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lunes, 1 de febrero de 2016

Lo prometido es deuda...

…y no me gusta estar entrampado. Para muchos de vosotros seguramente la imagen permanece en vuestra retina, o en vuestra chinostra. Pero para aquél que por su juventud no lo sepa, los tratos en el ámbito rural, se sellaban con un apretón de manos. La palabra era la mejor garantía para sellarlos. Entonces dejadme que yo me comporte como uno de aquellos hombres con traje de pana, faja negra protegiendo sus riñones y boina calada hasta las cejas. Hace unos días adquirí un compromiso con vosotros: hablaríamos de los útiles de la era siguiendo un orden de aparición en la faena, y a eso vamos.

Como creo que debemos de comenzar por el principio: comencemos por el horcón. Bien. ¿Por qué el horcón? Pues porque con él se cargaban los haces al carro y, a veces, con él se hacinaban y deshacinaban los haces en la era. De manera que justificada está la inclusión del horcón entre los útiles de la era.

El horcón, éste de tres dientes
Con el horcón, en el rastrojo, se allegaban los haces al carro. Era como una horca de metal (lo veis en la foto). Los había de dos o tres dientes, y todos tenían el mango más largo que la horca.

Como no quiero dejar -si soy capaz- ni un solo resquicio diré: vendrán otros detrás de mí y dirán: ¡pero también se cargaban los carros con la horca! Esto es cierto. Pero yo quiero añadir… y con la mano, y también se acarreaba los haces en cargas (sobre el lomo de los animales) y añada usted todo lo que quiera pero, lo cierto es que el horcón era el instrumento que fue inventado para cargar los carros de mies (también de hornija) para transportarla hasta la era (o al horno en el caso de la hornija). Después use usted un azadón, si quiere, para ayudar a cargar, pero el apero para esta labor fue el HORCÓN.

Horcón.- útil de dos o tres dientes de acero y astil largo con el que se alcanzaban, en el acarreo, los haces al carro. Aquí otro añadiría… ¡y punto! ¿Vale?

Horcas: de dos y cinco dientes
Horca de dos dientes.- Ya tenemos los haces en la era, los distribuimos por la superficie del círculo de la parva y quitamos los atillos: desatamos los haces. ¡Ya está! Bueno, pues, a continuación tenemos que esponjar lo mejor posible el bálago para que penetre el sol, lo caliente y runda (cunda) la trilla.

Ahora, el que jamás ha pisado una era, ni nadie le ha dicho cómo se hacía -siempre que algún “experto” no le haya tomado el pelo- preguntará: ¿con qué apero se hacía esa labor? Pues mire usted: esa labor se hacía con la horca de dos dientes. Y salió el “experto” de turno y dijo: ¡pues yo lo he visto hacer con la horca de cuatro o más dientes! A éste le vamos a contestar: yo también he visto comer los garbanzos del cocido con un tenedor, pero la herramienta más adecuada para con los gabrieles es la cuchara. Y esto le pasa a la horca de dos dientes: el agricultor tuvo necesidad de dotarse de un apero que la facilitara la manera de tender la parva y… ¡zas! inventó la horca de dos dientes. Después vino otro “experto” que con aquella misma horca dirá que movía el estiércol. Bueno, pues encantado de la vida si él es feliz moviendo el estiércol, pero la utilidad de la horca de dos dientes queda demostrada al tender y dar la vuelta a la parva, mientras el bálago no está trillado: es la más eficaz y para eso se inventó.

Queda clara la utilidad de la horca de dos dientes, más allá de que alguno, también, se rasque la espalda con ella.

Horca de dos dientes.- útil de era que se usaba para tender y dar vuelta a la parva, siempre que el bálago no estuviera muy trillado.

Horcas de tres y cuatro dientes
Pero los machos -que no han parado de dar vueltas al disco de la parva arrastrando el trillo- han ido trillando el bálago y la horca de dos dientes no sirve porque no recoge las pajas: no nos vale. ¿Y ahora qué hago? Pues ¡hombre, coja usted la horca de tres, cuatro o más dientes y tendrá la solución! ¿Para qué la tenemos si no?

Cuando la parva estaba trillada, había que acamizarla (recogerla para formar el montón de pico o de forma de pez), con la camiza por supuesto. Pero la camiza (camizadera, caniza y todo lo que usted quiera) no puede elevar la trilla. Ahora… -dice el que nunca se ha visto en otra- ¿qué hago? Pues hombre, con la horca de tres, cuatro o más dientes elevarlo hasta hacer el montón con la altura suficiente para ocupar menos espacio en la era, y hacerlo bien para que, si llueve, el montón no se cale más allá de una pequeña capa superficial (no se hagan goteras se decía).

O sea: con la horca de tres, cuatro o más dientes volvemos la parva cuando con la de dos ya es inútil, formamos el motón de trilla y también acercamos la trilla para facilitar la tarea al gario, como más adelante veremos.

Éste es el rastrillo que fue muy útil en la era.
Los trillos siguen sin parar y ahora se nos presenta otro problema: queremos volver la parva, pero el bálago está tan trillado que se cuela entre los dientes de las horcas y no hacemos buena labor... ¡Pero hombre de Dios! ¿No tienes el rastrillo? ¡Pues úsalo hombre! Y el tío cogió el rastrillo, o la rastrilla, y dio vuelta a la parva como quien ve llover. Aunque la palabra llover no debe ni nombrarse en la parva.

Con el rastrillo también se recogían (metían) las orillas cuando la parva se extendía demasiado.



Trillo con sus dos tornadoras y estas con sus palas
Había una herramienta muy útil en la parva: era la tornadora (otros dirán tornadera, pero como yo creo que su nombre verdadero es tornadora (la que torna, la que vuelve la parva), por eso le llamo tornadora. Además porque así se llamaba en Camporredondo, mi pueblo.

Camiza. En otros sitios camizadera, acamizadera. caniza...
La tornadora, al poco rato de empezar la trilla, se enganchaba en la parte trasera del trillo y ya no se desmontaba hasta el final. La tornadora, por su forma, iba enganchando las pajas largas que había pegadas al suelo de la era y las sacaba a la superficie. Cuando el bálago iba estando más trillado, a la tornadora se le acoplaba la pala que al mismo tiempo que removía la parva abría surcos en ella permitiendo que el sol calentara más superficie.

Ya hemos trillado la parva y amontonado la trilla. Para llegar hasta aquí hemos usado el horcón, la horca de dos, tres, cuatro o más dientes, las tornadoras, el rastrillo o la rastrilla y la camiza. Además, claro está, del trillo.

El que quiera aprender a beldar aquí tiene la ocasión. Hermanos Busto beldando
los gabrieles para el cocido.
Ya hemos terminado de trillar. Tenemos unos hermosos montones y queremos limpiarlo para que el grano quede bien guardado en la panera, o bajo la baldosa en forma de papeles del banco de España. ¿Qué hacer? Pues en el tiempo en que no había aparecido la aventadora, beldadora o máquina de limpiar, coger el/los bieldos y, con ellos y la ayuda de Eolo, separar la paja del grano y las grancias (granzas).

Ya vamos llegando al capítulo de preguntas: ¿los señores “expertos” creen que es práctico aventar con el gario? ¿Sería aconsejable? Ya veréis como contemplando la foto os daréis cuenta de que resultaría poco práctico. Imagínese una gariada llena, sería cuasi imposible que el aire lo traspasara, se trata de que siempre haya trilla en el aire y en no mucha cantidad para darle tiempo a Eolo a separar la paja del grano: arrastrar aquélla y dejar éste. Lo mismo que nos están indicando los hermanos Busto: mis primos. No obstante ¿usted ha visto aventar, también con el gario? Seguro que sí. Y con la pala de regar si estaba a mano, y con la horca y hasta con los pies. Veréis cómo lo entendéis enseguida: limpiar la cosecha, que tanto nos había costado verla en el montón, era muy importante y no dependía de que quisiéramos limpiarlo, dependía de que el dueño y señor del aire despertara y abriera la ventana. Cuando esto ocurría, la familia se lanzaba sobre el montón con lo que tuviera más a mano: bieldo, horca, gario, pala… en fin, lo que tuviera a mano y sirviera para levantar la trilla al aire ¡no podía esperar!

Dos modelo de gario: pero garios los dos. Respecto del bieldo,son como la
cucharilla del café y el cucharón de la sopa.
Pero los tiempos han mejorado y llegó la aventadora, beldadora… en una palabra: la máquina de limpiar (separar el grano de la paja).

Acercamos la máquina al montón y se presenta otro problema: elevar trilla a la tolva de la aventadora. Otra pregunta ¿con qué lo hacemos? ¡Vaya pregunta más tonta!: con el gario ¿con qué va a ser?

Resulta que el encargado de abastecer de trilla la tolva de la aventadora, es la primera vez que lo hace y todo lo que sabe es que se hace con el gario.

Aprovechando que Carlos acribaba los garbanzos, pinchamos los dos bieldos para
que no haya duda de su diferencia con el gario.
Como no sabe lo que es, ni la forma que tiene el gario, echa mano del Facebook y allí ve (le dicen) lo que es; el “experto se lo ha dicho en una fotografía que ha incluido. Busca un… “gario” y todo ufano y orgulloso se lanza a colmar la tolva de la máquina. El hombre lucha a brazo partido por darle abasto pero que nada, no hay forma. En esto pasa por allí el“paleto”, le ve sudando por cada pelo una gota y le dice: siéntate a la sombra y espera un poco. El paleto se va para casa, y vuelve con otro artilugio al que otros le llaman… no sé cómo. Toma, le dice, verás como con esto te rundirá (cundirá) más con menos esfuerzo. ¿Qué te parece? ¡Oye, esto es cojonudo! ¿cómo se llama este artilugio? Hombre, ¡esto es el gario! Pero si a mí me había dicho un “experto” que el gario era esto que tengo en la mano. Y el paleto le contesta: es que yo he sido cocinero antes que fraile y ese “experto” no llega ni a pinche de cocina.

El tío comienza a suministrar trilla a la tolva y como runde (cunde) mucho, pronto el montón le va quedando un poco alejado. Como el viejo paleto aún no se había marchado, le pregunta el esforzado gariador: ¿qué hago ahora? Pues mira, ahora necesitas otra persona que te vaya acercando la trilla porque si no perderás mucho tiempo. ¡Ya! Le dice el sufrido gariador, ¿con qué me lo acerca? Bueno, ¿ves aquella pieza que tienes allí? es la horca de cuatro dientes y con ella se hace muy bien. Además, le añadió el paleto: ¿no te das cuenta que la paja se te amontona a la salida de la máquina? Pues mira, para eso necesitas otro gario que te lo vaya lanzando hacia el pajero porque si intentas hacerlo con el “gario” del “experto” te verás negro para retirarlo.

Y a partir de ese momento el inexperto agricultor fue aprendiendo que para saber hay que preguntar al que sabe. En este caso sobran títulos académicos: es cuestión de experiencia...

Todo trillado y limpio, llegó el momento de “arrear” con ello hacia la panera. Oye, pregunta el agricultor aficionado: ¿con qué aparato lleno los costales?¿con el celemín que dice Urdiales? El paleto que se ha quedado a ver cómo termina todo, dice: los costales se llenan con la media fanega. ¿Por qué no lo hago con la fanega que rundirá (cundirá) más? Pues verás porque no habría dios que lo aguantara, es una medida de referencia pero poco práctica, se manejaría muy mal. Con la media fanega llenas los costales y tendrás una referencia de lo que ha sido, en fanegas, la cosecha. Después tienes la cuartilla, el celemín, el medio celemín y el cuartillo de celemín, pero estas medidas son más para andar por casa: se usa mucho para medir pequeñas cantidades como, por ejemplo, las igualas que se tenían con el veterinario, el herrero, etc. También para medir gabrieles, alubias… en fin que estas medidas ya no debemos considerarlas de era.

Cosecha trillada, limpia, grano en la panera -o bajo la baldosa- y nos queda llenar el pajar para tener comida para los animales durante todo el año y, si sobra paja, la llevamos al pajero.

Bieldo y gario flanqueados por la garia de picos y de bolas
Entonces, uncimos los animales al carro, cogemos los garios que hemos visto más arriba y gariada a gariada lo retiramos de la era, que barreremos a continuación con las escobas que cuelgan del trillo en la fotografía que os presento. En esta misma fotografía quiero que veáis la diferencia que existe entre el bieldo (centro a la izquierda) y el gario en el centro del trillo. Yo creo que se nota cierta diferencia. ¿o no?


Creo que no debo olvidar estos útiles de era que nos venían muy bien, principalmente, para retirar el grano a la caída de la aventadora y también había quien la usaba para aventar el grano si se nos había ensuciado de tamo. En fin que eran piezas muy útiles en la era, o en la panera si había que amontonar o mover el grano: son las palas de madera (las de los extremos son catalanas y la del centro producto del más puro estilo castellano).

Las palas del grano se llamaba a las palas de madera.
En la fotografía de la entrada anterior; en la que nos dijeron que lo que la pequeña labradora manejaba era el gario, podíamos, también, admirar lo que para su autor son los celemines. Deliberadamente lo he dejado para el final para presentaros lo que son la media fanega, la cuartilla, el medio celemín y el cuartillo de celemín. Manifestando: todas piezas que he presentado son útiles de la era rural. Si hay otra era académica, o universitaria, yo la desconozco y no puedo opinar: “zapatero a tus zapatos”.




1/4 celemín = 2'3125 litros.

Cuartilla = 13'875 litros.




1/2 fanega = 27'75 litros.
1/2 celemín = 4'625 litros.
                                        
Liado entre horcas, garios, celemines etc. se me había pasado por alto otros dos útiles importantes de la era: la criba y el badil.

Antonio acribando garbanzos. Pero el resultado
es el mismo ya sea legumbre o cereal.
Siempre que he hablado de aventar o beldar, ya sea con la aventadora o con el bieldo, he procurado decir que en esta operación se separaba la paja del grano y las grancias (granzas). Razonemos esto: cuando se hace pasar el aire a través de la trilla, el viento no distingue lo uno de lo otro más que por su peso. Entonces el grano pesa y se queda a los pies, no se desplaza. Pero las grancias (granzas) que son trozos de espiga, nudos, pajotes pesados, también se quedan junto con el grano. Queda claro que en la primera operación sólo hemos separado la paja. ¿Qué hacer después? en el caso de que lo hayamos separado con el bieldo, pues coger la criba y acribar, y en el caso de la aventadora cambiar el juego de cribas -que el efecto es el mismo que con la criba de piel o alambre- y separar las grancias (granzas) del grano.
Badil que muchas tolvas y cribas llenó



















Con los agujeros de las cribas acorde con lo queremos acribar, el grano cae al muelo y las grancias al montón correspondiente.

Para cargar la criba tanto en la manual como en la máquina aventadora pues usamos el badil ¿hay herramienta más apropiada?

Una pequeña anotación: para que el acribado fuera uniforme, una vez la tolva llena, esta siempre debería mantenerse llena, por lo que, a veces, era interesante el concurso  de dos badiles.

Ahora, echemos una mano al “experto”: él dice -porque desconoce absolutamente el lío en el que se ha metido- que los bieldos son garios, que la media fanega y la cuartilla son los celemines etc. pero… ¿Por qué lo dice? Pues porque es lo que dice el DRAE, que parece que tampoco le ha picado el tamo en la era. Vedlo a continuación:

bieldo
Del dialect. Beldar 'aventar las mieses', y este del lat. Ventilāre 'agitar en el aire'.
1. m. Instrumento para aventar compuesto de un palo largo, de otro de unos 30 cm de longitud que lo atraviesa en uno de sus extremos, y de otros cuatro o más fijos en este en forma de dientes.
2. m. bielda (‖ bieldo de seis puntas).
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
La acepción primera: correcta. La segunda: no tanto.
gario
De garfio.
1. m. Alb. Triple garfio para sacar de los pozos latas, cubos, etc.
2. m. Cantb., León, Pal., Seg. Y Vall. Instrumento para aventar.
3. m. Cantb. Horca de hierro.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
La acepción segunda, que es la que nos ocupa: absolutamente incorrecta.

Reflexionemos. Dice el DRAE: bieldo es un palo largo, otro de unos 30 cm que lo atraviesa y de otros 4 o más fijos en este en forma de dientes. Bien. Si nos fijamos en las fotos, que os ofrezco más arriba, veremos que todos los bieldos son de 6 dientes (puntas dice el diccionario). Pero después añade que el que tiene 6 puntas (dientes, decimos los paletos) se llama bielda. Bueno, para nosotros siempre fueron bieldos, tanto si eran de cuatro (para mí desconocido) o de 6 dientes. La bielda, como podemos apreciar en la foto, no tiene más picos (puntas dice el DRAE) pero sí es de más capacidad: sus dientes son más largos.

Sigamos: a continuación, el DRAE, nos dice que el gario es un instrumento para aventar. ¿En qué quedamos, se bielda, o avienta, con el bieldo o con el gario? ¿Es lo mismo bieldo que gario? Os aseguro que, para el que aporrea este teclado, no (sigo hablando desde el pueblo).
Estoy en condiciones de asegurar que en Palencia, Segovia y Valladolid, gario es el instrumento con el que se manejaba la trilla y la paja: pero no para aventar, ya hemos intentado razonarlo. En Cantabria y León lo desconozco (en mi pueblo –tal vez porque no habíamos pasado por la universidad- aventábamos con el bieldo y movíamos la trilla y la paja con el gario).
Bieldo.
Un tipo de gario





















Bieldo exagerado: bielda.


 Otro tipo de gario

Supongo que las fotografías serán suficientemente ilustrativas. Como podemos apreciar, hay un tipo de bieldo, la foto anterior nos dice que el bieldo excede de sus dimensiones normales y por eso se llama bielda y le siguen dos tipos de gario, pero garios los dos. ¿Se diferencian unos de otros? Yo creo que sí.

Para el “experto” que dice que en Castilla cambiamos a las cosas de nombre más que por su género por su tamaño, quiero decirle: si usted quiere aprender, aquí tiene otro ejemplo similar al olmo-olma, nogal-nogala, pez-peza, canalón-canalona,…y ahora bieldo-bielda.

Podremos constatar que se cumple lo que vengo diciendo: no hay cambio de género sino distinto tamaño que de alguna manera tenemos que diferenciarlo. ¡Vaya peza! Decía el que había pescado en el arroyo un pez fuera de lo corriente; entonces el/los acompañantes sabían que había pescado un pez enorme. ¡Coge la bielda! y ya sabías que el aparejo más adecuado no era el pequeño, sino el bieldo grande. Así nos manejábamos los de pueblo, y como estamos hablando en lenguaje rural; culto es aquél que lo conoce y el antónimo de culto es el que no lo ha visto en su vida.
Resumiendo:

Bieldo: útil de era para aventar (separar el grano y las grancias (granzas) de la paja.

Bielda: bieldo de dimensiones extraordinarias (dientes más largos que los del bieldo).

Gario.- útil de era para el manejo de la trilla o la paja (cada cosa en su momento).

Después de esta explicación que cada uno los use para lo que crea conveniente. Así y para esto lo llamábamos y lo usábamos en el mundo rural.

Ruego a todo aquel interesado que no esté de acuerdo con lo que acabo de exponer, que públicamente lo manifieste y, sólo de esa manera los útiles y palabras del mundo rural ocuparán en la historia el espacio que les corresponde, porque es el que tenían.

Gracias.
Camporredondo, 26 de enero de 2016






lunes, 25 de enero de 2016

¿Gario y celemines?

La labradora, el bieldo, la cuartilla y la media fanega

Que nadie se preocupe: hasta donde pueda llegar, llegaré.

¿Tiene alguna importancia que lo que nos muestra la preciosa labradora sea bieldo, cuartilla, media fanega… o, como nos dice el "experto”, sean gario y celemines? Perdonad que, directamente, sea yo el que responda: sí, sí tiene mucha importancia, porque confunde, o desinforma, a generaciones futuras. Estas medidas para áridos… ¡ya son historia! Si las futuras generaciones son informadas por "expertos "como el que nos ocupa, jamás sabrán que el bieldo servía para separar el grano de la paja (beldar o aventar) y el gario -cuya capacidad multiplicaba varias veces a la del bieldo- para mover la trilla, o trasladar la paja de un lado a otro (cargar la tolva de la aventadora, retirar la paja separada del grano, cargar la paja y trasladarla hasta el pajar o el pajero, etc. Tiene importancia porque tampoco sabrán que el celemín fue una medida para áridos equivalente a 1/12 de fanega o 4,625 litros. Que, por tanto, la cuartilla equivale a 13,875 Litros. La media fanega equivale a 27,75 litros y la fanega a 55,5 litros. En fin, que no es lo mismo el remolque del tractor que el rural carretillo, de cajón, de mano. Y ya, de paso, digamos al doctor: no es lo mismo una cuartilla que un folio, eso lo sabe usted por el mismo motivo que yo sé que el bieldo y el gario no son iguales, y el celemín y la media fanega tampoco.

No me imagino al “experto” impartiendo clases-charla por colegios e institutos a niños que a partir de la charla se les priva de conocer los medios, usos y costumbres de sus antepasados, porque un “iluminado”, que desconocía absolutamente este mundo, así se lo dijo. Hasta quizás algunos, a los que sus abuelos informaron correctamente, sean cateados por el inculto profesor.

No culpo, sólo, al autor de estos desaguisados, sino a las autoridades académicas que están obligados/as a velar por la historia y la cultura: consejería de cultura, Diputación provincial, universidad, etc. etc. etc.

Sigo, rogando primero, y, si puedo exigir, exigiendo después, control sobre lo que ya forma parte de nuestra historia rural: merece un respeto.

El autor está tan convencido (nada hay más atrevido que la ignorancia), que no se corta ni un pelo en ofrecernos la entrañable fotografía de una preciosa labradora, con las paredes de adobe como fondo, en las que se apoyan el bieldo, la cuartilla y la media fanega. Así lo encontré y así os lo presento.





Jorge Urdiales Yuste
¡Esta es la Castilla de mis bisabuelos, con sus adobes, sus garios, sus celemines...! Y yo con casi tres años la disfruto este verano.








¡Menos mal que ha acertado con los adobes!  Como veis no queda ahí la cosa: la niña sigue, según el autor, manejando el “gario” (foto inferior). Parece que el bieldo para el autor no existe… bueno, está claro que lo desconoce.






¿Explotación infantil? Bueno, en Castilla en verano todos tienen que ayudar. Jimena trillando, Rodrigo de mochil y Mencía con el gario, ya la veis.










Espero y deseo que Jimena no esté trillando con la horca y Rodrigo, como mochil, o motril, segando con la tornadora.

Querida labradora: ojalá que algún día tu informante sea un verdadero experto y pueda trasmitirte lo que fue la vida en el mundo rural allá por la mitad del siglo XX.

Y ya, como final, añadir que con el bieldo se beldaba o aventaba la trilla (se separaba el grano y las granzas, de la paja) y con el gario se gariaba (se trasladaba de un sitio a otro) la trilla o la paja, pero el gario no hubiera sido práctico para aventar: si queréis algún día lo razonamos. Sí, ya sé que el DRAE recoge el gario como instrumento para aventar pero… el DRAE ha manejado poco el gario. Ya os lo contaré.

De momento… ¿por qué a la máquina aventadora se la llama también beldadora? ¿Por qué no se la llama gariadora si, como dice el DRAE, el gario era un instrumento para aventar? Ya sé que sirve de poco, pero no me rindo: ¡respeto a este mundo rural!

Adquiero, desde este mismo momento, un compromiso con vosotros: voy a dedicarle una entrada a todos los útiles de la era, desde el horcón hasta el gario, siguiendo correlativamente el orden del uso que de ellos se hacía, esperando que todos bienintencionados que hablan sobre estos útiles me corrijan en todo lo que no estén de acuerdo. Sólo así podrán pasar a la historia tal cual sirvieron.


Camporredondo, 12 de enero de 2016.

sábado, 10 de octubre de 2015

Gancho

Una de las mejoras más interesantes que el autor de los libritos, mal llamados diccionarios, nos ofrece en este segundo-primer “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, es ésta que nos muestra en el editado por ediciones Cinca. Digo esto porque, al menos, nos libra de repasar las más de treinta acepciones que el experto ha recogido del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) y nos las ha enjaretado en Cátedra Miguel Delibes y en el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua.

Reproduzco, fielmente, lo que nos dice en el último librito, dejando a la elección del que así lo desee, darse un garbeo por las otras dos referencias.

Dice el experto:

gancho
DVSC P. 119
(…) se veían arcones de nogal, viejos arados, ganchos, escañiles y yugos llenos de polvo y telarañas.
Gancho. (De or. inc.)
1. m. Instrumento corvo y por lo común puntiagudo en uno o ambos extremos, que sirve para prender, agarrar o colgar algo.

Hasta aquí lo que recoge del DRAE. Lo que sigue es su… (Investigación de campo).

Gancho: Instrumento de labor que se utiliza en la trilla. Este instrumento de hierro se montaba y desmontaba en la parte trasera del trillo. Una vez trillada la capa superior de la parva, se colocaba el gancho de forma que voltease la paja y el grano ya trillados hacia el suelo y así tener en la superficie nueva paja y granos que trillar. (Investigación de campo)

Si ya habéis consultado el primero de los libritos, la Cátedra Miguel Delibes y el DRAE, habréis visto que vale la pena la mejora que ha introducido en este último “diccionario”.

Lo primero que me sorprende es ¿cómo ha llegado el experto a la conclusión –entre más de treinta acepciones- de que se refería, el escritor, a la tornadora?

Pero como veo que por ahí ha enfocado el tema, algo podremos decir:

Indudablemente el gancho (tornadora) se monta y desmonta en la parte trasera del trillo (travesaño posterior), no se podría desmontar si previamente no se ha montado. Pero dejemos esto a un lado. Qué duda cabe que este “instrumento de hierro” pertenece al (amplísimo) grupo de los ganchos, pero cuando este gancho tiene nombre propio creo que bastante clarificador es nombrarlo, con lo cual facilitamos mucho el trabajo para describir el útil de era.

De forma rápida veamos cómo se utilizaba el gancho (tornadora) en la parva. No hay que ser un lince para darse cuenta de que en cuanto el trillo comienza a ser arrastrado sobre la parva, por su propio peso, más el de la persona que conduce la yunta, la parva se apelmaza. Si seguimos dando vueltas sin remover (volver) la parva, resultaría casi imposible terminar de trillar el bálago. Entonces… ¿Qué hacer? Pues enganchar la tornadora (olvidemos ya la palabra gancho) y por su forma irá sacando las pajas de abajo a la superficie, con lo cual conseguiremos ir trillando todo de forma bastante uniforme.
Cuando la parva va estando bastante trillada ya no habrá pajas largas para sacar a la superficie por lo que, aparentemente, la tornadora no nos sirve. Pero esto no es del todo cierto, cuando se dan estas circunstancias, a la tornadora se le coloca una pala que al tiempo que remueve la trilla abre surcos en ella, facilitando mayor superficie en contacto con el sol, elemento importantísimo para que la trilla runda (cunda).

Y ahora vamos con una parte importante, al menos para aquél al que le preocupa que las cosas, o las palabras, no se deformen por falta de rigor.

Si buscáis en el DRAE la palabra tornadora, veréis que no aparece. En su lugar aparece otra muy similar: tornadera.

tornadera.
(De tornar).
1. f. Horca de dos puntas usada para revolver la parva en las labores de la trilla.

Como veis, la RAE parece que no recoge la palabra que define el instrumento que nos ocupa. Es posible que el diccionario se refiera a lo horca de dos picos, o dientes, a la que llama tornadera y que, efectivamente, servía para tender y revolver o dar vuelta a la parva al principio de iniciada la trilla.

Yo ya reclamé, sobre la palabra tornadora, ante la RAE y allí respondieron que seguía su curso: en ésas estamos.

¿Por qué sostengo -pobre paleto- la palabra tornadora? Pues porque desde que tuve uso de razón –y ya ha llovido- así se la nombraba en la era de mi pueblo. Además porque, y así se lo razoné al DRAE, tornadora es la que torna (da vuelta a la parva), como segadora-agavilladora es la máquina que siega y agavilla; segadora-atadora es la máquina que siega y ata; cosechadora es la que siega y separa el grano de la paja y así… trilladora, aventadora, ensacadora… y la tornadora se encarga de tornar (volver) la parva. Siendo tornadera la parva (está tornadera), porque está en sazón para ser tornada (vuelta lo de abajo arriba y viceversa). Pero otra vez más repito que esto es lo que se dice en la era –que es donde se usan estos artilugios-. En la academia y en la oficina, qué duda cabe, se llaman de otra manera. Por cierto ¿se llamarían tornadera, agavilladera, atadera, cosechadera, aventadera, trilladera etc.? Todo es posible. Yo intento, con letras académicas, formar palabras rurales.

Y como tenemos la suerte de poder ofreceros un ejemplo, aquí lo tenéis: tornadoras y trillo. En el gancho del primer travesaño se enganchaba el camizo, o el estrinque, para arrastrar el trillo. O sea que el trillo también tenía gancho pero… era para su arrastre. (Hemos oído campanas...).


Os presentamos el trillo con sus dos tornadoras a las que hemos añadido las palas.
Creo que la foto es bastante clarificadora sobre la utilidad de las tornadoras en la trilla:
evitaban mucha taea de horca y mucho esfuerzo humano.

Camporredondo 25 de septiembre de 2015

lunes, 2 de marzo de 2015

La grama.

Nuestro sabio refranero, dice:”Hacienda, tu amo te atienda y si no que te venda”. También este otro: “El ojo del amo engorda el ganado”.

Apoyada en estas dos contundentes y sabias sentencias, vamos con la entrada de hoy.

Había una vez un terrateniente –que lo era por herencia- que dado que su progenitor la había dejado terreno suficiente, y muy productivo -sin más que preocuparse de observar el cultivo de lo heredado- para vivir desahogadamente, decidió fijar su residencia en la ciudad donde -eso creyó él- la vida era más alegre y cómoda, y podía disfrutar de su espléndida hacienda.

Para dirigir la heredad nombró un cachicán (encargado) para que tomara todas las decisiones necesarias para su buen funcionamiento. De esta manera, el “señor” sólo se ocuparía de recoger y administrar los cheques que del banco, con regularidad, le fuera remitiendo. La vida así sería más llevadera lejos del polvo, el barro, el calor, el frío, las tormentas... en fin todas esas calamidades, para él insufribles, que en el campo se padecen. ¡Esto es vida! comentó para sus amigos el nuevo y rico terrateniente.

La hacienda continuó su marcha bajo la vigilancia de su nuevo director: el cachicán.

Comoquiera que el terreno estaba bien cultivado, la primera cosecha fue espléndida, con lo que el heredero se encontraba todo ufano y orgulloso por la decisión que había tomado: él se pasaba la vida bien comido, bebido y distraído sin preocuparse de dar una vuelta por el pueblo.

Los obreros seguían con la rutina de arar y sembrar. Un día, el cachicán -que era nuevo en la heredad- observó cómo los obreros, siguiendo la tradición, unos araban y otros, con el garucho, recogían la grama y mantenían el terreno limpio de esta rastrera e indeseable planta. ¿Qué es lo que hacen ustedes? preguntó con mucha educación. Pues ya ve usted, lo que hacemos siempre: recoger la grama, respondieron los braceros. No, no, a partir de hoy se cultivará como yo diga, ¿no saben ustedes que eso es abono para la tierra? Queda terminantemente prohibido el uso del garucho en estas tierras. Y así se hizo.

Así las cosas, las cosechas fueron disminuyendo paulatinamente, hasta que pasados unos (pocos) años el amo se vio en la necesidad de ir rebajando su nivel de vida pues los cheques cada vez eran más raquíticos y ya no daban para tanto.

El heredero llamó al encargado a su refugio en la gran ciudad y quiso saber por qué los cheques habían ido disminuyendo de forma tan alarmante.

Mire usted señor: no sé lo que ocurre, pero el terreno ha sido invadido por una extraña planta que le convierte en un prado y no deja crecer la semilla. Yo le sugeriría que, si usted lo cree conveniente, vendiera la heredad antes de que sea tarde.

El "señor" lo pensó un momento y le dijo al cachicán: creo que tiene usted razón, antes de que los agricultores vecinos, posibles interesados, se den cuenta de la baja productividad del terreno, póngalo usted a la venta y véndalo. Señor, respondió el cachicán, si usted me dice el precio yo intentaré venderlo al mejor postor. Y así lo hicieron, el hábil cachicán volvió al pueblo y al cabo de unos días reclamó una reunión de urgencia con el propietario: no he podido conseguir, dijo, el precio que usted fijó, pero si usted quiere, para evitarle incomodidades yo me quedaría con la heredad en… y rebajó el precio de salida. El comprador y el vendedor se pusieron de acuerdo y el, “listo,” nuevo propietario volvió al pueblo con la escritura bajo el brazo.

Reanudaron las faenas del campo y el amo dijo: desempolvad los garuchos y recoged la grama, démonos prisa que la sementera está al caer. Señor, dijo uno de los obreros, usted nos dijo: “dejad la grama que es abono para la tierra”. No importa lo que yo dijera, los tiempos han cambiado y hay que coger los tiempos según vengan.

Y colorín colorado… “Hacienda tu amo te atienda o si no que te venda” ¿está claro?

El otro refrán, “el ojo del amo engorda el ganado” viene a decir lo mismo. Pero ese lo dejamos para cuando el torpe y vago sea el ganadero y el listo, en vez ser el cachicán, lo sea el rabadán, y el terreno sea el rebaño de ovejas… ¡Ya me entendéis!


Camporredondo 22 de febrero de 2015



sábado, 8 de noviembre de 2014

El trillo.

“El trillo rueda en la era / polvo de mieses doradas / cantares de mozos truenan (...)".

Palabra de uso corriente por las calles del pueblo llegando los meses de Junio o Julio: ¡han venido los trilleros! ¿Estás trillando? ¿Vas a trillar? ¿Has trillado las grancias? ¡Estoy trillando los garbanzos! ¿Has trillado los yeros?... y así hasta que llegaba el mes de Septiembre en que el trillo era encerrado de nuevo en la caseta de la era o el pajar esperando que, al año próximo, de Cantalejo (Segovia) volverían los trilleros con trillos nuevos o para reponer las chinas (pedernales) perdidos durante la campaña anterior.

Trillo y tornadoras con palas acopladas. Año 2002.
Tuvo que suponer un gran avance la llegada del trillo hasta la era en la que, hasta entonces, se separaba el grano de la paja a fuerza de golpes, o paseos de los animales por la parva.

Es cierto que si comparamos el trillo de pedernales (chinas decíamos en mi pueblo) con las actuales máquinas automáticas, teledirigidas o con aire acondicionado, no será para quitarse el sombrero delante de él. Pero imaginemos a la familia encima de la parva dándole palos a la mies con el mayal o el garrote hasta conseguir separar el grano de la paja. La diferencia tuvo que ser sorprendente: del mayal -con mucha paciencia y esfuerzo- dándole palos a la mies, a subirte encima del trillo y que los animales tiren de él mientras nosotros los conducimos, si no cómodamente, sí sentados sobre aquel rodón de madera con tres palos como patas y, a veces, dos palos verticales y otro atravesado como respaldo. Además el ahorro, en tiempo, que tuvo que suponer el trillar de una forma o de la otra.

El sílex, al romperlo, se convierte en pequeñas piedrecitas con un filo considerable que se aprovecha para piedras del trillo (chinas). Estas chinas, incrustadas en su madera, al pasar por encima de la parva van cortando el bálago al tiempo que desgranan la espiga. Si además le añadimos unas sierras de acero, como algunos trillos llevaban, la diferencia es notoria.

Se me ocurre hacer un pequeño recorrido por la evolución en la forma de trillar desde que tenemos alguna noticia. En alguna enciclopedia hemos encontrado lo que acabamos de decir; antes se trillaba a fuerza de golpes con el mayal o un garrote, o paseando el ganado por encima de la mies extendida en la era. Después llegó el trillo de pedernales o de pedernales y sierra, y fue un gran avance. Ya no había que darle palos a la mies, si acaso, alguno de vez en cuando, al animal remolón. Seguimos progresando y apareció el trillo mecánico al que, movido a motor independiente, introducías la mies por la tolva y te la devolvía trillada. En un breve espacio de tiempo apareció la trilladora que ya no sólo nos trillaba la mies, sino que la ponías en una cinta sin fin y, cuando volvías a verla, veías la paja por un lado y el grano en los costales o sacos, sin más que ir colocando sacos a medida que se iban llenando. Pero esto aún no fue suficiente y llegó la cosechadora. Con este último avance, si el agricultor quiere, por la mañana tendrá el cereal de pie en la tierra y por la tarde el fruto de su trabajo podrá ponerlo debajo de la baldosa o transformarlo en un automóvil último modelo. O sea: el agricultor salió andando, o en el borriquillo, porque la cosechadora iba a cosechar para él, pero como avisó al banco de lo que ocurría y como los del banco son listísimos, el labriego se olvidó del burro en el rastrojo y regresó a casa en coche. ¿Que no fue así? Bueno, quizás he exagerado un poco, pero podría ser...

Fue ayer. Situémonos: mes de junio o julio; la mies, madura, había que segarla y, con el hocino, se segó, se ató en haces, con el carro y la ayuda del horcón se acarrearon hasta la era, se tendieron con la horca de dos dientes, se trillaron con el trillo, se recogió la parva con la camiza y se amontonó con la horca de cuatro o más dientes. Con el bieldo o la aventadora se separó el grano de la paja, se ensacó y acarreó hasta el sobrado o la panera, se vendió, y se guardó bajo la baldosa la posible parte sobrante porque “no sabemos lo que necesitaremos”.

Para recoger la similar cosecha, hoy: el agricultor salió de casa (pudo salir vestido de fiesta) a cosechar y acaba de regresar llevando en la mano un papelito en el que dice "en el día de hoy ingresó en su cuenta corriente la cantidad XXX euros".

El cambio de lo que acabamos de contar se ha producido en muy pocos años, una sola generación ha participado en todas las etapas.

¿Qué os ha parecido este viaje relámpago que hemos dado por la era? Parece increíble ¿verdad? Pues de todo este pequeño Tour yo, que tengo unos pocos años, he participado en todas las etapas.

Que mientras no pisemos el acelerador, y nos estrellemos, el progreso es bueno, no me cabe ninguna duda. Pero con el progreso también hemos perdido algunas cosas entrañables: jardín inmenso (la era) durante los meses de abril, mayo y junio; parejas de jóvenes enamorados que paseaban por el verde de la era en estos meses; matrimonios con sus niños corriendo alborozados entre chiribitas y un sinfín de flores que ponían colorido a las plácidas tardes de la primavera castellana... Hoy la era se ha convertido en el cementerio de muchas de las herramientas que tanto nos ayudaron en otro tiempo y en escombreras cuyo espectáculo sólo invita a cerrar los ojos.

El niño de ciudad que pasaba algunos días en casa de sus abuelos o amigos, disfrutaba cogiéndose en la parte trasera del trillo y se dejaba arrastrar por la parva gozando experiencias nuevas.

En el encabezamiento decíamos... “cantares de mozos truenan el aire...” Pues bien, hoy el mozo no truena el aire con sus canciones; es que ni siquiera canta, o es que yo estoy tan sordo... tan sordo que no lo oigo. Es tan grande el silencio que hay en el pueblo que sólo lo rompe, de vez en cuando, el ruido del tractor. Los niños no gritan, las campanas crían telarañas en sus huecos, el traqueteo de la rueda del carro no se oye, los trilleros no golpetean con sus mazos sobre los pedernales del trillo. Tampoco se oye al pregonero, las campanillas y cascabeles de los collares de los bridones de los animales de tiro engalanados se silenciaron para siempre… ni siquiera canta el gallo en el corral. Todo es… ¿qué es? Pues algo así como muy triste, en el pueblo falta algo para que sea pueblo. Falta la era, porque con ella se llevó la alfombra del verde de la hierba y la ensalada de tomate y pepino a la sombra de la máquina aventadora, y el botijo de agua fresca y natural, como salía de La Fuente Vieja.

Carro con armaje acarreando la mies (Tubilla del Lago).
Aún así, tenemos que decir viva el progreso pero ¡cuántas cosas se ha llevado el progreso!

¿Qué os parece si trillamos una parva? Vamos allá:

Al amanecer ya estaba el carro con los palos de acarrear o el armaje en el rastrojo. Dos personas eran imprescindibles para esta tarea: uno acerca los haces con el horcón hasta el carro y el otro los va colocando para aumentar la capacidad del carro en un caso y para evitar el parto en el otro. Cuando el/los carro/s llegan a la era cargados ya le están esperando con la horca de dos dientes preparada. Se tienden los haces sobre el espacio que después será la parva y se quitan los atillos de los haces: se desatan. Con la horca se comienza a esponjar el cereal, de esta manera el sol penetra más y mejor en la parva y la trilla runde (cunde) más. Si el segador es experimentado habrá dado la revuelta a la manada. Mala cosa ésta para el que tiende la parva porque tendrá que deshacerla, lo cual supone un mayor esfuerzo. Mientras se tiende el primer carro ha llegado hasta la era el segundo con el que se completa la parva. Al terminar de tenderla todo el equipo se va a almorzar sus sopas de ajo y su huevo frito o su tajada de la olla. Entretanto el sol va haciendo su labor que no es otra que calentar la mies. Con la parva caliente trillar runde  (cunde ) mucho más, ¿por qué? pues porque la paja quiebra mejor, rompe mejor. Entre las diez y las once de la mañana los animales son enganchados al trillo y el trillador se sube encima comenzando a dar vueltas sobre el círculo de la parva procurando dar pasadas transversales porque si vamos siempre por el mismo carril no trillaremos toda la parva.

Cuando hemos dado unas cuantas vueltas la parva se apelmaza y la trilla cunde menos. Para evitar que esto ocurra se coloca la tornadora y con ella se va removiendo el bálago. Al removerlo lo que estaba arriba, que es más menudo, pasa abajo y lo de abajo arriba que es lo que nos interesa. Pero la tornadora no es perfecta y hay una parte de bálago que se queda pegada a la era donde el gancho no llega. Cuando la mañana avanza el trillo sigue haciendo su labor, pero las pajas que están pegadas al suelo no se mueven y si no se mueven no se trillan. Para que la trilla cunda lo interesante es que en la era haya dos personas: el que trilla y otro que irá metiendo las orillas o como en este caso que cogerá la horca de dos picos y dará vuelta a la parva, ahora si, removiendo todo el bálago con lo que ya no quedará ni una sola paja pegada al suelo.

Cuando llega el mediodía se desuncen los animales que arrastraban el trillo y se da vuelta a la parva para que, mientras comemos, el sol la caliente bien, con lo que al reanudar la trilla las pajas crujirán que da gusto. Cuando reanudamos la tarea por la tarde la parva ya está bastante trillada por lo que tendrá más tendencia a extenderse y agrandar el círculo destinado a ella. Ahora se hace casi imprescindible que una persona, distinta al que trilla, se ocupe de ir achicando espacios, esto es, metiendo las orillas, casi de forma continuada, pero ahora ya con la horca de cuatro dientes y con la rastrilla después, porque la paja está muy trillada y la horca de dos dientes sería inútil. Las tornadoras, que no habrán parado ni un momento, ahora se las habrán añadido las palas que nos dejarán una especie de surcos sobre la parva aumentando la superficie de ésta y favoreciendo su contacto con el sol, tan importante para que la trilla cunda, como hemos dicho antes.

Así seguiremos dando vueltas hasta que la parva quede trillada y con la camiza la enviemos al montón de pico o al pez.

Tres tristes trillos trillaron trigo del trigal.Para el de la derecha, faltaron las fuerzas y se quedó sin limpiar 
Demasiado rápido hemos trillado la parva, esto es debido a que la mies estaba muy seca, el día era espléndido y el sol nos ayudó sobre manera. Pero otro día la mies estaba cereña, el sol andaba un poco remolón, o unas gotas de lluvia humedecieron ligeramente la parva. Por cualquiera de estos motivos el trillo no se desliza por encima de la mies... el trillo arrolla y lejos de trillar recoge la parva en montones (que arrollar no es recoger la parva con el rollo, como dice el DCT. en su pág.70), el trillo se lo lleva todo por delante, lo arrolla y así no se puede trillar. Ese día las horcas de dos o cuatro dientes tendrán mucho trabajo, no podrán parar de extender los montones que el trillo va formando. Y si el problema persiste habrá que desenganchar a los animales que mueven el trillo y esperar mejor momento para seguir trillando.

Muy de pasada (trillar era algo más) hemos querido reflejar una parte del trabajo en la era, parte que por no requerir de gran esfuerzo físico siempre lo realizaban los niños, las mujeres o personas mayores. Los más fuertes segaban, acarreaban y, siempre, acamizaban.

Y sólo quiero añadir algo que ocurría con bastante frecuencia: cuando la persona que ejercía de trillador era el niño, los animales de tiro enseguida se daban cuenta y en cualquier momento dejaban de obedecer a los ramales, abandonaban la parva en el momento más inoportuno, sufriendo los pedernales las consecuencias de encontrar en vez de espigas alguna piedra que no había forma de trillarla.

Quede para el recuerdo este breve paseo con el trillo por la era que, a pesar de su dureza, tenía grandes dosis de entrañables momentos.

PALABRAS DE USO POCO FRECUENTE USADAS EN ESTE ESCRITO

ACAMIZAR.- Recoger la parva trillada con la camiza.
ACARREAR.- Recoger con el carro la mies segada en el campo y traerla hasta la era.
ARMAJE.- Andamiaje que se instala en el carro, sobre el que se montan unas redes para aumentar su capacidad en el acarreo de la mies.
ARROLLAR.- No deslizarse el trillo por encima de la mies arrollándola, esto es; recogiéndola en montones. Observ. Esto se producía por estar la mies cereña o húmeda.
ATILLO.- Pequeña soga de esparto trenzado con la que se ataban los haces de mies.
AVENTADORA.- Máquina que mediante unas aspas movidas por un volante generaba aire y mediante un movimiento de vaivén en el cuerpo de cribas servía para separar el grano de la paja en dos operaciones: espajado y cribado.
BÁLAGO.- Conjunto de la mies con la espiga desgranada. (El bálago es la paja)
BRIDÓN.- Cabezada elegante que asociada al collar de cascabeles y campanillas se usa para engalanar a las caballerías en momentos o días determinados.
CAMIZA.- Tablón de aprox. 2X0’40X0’05 metros al que se le añade un timón y dos tirantes para su refuerzo, que se usaba para recoger la parva trillada. --> Camizadera.
CEREAL.- Planta gramínea que el agricultor cultiva (cebada, centeno, trigo, avena etc.).
CEREÑO.- Mies que se siega antes de estar totalmente seca.
COSECHADORA.- Máquina, generalmente autopropulsada, que recoge y selecciona la cosecha sobre el terreno en el que está sembrada. En este caso recoge el cereal y separa el grano de la paja. ¡Un gran descubrimiento para el agricultor!
COSTAL.- Saco grande de lona que se usaba para transportar el grano, de la era a casa o al almacén- panera para su venta. Observ. Se usaba más el saco que el costal o talega. (Era más barato)
DESGRANAR.- Separar los granos. En este caso deshacer la espiga.
DESUNCIR.- Dejar libres a los animales de tiro. Quitar el yugo al par de animales.
ENGANCHAR.- Unir los animales, mediante los arreos, al carro o cualquier otro apero para obligarles a que tiren de él.
ERA.- Espacio de tierra asentada, prado, o empedrada, preparada para trillar la mies.
HAZ.- Conjunto de cosas largas atadas. En este caso conjunto de varias gavillas de mies atadas para facilitar su traslado hasta la era.
HORCA.- Herramienta de era, de madera, no de hierro, posiblemente de sauce que aprovechando ramas de forma especial remataba en dos, tres, cuatro o más dientes. Eran unos de los útiles de era que mayor utilidad tenían.
HORCÓN.- Herramienta, esta si, de hierro con dos o tres dientes, a la que se unía un mango largo para que salvara la altura del carro cargado de mies. Observ. También se usaba para alcanzar las gavillas de ramera o cualquier otra hornija para hornos de cal, de pan, o alfarerías.
LABRIEGO.- Campesino, agricultor.
MAYAL.- Útil compuesto de dos palos de longitud desigual unidos por una cuerda o correa, con el que desgranaban el cereal en tiempos pretéritos.
METER LAS ORILLAS.- Cuando la parva se iba extendiendo en su perímetro había que recogerla, achicarla, con la horca o el rastrillo. Esto se llamaba meter las orillas.
MIES.- Nombre con el que se designa a la planta del cereal ya maduro.
PAJAR.- Lugar, generalmente edificio cubierto, en el que se guarda la paja.
PALOS DE ACARREAR.- Astiles grandes terminados en punta, que como suplementos se colocaban en las esquinas del carro para aumentar su capacidad a la hora del acarreo de la mies hasta la era.
PARIR.- Caerse los haces del carro en el viaje hacia la era. Observ. Era motivo de burla por parte de lo demás transportistas.
PARVA.- Porción de mies extendida en la era, en forma circular, para trillarla o ya trillada.
PEDERNAL.- Especie de silex que los trilleros colocaban en la parte baja del trillo, y que por sus aristas corta la mies y desgrana la espiga.
PEZ.- Montón de mies trillada que se hacía en forma alargada. Generalmente se hacía en los laterales de la era.
PICO.- Montón de mies trillada en forma de cono que se hacía en el centro de la parva.
PREGONERO.- Persona que recorría el pueblo pregonando por sus calles productos de venta, extravíos, encuentros, órdenes del alcalde...etc.
RAMALES.- Cuerdas de esparto o tiras de cuero con las que, sujetas a la cabezada del animal, se le dirigía desde el trillo.
RASTRILLA.- Útil de era. Consta de travesaño sobre el que se fijan varios dientes (diez o más) y se le dota de mango largo. Con el se rastrilla la parva, para volverla cuando está casi trillada, para meter las orillas...etc.
RASTROJO.- Caña del cereal que queda en la tierra después de segar y hasta que se ara de nuevo.
REVUELTA.- Rodear, el segador, la manada que ya ha segado, con unas cuantas pajas para liberar la zoqueta y aumentar la capacidad de la mano para, de este modo hacer menos gavillas. La revuelta se sujetaba con el dedo índice o dedo pajero.
SEGAR.- Cortar la mies con el hocino, la guadaña o a máquina.
SILEX.- Variedad de cuarzo.
TABURETE.- Asiento bajo, a veces con respaldo, que se colocaba encima del trillo para sentarse. -->Rodón
TORNADORA.- Arco de hierro que se fijaba en el travesaño posterior del trillo para remover y dar la vuelta a la parva. Cuando la parva estaba bastante trillada se le añadía la pala, con lo que dejaba una especie de surco facilitando la exposición al sol.
TRAQUETEO.- Vaivén de la rueda del carro sobre su eje. Esto originaba el traqueteo característico al golpear el buje contra el sontroz y el tope interior. Observ. El carro bien equilibrado y engrasado traqueteaba (cantaba) muy bien. Era deseable que el carro cantara bien. Hay un dicho popular: “para que el carro cante, hay que untarle”. (Suena a soborno, pero ahí está)
TRILLAR.- Pasar el trillo por encima de la mies en la parva para quebrantar y cortar la paja y desgranar la espiga.
TRILLERO.- Vendedor de trillos por los pueblos y encargado de reponer los pedernales perdidos durante la trilla.
TRILLO.- Instrumento para trillar, formado por un tablón amplio al que por debajo se le añaden trozos de pedernal, o pedernal y sierras de acero, con el que se trilla la mies y la legumbre.
UNCIR.- Unir mediante el yugo a los animales de tiro.
VOLVER.- Dar vuelta a la parva para sacar a la superficie las pajas sin trillar y para que el sol la caliente.


Camporredondo, octubre de 2014.