lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Gazapear? yo sigo en mis trece.

A los seguidores de “La pizarra de Gaude”: no os enfadéis conmigo, ya sé que lo que os voy a decir está comentado y, por vosotros, aceptado y comprendido. Lo que pasa es que creo que no debo consentir que el lenguaje rural siga siendo maltratado, o despreciado, por los incultos, ruralmente hablando. ¿De cualquier manera vale? No. Sólo vale lo correcto y lo puesto en antena… no lo es. Veamos:

Pero mejor, primero os recuerdo lo que el “experto” escribe en Cátedra Miguel Delibes y en dos libritos editados, uno por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la lengua, y otro por ediciones Cinca:

Gazapear
D1C p. 179, passim
También vi un zorro manco gazapeando a un kilómetro,
Gazapeando: Buscando gazapos. El zorro, al ser manco, busca gazapos porque son más fáciles de cazar que los conejos. (Investigación de campo)

Ahora seguimos con lo emitido a través del espacio (ondas electromagnéticas o hercianas):

El día 16 de noviembre de 2016 conecté la radio y fui desplazando el dial hasta encontrar la emisora “Es Radio CYL”, programa Es el campo, sección Dialecto agrario, porque habían anunciado que el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes trataría de ilustrarnos sobre el significado de la palabra “gazapear”. Oliéndome a “puchero enfermo”, y dado que ya nos conocemos -él es filólogo doctor cum laude en ciencias de la información y yo un humilde ex pastor- tuve curiosidad por ver (por mejor decir, escuchar) si el “experto” ya había aprendido el significado que la palabra tiene en la narrativa de Miguel Delibes y en el ambiente rural. A continuación tecleo sus propias palabras:

Preguntado -entre risas- por el locutor-presentador por la palabra gazapear, el “experto” responde: “Muy buenas tardes queridos amigos. Gazapear es… buscar gazapos. Sabemos que gazapo es un… conejo pequeño… más chiquitines. Gazapear realmente lo podría hacer cualquiera, lo podría hacer desde el zorro que nos cuenta Miguel Delibes en Diario de un cazador, hasta mi abuela que en paz descanse. En este caso Miguel Delibes, en un libro que se llama “Diario de un cazador” nos dice que… “también vi un zorro manco gazapeando a un kilómetro”. Es decir, que al tener esa dificultad el zorro, de que es manco, lo que hace es gazapear, es decir… buscar gazapos”.

Y eso es todo. El programa siguió, el locutor encontró un nuevo concepto: “gazapear es buscar gazapos”. Lo soltó y supongo que… se quedó “más ancho que largo” sabiendo que hasta su abuela, ya fallecida, podía gazapear, o sea: buscar gazapos.

Ahora, por si acaso la emisora Es Radio CYL quiere contrastar con lo dicho por “su experto” para reafirmarse, o corregir, y emitirlo para sus oyentes, pasaremos a comunicarles lo que realmente, en la narrativa de Miguel Delibes y en el mundo agrario (en la academia lo ignoro), significa la palabra gazapear

Para dar a entender que alguien se mueve despacio, cautelosamente, tratando de no ser visto, parece que desde tiempo remoto se aceptó compararlo con la forma que tiene el gazapo -dada su vulnerabilidad- de deambular para defenderse de sus enemigos. Y creo que fue muy acertada la decisión porque, vamos a ver de qué astucia se vale el gazapo para que no se lo zampen (aunque no siempre lo consigue):

El gazapo –téngase por gazapo, también, la cría de la liebre, asimismo conocida como gazapo en este mundo rural- sabe, por su instinto de conservación (su inteligencia al fin y al cabo), que si se muestra, si se deja ver, el galgo, el zorro, el lince, el propio cazador… en fin sus numerosos enemigos, se lanzarán sobre él y se lo jalarán, porque sus patas aún no son tan ligeras y fuertes como para poder huir y ponerse a salvo. Entonces… ¿Qué hace? Pues moverse cautelosamente reptando, o lo que haga falta, y esconderse detrás de todo lo que se le ponga a mano, que es lo que hacía el zorro manco que Delibes vio, gazapeando, a un kilómetro. (Lo de un kilómetro es una exageración admitida en el mundo cinegético para indicar que está lejos del alcance de los perdigones).

Resumiendo, el gazapo se defiende con lo que puede defenderse: su astucia.

A partir de ahí ¿qué decimos de todo aquel ser –racional o irracional- que se mueve de la misma, o parecida manera, a como lo hace el gazapo? Pues decimos que gazapea (imita al gazapo) que es lo que hace la liebre –a veces- cuando se mueve de su cama y pretende no ser vista, etc. y es lo que hacía el zorro manco del libro “Diario de un cazador” de Miguel Delibes. El raposo sabe que si se deja ver, dado que sus patas no le permiten correr para ponerse a salvo, le va a “oler el culo a pólvora”. ¿Qué hace para intentar evitarlo? (esta vez no lo consiguió, porque Delibes lo vio), pues hace eso que queremos saber: GAZAPEAR, imitar al gazapo en sus desplazamientos, que es distinto a buscar gazapos que llevarse a la mesa para comer.

Indudablemente, al zorro –manco o no- le viene bien trincarse un gazapo tierno y sabroso, pero eso le ocurre al zorro manco del “Diario de un cazador” y al más ágil y lustroso de todos los zorros de cuatro, y de dos patas, que también los hay.

De manera que, gazapear: imitar los movimientos del gazapo para evitar ser visto o, como le ocurre al toro de lidia que gazapea (y no creo que busque gazapos) porque no tiene ganas de correr porque sabe que le dará igual, o simplemente porque es un “gazapón”.

Gazapear.- imitar los movimientos del gazapo que, valiéndose de su astucia, ¿inteligencia? trata de salvar su pellica.

Cómo los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya se habrán dado cuenta, el “experto” tiene en la emisora Es Radio CYL y en su programa Es el campo, un vocero más que lanza al aire su disparatada forma de entender la narrativa de Miguel Delibes y el lenguaje rural.

¡Ay Señor, Señor! el paleto contra el “intelectual” ¡que Dios me coja confesado!

Camporredondo, 18 de noviembre de 2016

PD. Y como creo que debéis saberlo, os lo digo: ahora mismo -para si quieren contrastarlo, o rebatirlo- envío este mismo escrito a la dirección del programa que puso en antena la interpretación que de la palabra “gazapear” hace el señor “experto” en la narrativa de Miguel Delibes y el “dialecto agrario”. Bien entendido que si no lo rebaten debo entender que quizás están haciendo un verdadero diccionario con ésta y otras palabras que ya han ido por delante.

He dicho.

lunes, 21 de noviembre de 2016

¿Puchero enfermo, o puchero de enfermo?

Releyendo “Un año de mi vida” (pág. 123) de Miguel Delibes me ha llamado la atención una frase a la que quizás en otro momento no di importancia ninguna. Además he consultado el DLE (Diccionario de la Lengua Española) y encuentro la misma frase: “huele a puchero de enfermo”.

Puchero de enfermo
1. m. Cocido que se hace en el puchero, sin ingredientes que puedan ser nocivos a los estómagos delicados.
2. m. Cosa consabida, insustancial y fuera de razón. Huele a puchero de enfermo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


Analizando la acepción primera y llegando hasta donde me permite mi magín, veo claro que el puchero de enfermo no tiene trampa ni cartón: lo pueden consumir incluso los estómagos delicados. ¿Es insustancial? Posiblemente sí, pero absolutamente fiable: es… lo que parece.

La acepción segunda es distinta: puede que el puchero de enfermo sea insustancial, lo que no quiere decir que esté fuera de razón dado que su destino es el enfermo (puchero de, o para, enfermo). También puede ser que nos interese más cuidar nuestra salud que el posible sabor añadido que pueda tener el cocido en general (puchero), en cuyo caso es interesante el puchero de enfermo, por lo que jamás estará fuera de razón.

Después de setenta y… años descubro que lo que aprendí de aquellos sabios de faja negra rodeando la cintura y boina calada hasta las orejas -y otros-, que acudían a jugar la partida en la cocina de casa, (habilitada en las noches de invierno como cantina) es un significado distinto al que le dan los diccionarios de la Real Academia. Decían, aquéllos, cuando un asunto no era de fiar o no estaba suficientemente claro: huele a puchero enfermo: "¡cuidado, esto huele a puchero enfermo!" Daban a entender que el asunto (puchero) no estaba claro: huele a podrido, esto me huele mal, tiene tufillo, huele a cuerno quemado o, sencillamente: huele a puchero enfermo (puchero-asunto cuyas condiciones habrá que auscultar), por lo que debías tomar precauciones y no fiarte de las apariencias.

Usaban esta frase u otra equivalente: ¡cuidado, esto me huele a cuerno quemado! (ten cuidado que puede no ser lo que parece, puede tener trampa).

Tanto una frase como la otra nos daban a entender que no había que fiarse de las apariencias, que aquello aparentemente inofensivo, o favorable, podía tener trampa. Un ejemplo adaptado a los tiempos que ahora corren: “he colocado mis ahorros en “Fórum Filatélico -o en preferentes- (dos timos) y me dan un 7% de interés”. Aquél de faja negra y boina calada hasta las orejas que lo oye (lo oyó) dice (dijo): oye, esto huele a puchero enfermo (por eso no le pillaron). Quiere decirse que a pesar de las apariencias favorables puede ser peligroso (si el puchero está enfermo y te fías, sólo, de su apariencia, puede ser peligroso)

Es posible que las frases puedan ser parecidas, pero el resultado puede resultar completamente distinto. El puchero de, o para enfermo, es una garantía de salubridad, se puede consumir sin temor a intoxicarse, y el olor a puchero enfermo nos previene contra las buenas apariencias pero que puede encerrar algún peligro del que después nos lamentaremos.

Resumiendo: mis ancestros y el DLE establecen diferencias entre la palabra “puchero enfermo o puchero de enfermo. Para los míos (rurales ellos y yo) existe la posibilidad de que el puchero esté enfermo (en condiciones poco saludables, lo que representa un riesgo) y para el diccionario el puchero es para el enfermo en cuyo caso existe total garantía de salubridad (puede uno fiarse) aunque cierto es que puede resultar insustancial: pero no hay engaño. Como insustancial puede resultar mi escrito. Pero como existe libertad de expresión yo la he usado, garantizando que no tiene ningún riesgo su lectura… que no huele a “puchero enfermo” vamos.

Sanseacabó: he querido decir, y he dicho, que en mi pueblo no usamos la frase puchero de enfermo, sino puchero enfermo, que es parecido pero no es lo mismo.

¿Estáis de acuerdo? ¿No? Pues venga que hay que mojarse.

Y, de momento, nada huele a puchero enfermo en…

Camporredondo, 31 de octubre de 2016


lunes, 14 de noviembre de 2016

Ganchito

Acabo de escuchar en la radio la palabra ganchito en la narrativa de Miguel Delibes y, debo confesarlo: me he sentido un poco triste. No me siento triste porque Delibes use la palabra cada vez que se le presenta la ocasión, lo leí un montón de veces y… me quedé tan tranquilo. Pero hoy, cuando mientras lo escuchaba por radio miraba el campo a través de los cristales de mi salón, algo ha protestado dentro de mí. El cazador que escribe, que tantas muestras ha dado de estar siempre del lado del humilde, en este caso nos habla –a los humildes- desde la atalaya del cazador de muchas alas y pocos bofes (no los necesita).

Indudablemente, el ganchito ("ojeo a lo pobre") es como el aperitivo que precede al banquete (montería, gancho, batida para ricos). Desde la perspectiva que ahora mismo tengo delante –si pudiera- preguntaría al cazador que escribe: ¿el cazador humilde (los de mi pueblo, yo...) no tiene derecho a ilusionarse con la palabra ojeo? Veamos: dice el escritor… “basta una tropilla de media docena de chavales para patear el terreno como Dios les da a entender.” ¡Joder, querido y admirado escritor! Si una tropilla de seis chavales ojeando no es un ojeo,.. ¿podría decirme como llamamos al dado por un niño, muerto de miedo, al que su hermano le indicó la dirección a seguir -sin más referencias que dos pinos que destacaban sobre la espesura del monte- hasta encontrarse con el cazador? Pues yo se lo voy a decir: aquel "chaval", de no más de seis años, era este aporreador de teclas, y mi hermano Alfredo fue el cazador que en aquel “ganchito” aculó dos liebres y el que descubrió, al verme aparecer, que iba llorando de miedo. Y...¿saben todos los “cazadores” de escopeta repetidora y secretarios para cargar y recargar la escopeta del señor y recoger las piezas abatidas, cómo llamamos los cazadores de pueblo a estos humildes “ganchitos”? Pues sí señores, sí, a estos “ganchitos” nosotros los llamamos lisa y llanamente: OJEOS. Y es que, en el campo, ojear es espantar la caza para dirigirla al lugar que nos interesa y eso lo consigue uno u ochenta, sin otro límite que el espacio de terreno que queramos batir.

He dicho lo que siento y, por una vez, sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo con el escritor que caza: nosotros, los humildes cazadores de pueblo no conocíamos la palabra ganchito más allá del aperitivo que precede… bueno, tampoco, porque aperitivo tampoco teníamos antes de los gabrieles o las patatas viudas.

ganchito
1 m. Esp. Aperitivo ligero y crujiente, de forma alargada o de gancho, generalmente hecho con maíz o patata.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Lo demás, en el pueblo, son OJEOS.

Después de casi setenta años aun recuerdo el miedo que pasé en mi primer OJEO (ojeo de la pimpollada en la parte sur de la nava de arriba) en el Monte Arenas de Camporredondo.


Hasta aquí he intentado hablar del ojeo en mi ambiente: el ambiente de pueblo, con cazadores de pueblo. Para hablar del gancho, la batida, la montería… quizá hubiera que recordar al Nini: “yo de eso no entiendo, eso es inventado”. El gancho será gancho y su diminutivo será ganchito. Pero el ojeo siempre será ojeo: en el pueblo no tiene diminutivo.

Camporredondo, 19 de octubre de 2016


lunes, 7 de noviembre de 2016

Parcelaria 2

Comentario previo a mi escrito de fecha 21-10-15

A veces ocurre que se me acumulan palabras que después voy archivando porque ya no sé si seguir o abandonar.

Es ésta una de las veces en que ya, harto de asistir al desprecio con que es tratado el lenguaje rural y la obra de Delibes, sin que nadie mueva un solo dedo, me decido a publicar lo archivado. La palabra de hoy quiero que la repaséis con atención: ¿A qué se refiere el autor cuando dice aquello de que “sería muy erudito hablar de la parcelaria”? ¿Acaso no considera, a sus posibles lectores, capacitados para entenderlo?

Hoy me decido a lanzar mi protesta y digo: ¿no sería correcto que, al menos, el experto pidiera disculpas a aquéllos que, ilusionados, adquirimos el primer librito en el que nos trató como raza inferior, al no considerarnos capacitados para entender lo que es la parcelaria (concentración parcelaria) a la que se refiere Delibes en la página 26 de Castilla Habla? No digo que se nos devuelva el dinero, no, pero no estaría de más que reconociera que, como tantas otras veces, el que no entendía lo que era la parcelaria es el señor “experto” en Delibes. Ahora el hombre va aprendiendo y nos muestra sus progresos en el mismo librito editado, esta vez, por ediciones Cinca. 


Para todos aquellos que puedan estar interesados en seguir el lenguaje usado por Delibes en su narrativa (me refiero a lenguaje rural), lo más interesante es leer su obra. Pero si aun así os queda alguna duda , os sugiero: existe en el mercado un libro titulado “En Torno a las Palabras de Delibes” que creo os puede resultar interesante. No puedo deciros que lo comparéis con otros libritos –no existe comparación posible-, sí os digo que se nota donde hay estudio, interés y razonamiento y donde traslucen   intereses que no son –es mi opinión- ni respetuosos.


Sobre “En Torno a las Palabras de Delibes” sólo puedo decir que sería posible -y muy deseable- una segunda edición ampliada, sería muy interesante y tanto el lenguaje rural como la propia obra de Miguel Delibes se lo agradecerían.

Y sin más os largo lo que hace un tiempo escribí al respecto y quiero que veáis.

En Camporredondo a 30 de 0ctubre de 2016




Tenemos ante nosotros una nueva mejora (sobre las anteriores) incluida en el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, esta vez editado por ediciones Cinca.

Veamos, primero, la versión original, publicada en “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y en Cátedra Miguel Delibes:

Parcelaria
CH p. 26
(...) en los sitios donde se ha hecho la
Parcelaria.
Parcelaria:
Sería muy erudito hablar de concentración parcelaria, que es lo que hay que entender por la Parcelaria. (Investigación de campo)

Veamos ahora la nueva versión, con la mejora:

Parcelaria
CH p. 26
(...) en los sitios donde se ha hecho la
 Parcelaria, yo he visto fincas de una fanega o dos.
concentración.
~parcelaria.
1. f. Agrupación de diversas fincas rústicas de reducida extensión, para unificar y facilitar el cultivo.
Parcelaria: Se refiere a la concentración parcelaria, que se hizo en casi todos los países europeos. En España, la primera disposición sobre concentración parcelaria se produjo en 1952, siendo muy beneficiosa para los agricultores. (Investigación de campo)

¡Ah, bueno! -parece decirnos, ahora, “el experto” en Delibes- ¡yo creí que era otra cosa, pero resulta que es la concentración parcelaria! ¡Sí hombre, sí, con lo fácil que es! Pero entonces… digo yo: ¿qué investigación de campo nos ofreció usted en la primera versión? ¿Quién le engañó y le dijo que hablar de aquello sería muy erudito?

No, no, no sigo. El lector sacará sus propias conclusiones. Yo me limitaré a decir: respeto señor Urdiales, respeto al mundo rural, a la obra de Delibes y al lector.

Y como ya hablé sobre el tema en anterior entrada, os la facilito de nuevo para evitar buscarla. Ahí va lo que –torpemente- escribí:

Parcelaria:
Tengo la sana costumbre (creo que es sana) de, lo que no entiendo, preguntarlo.

Vean lo que no entiendo:

Parcelaria: Sería muy erudito hablar de concentración parcelaria, que es lo que hay que entender por la Parcelaria. (Investigación de campo) (Sic)

Esto es lo que encuentro en la página 175 del DCRNMD. Y aquí estoy con mi carga de ignorancia para preguntar: ¿hay que ser erudito para comprender lo que es la concentración parcelaria? Porque una cosa es comprender lo que es y otra llevarla a feliz término. Para eso están los técnicos.

Bueno, que no quiero liarme: ¿por qué sería muy erudito hablar de la Parcelaria? ¿El agricultor no está preparado para entenderlo? Esto es lo que el agricultor de mi pueblo entiende por…

Parcelaria.- Concentración de varias fincas (parcelas) pequeñas, en una más grande, para facilitar su cultivo.
En el aire dejo esas dos preguntas, para si un erudito tiene a bien informarme lo que es la concentración parcelaria.

Como final, hoy pregunto: ¿Se puede llamar diccionarios, a este tipo de publicaciones, sin ruborizarse? Por experiencia sé que "nada hay más atrevido que la ignorancia" .

Camporredondo, 21 de octubre de 2015

lunes, 31 de octubre de 2016

Empatadera

En tiempo pretérito dejé esta palabra para ver si más adelante me la aclaraban un poco más. La dejé al encontrarla cuando repasaba otras “lindezas” que nos brinda la “Cátedra Miguel Delibes”. Me llamó la atención porque pensé: ¿no necesitará una aclaración –en la obra de Delibes- aparte de la que nos ofrece el Diccionario de la Real Academia?

El glosario de Cátedra Miguel Delibes, según su autor, dice (sic):

Empatedera

ELCM p. 84

(...) forzarle a una opción, equivaldría a buscarle una empatadera.
empatadera.
1. f. coloq. Acción y efecto de empatar y suspender una resolución, o por obstáculo sobrevenido, o por contrarresto hecho, como sucede en el juego de los naipes. Salió Julián con la empatadera, y cesó todo.

Así lo encontré en el glosario de la cátedra que, como vemos, se ha limitado a copiar y pegar lo que la RAE dice.

El Diccionario de la Lengua Española (DLE) dice:

empatadera
1. f. coloq. p. us. Acción y efecto de empatar y suspender una resolución, o por obstáculo sobrevenido, o por contrarresto hecho, como sucede en el juego de los naipes. Salió fulano con la empatadera y cesó todo.

Delibes, bajo mi punto de vista, y creo que acertadamente, siempre que se le presenta la ocasión echa mano de las palabras que están gravemente amenazadas de desaparecer y las usa. Así, en “Diario de un cazador” dice: “Si me dijeran que eligiese entre Anita y la escopeta me buscaban una empatadera”. ¡Claro coño, pues claro! si le proponen eso le buscan un problema de muy difícil solución.

Por mi parte, en vez de seguir dándole vueltas, quiero ahora presentaros una forma seria de entender a Delibes y su narrativa:

EMPATADERA. f. conflicto prácticamente irresoluble: “El hombre-cazador no sabría prescindir del campo y en no pocos casos forzarle a una opción equivaldría a buscarle una empatadera” (El libro de la caza menor, p.83).

Con esta explicación hasta yo, que voy justito, justito, he entendido lo que es empatadera: al hombre-cazador se le presenta un conflicto de difícil solución si tiene que elegir entre el campo y, en no pocas ocasiones, otras opciones. Y esto sin tener que recurrir al Diccionario de la Real Academia Española (DLE).

Bueno, pues esto se consigue leyendo y comprendiendo a Delibes. Así lo encuentro en el libro “En torno a las palabras de Delibes” editado por Ediciones Castilla, cuyo autor es Luciano López Gutiérrez al que, dicho sea de paso, no tengo el placer de conocer más allá que a través de las ondas hercianas y sus obras.

Aprovecho la ocasión para decirle a D. Luciano: lo mismo que dije a otros, y aceptaron, su casa la tiene en...


 Camporredondo, 27 de octubre de 2016

lunes, 24 de octubre de 2016

¿Galloga, o gayuba?


¿Cómo se llama esta planta?
¿Por qué será que cuanto más me alejo de mis años jóvenes más me gusta aprender? Me viene a la chinostra, azotea, crisma… cabeza al fin y al cabo –sin pretender paralelismos- aquella frase de Sócrates que, al ser preguntado, “¿para qué quieres aprender a tocar la lira, Sócrates, si vas a morir?" , el sabio respondió de la forma que sólo se les ocurre a los sabios: “pues para tocar la lira antes de morir”.

En mis años más jóvenes –cuando empecé a tener tiempo para leer, y leí, a Delibes- encontré la palabra galloga en varios libros de la dilatada obra del escritor. Tengo que decir que conozco la planta de la fotografía. Pero también debo decir que nunca me preocupé por saber su nombre. La encontraba en la lectura y pensaba, bueno pues… una planta más de las que hay en la naturaleza cuyo nombre ignoro.

O sea: conocía la planta, leí en Delibes galloga, pero nunca fui capaz de relacionar mi conocida planta con la galloga del escritor.

Es ahora, cuando al escuchar un programa de radio oigo la palabra galloga en la narrativa de Delibes me digo, ¡anda! Mira por donde voy a aprender el nombre de la planta. Esto me ha animado, ahora, a pesar de que ya lo había visto en otros libritos editados por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y Ediciones Cinca. Pero sólo ahora me ha picado el gusanillo por saber si la planta galloga a la que hace mención Delibes es la descrita por el “experto”.

Establecida la relación de la planta que yo conocía, con la descrita en la radio, en la Cátedra Miguel Delibes y libritos varios, me dije: sólo me queda saber en qué zona de Castilla y León se conoce a esta planta con el nombre de galloga. He buscado, y todos caminos me han llevado a la misma meta: la planta descrita, o no lo he entendido o se llama gayuba.

Como no tengo forma de saber si la galloga de Delibes se refiere a la misma planta de la foto, y como me gustaría saber -antes de que sea tarde- en qué parte de Castilla y León se conoce la gayuba con el nombre de galloga pregunto a aquéllos que visitan de vez en cuando “La Pizarra de Gaude: ¿seríais tan amables –que lo sois- de ilustrarme diciéndome si existe relación entre la planta que muestro en la fotografía y la palabra galloga tan utilizada por Delibes? y si existe ¿en qué zona?

Y sin más por la presente… recibid un abrazo campero desde


Camporredondo, 14 de octubre de 2016.

lunes, 17 de octubre de 2016

Galápago

Comprenderéis, amigos, que si Delibes habla de ovejas -y su “experto” también-, si un ex-pastor no se pronuncia acerca del tema, quedaría un poco deslavazado ¿o no? ¡Pues vamos allá!:

Galápago
LR p. 145
(...) pues según sabía por el Centenario, la oveja que come centellas cría galápago en el hígado (...)
Galápago: En las ovejas, enfermedad que las lleva a la muerte después de unos 10-15 días. Es una especie de cirrosis. El animal va languideciendo y mostrándose triste hasta que, finalmente, muere. (Investigación de campo)

Os lo presento tal cual aparece en Cátedra Miguel Delibes (y en los “diccionarios” del mismo autor que publica al amparo de la Cátedra). Pero hay más: en el programa “Es el campo” de Es radio CyL, (5-10-2016) tuve ocasión de escucharlo y observé que el “experto” en nada ha variado su manera de entenderlo, sino que lo ha ampliado. Dice, exactamente, lo mismo que ya dijo en sus intervenciones anteriores en los otros medios, más su explicación añadida.

Quiero acudir en defensa del entrevistado por la presentadora: ésta le preguntó si sabía lo que era el galápago, y yo creo que respondió adecuadamente, dijo: Como no sea un animal… y claro, como para eso está el “experto” en Delibes… la locutora reclamó su auxilio.

El señor “experto” -que sigue sin entender el lenguaje rural y por ende el del escritor- dice: no, según Delibes no es un animal, es una enfermedad, una especie de cirrosis y nos larga lo que él ha entendido, eso sí, poniéndolo siempre en la pluma del escritor… porque ésa es su fuerza, más ahora que Delibes no está.

Para que no tengáis que acudir a vuestra librería, os transcribo lo que Delibes escribió en “Las Ratas”: “Por Nuestra Señora de la Luz brotaron las centellas en el prado y el Nini se apresuró a enviar razón al Rabino Grande para que alejara las ovejas, pues según sabía por el Centenario, la oveja que come centellas cría galápagos en el hígado y se inutiliza”.

Como podemos leer, Delibes no hace mención a enfermedad ninguna, así como tampoco a que en 10 o 15 días la oveja muere. El escritor nos dice que la oveja cría galápagos por comer centellas. Lo demás es fruto de la tan socorrida (investigación de campo) que de tanta ayuda le sirve al señor Urdiales. Entretanto seguimos sin saber en qué entorno se produce la “(investigación de campo)” que, a nosotros, nos daría ocasión de consultar para ampliar nuestra exigua cultura rural.

Viene la opinión del ex-pastor que dice: señor al que preguntó la locutora, usted tenía razón; el galápago –además de islas y tortugas- es un animal. Es un animal, en forma de lombriz, que puede invadir el cuerpo de la oveja si ésta ha comido centellas. Delibes sólo dice centellas (plantas), pero hay otros posibles motivos como, más adelante, veremos.

¿La oveja, enferma –según Delibes- por haber comido centellas? ¡Pues parece que sí! Pero la enfermedad que la lleva a la muerte es la producida por un animal (lombriz) que se llama galápago y que invade su cuerpo –también el hígado- provocándole la muerte.

Aparte de la decadencia en que entra la oveja que padece de galápagos (lombrices), hay otro síntoma externo y es que, decimos, tiene papada. Esto –no soy veterinario- parece que es provocado (la papada, o papera) por los galápagos que invaden el hígado del animal.

De manera que, entrevistado y bien informado señor, el galápago es un animal. Animal que invade el cuerpo de la oveja y puede provocar su muerte en breve espacio de tiempo.

Comentario: Delibes no dice que el galápago es una enfermedad. Lo que el escritor dice es que la oveja que come centellas cría galápagos y sí, es cierto, los galápagos (lombrices) acaban matando al animal. Los galápagos, exactamente igual que el lobo, no son una enfermedad de la oveja, aunque unos y otro la maten.

Galápago: animal en forma de lombriz que se instala en distintas partes del cuerpo de la oveja –también en el hígado y pulmones- y que puede acabar matándola.

Y vamos con los galápagos de Camporredondo, y su posible afectación a la oveja. Para este ex-pastor -y su entorno- siempre que una oveja enfermaba y uno de los síntomas era que tenía papada, decíamos que tenía galápagos y nosotros, incultos como dice el “experto” en Delibes, lo achacábamos a que había bebido agua estancada en un estanque en el que había galápagos. También decíamos que por comer hierba cerca de la cagada de un perro (por aquello de las lombrices). De ahí que la oveja tuviera galápagos. No, nunca oí que fuera por comer centellas, y otras hierbas, aunque también puede ser: yo lo ignoro

Lo del agua estancada y los galápagos también lo decíamos cuando en una pequeña laguna de agua veíamos, de niños, muchos bichos del estilo de las lombrices. Decíamos: no hay que meterse ahí porque está lleno de galápagos. Así que nosotros, a todo aquello que tuviera forma de lombriz, lo llamábamos galápago.

Resumiendo: el galápago es un animal (especie de lombriz). Se fija en distintas partes del interior de la oveja en cuya salud produce muy graves problemas. ¿Es una enfermedad de la oveja? No. Es un animal, o bicho, que provoca graves alteraciones en la salud de la oveja, entre otras provocar papadas o paperas –no sé que será más correcto- y llega a ocasionar su muerte.

Otra cosa que ignoro es si el problema que acarrea el galápago en el hígado de la oveja se llama cirrosis –veterinarios tiene la ciencia que lo podrán responder-.

Así que: Delibes nunca dijo que el galápago fuera una enfermedad de la oveja. Sólo dijo que la oveja que comía centellas criaba galápagos. Tampoco dijo que muriera en 10 o 15 días, esto es fruto de la (investigación de campo) del señor Urdiales, a la que yo no puedo acudir, para contrastar, porque no sé donde se realizó la investigación.

Hace más de cien años ya era así y, mientras algún experto no nos convenza de lo contrario, así seguirá siendo en Camporredondo.

Nota final:

1.- por falta de base científica, lo único que no admite duda es que el galápago es un animal en forma de lombriz. Tiene este nombre porque los humanos hace muchos, muchos años, así lo decidieron.

2.- que se instala en el interior de la oveja creándole graves problemas de salud.

3.- que hay distintas creencias de cómo llegan al interior de la oveja.

4.- que Delibes nunca dijo que fuera una enfermedad de la oveja, sino que el Nini aprendió del Centenario que la oveja que comía centellas criaba galápagos.

5.- que no leemos, o mal interpretamos, lo que el escritor escribió.

He dicho, lo que he dicho, en:

Camporredondo, 7 de octubre de 2016

lunes, 10 de octubre de 2016

Chorreaditas

Hemos de seguir porque los que saben… no hablan.

1.- Mantención
CH p. 177
(...) para la mantención de las abejas (...)
Mantención: Se refiere a "manutención". La falta de cultura da estas variaciones fonéticas, como amachambrar por machihembrar, marrotar por malrotar, etc. (Investigación de campo)

2.- Cuando Delibes escribió El camino en 1950 en la Castilla de entonces se enjaretaba a los machos para la fiesta, se pescaban cangrejos de río con araña o reteles (…)

Lo que acabáis de leer son sólo dos indicadores del concepto que un filólogo, doctor cum laude en ciencias de la información, e intitulado “experto” en Delibes, tiene de sus abuelos. Digo esto, porque de otra forma no entiendo que parezca empeñado en desprestigiar la obra de Delibes y el lenguaje rural.

Mantención lo he tomado (sic) de Cátedra Miguel Delibes. La segunda flor que nos deja el “experto” la he tomado de sus… ¿diccionarios? Bueno, sin que sirva de precedente, titulémosles así.

Lo primero que quiero hacer es ilustrar al doctor –obra de misericordia es enseñar al que no sabe- de aquello que parece ignorar. Vamos con mantención según el DLE:

Mantención 
Der. De mantener.
1. f. coloq. p. us. manutención.

Como veis, la Real Academia de la Lengua Española también anda incluida en el grupo de incultos: acepta mantención como derivado de mantener que, es cierto, se usa poco, aunque Delibes y los paletos la usamos.

Seguimos con marrotar:

Malrotar

Del ant. marrotar, der. De *manroto ‘manirroto', infl. Por mal2.
1. tr. Disipar, destruir, malgastar la hacienda.

La Real Academia -según el señor Urdiales- sigue sin enterarse: nos dice que malrotar procede del antiguo marrotar, ¡me cagüen diez! ¡Están por aguar la fiesta al doctor! Él dice que “la falta de cultura da estas variaciones fonéticas”… ¿quién soy yo para corregirle? Pues hombre, yo soy sólo un paleto, pero la Real Academia…

Seguimos:

No, aunque no la recoja el DLE -ya sabéis que sostengo que el lenguaje rural no entiende de diccionarios-, no voy a dejar de comentar la otra palabra que el señor filólogo no entiende: amachambrar.

Verá usted señor doctor: ya le he comentado en varias ocasiones –aunque usted borre mis comentarios en las entradas de su blog- que no es lo mismo machihembrar (unir a macho y hembra, caja y espiga o ranura y lengüeta) que amachambrar, remachar, asegurar fuertemente aquello que queremos asegurar para que no se nos escape. A esto último, la gente de campo, ésos que, por su falta de cultura, dan aquellas variaciones fonéticas que usted parece no entender, lo llamamos amachambrar (no me preocupo porque lo tengo amachambrado). Cuando yo -paleto de mí- digo que lo tengo amachambrado, estoy diciendo que lo tengo atado y bien atado… ¿recuerda? Sólo que esto es diferente, queremos decir que lo tenemos fuertemente amarrado.

Vamos, otra vez, con enjaretar:

De momento sólo me queda decirle, otra vez más, que nosotros allá por el año 1950 y, si se tercia, también hoy, engalanamos a los machos, caballos, vacas, bueyes, burros… en días de fiesta y… ¡siempre que nos da la gana, coño! El que intenta enjaretar es usted señor Urdiales. Usted quiere enjaretarnos su absoluta ignorancia sobre este mundo (que también es el de Delibes) y que nos pase desapercibido. Pero no, tengo que creer que usted es un gran filólogo y hasta doctor cum laude en ciencias de la información, pero tocante al mundo rural a usted le falta aquello de lo que parece no darse cuenta: cultura rural. Es usted un profundo analfabeto en lenguaje rural.

Ahora pasamos al por qué hoy me solivianto.

Escuchando la emisora Es Radio programa de la tarde “Es el campo” de Castilla y León, correspondiente al día 22 de abril de 2016 he llegado a la conclusión de que usted nos trata como a gente que… eso, justito, justito, llegamos a juntar las letras. Puedo decirle que conmigo acierta usted, pero hombre… ¡no trate usted a sus seguidores así hombre de Dios! Verá por qué lo digo:

Escuchando el programa de radio al que más arriba me he referido, encuentro que usted se luce, otra vez más, con una palabra que, hasta en el (DLE) Diccionario de la Lengua Española, está perfectamente clara:

chorrear
3. intr. coloq. Dicho de algunas cosas: Venir o concurrir poco a poco o con breve intermisión.
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¿Cómo entraban las perdices en el ojeo que Delibes narra en “Las perdices del domingo”? Pues eso: chorreadas, sin parar, pero dejando un espacio entre una y otra. Chorreaditas dice Delibes: espaciadas>espaciaditas; suaves>suavecitas; mansas>mansitas… etc. etc. etc. No puedo decirle la palabra que el cazador rural empleamos muy frecuentemente porque, a ver, ¿cómo le diría yo, a huevo?¿a huevito? Quedaría muy basto. Pero eso es lo que quiere decir Delibes: le entraban a huevo, con breve intermisión… de forma que al cazador le daba tiempo a recargar la escopeta, apuntar y disparar de nuevo.

Lo de chorreaditas es una expresión en diminutivo, de chorreadas: mansas; mansitas, juntas; juntitas, pequeñas; pequeñitas… etc.

Pero no acaba ahí mi sorpresa: usted dice que sólo si entran volando. Pues verá usted: yo, que de esto entiendo más bien poco, diría que si entran apeonando con breves pausas, también diría que entran chorreaditas. Más chorreaditas, si cabe, que si entran volando por aquello de que entran más fáciles. Aunque podría añadir que entraban muertas ya, por aquello de la facilidad del tiro. Pero en mi afán por ilustrarle a usted -los demás ya lo saben- quiero pedirle una opinión: ¿si en vez de ser perdices -las que entraban chorreaditas- hubieran sido una piara de jabalíes los que entraban chorreados (chorreaditos por adaptarnos al lenguaje usado por Delibes), también diríamos que sólo entraban chorreaditos si entraban volando? No señor, no. Qué duda cabe de que las perdices de las que habla Delibes en “Las perdices del domingo” entraban volando, pero si hubieran entrado apeonando y a intervalos regulares, o no tan regulares, pero si espaciadas, hubiéramos dicho chorreadas, o chorreaditas, como dice Delibes para demostrarnos lo fácil que resultaba emplomarlas.

Al escuchar a la presentadora del programa largarle la pregunta ¿qué es la palabra chorreaditas? así, a palo seco, la respuesta del entrevistado fue lo que cabía esperar de un hombre que sabía que la pregunta estaba incompleta. Después de que el “experto” se lo aclarara, estoy seguro de que de no haber sido un hombre muy educado, le habría dado una mala contestación. Porque el hombre, a mi me dio esa impresión, sabía de sobra lo que es chorreado, pero en la forma de hacer la pregunta ni Dios hubiera sabido responder.

Digo yo, pero repito que no es más que la opinión de un hombre de campo, que la pregunta debería ser: ¿qué es chorrear? Y estoy seguro, por lo que oí al entrevistado, que de sobra sabía lo que es. Es que lo demás casi me suena a… chorradita, con perdón.

Finalizando señor doctor: siempre le pido respeto para la obra de Delibes y el lenguaje rural. Hoy quiero ampliar mi ruego: respete usted la inteligencia de sus seguidores porque, estoy seguro que son, como mínimo, tan expertos como usted. Digo sus seguidores porque entre nosotros –incultos rurales- el más torpe hace transceptores de madera y se comunican vía satélite.

Y nada más: aquí sigo, entre terrones, aprendiendo palabras que mi abuelo ya tenía hasta olvidadas. Y conste que yo quería jubilarme pero los… “expertos” me lo impiden.


Camporredondo, 27 de septiembre de 2016.