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lunes, 27 de febrero de 2017

Refrotarse

A continuación podéis -si así lo creéis oportuno- comprobar lo que sobre la palabra refrotar tecleé allá por el año 2015. Una vez tecleado me pareció que había cosas más importantes, y lo archivé.

Cuando hoy lo encontré pensé en eliminarlo, pero al final me dije ¿por qué lo vas a eliminar? Lo que creo que debes hacer es resumir lo que querías decir desde aquí, desde el mundo rural. Y ahí va:

Delibes ni refrota (vuelve a frotar), ni restriega (vuelve a estregar), ni refriega (vuelve a fregar)... ningún objeto. El escritor nos habla –eso creo yo- del amor propio (ver lo que dice de Juanito Osuna)... todo menos dedicarse a fregar, frotar, restregar etc..

Cuando habla de las perdices abatidas por Juanito Osuna, nos habla de la necesidad que éste siente de quedar por encima del otro cazador. No le basta con abatir más piezas, necesita que el mundo lo sepa ¡Juanito Osuna ha doblado, en pájaros abatidos, al otro cazador! Entonces no deja pasar ocasión para airearlo, pregonarlo (refrotarlo, restregarlo, refregarlo…) ante quien pueda escucharlo: he ganado a… luego soy mejor que él.

La Desi tiene su amor propio herido; al "picaza" la Marce no le encuentra más que defectos y ella desearía refrotar, restregar, refregar... dar en los morros, diríamos en mi pueblo, con lo que piensa del cabo Argimiro, -"es más largo que una peseta de tripas"- pero no se atreve a hacerlo por miedo a las consecuencias que le puede acarrear al "Picaza".

En "La partida" ocurre otro tanto de lo mismo, "el sargentón" le mira y le refrota -le pasa por las narices- que tenía un hijo en infantería etc.

Así que no; ni volver a frotar, ni volver a fregar, ni volver a restregar. Sencillamente  insistir con el ánimo de fastidiar o presumir.


Y ya sin más os paso lo que opinaba en aquel momento sobre refrotar:

Refrotarse
LP p. 60
(...)
refrotarse por las narices (...)
Refrotarse:
Volver a frotarse. (Investigación de campo)
LM p. 66
(...) y sus 47 perdices se las había
refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia.
LHR p. 66

(...)
refrotarse por las narices (...)


Publicado en “Diccionario de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editados por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, ediciones Cinca y glosario de Cátedra Miguel Delibes.

En principio así,a vuela tecla, debemos decir que en ninguna de las tres referencias usadas por el "experto" Miguel Delibes escribe refrotarse (frotarse -o refrotarse- uno mismo con algo) sino refrotase... al otro. ¿verdad que no es lo mismo? Cuestión de leer, o no, a Miguel Delibes.

Además de no estar muy de acuerdo con el sentido que el “experto” en Delibes le da a la palabra refrotar quiero aventurar (pobre de mí) la impresión que tengo sobre lo que Delibes pretende al hacer uso de esta palabra.

Como seguidor-admirador de la obra de Delibes he creído observar que el escritor lamenta -o no está muy de acuerdo- con la ausencia de algunas palabras -de uso bastante cotidiano- en el DRAE.

Yo -repito, pobre de mí- he pensado que hace uso de esta palabra para reivindicarla ya que la RAE no parece tenerla en cuenta, porque si no, a ver, ¿por qué sí aparecen las siguientes?

Estregar
Del lat. vulg. stricāre.
Conjug. c. acertar o c. reg.
1. tr. Frotar, pasar con fuerza algo sobre otra cosa para dar a esta calor, limpieza, tersura, etc. U. t. c. prnl.

Restregar
Conjug. c. acertar.
1. tr. Estregar o frotar mucho y con ahínco algo con otra cosa.

O sea: no es volver a estregar, sino hacerlo insistentemente y con ahínco.

Fregar
Del lat. Fricāre 'frotar, restregar'.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Restregar con fuerza una cosa con otra.
2. tr. Limpiar algo restregándolo con un estropajo, un cepillo, etc., empapado en agua y jabón u otro líquido adecuado.

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Frotar algo con otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Estregar-restregar; fregar-refregar… ¿no es similar: frotar-refrotar?

Hecha mi, torpe, reflexión, vamos con mi desacuerdo con el autor del librito.

Si tenemos en cuenta que la palabra refrotar no la recoge el DRAE, tendremos que adaptarnos al uso que de ella se hace en el mundo rural ¿o no? Digo el mundo rural porque es el mío, en él nací, me crié, y en él estoy. Además, las perdices no son muy frecuentes por las avenidas de las grandes ciudades. 

Aun así:

Refrotarse: Volver a frotarse. (Investigación de campo).

Esto es lo que nos dice el “experto” en Delibes.

Un pequeño paréntesis: si por creer haber frotado suficiente, cesamos en la operación, siempre que volvamos a frotar haremos lo mismo: frotar. Entiendo que refrotar no es volver a frotar, sino frotar con insistencia. Esto parece deducirse de las palabras de Delibes.

Primeramente, una vez más, quiero y debo decir, que yo no hago más que analizar las palabras –rurales por supuesto- desde el punto de vista de un hombre nacido y criado en el campo. Por lo tanto jamás pretendo sentar cátedra; no estoy preparado para ello. Para lo que sí me siento preparado es para aprender. Desde esta perspectiva solicito de aquéllos que no estén de acuerdo con mis reflexiones que las critiquen para, entre todos, encontrar el significado que cada palabra tiene. Lo que no puede ser es que llegue un señor que desconoce absolutamente este mundo y quiera decirnos cómo hablamos o cómo se llaman las herramientas que durante muchos años hemos usado.

Lo primero a tener en cuenta es que el escritor no está fregando, ni está estregando. Delibes, una vez más, nos habla de caza. Por tanto la palabra refrotar deberá entenderse en este contexto. Veamos:

Delibes escribe en “La mortaja” “(…) y sus 47 perdices se las había refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia”. Y lo malo es que, detrás, irán las 23 mías. Sus 47 pájaros sin los 23 míos no tienen ningún valor para él. Habrá que oírle. (…) nos está diciendo que Juanito Osuna se jacta de haber caído 47 perdices, más pájaros que el otro experto cazador, y esto lo exhibe una y otra vez (no se cansa de refrotarlo por las narices). El escritor también podría decirnos –porque en este mundo también se usa- no se cansa de restregarlo (pasarlo) por las narices. Ésta es una muestra de en lo que apoyo mi teoría anterior. Si leemos “La hoja roja” también veremos que nos dice (…) el cabo Argimiro, que era más largo que una peseta de tripas, por más que ella (la Desi) no se lo refrotase a la Marce, (…) Como vemos (y hay más veces), Delibes vuelve a hacer uso de la palabra refrotar para decirnos que la Desi no se atrevió a refrotar a la Marce lo que pensaba del cabo Argimiro.

Resumiendo: refrotar, en el uso que Delibes hace de la palabra, no quiere decir volver a frotar, sino hacer alarde, insistentemente (ya es cansino), de algo de lo que te sientes orgulloso, hasta llegar al hartazgo del que te escucha.

Como anillo al dedo viene la segunda acepción del DRAE:

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
 2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Y si usted no quiere ésta, tenemos otra que quizás se adapte mejor al entorno:

“Dar en los morros”. O lo que es lo mismo, alardear insistentemente de aquello que, para nosotros, tiene un gran mérito. En este caso haber abatido 47 perdices frente a las 23 caídas por el otro afamado cazador.


Esto lo que se me ocurre hoy en:

Camporredondo a 7 de noviembre de 2015.


lunes, 24 de octubre de 2016

¿Galloga, o gayuba?


¿Cómo se llama esta planta?
¿Por qué será que cuanto más me alejo de mis años jóvenes más me gusta aprender? Me viene a la chinostra, azotea, crisma… cabeza al fin y al cabo –sin pretender paralelismos- aquella frase de Sócrates que, al ser preguntado, “¿para qué quieres aprender a tocar la lira, Sócrates, si vas a morir?" , el sabio respondió de la forma que sólo se les ocurre a los sabios: “pues para tocar la lira antes de morir”.

En mis años más jóvenes –cuando empecé a tener tiempo para leer, y leí, a Delibes- encontré la palabra galloga en varios libros de la dilatada obra del escritor. Tengo que decir que conozco la planta de la fotografía. Pero también debo decir que nunca me preocupé por saber su nombre. La encontraba en la lectura y pensaba, bueno pues… una planta más de las que hay en la naturaleza cuyo nombre ignoro.

O sea: conocía la planta, leí en Delibes galloga, pero nunca fui capaz de relacionar mi conocida planta con la galloga del escritor.

Es ahora, cuando al escuchar un programa de radio oigo la palabra galloga en la narrativa de Delibes me digo, ¡anda! Mira por donde voy a aprender el nombre de la planta. Esto me ha animado, ahora, a pesar de que ya lo había visto en otros libritos editados por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y Ediciones Cinca. Pero sólo ahora me ha picado el gusanillo por saber si la planta galloga a la que hace mención Delibes es la descrita por el “experto”.

Establecida la relación de la planta que yo conocía, con la descrita en la radio, en la Cátedra Miguel Delibes y libritos varios, me dije: sólo me queda saber en qué zona de Castilla y León se conoce a esta planta con el nombre de galloga. He buscado, y todos caminos me han llevado a la misma meta: la planta descrita, o no lo he entendido o se llama gayuba.

Como no tengo forma de saber si la galloga de Delibes se refiere a la misma planta de la foto, y como me gustaría saber -antes de que sea tarde- en qué parte de Castilla y León se conoce la gayuba con el nombre de galloga pregunto a aquéllos que visitan de vez en cuando “La Pizarra de Gaude: ¿seríais tan amables –que lo sois- de ilustrarme diciéndome si existe relación entre la planta que muestro en la fotografía y la palabra galloga tan utilizada por Delibes? y si existe ¿en qué zona?

Y sin más por la presente… recibid un abrazo campero desde


Camporredondo, 14 de octubre de 2016.

lunes, 19 de septiembre de 2016

Pasito a pasito...

… el señor “experto” va aprendiendo. ¡Albricias!

Todo pudo comenzar con el siglo. El doctor seguramente sintió la llamada del campo (quizá era primavera) y se lanzó a tumba abierta tras la huella de Delibes. Hay una pequeña -nada, insignificante- diferencia entre Delibes y el doctor y es que, durante muchos años, el escritor dejó su huella por laderas, páramos y vegas pegando la hebra con todo aquél, hombre o mujer rural, que pudiera ponerle al corriente de los usos y costumbres de la gente de campo. Eso hizo Delibes, pero el aspirante a experto pensó que todo eso era mucho más fácil de conseguir... ¡dónde va a parar! Seguramente pensó: esto lo cojo yo con el ordenador y en un tris lo explico a mi manera. Y a su manera lo cuenta.

No sé si lo pensó así o no, lo cierto es que el fruto de su (investigación de campo) es lo que os presento. No me hagáis mucho caso, que yo de estas cosas de la escritura no entiendo nada. Pero sí os invito a que, aparte de lo que yo pueda comentar como hombre de campo que soy, vosotros saquéis vuestras conclusiones. Transcribo (y no es la primera vez) lo que encuentro, y leo, en Cátedra Miguel Delibes cuyo autor es Jorge Urdiales Yuste que, según me comentaron en la Cátedra, es el responsable del glosario ¡ y qué glosario!:

Humeón

LGNA p. 11
(...) llegó el tiempo de catar las colmenas y allí no aparecían las carillas ni el humeón, vivos ni muertos.
Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)
DVSC p. 89
El señor Cayo se empinó, cortó un carraspo de la rama más baja y lo introdujo en la escriña, sacando el rabo por el agujero. Se llegó al chamizo, cogió el humeón y rellenó de paja el depósito. Parsimoniosamente raspó un fósforo y le prendió fuego. La paja ardía sin llama, como un pequeño brasero de picón de encina. Depositó el humeón en el suelo, tomó con un dedo una pella de miel y huntó las hojas exteriores del carraspo.
DVSC p. 94
-¿Me alcanza el humeón?
-¿El fuelle ese?
-El fuelle, sí señor.

CH p. 179
(...) el aparato ese, el humión, humeón, o como le digan (...)


Os ruego que leáis con atención lo que he transcrito para que así podáis sacarme de las dudas que después expondré.

Lo que acabáis de leer aparece en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y también en el mismo diccionario editado por ediciones Cinca. Además de -como ya hemos dicho- en Cátedra Miguel Delibes (quiero hacer constar que yo sólo le he dado -en Cátedra Miguel Delibes- a copiar, y aquí; a pegar. Todo lo demás es responsabilidad del autor).

Vamos con el último descubrimiento del “experto” (6 de febrero de 2016):

Jorge Urdiales Yuste
La Castilla de Delibes en imágenes actuales: un humeón moderno para ahuyentar a las abejas. Delibes los conoció más caseros. No sé vosotros.


  











Y va mi pregunta: ¿Cómo sabe el doctor que Delibes conoció humeones más caseros? ¿En qué obra nos lo dice? En las guerras de nuestros antepasados el escritor nos habla de que Pacífico Pérez cataba las colmenas a pelo, por tanto nos dice: “… allí no aparecían las carillas ni el humeón. O yo no leo bien o Delibes sólo habla del humeón. ¿Correcto? Sigamos.

En el “Disputado voto del señor Cayo”, página 89, Delibes vuelve a hablar del humeón, nos dice: …, cogió el humeón y rellenó de paja el depósito (…) depositó el humeón en el suelo (…).

Como vemos en esta página el señor Cayo cogió el humeón y llenó de paja el depósito. Delibes una vez más nos habla del humeón que no es puchero, ni teja, ni bote: nuestro humeón.

De nuevo en “El disputado voto del señor Cayo”, en su página 94 dice el escritor: ¿Me alcanza el humeón? ¿El fuelle ese? El fuelle, sí señor.

Aquí también nos habla Delibes del fuelle. No cabe duda que nos está hablando de nuestro humeón. El escritor sigue sin hablar de  otros humeones caseros.

No he visto (cortito que es uno) por ninguna parte que Delibes nos hable de otros humeones que los que ya hemos comentado suficientemente en anteriores entradas y que repetiremos en ésta.

Y vamos con otro humeón: en “Castilla habla” página 179 vuelve Delibes sobre el humeón para decirnos: (…) el aparato ese, el humión, humeón, o como le digan (…). O sea que, como veremos a continuación, Miguel Delibes sigue hablando del humeón que mostramos en las fotografías. Delibes sigue sin conocer otro humeón que el que ya conocemos.

De estos dos humeones puedo decir que en el año 1936 ya daban humaza a las
colmenas en las montañas de Prades. En el centro, una lamparilla de carburo.
Meridianamente claro queda que Delibes se refiere, siempre, al humeón clásico, con depósito para el combustible y el fuelle para hacer salir el humo y dirigirlo a la colmena. El mismo que sostiene en sus manos el niño y los mismos que mi esposa restauró el año 1987 y que fueron abandonados en un colmenar de las montañas de Prades (Tarragona) allá por los aciagos años 1936 a 1939. 

Lo que ocurre es que, una vez más, no leemos suficiente. Si a eso le sumamos que todo nos suena a chino, pues cometemos patinazos difíciles de entender. Jacinto de Diego, a la pregunta que le hace el escritor sobre su forma de hacer el humo, le cuenta las formas que él usaba para obtenerlo, al fin y al cabo no es más que disponer de humo y dirigirlo a la colmena para que las abejas no nos molesten. Pero no habla, el apicultor, de humeones sino de maneras de obtener el humo: Delibes sigue sin conocer otros humeones que los que ha podido ver con el señor Cayo y Jacinto de Diego. Por lo menos no nos lo dice.

La diferencia entre el doctor y el paleto estriba en que el paleto lo que no ve claro lo pregunta (le gusta saber) y el doctor lo sabe todo. Veamos qué ocurre. Sólo os pido disculpas si soy un poco pesado, pero es creo que así quedará más claro:

Delibes pega la hebra con Jacinto de Diego que lleva más de sesenta años metido a apicultor. Llegado el momento Delibes pregunta y el apicultor responde, vedlo. Pregunta el escritor: (…) ¿para hacer el humo? Responde Jacinto: Yo con un bote o un puchero con un agujero en el culo me apañé siempre; ponía dentro un poco de lumbre y un poco de paja, yerba encima para que no se cayera, y ¡a soplar! Sin juntar los labios, a ver, de otra manera se abrasa usted los morros. En tiempos del difunto don Manolo, ya empezó el personal a utilizar el aparato ese, el humión, el humeón o como le digan, pero yo siempre me las apañé con el puchero.

Y vamos con aclaraciones: si nos fijamos en lo transcrito de Cátedra Miguel Delibes, el experto toma como humeón el humo necesario que se proyecta sobre la colmena, o el enjambre, para ahuyentar a las abejas (no distingue entre el humo y el aparato dentro del cual se produce). Parece claro que al doctor le han hablado, pero él no lo ha entendido. A partir de ahí viene todo lo demás. Pero de todo, lo que no me parece muy honrado es que, para nosotros cubrirnos la espalda, recurrimos a Delibes y eso, a mí me parece que… no está bien señor doctor. Delibes nunca dijo conocer humeones caseros (el primer humeón conocido por Jacinto de Diego fue este, él lo dice). A Delibes, Jacinto de Diego le dijo que él se arreglaba con un puchero, pero el escritor ni siquiera lo vio. Lo que Delibes vio fue el humeón que parece que hacía tiempo ya usaba Doro, el hijo de Jacinto. Lo que hubo antes del humeón conocido fue otro de los muchos recursos que empleaba el hombre de campo, siempre tan necesitado de todo y carente de casi todo. Así, unos usaban una teja, otros un puchero, un bote y todo lo que podamos imaginar. Pero eso era una forma de ahumar la colmena para librarse de posibles picaduras. Eso no es el humeón al que se refiere Delibes.

De manera que no, Delibes no conoció otros humeones más caseros (porque no los había), ni el humeón de las fotografías es tan moderno. Los que yo os presento en la foto fueron abandonados en el año 1936 pero, ¿cuántos años pueden tener si tenemos en cuenta que el invento del humeón de las fotos data del año 1875? ¿podríamos decir hoy (2016) que es el humeón moderno?

Y ahí va mi reflexión: una vez más el experto ha metido la pata hasta el corvejón y en vez de reconocerlo, trata de darle la vuelta y nos dice que Delibes… bla, bla, bla. No, no, no, el experto nunca entendió el berenjenal en el que se metió tras la huella de Delibes, por eso confunde el humeón con el humo: humo es lo que se necesita para aplacar a las abejas y humeón es el aparato dentro del cual se produce el humo. El experto ha descubierto, pero ya era tarde, (había editado un librito, dos veces, y publicado un glosario en Cátedra Miguel Delibes) lo que es el humeón.

No sé lo que pretende, el doctor, con lo que nos muestra a continuación cuando nos dice: Delibes los conoció más caseros. No sé vosotros. ¿Quiere decir, acaso, que Delibes conoció el que sigue?

Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

Pues no, este humeón es fruto de la más absoluta ignorancia sobre el tema tratado. Delibes relata su conversación con Jacinto en la que éste se refiere a los métodos rudimentarios que él usaba para manejar la colmena. Pero ni la teja, ni el puchero, ni el bote eran reconocidos como humeones. El humeón apareció cuando a su inventor (último cuarto del siglo XIX) se le ocurrió sustituir la teja por el depósito, y los “morros” del apicultor por el fuelle. A esta unión la llamó humeón, porque producía humo. “Y el apicultor vio que era bueno y nació el humeón para facilitar la manipulación de la colmena”.

Así que, una vez más, Delibes dijo lo que dijo, no lo que ahora nos hubiera interesado que dijera.

Como final quiero referirme al modo de coger la miel porque… ¡es para nota!

Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

¡Cojonudo, admirable, bravo!

Corta la colmena con una paleta. ¿Qué es lo que corta con una paleta, el aguijón  a todas las abejas? ¿El habitáculo? Una vez cortado… lo que sea, lo agarra con la mano. Supongo que aquí no tendremos ninguna duda: agarrarlo con las extremidades inferiores hubiera resultado un poco incómodo y poco práctico. Así, yo, también con la mano, me quito el sombrero ante esta magistral lección de apicultura.

Mi tío Everardo las cataba “a pelo”, pero ya no quedan colmenas en…

Camporredondo, 16 de febrero de 2016



Desoperculador. Perteneció al mismo grupo de los
dos humeones tarraconenses.
PD. 
No quiero terminar sin aportar mi opinión sobre lo que, al parecer, el experto tampoco ha entendido: coger la miel. En el tiempo al que nos referimos, se sacaban los panales de la colmena, se desoperculaban -con el desoperculador por supuesto-para abrir las celdillas y que la miel saliera. O sea: se cortaba el opérculo de todas celdillas del panal. ¿Es esto a lo que se refiere el experto? Naturalmente, los panales, el barreñón para recoger la miel, el desoperculador etc. se agarraban con la mano. Muchas veces con las dos manos.

 ¡Ah! Y el humo no sirve para auyentar (ahuyentar) a las abejas –buena la tendríamos entonces- si no para calmar su agresividad. Dice el DRAE en su acepción primera:






ahuyentar
Del lat. *effugientāre, der. de fugiens, -entis 'que huye'.
1. tr. Hacer huir a una persona o a un animal.
Si nos fiamos de lo que la Real Academia nos dice, si ahuyentamos a las abejas (las hacemos huir) se acabó el negocio de la miel ¿o no?

Ahora creo  haber sido capaz de explicar que Delibes no pudo conocer, porque no había sido inventado,  –además, insisto, él no lo dice- otro humeón que el que mostramos en las fotografías.

Resumiendo: ¿humeón? el de las fotos. Todo lo demás son recursos que el ser humano rural ha usado para solucionar los muchos problemas que se le presentaban y, sabiamente, solucionaba.








lunes, 29 de agosto de 2016

Masegar/mesegar

Masegar/mesegar.

Por lo que podemos leer al final del escrito, parece que para el Diccionario de la lengua española (DLE) tanto la palabra masegar como mesegar no existen -o este humilde paleto no ha sido capaz de encontrarlo-. El diccionario parece que tiene claro –y me parece normal y correcto- que todo lo relacionado con meseguero/ra y meseguería es referido a la mies. Ni entro, ni salgo, en por qué no recoge la palabra mesegar como  extensión de terreno sembrado de mies.

Y voy con el objeto de mi comentario: existe en mi pueblo (Camporredondo), desde tiempo inmemorial, un pago llamado El Masegar. Digo desde tiempo inmemorial porque aprendí su nombre de mi abuelo (nacido en 1873) y puedo asegurar que él no le puso el nombre a la zona. El nombre de la zona de El Masegar no es caprichoso: da la casualidad de que, entre toda la flora, la planta predominante es una planta que llamamos masiega, que es el nombre común a una serie de plantas, todas de características similares. Por tanto, me parece que nuestros predecesores acertaron con el nombre, ya que, si el campo está poblado por masiegas, lo más lógico es que se llame masegar, así como el campo de mies puede ser mesegar. ¿O no?

La polémica viene porque un día en que yo usé la palabra masegar para referirme a esta parte del término de mi pueblo. Un señor –más y mejor preparado que yo- me corrigió. No, dijo, la palabra no es masegar… sino mesegar. Esto lo tiene recogido. (¿?) en su libro de (¿?) hace tropecientos años.

Y aquí viene mi problema y pregunto: si, como recoge el DLE, meseguero, meseguera, meseguería, es todo referido a la mies y, según los intelectuales, la palabra masegar no es correcta, sino mesegar, ¿quiere decirse que en los humedales, lagos, y terrenos pantanosos es donde se sembraba la mies en los tiempos de Maricastaña? Digo esto porque nuestro masegar (campo de masiegas) es lo que fue desde que dicen que Dios separó las aguas y la tierra. ¿Por qué puedo estar tan seguro? Pues hombre, porque allí, en el campo de masiegas (masegar para nosotros, rurales) hay una hermosa capa de turba (turba negra) que sólo los miles de años son capaces de formar.

Resumiendo: debo entender que la palabra masegar (campo de masiegas) existió hasta que a un ilustrado hombre que, supongo, -y a las pruebas me remito- no distinguía la mies de la verdura de la huerta, se le ocurrió decir -en su ¿libro?, del que líbreme Dios- que mesegar es la palabra correcta para designar lo que es un masegar (sin entender que son palabras con distinto significado). Esto, pienso yo –que soy un malpensado- que es posible por lo que acabo de decir: el hombre no distinguía entre mies y verdura. Quizá descubramos ahora que en aquel pasaje de la Biblia donde dice “Señor, envía obreros a tu mies”, en vez de segadores, lo que estaba solicitando era recolectores de lechuga.

Meseguero/meseguería = referido a mies

Masegar = campo en que predomina la planta masiega.

Parece claro que hablamos distinto lenguaje.

A continuación lo que recoge el DLE (Diccionario de la Lengua Española).

meseguero, ra
Del lat. *messicarius, de messis 'mies'.
1. adj. Perteneciente o relativo a las mieses.
2. m. Encargado de guardar las mieses.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
meseguería
De meseguero.
1. f. Guarda de las mieses.
2. f. Repartimiento que se hace entre los labradores para pagar la guarda de las mieses.
3. f. Tanto que corresponde a cada labrador por la meseguería.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Y como sabéis que soy muy obstinado, no os preocupéis: seguiré usando la palabra masegar siempre que me refiera al pago de Camporredondo donde predomina la masiega.
Nota: donde digo obstinado, quiero decir tozudo y donde dije tozudo digo cabezota.
Y aquí, en Camporredondo, sigo esperando para contrastar opiniones.
Camporredondo, septiembre de 2016.