DUE, el hocino se usa para cortar leña; de donde deducimos que no tomaron la referencia en mi pueblo o sus alrededores porque por aquí para cortar leña se usaban, hacha, hachón, tronzador, etc.

Como digo que quiero reivindicar el hocino como herramienta cortante para segar la mies y esto puede no ser suficiente, aquí traemos la foto para que no haya duda: con este hocino segábamos en casa, y con otros del mismo estilo todos los demás segadores en la zona de Camporredondo –Valladolid-.

Mostramos la “bolsa de los hocinos” de la que hemos extraído uno para dejar sentada su forma. La bolsa contiene los hocinos, el palo de atar y de ella cuelgan las zoquetas (guante de madera que protegía los dedos corazón, anular y meñique contra posibles cortes). Al lado, un mazo de atillos con los que otrora se hicieran los haces de mies. Todo, a su vez, colgado del trillo.

Posiblemente, si sigo hablando, meta la pata hasta el corvejón pues la emoción me embarga: ¡Cuánto esfuerzo, cuánto sudor, cuánta miseria y qué poco respeto observo hacia aquéllos que lo sufrieron sin ninguna queja ¿para qué? Si nadie escuchaba...

Espero, y sobre todo deseo, que siempre sean tratados estos útiles y herramientas con el mismo respeto que guardamos la autora de la fotografía y yo.

jueves, 9 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: A huevo.

Yo creo que tiene que llegar el momento de cortar este empeño que tengo en ver las cosas de distinta manera a como las ve el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes y, debo entender,  aquél que se las publica.

Aquí tenemos otra muestra más:

A huevo: Locución adverbial: que apenas cuesta. “Indica lo baratas que costaban o se vendían las cosas”.

EUC p. 65.
(…) sobre el navazo encharcado y fallar una segunda a huevo (…)

Vamos a ampliar un poco lo que Delibes nos dice en “El último coto” y después seguimos comentando: “(…) No cacé más de hora y media (el temor de la vuelta al coche me enervaba) tiempo suficiente para derribar una perdiz lanzada sobre el navazo encharcado y fallar una segunda a huevo, entre los pinos. (…)”

Bien, parece que el cazador no andaba de compras en ese momento, ni pretende decirnos si las cosas se compraban o vendían baratas. Delibes en “El último coto” nos dice que le salió una perdiz a huevo, o sea fácil, a capón… ¿se acuerdan? Bueno pues eso; que aun saliéndole mansa, a huevo, la falló. Ése parece que era su lamento, más que el de los precios en el mercado.

Decía al principio del escrito que veo las cosas de distinta manera a como las ve el “experto” con lo que uno de los dos nos equivocamos; o no, porque posiblemente los dos tengamos razón, cada uno lo vemos desde distinta óptica: él desde la ciudad y yo desde el terruño desde donde, indudablemente, las cosas parece que se ven de distinta manera: yo veo a la perdiz volando lanzada sobre el navazo encharcado y volando entre los pinos, y él la ve volando entre los puestos del pescado, la carne o la fruta. A mí no me preocupan los precios del mercado y a él no le preocupa si el navazo está encharcado o era un secarral.

YO SIGO CONTANDO LAS COSAS DESDE EL PUEBLO.


miércoles, 8 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Azuela.

Transcribo, fielmente, lo que el DCT recoge en su página 258:

Azuela   n.f.  Herramienta compuesta de una plancha de hierro cortante y mango corto de madera. Sirve para desbastar, para apretar las cuñas o pescuño del arado romano y para `dar pica´ a los pinos.

Por la descripción, deduzco que el autor/a ha visto la azuela que el arador lleva siempre, o es aconsejable llevar siempre que se vaya a arar con el arado romano, sobre todo cuando las orejeras sean de madera (peligro de rotura) o como muy bien dice el diccionario, por si se afloja el pescuño… en fin que es un útil auxiliar muy interesante para muchas contingencias que se le pueden presentar al mozo-arador.

Azuela para uso de campo
Visto hasta aquí alguien podría preguntarme ¡hombre! entonces ¿por qué la crítica? Sigamos, sigamos. Pero creo que siempre será mejor que usted lo vea y así se evitan las explicaciones posiblemente erróneas que yo pueda presentar.

No estoy de acuerdo en que, siempre, una imagen valga más que mil palabras, pero creo que en este caso… sobran.
Hay más modelos de azuela pero el DCT se refiere a estas dos.

Azuela de resinero (dar pica a los pinos por Hugues)
Ahora reflexionemos: ¿usted se imagina al resinero remondando (dando picas a los pinos) con la misma azuela que el mozo de labranza hacía orejera nueva por rotura de la que estaba abriendo surco?

Yo, modestamente, creo que hay que ser un poco más riguroso en estas pequeñas cosas, máxime si, como creo, este diccionario está como diccionario de consulta en colegios e institutos. Se trata de formar a nuevas generaciones

Esto es lo que tenemos.

SI ES QUE EL MUNDO RURAL ES MUY COMPLICADO.

martes, 7 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: A capón.

A capón: Disparar sin tener tiempo de utilizar el punto de mira.

Esto se encuentra escrito en la página 35 del Diccionario de Expresiones populares en la Narrativa de Miguel Delibes.

Uno ya empieza a cansarse y siente ganas de abandonar, pero, claro, abres el diccionario en sus primeras páginas y encuentras lo que más arriba hemos tecleado y dices: si lo dejo así, dirá aquél que sea cazador o conozca un poco este mundo ¿es que nadie se ha dado cuenta? Y yo digo ¡joder! es verdad lo que puede pensar el lector ¿nadie se ha dado cuenta de lo que dicen en este diccionario? ¿Desde cuándo saltar la pieza a capón se traduce en un disparo tan difícil que ni siquiera tiene el cazador tiempo de utilizar el punto de mira? Veamos lo que dice Delibes:

“(…) Hay que considerar que la perdiz es capaz de volar a una velocidad de cien kilómetro a la hora y si a eso le añadimos los ochenta o noventa del huracán, se comprenderá que la patirroja que levanta a diez metros –sigilosamente, además, acallada por los bramidos del viento- puede interponer en poco más de un segundo sesenta entre ella y los tubos de la escopeta. El tiro, aun arrancando a capón, exige una celeridad de la que no todos, desgraciadamente, disponemos. (…).

Si leemos con atención, en seguida nos daremos cuenta que Delibes no nos está hablando de un disparo a capón, sino de que la pieza (la perdiz) aun arrancando a capón (saliendo fácil) en un momento, con la fuerza de sus alas y ayudada por el viento, si no te das prisa en disparar se te alarga. O sea: se necesita rapidez en el disparo porque, de lo contrario, desaparece del campo cubierto por la escopeta.

Resumiendo: es la pieza la que arranca (sale, levanta el vuelo en este caso) a capón y si, con las circunstancias especiales del día, el disparo no es rápido, se nos va a criar. O sea: a capón (a huevo) sale la perdiz y el disparo debe ser rápido. Si no lo haces así habría que darle, al cazador, un capón con los nudillos bien apretados. Y otro a mí quizás por no saber explicarlo.

Quiero añadir -porque me brinda la oportunidad el DEPNMD en la misma página 35- que Delibes en el “El último coto” página 70, nos deja más claro a todos lo que es “a capón”. Dice:

Los pájaros, juntos, en pares, o separados, arrancaban por todas partes, sin malicia, blandos, a capón (a huevo, decíamos casi todas veces; lo cual no es dispararle al huevo).

SI USTED NO ESTÁ DE ACUERDO, PODEMOS SEGUIR DISCUTIENDO LA JUGADA.

lunes, 6 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: A cuenta de.

Quizás sea por falta de atención o interés en lo que leemos, o publicamos, el que ocurran estas cosas. 

Vea usted lo que dice el DEPNMD en la página 36:

A cuenta de: Responsabilidad o incumbencia particular (de una persona).

AVD p 66
(…) corrió a cuenta de mi hermano Manolo a cuenta de una liebre prisionera del barrizal.

Demasiadas cuentas para obtener tan pobre resultado.

Para el que no haya leído “Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo” transcribo lo que Delibes narra a propósito de “A cuenta de”:

“(…) El lance pintoresco de la jornada corrió a cargo de mi hermano Manolo a cuenta de una liebre prisionera del barrizal. (…)”.

A partir de aquí sigue Delibes narrando el lance pintoresco de aquella jornada de caza que, por lo extraordinario, creo que merece la pena que usted lo lea.

¿Verdad que suena de otra manera? La diferencia que hay entre lo escrito por Delibes y si lo hubiera escrito uno de mi pueblo es que hubiera dicho: “a costa” de una liebre prisionera del barrizal; pero viene a ser lo mismo a cuenta que a costa. Lo que sí es cierto es que fue a costa de la vida de la liebre que, después de correr y correr el animal huyendo del galgo y el barrizal, Manolo, el hermano del escritor, fogueó tranquilamente y la revolcó.

A partir de lo dicho pregunto: después de leer con atención lo que el cazador que escribe nos cuenta, ¿cómo es posible llegar a “Responsabilidad o incumbencia particular (de una persona)?

Yo he preguntado porque no lo entiendo ¿Y usted?

domingo, 5 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: A espetaperro.

Usted, seguidor de “En camisas de once varas”, se va a sorprender: ¡No estoy de acuerdo con lo que el experto en la narrativa de Miguel Delibes nos dice! Cosa rara ¿verdad? Bueno, pues así es y verá usted por qué:

Página 36 del DEPNMD.

A espetaperro: A bocajarro.

D1C p. 127. Ahora me doy cuenta de que con lo de la calefacción obre un poco a espetaperro.

Es Delibes muy dado a utilizar la palabra a espetaperro; en varias de sus obras lo hace. Pero debemos entender lo que el escritor dice antes de que saquemos nuestras conclusiones. Cuando –por referirnos al caso de la calefacción- Delibes dice que Lorenzo, el cazador, obró un poco a espetaperro nos está diciendo que habló sin pensar lo que decía (“Las cosas hay que pensarlas”), de lo cual parece arrepentirse.

¿Qué diferencia hay entre “a bocajarro” y “a espetaperro’? Pues que el primero indica proximidad, pero con todo el tiempo del mundo para preparar lo que se dice (lo prepara y lo suelta a bocajarro o quemarropa) y el segundo indica precipitación, sin pensar lo que se dice. Si lo referimos al disparo, yo creo que debemos diferenciarlo, porque el disparo “a bocajarro” es un disparo tan próximo que la pólvora puede llegar a quemar (a quemarropa) aquello sobre lo que se dispara, tal es su proximidad. Porque si no, no sería a bocajarro. En cambio el disparo “a espetaperro” es un disparo sin preparación, rápido, súbitamente, a espetaperro, pero la distancia puede ser toda la que usted quiera con tal de que piense que los perdigones pueden llegar a su destino.

O sea: lo que Delibes nos dice es que Lorenzo no dijo lo que debería de haber dicho si lo hubiera pensado: lo soltó “a espetaperro". Si hubiera querido decirnos que se lo dijo en la cara o, mejor dicho, pegado al oído, nos habría dicho que se lo soltó a bocajarro.

De manera que si lo dijo a espetaperro es porque no lo pensó. Distinto a que se lo hubiera dicho a bocajarro pero después de pensarlo el tiempo necesario para dar la respuesta adecuada.

Resumiendo:

A espetaperro.- Hecho o dicho sin ninguna preparación, pero sin tener en cuenta la distancia.
A bocajarro.- Hecho o dicho con preparación, o no, pero, necesariamente, en corta distancia

“A bocajarro” y “a espetaperro” sí, pero no es lo mismo.

RECORDANDO: HABLO DESDE EL PUEBLO, NO DESDE LA ACADEMIA.

sábado, 4 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: El horcón.

Página 277 del Diccionario del Castellano Tradicional.

Horcón  n.m.  Horca de madera, con mango más largo que el de la horca, y que en vez de dos púas tiene cuatro o cinco. Se utiliza para remover el parvazo o apilarlo y para cargar estiércol.

DRAE: Horca grande de los labradores.

DUE: Horca, bieldo.

Dígame usted: ¿puedo relacionar lo dicho por los diccionarios con el Horcón de la fotografía? Y no será que no es el horcón con el que los agricultores acercaban y subían los haces al carro en el acarreo de los haces de mies hasta la era. Yo creo que tendremos que reivindicar –yo no soy muy partidario- la frase que dice “una imagen vale más que mil palabras”.

Repase usted lo que dicen cada uno de los diccionarios y dígame si yo podía imaginar el horcón de la fotografía. En fin, este es el horcón más común usado en el acarreo en mi zona. Había más formas de alcanzar los haces al carro. Por ejemplo en carros más pequeños se podían alcanzar con la horca como dice el DCT, pero… aquella horca no dejaba de ser horca aunque hiciera las veces de pequeño horcón.

Había otro tipo de horcón de dos dientes o picos que era más propio de los caleros, eran de dos picos pero más fuertes: el peso de los haces de ramera y otras hornijas pesaban más.

Si seguimos por la senda iniciada por diccionarios y “expertos” dentro de pocos años nosotros habremos trillado con el carro, acarreado con el trillo, segado con la horca, tendido la parva con el hocino, aventado con el horcón… en fin, amigo,


¡YA ESTÁ BIEN!

viernes, 3 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Abrir.

“Es como machacar en hierro frío”. Esta expresión usamos en mi pueblo para significar que una obra, tarea, conversación, o lo que sea, es inútil por mucho empeño que pongas en ella. Y esto es lo que me ocurre: es inútil todo lo que yo haga o diga porque la Cátedra Miguel Delibes y yo estamos a años luz unos de otro: unos en las más altas esferas de la cultura y otro a ras de suelo, que es donde están las palabras en las que me expreso y los cangrejos para los que se ha abierto la veda.

Además quiero resaltar que el DRAE no ayuda, o ayuda muy poco al “experto” porque, a ver: que el Diccionario de la Real Academia de las 34 acepciones que nos da de abrir, no tenga una que diga: dar libertad para pescar el cangrejo (abrir la veda) pues no me diga usted que no es como para enfadarse ¡así no hay forma de dar una explicación sobre lo que Delibes nos dice! A ver: ¿cómo va a saber nadie que se refiere a dar libertad para pescar el cangrejo? Bueno, puede que lo sepa la gente de pueblo, por eso son paletos, pero no quiera usted que lo sepa un doctor que no vio los cangrejos más allá del pincho en la barra del bar o restaurante... porque en la mesa de escritorio no hay cangrejos.

Abrir
LR p. 127
Por San Vito se abre el cangrejo.
abrir. (Del lat. aperire).
15. Dar principio a las tareas ejercicios o negocios propios de instituciones o establecimientos políticos, administrativos, científicos, literarios, artísticos, comerciales o industriales. Abrir las Cortes, la Universidad, un teatro, un café.
16.Comenzar ciertas cosas o darles principio, inaugurar. Abrir la campaña, el curso, la sesión.

Como usted ve todo muy complicado, de las 34 acepciones que el DRAE nos ofrece nos hemos visto obligados a coger estas dos (¿serán las que más se aproximan a la idea de la Cátedra Miguel Delibes?). Muy técnico el Diccionario de la Real academia Española…científica, administrativa, artística, industrial, Cortes, universidades, teatros, cafés etc. etc. etc.

Ahora vengo yo de leer las ratas y digo: ¡coño! Según dice el Nini en “Las Ratas”, por san Vito (mediados de junio, día arriba, día abajo) ya podemos pescar, o coger, cangrejos porque se abre la veda. Al menos es lo que dice el Nini al tío ratero

Claro, como yo soy de pueblo y no sé nada de diccionarios académicos ni nada que se le parezca, pues me valgo de mi culturilla rural y ese día me cojo mis reteles, mis arañas o, -esto no se lo digan a nadie, que nadie se entere-, me meto en el arroyo, lleno la cesta con mis manos y me voy para casa, tan pancho. Si digo que no se lo digan a nadie es porque ahora está prohibido, pero en el tiempo que todavía no estábamos civilizados, cogíamos cangrejos a mano, con canastas, con talegos y nunca se acababan, ni nunca se abría la veda porque no había necesidad de proteger al cangrejo de pata blanca. Sí, aquél que dice Delibes que era delicioso, que tenía una cola sabrosísima.

Más arriba he dicho que lleno la cesta con mis manos, pero eso era antes, porque si ahora mete usted la mano estos cangrejos rojos que hay ahora son capaces de comérsela, son agresivos hasta no más, y la cola pues… ¿qué quiere usted que le diga?  ¡Qué pena D. Miguel! Con lo exquisitos que eran cuando hasta el campo no había llegado la civilización. Ya ve usted ahora han desaparecido los buenos y a los rojos de ahora hay que esperar a que abran la veda para poder cogerlos, y cogerlos por la espalda, porque si vas de cara te muerden.

Bueno me he alargado mucho ¡ya lo sé! Es que hablando de… mis cosas, pierdo la noción del tiempo, soy muy pesado. En realidad lo que quería decirles es que San Vito es a mediados de junio y se abría la veda del cangrejo, que es lo que el Nini decía al tío ratero.

Así:

Abrir.- Dejar el arroyo libre para la pesca del cangrejo. O sea: la veda estaba cerrada y se abrió para que la gente pescara cangrejos, y el tío ratero también. ¿Me he explicado bien? ¡Es que no crea usted que es tan fácil entenderlo!

YO CREO QUE SE INTERPRETA DE OTRA MANERA A DELIBES DESDE EL TERRUÑO. ¿USTED QUÉ CREE? LO DIGO POR LO QUE LEO.

jueves, 2 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Piernas arqueadas.

Piernas de horcate.

Página 123 del Diccionario de Expresiones Populares en la Narrativa de Miguel Delibes.

Le pasa un perro por medio y ni se entera: Referido a alguien muy distraído, que no se entera de nada.

A lo largo de todo este tiempo dedicado a “aprender” -de la mano del “experto”- como interpretar la obra de Delibes, he comentado tener la sensación de estar en manos de un “experto” en la narrativa de Delibes que tan “experto” es, que ni siquiera necesita leer al escritor para interpretar lo que éste quiere decir. A mí me parece que busca la palabra que le interesa y saca sus propias conclusiones sin necesidad de escuchar lo que dice el autor de “La Hoja Roja”.

Veamos:

Según el escritor, (“La hoja roja” pág. 369 tomo 3 obra completa) el Picaza (novio de la Desi) no es muy agraciado físicamente: hasta “andaba con las piernas arqueadas”. A la Marce y a la Tasia tampoco parce que les cae muy bien y así se lo planta la Marce a la Desi; (pág. 371 del mismo libro):“Madre, que patas, maja; le pasa un perro por medio y ni se entera”.

Resumiendo: Delibes dice del Picaza que tiene las piernas arqueadas. La Marce, en la primera ocasión dice de él: "…le pasa un perro por medio y ni se entera”, la Tasia, al parecer, tampoco le encuentra un adonis. Pero es tal el rechazo que parece provocar el Picaza que hasta el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes se cree con la legitimación suficiente como para encontrarle otro nuevo defecto: despistado, o distraído ¡Qué más da! O sea el pobre Picaza es tan distraído que “no se entera de nada”. Y yo pregunto ¿Dónde lleva el despiste el Picaza, en sus piernas?

Los que somos de pueblo no decimos piernas arqueadas (entre las cuales pasa un perro sin que el Picaza se entere). En el pueblos se dice: tiene las piernas de horcate, que viene a ser lo mismo, pero como todos los personajes (la Marce, La Desi, la Tasia, el Picaza…) son de pueblo, pues queda mejor las piernas de horcate. Lo que pasa es que los expertos -que no son de pueblo- no lo entenderían. De todas maneras da igual, porque con piernas arqueadas tampoco parecen enterarse.

Hay otra expresión sobre piernas arqueadas: “Mira ése, se le ha escapado el caballo y no se ha enterado”. Sólo quiero añadir que al personaje al que nos referimos no es despistado, sino que tiene las piernas arqueadas o con forma de horcate ¡vaya lío que he formado!

Acabando: dice Delibes que el Picaza tiene sus piernas arqueadas y arrastra las suelas de sus botas de militar; la Marce no se conforma y dice que le pasa un perro por medio (tal es su deformación) y no se entera; y el “experto” dice que es por ser muy distraído. Por si faltaba algo llego yo y digo que el Picaza tenía las piernas de horcate… ¡Pobre Picaza!, y él tan tranquilo; claro, porque era muy distraído. Lo de las piernas arqueadas es porque Delibes así lo quiso, pero no era cierto.

miércoles, 1 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: Salvar la mano.

Diccionario de Expresiones Populares en la Narrativa de Miguel Delibes, página 176.

Salvar la mano: Hacer algo positivo (venatoriamente hablando) en un pequeño recorrido del grupo de cazadores.

Pesado, pesado, pesado sí, ya sé que soy muy pesado pero, ¿qué debo hacer? El “cazador que escribe” nos dice en “Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo” que un pájaro (léase una perdiz) achuchado (léase levantado, espantado o lo que usted quiera) en los altos trató de salvar la mano repullado y de través. O sea que la perdiz trató de evitar la mano de cazadores (la línea de cazadores) elevándose, y como había cogido vuelo y cruzaba recio, el cazador hubo de correr la mano y adelantar para no dejar el tiro corto y dio al traste con la estrategia del pájaro.

Cuando uno no ha visto más que, un poco, por la tele, en la hora de la siesta, “Jara y sedal” pues ocurren estas cosas. Delibes nos dice que la perdiz trató de evitar la mano de los cazadores y para ello se elevó, y aquél que no ha cazado nunca, pero que tampoco admite que no sabe, pues va y nos dice que salvar la mano es “Hacer algo positivo (venatoriamente hablando) en un pequeño recorrido del grupo de cazadores.

Si esto lo juzgara algún miembro de la protectora de animales diría que tiene razón: hacer algo positivo es huir de los cazadores subiéndose a las nubes. Pero no, seamos serios, la perdiz trató de huir, trató de evitar a los cazadores que iban cazando en mano.

¿Que no lo he entendido? pues acláremelo un experto.