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lunes, 7 de diciembre de 2015

La mujer de mi pueblo es...

UNA MUJER SERENA

Frente a mí, una mujer reflejada en el espejo,
me mira y sonríe,
sí, sí, yo lo sé, susurro:
mi piel es un mapa geográfico,
mis ojos cercados en diminutos pliegos,
el pelo ahora teñido luce un color que no es el suyo.
Sé mirar mi cuerpo, sólo una mofa del cuerpo juvenil
de antaño.
Cuando alguien me habla ha de hacerlo fuerte,
y a la tele encendida le subo el volumen.
Necesito gafas de doble graduación
y mis movimientos son un poco más lentos,
bueno, a veces, mucho.
Estoy ya anclada en eso que llaman la tercera edad
pero a esa mujer del espejo
le digo en alta voz,
que quiero seguir viviendo,
recorrer con orgullo el camino que aun me falta por
andar.
Quiero continuarme en cada acto,
sorprenderme ante lo desconocido,
¡Aún hay tanta vida por vivir!
Tengo la sonrisa llena,
la mirada fuerte y fresca,
En mi memoria celosa guardo los momentos
amargos y tristes. Los alegres los llevo puestos.
No renuncio a nada de lo que viví,
pues es mi historia
y me descubre mis secretos y mis sueños.
Hoy descubro una palabra, un gesto, una sonrisa.
Respiro,
y en mis dedos la vida surge mágica y veloz.
No me siento joven,
pero me gusta mi rincón,
me gusta la ilusión que pongo en lo que miro,
la tranquilidad de saber
que cada puerta que cierro
es una menos para abrir, pero no importa,
cuando la abro, aun descubro
un ligero temblor en mis manos.
Y cuando no haya más puertas que abrir
llevaré el recuerdo del amado,
el legado de mis hijos y sus hijos,
de todo lo sentido, de todo lo vivido.
Y podré gritar
con alegría, que a pesar de los pesares,
siempre he vivido.

Eutiquia Sanz
Aula de Camporredondo

La serenidad no es estar a salvo de la tormenta, sino encontrar la paz en medio de ella”.

Thomas de Kempis

lunes, 16 de febrero de 2015

La muñeca


Con esta entrada –que dedico a todos los seguidores de “La pizarra de Gaude”- quiero rendir homenaje a las compañías de comediantes que, de pueblo en pueblo, paseaban su miseria emocionando y entreteniendo a la población rural. Ellos nos dejaban su arte y nosotros, haciendo un tremendo esfuerzo, nos gastábamos una peseta y con ello ayudábamos a mitigar el hambre a aquellas familias de artistas frustrados que paseaban su arte por las polvorientas carreteras de Castilla.

Quizás tuviera yo seis años (años 1940) cuando la compañía de “Cásper Ledesma” llegó a mi pueblo. Hizo su representación (dos días). No me acuerdo de la obra representada, (pudo ser “La malquerida”, “Terra Baixa”, “El Idiota”,”Marianela” o cualquier otra del amplio repertorio del teatro clásico con el que nos deleitaban). Pero sí recuerdo la poesía que un actor, -quizá el más joven- recitó para nosotros. Fue tal la emoción que sentí que me la aprendí de memoria (entonces mi disco duro estaba virgen y almacenaba todo lo que le echaban).

Pasaron los años y, cuando hace pocos comencé a teclear este artilugio, quise saber si en internet se diría algo del poema y la encontré. Por eso sé que esta preciosa poesía es de Vital Aza. No tengo ningún mérito en ello pero si quiero, como decía al principio, rendir un homenaje a aquellas familias que, careciendo de mejores escenarios, se acercaban hasta nuestros pueblos dejándonos lo mejor de su repertorio.

“Hoy echan comedias” se decía, y a la hora convenida cogíamos la silla y la peseta y allá nos presentábamos a ver las comedias.


Para los que no la hayáis leído aquí tenéis…

Lejos queda –afortunadamente- la imagen del niño pordiosero suplicando de puerta en puerta una limosna hasta lograr un trozo de pan con el que llenar su estómago. La posada la tenía asegurada: millones de lámparas “led” velaban sus sueños allá, a millones de kilómetros.
Camporredondo, 11-2-2015



Cuna y muñeca. (año 1931)
Muñeca y carretón (1931 y 1923)

La muñeca y el hogar




Muñeca comentando el expositor

miércoles, 11 de febrero de 2015

¿Dónde está el necio? ¿quién es el necio?

Aún teniendo algunas discrepancias con el autor del poema, siento la necesidad de enviarle un abrazo allá donde se encuentre el “niño de la Pizarra”.

El niño de la pizarra me contó como un día acudió a un taller para personas mayores -él quería ganarle al tiempo lo que otros le habían robado a él-.

En aquel taller de escritura -muy bien dirigido según me cuentan- un día pidió el profesor a sus alumnos que hicieran un escrito (poco importa ahora el tema elegido). Seguramente porque algo debería transmitir su autor, el trabajo fue expuesto en sitio que todos pudieran ver y analizar.

Estando en clase, el autor del trabajo (niño de la pizarra) escuchó lo que un verdadero necio preguntaba: “¿qué necio habrá escrito esto? no dejarán expuesto ese trabajo ¿no?, sería una vergüenza, ¡está lleno de faltas de ortografía!

Foto tomada el año 1948  (primer curso)
El autor sintió rabia, pero no dijo nada, consintió que aquel gusano siguiera royendo sus entrañas hasta que un día quiso contarle al viento sus penas, quizás con el ánimo de que algún día llegara hasta el, seguramente necio que se creyó príncipe de las letras, que no se paró a preguntar quién era el autor de aquel trabajo que quizá no entendía.

Fruto de aquel desencanto nació este sencillo –o no tanto- poema en el que Félix Sanz Toral narra lo que muchos niños tuvieron que hacer para subsistir en tiempos muy difíciles que los verdaderos necios no son capaces de entender:




LOS NIÑOS DE LA PIZARRA


Los niños que escupían
en la pizarra
son los niños a quien la guerra
robó su infancia.
Aprendieron a leer y escribir
con muchas faltas
el trabajo curtió sus cuerpos
y el sol sus almas.
En los días de invierno
van a la escuela
después la abandonan
en primavera.
Sus débiles cuerpos
trabajaron la tierra
para que hoy otros tengan
confort y riqueza
El alma en silencio
se queja de rabia
al ver a insensatos 
que necios les llaman.
Sin reparar cuales fueron 
sus circunstancias
sin valorar la sangre con que marcaron el camino
por el que otros avanzan.
Yo vi a los niños 
de la pizarra
escribir sus poemas 
en la tierra mojada
Y vi al viento ladronzuelo 
que los borraba
llevándose en su seno
los que más le gustaban.
Pasaron los años y al viento 
no le sirven de nada
y busca a sus dueños 
y se los regala.
A los niños les parecen sueños
sueños de hadas
mas son los poemas que un día escribieran 
en la tierra mojada
En la escuela de invierno se cuela el viento
por la ventana
para ver a sus niños de ayer
con arrugas y canas.
Con cariño les dice quiero que volváis
A vuestra infancia
os entrego vuestros poemas
a mi no me sirven de nada.
Yo vuestros versos cantaré 
dondequiera que vaya
fuisteis sembradores de amor
al venir el alba.
Otros en la oscuridad siembran 
odio y cizaña
ojalá su simiente entre abrojos 
y pedregales caiga.


Félix Sanz Toral:
Otro de tantos niños de la pizarra que, a ratos, pudieron acudir a la Escuela Nacional.

Un día en que yo animaba a Félix a que escribiera más, se prodigara más, (es lo que él quería) me dijo algo que me llegó al alma: “Gaude, no escribo porque pongo muchas faltas de ortografía”.

Aquello me llegó a lo más hondo de mi ser y reaccioné diciendo: Félix, si después de lo que ha llovido sobre nuestras espaldas, más sobre las tuyas (1935), tampoco se nos permite poner faltas de ortografía que alguien pare esto porque yo quiero apearme.

Conocí, corrí y jugué con muchos niños de la pizarra, entre ellos verdaderos catedráticos, aunque les faltara el título.

Camporredondo, 8 de febrero de 2015


PD. Nota aclaratoria para el erudito al que tanto molestaban las faltas de ortografía: los niños de aquel tiempo escupían en la pizarra para borrar lo escrito y secarlo después con un trozo de almohadilla que las madres preparaban y después poder seguir escribiendo con el pizarrín sobre la misma pizarra. El papel, señor erudito, escaseaba y quedaba fuera del alcance de LOS NIÑOS DE LA PIZARRA.