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sábado, 28 de enero de 2017

De herradas y herradones

Herrada, izquierda, y herradón. Se aprecia que son dos recipientes distintos

Amigo Piscator: si “una imagen vale más que mil palabras”, aquí tienes la imagen de la herrada y el herradón en Camporredondo. Así son y así las conocí siempre. La herrada siempre de cinc. Dudo que, en otro tiempo, haya habido herradas, ni herradones -nunca los vi-, de latón (aleación de cobre y cinc). Por aquí las herradas eran, y son, de zinc y los herradones de los “alfares bíblicos” de los que habla Delibes en “Castilla habla”, siempre de barro cocido. Tal vez en tiempos remotos las herradas fueran de madera reforzadas con aros de metal y de ahí le venga el nombre de herrada: “recipiente de madera reforzado con aros de hierro“ pero este cura –entrado ya en años- no lo sabe.

En cuanto a los tamaños de herradas y herradones, las había de toda capacidad. El consumidor nunca tuvo problemas para elegir lo que mejor se adaptara a sus necesidades.

Respecto del uso que le da el diccionario, podemos pensar que una pieza con esta forma sirve lo mismo para transportar leche que para sacar agua del pozo. Además, para ambas cosas se usaba. De forma que el herradón nunca es el aumentativo de herrada (así como collerón no es aumentativo de collera) sino que son dos útiles perfectamente diferenciados, aunque a los dos se les den usos similares.

En cuanto al cubo o la herrada, es curioso como se decía “coge le herrada y sacas un cubo de agua del pozo”, por lo que es fácil deducir que el cubo y la herrada son la misma cosa. Así fue y así es aquí y ahora.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por un pueblo a 30 kilómetros de Camporredondo, incluimos foto de otro recipiente que tampoco debe estar muy claro para lo que se usaba: el balde. Observamos que del mismo material, zinc, se fabricaban el balde y la herrada.

Baldes en el corral. Como la herrada: son de cinc.


Camporredondo, 28 de enero de 2017









lunes, 23 de enero de 2017

A vueltas con el herradón

Óscar  -seguidor y comentarista de “La pizarra de Gaude”- en reciente comentario, me animaba –aun a riesgo de que me llamen pesado- a seguir defendiendo el lenguaje rural. Pues bien, dígole a Óscar: no te preocupes, que este paleto no se rinde ante "expertos", ni sus "voceros" afines.

No me canso de repetir -a los seguidores de “La pizarra de Gaude”- que el experto en la narrativa de Miguel Delibes no ha leído la obra del escritor (quizá ahora vaya leyendo). Una muestra más de ello es lo que intentaré teclear a continuación.

De nuevo transcribo lo que apareció en los mal llamados “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” y en “Cátedra Miguel Delibes”

Herradón
CH p. 120
(...) los
herradones que ha encargado una clienta.
Herradón:
n.m. Cubo grande de metal de uso exclusivo para el ordeño. 2. n.m. Garrafa grande de hierro galvanizado en que se vierte la leche ordeñada. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Herradón:
Cubo grande de latón o zinc que dobla en tamaño a la herrada. Se empleaba para ordeñar a las ovejas. Consta de asa y de un saliente en su parte superior para sacar la leche sin dificultad. Es más ancho en la parte inferior con el objeto de que no lo vuelquen las ovejas al ordeñarlas. (Investigación de campo)

Y a continuación lo emitido en “Es Radio CYL” programa “Es el campo” “Dialecto agrario”, el miércoles 18 de enero de 2017 en la voz de su autor.

De nuevo la presentadora pregunta a los invitados que -como suele ocurrir- no conocen la palabra. Entonces la presentadora recurre al “experto” señor Urdiales: ¿qué significa la palabra herradón?, Cuéntanos. El experto responde:

“Muy buenas tardes. Hoy me gusta muchísimo la palabra que traigo que es la de herradón. Un herradón es un… recipiente. Un recipiente, es un cubo grande de metal en principio de uso exclusivo para el ordeño, en principio. Luego es curioso como Miguel Delibes lo emplea en un libro que se llama Castilla habla y… bueno alguien le estaba comentando a Miguel Delibes, -habla de los herradones que ha encargado una clienta para poner flores- aunque la verdad, dice el que está hablando, es que estos chismes se siguen vendiendo para ordeñar. Realmente era su función original y para lo que la gente en general los empleaba. A día de hoy, pues claro, ya siglo XXI, segunda década del siglo XXI, se pueden comprar herradones para poner lo que uno quiera: flores u otra serie de cosas. Pero, originalmente -la gente mayor sí que lo recuerda- un herradón es un cubo grande de latón o de cinc que, en principio, dobla en tamaño a la herrada, que también es otro de los aperos conocidos. Y es verdad que se empleaba para eso, para ordeñar las ovejas. Claro, constaba de un asa y un saliente en su parte superior para poder sacar la leche sin dificultad. Una vez que ya tiene leche suficiente… para derramarla, o lo que quisiera, pues tiene ese saliente. Muy importante: el herradón es más ancho en la parte inferior que en la superior ¿para qué? con objeto de que cuando el pastor ordeña las ovejas si la oveja da una patada o… mueve de alguna manera el herradón… el herradón, en general no caiga, puesto que es más ancho en la parte de abajo. De manera que se mantiene mucho mejor y bueno… es una manera de salvar la leche que uno está ordeñando ¿no? Así que herradón es el cubo grande que es más ancho por abajo y que se empleaba básicamente para ordeñar a las ovejas”.

De momento diremos que Delibes escribió "Castilla habla" hace 30 años (1986) y no en la segunda década del siglo XXI. ¿La gente sigue comprando herradones para poner flores?

En entradas anteriores referidas al mismo tema, u otros, yo sostengo que el autor de los desaguisados no había leído al escritor. Sin embargo ahora (hoy) no lo tengo tan claro porque, a ver: ¿no sabe el señor Urdiales que el que habla con Delibes es el alfarero (cacharrero entre nosotros) Conceso Gómez? Desde luego si a estas alturas no lo sabe, es que ahora tampoco ha leído “Castilla habla”, en cuyo capítulo XX. “Alfares bíblicos” Delibes pega la hebra con los hermanos -alfareros ellos- Conceso y Alberto Gómez San José.

Pero lo que yo opino (malpensado que es uno) es que el experto necesita deshacerse de la palabra alfarero y alfarería para seguir sosteniendo que los herradones son/eran de latón o cinc, materiales que no son los más adecuados para el trabajo en el taller de alfarería de los hermanos Gómez San José en Arrabal de Portillo. O sea que el experto tiene dos opciones: eliminar a los alfareros, y su alfarería, y seguir con los herradones metálicos, o aceptar que nunca tuvo ni idea de lo que era un herradón. Parece que ha optado por eliminar la palabra alfarero y seguir manteniendo los herradones metálicos que no son los herradones en la narrativa de Delibes.

De manera que le dejo dos preguntas -de momento- al señor Urdiales: ¿usted no se dio cuenta de que la conversación que Delibes sostiene con los hermanos Conceso y Alberto transcurría en Arrabal de Portillo y, además, que ésta se llevaba a cabo dentro de un taller de alfarería? Y si se dio cuenta… ¿no sabe usted que en las alfarerías de Arrabal de Portillo sólo se trabajaba el barro?

Y seguimos. Si el lector no es tonto -que no lo es- se ha dado cuenta que el autor de la entrevista radiofónica (“experto” en Delibes) para salir del paso se ha cepillado a los hermanos alfareros y los ha sustituido por “alguien le estaba comentando a Miguel Delibes,” “(…) aunque la verdad, dice el que está hablando…”. Queda suficientemente claro que el que comentaba y hablaba con Delibes era el alfarero Conceso Gómez, pero el señor Urdiales no está interesado en descubrirlo.

Paso a paso el herradón del señor Urdiales, y el herradón en la narrativa de Miguel Delibes:

Dice Urdiales.- “… es un cubo grande de metal…” Pues no, no es cierto: los de Miguel Delibes son de barro cocido y, además, vidriados por dentro para mayor higiene. Elaboran el barro y confeccionan los herradones los hermanos, alfareros, Alberto y Conceso.

Sigue el “experto”.-“… en principio, de uso exclusivo para el ordeño…” Pues no, en principio no, el herradón fue inventado para el ordeño y así se usó desde tiempo inmemorial. Uno es libre, después, para usarlo como jarro para el agua o el vino. (El trillo se inventó para trillar, aunque a alguien le parezca muy adecuado como mesa de comedor: no es mi caso).

Sigue adelante.- “… un herradón es un cubo grande de latón o de cinc…” Pues tampoco: en la narrativa de Miguel Delibes no son de aleación de cobre y cinc (latón) ni de cinc. Demostrado: son de barro cocido.

Vamos más allá.- “dobla en tamaño a la herrada…”. No, no, en casa –y en muchas casas de Camporredondo- los hubo de unos dos a tres litros (para ordeñar a la cabra) y eran herradones… bueno, a veces, sobre todo si en la casa no los había más grandes, los llamábamos herradoncillos.

Otro pasito.-”…constaba de un asa…” No, no y no, eso sería una herrada: el herradón tenía dos asas… siempre. Era condición indispensable para facilitar su manejo. Si el "experto" hubiera ordeñado con el herradón se habría dado cuenta de lo útil de las dos asas.

Vamos con el último.- “… el herradón es más ancho en su parte inferior…” naturalmente, para darle mayor estabilidad; así como en su parte superior es más estrecho para evitar que la leche salpique al ordeñador y/o se caiga al suelo.

Y así, como dicen que “una imagen vale más que mil palabras”, ahí va el herradón que los hermanos Conceso y Alberto confeccionaban en su taller alfarero de Arrabal de Portillo. Allí, sí, allí donde Delibes conversa sobre herradones y otros cacharros de alfarería. Quiero hacer constar que con el mayor de los herradones de la foto este aporreador de teclas ordeñaba a sus ovejas.

Herradones (dos de ellos mancos) al lado del entremijo/prensa familiar.
Aquí os presento tres tamaños de herradón (dos con un asa rota). Hay alguno más, y falta el más pequeño que no hemos llegado a tiempo para su salvación. ¡Qué le vamos a hacer!

¡Ah! Una pequeña advertencia que los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya se han dado cuenta: la parte interior del herradón esta vidriada. El motivo no es otro que para facilitar su limpieza para mejor higiene.

XX. Alfares bíblicos. Este es el capítulo y título de la obra de Miguel Delibes “Castilla habla” en su página 119. No tengo que decir que si alguno de vosotros está interesado en conocer, mínimamente, el oficio de cacharrero (alfarero) por estas tierras nuestras y, por ende, de Delibes, no tiene más que darse un garbeo por las cuatro páginas y media en las que el escritor nos narra con toda claridad lo que este digno oficio fue en tiempos remotos, o no tanto.

Después de que lo hayáis leído no os quedará ninguna duda de que lo que fabricaban los hermanos Alberto y Conceso Gómez San José, en su taller de alfarería en Arrabal de Portillo, era toda clase de cacharros de barro cocido que después vendían por todas partes, principalmente por estos pueblos de Dios. Así como también queda claro que el señor Urdiales no conoce la palabra herradón en la narrativa de Miguel Delibes.

Herradones bajo el entremijo en el que doña Josefa, mi madre, hacía el queso

Y una nota para el señor Urdiales:

Mire usted, quizás este -su amigo- no sepa si herradón se escribe con “H” o sin ella; pero en cuanto a si eran de barro o de latón los que fabricaban los hermanos Conceso y Alberto en Arrabal de Portillo no le diré más que con dos de la fotografía -que mi madre compró directamente a los cacharreros, (alfareros)- me tocó ordeñar algunas ovejas desde que me salieron los dientes. Los corderos berreaban en el corral y yo –al nacer- lo hacía separado por una sencilla ventana. Lea usted a Delibes.


Camporredondo 20 de enero de 2017.

martes, 1 de marzo de 2016

El cuartillo

¿Cuartillo?

Esta vez, querido seguidor de “La pizarra de Gaude”, no comentaremos una palabra. Esta vez dirigiremos el tiro -quizá por aquello de que una imagen vale más que mil palabras- hacia una fotografía.

Por el mismo motivo tampoco nos dirigiremos al “experto” en la narrativa de Miguel Delibes, sino que lo haremos hacia el "profesor", por aquello de que en sus manos está la formación cultural de futuras generaciones. Vamos allá:
La Castilla rural de Delibes en imágenes actuales: cuartillo de leche.

En la Castilla rural de Delibes esta imagen se interpreta correc-
tamente: 1/4 =250 ml. 1/2= 500 ml. La no rotulada se supone
que es el litro.


Y bien: aquí tenéis la imagen. Como no las tenemos físicamente delante, los cálculos debemos de hacerlos "a ojo de buen cubero", y este "ojo" nos dice que la medida rotulada como “cuartillo para leche”, es más pequeña que la rotulada como “medio litro leche”. ¿Es cierto? Bueno pues, si el ojo no nos engaña, sigamos:

En principio digamos que si en vez de leche fuera agua la capacidad de las medidas sería la misma. Pero esto no tiene mayor importancia.

Lo que si empieza a tener importancia es que el cuartillo y el cuarto de litro no se deben mezclar: el cuarto de litro (250 ml) es referido al sistema métrico decimal y el cuartillo (504 ml) es una medida anterior. Por tanto: si hablamos de cuartillo nos estamos refiriendo a la cuarta parte de la azumbre, que nada tiene que ver con las medidas de capacidad actuales.

Llegó un momento en que todas las medidas antiguas hubo que adaptarlas al nuevo sistema de pesas y medidas (mucho más práctico) y el cuartillo (cuarta parte de la azumbre) se le asignó, por aproximación al nuevo sistema, una capacidad, igual o aproximada, a 504 ml. (504 mililitros).

¿Qué ocurrió con la llegada del nuevo sistema de capacidad para líquidos? Pues que el cuartillo desapareció pasando a usarse, en su lugar, el ½ litro.

Y ya vamos sobre la foto: "a ojo de buen cubero" no podemos decir (yo no me atrevo a decirlo) la capacidad de las medidas; pero sí vemos, sin lugar a dudas, que la rotulada como “cuartillo para leche” es mucho más pequeña que la rotulada como “medio litro leche”. Sin embargo, el ½ litro es igual a 500 mililitros y el cuartillo es igual, o aproximado, a 504 mililitros ¿curioso no?

Resumiendo: si usamos el raciocinio sobre lo que vemos en la foto, lo más lógico es que el llamado “cuartillo para leche” sea el cuarto de litro (pero no es cuartillo). El rotulado como “medio litro leche” sea efectivamente ½ litro y el que carece de rotulación sea el litro.

Si esto que acabo de intentar razonar no es válido, habrá que buscarle un razonamiento para que nuestros alumnos sepan lo que fue el cuartillo. Se trata de culturilla que, yo creo, merece un respeto.

¿El señor profesor tomará nota?

Y no quiero terminar sin decir que en casa de mis padres (también en casa de mis abuelos), cuando el cliente acudía a por la leche, la medida usada era el cuartillo (cuarta parte de la azumbre). Por eso no era necesario llenar la medida a rebosar porque, aunque el cliente pedía un cuartillo, lo que estaba pidiendo en realidad era 1/2 litro de leche que era lo que, religiosamente, pagaba. "A razón de catorce siete la media".

He intentado razonarlo en…



Camporredondo, 26 de febrero de 2016

sábado, 13 de febrero de 2016

Collarón o collera.

La collera vista desde el Paseo de la Castellana

Jorge Urdiales Yuste
La Castilla rural de Delibes en imágenes actuales: collarón.



Así, con imágenes (mejor si son actuales), nos aclaramos mucho mejor. Si es que no hay como intitularnos “expertos” para conseguir que la diputación nos prepare charlas para impartir por esos pueblos de Dios. El “experto” las monta y ejecuta; la diputación, como usa dinero que no sale del pecunio de su presidente, paga -o eso creo- con dinero de todos, y “todos” felices y contentos.

El día 18 de enero de 2016 Jorge Urdiales Yuste sorprendió (a mí ya no me sorprende) a sus estupefactos escuchantes con esta bonita fotografía actual. Tiene que ser muy actual, porque en el tiempo en que Delibes hablaba de la Castilla rural lo que enseñó, el escritor, es que eso era la collera sobre la que descansa el yugo que, se supone, unce a la yunta que ahora ya no me atrevo a decir si se dirige a arar, trillar o sabe Dios hacia dónde las conduce el mozo, si es tan experto como el conferenciante. Posiblemente, al ser tan actuales, estén preparados para dar un paseo por la Gran Vía madrileña ¡vaya usted a saber!

De todas maneras, quizá me estoy pasando de listo y el “experto” se esté refiriendo al enorme collar que posiblemente lleve colgado del cuello el… ¿cómo se llamará, en la imagen actual, el gañán?

Bueno, yo, por si acaso el que lee esto recuerda cómo era, cómo se llamaba, y para qué servían los arreos que muestran la fotografía, quiero tranquilizarle y decirle que no se alarme, que el mundo no ha cambiado tanto, que la collera sigue llamándose collera, el yugo; yugo, y que los machos parecen preparados para arar, trillar o cualquiera de las tareas que realizábamos. Lo que pasa es que el “experto” no entiende a Delibes, e ignora lo que es el mundo rural. Pero que, de cualquier manera, le está viniendo muy bien para darse a conocer aunque sea a costa de trastocar la historia y “analfabetizar” –ruralmente hablando- a futuras generaciones. Por lo demás, ya lo hemos dicho en varias ocasiones: tanto a él, como al que le paga –y los que le apoyan- “les da igual a cuestas que al hombro”.

Afortunadamente esto ocurre en el tiempo en que aún quedamos algún que otro arrastralbarcas que nos tocó uncir a los animales… machos, caballos, burros (de los de cuatro patas)… etc. y también hemos llegado a tiempo de aporrear el teclado para que quede constancia de lo que tuvimos que hacer y los útiles de los que nos tuvimos que valer para ganarnos los garbanzos. Porque si esta cultura -ya desaparecida- hubiera dependido de expertos como el que nos ocupa y presidentes que pagan sin controlar (sin saber qué es lo que pagan) apañada habría quedado la historia rural.

Por si acaso sirve de algo -quizás para que se cuelguen alguna medalla que “de menos hizo Dios” se dice en mi pueblo-, repito: los apoyos que tienen estos libritos que han salido al mercado, y todo lo que rodea a ese mundillo, es fruto del más absolutamente analfabetismo ruralmente hablando. Porque en todo lo demás el analfabeto es éste que aporrea un chisme que escribe sobre una pantalla y hasta me corrige las faltas de ortografía. ¡Lo que hemos llegado a conocer! No, no lo decía por el ordenador, que dicen que así se llama el artefacto, lo digo porque si le dicen a mi abuelo que tendrían que venir de la gran ciudad para enseñarnos lo que es la collera y el collerón, nos habría corrido a gorrazos.

Y ya que hablo de abuelos, y por si acaso existe el cielo –que si existe está lleno de gente del agro,- como dicen que desde allí todo lo ven, dejadme que envíe un ruego a todos los que fueron delante y que quizá no se hayan dado cuenta de cómo está todo esto de cambiado. Ahí va:

Hola colegas,

¿Cómo estáis? Por aquí abajo las cosas están cambiando a marchas forzadas. Está cambiando todo a tal velocidad que aquello que vosotros conocíais hoy no lo conoce ni la madre que lo parió. Con deciros que vienen por los pueblos enseñándonos cómo eran y para qué servían los arados, las colleras, los bieldos… dicen que el arado viñero y el romano son el mismo arado, que con el gario separaban el grano de la paja, que la media fanega es el celemín… bueno, una muestra de lo que os digo es esta foto de hoy que, como podéis ver, nos dicen que la collera se llama collarón. No, no, collerón no, dice que se llama collarón como aquello que vosotros llamabais a los collares grandes... pues así.

Pero para no aburriros con mis cosas os invito a que os deis un garbeo por esto que llaman internet y allí encontraréis “La pizarra de Gaude”. En ella veréis una pequeña parte de los cambios que se han producido en el lenguaje que me enseñasteis y que yo trato de conservar pero que nada, no es posible. 

Veréis por qué digo que es imposible: a nosotros, cuando digo a nosotros quiero decir a vosotros y a mí, nos llaman paletos y dicen que como carecemos de cultura damos variaciones fonéticas a las palabras. Así dicen que nosotros (vosotros y yo) decimos marrotar en vez de malrotar, que cuando decimos que algo lo tenemos fuertemente agarrado deberíamos decir que lo tenemos machihembrado en vez de amachambrado como decimos vosotros y yo… bueno que lo que quieren decirnos es que el lenguaje rural es aquel lenguaje que se imparte en unos sitios que para vosotros y para mí no existieron: las universidades.

Así que nada, si tenéis una universidad por ahí a mano creo que os lo pasaríais de tres pares de cojones dándoos una vuelta para que veáis las burradas que desde ellas dicen los eruditos que hay. Lo cojonudo de lo que os digo es que por aquí les creen a pies juntillas y, encima, hasta cobran sus buenas pesetillas (hoy se llaman euros) por ello.

De vosotros y de mí, como no sabemos leer y escribir dicen que somos analfabetos. Ellos, que no saben lo que es un arado terciado y no distinguen el pino albar del negral y hasta llegan a decir que cuando tienen las arcas vacías (sin un céntimo) dicen que las tienen ahítas, pues tienen títulos tan extraordinarios como “doctor cum laude en ciencias de la información”… bueno un sinfín de títulos para ocultar que son mucho más analfabetos que nosotros porque nosotros lo sabemos y nos quedamos tan panchos, pero estos doctores creen que saben todo y –como vosotros decíais- no hay analfabeto más profundo que aquél que todo lo sabe, y éstos que os digo no distinguen una remolacha de una achicoria, ni el collerón de la retranca.

Bueno chicos, sabré el día que habéis visto “La pizarra de Gaude” porque oiré vuestras carcajadas desde aquí; entre binaderas, bieldos, garios, colleras, collerones, picos, arados… porque todo eso, como ya no se usa, lo tengo recogido para que no se pierda.

Y aquí sigo en este pueblo llamado:
Camporredondo, 9 de febrero de 2016




lunes, 1 de febrero de 2016

Lo prometido es deuda...

…y no me gusta estar entrampado. Para muchos de vosotros seguramente la imagen permanece en vuestra retina, o en vuestra chinostra. Pero para aquél que por su juventud no lo sepa, los tratos en el ámbito rural, se sellaban con un apretón de manos. La palabra era la mejor garantía para sellarlos. Entonces dejadme que yo me comporte como uno de aquellos hombres con traje de pana, faja negra protegiendo sus riñones y boina calada hasta las cejas. Hace unos días adquirí un compromiso con vosotros: hablaríamos de los útiles de la era siguiendo un orden de aparición en la faena, y a eso vamos.

Como creo que debemos de comenzar por el principio: comencemos por el horcón. Bien. ¿Por qué el horcón? Pues porque con él se cargaban los haces al carro y, a veces, con él se hacinaban y deshacinaban los haces en la era. De manera que justificada está la inclusión del horcón entre los útiles de la era.

El horcón, éste de tres dientes
Con el horcón, en el rastrojo, se allegaban los haces al carro. Era como una horca de metal (lo veis en la foto). Los había de dos o tres dientes, y todos tenían el mango más largo que la horca.

Como no quiero dejar -si soy capaz- ni un solo resquicio diré: vendrán otros detrás de mí y dirán: ¡pero también se cargaban los carros con la horca! Esto es cierto. Pero yo quiero añadir… y con la mano, y también se acarreaba los haces en cargas (sobre el lomo de los animales) y añada usted todo lo que quiera pero, lo cierto es que el horcón era el instrumento que fue inventado para cargar los carros de mies (también de hornija) para transportarla hasta la era (o al horno en el caso de la hornija). Después use usted un azadón, si quiere, para ayudar a cargar, pero el apero para esta labor fue el HORCÓN.

Horcón.- útil de dos o tres dientes de acero y astil largo con el que se alcanzaban, en el acarreo, los haces al carro. Aquí otro añadiría… ¡y punto! ¿Vale?

Horcas: de dos y cinco dientes
Horca de dos dientes.- Ya tenemos los haces en la era, los distribuimos por la superficie del círculo de la parva y quitamos los atillos: desatamos los haces. ¡Ya está! Bueno, pues, a continuación tenemos que esponjar lo mejor posible el bálago para que penetre el sol, lo caliente y runda (cunda) la trilla.

Ahora, el que jamás ha pisado una era, ni nadie le ha dicho cómo se hacía -siempre que algún “experto” no le haya tomado el pelo- preguntará: ¿con qué apero se hacía esa labor? Pues mire usted: esa labor se hacía con la horca de dos dientes. Y salió el “experto” de turno y dijo: ¡pues yo lo he visto hacer con la horca de cuatro o más dientes! A éste le vamos a contestar: yo también he visto comer los garbanzos del cocido con un tenedor, pero la herramienta más adecuada para con los gabrieles es la cuchara. Y esto le pasa a la horca de dos dientes: el agricultor tuvo necesidad de dotarse de un apero que la facilitara la manera de tender la parva y… ¡zas! inventó la horca de dos dientes. Después vino otro “experto” que con aquella misma horca dirá que movía el estiércol. Bueno, pues encantado de la vida si él es feliz moviendo el estiércol, pero la utilidad de la horca de dos dientes queda demostrada al tender y dar la vuelta a la parva, mientras el bálago no está trillado: es la más eficaz y para eso se inventó.

Queda clara la utilidad de la horca de dos dientes, más allá de que alguno, también, se rasque la espalda con ella.

Horca de dos dientes.- útil de era que se usaba para tender y dar vuelta a la parva, siempre que el bálago no estuviera muy trillado.

Horcas de tres y cuatro dientes
Pero los machos -que no han parado de dar vueltas al disco de la parva arrastrando el trillo- han ido trillando el bálago y la horca de dos dientes no sirve porque no recoge las pajas: no nos vale. ¿Y ahora qué hago? Pues ¡hombre, coja usted la horca de tres, cuatro o más dientes y tendrá la solución! ¿Para qué la tenemos si no?

Cuando la parva estaba trillada, había que acamizarla (recogerla para formar el montón de pico o de forma de pez), con la camiza por supuesto. Pero la camiza (camizadera, caniza y todo lo que usted quiera) no puede elevar la trilla. Ahora… -dice el que nunca se ha visto en otra- ¿qué hago? Pues hombre, con la horca de tres, cuatro o más dientes elevarlo hasta hacer el montón con la altura suficiente para ocupar menos espacio en la era, y hacerlo bien para que, si llueve, el montón no se cale más allá de una pequeña capa superficial (no se hagan goteras se decía).

O sea: con la horca de tres, cuatro o más dientes volvemos la parva cuando con la de dos ya es inútil, formamos el motón de trilla y también acercamos la trilla para facilitar la tarea al gario, como más adelante veremos.

Éste es el rastrillo que fue muy útil en la era.
Los trillos siguen sin parar y ahora se nos presenta otro problema: queremos volver la parva, pero el bálago está tan trillado que se cuela entre los dientes de las horcas y no hacemos buena labor... ¡Pero hombre de Dios! ¿No tienes el rastrillo? ¡Pues úsalo hombre! Y el tío cogió el rastrillo, o la rastrilla, y dio vuelta a la parva como quien ve llover. Aunque la palabra llover no debe ni nombrarse en la parva.

Con el rastrillo también se recogían (metían) las orillas cuando la parva se extendía demasiado.



Trillo con sus dos tornadoras y estas con sus palas
Había una herramienta muy útil en la parva: era la tornadora (otros dirán tornadera, pero como yo creo que su nombre verdadero es tornadora (la que torna, la que vuelve la parva), por eso le llamo tornadora. Además porque así se llamaba en Camporredondo, mi pueblo.

Camiza. En otros sitios camizadera, acamizadera. caniza...
La tornadora, al poco rato de empezar la trilla, se enganchaba en la parte trasera del trillo y ya no se desmontaba hasta el final. La tornadora, por su forma, iba enganchando las pajas largas que había pegadas al suelo de la era y las sacaba a la superficie. Cuando el bálago iba estando más trillado, a la tornadora se le acoplaba la pala que al mismo tiempo que removía la parva abría surcos en ella permitiendo que el sol calentara más superficie.

Ya hemos trillado la parva y amontonado la trilla. Para llegar hasta aquí hemos usado el horcón, la horca de dos, tres, cuatro o más dientes, las tornadoras, el rastrillo o la rastrilla y la camiza. Además, claro está, del trillo.

El que quiera aprender a beldar aquí tiene la ocasión. Hermanos Busto beldando
los gabrieles para el cocido.
Ya hemos terminado de trillar. Tenemos unos hermosos montones y queremos limpiarlo para que el grano quede bien guardado en la panera, o bajo la baldosa en forma de papeles del banco de España. ¿Qué hacer? Pues en el tiempo en que no había aparecido la aventadora, beldadora o máquina de limpiar, coger el/los bieldos y, con ellos y la ayuda de Eolo, separar la paja del grano y las grancias (granzas).

Ya vamos llegando al capítulo de preguntas: ¿los señores “expertos” creen que es práctico aventar con el gario? ¿Sería aconsejable? Ya veréis como contemplando la foto os daréis cuenta de que resultaría poco práctico. Imagínese una gariada llena, sería cuasi imposible que el aire lo traspasara, se trata de que siempre haya trilla en el aire y en no mucha cantidad para darle tiempo a Eolo a separar la paja del grano: arrastrar aquélla y dejar éste. Lo mismo que nos están indicando los hermanos Busto: mis primos. No obstante ¿usted ha visto aventar, también con el gario? Seguro que sí. Y con la pala de regar si estaba a mano, y con la horca y hasta con los pies. Veréis cómo lo entendéis enseguida: limpiar la cosecha, que tanto nos había costado verla en el montón, era muy importante y no dependía de que quisiéramos limpiarlo, dependía de que el dueño y señor del aire despertara y abriera la ventana. Cuando esto ocurría, la familia se lanzaba sobre el montón con lo que tuviera más a mano: bieldo, horca, gario, pala… en fin, lo que tuviera a mano y sirviera para levantar la trilla al aire ¡no podía esperar!

Dos modelo de gario: pero garios los dos. Respecto del bieldo,son como la
cucharilla del café y el cucharón de la sopa.
Pero los tiempos han mejorado y llegó la aventadora, beldadora… en una palabra: la máquina de limpiar (separar el grano de la paja).

Acercamos la máquina al montón y se presenta otro problema: elevar trilla a la tolva de la aventadora. Otra pregunta ¿con qué lo hacemos? ¡Vaya pregunta más tonta!: con el gario ¿con qué va a ser?

Resulta que el encargado de abastecer de trilla la tolva de la aventadora, es la primera vez que lo hace y todo lo que sabe es que se hace con el gario.

Aprovechando que Carlos acribaba los garbanzos, pinchamos los dos bieldos para
que no haya duda de su diferencia con el gario.
Como no sabe lo que es, ni la forma que tiene el gario, echa mano del Facebook y allí ve (le dicen) lo que es; el “experto se lo ha dicho en una fotografía que ha incluido. Busca un… “gario” y todo ufano y orgulloso se lanza a colmar la tolva de la máquina. El hombre lucha a brazo partido por darle abasto pero que nada, no hay forma. En esto pasa por allí el“paleto”, le ve sudando por cada pelo una gota y le dice: siéntate a la sombra y espera un poco. El paleto se va para casa, y vuelve con otro artilugio al que otros le llaman… no sé cómo. Toma, le dice, verás como con esto te rundirá (cundirá) más con menos esfuerzo. ¿Qué te parece? ¡Oye, esto es cojonudo! ¿cómo se llama este artilugio? Hombre, ¡esto es el gario! Pero si a mí me había dicho un “experto” que el gario era esto que tengo en la mano. Y el paleto le contesta: es que yo he sido cocinero antes que fraile y ese “experto” no llega ni a pinche de cocina.

El tío comienza a suministrar trilla a la tolva y como runde (cunde) mucho, pronto el montón le va quedando un poco alejado. Como el viejo paleto aún no se había marchado, le pregunta el esforzado gariador: ¿qué hago ahora? Pues mira, ahora necesitas otra persona que te vaya acercando la trilla porque si no perderás mucho tiempo. ¡Ya! Le dice el sufrido gariador, ¿con qué me lo acerca? Bueno, ¿ves aquella pieza que tienes allí? es la horca de cuatro dientes y con ella se hace muy bien. Además, le añadió el paleto: ¿no te das cuenta que la paja se te amontona a la salida de la máquina? Pues mira, para eso necesitas otro gario que te lo vaya lanzando hacia el pajero porque si intentas hacerlo con el “gario” del “experto” te verás negro para retirarlo.

Y a partir de ese momento el inexperto agricultor fue aprendiendo que para saber hay que preguntar al que sabe. En este caso sobran títulos académicos: es cuestión de experiencia...

Todo trillado y limpio, llegó el momento de “arrear” con ello hacia la panera. Oye, pregunta el agricultor aficionado: ¿con qué aparato lleno los costales?¿con el celemín que dice Urdiales? El paleto que se ha quedado a ver cómo termina todo, dice: los costales se llenan con la media fanega. ¿Por qué no lo hago con la fanega que rundirá (cundirá) más? Pues verás porque no habría dios que lo aguantara, es una medida de referencia pero poco práctica, se manejaría muy mal. Con la media fanega llenas los costales y tendrás una referencia de lo que ha sido, en fanegas, la cosecha. Después tienes la cuartilla, el celemín, el medio celemín y el cuartillo de celemín, pero estas medidas son más para andar por casa: se usa mucho para medir pequeñas cantidades como, por ejemplo, las igualas que se tenían con el veterinario, el herrero, etc. También para medir gabrieles, alubias… en fin que estas medidas ya no debemos considerarlas de era.

Cosecha trillada, limpia, grano en la panera -o bajo la baldosa- y nos queda llenar el pajar para tener comida para los animales durante todo el año y, si sobra paja, la llevamos al pajero.

Bieldo y gario flanqueados por la garia de picos y de bolas
Entonces, uncimos los animales al carro, cogemos los garios que hemos visto más arriba y gariada a gariada lo retiramos de la era, que barreremos a continuación con las escobas que cuelgan del trillo en la fotografía que os presento. En esta misma fotografía quiero que veáis la diferencia que existe entre el bieldo (centro a la izquierda) y el gario en el centro del trillo. Yo creo que se nota cierta diferencia. ¿o no?


Creo que no debo olvidar estos útiles de era que nos venían muy bien, principalmente, para retirar el grano a la caída de la aventadora y también había quien la usaba para aventar el grano si se nos había ensuciado de tamo. En fin que eran piezas muy útiles en la era, o en la panera si había que amontonar o mover el grano: son las palas de madera (las de los extremos son catalanas y la del centro producto del más puro estilo castellano).

Las palas del grano se llamaba a las palas de madera.
En la fotografía de la entrada anterior; en la que nos dijeron que lo que la pequeña labradora manejaba era el gario, podíamos, también, admirar lo que para su autor son los celemines. Deliberadamente lo he dejado para el final para presentaros lo que son la media fanega, la cuartilla, el medio celemín y el cuartillo de celemín. Manifestando: todas piezas que he presentado son útiles de la era rural. Si hay otra era académica, o universitaria, yo la desconozco y no puedo opinar: “zapatero a tus zapatos”.




1/4 celemín = 2'3125 litros.

Cuartilla = 13'875 litros.




1/2 fanega = 27'75 litros.
1/2 celemín = 4'625 litros.
                                        
Liado entre horcas, garios, celemines etc. se me había pasado por alto otros dos útiles importantes de la era: la criba y el badil.

Antonio acribando garbanzos. Pero el resultado
es el mismo ya sea legumbre o cereal.
Siempre que he hablado de aventar o beldar, ya sea con la aventadora o con el bieldo, he procurado decir que en esta operación se separaba la paja del grano y las grancias (granzas). Razonemos esto: cuando se hace pasar el aire a través de la trilla, el viento no distingue lo uno de lo otro más que por su peso. Entonces el grano pesa y se queda a los pies, no se desplaza. Pero las grancias (granzas) que son trozos de espiga, nudos, pajotes pesados, también se quedan junto con el grano. Queda claro que en la primera operación sólo hemos separado la paja. ¿Qué hacer después? en el caso de que lo hayamos separado con el bieldo, pues coger la criba y acribar, y en el caso de la aventadora cambiar el juego de cribas -que el efecto es el mismo que con la criba de piel o alambre- y separar las grancias (granzas) del grano.
Badil que muchas tolvas y cribas llenó



















Con los agujeros de las cribas acorde con lo queremos acribar, el grano cae al muelo y las grancias al montón correspondiente.

Para cargar la criba tanto en la manual como en la máquina aventadora pues usamos el badil ¿hay herramienta más apropiada?

Una pequeña anotación: para que el acribado fuera uniforme, una vez la tolva llena, esta siempre debería mantenerse llena, por lo que, a veces, era interesante el concurso  de dos badiles.

Ahora, echemos una mano al “experto”: él dice -porque desconoce absolutamente el lío en el que se ha metido- que los bieldos son garios, que la media fanega y la cuartilla son los celemines etc. pero… ¿Por qué lo dice? Pues porque es lo que dice el DRAE, que parece que tampoco le ha picado el tamo en la era. Vedlo a continuación:

bieldo
Del dialect. Beldar 'aventar las mieses', y este del lat. Ventilāre 'agitar en el aire'.
1. m. Instrumento para aventar compuesto de un palo largo, de otro de unos 30 cm de longitud que lo atraviesa en uno de sus extremos, y de otros cuatro o más fijos en este en forma de dientes.
2. m. bielda (‖ bieldo de seis puntas).
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
La acepción primera: correcta. La segunda: no tanto.
gario
De garfio.
1. m. Alb. Triple garfio para sacar de los pozos latas, cubos, etc.
2. m. Cantb., León, Pal., Seg. Y Vall. Instrumento para aventar.
3. m. Cantb. Horca de hierro.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
La acepción segunda, que es la que nos ocupa: absolutamente incorrecta.

Reflexionemos. Dice el DRAE: bieldo es un palo largo, otro de unos 30 cm que lo atraviesa y de otros 4 o más fijos en este en forma de dientes. Bien. Si nos fijamos en las fotos, que os ofrezco más arriba, veremos que todos los bieldos son de 6 dientes (puntas dice el diccionario). Pero después añade que el que tiene 6 puntas (dientes, decimos los paletos) se llama bielda. Bueno, para nosotros siempre fueron bieldos, tanto si eran de cuatro (para mí desconocido) o de 6 dientes. La bielda, como podemos apreciar en la foto, no tiene más picos (puntas dice el DRAE) pero sí es de más capacidad: sus dientes son más largos.

Sigamos: a continuación, el DRAE, nos dice que el gario es un instrumento para aventar. ¿En qué quedamos, se bielda, o avienta, con el bieldo o con el gario? ¿Es lo mismo bieldo que gario? Os aseguro que, para el que aporrea este teclado, no (sigo hablando desde el pueblo).
Estoy en condiciones de asegurar que en Palencia, Segovia y Valladolid, gario es el instrumento con el que se manejaba la trilla y la paja: pero no para aventar, ya hemos intentado razonarlo. En Cantabria y León lo desconozco (en mi pueblo –tal vez porque no habíamos pasado por la universidad- aventábamos con el bieldo y movíamos la trilla y la paja con el gario).
Bieldo.
Un tipo de gario





















Bieldo exagerado: bielda.


 Otro tipo de gario

Supongo que las fotografías serán suficientemente ilustrativas. Como podemos apreciar, hay un tipo de bieldo, la foto anterior nos dice que el bieldo excede de sus dimensiones normales y por eso se llama bielda y le siguen dos tipos de gario, pero garios los dos. ¿Se diferencian unos de otros? Yo creo que sí.

Para el “experto” que dice que en Castilla cambiamos a las cosas de nombre más que por su género por su tamaño, quiero decirle: si usted quiere aprender, aquí tiene otro ejemplo similar al olmo-olma, nogal-nogala, pez-peza, canalón-canalona,…y ahora bieldo-bielda.

Podremos constatar que se cumple lo que vengo diciendo: no hay cambio de género sino distinto tamaño que de alguna manera tenemos que diferenciarlo. ¡Vaya peza! Decía el que había pescado en el arroyo un pez fuera de lo corriente; entonces el/los acompañantes sabían que había pescado un pez enorme. ¡Coge la bielda! y ya sabías que el aparejo más adecuado no era el pequeño, sino el bieldo grande. Así nos manejábamos los de pueblo, y como estamos hablando en lenguaje rural; culto es aquél que lo conoce y el antónimo de culto es el que no lo ha visto en su vida.
Resumiendo:

Bieldo: útil de era para aventar (separar el grano y las grancias (granzas) de la paja.

Bielda: bieldo de dimensiones extraordinarias (dientes más largos que los del bieldo).

Gario.- útil de era para el manejo de la trilla o la paja (cada cosa en su momento).

Después de esta explicación que cada uno los use para lo que crea conveniente. Así y para esto lo llamábamos y lo usábamos en el mundo rural.

Ruego a todo aquel interesado que no esté de acuerdo con lo que acabo de exponer, que públicamente lo manifieste y, sólo de esa manera los útiles y palabras del mundo rural ocuparán en la historia el espacio que les corresponde, porque es el que tenían.

Gracias.
Camporredondo, 26 de enero de 2016