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martes, 21 de marzo de 2017

Olma 2

Y quiero seguir usando mis modestos archivos, no vaya a ser que mañana lo lamente. Además quiero insistir: es posible -no soy más que un humilde paleto-  que no quede claro lo que digo o, sencillamente, me haya equivocado. Por tanto, aquel que no esté de acuerdo, o dude de mis razonamientos, aquí tiene, y yo se lo agradecería en el alma, ocasión para rebatir, o preguntar sobre aquello que yo no haya sido capaz de dejar claro. Entre todos, vosotros y yo, podemos aportar luz sobre las tinieblas que otros se encargan de propagar.

Ahí va lo que tecleé hace unos meses: 

En el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca, he pasado por delante de “nogala” y estuve tentado de volver a replicar. Entonces pensé: ya está bien de dar la paliza a los seguidores de “La pizarra de Gaude” si ya hemos dicho lo suficiente sobre su significado. Pero llegué a la palabra olma y vi que el “experto” sigue en sus trece. Entonces me dije: tengo que seguir porque, además, es otra nueva oportunidad para insistir sobre aquella otra palabra que tanto impacto causó entre los bienintencionados seguidores de los “Diccionarios”. Esta palabra es: cacanalona ¡Dios bendito!

Ya comenté que encontré en un importante periódico de tirada nacional (ABC) la palabra cacanalona como el gran descubrimiento realizado por el autor de los libritos, por lo que ahora, a la par que insistimos sobre olmo-olma, nogal-nogala, recogeremos también la palabra cacanalona.

El “descubridor” de cacanalona (palabra que ya dejamos claro que Delibes nunca escribió, porque no existe) sigue machacando con que, en los pueblos castellanos distinguimos entre árboles masculinos y femeninos más que por su género por su tamaño. “Un olmo, especialmente corpulento y de formas redondas, será una olma; igualmente un nogal, con una gran copa, ancha y poderosa, será una “nogala”. Como me parece que esto ya lo dejamos claro en su momento, ahora quiero incidir sobre el sentido que Delibes le da –así lo creo, e intentaré razonarlo- a la palabra canalona que esta sí, tiene sentido rural.

Hemos dicho, que el olmo solitario y en cuanto excede de una determinada frondosidad le llamamos olma; igualmente ocurre con nogal-nogala; también lo aplicamos sobre el pez que excede del amaño corriente: lo llamamos peza.

Ahora se nos presenta un caso similar, dice Delibes en “Mis amigas las truchas”: “El Navia es un río incitante que aquí se ciñe a una CANALONA tumultuosa no más ancha que un par de metros y allá se explaya en una vadera que uno no es capaz de franquear de un lance con cucharilla del 3. (…)”.
Vayamos con esta “manía” que tenemos en los pueblos castellanos -como dice el “experto-” de distinguir a los árboles (y otras cosas, como vamos a ver) más que por su género por su tamaño.

Dice el DRAE:

canalón
Del aum. de canal.
1. m. conducto que recibe y vierte el agua de los tejados.

Delibes llegó al río Navia, y observó un canalón tan extraordinariamente grande que no encontró otra palabra más a mano –como me ocurría a mí cuando pescaba un pez de dimensiones extraordinarias -¡vaya peza!, decía yo- el escritor -que llevaba el pueblo escrito en la cara dijo-: ¡vaya canalona! Así lo escribió y así fue hasta que llegaron los expertos y dijeron: Delibes vio un canalón muy grande y lo llamó eso: cacanalona. Pero no quedó ahí la cosa, llegaron lo colegas del “experto” y dijeron: ¡vaya palabra que ha rescatado del olvido, Urdiales!

Entonces ¿cómo queda la cosa? Pues que en los pueblos de Castilla seguimos (porque somos muy brutos) sumando árboles o cosas a las que no distinguimos por su género sino por su tamaño:

Nogal solitario y de dimensiones extraordinarias según su entorno: NOGALA

Olmo con las mismas características del nogal: OLMA.

Pez extraordinario en el arroyo del pueblo: PEZA.

Y ya tenemos una más: canalón de dimensiones extra: CANALONA.

Es que en estos pueblos de Castilla somos la lechona. Bueno, no me queda muy bien, quise decir: ¡somos la leche!

Como final, y aunque los libritos no hacen mención a ella, quiero referirme a la palabra vadera que Delibes llama, muy correctamente, al vado ancho que nadie es capaz de franquear de un lance con una cucharilla del 3. (¿Otro cambio de género por su tamaño?).


Camporredondo, 17 de octubre de 2015

PD. De sorpresa en sorpresa: no puedo -o no debo, ni quiero- pasar por alto, la última intervención (15-3-17) del experto en Miguel Delibes en Es Radio CYL Es el campo. Pero no temáis: no os largaré todo el discurso. Dice el experto:

(…) consiste, esto del lance ligero, en ir a por el pez dentro del río, a veces contra corriente.

Yo siempre pensé que el pez hay que buscarlo dentro del agua, porque de lo contrario habría que buscarlo en la pescadería o dentro del cajón en el que lo traía el fresquero por los pueblos. Así que, por si había alguna duda: a por el pez hay que ir dentro del río, si es río, o del mar si es en el mar. Aunque también puede ser en el arroyo donde, si es grande, lo llamaremos “peza”. Sigue el preguntado y llega hasta…

…hoy hemos hablado del Delibes pescador y del “lance ligero”, que es el que te obliga a meterte dentro del río para pescar.

Ya sabéis que soy de secano, quiero decir que no entiendo de pesca -ni de peces- más allá del que se pone en la mesa. Pero sí me gusta saber, y como me gusta saber he buscado y leído algo sobre el “lance ligero” como modalidad de pesca. Esto es lo que, sin entrar en profundidades -en las que me ahogaría- he encontrado: El lance ligero parece ser que es modalidad de pesca que consiste en lanzar el anzuelo con el cebo y automáticamente ir recogiendo el sedal para provocar que los peces, depredadores, se precipiten sobre su posible presa.

Parece -sólo digo parece- que se puede pescar desde dentro del río o el mar, desde la orilla, desde un puente, desde un barco… o sea, añado yo, hasta desde un helicóptero si llegara el caso.

Dice bien Delibes al decir que ha venido a “sustituir la paciente y tradicional figura del pescador de caña y lombriz…”. Parece claro ¿no? Este sistema no obliga al pescador a meterse dentro del agua,  -creo que Delibes no lo dice en ninguna parte- pero sí le obliga a mantenerse activo: lanzar y recoger constantemente.

Y, también, quiero y debo decir: si hasta aquí no he metido la pata hasta el corvejón, si sigo estoy seguro de meterla porque, como el “experto”, no entiendo nada. Y supongo que con la emisora, formaríamos los tres un gran equipo de ignorantes pescadores por el método de “lance ligero”. Eso deduzco al escuchar la emisora.

Esto digo en...

Camporredondo, 20-3-2017


lunes, 7 de noviembre de 2016

Parcelaria 2

Comentario previo a mi escrito de fecha 21-10-15

A veces ocurre que se me acumulan palabras que después voy archivando porque ya no sé si seguir o abandonar.

Es ésta una de las veces en que ya, harto de asistir al desprecio con que es tratado el lenguaje rural y la obra de Delibes, sin que nadie mueva un solo dedo, me decido a publicar lo archivado. La palabra de hoy quiero que la repaséis con atención: ¿A qué se refiere el autor cuando dice aquello de que “sería muy erudito hablar de la parcelaria”? ¿Acaso no considera, a sus posibles lectores, capacitados para entenderlo?

Hoy me decido a lanzar mi protesta y digo: ¿no sería correcto que, al menos, el experto pidiera disculpas a aquéllos que, ilusionados, adquirimos el primer librito en el que nos trató como raza inferior, al no considerarnos capacitados para entender lo que es la parcelaria (concentración parcelaria) a la que se refiere Delibes en la página 26 de Castilla Habla? No digo que se nos devuelva el dinero, no, pero no estaría de más que reconociera que, como tantas otras veces, el que no entendía lo que era la parcelaria es el señor “experto” en Delibes. Ahora el hombre va aprendiendo y nos muestra sus progresos en el mismo librito editado, esta vez, por ediciones Cinca. 


Para todos aquellos que puedan estar interesados en seguir el lenguaje usado por Delibes en su narrativa (me refiero a lenguaje rural), lo más interesante es leer su obra. Pero si aun así os queda alguna duda , os sugiero: existe en el mercado un libro titulado “En Torno a las Palabras de Delibes” que creo os puede resultar interesante. No puedo deciros que lo comparéis con otros libritos –no existe comparación posible-, sí os digo que se nota donde hay estudio, interés y razonamiento y donde traslucen   intereses que no son –es mi opinión- ni respetuosos.


Sobre “En Torno a las Palabras de Delibes” sólo puedo decir que sería posible -y muy deseable- una segunda edición ampliada, sería muy interesante y tanto el lenguaje rural como la propia obra de Miguel Delibes se lo agradecerían.

Y sin más os largo lo que hace un tiempo escribí al respecto y quiero que veáis.

En Camporredondo a 30 de 0ctubre de 2016




Tenemos ante nosotros una nueva mejora (sobre las anteriores) incluida en el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, esta vez editado por ediciones Cinca.

Veamos, primero, la versión original, publicada en “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y en Cátedra Miguel Delibes:

Parcelaria
CH p. 26
(...) en los sitios donde se ha hecho la
Parcelaria.
Parcelaria:
Sería muy erudito hablar de concentración parcelaria, que es lo que hay que entender por la Parcelaria. (Investigación de campo)

Veamos ahora la nueva versión, con la mejora:

Parcelaria
CH p. 26
(...) en los sitios donde se ha hecho la
 Parcelaria, yo he visto fincas de una fanega o dos.
concentración.
~parcelaria.
1. f. Agrupación de diversas fincas rústicas de reducida extensión, para unificar y facilitar el cultivo.
Parcelaria: Se refiere a la concentración parcelaria, que se hizo en casi todos los países europeos. En España, la primera disposición sobre concentración parcelaria se produjo en 1952, siendo muy beneficiosa para los agricultores. (Investigación de campo)

¡Ah, bueno! -parece decirnos, ahora, “el experto” en Delibes- ¡yo creí que era otra cosa, pero resulta que es la concentración parcelaria! ¡Sí hombre, sí, con lo fácil que es! Pero entonces… digo yo: ¿qué investigación de campo nos ofreció usted en la primera versión? ¿Quién le engañó y le dijo que hablar de aquello sería muy erudito?

No, no, no sigo. El lector sacará sus propias conclusiones. Yo me limitaré a decir: respeto señor Urdiales, respeto al mundo rural, a la obra de Delibes y al lector.

Y como ya hablé sobre el tema en anterior entrada, os la facilito de nuevo para evitar buscarla. Ahí va lo que –torpemente- escribí:

Parcelaria:
Tengo la sana costumbre (creo que es sana) de, lo que no entiendo, preguntarlo.

Vean lo que no entiendo:

Parcelaria: Sería muy erudito hablar de concentración parcelaria, que es lo que hay que entender por la Parcelaria. (Investigación de campo) (Sic)

Esto es lo que encuentro en la página 175 del DCRNMD. Y aquí estoy con mi carga de ignorancia para preguntar: ¿hay que ser erudito para comprender lo que es la concentración parcelaria? Porque una cosa es comprender lo que es y otra llevarla a feliz término. Para eso están los técnicos.

Bueno, que no quiero liarme: ¿por qué sería muy erudito hablar de la Parcelaria? ¿El agricultor no está preparado para entenderlo? Esto es lo que el agricultor de mi pueblo entiende por…

Parcelaria.- Concentración de varias fincas (parcelas) pequeñas, en una más grande, para facilitar su cultivo.
En el aire dejo esas dos preguntas, para si un erudito tiene a bien informarme lo que es la concentración parcelaria.

Como final, hoy pregunto: ¿Se puede llamar diccionarios, a este tipo de publicaciones, sin ruborizarse? Por experiencia sé que "nada hay más atrevido que la ignorancia" .

Camporredondo, 21 de octubre de 2015

martes, 17 de mayo de 2016

Paporretas

“El que más sepa que más diga”. Reconozco que la frase no siempre se cumple; a veces, acaso muchas veces, el que sabe no es el que más dice pero, por si acaso, yo hago uso de ella esperando que esta vez se cumpla. Gracias a aquél que más diga, porque sabe más sobre mi/nuestra palabra de hoy: paporretas.

Navegando, navegando… por casualidad tropecé con una palabra que me transportó varios decenios atrás. El día era lluvioso, la temperatura agradable y al salir de la escuela los futuros hombres y mujeres del agro quedábamos citados para después de coger el trozo de pan y, si lo había, algo más, acudir al charco elegido para hacer... ¿para hacer qué? Pues eso PAPORRETAS.

Extraída la palabra de mi personal e intransferible disco duro, acudí al DRAE y… ¡sorpresa! Ved lo que encontré y comprenderéis mi chasco.

Paporreta

De papo1.

1. f. despect. Perú. Repetición mecánica de lo que se ha aprendido de memoria sin entenderlo o entendiéndolo a medias.

de paporreta

1. loc. adv. Perú. de memoria (‖ apoyándose en el recuerdo). Aprender de paporreta.

2. loc. adv. Perú. Con poca o ninguna conciencia de lo que se dice. Hablar de paporreta.

Pues sí, sí, resulta que aquella palabra que yo aprendí -y usé- hace muchos, muchos años, resulta que –al parecer- fue importada hace muchos, muchos más años, desde El Perú. Yo que siempre creí que las palabras del castellano que se encuentran en la América latina tendrían su origen en la cuna del castellano, o sea Castilla, mira por dónde me encuentro una que la hemos importado nosotros de allende los mares.

Pero lo más curioso es encontrar un peruano en una aldea castellana (mi pueblo) donde si, en el siglo XIX (no sé si antes), hubiera aparecido un americano de El Perú lo habrían considerado un extraterrestre. Pero es que, si el peruano no llegó ¿cómo llegó paporreta? Por eso os pido ayuda.

“El que más sepa que más diga”. Así comencé mi sorprendido escrito reclamando del mundo de la sabiduría ayuda que me aclare mis dudas: ¿la palabra es peruana, o castellana de Castilla? ¿A que mis dudas son razonables?

Filólogos del mundo: espero vuestras noticias en:

Camporredondo (VA) a 20 de diciembre de 2015.


P.D. La palabra, que se me había pasado, la incluiré en el “Diccionario de Camporredondo”.

Paporreta.- Masa blanda e insustancial de cualquier cosa. También hay quien usa paparreta en vez de paporreta, pero son minoría. ("La fruta se ha estropeado, está hecha paporreta").

martes, 15 de marzo de 2016

La casualidad quiso que...

Un seguidor de “La pizarra de Gaude” hace unos pocos días me enviara unas entrevistas vía radio (Radio exterior de España) y me decía: “mira a ver qué te parece esto”.

Es por eso, y en atención al seguidor de “La pizarra de Gaude” que lo primero que hago es darle mi opinión: ¡vergüenza! Siento vergüenza ajena porque se pueda emitir por “Radio exterior de España” opiniones –sin contrastar- sobre la obra de Delibes y el lenguaje rural castellano.

Y, sin más preámbulos, pasamos a ver lo que Delibes escribe en “La hoja roja” origen del desaguisado:

(…) Por el patio de luces seguían diciendo Manuel, en cristiano, aunque en el pueblo nadie le conociera ya por el nombre. El Picaza dejó de llamarse Manuel cuando, a los seis años, amaestró una urraca que había atrapado en la ribera del río. La Silvina, su hermana, la del Eutropio, le decía en su última que el Picaza vendría a la mili para febrero a todo tardar y cuando la Desi lo comentó con la Marce por el patio, terció la pingo de la Tasia, la del principal, diciendo que se sentase a esperarle que de pie se iba a cansar. Entonces la Desi perdió los estribos, se asió crispadamente a los barrotes y voceó con voz inflamada: “¡Calla la boca tú, estropeabarrigas!”
Otras veces, la Tasia la decía por el patio que lo que ella pretendía era heredar al viejo. En realidad, la Tasia era un pingo y la Desi había vaticinado que de casarse subiría al altar con berretes. La Tasia disfrutaba de una fama turbia en la vecindad. Las más piadosas aseguraban que había abortado dos veces, pero la Marce, que no se llevaba mal con ella, afirmaba que la Tasia reglaba con coágulos y esa era la desgracia lo mismo que el nacer coja. La Tasia no decía que sí ni que no; se dejaba querer. Todo lo más se reía y decía: “Porque puedo; anda esta.” (…)

Lo que acabas de leer, querido lector, es lo que Delibes escribió en la página 278 del tomo 2 de Obra completa (ediciones Destino) sobre la palabra “estropeabarrigas”.

A continuación transcribo lo que el intitulado “experto” en Miguel Delibes ha entendido y nos repite en sus libritos y en Cátedra Miguel Delibes. Tampoco lo corrige en la entrevista que le hacen en “Radio exterior de España”.

Estropeabarrigas
LHR p. 26
"¡Calla la boca tú,
estropeabarrigas!".
Estropeabarrigas:
Se llama así al hombre que deja embarazada a una chica y luego se va con otra. Al padre de la chica embarazada que obligaba al hombre a casarse con su hija se le llamaba "traganiños". (Investigación de campo)
LHR p. 95
¡Calla la boca tú,
estropeabarrigas
!


En algunas ocasiones más, a lo largo de la obra, el escritor vuelve sobre la palabra estropeabarrigas y siempre referido al reproche que la Desi le dirige a la Tasia con la que parece no tener relaciones muy cordiales.

Quizás el señor Urdiales queda a cubierto -posiblemente eso piensa- con “su” (investigación de campo), con la cual parece decirnos: ¡ah, a mí me lo dijeron! Pero esto no vale señor Urdiales, usted, como buen observador y gran filólogo, debería de haberse dado cuenta de que “estropeabarrigas”, para la Desi, no es un hombre, sino la Tasia que -según Delibes- era mujer y por tanto existía la posibilidad de que pudiera abortar. Además, en el posible embarazo no trasluce el hombre que deja una barriga colgada -como veremos más adelante- y haya huido, ni abuelo que obligue al posible padre a casarse, adjudicándose el sobrenombre de “traganiños” como también veremos más adelante.

Si he vuelto sobre la palabra “estropeabarrigas” usada por Delibes en “La hoja roja” no es para mostrar mi más rotundo desacuerdo con la forma que tiene el “experto” en Miguel Delibes de entender y tratar la obra del escritor y el lenguaje rural, que eso ya lo hice en “La pizarra de Gaude” en las entradas de fecha 3-3-2014 y 23-9-2015, entre otras. Mi discrepancia viene ahora con Radio nacional de España (Radio exterior de España) que, aparentemente, no parece tener mucho interés en que aquello que, en teoría, llega a una buena parte del mundo, tenga veracidad o no. Quizá R.N.E. también dice aquello de… a mí me lo dijo Urdiales.

No puedo entender que si yo me pongo en contacto con Radio nacional de España para transmitirle que acabo de inventarme -porque soy así de bruto o caprichoso- una palabra, la suban a las ondas sin contrastar su veracidad. Pero si, como parece, es así, flaco favor le están haciendo a nuestro lenguaje.

Y como hoy mi máximo interés se centra en el lenguaje rural en la narrativa de Delibes, quiero seguir enlazando con lo que, creo, es la confusión (otra más) del señor “experto “.

En entrada de fecha 28-9-2014 publiqué en “La pizarra de Gaude” lo que a continuación podéis leer:

Página 198 del Diccionario de Expresiones populares en la Narrativa de Miguel Delibes.

Una barriga colgada: dejar embarazada a una mujer.

Leer, leer, leer… qué menos se puede pedir que leer. Lo primero para comprender y, sobre todo, para transmitir el mensaje de lo leído.

En “Viejas Historias de Castilla la vieja” (A la sombra de los enamorados) página 393 de la Obra completa de Miguel Delibes Tomo 2), “Isidoro” nos cuenta cómo su tía Marcelina comentaba, con orgullo, que en su pueblo era tal la hombría de sus jóvenes que a sus noventa y dos años de vida no conoció uno que, a sabiendas, dejara una barriga colgada. Pocos pueblos, creo yo, podrán competir con esa estadística.

A la vista de lo leído Delibes nos está diciendo que una barriga colgada es algo más que dejar a una mujer embarazada, nos dice que la barriga colgada queda después de que el mozo se entera del embarazo se retira y deja la futura madre abandonada sin afrontar su responsabilidad.

Por otra parte: ¿quién no ha oído que dejarle a uno colgado es dejarle abandonado cuando más necesita de auxilio?

Tengo que lamentar, debo lamentar y quiero lamentar, que la obra de Delibes no merezca un trato acorde con su categoría. Diccionarios, Cátedra, Fundación Instituto Castellano y Leonés de la lengua… ¿ninguno lo lee con atención? A las pruebas me remito.

Lo que acabas de leer es lo que dije y hoy sigo manteniendo.

Lo que a mí me parece es que hay una mezcla entre estropeabarrigas (que no hay ninguna posibilidad de que el mozo la estropee) y dejar una barriga colgada que es cuando el mozo, al saber la “buena” nueva, se retira dejando a la futura madre abandonada (barriga colgada). Aquí, de ser cierto -que no lo es-, es cuando podría aparecer el traganiños, que tampoco era, el posible abuelo.

Resumamos:

“Estropeabarrigas” en la narrativa de Delibes (La hoja roja) es de lo que acusa la Desi a la Tasia porque, al parecer, ha abortado dos veces (ha estropeado la barriga dos veces).

¿Puede ser que un hombre sea estopeabarrigas por dejar a una mujer embarazada? Cuando un hombre deja a una mujer embarazada y la abandona (se vaya o no, con otra) deja una barriga colgada. Deja colgada a la futura madre con su barriga. Decimos dejar colgada porque es en ese momento cuando la madre más necesita del futuro padre para seguir adelante y éste la dejó colgada (“creí que tenía un amigo, pero me dejó colgado cuando más le necesitaba”).

"Traganiños": ¿por dónde cogemos esto? No, el traganiños, al menos el rural, es aquel ser monstruoso, aquel ogro con el que se asustaba a los niños porque se los tragaba enteros y vivos. Y he dicho bien cuando he dicho que se los tragaba, porque hoy –afortunadamente- no queda niño que se trague esa trola sin desternillarse de risa. 

Traganiños -dirigido al “macho” adulto en el ámbito rural- era el… matón, fanfarrón, chulo… pero que, en el fondo, era un don nadie: “¡mira el traganiños éste lo que fue a decir!” (mial traganiños este lo que fua icir).

Y no me resisto, una vez más, a solicitar del señor Urdiales: ¿sería usted tan amable de indicar su investigación de campo dónde está realizada? Es que lo creo importante porque yo –o cualquier interesado- podría ponerme en contacto con “su” informante y quizás podríamos conseguir que la luz se hiciera en esta oscuridad en la que a mí particularmente me deja.

En los varios programas que he podido escuchar se habla de piedralipe, araña, humeón, herradón, ardivieja… Sobre todas estas palabras, a todo aquél que esté interesado en saber el significado que tienen en el lenguaje rural le remito a “La pizarra de Gaude” donde están criticadas, rogando al interesado que no esté de acuerdo en lo que allí digo lo manifieste públicamente. Sólo de ahí puede salir la luz y el lenguaje rural saldrá ganando.

En otra entrevista para la misma “Radio exterior de España” comentan sobre la palabra barbón y parece que para el señor Urdiales –eso dice la grabación- el barbón es la avutarda. ¿Si al “experto” le preguntaran por el carnero, respondería que es la oveja? Eso tengo que entender cuando al hablar de barbón no sabe que es el macho de la avutarda, lo mismo que el carnero es el macho de la oveja. Ya sé que el DRAE no recoge la palabra barbón pero… ¡señor Urdiales, el que escribe es Delibes y barbón es palabra rural! ¿No se ha dado cuenta?

Hay otra palabra –que como todas las anteriores he criticado en “La pizarra de Gaude”- que no me resisto una vez más hacer mención a ella: niebla meona.

El señor Urdiales no sólo no lo ha entendido sino que, de alguna manera, parece culpar a Delibes de modificar lo que la palabra significa. Dice Delibes:

Niebla meona
EUC p. 106
Durante casi un mes, la provincia ha estado entumida bajo una
niebla meona, niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada.
niebla.
(Del lat. nebula).
~ meona.
1.
f. Aquella de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna.
Niebla meona:
Delibes acaba de definirnos lo que es para él la niebla meona: niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada.(Investigación de campo)

Como vemos, en el “Último coto” Delibes describe –correctamente- lo que es la niebla meona: niebla húmeda y densa que al congelarse deja los campos albos como después de una nevada. A continuación copio y pego lo que según el experto entiende Delibes:

Niebla meona: Delibes acaba de definirnos lo que es para él la niebla meona: niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada.(Investigación de campo)

Si el señor Urdiales no ha entendido lo que para Delibes es la niebla meona, debería informarse, porque vamos a ver ¿si la niebla meona no deja los campos albos, deja de ser meona? Como muy bien recoge el DRAE, niebla meona es "aquélla de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna", pero que, yo me atrevo a añadir –porque muchas veces me ocurrió-, calan (mojan). ¿Podríamos decir que lluvia es el agua desprendida de las nubes que al congelarse se convierte en hielo? ¿Y si no hiela deja de llamarse lluvia? Pues con la niebla meona ocurre exactamente igual. La niebla meona, también para Delibes, puede o no congelarse sin dejar de ser meona. Luego para Delibes, para el DRAE, para este aporreador de teclas y para todo el mundo, la niebla es ésta:

Niebla meona
1. f. coloq. Niebla de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Como podemos ver, la aclaración que ha introducido el DRAE en la vigésimotercera edición, respecto de la anterior, es que ha sustituido la palabra aquélla, referido a la niebla, por niebla. Aclaración que, según este humilde paleto, no era necesaria. Pero, en fin, doctores…

Delibes nos ha definido la niebla meona, añadiendo que, si se congela (si se congela, sólo si se congela) deja los campos albos como después de una nevada. Y esto es válido para él, para este paleto que tuvo que sufrirla, para el DRAE… en fin para todos, excepción hecha del “experto” en Delibes que parece querer decirnos que... ¿Delibes se equivoca? Delibes acaba de definirnos lo que es para él la niebla meona.

Hay otra palabra que también comentaron para “Radio exterior de España”: ardivieja. Para el que quiera profundizar un poco más en esta palabra le remito a “La pizarra de Gaude”; allí la encontrará comentada. De momento sólo decir que no: ardivieja y rascaviejas no se parecen en más que son dos plantas, ahí acaba su similitud.

En las entrevistas para “Radio exterior de España” comentan más palabras, pero como creo que todas están recogidas en “La pizarra de Gaude” y no queriendo abusar de vuestra paciencia aquí lo dejamos después de haber descubierto que, también, Radio nacional de España es vehículo de divulgación para la forma que el señor “experto” en Miguel Delibes entiende al escritor y su forma de tratar este querido lenguaje mío: el lenguaje rural. No obstante no quiero abandonar sin ponerme a disposición de todos aquéllos que lo apoyan para disertar, palabra por palabra, sobre todo aquello que en los libritos en la narrativa de Miguel Delibes se ha publicado.

Y, machacando en hierro frío, sigo en…

Camporredondo, 24 de febrero de 2016


lunes, 1 de febrero de 2016

Lo prometido es deuda...

…y no me gusta estar entrampado. Para muchos de vosotros seguramente la imagen permanece en vuestra retina, o en vuestra chinostra. Pero para aquél que por su juventud no lo sepa, los tratos en el ámbito rural, se sellaban con un apretón de manos. La palabra era la mejor garantía para sellarlos. Entonces dejadme que yo me comporte como uno de aquellos hombres con traje de pana, faja negra protegiendo sus riñones y boina calada hasta las cejas. Hace unos días adquirí un compromiso con vosotros: hablaríamos de los útiles de la era siguiendo un orden de aparición en la faena, y a eso vamos.

Como creo que debemos de comenzar por el principio: comencemos por el horcón. Bien. ¿Por qué el horcón? Pues porque con él se cargaban los haces al carro y, a veces, con él se hacinaban y deshacinaban los haces en la era. De manera que justificada está la inclusión del horcón entre los útiles de la era.

El horcón, éste de tres dientes
Con el horcón, en el rastrojo, se allegaban los haces al carro. Era como una horca de metal (lo veis en la foto). Los había de dos o tres dientes, y todos tenían el mango más largo que la horca.

Como no quiero dejar -si soy capaz- ni un solo resquicio diré: vendrán otros detrás de mí y dirán: ¡pero también se cargaban los carros con la horca! Esto es cierto. Pero yo quiero añadir… y con la mano, y también se acarreaba los haces en cargas (sobre el lomo de los animales) y añada usted todo lo que quiera pero, lo cierto es que el horcón era el instrumento que fue inventado para cargar los carros de mies (también de hornija) para transportarla hasta la era (o al horno en el caso de la hornija). Después use usted un azadón, si quiere, para ayudar a cargar, pero el apero para esta labor fue el HORCÓN.

Horcón.- útil de dos o tres dientes de acero y astil largo con el que se alcanzaban, en el acarreo, los haces al carro. Aquí otro añadiría… ¡y punto! ¿Vale?

Horcas: de dos y cinco dientes
Horca de dos dientes.- Ya tenemos los haces en la era, los distribuimos por la superficie del círculo de la parva y quitamos los atillos: desatamos los haces. ¡Ya está! Bueno, pues, a continuación tenemos que esponjar lo mejor posible el bálago para que penetre el sol, lo caliente y runda (cunda) la trilla.

Ahora, el que jamás ha pisado una era, ni nadie le ha dicho cómo se hacía -siempre que algún “experto” no le haya tomado el pelo- preguntará: ¿con qué apero se hacía esa labor? Pues mire usted: esa labor se hacía con la horca de dos dientes. Y salió el “experto” de turno y dijo: ¡pues yo lo he visto hacer con la horca de cuatro o más dientes! A éste le vamos a contestar: yo también he visto comer los garbanzos del cocido con un tenedor, pero la herramienta más adecuada para con los gabrieles es la cuchara. Y esto le pasa a la horca de dos dientes: el agricultor tuvo necesidad de dotarse de un apero que la facilitara la manera de tender la parva y… ¡zas! inventó la horca de dos dientes. Después vino otro “experto” que con aquella misma horca dirá que movía el estiércol. Bueno, pues encantado de la vida si él es feliz moviendo el estiércol, pero la utilidad de la horca de dos dientes queda demostrada al tender y dar la vuelta a la parva, mientras el bálago no está trillado: es la más eficaz y para eso se inventó.

Queda clara la utilidad de la horca de dos dientes, más allá de que alguno, también, se rasque la espalda con ella.

Horca de dos dientes.- útil de era que se usaba para tender y dar vuelta a la parva, siempre que el bálago no estuviera muy trillado.

Horcas de tres y cuatro dientes
Pero los machos -que no han parado de dar vueltas al disco de la parva arrastrando el trillo- han ido trillando el bálago y la horca de dos dientes no sirve porque no recoge las pajas: no nos vale. ¿Y ahora qué hago? Pues ¡hombre, coja usted la horca de tres, cuatro o más dientes y tendrá la solución! ¿Para qué la tenemos si no?

Cuando la parva estaba trillada, había que acamizarla (recogerla para formar el montón de pico o de forma de pez), con la camiza por supuesto. Pero la camiza (camizadera, caniza y todo lo que usted quiera) no puede elevar la trilla. Ahora… -dice el que nunca se ha visto en otra- ¿qué hago? Pues hombre, con la horca de tres, cuatro o más dientes elevarlo hasta hacer el montón con la altura suficiente para ocupar menos espacio en la era, y hacerlo bien para que, si llueve, el montón no se cale más allá de una pequeña capa superficial (no se hagan goteras se decía).

O sea: con la horca de tres, cuatro o más dientes volvemos la parva cuando con la de dos ya es inútil, formamos el motón de trilla y también acercamos la trilla para facilitar la tarea al gario, como más adelante veremos.

Éste es el rastrillo que fue muy útil en la era.
Los trillos siguen sin parar y ahora se nos presenta otro problema: queremos volver la parva, pero el bálago está tan trillado que se cuela entre los dientes de las horcas y no hacemos buena labor... ¡Pero hombre de Dios! ¿No tienes el rastrillo? ¡Pues úsalo hombre! Y el tío cogió el rastrillo, o la rastrilla, y dio vuelta a la parva como quien ve llover. Aunque la palabra llover no debe ni nombrarse en la parva.

Con el rastrillo también se recogían (metían) las orillas cuando la parva se extendía demasiado.



Trillo con sus dos tornadoras y estas con sus palas
Había una herramienta muy útil en la parva: era la tornadora (otros dirán tornadera, pero como yo creo que su nombre verdadero es tornadora (la que torna, la que vuelve la parva), por eso le llamo tornadora. Además porque así se llamaba en Camporredondo, mi pueblo.

Camiza. En otros sitios camizadera, acamizadera. caniza...
La tornadora, al poco rato de empezar la trilla, se enganchaba en la parte trasera del trillo y ya no se desmontaba hasta el final. La tornadora, por su forma, iba enganchando las pajas largas que había pegadas al suelo de la era y las sacaba a la superficie. Cuando el bálago iba estando más trillado, a la tornadora se le acoplaba la pala que al mismo tiempo que removía la parva abría surcos en ella permitiendo que el sol calentara más superficie.

Ya hemos trillado la parva y amontonado la trilla. Para llegar hasta aquí hemos usado el horcón, la horca de dos, tres, cuatro o más dientes, las tornadoras, el rastrillo o la rastrilla y la camiza. Además, claro está, del trillo.

El que quiera aprender a beldar aquí tiene la ocasión. Hermanos Busto beldando
los gabrieles para el cocido.
Ya hemos terminado de trillar. Tenemos unos hermosos montones y queremos limpiarlo para que el grano quede bien guardado en la panera, o bajo la baldosa en forma de papeles del banco de España. ¿Qué hacer? Pues en el tiempo en que no había aparecido la aventadora, beldadora o máquina de limpiar, coger el/los bieldos y, con ellos y la ayuda de Eolo, separar la paja del grano y las grancias (granzas).

Ya vamos llegando al capítulo de preguntas: ¿los señores “expertos” creen que es práctico aventar con el gario? ¿Sería aconsejable? Ya veréis como contemplando la foto os daréis cuenta de que resultaría poco práctico. Imagínese una gariada llena, sería cuasi imposible que el aire lo traspasara, se trata de que siempre haya trilla en el aire y en no mucha cantidad para darle tiempo a Eolo a separar la paja del grano: arrastrar aquélla y dejar éste. Lo mismo que nos están indicando los hermanos Busto: mis primos. No obstante ¿usted ha visto aventar, también con el gario? Seguro que sí. Y con la pala de regar si estaba a mano, y con la horca y hasta con los pies. Veréis cómo lo entendéis enseguida: limpiar la cosecha, que tanto nos había costado verla en el montón, era muy importante y no dependía de que quisiéramos limpiarlo, dependía de que el dueño y señor del aire despertara y abriera la ventana. Cuando esto ocurría, la familia se lanzaba sobre el montón con lo que tuviera más a mano: bieldo, horca, gario, pala… en fin, lo que tuviera a mano y sirviera para levantar la trilla al aire ¡no podía esperar!

Dos modelo de gario: pero garios los dos. Respecto del bieldo,son como la
cucharilla del café y el cucharón de la sopa.
Pero los tiempos han mejorado y llegó la aventadora, beldadora… en una palabra: la máquina de limpiar (separar el grano de la paja).

Acercamos la máquina al montón y se presenta otro problema: elevar trilla a la tolva de la aventadora. Otra pregunta ¿con qué lo hacemos? ¡Vaya pregunta más tonta!: con el gario ¿con qué va a ser?

Resulta que el encargado de abastecer de trilla la tolva de la aventadora, es la primera vez que lo hace y todo lo que sabe es que se hace con el gario.

Aprovechando que Carlos acribaba los garbanzos, pinchamos los dos bieldos para
que no haya duda de su diferencia con el gario.
Como no sabe lo que es, ni la forma que tiene el gario, echa mano del Facebook y allí ve (le dicen) lo que es; el “experto se lo ha dicho en una fotografía que ha incluido. Busca un… “gario” y todo ufano y orgulloso se lanza a colmar la tolva de la máquina. El hombre lucha a brazo partido por darle abasto pero que nada, no hay forma. En esto pasa por allí el“paleto”, le ve sudando por cada pelo una gota y le dice: siéntate a la sombra y espera un poco. El paleto se va para casa, y vuelve con otro artilugio al que otros le llaman… no sé cómo. Toma, le dice, verás como con esto te rundirá (cundirá) más con menos esfuerzo. ¿Qué te parece? ¡Oye, esto es cojonudo! ¿cómo se llama este artilugio? Hombre, ¡esto es el gario! Pero si a mí me había dicho un “experto” que el gario era esto que tengo en la mano. Y el paleto le contesta: es que yo he sido cocinero antes que fraile y ese “experto” no llega ni a pinche de cocina.

El tío comienza a suministrar trilla a la tolva y como runde (cunde) mucho, pronto el montón le va quedando un poco alejado. Como el viejo paleto aún no se había marchado, le pregunta el esforzado gariador: ¿qué hago ahora? Pues mira, ahora necesitas otra persona que te vaya acercando la trilla porque si no perderás mucho tiempo. ¡Ya! Le dice el sufrido gariador, ¿con qué me lo acerca? Bueno, ¿ves aquella pieza que tienes allí? es la horca de cuatro dientes y con ella se hace muy bien. Además, le añadió el paleto: ¿no te das cuenta que la paja se te amontona a la salida de la máquina? Pues mira, para eso necesitas otro gario que te lo vaya lanzando hacia el pajero porque si intentas hacerlo con el “gario” del “experto” te verás negro para retirarlo.

Y a partir de ese momento el inexperto agricultor fue aprendiendo que para saber hay que preguntar al que sabe. En este caso sobran títulos académicos: es cuestión de experiencia...

Todo trillado y limpio, llegó el momento de “arrear” con ello hacia la panera. Oye, pregunta el agricultor aficionado: ¿con qué aparato lleno los costales?¿con el celemín que dice Urdiales? El paleto que se ha quedado a ver cómo termina todo, dice: los costales se llenan con la media fanega. ¿Por qué no lo hago con la fanega que rundirá (cundirá) más? Pues verás porque no habría dios que lo aguantara, es una medida de referencia pero poco práctica, se manejaría muy mal. Con la media fanega llenas los costales y tendrás una referencia de lo que ha sido, en fanegas, la cosecha. Después tienes la cuartilla, el celemín, el medio celemín y el cuartillo de celemín, pero estas medidas son más para andar por casa: se usa mucho para medir pequeñas cantidades como, por ejemplo, las igualas que se tenían con el veterinario, el herrero, etc. También para medir gabrieles, alubias… en fin que estas medidas ya no debemos considerarlas de era.

Cosecha trillada, limpia, grano en la panera -o bajo la baldosa- y nos queda llenar el pajar para tener comida para los animales durante todo el año y, si sobra paja, la llevamos al pajero.

Bieldo y gario flanqueados por la garia de picos y de bolas
Entonces, uncimos los animales al carro, cogemos los garios que hemos visto más arriba y gariada a gariada lo retiramos de la era, que barreremos a continuación con las escobas que cuelgan del trillo en la fotografía que os presento. En esta misma fotografía quiero que veáis la diferencia que existe entre el bieldo (centro a la izquierda) y el gario en el centro del trillo. Yo creo que se nota cierta diferencia. ¿o no?


Creo que no debo olvidar estos útiles de era que nos venían muy bien, principalmente, para retirar el grano a la caída de la aventadora y también había quien la usaba para aventar el grano si se nos había ensuciado de tamo. En fin que eran piezas muy útiles en la era, o en la panera si había que amontonar o mover el grano: son las palas de madera (las de los extremos son catalanas y la del centro producto del más puro estilo castellano).

Las palas del grano se llamaba a las palas de madera.
En la fotografía de la entrada anterior; en la que nos dijeron que lo que la pequeña labradora manejaba era el gario, podíamos, también, admirar lo que para su autor son los celemines. Deliberadamente lo he dejado para el final para presentaros lo que son la media fanega, la cuartilla, el medio celemín y el cuartillo de celemín. Manifestando: todas piezas que he presentado son útiles de la era rural. Si hay otra era académica, o universitaria, yo la desconozco y no puedo opinar: “zapatero a tus zapatos”.




1/4 celemín = 2'3125 litros.

Cuartilla = 13'875 litros.




1/2 fanega = 27'75 litros.
1/2 celemín = 4'625 litros.
                                        
Liado entre horcas, garios, celemines etc. se me había pasado por alto otros dos útiles importantes de la era: la criba y el badil.

Antonio acribando garbanzos. Pero el resultado
es el mismo ya sea legumbre o cereal.
Siempre que he hablado de aventar o beldar, ya sea con la aventadora o con el bieldo, he procurado decir que en esta operación se separaba la paja del grano y las grancias (granzas). Razonemos esto: cuando se hace pasar el aire a través de la trilla, el viento no distingue lo uno de lo otro más que por su peso. Entonces el grano pesa y se queda a los pies, no se desplaza. Pero las grancias (granzas) que son trozos de espiga, nudos, pajotes pesados, también se quedan junto con el grano. Queda claro que en la primera operación sólo hemos separado la paja. ¿Qué hacer después? en el caso de que lo hayamos separado con el bieldo, pues coger la criba y acribar, y en el caso de la aventadora cambiar el juego de cribas -que el efecto es el mismo que con la criba de piel o alambre- y separar las grancias (granzas) del grano.
Badil que muchas tolvas y cribas llenó



















Con los agujeros de las cribas acorde con lo queremos acribar, el grano cae al muelo y las grancias al montón correspondiente.

Para cargar la criba tanto en la manual como en la máquina aventadora pues usamos el badil ¿hay herramienta más apropiada?

Una pequeña anotación: para que el acribado fuera uniforme, una vez la tolva llena, esta siempre debería mantenerse llena, por lo que, a veces, era interesante el concurso  de dos badiles.

Ahora, echemos una mano al “experto”: él dice -porque desconoce absolutamente el lío en el que se ha metido- que los bieldos son garios, que la media fanega y la cuartilla son los celemines etc. pero… ¿Por qué lo dice? Pues porque es lo que dice el DRAE, que parece que tampoco le ha picado el tamo en la era. Vedlo a continuación:

bieldo
Del dialect. Beldar 'aventar las mieses', y este del lat. Ventilāre 'agitar en el aire'.
1. m. Instrumento para aventar compuesto de un palo largo, de otro de unos 30 cm de longitud que lo atraviesa en uno de sus extremos, y de otros cuatro o más fijos en este en forma de dientes.
2. m. bielda (‖ bieldo de seis puntas).
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
La acepción primera: correcta. La segunda: no tanto.
gario
De garfio.
1. m. Alb. Triple garfio para sacar de los pozos latas, cubos, etc.
2. m. Cantb., León, Pal., Seg. Y Vall. Instrumento para aventar.
3. m. Cantb. Horca de hierro.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
La acepción segunda, que es la que nos ocupa: absolutamente incorrecta.

Reflexionemos. Dice el DRAE: bieldo es un palo largo, otro de unos 30 cm que lo atraviesa y de otros 4 o más fijos en este en forma de dientes. Bien. Si nos fijamos en las fotos, que os ofrezco más arriba, veremos que todos los bieldos son de 6 dientes (puntas dice el diccionario). Pero después añade que el que tiene 6 puntas (dientes, decimos los paletos) se llama bielda. Bueno, para nosotros siempre fueron bieldos, tanto si eran de cuatro (para mí desconocido) o de 6 dientes. La bielda, como podemos apreciar en la foto, no tiene más picos (puntas dice el DRAE) pero sí es de más capacidad: sus dientes son más largos.

Sigamos: a continuación, el DRAE, nos dice que el gario es un instrumento para aventar. ¿En qué quedamos, se bielda, o avienta, con el bieldo o con el gario? ¿Es lo mismo bieldo que gario? Os aseguro que, para el que aporrea este teclado, no (sigo hablando desde el pueblo).
Estoy en condiciones de asegurar que en Palencia, Segovia y Valladolid, gario es el instrumento con el que se manejaba la trilla y la paja: pero no para aventar, ya hemos intentado razonarlo. En Cantabria y León lo desconozco (en mi pueblo –tal vez porque no habíamos pasado por la universidad- aventábamos con el bieldo y movíamos la trilla y la paja con el gario).
Bieldo.
Un tipo de gario





















Bieldo exagerado: bielda.


 Otro tipo de gario

Supongo que las fotografías serán suficientemente ilustrativas. Como podemos apreciar, hay un tipo de bieldo, la foto anterior nos dice que el bieldo excede de sus dimensiones normales y por eso se llama bielda y le siguen dos tipos de gario, pero garios los dos. ¿Se diferencian unos de otros? Yo creo que sí.

Para el “experto” que dice que en Castilla cambiamos a las cosas de nombre más que por su género por su tamaño, quiero decirle: si usted quiere aprender, aquí tiene otro ejemplo similar al olmo-olma, nogal-nogala, pez-peza, canalón-canalona,…y ahora bieldo-bielda.

Podremos constatar que se cumple lo que vengo diciendo: no hay cambio de género sino distinto tamaño que de alguna manera tenemos que diferenciarlo. ¡Vaya peza! Decía el que había pescado en el arroyo un pez fuera de lo corriente; entonces el/los acompañantes sabían que había pescado un pez enorme. ¡Coge la bielda! y ya sabías que el aparejo más adecuado no era el pequeño, sino el bieldo grande. Así nos manejábamos los de pueblo, y como estamos hablando en lenguaje rural; culto es aquél que lo conoce y el antónimo de culto es el que no lo ha visto en su vida.
Resumiendo:

Bieldo: útil de era para aventar (separar el grano y las grancias (granzas) de la paja.

Bielda: bieldo de dimensiones extraordinarias (dientes más largos que los del bieldo).

Gario.- útil de era para el manejo de la trilla o la paja (cada cosa en su momento).

Después de esta explicación que cada uno los use para lo que crea conveniente. Así y para esto lo llamábamos y lo usábamos en el mundo rural.

Ruego a todo aquel interesado que no esté de acuerdo con lo que acabo de exponer, que públicamente lo manifieste y, sólo de esa manera los útiles y palabras del mundo rural ocuparán en la historia el espacio que les corresponde, porque es el que tenían.

Gracias.
Camporredondo, 26 de enero de 2016