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viernes, 20 de octubre de 2017

Y -si puedo- las veces que haga falta

Son las 19 horas y 16 minutos del día 11 de octubre de 2017 cuando en la radio se oye…

Buenas tardes. Es curiosa esta niebla meona, que fue primero definida por el escritor Miguel Delibes, y definida años después por los académicos de la Real Academia Española.

En un libro titulado “El último coto” Delibes escribía que, “durante casi un mes la provincia había estado entumida (en el campo decimos entumecida…) bajo una niebla meona. Niebla húmeda y densa” -decía el escritor- que al congelarse en el aire deja los campos albos como después de una nevada”.

Si acudimos al diccionario de la academia se nos indica que esto de la niebla meona es algo que se emplea en el habla coloquial y la define así: “niebla de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna”. O sea que la RAE ha preferido quedarse con las primeras consecuencias de la niebla meona, “gotas menudas que no llegan a ser llovizna” y Miguel Delibes se centró, en su momento, en las últimas consecuencias: “niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire deja los campos albos como después de una nevada”. Una complementa a la otra, y la otra complementa a la una. Llegarán días de nieblas meonas a Castilla y León… ¡abriguémonos!

Y, de nuevo, vuelve a salir la voz del campo para tratar de dar su… “paleta” opinión.

En una cachapada de ocasiones -ésta es una más-, he dicho que Delibes define –porque así lo aprendió en el campo- muy correctamente lo que es la niebla meona: “niebla húmeda y densa”. Añadiendo que, si se congela, deja los campos albos como después de una nevada. Según el “espabilado más que experto”, para Delibes niebla meona es la que se congela en el aire. No señor, no. Delibes dice que si la niebla meona se congela en el aire (sólo si se congela en el aire), deja los campos albos como después de una nevada. Parece que el “espabilado más que experto” no lo acaba de entender porque, a ver, ¿por qué nos dice que Delibes se centra en las últimas consecuencias? No, para la RAE, la niebla meona no tiene primeras consecuencias, ni para el escritor segundas, la niebla meona es la que es: “niebla húmeda y densa de la que se desprenden finísimas gotas de agua que no llega a considerarse lluvia”. Después podrá congelarse o no, lo mismo que la lluvia podrá transformarse en nieve, hielo…, pero no deja de ser agua que se desprende de la nube y cae.

Digamos lo que la niebla meona es -después de haber sido calado en muchas ocasiones por ella- en lenguaje rural, que es donde Miguel Delibes lo aprendió directamente y -por lo que podemos deducir- también la RAE: niebla meona es aquella niebla densa que, sin llegar a ser lluvia, acaba calando hasta los huesos. De ahí que la Real Academia diga: "niebla de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna”. Le falta a la Real Academia añadir aquello que yo pude comprobar sin intermediarios: “… no llega a ser llovizna, pero cala, moja, empapa”.

De manera que ni Delibes, ni la RAE, descubrieron la niebla meona. Yo me imagino que el nombre bien pudo ocurrírsele al campesino/a que después de llegar a casa empapado dijo: ¡vaya una niebla, parece que se mea!

Una cosa es totalmente cierta: yo nací en la primera mitad del siglo XX y lo aprendí de mis abuelos. De manera que allá por la mitad del siglo XIX (muy anterior al querido escritor y los académicos de la RAE) la niebla ya andaba meándose por estos campos de Camporredondo y, a veces se congelaba y parecía que había nevado, y otras veces –cuando la temperatura no era tan baja- simplemente se convertía en gruesas gotas que caían de los árboles… y otras gotitas calaban a las ovejas, machos, burros… o se fijaban sobre mi manta que acababa pesando… ¡cómo pesaba!

Lo triste de esto es que los advenedizos “-espabilados más que expertos-“ no comprendan que lo que dicen Delibes -en su extensa y maravillosa obra - y la RAE es lo mismo. A no ser que la lluvia solo lo sea si se congela, que es lo que ocurre con la niebla meona, que no es otra cosa más que gotas finísimas de agua que no llegan a considerarse lluvia, pero que, si se congelan, dejan los campos blancos como después de una nevada.

Niebla meona
EUC p. 106
Durante casi un mes, la provincia ha estado entumida bajo una niebla meona, niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada.
niebla. (Del lat. nebula).
~ meona.
1. f. Aquella de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna.
Niebla meona: Delibes acaba de definirnos lo que es para él la niebla meona: niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada. (Investigación de campo)

Como podemos comprobar el “espabilado más que experto” insiste en que Delibes tiene por “niebla meona” la que se congela y deja los campos albos. Así lo recoge en un glosario –de allí lo he transcrito- que cabalga -por el espacio estelar- sobre las estelares ondas electromagnéticas.

La lluvia son gotas de agua que se desprenden de la nube y caen sobre la tierra. También puede transformarse en nieve o en hielo, pero eso es otro cantar. Lo mismo ocurre con las finísimas gotas de agua que componen la niebla meona y Delibes –que la conocía- así lo dice, añadiendo que si se congela deja los campos albos como después de una nevada.

Quiero añadir, que los efectos de la niebla meona –si se congela- pueden llegar a cargar tanto las ramas de los árboles que llega a desgajarlas: ocurría muy a menudo. Era lo que nosotros –gente inculta- llamábamos cencellada, que es una especie de carama (escarcha congelada), pero muy exagerada.

Delibes, tanto en esta ocasión (niebla meona) como en tantas otras –que tampoco parecen entender los espabilados- dice lo que dice: primero entendámoslo y después mostrémoslo al mundo, como estudiosos y “expertos” que queremos ser.


Como creo que es interesante, este ex pastor repite lo que dijo en alguna ocasión acerca de los siguientes términos sobre fenómenos atmosféricos:



Rocío.- humedad en el ambiente que al bajar la temperatura nocturna se fija sobre las plantas en forma de pequeñas gotitas de agua.



Escarcha.- humedad en el ambiente que con temperatura cercana a los cero grados se fija sobre las plantas en forma de pequeños cristales de hielo.



Carama/caramada.- humedad elevada en el ambiente (neblina) que con temperaturas bajo cero se fija a las plantas en forma de hielo.



Cencella/cencellada.- fenómeno producido por la niebla meona que con temperaturas bajo cero se fija sobre el suelo y las plantas dejando los campos como si hubiera nevado.  Cuando la cencella es excesiva (cencellada) las ramas de los árboles, por exceso de peso y muy a menudo suelen desgajarse.



Camporredondo, 14 de octubre de 2017


Firmado: pastor –de ovejas-, al que la “niebla meona” empapaba hace muchos, muchos años.

lunes, 5 de junio de 2017

El profesor y el matacán.

Hace ya algunos años, al parecer auspiciado por la Diputación Provincial y la universidad de Valladolid, el profesor se lanzó a explorar este mundo maravilloso –nunca fácil- en el que nací hace muchos decenios: el mundo rural.

Cuando el profesor creyó tener preparada su clase, cuando creyó que sabía -pero no sabía, pues ni siquiera había leído la historia de “El matacán del majuelo” en “Viejas historias de Casilla la Vieja”- se armó de valor -porque valor sí tenía- y añadió a su glosario de palabras, esta de hoy: matacán. Lo que le salió lo comprobaréis a continuación:

Matacán
VHCV p. 77, passim
El
matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3.
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros
.
Cómo desconocía la palabra matacán acudió al Diccionario de la real academia española (DRAE entonces) y acertó en que, el matacán, era una liebre: pero nada más.

Pasado el tiempo el profesor -sí sé dónde- se informó, leyó, y asimiló un poco más. El profesor va aprendiendo, despacio, pero progresa.

24 de mayo de 2017. Son las siete horas y veinticinco minutos aproximadamente, cuando suena en el altavoz de la radio el “dialecto agrario”, escuchemos:

Buenas tardes queridos cazadores y buenas tardes queridos oyentes. Digo queridos cazadores, porque la palabra que tratamos hoy se mete de lleno en el terreno de los cazadores. Es palabra que se oye entre la gente que va de caza, también se oye en los pueblos, y a penas se escucha en la ciudad. En ocasiones Miguel Delibes explicó el significado de la palabra rural que estaba escribiendo, como es el caso de la palabra de hoy: matacán. Dice Delibes en un libro llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” que, el matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por cierto, el empleo de la, en un par de ocasiones en Delibes, luego ya se modificó por ley, que sería lo correcto. Nos encontramos por tanto ante una liebre experimentada que ha tenido que correr muchas veces huyendo de otros predadores, de galgos, de cazadores… y todas estas carreras enmagrecen su cuerpo. Es curioso, en “Viejas historias de Castilla la Vieja” el matacán que nombra Delibes es casi una cuestión de estado para los vecinos del pueblo, no había manera de matarlo y el pueblo entero sale al campo para acabar con él y al fin lo logran. Al matacán le va muy bien el dicho español que dice… “el diablo es más sabio por viejo que por diablo”.

Ejemplo de matacán, encontrado en internet

Como acabamos de leer, parece que ha aprendido que para que la liebre llegue a matacán, no necesariamente, debe ser corrida por los perros (que es lo que nos dijo en su primera clase). Desde que la liebre nace, su supervivencia principalmente depende de sus patas. Así la (aunque lo correcto sea le, yo soy de pueblo) toca, siempre, correr delante de los muchos depredadores que tiene. De forma que puede llegar a matacán sin haber corrido delante de un perro (aunque así lo afirme, también, el DLE). El caso de “El matacán del majuelo” de Delibes, es muy similar al de “el matacán de los majuelos de “La Gamarra” en Camporredondo, que cuando le descubrieron los galgueros y sus galgos ya no había dios que "-nunca mejor dicho-" le echara un galgo.

Pero decía que va aprendiendo despacio, porque todavía no entiende cómo se expresa el ser humano rural. Cuando dicen “¡al suelo todo el mundo!”, no quiere decir que el mundo entero se agaville, no. Si el escritor dice que todo el pueblo marchó tras él, se está refiriendo a todo el pueblo cazador, o aficionado a la caza. No, todo el pueblo no salió en persecución del matacán, ni hizo cuestión de estado. Lo que Delibes quiere decir, y dice, es que salieron unos cuantos aficionados y dos escopeteros, de los que, uno de ellos, de dos disparos dio muerte al matacán. Así que el pueblo entero no dio muerte al matacán y ¿sabe el señor profesor por qué fue así? Pues porque el resto de habitantes del pueblo –casi todos- estaban trabajando. De todo esto puedo dar fe. Así que no, a partir de ahora el señor profesor ya sabe que el pueblo no hace cuestión de estado el dar muerte, o no, al matacán.

Y ya, de paso, insistir: la liebre, para llegar a matacán, no necesita que la corran los perros, sino que tiene muchísimos "sparring" que la obligan permanentemente a mantenerse en forma y, ¿la que se descuida? pues la que se descuida no llega a matacán.

También es posible que a los no versados no les diga nada la palabra matacán. Más claro lo habríamos tenido si en vez de matacán, nuestros antepasados hubieran escogido la palabra mataperro, que es a lo que re refiere: MATA-CAN = MATA-PERRO. Cierto es que no descubrimos el significado del nombre hasta que nos damos cuenta de que el perro puede caer reventado al correr tras el… mataperro, o matacán que es lo mismo.

¡Ay señor señor!

Camporredondo 25 de mayo de 2017

lunes, 8 de mayo de 2017

¿Terminando...? pues no lo sé.

Hace algunos… decenios ya, tuve ocasión y motivos para ilusionarme –era más joven- con un regalo que mi esposa e hijos me hicieron por mi cumpleaños. El motivo -escogido para regalo- fue porque sabedores de mi entusiasmo por todo lo rural (soy nacido y criado en un pueblecito de Castilla, eso ya lo sabéis) me regalaron un diccionario (“Diccionario del castellano tradicional”, ediciones Ámbito). ¿Sabéis lo que me duró la ilusión? Pues justo lo que tardé en abrirlo. Aquello no era mi lenguaje. Aquel lenguaje era una mezcla de juventud universitaria tomando primer contacto con mi mundo: el rural.

Pasó el tiempo y se repitió la historia. Han salido al mercado –me dijeron- dos diccionarios que, éstos sí, son la bomba. Su autor (Jorge Urdiales Yuste) es experto en Miguel Delibes y su narrativa. Los diccionarios se titulan: "Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes" y "Diccionario de expresiones populares en la narrativa de Miguel Delibes". Los pedí a mi librero (en mi pueblo no hay librerías) y ahí me veis abriendo el paquete de correos: hasta nervioso me puse.

A partir de aquel momento, pálido me quedé. ¿Qué era aquello? Si las palabras que Delibes usaba en su narrativa las recogía el DRAE -para ese viaje no hacían falta alforjas- aún se podía tolerar. Pero si el diccionario de la Real Academia no las recogía, a mí me dio la impresión de que el autor de los diccionarios sacaba el dedo por la ventana y según la dirección del viento, aquél era el significado. Ésa era, y sigue siendo, mi opinión.

Seguidamente contacté con una de las autoras del Diccionario del castellano tradicional y con el autor de los dos diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes. A los dos ofrecí mis servicios y, con agrado e ilusión, los recibí en mi casa; no en balde estaba en juego el lenguaje de mis abuelos y yo -por haber seguido sus huellas- algo conocía.

Yo comprendo que para personas -universitarias ellas- que un ex-pastor pueda corregirte tiene que ser muy duro, y así quedaron las cosas. Como decía uno de mi pueblo: "¡nada de nada, nada!" Me vieron, se marcharon (impresión poco favorable debí causarles) y hasta ahora.

¿Qué podía hacer yo, callar porque soy el paleto, y doctores tiene el saber? En principio opté por seguir oteando desde mi retiro rural. Pero cada vez que me tropezaba con una burrada, mi abuelo -siempre vigilante desde su cielo- me decía: ¡qué cojones haces ahí! ¿Para eso fuiste a la Escuela Nacional? Harto de tirones de orejas de mis ancestros me monté encima de las teclas y, persiguiéndolas a lo largo del teclado, fui aporreándolas allí donde las pillaba viendo, con  satisfacción, que los míos, la gente rural, se mostraban satisfechos y apoyaban mi postura.

Pero hasta llegar a la situación actual fue pasando el tiempo y así encontré que la Cátedra Miguel Delibes recogía un glosario -del mismo autor que los diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes-¡Dios mío, qué glosario! También me puse en contacto con la dirección de la Cátedra y, a pesar de que lo entendió, me dijeron que la responsabilidad era del autor. Y ahí quedó todo "¡vivir para ver!".

En esto que -al fallecimiento del escritor- salió al mercado -no desaprovechan ninguna ocasión- otro nuevo diccionario que según decía incluía algunas mejoras. Una vez más contacté con mi librero (en mi pueblo sigue sin haber librerías) y al solicitarle el diccionario me advirtió: debo decirte que este diccionario es el mismo que el anterior (salvo algunas cosas que… tal ¿os suena?). Aún así se lo pedí, y fue en este nuevo diccionario –editado esta vez por ediciones Cinca- donde me pareció más que nunca -es sólo mi opinión- que tanto unos como otro eran una tomadura de pelo y un desprecio tanto a la narrativa de Delibes como a todo lo relacionado con el mundo rural.

Entre tanto yo ya había iniciado mi particular y desigual lucha que me ha traído hasta donde estoy ahora. O sea, sentado tras el teclado que, después de lo recorrido, las teclas se me van mostrando más dóciles: ya me van conociendo y no corren “como alma que lleva el diablo”, huyendo de mis estacazos encima de ellas.

Inicié mi imposible tarea simultaneando diccionarios: ora en la narrativa de Delibes, ora Diccionario del castellano tradicional. Por creer que “aquél que mucho abarca poco aprieta” opté por abandonar el mamotreto y seguir con los libritos, más asequibles a mis reducidas energías.

Y hasta aquí he llegado. Creo que no está nada mal el camino recorrido, por lo que creo merezco un descanso. No obstante, si en un momento me pareciera que hay que volver, volveré; ya sabéis -porque yo os lo he dicho- que soy muy cabezota, y si además de serlo nadie opta por rebatir lo que digo -a pesar de mi constante llamamiento para aclarar todo lo que no tengamos claro- yo me crezco. Pero si hay un culpable de que yo me venga arriba sois los que no os atrevéis a contrastar opiniones: las vuestras académicas, las mías rurales (paletas).

A lo largo de todo este periplo he ido constatando que si el “experto” en Delibes no se sonroja ante lo que sobre ello escribe, no me sorprende. ¿Por qué habría de ruborizarse? Vean los admiradores que  -he ido comprobando- el autor de los desaguisados tiene:

En principio los dos primeros libritos los editó Fundación instituto castellano y leonés de la lengua” -¿qué lengua?, desde luego la rural no-. A continuación Cátedra Miguel Delibes incluye un glosario del mismo autor que los libritos (me solivianto, me cabreo, con solo mirarlo). El autor sigue y lanza al mercado otro nuevo librito editado esta vez por ediciones Cinca. Sigue el “experto” repartiendo, "a diestro y siniestro", conferencias por esos pueblos de Dios (aulas, colegios e institutos) que, según mis informes, cobra del erario público: se lo abona la Excma. Diputación provincial de Valladolid ¡vaya chollo! Para el uno representa la sopa boba, mientras el otro, que paga con dinero ajeno, quizás tranquiliza su conciencia acerca del mundo rural.

Debo decir, y digo, que el tercer librito se presentó en la sede de la Fundación Miguel Delibes: “que cada palo aguante su vela”.

Dice el “experto” que “el Ministerio de Educación hace todo lo posible” para que él imparta conferencias por colegios e institutos. Pues por mi parte… ¡encantado de haber conocido el ministerio de incultura rural!

A partir de ahí encuentro que concede -el “experto”- entrevistas en radio y televisión: una bonita forma de desinformar sobre la cultura del agro.

En el periódico ABC encontré que el periodista admiraba la palabra cacanalona –que Delibes jamás escribió, ni existe- como el gran descubrimiento del "experto". Además sigue insistiendo en que nosotros, los paletos, en los años 50 de mil novecientos, enjaretábamos a los machos en días de fiesta. Sobre esto quiero y debo decir: el señor “experto” sí quiere enjaretarnos su falta de cultura rural. Nosotros en aquellos años, antes y después, engalanábamos o enjaezábamos a nuestros machos, caballos, bueyes y burros… los de carga y tiro. De los otros que hable el que más sepa.

Otro de los voceros del “experto” es el periódico “El Norte de Castilla” en cuyas páginas de “cultura” encontré que el señor Urdiales ha descubierto tres tipos de arado: el romano, el terciado y el viñero. No conforme con su "descubrimiento" nos dice: el arado romano y el arado viñero son el mismo arado ¡Yuuuupi! Qué pena haber vivido tantos años cogido a la esteva y no haberme dado cuenta de que el arado viñero es de vertedera y el romano es de reja lanceolada, además de ser casi todo de madera (común, romano o de madera lo llamábamos en mi pueblo). ¡Es que la gente de campo somos de brutos...! Bueno, sigo esperando que el “experto” o “El Norte de Castilla” me digan qué tipo de arado es el terciado que ha descubierto el señor Urdiales ¿de vertedera? ¿De reja? ¿De cuchillas? Será interesante que todo un filólogo doctor cum laude en ciencias de la información o el diario de mayor tirada en Castilla y León me informen a mis setenta y tantos años, sobre un arado que sólo existió como intermedio (terciado) entre uno más grande y otro más pequeño. (Siempre dispuesto a aprender, y algo voy aprendiendo).

Últimamente, un  visitante de “La pizarra de Gaude” me envió unas entrevistas en Radio Nacional de España (radio exterior de España) donde el señor “experto” dejaba epatado al entrevistador -¡vaya catedrático en lenguaje rural que sería!- con sus disparatadas reflexiones.

Actualmente en Es radio CYL donde el experto tiene un espacio en el que sigue mostrando su categoría como experto en lenguaje rural... en fin... ¡se acabó! Si, "por sus obras los conoceréis", debo decir que, de todos estos que he subrayado -ruralmente hablando- ninguno habría obtenido, en mi tiempo, el certificado de estudios primarios, que es el título que ostento.

He querido resaltar en negrita, así, a vuela tecla, los apoyos que he encontrado que tiene el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes, con el ánimo de mostrar que, si algún verdadero experto hay por estas tierras salga a la palestra -urgentemente- antes de que el lenguaje rural quede de tal forma que no lo reconozca “ni la madre que lo parió”. Porque yo digo una cosa: si con mí ínfimo nivel cultural he sido capaz de destapar tanta patraña ¿qué será el día que un estudioso del tema se interese en el asunto?

Ya veréis lo que, al principio, llegué a pensar: cuando vi que el autor de los diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes era estudioso, filólogo doctor cum laude en ciencias de la información y experto en Delibes… pues llegué a creer que cuando terminara de ver los diccionarios yo iba a saber más que mis abuelos. Juaaaaaaajuajuajua… y jua, hoy me da risa sólo de pensarlo. ¡Pobre iluso! digo de mí.

En fin queridos seguidores de “La pizarra de Gaude”. Al decir seguidores digo todos los seguidores que he tenido en todas partes del mundo, principalmente Estados Unidos de América que en cuanto añadía una nueva entrada enseguida llegaban una buena parte de visitas. Gracias a todos, y espero haber sido útil a vuestros deseos de conocer el lenguaje que en otro tiempo usaron mis abuelos y que hoy -aunque amenazado por expertos que lo desconocen- gracias a vosotros y a lo que yo pueda haberos ayudado, conservaremos. No me atrevo a decir que lo usemos, sería maravilloso, pero al menos que conozcamos cómo hablaban y se entendían nuestros ancestros.

Y después de esta travesía por senderos, caminos, cañadas, laderas, vallados, cauces y arroyos de mis campos de Castilla… entre terrones, riscales, espigas, ovejas… en compañía del pastor, el resinero, el agricultor, el segador, la espigadora, la escardadora etc. etc. etc. mi mayor satisfacción sería que alguno con los que no he estado de acuerdo –y que más arriba he citado- en el trato dado al lenguaje rural, saliera a la palestra y, públicamente  -demostrándolo ante vosotros-, dijera: ¡paleto, no tienes razón! se te nota a la legua tu falta de cultura rural. Hasta entonces seguiré pensando lo que ya he dicho una cachapada de veces: sólo se acercan al mundo rural para medrar (acepción 2ª del DLE).

A los hombres y mujeres de Castilla y León: además de agradeceros vuestra fidelidad, me atrevo a deciros: no permitáis que aquel lenguaje -en buena parte desaparecido- que usaron nuestros abuelos nadie lo desvirtúe como si fuera algo que no merece el mayor de los respetos

Ése es mi deseo y desde este pequeño pueblecito de Castilla y León (Camporredondo) os envío un fuerte y entrañable abrazo rural.

Camporredondo, mayo  de 2017

P.D. Y nunca lo olvidéis; si algún día, no teniendo nada mejor que hacer, os dais un garbeo -o una cachapada de garbeos- por “La pizarra de Gaude”, y encontráis algo que, dada mi torpeza, no haya dejado absolutamente claro, no lo dudéis: mientras el cuerpo aguante, estaré al servicio del lenguaje de mis abuelos... y los vuestros. Por favor, preguntad.

A pesar de haber decidido poner fin a este tiempo de “toma y daca” respecto de la obra de Miguel Delibes y el lenguaje rural, que nadie se llame a engaño, si tengo que seguir admitiendo que los alfareros en sus talleres de alfarería siguen fabricando herradones de latón, si tengo que admitir que el tazado es un cascote en el que recoger la resina y por ende lo es el resinero, si tengo que admitir que se secan los pantanos en Campaspero o que los útiles de zahorí -en el mismo pueblo- siguen llamándose chinchatez, si tengo que admitir que un señor que no distingue entre el cuartillo y el cuarto de litro, la media fanega y el celemín, el gario y el bieldo, la parte posterior (trasera) de la iglesia o la ermita y la puerta trasera (puerta carretera)… venga a decirnos que raer es perder resina, que estropeabarrigas es dejar a un chica embarazada, que si uno (véase El Picaza) por tener las piernas arqueadas (piernas de horcate) entre las que pasa un perro por medio y no se entera es porque es despistado, si para que la niebla sea meona condición indispensable es que las finas gotas se congelen… en fin, si tengo que soportar que en nombre del lenguaje rural se sigan cometiendo tantas burradas, esto no lo haré mientras estos deditos sigan alcanzando las teclas del chisme éste al que llaman ordenador. Yo entiendo que cada uno se gana la vida como puede, pero esto es siempre que se respete la memoria y la dignidad del vecino. Aprendí desde muy temprana edad a ganarme los gabrieles con la binadera o la cayada, quiero decir que llevé a rajatabla aquello que nos enseñaron en la catequesis: “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, algo que algunos han trocado por "ganarás el pan con el sudor de "el de enfrente" que, aunque se le parece, no es lo mismo. Tal vez por aquello de que “cada uno arrima el ascua a su sardina” lo entendieron mal y pensaron que “da igual a cuestas que al hombro”… pues no, no da igual.

Y ahora sí: corto y cuelgo.





lunes, 24 de abril de 2017

Pasante

Podéis observar que lo que publicamos hoy fue escrito hace la... tira de tiempo. Se quedó ahí y hoy, animado por lo que acabo de escuchar en Es radio CYL Dialecto agrario, y aprovechando que el Arroyo de la Vega pasa por Camporredondo, he decidido largarlo. ¿Por qué lo he decidido? pues hombre porque me ha llamado la atención. Si de garrafa, se deriva garrafón, de botella grande, botellón. y de pistola exagerada, pistolón, entre otros ejemplos,  parece extraño que para saber el aumentativo de linde/ lindero, debamos recurrir a un experto por ser incapaces de deducir que el aumentativo de linde, lindero/a, sea: LINDERÓN. Y claro, no es que no lo sepa el oficinista, el médico, o el doctor en ciencias de no sé qué, sino ni más ni menos que el presidente de la confederación hidrográfica del Duero. Yo imagino que este señor alguna relación debe de tener con el campo, que es donde suelen estar las lindes entre terrenos contiguos. Parece obvio que cuando éstas son extraordinarias, los agricultores, regantes o no, las llamen linderones. O sea, linde amplia normalmente poblada de yerbajos de los que Delibes dice que, si desaparecen, desaparece la caza por falta de refugio. Así que eso, que solo me queda agradecer a "ES radio" su interés en velar por el lenguaje rural. Y ya, aprovechando -esta vez sí- que el Pisuerga pasa por Valladolid, me permito rogarle, con su permiso, y si a bien lo tiene, que el momento en la tarde dedicado al dialecto agrario en un miércoles cualquiera, lo dedique (en lenguaje rural) a la palabra aumentativo de ignorante. Simplemente porque creo que le iría "como anillo al dedo" a todo aquél que no  es capaz de relacionar linde, lindero/a, lindazo... con linderón.

24 de abril de 2017



La palabra que a continuación trataremos, no es una mejora incluida en el “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca. Porque ahora lo que encontramos es una palabra añadida a las publicadas en el anterior diccionario editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y a Cátedra Miguel Delibes: Pasante.

Esta vez el que se mete en camisas de once varas, una vez más, soy yo. Pero allá voy, cuesta abajo, y con la galga del carro intercadente, cuando no totalmente marrotada.

Leo en el “diccionario”:

pasante
CH p. 70
Todos los pozos son pasantes, todos, o sea, se comunican unos con otros.
Pasante. (Del ant. part. Act. de pasar)
1. adj. Que pasa. Apl. a pers., u. t. c. s.

Hasta aquí lo que dicen Miguel Delibes y el DRAE.

Desde aquí lo que dice el “experto en Delibes.

Pasante: que se comunican entre sí, como dice el texto. El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)

No, no, no; éste no es mi campo, ya lo sé. Pero también tengo derecho a aprender de aquéllos que saben más.

Me ha llamado la atención:“El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)”, y por eso intento decir lo que yo he entendido: el DRAE, en su primera parte dice, “adj. Que pasa”. A continuación sigue diciendo, “Aplicado a personas., u. t. c. s (usado también como sustantivo”).

¿Qué he entendido yo? pues que cuando es aplicado a personas es usado, también, como sustantivo. Por tanto el DRAE lo admite en todos los casos, y Delibes lo usa como adjetivo. O sea: los pozos son pasantes, aunque ya sé que los pozos no pasan, sino que es el agua el que va y viene de unos a otros. (Vasos comunicantes, sólo que muy exagerados).

¿No he entendido nada? Pues perdón; espero que algún experto, doctor o no, me lo explique.


Camporredondo, 23 de octubre de 2015.


martes, 21 de marzo de 2017

Olma 2

Y quiero seguir usando mis modestos archivos, no vaya a ser que mañana lo lamente. Además quiero insistir: es posible -no soy más que un humilde paleto-  que no quede claro lo que digo o, sencillamente, me haya equivocado. Por tanto, aquel que no esté de acuerdo, o dude de mis razonamientos, aquí tiene, y yo se lo agradecería en el alma, ocasión para rebatir, o preguntar sobre aquello que yo no haya sido capaz de dejar claro. Entre todos, vosotros y yo, podemos aportar luz sobre las tinieblas que otros se encargan de propagar.

Ahí va lo que tecleé hace unos meses: 

En el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca, he pasado por delante de “nogala” y estuve tentado de volver a replicar. Entonces pensé: ya está bien de dar la paliza a los seguidores de “La pizarra de Gaude” si ya hemos dicho lo suficiente sobre su significado. Pero llegué a la palabra olma y vi que el “experto” sigue en sus trece. Entonces me dije: tengo que seguir porque, además, es otra nueva oportunidad para insistir sobre aquella otra palabra que tanto impacto causó entre los bienintencionados seguidores de los “Diccionarios”. Esta palabra es: cacanalona ¡Dios bendito!

Ya comenté que encontré en un importante periódico de tirada nacional (ABC) la palabra cacanalona como el gran descubrimiento realizado por el autor de los libritos, por lo que ahora, a la par que insistimos sobre olmo-olma, nogal-nogala, recogeremos también la palabra cacanalona.

El “descubridor” de cacanalona (palabra que ya dejamos claro que Delibes nunca escribió, porque no existe) sigue machacando con que, en los pueblos castellanos distinguimos entre árboles masculinos y femeninos más que por su género por su tamaño. “Un olmo, especialmente corpulento y de formas redondas, será una olma; igualmente un nogal, con una gran copa, ancha y poderosa, será una “nogala”. Como me parece que esto ya lo dejamos claro en su momento, ahora quiero incidir sobre el sentido que Delibes le da –así lo creo, e intentaré razonarlo- a la palabra canalona que esta sí, tiene sentido rural.

Hemos dicho, que el olmo solitario y en cuanto excede de una determinada frondosidad le llamamos olma; igualmente ocurre con nogal-nogala; también lo aplicamos sobre el pez que excede del amaño corriente: lo llamamos peza.

Ahora se nos presenta un caso similar, dice Delibes en “Mis amigas las truchas”: “El Navia es un río incitante que aquí se ciñe a una CANALONA tumultuosa no más ancha que un par de metros y allá se explaya en una vadera que uno no es capaz de franquear de un lance con cucharilla del 3. (…)”.
Vayamos con esta “manía” que tenemos en los pueblos castellanos -como dice el “experto-” de distinguir a los árboles (y otras cosas, como vamos a ver) más que por su género por su tamaño.

Dice el DRAE:

canalón
Del aum. de canal.
1. m. conducto que recibe y vierte el agua de los tejados.

Delibes llegó al río Navia, y observó un canalón tan extraordinariamente grande que no encontró otra palabra más a mano –como me ocurría a mí cuando pescaba un pez de dimensiones extraordinarias -¡vaya peza!, decía yo- el escritor -que llevaba el pueblo escrito en la cara dijo-: ¡vaya canalona! Así lo escribió y así fue hasta que llegaron los expertos y dijeron: Delibes vio un canalón muy grande y lo llamó eso: cacanalona. Pero no quedó ahí la cosa, llegaron lo colegas del “experto” y dijeron: ¡vaya palabra que ha rescatado del olvido, Urdiales!

Entonces ¿cómo queda la cosa? Pues que en los pueblos de Castilla seguimos (porque somos muy brutos) sumando árboles o cosas a las que no distinguimos por su género sino por su tamaño:

Nogal solitario y de dimensiones extraordinarias según su entorno: NOGALA

Olmo con las mismas características del nogal: OLMA.

Pez extraordinario en el arroyo del pueblo: PEZA.

Y ya tenemos una más: canalón de dimensiones extra: CANALONA.

Es que en estos pueblos de Castilla somos la lechona. Bueno, no me queda muy bien, quise decir: ¡somos la leche!

Como final, y aunque los libritos no hacen mención a ella, quiero referirme a la palabra vadera que Delibes llama, muy correctamente, al vado ancho que nadie es capaz de franquear de un lance con una cucharilla del 3. (¿Otro cambio de género por su tamaño?).


Camporredondo, 17 de octubre de 2015

PD. De sorpresa en sorpresa: no puedo -o no debo, ni quiero- pasar por alto, la última intervención (15-3-17) del experto en Miguel Delibes en Es Radio CYL Es el campo. Pero no temáis: no os largaré todo el discurso. Dice el experto:

(…) consiste, esto del lance ligero, en ir a por el pez dentro del río, a veces contra corriente.

Yo siempre pensé que el pez hay que buscarlo dentro del agua, porque de lo contrario habría que buscarlo en la pescadería o dentro del cajón en el que lo traía el fresquero por los pueblos. Así que, por si había alguna duda: a por el pez hay que ir dentro del río, si es río, o del mar si es en el mar. Aunque también puede ser en el arroyo donde, si es grande, lo llamaremos “peza”. Sigue el preguntado y llega hasta…

…hoy hemos hablado del Delibes pescador y del “lance ligero”, que es el que te obliga a meterte dentro del río para pescar.

Ya sabéis que soy de secano, quiero decir que no entiendo de pesca -ni de peces- más allá del que se pone en la mesa. Pero sí me gusta saber, y como me gusta saber he buscado y leído algo sobre el “lance ligero” como modalidad de pesca. Esto es lo que, sin entrar en profundidades -en las que me ahogaría- he encontrado: El lance ligero parece ser que es modalidad de pesca que consiste en lanzar el anzuelo con el cebo y automáticamente ir recogiendo el sedal para provocar que los peces, depredadores, se precipiten sobre su posible presa.

Parece -sólo digo parece- que se puede pescar desde dentro del río o el mar, desde la orilla, desde un puente, desde un barco… o sea, añado yo, hasta desde un helicóptero si llegara el caso.

Dice bien Delibes al decir que ha venido a “sustituir la paciente y tradicional figura del pescador de caña y lombriz…”. Parece claro ¿no? Este sistema no obliga al pescador a meterse dentro del agua,  -creo que Delibes no lo dice en ninguna parte- pero sí le obliga a mantenerse activo: lanzar y recoger constantemente.

Y, también, quiero y debo decir: si hasta aquí no he metido la pata hasta el corvejón, si sigo estoy seguro de meterla porque, como el “experto”, no entiendo nada. Y supongo que con la emisora, formaríamos los tres un gran equipo de ignorantes pescadores por el método de “lance ligero”. Eso deduzco al escuchar la emisora.

Esto digo en...

Camporredondo, 20-3-2017


lunes, 27 de febrero de 2017

Refrotarse

A continuación podéis -si así lo creéis oportuno- comprobar lo que sobre la palabra refrotar tecleé allá por el año 2015. Una vez tecleado me pareció que había cosas más importantes, y lo archivé.

Cuando hoy lo encontré pensé en eliminarlo, pero al final me dije ¿por qué lo vas a eliminar? Lo que creo que debes hacer es resumir lo que querías decir desde aquí, desde el mundo rural. Y ahí va:

Delibes ni refrota (vuelve a frotar), ni restriega (vuelve a estregar), ni refriega (vuelve a fregar)... ningún objeto. El escritor nos habla –eso creo yo- del amor propio (ver lo que dice de Juanito Osuna)... todo menos dedicarse a fregar, frotar, restregar etc..

Cuando habla de las perdices abatidas por Juanito Osuna, nos habla de la necesidad que éste siente de quedar por encima del otro cazador. No le basta con abatir más piezas, necesita que el mundo lo sepa ¡Juanito Osuna ha doblado, en pájaros abatidos, al otro cazador! Entonces no deja pasar ocasión para airearlo, pregonarlo (refrotarlo, restregarlo, refregarlo…) ante quien pueda escucharlo: he ganado a… luego soy mejor que él.

La Desi tiene su amor propio herido; al "picaza" la Marce no le encuentra más que defectos y ella desearía refrotar, restregar, refregar... dar en los morros, diríamos en mi pueblo, con lo que piensa del cabo Argimiro, -"es más largo que una peseta de tripas"- pero no se atreve a hacerlo por miedo a las consecuencias que le puede acarrear al "Picaza".

En "La partida" ocurre otro tanto de lo mismo, "el sargentón" le mira y le refrota -le pasa por las narices- que tenía un hijo en infantería etc.

Así que no; ni volver a frotar, ni volver a fregar, ni volver a restregar. Sencillamente  insistir con el ánimo de fastidiar o presumir.


Y ya sin más os paso lo que opinaba en aquel momento sobre refrotar:

Refrotarse
LP p. 60
(...)
refrotarse por las narices (...)
Refrotarse:
Volver a frotarse. (Investigación de campo)
LM p. 66
(...) y sus 47 perdices se las había
refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia.
LHR p. 66

(...)
refrotarse por las narices (...)


Publicado en “Diccionario de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editados por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, ediciones Cinca y glosario de Cátedra Miguel Delibes.

En principio así,a vuela tecla, debemos decir que en ninguna de las tres referencias usadas por el "experto" Miguel Delibes escribe refrotarse (frotarse -o refrotarse- uno mismo con algo) sino refrotase... al otro. ¿verdad que no es lo mismo? Cuestión de leer, o no, a Miguel Delibes.

Además de no estar muy de acuerdo con el sentido que el “experto” en Delibes le da a la palabra refrotar quiero aventurar (pobre de mí) la impresión que tengo sobre lo que Delibes pretende al hacer uso de esta palabra.

Como seguidor-admirador de la obra de Delibes he creído observar que el escritor lamenta -o no está muy de acuerdo- con la ausencia de algunas palabras -de uso bastante cotidiano- en el DRAE.

Yo -repito, pobre de mí- he pensado que hace uso de esta palabra para reivindicarla ya que la RAE no parece tenerla en cuenta, porque si no, a ver, ¿por qué sí aparecen las siguientes?

Estregar
Del lat. vulg. stricāre.
Conjug. c. acertar o c. reg.
1. tr. Frotar, pasar con fuerza algo sobre otra cosa para dar a esta calor, limpieza, tersura, etc. U. t. c. prnl.

Restregar
Conjug. c. acertar.
1. tr. Estregar o frotar mucho y con ahínco algo con otra cosa.

O sea: no es volver a estregar, sino hacerlo insistentemente y con ahínco.

Fregar
Del lat. Fricāre 'frotar, restregar'.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Restregar con fuerza una cosa con otra.
2. tr. Limpiar algo restregándolo con un estropajo, un cepillo, etc., empapado en agua y jabón u otro líquido adecuado.

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Frotar algo con otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Estregar-restregar; fregar-refregar… ¿no es similar: frotar-refrotar?

Hecha mi, torpe, reflexión, vamos con mi desacuerdo con el autor del librito.

Si tenemos en cuenta que la palabra refrotar no la recoge el DRAE, tendremos que adaptarnos al uso que de ella se hace en el mundo rural ¿o no? Digo el mundo rural porque es el mío, en él nací, me crié, y en él estoy. Además, las perdices no son muy frecuentes por las avenidas de las grandes ciudades. 

Aun así:

Refrotarse: Volver a frotarse. (Investigación de campo).

Esto es lo que nos dice el “experto” en Delibes.

Un pequeño paréntesis: si por creer haber frotado suficiente, cesamos en la operación, siempre que volvamos a frotar haremos lo mismo: frotar. Entiendo que refrotar no es volver a frotar, sino frotar con insistencia. Esto parece deducirse de las palabras de Delibes.

Primeramente, una vez más, quiero y debo decir, que yo no hago más que analizar las palabras –rurales por supuesto- desde el punto de vista de un hombre nacido y criado en el campo. Por lo tanto jamás pretendo sentar cátedra; no estoy preparado para ello. Para lo que sí me siento preparado es para aprender. Desde esta perspectiva solicito de aquéllos que no estén de acuerdo con mis reflexiones que las critiquen para, entre todos, encontrar el significado que cada palabra tiene. Lo que no puede ser es que llegue un señor que desconoce absolutamente este mundo y quiera decirnos cómo hablamos o cómo se llaman las herramientas que durante muchos años hemos usado.

Lo primero a tener en cuenta es que el escritor no está fregando, ni está estregando. Delibes, una vez más, nos habla de caza. Por tanto la palabra refrotar deberá entenderse en este contexto. Veamos:

Delibes escribe en “La mortaja” “(…) y sus 47 perdices se las había refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia”. Y lo malo es que, detrás, irán las 23 mías. Sus 47 pájaros sin los 23 míos no tienen ningún valor para él. Habrá que oírle. (…) nos está diciendo que Juanito Osuna se jacta de haber caído 47 perdices, más pájaros que el otro experto cazador, y esto lo exhibe una y otra vez (no se cansa de refrotarlo por las narices). El escritor también podría decirnos –porque en este mundo también se usa- no se cansa de restregarlo (pasarlo) por las narices. Ésta es una muestra de en lo que apoyo mi teoría anterior. Si leemos “La hoja roja” también veremos que nos dice (…) el cabo Argimiro, que era más largo que una peseta de tripas, por más que ella (la Desi) no se lo refrotase a la Marce, (…) Como vemos (y hay más veces), Delibes vuelve a hacer uso de la palabra refrotar para decirnos que la Desi no se atrevió a refrotar a la Marce lo que pensaba del cabo Argimiro.

Resumiendo: refrotar, en el uso que Delibes hace de la palabra, no quiere decir volver a frotar, sino hacer alarde, insistentemente (ya es cansino), de algo de lo que te sientes orgulloso, hasta llegar al hartazgo del que te escucha.

Como anillo al dedo viene la segunda acepción del DRAE:

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
 2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Y si usted no quiere ésta, tenemos otra que quizás se adapte mejor al entorno:

“Dar en los morros”. O lo que es lo mismo, alardear insistentemente de aquello que, para nosotros, tiene un gran mérito. En este caso haber abatido 47 perdices frente a las 23 caídas por el otro afamado cazador.


Esto lo que se me ocurre hoy en:

Camporredondo a 7 de noviembre de 2015.