martes, 9 de enero de 2018

Seguimos con nogala y olma. ¿Y van?

Lo primero que, por respeto, debo de hacer, es pedir disculpas a mis colegas y amigos rurales por mis reiteraciones sobre temas y palabras que ellos saben mucho mejor que yo. Al mismo tiempo debo pedirles comprensión por mi insistencia porque… ¿tengo otra opción? No podría acostumbrarme a que las ovejas fueran delante del pastor.

Seguimos.

Cuando son –aproximadamente- las 19 horas y veinte minutos del día 18 de octubre de 2017, oigo que la radio dice:

Buenas tardes. Dice Miguel Delibes -en “El disputado voto del señor Cayo”- que la sombra de la nogala es muy traicionera. Bueno, él pone esta frase en boca del propio Cayo -la sombra de la nogala, que no es la sombra del ciprés-. Pero hay más nogalas en los libros de Delibes, como la de la tía Bibiana en “Viejas historias de Castilla la Vieja” por ejemplo. La pregunta es la siguiente: ¿es que no son lo mismo un nogal que una nogala? ¿Es que acaso no son el mismo árbol? Veamos: biológicamente son lo mismo -estamos hablando, en ambos casos, del nogal como árbol- otra cosa es que, en la Castilla rural, se haya cuidado el lenguaje hasta tal punto que se ha llegado a distinguir entre un nogal normal y corriente y un nogal corpulento de tronco más ancho y hermoso. Y eso es precisamente una nogala: un nogal más hermoso. Podríamos decir, más grandón. Así se puede leer este cambio de género en las obras de Delibes como también pasa, -cuidadito-, con olmo y olma. ¿Esto  qué es? Pues para mí es otra riqueza más del español de los pueblos de Castillla y León que diferencian, por su altura de tronco, entre nogal y nogala.

Como lo primero que hace el “experto” -en temas arbóreos, Delibes y lenguaje rural- son dos preguntas, intentaré responder con mi bajo nivel cultural: sí, el nogal y la nogala son lo mismo. Sí, son el mismo árbol, no le quepa a usted la menor duda, aunque a usted –por su bajo nivel en lenguaje rural- le pareciera siempre que nosotros le cambiamos de género.

A partir de aquí me veo en la obligación –aunque ya sé que el “experto” no lo entiende- de aclararle, otra vez más, por qué los hombres y mujeres rurales llamamos nogala a lo que no es más que un simple -más o menos desarrollado- nogal. De nuevo, ahí voy:

Cuando el nogal está aislado (caso del de “el señor Cayo, o el de la tía Bibiana y otros”), por el hecho de crecer aislados, se aprovechan más de aguas y nutrientes del suelo. Por tal motivo se desarrollan más y más rápidamente. Pero le voy a aclarar un poco más: el mismo nogal puede crecer aislado y, -comparado con su entorno- puede parecer exagerado su tamaño, entonces diremos: ¡vaya nogala! 

Pero vamos con el paso siguiente: ese nogal que, en un momento, nos pareció enorme, le incluimos dentro del conjunto de nogales (nogaleda) y no pasa de ser un nogal más.

Usted -que es más listo que el hambre-, ya se ha dado cuenta de que para ser nogala es necesario que el nogal sea -como usted dice- algo más que hermoso.

Todo lo que hemos dicho para el nogal/nogala es igualmente válido para olmo/olma.

Dicho lo dicho y escuchado lo escuchado, esto queda como sigue:

Nogala.- nogal desarrollado que crece –normalmente- aislado, al lado de construcciones o no.
Olma.- olmo que crece aislado y, comparado con el entorno, es de mayores proporciones.

Pero la misma nogala, o la misma olma, si están incluidos en la nogaleda o la olmeda (campo plantado de nogales o de olmos), no pasarían de ser más que un nogal o un olmo más. Eso sí, diríamos… ¡vaya nogaleda, u olmeda! Según su desarrollo o, simplemente, por su capacidad para impresionar nuestro sentido visual (nuestro ojo).

Podríamos añadir más ejemplos, pero ya está bien de aburrir y querer dar clases a los maestros rurales. Mí clase va dirigida a los “expertos” que estén interesados en aprender.

A continuación os presento lo que, sobre nogala, entiende el “experto” en lenguaje rural. Así lo publica en distintos medios, al parecer, tan expertos como él:

Nogala: En los pueblos castellanos suele distinguirse entre árboles masculinos y femeninos más que por su género por su tamaño. Un chopo, especialmente corpulento y de formas redondas, será una chopa; igualmente un nogal, con una gran copa, ancha y poderosa, será una "nogala". (Investigación de campo)

Supongo que con esta vez ya será suficiente para que los “intelectuales” -en lenguaje rural-, les quede claro que la palabra nogala, olma, peza, canalona (no cacanalona)… no es producido por un cambio de género, sino una exclamación ante lo magnífico según el entorno en el que crecen. No, en los pueblos castellanos saben -por naturaleza- lo que es un nogal, un olmo, un chopo, un pez…etc. Fíjese si lo sabrán, que son ellos los que lo siembran o plantan.

Camporredondo, 20 de octubre de 2017

domingo, 17 de diciembre de 2017

A mi fiel amigo Boli (segunda parte) 15 de diciembre de 2017


Primera noche sin ti

Así sucedió: mi amigo llevaba ya unos días que no se encontraba bien. Aun así sus demostraciones de cariño para con nosotros, nunca faltaban. Pero día a día sus fuerzas le abandonaban. Un día, “Boli hoy no ha comido”, dijo su amiga. Pero bueno, puede ser, como ya había ocurrido más veces, que haya comido más de la cuenta: mañana seguro que estará bien. Pero al día siguiente tampoco parece que se animara. Lejos de eso ya sólo bebía agua. Él seguía acudiendo a darnos sus besos, hasta que esta mañana acudió a recibirme a la salida del elevador, pero sus patitas ya no le permitieron despegarse del suelo y tuve que ser yo el que, dentro de mis limitaciones, me agachara para hacerle mis acostumbradas caricias. Caricias a las que ya no pudo responder metiendo mi mano dentro de su boca y lamiéndome para demostrarme su cariño.

Por la tarde, aprovechando que está en el pueblo César –hermano de su amiga-, y Rafi, su señora, pedí que hicieran el favor de llevar a Boli a la clínica en la ciudad. Llamé, concertamos hora (las cinco y media). A las cinco menos diez Boli  salió de casa en brazos de Rafi y fue la última vez que yo le vi.

Al salir de casa quise ponerme a leer para hacer más corta la espera pero… no podía. Mi vista pasaba por encima de las letras, pero en mi mente siempre está mi amigo Boli. A las siete, pereciéndome que se retrasaban, llamé, cogió el teléfono César para decirme: ya ha terminado.

Boli: me has jodido, me has dejado hecho un trapo. ¿Sabes lo que hice cuando me lo dijeron? Pues verás: pegué un grito que, a pesar de que tú sabes que tengo, también, la voz atrofiada, pegué un grito que si tú no lo oíste sería porque estabas en la ceremonia de bienvenida que te estaban dando en el cielo de los BOLIS. Y lloré, lloré mucho, y me enfadé, me enfadé mucho. Fíjate si me enfadé, que me enfadé hasta con Dios. Pero bueno, no te preocupes, porque si hay Dios, tiene que tener un corazón como el tuyo y seguro que me comprende.

Y quiero decirte una cosa: hablé contigo después, tú no me contestabas, pero yo te hablé mirando, desde mi sillón, hacia la izquierda que es donde seguía tu camita, pero ya… vacía para siempre.

Después me dediqué a buscarte un alojamiento cerca de mí, a escasos dos metros de la cristalera donde tú sabes que hago mis pequeñas cosas en esto que llaman ordenador.

Cuando llegaron contigo ya habían pensado donde ponerte definitivamente, sin saber que ya tenías tu sito cerca de mí, y dije: ahí, delante de la jardinera de terracota, en el corral. Ése es el sitio de Boli, ahí podré darle los buenos días cada mañana aunque sé que no me vas a contestar porque estás en el cielo, y todavía no hay línea directa.

En la clínica les dieron una caja para ti. No quise verla, tu cama para siempre ya estaba decidida y cuando tu amiga habló de ella dije: mi amigo no estará en contacto conmigo, pero sí quedará envuelto en algo que me haya pertenecido. Y así fue: tu amiga te envolvió, con mucho amor, en una prenda de vestir mía, te di un beso y ella te depositó en tu última morada, desde donde nunca nos veremos pero nos sentiremos cerca. Así hasta que Dios quiera.

Descansa en paz querido Boli.

16 de diciembre de 2017.



sábado, 16 de diciembre de 2017

Gracias a la palabra raer...

… los amantes del lenguaje rural y la obra de Miguel Delibes hoy tenemos un pequeño, o gran, motivo para el regocijo. Vamos con ello.

Raer
CH p. 146
Pero tan pronto cede el calor, el pino negral empieza a raer.
Raer: 
Perder resina. (Investigación de campo)

El “experto” en temas rurales y narrativa de Miguel Delibes –que ahora imparte clases por radio-, nos dijo en el glosario de Cátedra Miguel Delibes y en el primer librito que lanzó al mercado, editado por  “Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua” (¿?),  lo que acabáis de leer.

Con el paso del tiempo, el mismo señor, -que ya había leído alguna aclaración- quiso remediar, pero sin corregir (rectificar, según dicen, es de sabios), y en su segundo librito de “experto”, -esta vez editado por ediciones “Cinca”-,  nos envía su, nueva, versión:

Raer
 CH p. 146
Pero tan pronto cede el calor, el pino negral empieza a raer.
Raer: Perder resina el pino que recogerá el resinero con la raedera. (Investigación de campo)

Subimos de nivel, y en la radio, hoy, 25 de octubre de 2017, cuando son, aproximadamente, las 19 horas y 15  minutos, se oye y escucha: 
                                       
Buenas tardes. Un pino negral, el… famoso pinus panister, (él dijo panister, ¿será otra clase de pino?) es el pino resinero, pero que no da piñones. Abundantísimo pues, por ejemplo, en la provincia de Segovia y de sobra conocido por Miguel Delibes. Aparece, entre otros, en su libro “Diario de un cazador” cuando relata que comieron en la cotarra “San Crispín” y que, desde lo alto se dominaban los bosques de negral. Al pino negral se le ha vuelto a extraer la resina, parece que vuelve a ser rentable. Aumentan en los últimos años grupos de pinos negrales con su pote, bajo la entalladura, mientras el pino llora su resina lentamente. Como se sabe la mayor parte de la resina caerá al pote, dentro, pero otra poca se quedará pegada a la entalladura antes de entrar en el pote. Pero aquí nada se pierde, el resinero acudirá a sus pinos negrales y con un utensilio que llaman raedera irá rascando esa resina pegada a la entalladura. “Bosques de negrales quiero, que embellecen el paisaje y, ahora, vuelven a dar dinero”.

Lo primero que quiero y debo decir es que, según Delibes -a pesar de que calor pertenece, eso creo, al género masculino- Mariano Sastre dice al escritor: “Pero tan pronto cede la calor (…)”.

Podemos observar que el experto en temas rurales y narrativa de Delibes, aprovechando que “el Pisuerga pasa por Valladolid”, sin venir a cuento quiere demostrarnos que sabe lo que es raer  y nos suelta lo que ya ha aprendido –aunque aún desconoce que en la misma operación  es necesario el paraguas-. Pero se niega a corregir lo que dijo sobre la palabra raer cuando no sabía. Lo que dijo entonces lo podéis ver más arriba, y lo que  ahora dice, lo hemos comentado hace poco:

Como se sabe la mayor parte de la resina caerá al pote, dentro, pero otra poca se quedará pegada a la entalladura antes de entrar en el pote. Pero aquí nada se pierde, el resinero acudirá a sus pinos negrales y con un utensilio que llaman raedera irá rascando esa resina pegada a la entalladura”.

Como vosotros sabéis mejor que yo, la operación de acudir con la raedera al pino y rascar la resina adherida en la entalladura, se llama RAER y es la última operación que el resinero ejecuta en la temporada, excepto el año que tocara recoger el sarro.

O sea que, al “experto”, le queda por aprender que el pino negral o resinero no es “el famoso pinus panister”, sino el pinus pinaster. Si la palabra hubiera sido escrita podríamos decir que ha habido un baile de letras o quizá un error de imprenta, pero no, en el lenguaje hablado no se da esta posibilidad; sencillamente… ¡no lo ha oído nunca, lo desconoce!

Así que… decía yo al principio: regocijémonos porque los “expertos”, aunque públicamente siguen sin reconocer el error,  hoy saben que RAER no es "perder resina", sino otra de las operaciones que el resinero le hace al pino negral o resinero (PINUS PINASTER), para extraer su resina.

Camporredondo, 2 de noviembre de 2017

Firma el pastor, amigo del resinero.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Palabra olvidada

Restranco

Suena el teléfono. Maribel atiende la llamada. Es su hermana la que llama "(…) ¡ay hija, no me queda ni un restranco!"

 Me cabrea que una de las palabras que más habré usado, sobre todo escuchado, -por aquello de que carecíamos de casi todo-, se me haya escapado sin incluirla en el “Diccionario de Camporredondo”. 

En este mundo rural, esto es…

Restranco.- Porción mínima de la cosa. “¿Tienes perejil?, ¡ay hija, no me queda ni un restranco!". Es lo mismo que decir: no me queda ni pizca, mieja (miaja), no me queda nada.


Pizca sí la recoge el DLE, sin embargo restranco, que -en este mundo rural- significa lo mismo que pizca, no es tenida en cuenta.

Camporredondo, 5 de diciembre de 2017.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Orillar

Entre las palabras que, en su momento, recogimos en el “Diccionario de Camporredondo” ya figura esta palabra. Porque no pensamos que la palabra orillar se encontrara en peligro, creí que con decir… ORILLAR.- Acercarse demasiado a la orilla” sería suficiente para darle el significado rural que pretendíamos. Ése era nuestro propósito.

Al decir "acercarse demasiado a la orilla", estábamos pensando en el carro circulando por la carretera polvorienta (carro y carretera polvorienta sí que han desaparecido) y en cómo, al arrimarse la rueda del carro al borde (orilla) de la cuneta, la rueda se hundía y el carro volcaba. Éste es el sentido que le dimos. Indudablemente, como veremos más adelante, la palabra orillar tiene un sinfín de acepciones, motivo por el cual hoy nos decidimos a profundizar un poco más.

Aproximadamente a las 19 horas y treinta minutos de hoy, 22 de noviembre de 2017, y escuchando un programa sobre el campo, habla el “experto” en lenguaje rural para aclararnos lo que significa la palabra orillar.

Oigo, y escucho, en la radio:

Buenas tardes. El miércoles pasado hablé del adverbio orilla, tan empleado por los mayores en Castilla y León. El de hoy es un verbo, el verbo orillar. De la misma vitalidad, creo yo, que la palabra del último programa. Leo en Delibes, que nos cuenta que el señor Cayo dio un rodeo para orillar los escombros. Vuelvo a leer esa misma palabra en “El hereje”  cuando dice que “después de orillar los bogales del camino -conforme a su experiencia-, el carruaje se detuvo ante la puerta de la parra junto al pozo. Orillar; es decir dejar a un lado, rodear. Es palabra esta que enriquece nuestro español, eso no cabe duda. Es palabra que, como tantas otras, deberíamos de seguir empleando. Olvidemos tanto anglicismo y palabras de fuera y mantengamos muestras viejas palabras de Casilla la Vieja como la de hoy: orillar.

Visto desde la perspectiva que acabamos de teclear, parece que debemos entender que la palabra orillar sólo nos sirve cuando queramos rodear los escombros y bogales por la incomodidad o el riesgo que implica intentar ignorarlos.

Indudablemente, si sólo pensamos en la palabra orillar como palabra rural y en el sentido que le da el “experto”…, ocurre como cuando yo la incluí en el Diccionario de Camporredondo: flaco favor la hacemos. Desde ese punto de vista el comentarista de la radio, y yo en el diccionario, parece que tenemos razón: habría que agradecernos que la tengamos por palabra en peligro de desaparición. Pero es que la misma palabra, orillar, tiene muchas más acepciones.

 Veamos:

Orillar: acercar a la orilla. Orillar: eludir, dar de lado un problema. Orillar: soslayar una dificultad. Orillar: reforzar el borde de una tela. Orillar: esquivar cualquier obstáculo. Orillar: dejar de lado lo que estás haciendo y dedicarte a otra cosa… en fin, echadle hilo a la cometa porque hay para dar y vender sinónimos de la palabra orillar. Repetimos que, si a la palabra orillar la encuadramos dentro del entorno del carro (cuneta, bogales, etc.) podemos decir que ya ha desaparecido por falta de carros, pero ahora hay otro tipo de vehículos que necesitan tener cuidado con no orillarse porque pueden volcar en la cuneta, atascarse en el lodo, o romper los bajos en los bogales. O como me ocurrió a mí, en mis años jovencitos, que por orillar la yunta con el arado al brocal del pozo, uno de los machos cayó dentro. Por cierto, la palabra bogales nunca la oí hasta que leí a Delibes y, parece ser que se refiere a terrenos con piedra a ras de tierra o muy somera (lo desconozco).

Resumiendo, la palabra orillar, en la narrativa de Delibes, tiene el mismo futuro que la recogida en el Diccionario de Camporredondo: ni hay carros para que orillen bogales o vuelquen en la cuneta, ni Señores Cayo para orillar escombreras. Sin embargo la palabra orillar seguirá usándose: así lo espero y deseo. Ah, y permitidme que de mi opinión: algunas opciones de la palabra orillar son estrictamente rurales, otras no. Así lo demuestran nuestros diccionarios desde el siglo XVIII al XXI.

Y ahora, orillamos la palabra orillar para seguir con otras cosas.



Camporredondo, 25 de noviembre de 2017


lunes, 27 de noviembre de 2017

Otro grupito

Posiblemente entre el grupito de palabras de hoy se nos cuele alguna repetida: prefiero cien repetidas a una olvidada.

Muy escuchadas las de hoy desde mi más tierna infancia, en las tertulias de cantina que formaban en las noches de invierno los mayores de mi pueblo jugando al tute, la brisca, el mus, etc.

Ahí van:

PUCHERO ENFERMO (oler a). Se dice cuando el asunto tratado puede tener trampa o encerrar algún riesgo. “Ten cuidado: huele a puchero enfermo”. Era como decir, ten cuidado que no es lo que parece.

En algún lance del juego, el jugador que seguía la jugada y le tocaba asistir podía -ante la desconfianza sobre la jugada de su predecesor-, decir o pensar: me huele a puchero enfermo (esto tiene trampa).

El DLE recoge “puchero de enfermo” que, aunque parezca igual no es lo mismo. El puchero enfermo es el puchero que puede ser perjudicial aunque parezca muy apetecible. Todo lo contrario del puchero de (o para) enfermo que, siempre, lleva garantía de salubridad.

QUITARSE LA ALBARDA A COCES.- Se dice del considerado tan bruto que hace como haría el burro que pretende quitarse la albarda a coces, sin ver que es tarea imposible. “Es de los que se quitan la albarda a coces”.

Cuando el jugador, compañero de equipo, hacía una mala jugada, el otro, a veces, solía comentar a los mirones: éste es de los que se quitan la albarda a coces (era lo mismo que llamarle burro).

RAMALEAR.- Obedecer con docilidad al ramal. También se dice cuando el animal sigue con docilidad las órdenes del que le dirige, lleve o no ramal. “Ramalea muy bien”, también se dice de la persona dócil.

En la tertulia que solía seguir a la partida de cartas, a veces hablaban de la docilidad de alguno sus animales de tiro… de la oveja chocha, etc. Decían: ramalea muy bien, es muy dócil.

REDE.- Entramado de cuerdas: red. También cercado que se hace con las teleras en el campo para encerrar el rebaño y estercolar el terreno de forma directa, cambiando la rede según interés. El abonado del terreno de esta forma -por el movimiento de la rede- se llamaba trascolar.

No recogida en el DLE.

RISCAL.- Sitio donde hay muchos riscos. Parte del páramo cuya superficie son grandes rocas formando bloques anclados. Si es un lenar (piedras con acanaladuras y/o agujeros) es difícil y peligroso caminar por él. "Ayer encontré la oveja que me faltaba: en el riscal del camino del monte se había quedado enriscalada".

TARABILLA (coger la).- repetir constantemente sobre la misma materia sin darnos cuenta de que llega a ser molesto. “Ha cogido la tarabilla con que… y no calla”. >Pichicharra, manía… > se dice por comparación con la tarabilla de la carraca, o del molino.

TRASTABILLAR/TARTALEAR.- Caminar con paso irregular, inseguro, haciendo eses o vacilando en la dirección que desea seguir. También tartamudear.

TORTOLEAR.- Imitar el arrullo de la tortolilla (palomilla, tórtola). También se dice de los muy enamorados: andan tortoleando.

TRÍQUILI CAMPANA (cada). Se dice de aquello que ocurre sin tiempo determinado, en cualquier momento, cuando menos lo esperas; o sea que ocurre… “cada tríquili campana”.

No recogida en el DLE.

VEREDA.-Vía pecuaria de servicio que no superaba 25 varas de anchura. A veces también se le llamaba camino de carne ya que unía dehesas con el pueblo por donde desplazaban a los animales para abastecer las carnicerías.

VOLEO (tirar a).- Tirar o lanzar sin apuntar, sin tomar precauciones. “Tiré a boleo”.

VOLEO (sembrar a).- Sembrar esparciendo la semilla a puñados lanzados al aire.

ZANGULUTEAR.- Moverse una cosa de un lado para otro. Ir y venir una persona sin ningún provecho. >zascandilear.> Zangolotear. “Siempre anda zangulutiando”. (Zangoloteando).

El DLE recoge zangolotear.


Camporredondo, 21 de noviembre de 2017

viernes, 17 de noviembre de 2017

Orilla

Permitidme, amigos de “La Pizarra de Gaude”, que así, "a vuela tecla”, os muestre mi sorpresa ante lo que acabo de escuchar y después –ante mi incredulidad- leer. 

Escucho en la radio que quieren aclararnos lo que significa la palabra orilla en la narrativa de Miguel Delibes. ¡No puede ser! Me dije al escuchar que un “experto” nos lo iba a aclarar. Pero sí, sí, habló y nos lo aclaró.

Os puedo asegurar que si a mí me hubieran preguntado por una palabra que por lo usada -desde tiempo inmemorial- no estuviera en trance de desaparecer (ni siquiera en desuso), y que, además, todo el mundo entendiera, entre las primeras hubiera estado orilla.

No dando crédito a lo que mis pabellones auditivos recogen, recurro a todos los diccionarios que la Real Academia Española ha editado. Allí está la palabra con los mismos significados que siempre tuvo como adverbio de lugar que, creo (de esto no me hagáis mucho caso, ya sabéis que la academia no es lo mío) es:

Diccionario de Autoridades,  año 1726-1739.
A la orilla. Phrase adverb. que vale cercanamente, o con immediación. La.t Ad. Apud. QUEV. Mus. 5. Xac. 10.

Diccionario de la Lengua Castellana, año 1791.
A LA ORILLA. mod. adv. Cercanamente, ó con inmediacion. (he transcrito).

Diccionario de la Lengua Española, año 2014.
 a la orilla
1. loc. adv. Cercanamente o con inmediación.

En estos diccionarios, en boca de mis abuelos, y en boca de este abuelo y su entorno, la palabra orilla sigue usándose con el mismo significado de siempre. Así la usamos:

Junto al pino (orilla del pino). Cerca de la pared (orilla de la pared). Al lado de la fuente (orilla de la fuente). Próximo a mi casa (orilla de mi casa). Al lado de la cuna (orilla de la cuna). Al lado del sofá (orilla del sofá). Cerca de La Cibeles (orilla de La Cibeles). Junto a la pata de la mesa (orilla de la pata de la mesa)… etc. etc. etc. y todos los "etecés" que usted quiera.

Después de mostraros mi sorpresa, sólo me queda preguntar: ¿en la ciudad (los nuevos urbanitas) creen que la palabra orilla está en peligro? ¿No la usan? ¿suena raro? de momento parece que no la conocen demasiado. 

Bueno, pues no, la palabra orilla (así lo creo) no está en peligro, ni creo que necesite (salvo alguna excepción) de ninguna aclaración para comprender su significado. Si después de ver y escuchar que los paletos la usamos como siempre, recurrimos a los diccionarios desde que existen y la recogen como la usaban y la usamos, lo que quizás haya que aplicar aquello de… “¡oigaaa! ¿es la jefatura de tráfico? Es que mire, voy por la autopista... "2017" y todos los coches me vienen de cara, circulan en dirección contraria, tomen medidas urgentes porque existe peligro de que choquen de cara conmigo”.

Bueno pues… os digo que aquí, orilla de la ventana que estoy, me aso de calor a pesar de que fuera hay tres grados; y es que el sol le pega… ¡cómo le pega! Y eso que no está orilla.

Camporredondo, 16 de noviembre de 2017