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jueves, 9 de noviembre de 2017

Ayer (hoy es 6 de noviembre de 2017)


 Ayer a las 7:58 · 

...se hallaron cadáveres de liebres desnucadas por la violencia de la pedrea (Aventuras, venturas y...) Pedrea: combate a pedradas.

Lo que acabamos de leer lo encontré -en FACEBOOK- esta misma mañana.

Porque no me cuadraba con lo que Delibes escribe en “Aventuras venturas y desventuras de un cazador a rabo” acudí al libro, lo abrí por la página 25 y dice lo siguiente:

 “… explicación: el terrible pedrisco que azotó a este término a mediados de agosto, cuyos granizos –del tamaño de huevos de paloma- arrasaron la fauna menor y media hasta el punto  de que en las tierras desguarnecidas aparecieron cadáveres de liebres desnucadas por la violencia de la pedrea. (…)”.

Al leer -lo ya leído- me di cuenta de por qué no me cuadraba y pensé ¡coño! ¿por qué no coges el  DLE y consultas? Y consulté, no era necesario, pero consulté. Aquí os muestro el resultado que nos aclara nuestras… ¿dudas?:

pedrea
1. f. Acción de apedrear o apedrearse.
2. f. Combate a pedradas.
3. f. Pedrisco, granizada.
4. f. coloq. Conjunto de los premios menores de la lotería nacional.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
¿Está claro? Parece que sí. El autor leyó “Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo”,  buscó pedrea en el Diccionario de la Real Academia Española y, quizá acuciado por la prisa, no se dio cuenta de que las liebres no murieron en un combate a pedradas (las liebres que yo conocí jamás se apedreaban) si no como consecuencia de una enorme granizada (pedrea) del tamaño de huevos de paloma.

Claro, ahora me explico por qué no me cuadraba. Pensaba yo -pobre de mí- ¡mira que habré visto liebres luchando en mi  larga vida pastoril!... pero nunca las vi luchando a cantazos (pedradas). Y claro, Delibes habla de las liebres que había desnucado la granizada (pedrea: pedrisco, granizada).

Bueno y, aclarado esto, parece que me quedo más tranquilo: las liebres no combaten a pedradas. ¡UF!
Una curiosidad para el que no lo haya visto: cuando las liebres combaten parece que boxean. ¿Quizá es su forma de boxear?  Lo que es cierto es que… ¿Lo veis? No se apedrean.

Puede verse de forma más gráfica, en este vídeo de liebres boxeadoras encontrado en YOUTUBE. https://www.youtube.com/watch?v=39j3x9zUYGU
Camporredondo, 6 de noviembre de 2017



lunes, 5 de junio de 2017

El profesor y el matacán.

Hace ya algunos años, al parecer auspiciado por la Diputación Provincial y la universidad de Valladolid, el profesor se lanzó a explorar este mundo maravilloso –nunca fácil- en el que nací hace muchos decenios: el mundo rural.

Cuando el profesor creyó tener preparada su clase, cuando creyó que sabía -pero no sabía, pues ni siquiera había leído la historia de “El matacán del majuelo” en “Viejas historias de Casilla la Vieja”- se armó de valor -porque valor sí tenía- y añadió a su glosario de palabras, esta de hoy: matacán. Lo que le salió lo comprobaréis a continuación:

Matacán
VHCV p. 77, passim
El
matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3.
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros
.
Cómo desconocía la palabra matacán acudió al Diccionario de la real academia española (DRAE entonces) y acertó en que, el matacán, era una liebre: pero nada más.

Pasado el tiempo el profesor -sí sé dónde- se informó, leyó, y asimiló un poco más. El profesor va aprendiendo, despacio, pero progresa.

24 de mayo de 2017. Son las siete horas y veinticinco minutos aproximadamente, cuando suena en el altavoz de la radio el “dialecto agrario”, escuchemos:

Buenas tardes queridos cazadores y buenas tardes queridos oyentes. Digo queridos cazadores, porque la palabra que tratamos hoy se mete de lleno en el terreno de los cazadores. Es palabra que se oye entre la gente que va de caza, también se oye en los pueblos, y a penas se escucha en la ciudad. En ocasiones Miguel Delibes explicó el significado de la palabra rural que estaba escribiendo, como es el caso de la palabra de hoy: matacán. Dice Delibes en un libro llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” que, el matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por cierto, el empleo de la, en un par de ocasiones en Delibes, luego ya se modificó por ley, que sería lo correcto. Nos encontramos por tanto ante una liebre experimentada que ha tenido que correr muchas veces huyendo de otros predadores, de galgos, de cazadores… y todas estas carreras enmagrecen su cuerpo. Es curioso, en “Viejas historias de Castilla la Vieja” el matacán que nombra Delibes es casi una cuestión de estado para los vecinos del pueblo, no había manera de matarlo y el pueblo entero sale al campo para acabar con él y al fin lo logran. Al matacán le va muy bien el dicho español que dice… “el diablo es más sabio por viejo que por diablo”.

Ejemplo de matacán, encontrado en internet

Como acabamos de leer, parece que ha aprendido que para que la liebre llegue a matacán, no necesariamente, debe ser corrida por los perros (que es lo que nos dijo en su primera clase). Desde que la liebre nace, su supervivencia principalmente depende de sus patas. Así la (aunque lo correcto sea le, yo soy de pueblo) toca, siempre, correr delante de los muchos depredadores que tiene. De forma que puede llegar a matacán sin haber corrido delante de un perro (aunque así lo afirme, también, el DLE). El caso de “El matacán del majuelo” de Delibes, es muy similar al de “el matacán de los majuelos de “La Gamarra” en Camporredondo, que cuando le descubrieron los galgueros y sus galgos ya no había dios que "-nunca mejor dicho-" le echara un galgo.

Pero decía que va aprendiendo despacio, porque todavía no entiende cómo se expresa el ser humano rural. Cuando dicen “¡al suelo todo el mundo!”, no quiere decir que el mundo entero se agaville, no. Si el escritor dice que todo el pueblo marchó tras él, se está refiriendo a todo el pueblo cazador, o aficionado a la caza. No, todo el pueblo no salió en persecución del matacán, ni hizo cuestión de estado. Lo que Delibes quiere decir, y dice, es que salieron unos cuantos aficionados y dos escopeteros, de los que, uno de ellos, de dos disparos dio muerte al matacán. Así que el pueblo entero no dio muerte al matacán y ¿sabe el señor profesor por qué fue así? Pues porque el resto de habitantes del pueblo –casi todos- estaban trabajando. De todo esto puedo dar fe. Así que no, a partir de ahora el señor profesor ya sabe que el pueblo no hace cuestión de estado el dar muerte, o no, al matacán.

Y ya, de paso, insistir: la liebre, para llegar a matacán, no necesita que la corran los perros, sino que tiene muchísimos "sparring" que la obligan permanentemente a mantenerse en forma y, ¿la que se descuida? pues la que se descuida no llega a matacán.

También es posible que a los no versados no les diga nada la palabra matacán. Más claro lo habríamos tenido si en vez de matacán, nuestros antepasados hubieran escogido la palabra mataperro, que es a lo que re refiere: MATA-CAN = MATA-PERRO. Cierto es que no descubrimos el significado del nombre hasta que nos damos cuenta de que el perro puede caer reventado al correr tras el… mataperro, o matacán que es lo mismo.

¡Ay señor señor!

Camporredondo 25 de mayo de 2017

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Gazapo? ¿lebrato?

¿Gazapo? ¿Lebrato? Veamos.

Aun después de vista la acepción recogida en el Diccionario de la lengua Española (DLE), si yo tengo que decidirme sobre a qué animal -cría del conejo o de la liebre- debo denominar como gazapo, lo tengo claro: siempre me decidiré por la de la liebre. Además de ser lo que vi y aprendí desde mi más tierna infancia, creo que es lo que más se ajusta a la realidad de la palabra gazapear que, últimamente, nos ocupa. Intentaré razonar por qué:

Para ello definiremos de nuevo la palabra “gazapear”:

Gazapear es imitar el desplazamiento del gazapo que, sabiéndose débil, trata siempre de moverse con toda la cautela del mundo, ora reptando, ora ocultándose tras de la mata, terrón, surco o piedra que tenga más a mano. El gazapo (cría de la liebre) desde su nacimiento sabe que su vida depende de evitar, en lo posible, ser visto, porque sus exiguas fuerzas no son suficientes para defenderse corriendo como hacen los adultos.

Admitido esto (en ambiente rural), pregunto: ¿qué animal -cría de la liebre, o cría del conejo- tiene más necesidad de gazapear? La cría del conejo –llamado, por casi todos, gazapo- cuando sale a la superficie ya es capaz de moverse con cierta soltura y autonomía. Además, en sus primeras aventuras, siempre se mantiene cerca de la cueva/madriguera donde nació ¿sí o no? Sin embargo, al que “otros” llaman sencillamente lebrato, viene al mundo en la superficie, sin más techo que le cobije que el cielo –azul, o encapotado- . Lo que acabo de decir no lo he aprendido en ninguna enciclopedia, como no sea en la enciclopedia de la vida en la naturaleza. He visto muchos gazapos (hijos de liebre) que, aun estando yo observándoles, permanecían como clavados en la tierra; sabían que su vida dependía de no ser vistos, por lo que se mimetizaban hasta confundirse con el suelo, del que sólo destacaban los ojillos muy abiertos y asustados. Lo mismo que muchas veces, cuando la liebre no ve campo libre (está rodeada por el rebaño de ovejas) gazapea, se mueve pegada al suelo tratando de no dejarse ver. Cuando la liebre -o cualquier otro animal- se mueve de esta manera, decimos que gazapea (imita al gazapo). Queda claro que estoy hablando del gazapo en el campo, porque no tendría mucho sentido hablar de gazapear si el gazapo está encerrado en la conejera. Delibes observó que el “zorro manco gazapeaba a un kilómetro”, luego estaba a campo abierto.

O sea: si la cría del conejo cuando sale de su madriguera ya es medianamente suficiente para moverse con un mínimo de autonomía, y además se le ofrece la seguridad de la cueva/madriguera, y la cría de la liebre nace sin otro techo que el cielo… ¿quién de los dos estará más necesitado de permanecer oculto, o moverse con sigilo (gazapear)? ¿Y cuando se mueve despacio y con toda la precaución del mundo, qué decimos? Pues eso, decimos que gazapea, y para gazapear, nadie más indicado que EL GAZAPO.

Termino. Jamás he visto gazapear a la cría del conejo porque, si son sorprendidos, siempre se dirigen, decididamente, a la madriguera. Sí he visto gazapear a la cría de la liebre, porque no tiene más remedio que hacerlo si quiere llegar a MATACÁN (gazapo, lebrato, menos de media liebre, media liebre, más de media liebre, liebre y liebre en grado superlativo: MATACÁN).

Debo dejar claro que no soy yo el que ha inventado que el gazapo es la cría de la liebre, esto ya lo decían mis abuelos y creo los abuelos de mis abuelos también. Bueno, y ya sabéis: fui pastor, y creo que los abuelos de mis abuelos también, así que algunos hemos visto.

Resumiendo: cuando me hablan de gazapo –no de errata, del gazapo animal- siempre pregunto si la cría de la libre o del conejo, a pesar de que pienso que el verdadero gazapo, el más necesitado de gazapear por estar más desvalido, es el por otros llamado lebrato, o sea el hijo de la liebre.

Ah, ¿qué como llamamos nosotros a la cría del conejo? Pues lisa y llanamente… conejillo y cuando es un poco más crecido decimos conejete, que es una categoría superior.

Como veis, a pesar de haber estado fuera unos pocos años, sigo siendo más de campo que eso que gusta tanto a los conejos: las amapolas, o las cerrajas (lecherines para el Nini), que también les llena satisfacción. Y cuidado con dárselas húmedas: pueden ser letales.

Esto es, en cuestión de conejos y liebres, sólo un apunte que hacemos desde…


Camporredondo, 25 de noviembre de 2016.

lunes, 28 de noviembre de 2016

¿Gazapear? yo sigo en mis trece.

A los seguidores de “La pizarra de Gaude”: no os enfadéis conmigo, ya sé que lo que os voy a decir está comentado y, por vosotros, aceptado y comprendido. Lo que pasa es que creo que no debo consentir que el lenguaje rural siga siendo maltratado, o despreciado, por los incultos, ruralmente hablando. ¿De cualquier manera vale? No. Sólo vale lo correcto y lo puesto en antena… no lo es. Veamos:

Pero mejor, primero os recuerdo lo que el “experto” escribe en Cátedra Miguel Delibes y en dos libritos editados, uno por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la lengua, y otro por ediciones Cinca:

Gazapear
D1C p. 179, passim
También vi un zorro manco gazapeando a un kilómetro,
Gazapeando: Buscando gazapos. El zorro, al ser manco, busca gazapos porque son más fáciles de cazar que los conejos. (Investigación de campo)

Ahora seguimos con lo emitido a través del espacio (ondas electromagnéticas o hercianas):

El día 16 de noviembre de 2016 conecté la radio y fui desplazando el dial hasta encontrar la emisora “Es Radio CYL”, programa Es el campo, sección Dialecto agrario, porque habían anunciado que el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes trataría de ilustrarnos sobre el significado de la palabra “gazapear”. Oliéndome a “puchero enfermo”, y dado que ya nos conocemos -él es filólogo doctor cum laude en ciencias de la información y yo un humilde ex pastor- tuve curiosidad por ver (por mejor decir, escuchar) si el “experto” ya había aprendido el significado que la palabra tiene en la narrativa de Miguel Delibes y en el ambiente rural. A continuación tecleo sus propias palabras:

Preguntado -entre risas- por el locutor-presentador por la palabra gazapear, el “experto” responde: “Muy buenas tardes queridos amigos. Gazapear es… buscar gazapos. Sabemos que gazapo es un… conejo pequeño… más chiquitines. Gazapear realmente lo podría hacer cualquiera, lo podría hacer desde el zorro que nos cuenta Miguel Delibes en Diario de un cazador, hasta mi abuela que en paz descanse. En este caso Miguel Delibes, en un libro que se llama “Diario de un cazador” nos dice que… “también vi un zorro manco gazapeando a un kilómetro”. Es decir, que al tener esa dificultad el zorro, de que es manco, lo que hace es gazapear, es decir… buscar gazapos”.

Y eso es todo. El programa siguió, el locutor encontró un nuevo concepto: “gazapear es buscar gazapos”. Lo soltó y supongo que… se quedó “más ancho que largo” sabiendo que hasta su abuela, ya fallecida, podía gazapear, o sea: buscar gazapos.

Ahora, por si acaso la emisora Es Radio CYL quiere contrastar con lo dicho por “su experto” para reafirmarse, o corregir, y emitirlo para sus oyentes, pasaremos a comunicarles lo que realmente, en la narrativa de Miguel Delibes y en el mundo agrario (en la academia lo ignoro), significa la palabra gazapear

Para dar a entender que alguien se mueve despacio, cautelosamente, tratando de no ser visto, parece que desde tiempo remoto se aceptó compararlo con la forma que tiene el gazapo -dada su vulnerabilidad- de deambular para defenderse de sus enemigos. Y creo que fue muy acertada la decisión porque, vamos a ver de qué astucia se vale el gazapo para que no se lo zampen (aunque no siempre lo consigue):

El gazapo –téngase por gazapo, también, la cría de la liebre, asimismo conocida como gazapo en este mundo rural- sabe, por su instinto de conservación (su inteligencia al fin y al cabo), que si se muestra, si se deja ver, el galgo, el zorro, el lince, el propio cazador… en fin sus numerosos enemigos, se lanzarán sobre él y se lo jalarán, porque sus patas aún no son tan ligeras y fuertes como para poder huir y ponerse a salvo. Entonces… ¿Qué hace? Pues moverse cautelosamente reptando, o lo que haga falta, y esconderse detrás de todo lo que se le ponga a mano, que es lo que hacía el zorro manco que Delibes vio, gazapeando, a un kilómetro. (Lo de un kilómetro es una exageración admitida en el mundo cinegético para indicar que está lejos del alcance de los perdigones).

Resumiendo, el gazapo se defiende con lo que puede defenderse: su astucia.

A partir de ahí ¿qué decimos de todo aquel ser –racional o irracional- que se mueve de la misma, o parecida manera, a como lo hace el gazapo? Pues decimos que gazapea (imita al gazapo) que es lo que hace la liebre –a veces- cuando se mueve de su cama y pretende no ser vista, etc. y es lo que hacía el zorro manco del libro “Diario de un cazador” de Miguel Delibes. El raposo sabe que si se deja ver, dado que sus patas no le permiten correr para ponerse a salvo, le va a “oler el culo a pólvora”. ¿Qué hace para intentar evitarlo? (esta vez no lo consiguió, porque Delibes lo vio), pues hace eso que queremos saber: GAZAPEAR, imitar al gazapo en sus desplazamientos, que es distinto a buscar gazapos que llevarse a la mesa para comer.

Indudablemente, al zorro –manco o no- le viene bien trincarse un gazapo tierno y sabroso, pero eso le ocurre al zorro manco del “Diario de un cazador” y al más ágil y lustroso de todos los zorros de cuatro, y de dos patas, que también los hay.

De manera que, gazapear: imitar los movimientos del gazapo para evitar ser visto o, como le ocurre al toro de lidia que gazapea (y no creo que busque gazapos) porque no tiene ganas de correr porque sabe que le dará igual, o simplemente porque es un “gazapón”.

Gazapear.- imitar los movimientos del gazapo que, valiéndose de su astucia, ¿inteligencia? trata de salvar su pellica.

Cómo los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya se habrán dado cuenta, el “experto” tiene en la emisora Es Radio CYL y en su programa Es el campo, un vocero más que lanza al aire su disparatada forma de entender la narrativa de Miguel Delibes y el lenguaje rural.

¡Ay Señor, Señor! el paleto contra el “intelectual” ¡que Dios me coja confesado!

Camporredondo, 18 de noviembre de 2016

PD. Y como creo que debéis saberlo, os lo digo: ahora mismo -para si quieren contrastarlo, o rebatirlo- envío este mismo escrito a la dirección del programa que puso en antena la interpretación que de la palabra “gazapear” hace el señor “experto” en la narrativa de Miguel Delibes y el “dialecto agrario”. Bien entendido que si no lo rebaten debo entender que quizás están haciendo un verdadero diccionario con ésta y otras palabras que ya han ido por delante.

He dicho.

lunes, 14 de noviembre de 2016

Ganchito

Acabo de escuchar en la radio la palabra ganchito en la narrativa de Miguel Delibes y, debo confesarlo: me he sentido un poco triste. No me siento triste porque Delibes use la palabra cada vez que se le presenta la ocasión, lo leí un montón de veces y… me quedé tan tranquilo. Pero hoy, cuando mientras lo escuchaba por radio miraba el campo a través de los cristales de mi salón, algo ha protestado dentro de mí. El cazador que escribe, que tantas muestras ha dado de estar siempre del lado del humilde, en este caso nos habla –a los humildes- desde la atalaya del cazador de muchas alas y pocos bofes (no los necesita).

Indudablemente, el ganchito ("ojeo a lo pobre") es como el aperitivo que precede al banquete (montería, gancho, batida para ricos). Desde la perspectiva que ahora mismo tengo delante –si pudiera- preguntaría al cazador que escribe: ¿el cazador humilde (los de mi pueblo, yo...) no tiene derecho a ilusionarse con la palabra ojeo? Veamos: dice el escritor… “basta una tropilla de media docena de chavales para patear el terreno como Dios les da a entender.” ¡Joder, querido y admirado escritor! Si una tropilla de seis chavales ojeando no es un ojeo,.. ¿podría decirme como llamamos al dado por un niño, muerto de miedo, al que su hermano le indicó la dirección a seguir -sin más referencias que dos pinos que destacaban sobre la espesura del monte- hasta encontrarse con el cazador? Pues yo se lo voy a decir: aquel "chaval", de no más de seis años, era este aporreador de teclas, y mi hermano Alfredo fue el cazador que en aquel “ganchito” aculó dos liebres y el que descubrió, al verme aparecer, que iba llorando de miedo. Y...¿saben todos los “cazadores” de escopeta repetidora y secretarios para cargar y recargar la escopeta del señor y recoger las piezas abatidas, cómo llamamos los cazadores de pueblo a estos humildes “ganchitos”? Pues sí señores, sí, a estos “ganchitos” nosotros los llamamos lisa y llanamente: OJEOS. Y es que, en el campo, ojear es espantar la caza para dirigirla al lugar que nos interesa y eso lo consigue uno u ochenta, sin otro límite que el espacio de terreno que queramos batir.

He dicho lo que siento y, por una vez, sin que sirva de precedente, no estoy de acuerdo con el escritor que caza: nosotros, los humildes cazadores de pueblo no conocíamos la palabra ganchito más allá del aperitivo que precede… bueno, tampoco, porque aperitivo tampoco teníamos antes de los gabrieles o las patatas viudas.

ganchito
1 m. Esp. Aperitivo ligero y crujiente, de forma alargada o de gancho, generalmente hecho con maíz o patata.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Lo demás, en el pueblo, son OJEOS.

Después de casi setenta años aun recuerdo el miedo que pasé en mi primer OJEO (ojeo de la pimpollada en la parte sur de la nava de arriba) en el Monte Arenas de Camporredondo.


Hasta aquí he intentado hablar del ojeo en mi ambiente: el ambiente de pueblo, con cazadores de pueblo. Para hablar del gancho, la batida, la montería… quizá hubiera que recordar al Nini: “yo de eso no entiendo, eso es inventado”. El gancho será gancho y su diminutivo será ganchito. Pero el ojeo siempre será ojeo: en el pueblo no tiene diminutivo.

Camporredondo, 19 de octubre de 2016


martes, 5 de julio de 2016

Pechiliebre 2

Decía yo en “La pizarra de Gaude” “En camisas de once varas:pechiliebre” de fecha 14-3-2014:

Porque es una de las palabras, creo, en trance de desaparecer.-o prácticamente desaparecida- y porque es una de las palabras que más veces oí usar como apelativo cariñoso, no puedo permitir que desaparezca, o se desvirtúe su significado, sin yo mover un dedo.

De todas maneras, ya queda recogida en el Diccionario de Camporredondo en esta misma pizarra.
Vean lo que dice el DCRNMD en su página 178 sobre…

Pechiliebre: Fanfarrón, chulo. (Investigación de campo) (Sic)

Quiero y debo decir, que no tengo nada que objetar si en otra zona distinta a la mía la palabra tiene otro significado. Lo que yo quiero que quede constancia es que aquí, el significado que siempre tuvo fue:

Pechiliebre o pecholiebre que tanto monta.- Se dice de la persona enclenque, débil, estrecho de pecho. Se aplicaba en plan cariñoso al niño poco desarrollado pero que ya quería empezar a hacerse notar. “¡Mira lo que ha dicho, o hecho, el pecholiebre”! o también “¡Anda pecholiebre!”


Por ser palabra incluida en las mejoradas en el diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes editado por ediciones Cinca, que, además, formó parte del mismo diccionario editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y en Cátedra Miguel Delibes, he creído interesante ofrecer las dos lecturas.

Ésta es la primera:

Pechiliebre
LGNA p. 140
Que un servidor, ya usted lo habrá advertido, siempre ha sido un poco
 pechiliebre,
Pechiliebre:
Fanfarrón, chulo. (Investigación de campo)

A continuación la actual:

pechiliebre
LGNA P.140
Que un servidor, ya usted lo habrá advertido, siempre ha sido un poco pechiliebre,
Pechiliebre: Fanfarrón, chulo. Las liebres tienen el pecho más erguido que los conejos. (Investigación de campo)

A partir de la lectura que hacemos podemos observar que su (investigación de campo) le ha llevado, al autor, a la misma conclusión: Pechiliebre: Fanfarrón, chulo. (Investigación de campo)

Para el que no haya leído “Las guerras de nuestros antepasados,” de Miguel Delibes, yo le invito a que lo haga, merece la pena la obra y, además, podrá juzgar si Pacífico Pérez es un “chulo y fanfarrón” o nada más lejos de este calificativo que le asigna el autor de los “diccionarios”.

Y como ahora estamos hablando de la palabra “pechiliebre” dejemos para mejor ocasión si los conejos tienen el pecho menos o más erguido que las libres. ¿Tiene algo que ver comparar el pecho del conejo y la liebre con que Pacífico Pérez sea más o menos fanfarrón y chulo?

Opinión de este, inexperto, tecleador: Pacífico Pérez es la antítesis del hombre fanfarrón y chulo, además de tener el pecho un poco aquillado, eso parece desprenderse de (…) Que un servidor siempre ha sido un poco pechiliebre, o sea, la espina me arma tal que así, entre las tetillas, como una punta, ¿no?, (…).

De todo lo dicho, una cosa debe quedar clara: la liebre no tiene un pecho como para que el pechiliebre, o pecho liebre, pueda presumir de fanfarrón y chulo.

He dicho en:

Camporredondo a 26 de octubre de 2015.


PD. De todas maneras lea usted “Las guerras de nuestros antepasados” (merece ser leída, eso creo) y saque sus propias conclusiones.

martes, 3 de noviembre de 2015

El matacán de los majuelos de La Gamarra

Desde que comentáramos la entrada “Enmagrecer” (10-5-2014), donde hicimos mención a “El matacán del majuelo” (“Viejas historias de Castilla la vieja” de Miguel Delibes"), no he dejado de pensar en los puntos coincidentes en los dos casos: el narrado por Delibes y el acaecido en Camporredondo allá por los años 30 ó 40 del siglo XX.

Ha sido esta noche –al llegar a cierta edad dicen que se duerme menos- que, en mí duermevela, ha vuelto la liebre a correr por los majuelos del camino Entrecarreras y las laderas de La Gamarra en dirección al Hoyo Simón y al Monte Arenas: su perdedero natural.

Comparando “El matacán del majuelo”, “Viejas historias de Castilla la vieja” de Delibes, con el matacán de las viñas y las laderas de la Gamarra de Camporredondo, mi pueblo, veo que son dos gotas salidas por la misma espita. Vean si no:

Fue aquella noche, otra más, en que al margen de la partida de cartas para dirimir quién pagaba la envuelta (botella, con caña de paja) de vino tinto con gaseosa, más los cacagüeses (cacahuetes) se entabló la tertulia (afortunadamente no había televisión) que solía seguir a la partida. Félix García, entre risas y rascadas de la calva bajo la boina capona, tomó de nuevo la iniciativa para revivir la historia del matacán de los majuelos de La Gamarra y La Cal.

Mi jovencísima azotea (no más de seis años) que, en aquel tiempo, se mantenía despejada y ávida de almacenajes, estaba atenta a cada detalle del curioso caso del matacán de los majuelos del camino Entrecarreras y La Gamarra.

Félix no contaba nada que los demás no supieran, pero cada uno iba añadiendo anécdotas sobre las peripecias persiguiendo a la liebre que tomaba el pelo a todos los galgos y galgueros habidos y por haber.

Después de tomar el pelo a todos los galgos del pueblo, al matacán de Camporredondo no le asustaba volver al sitio de costumbre. Todo podía ser otra carrera más. Hasta me atrevería a afirmar que para la liebre era como un juego en el que siempre llevaba los mejores triunfos, o casi todos ellos.

El caso del matacán fue tomado como un reto entre la liebre y los galgueros del pueblo.

Bonifacio Alonso, en adelante tio (tio, sin acento ortográfico) Alonso que era como se le conocía, tenía el mejor galgo que jamás se hubiera conocido -eso decían- en todo el contorno.

El tio Alonso, además de ser guarda del campo, era el más experto cepero y lacero. Allá donde colocara su trampa no fallaba, ya fuera el cepo o el lazo.

Decía que los galgueros del pueblo, dado que el matacán parecía mofarse de sus perros, recurrieron al tio Alonso para acabar, de una vez por todas, aquel reto que no podían tolerar por más tiempo. Acordaron ver correr al mejor galgo conocido detrás de la liebre más fuerte y astuta que jamás pateó el término de Camporredondo.

Así fijaron el día y la hora del lance. Como la liebre se lo tomaba a chufla, sabían que ella no fallaba… y no falló: allí estaba. Levantado el matacán, el galgo, entre las cepas, se lanzó tras de la liebre y, si bien al principio creyeron que la daría alcance -llegó a estar a dos palmos del rabo- cuando le liebre puso sus cuatro patas en la ladera, el galgo y los galgueros, otra vez más, se quedaron con dos palmos de narices. Se buscaron mil excusas: que si el galgo estaba frío… que si tenía las patas aspeadas… lo cierto es que repitieron la intentona y la liebre también la repitió: no había forma de darle caza.

Programaron un tercer y tramposo lance. Esta vez serían los galgos y dos escopetas las que se encargarían de lavar aquella afrenta.

Una de las escopetas se situó en el cerro de las laderas de La Gamarra y la otra entre los pimpollos del perdedero natural. Pero la liebre, además de tener unas patas dignas del mejor atleta leporino, también debía de tener vista de lince. Total que al primer escopetero le guipó y como su problema no era recorrer unos metros más o menos, dio un pequeño rodeo dejando al cazador “a verlas venir”, mejor dicho: a verla ir. La liebre enfiló hacia el Hoyo Simón y desde allí al perdedero natural en El Monte Arenas. El animal no pudo ver lo que había tras aquel pimpollo y fue allí, cuando ya pisaba su terreno más seguro, cuando asomaron los caños de la paralela y con dos disparos se acabó el mito: allí quedó sellada la historia del matacán de los majuelos del camino Entrecarreras al que sólo con trampas pudieron derrotar.

No puedo decir donde se guisó y comió: no me acuerdo. Lo que si os puedo asegurar es que la liebre se comió (¡no faltaría más!) por mucho que supiera a bravío; con arroz o alubias seguro que fue un banquete para sus cazadores.

Diferencias -si hay alguna- entre “El matacán del majuelo” de Miguel Delibes Y el matacán de los majuelos del camino Entrecarreras de Camporredondo:

El majuelo no era el del tío Saturio. Los majuelos eran de varios dueños en el pago llamado La Gamarra, al norte del pueblo, en el espacio que hay entre la cañada de Carramambres, el camino de La Parrilla y el camino Entrecarreras.

El matacán es una liebre muy baqueteada, corrida muchas veces, grande y fuerte: muy difícil para los galgos. Ya hemos dicho que la liebre no encamaba en el majuelo del tío Saturio, sino en los majuelos de varios dueños. No subía por el Otero del Cristo, sino por las laderas de La Gamarra. El perdedero natural de la liebre era el Monte Arenas, monte lindante con el Hoyo Simón, que, por comparación, podíamos decir que fuera la vaguada de la que nos habla Delibes. ¿Los nombres de los escopeteros? lo siento: no me acuerdo. Aunque sí dijeron el nombre del matador. El nombre de los galgos tampoco me acuerdo. Pero puedo asegurar que ninguno era del Ponciano. Ponciano era taxista en Valladolid por aquellos años y no sé que nunca fuera galguero ni cazador. Sí pudo saber la historia (incluso pudo haber participado como espectador) del matacán del los majuelos del camino Entrecarreras. La historia fue muy comentada por todo el contorno y él venía por el pueblo con cierta regularidad.

Ya hemos dicho que el galgo era del tio Alonso, a su vez guarda del campo, lacero y cepero donde los haya, y no el lebrel de Arabia de don Benjamín. Los galgueros y simpatizantes no corrían en el caballo inglés llamado Hunter, la gente se limitó a contemplar la carrera desde el camino Entrecarreras o sus proximidades.

Desconozco si el caso llegó hasta el púlpito, si os puedo decir que el matacán llegó a estar considerado como caso por encima de lo normal (no me atrevo a decir sobrenatural).

Y nada más. Puedo dar, y doy, los nombres habituales de los participantes en la tertulia en la que, entre otras tantas anécdotas y curiosidades, comentaron sobre la superliebre: el matacán de los majuelos de La Gamarra. Ahí van los nombres:

Moderador Félix García como ponente del caso. Tertulianos: Severiano Sastre, Dalmacio Busto, Maximiliano Noriega, Rufino Busto, Germán Matesanz (hermano de Ponciano) y Gaudencio Busto como dueño de la cantina. Sé que eran más pero para serle fiel al caso debo decir que no me acuerdo, han pasado casi 70 años y la grabación debe estar muy al fondo del disco duro que lo soporta.

Quede para el recuerdo el matacán de los majuelos de La Gamarra, así como los propios majuelos desaparecidos en los años 50 y 60 del siglo XX por su baja rentabilidad. De ellos quedan poco más que los recuerdos: quedan algunas cepas viejas y abandonadas de tiempos de miseria, pero tiempos en los que los habitantes del pueblo comentaban sus cosas en tertulias de cantina, en solanas, o en las noches serenas del estío castellano. Tertulias que se formaban en las puertas de las casas. No tengo que decir que en aquellos años no había en el pueblo ni un solo aparato de radio y la televisión era un objetivo a muy largo plazo.

La tecnología (fotografía) nos permite aproximarnos a la realidad física del entorno en el que transcurrió la historia del matacán de los majuelos de La Gamarra al norte de Camporredondo y a pocos cientos de metros del pueblo.

Sólo añadir que el número de majuelos en aquel tiempo era considerablemente superior al que muestra la fotografía. El llamado progreso fue acabando con los majuelos y las bodegas en las que se conservaba su fruto.


Camporredondo, 24 de julio de 2015.

jueves, 17 de septiembre de 2015

Encaderada 2

Dice el “experto” en la página 65 del librito titulado “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” de ediciones Cinca:

encaderada
ELCM p. 149
El Barbas distingue inmediatamente la liebre herida de riñones, de la liebre encaderada. La primera muere, la segunda no.

Seguidamente nos da su definición (la del “experto”):

Encaderada (la liebre): Coja por tener la cadera rota. Si la liebre está siendo perseguida, seguirá corriendo aunque esté encaderada. (Investigación de campo)

En la entrada de fecha 16-3-2014 dejé mi protesta sobre el trato dado al lenguaje rural y a la obra de Delibes. Decía yo entonces, y repito ahora: Delibes no pudo decir, y nunca dijo, que la liebre herida en la cadera estaba encaderada.

No sé si en alguna otra entrada lo he repetido: si la liebre está herida en la cadera (tiene rota la cadera) siempre estará escaderada, o descaderada, como usted quiera. Esto es así porque encaderada ya estaba (se supone que tenía cadera) por eso corría que se las pelaba.

Parece que, una vez más, debemos recurrir, y recurrimos, a “El libro de la caza menor”. Esta vez, sobre la página 527, Obra completa, ediciones Destino, primera edición mayo de 1966, es donde encontramos lo que ahora transcribimos:

“… irremediable. Asimismo, el Barbas distingue inmediatamente la liebre herido de riñones, de la liebre escaderada; la primera muere; la segunda, no. Tales observaciones son valederas para todo el pelo: conejo, zorro  o garduño. (…)”

Después de esto creo que queda claro lo que Delibes escribió. Pero, digo yo: si por error de imprenta, o cualquier otra circunstancia, se hubiera colado la palabra encaderada, para referirse a la liebre herida en la cadera, ¿no hubiera sido suficiente motivo para que un doctor cum laude en ciencias de la información averiguara dónde estaba el error? Porque, indudablemente, error habría, ya que descaderar -escaderar decimos en el pueblo, por eso lo usa Delibes- el diccionario de la Real Academia (DRAE) nos dice:

descaderar.
1. tr. Hacer a alguien daño grave en las caderas. U. t. c. prnl.

Y como creo que no debo seguir, no sigo. Tengo la esperanza puesta en que algún día, lo que este paleto dice, será leído por algún docto en la materia y quizás, entonces, quiera sacarme los colores por mis muchos errores. Eso sería porque los libritos llamados diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes hacían justicia al mundo rural. Yo, de momento, siento pena por el trato que allí se da, tanto al lenguaje rural como a la obra de Miguel Delibes. ¡He dicho!


Camporredondo, 7 de septiembre de 2015