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lunes, 5 de junio de 2017

El profesor y el matacán.

Hace ya algunos años, al parecer auspiciado por la Diputación Provincial y la universidad de Valladolid, el profesor se lanzó a explorar este mundo maravilloso –nunca fácil- en el que nací hace muchos decenios: el mundo rural.

Cuando el profesor creyó tener preparada su clase, cuando creyó que sabía -pero no sabía, pues ni siquiera había leído la historia de “El matacán del majuelo” en “Viejas historias de Casilla la Vieja”- se armó de valor -porque valor sí tenía- y añadió a su glosario de palabras, esta de hoy: matacán. Lo que le salió lo comprobaréis a continuación:

Matacán
VHCV p. 77, passim
El
matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3.
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros
.
Cómo desconocía la palabra matacán acudió al Diccionario de la real academia española (DRAE entonces) y acertó en que, el matacán, era una liebre: pero nada más.

Pasado el tiempo el profesor -sí sé dónde- se informó, leyó, y asimiló un poco más. El profesor va aprendiendo, despacio, pero progresa.

24 de mayo de 2017. Son las siete horas y veinticinco minutos aproximadamente, cuando suena en el altavoz de la radio el “dialecto agrario”, escuchemos:

Buenas tardes queridos cazadores y buenas tardes queridos oyentes. Digo queridos cazadores, porque la palabra que tratamos hoy se mete de lleno en el terreno de los cazadores. Es palabra que se oye entre la gente que va de caza, también se oye en los pueblos, y a penas se escucha en la ciudad. En ocasiones Miguel Delibes explicó el significado de la palabra rural que estaba escribiendo, como es el caso de la palabra de hoy: matacán. Dice Delibes en un libro llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” que, el matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por cierto, el empleo de la, en un par de ocasiones en Delibes, luego ya se modificó por ley, que sería lo correcto. Nos encontramos por tanto ante una liebre experimentada que ha tenido que correr muchas veces huyendo de otros predadores, de galgos, de cazadores… y todas estas carreras enmagrecen su cuerpo. Es curioso, en “Viejas historias de Castilla la Vieja” el matacán que nombra Delibes es casi una cuestión de estado para los vecinos del pueblo, no había manera de matarlo y el pueblo entero sale al campo para acabar con él y al fin lo logran. Al matacán le va muy bien el dicho español que dice… “el diablo es más sabio por viejo que por diablo”.

Ejemplo de matacán, encontrado en internet

Como acabamos de leer, parece que ha aprendido que para que la liebre llegue a matacán, no necesariamente, debe ser corrida por los perros (que es lo que nos dijo en su primera clase). Desde que la liebre nace, su supervivencia principalmente depende de sus patas. Así la (aunque lo correcto sea le, yo soy de pueblo) toca, siempre, correr delante de los muchos depredadores que tiene. De forma que puede llegar a matacán sin haber corrido delante de un perro (aunque así lo afirme, también, el DLE). El caso de “El matacán del majuelo” de Delibes, es muy similar al de “el matacán de los majuelos de “La Gamarra” en Camporredondo, que cuando le descubrieron los galgueros y sus galgos ya no había dios que "-nunca mejor dicho-" le echara un galgo.

Pero decía que va aprendiendo despacio, porque todavía no entiende cómo se expresa el ser humano rural. Cuando dicen “¡al suelo todo el mundo!”, no quiere decir que el mundo entero se agaville, no. Si el escritor dice que todo el pueblo marchó tras él, se está refiriendo a todo el pueblo cazador, o aficionado a la caza. No, todo el pueblo no salió en persecución del matacán, ni hizo cuestión de estado. Lo que Delibes quiere decir, y dice, es que salieron unos cuantos aficionados y dos escopeteros, de los que, uno de ellos, de dos disparos dio muerte al matacán. Así que el pueblo entero no dio muerte al matacán y ¿sabe el señor profesor por qué fue así? Pues porque el resto de habitantes del pueblo –casi todos- estaban trabajando. De todo esto puedo dar fe. Así que no, a partir de ahora el señor profesor ya sabe que el pueblo no hace cuestión de estado el dar muerte, o no, al matacán.

Y ya, de paso, insistir: la liebre, para llegar a matacán, no necesita que la corran los perros, sino que tiene muchísimos "sparring" que la obligan permanentemente a mantenerse en forma y, ¿la que se descuida? pues la que se descuida no llega a matacán.

También es posible que a los no versados no les diga nada la palabra matacán. Más claro lo habríamos tenido si en vez de matacán, nuestros antepasados hubieran escogido la palabra mataperro, que es a lo que re refiere: MATA-CAN = MATA-PERRO. Cierto es que no descubrimos el significado del nombre hasta que nos damos cuenta de que el perro puede caer reventado al correr tras el… mataperro, o matacán que es lo mismo.

¡Ay señor señor!

Camporredondo 25 de mayo de 2017

lunes, 6 de febrero de 2017

Tornacaza.

Sigo usando archivos. 
Esta vez quiero rogar al lector, -posible cazador urbano, rural ya soy yo- que nos diga si está de acuerdo con lo que, en su momento, tecleé. 

No, esta vez no sé de qué va la palabra tornacaza: jamás la usé; ni siquiera la oí. Soy de pueblo.

Como en mis años de cazador, y algunos después, no he oído la palabra, me limitaré a intentar raciocinar sobre ella y lo que Delibes (en mi cavilar) dice en ‘El último coto’.

Escribe el cazador:

“(…) Uno no caza nada porque faltan reflejos, vista y elasticidad y estas mermas no se recuperan con los años sino todo lo contrario. Una constatación obligada: el nordestazo de ayer puso las cosas difíciles. Ordinariamente cuando uno regresa bolo de una cacería, la memoria de las piezas que falló le perseguirá como un reproche durante toda la semana. Empero, la tornacaza de ayer no fue tan refinada; las presuntas víctimas no torturaron mi cerebro. ¿Por qué? Porque no hubo presuntas víctimas, porque solamente tuve una oportunidad de romper el maleficio: el pájaro aquel, de la pestaña, que antes de coger el viento, se elevó en línea recta inmolándose. Me llené de perdiz, me precipité y se fue a criar. (…)”.

Cuando el cazador regresa bolo (no ha colgado ninguna pieza) de una cacería, durante toda la semana (principalmente la noche siguiente) la memoria le martiriza, le tortura, no encuentra explicación. Pero en ninguna parte nos dice Delibes que al día siguiente vuelva a buscar las posibles piezas muertas (sabe que es absurdo). Esta vez ni siquiera le remuerde la conciencia, él sabe que lo que le ha ocurrido (excepto la perdiz de la pestaña) no es achacable al cazador. De manera que para qué torturarse buscando (en la tornacaza) una explicación.

Porque tuve de profesor al mejor y más experimentado cazador (caza menor) que pateó estos campos de Castilla desde su más tierna edad (1931) (a los 8 años pastor de ovejas y cazador -1939-), y dado que jamás le oí hablar de la tornacaza, aunque sí sabía lo que era lógico o no en el comportamiento de la caza y su seguimiento posterior al disparo, me permito -incluso si Delibes lo hubiera entendido, o dicho así- discrepar de esta manera de entender la tornacaza.

Ya anticipo que si la explicación que da el librito es tornacaza, será en la jerga venatoria urbana, o académica; nunca rural.

Cuando a un cazador se le escapa la pieza por error de puntería -o cualquier otro motivo- sabe de sobra si hay que buscarla o no. Esto lo aprendí a muy temprana edad (no más de 5 años). Si el cazador tiene que buscar la pieza (como ocurría con mi hermano) debe buscarla en ese momento porque mañana ya no dependerá de si la has emplomado o no, sino de que las alimañas que -entre otras cosas- se alimentan de esto, no acierten a pasar por allí. Harto difícil es que, principalmente el raposo, con su fino olfato, que se pasa toda la noche buscando algo con que llenar el bazaco, no detecte una pieza muerta. Si la pieza ha muerto, con toda seguridad que en la noche algún depredador o carroñero la encontrará. Y si está herida es más que posible que también desaparezca por el mismo motivo.

De manera que volver al día siguiente por donde se realizó la cacería, con el ánimo de encontrar una perdiz, herida o muerta, pues… permitidme que me ahorre el calificativo. Si ayer disparé, la vi caer, y aún así no fui capaz de encontrarla ¿se me ocurriría volver al día siguiente a patear el mismo terreno? Pido un respeto a la inteligencia del cazador, al menos del cazador rural que sabe que sería absurdo.

Digo esto por lo que vais a ver a continuación:

Tornacaza
EUC p. 68
Empero, la
tornacaza de ayer no fue tan refinada;
Tornacaza:
Repaso que se da al lugar en donde ha habido una cacería para buscar alguna pieza herida o muerta que no se haya recogido. Se hace al día siguiente. (Investigación de campo)

Éste es el resultado de la investigación del autor del “Diccionario (librito) del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” y “Cátedra Miguel Delibes”. Desde mi punto de vista… ¡Qué pena!

A partir de aquí yo os invito a que leáis lo que más arriba hemos recogido de “El último coto”.

Repito, sin entrar a devanarse los sesos sobre la palabra tornacaza, cuyo significado desconozco, analicemos lo que el cazador ha escrito. No me imagino que se pueda deducir que el cazador piensa en volver al día siguiente a buscar las piezas que -él nos lo dice- sabe que no ha matado.

Ni siquiera la memoria le tortura su cerebro porque sabe que tuvo un fallo de principiante…

Pero sigamos con la tornacaza del autor de los libritos. Dice:

Tornacaza: Repaso que se da al lugar en donde ha habido una cacería para buscar alguna pieza herida o muerta que no se haya recogido. Se hace al día siguiente. (Investigación de campo)

Y pregunto: ¿cómo se puede deducir que tornacaza sea lo que el autor del librito nos dice? ¿Cómo puede deducir que el cazador vuelva a buscar unas piezas que él sabe que no ha abatido? ¿Volvería, el cazador, a buscarlas por si acaso se habían arrepentido y se habían muerto?

Permitidme que exprese lo que yo entiendo que, el “escritor que caza” (estoy hablando de Delibes), quiere decir: cuando uno regresa bolo de una cacería, la memoria de las piezas que falló le perseguirá como un reproche durante toda la semana. Sin embargo la tornacaza de ayer…

Parece que queda suficientemente claro que el cazador lamenta durante un tiempo los fallos que cometió durante la cacería. Su memoria no deja de recordarle lo que falló, y al recordarlo no caza, rememora el día de la caza y esta es su TORNACAZA: volver sobre la última cacería con el pensamiento. El cazador vuelve, torna a la cacería, y es en la tornacaza cuando piensa en los fallos que pudo cometer. No es el caso de “El último coto” donde el cazador sabe todo lo que ha ocurrido y no necesita torturarse más. La tornacaza de ayer, el repaso mental de lo ocurrido ayer al cazador ,lo tiene suficientemente claro.

Resumiendo:

Tornacaza: vuelta sobre la caza; repaso por la noche, sobre la cacería, un día después de ella, en el mismo instante de que finalice, o una semana después. En una palabra; repasar con la mente lo ocurrido en la cacería.

Qué no es –para este ex cazador hombre de campo- tornacaza: volver a buscar las piezas que no se han recogido durante la cacería, y menos al día siguiente.

Lo que acabo de teclear es lo que, humildemente, pienso que nos transmite Delibes en “El último coto”. De todo ello lo que afirmo es que, en lenguaje rural, tornacaza no es buscar al día siguiente las posibles piezas muertas. Quizá en las grandes cacerías se produzca una especie rebusca de piezas abatidas; pero eso ya no es caza, ni creo que haya cazador que se precie que lo ponga en práctica.

Repito: desconocía la palabra, pero me arriesgo a tildar de “deducción sin sentido” el significado que he encontrado en Cátedra y Diccionario en la narrativa de Miguel Delibes. Su autor, quizás bien repanchingado en el sofá, haya visto algún programa de “Jara y sedal” y ha sacado sus propias conclusiones.
Hace unos cuantos años: día de caza en Camporredondo. Las perdices estaban en el peladero.
Cazadores, de izquierda a derecha: Jacinto, Justiniano, Justiniano hijo, Marciano, Justo, Ismael y Amadeo.
El que ahora teclea -a esa misma hora- estaba con las ovejas en el campo.


Camporredondo a 20 de noviembre de 2015


lunes, 16 de enero de 2017

¿Hembra, o buseto?

Aun pensando que es una página digna de ser emitida el día 28 de diciembre, algo tengo que decir.

¿Qué hace la gente en Calgary (Canadá) un miércoles a -25ºC? Todos los miércoles hacen lo mismo: a las 19 h. (hora española) sintonizan por internet EsRadio Castilla y León y esperan a que salga mi sección a eso de las 19:30. Calentitos, en casa escuchan mi "Dialecto agrario" en el programa "Es el campo de CyL". A todo el que me lo pide, le mando la traducción del castellano rural al inglés de Canadá. Hoy, la palabra es "hembra", la de la foto.

No hay texto alternativo automático disponible.


¡Pobres canadienses! además, se lo “traducen” del castellano rural.

A lo que acabáis de ver y leer, le sumamos lo que sigue, transmitido -vía ondas hercianas- por el señor Urdiales Yuste en "Es Radio CYL" "Es el campo" "Dialecto agrario" el día 11 de enero de 2017, del que es autor. A la pregunta ¿qué es hembra en el dialecto agrario? el experto responde:

Muy buenas tardes. La hembra… claro, en Delibes, y más en “Diario de un cazador” que es un libro de los de Miguel Delibes, es un diario de caza. Hay un cazador… más o menos inventado, más o menos real. Pues la hembra para Delibes, es decir, para un cazador es, en el contexto que yo lo he cogido de “Diario de un cazador”, el reclamo de codorniz que imita el sonido de la hembra y así lo dice, lo escribe, Miguel Delibes en diario de un cazador. Dice lo siguiente: “Zacarías anunció que dentro de unas semanas empezará a salir con la hembra. No tengo pepita en la lengua y le dije que el reclamo es una perrería”. O sea, la hembra como reclamo, como el reclamo de la codorniz que imita en este caso el sonido de la hembra, ¡ojo! también hay reclamos que imitan el sonido del macho. Bueno creo que la gente puede intuir como se utiliza, por supuesto, o ya lo ha utilizado alguna vez. Para que suene se le presiona como si fuese un acordeón. De manera que hoy, si alguien no lo sabía, ha aprendido que la palabra hembra también sirve para denominar el reclamo de la codorniz, de la hembra de la codorniz.

Esto es lo que ha enseñado hoy el “experto” a sus seguidores. Los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya saben lo que es hembra: él se lo ha enseñado hoy, a los que le siguen. Ahora viene el paleto y nos dice: pues no, esto no es así. Si el señor Urdiales hubiera leído el libro “Diario de un cazador”, de Miguel Delibes, se habría dado cuenta que, el escritor, nos viene –y sobre todo continúa- hablando de la caza de la perdiz con reclamo. ¡Ah! ¿Que no se lo cree el señor doctor? Pues le recomiendo que lea -aunque sólo sea por esta vez- “Diario de un cazador".

No. Delibes, en este pasaje, no habla de cazar codornices con reclamo: sino perdices.

No. El escritor no usa el reclamo -artificial- que imita el canto de la codorniz, ni siquiera el de la perdiz. Usa directamente la perdiz HEMBRA que es la que mejor imita el canto de la perdiz. Y ¡ojo! que también imita el canto del macho, ¡pues claro coño! como que es el MACHO de la perdiz que también se usa como reclamo y no vea usted como imita de bien el canto del macho. ¡Es que son la leche estas perdices que imitan tan bien! ¿Qué imitan tan bien? pues eso, joder, ¡el canto de la perdiz!

Y tercer no.- Ni para Delibes, ni para un cazador, la foto “es reclamo de codorniz que imita el sonido de la hembra”. El reclamo del que el “experto” nos muestra la fotografía, es un artilugio que imita el sonido de la perdiz, pero que no por ello se llama hembra, ni macho, a pesar de que -bien manejado- reproduce los dos sonidos.

O sea, de momento, separemos a la codorniz de todo este lío. La pobrecilla, en abril, y en aquel tiempo, aún no había aparecido por estos lares.

Y viene la parte siguiente: Zacarías ya hace unos días que tiene pensado en salir con la hembra a reclamo (caza con reclamo) pero… ¿sabe el señor Urdiales Yuste con qué hembra? Pues con el artilugio de la foto no, sino con la que hemos mentado… ésa, ésa: la perdiz HEMBRA. Ésta es la hembra para Delibes o para un cazador, como dice el “experto”. Y esa es la hembra con la que Zacarías sale al reclamo.

Lo que ocurre al señor Urdiales (experto en maltrato a la obra de Delibes y al lenguaje rural) es que le han enseñado un artilugio que sirve como reclamo –manual, o sea artificial- para la perdiz y se ha liado. Como me liaría yo si me dedicara a impartir clases sobre aquello que desconozco. Aunque aquí quiero arriesgarme un poco. Si yo, analfabeto de mí, me dedicara a impartir clases, en colegios o institutos, fíjese lo que le digo: haría mejor papel que el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes y en el dialecto agrario. Eso es lo que pienso, y a las pruebas me remito.

Y sigo. El aparato que el señor Urdiales nos muestra como “hembra” es un reclamo artificial para perdiz que tiene su nombre particular: BUSETO. No sé si con “s” o “x”… pero buseto al fin y al cabo. ¿Nadie se lo ha dicho señor? Pues sí, este artilugio se llama así y puedo decirle que había en mi pueblo cazadores que, haciéndolo sonar, parecía que cantaban las propias perdices. Presionado de una forma simula el canto de la perdiz (hembra) y  de otra distinta imita el canto de la perdiz (macho).

Resumiendo:

Codornices no. Machos de perdiz era lo que cazaba Zacarías, en este caso, usando como reclamo la perdiz (hembra).

Hembra no. El aparato para reclamo se llama BUSETO. También puede ser que sea buxeto, pero eso no viene ahora a cuento.

Y es verdad. Con el BUSETO, sabiendo manejarlo, se reproduce el canto de la hembra y del macho de perdiz.

Quiero dar los nombres de tres auténticos maestros en el arte de manejar la hembra… no, ¿en qué estaría yo pensando? Quería decir el buseto: mi tío Emiliano, mi vecino Germán y mi primo José Antonio que… ¿qué cree usted que dirían si oyeran que al buseto (reclamo mecánico) le llaman hembra?

Bueno, creo que, con esto, los seguidores del señor Urdiales y su “Dialecto agrario” que no lo supieran hoy saben un poco más sobre este artilugio para la caza con reclamo que, aunque lo usé, nunca fui maestro en su manejo: jamás atraje perdiz, hembra o macho, hasta ponerlos al alcance de los perdigones. ¡Ah! Perdigones de plomo, no de perdices pequeñas o grandes, que luego el “experto” me lo recrimina… ¡menudo es el “experto”!

¡Aguafiestas, que soy un aguafiestas! ¡Mira que traer a colación el buseto a estas horas…!

Y aquí seguimos: al calorcito de la calefacción y escuchando el “Dialecto agrario” para poder desfacer entuertos.

Camporredondo, 12 de enero de 2017

P.D. Fuera de “concurso” quiero hacer un comentario: sabéis que no soy experto en nada… bueno, si acaso en el arte de pastorear ovejas (eso decían de mí en otro tiempo). Quiero decir que no soy -líbreme Dios- experto en Miguel Delibes. Pero sí lo he leído (tengo toda su obra), y os puedo asegurar que no recuerdo que el escritor haya cazado perdices ni, por supuesto codornices (excepto el día que en compañía de Zacarías cazaron con red y pito como reclamo de codorniz y acabó a tantarantanes entre los dos), con el buseto (hembra para el señor Urdiales). Sí ha cazado –aunque dice que no le gustaba hacerlo- usando como reclamo la perdiz y, en el caso de la codorniz -aunque en menor medida- con la propia codorniz y red o, como decimos en mi pueblo: rede.

¿Quiere esto decir que no cazara con el buseto (hembra para el señor Urdiales) como reclamo? No, lo que quiero decir es que yo no recuerdo que el escritor hable de ello en su obra. Y ahora sí: sanseacabó ¡Mira que soy pesado, joder!


martes, 6 de septiembre de 2016

La gafa de Urdiales

La gafa del “experto” Urdiales

¿Qué es para Delibes una gafa? Lo cuento dentro de un rato en EsRadio CyL. Programa: Es el campo de Castilla y León. De 19 a 20 h.


Así lo encontré en Facebook. Lo que escuché en la emisora “Esradio CyL. Programa: Es el campo de Castilla y León directo”, a las 19’25 del día 22 es lo que os cuento a continuación:

(…) la usamos algunos para leer y hay gente que la lleva siempre. Delibes la emplea en un libro que se llama “Las perdices del domingo y tiene otro significado distinto. Ya sabemos que las palabras en general tienen varios significados y, en este caso, Delibes dice así: “… donde encontramos a la perdiz, tras cuatro días consecutivos de caza, resabiada, hosca, e inabordable.  Jesús, el práctico, la calificó de gafa, vocablo que, seguramente por extensión  del aplicado a las caballerías de casco irritado, delata inquietud”. 

Parece que Delibes desconoce el vocablo gafa, aplicado a la perdiz. Y continúa el "experto":

Así que podemos concluir, después de lo que dice Delibes, que una perdiz gafa es una perdiz inquieta y por tanto una perdiz dificultosa para la caza.

La locutora preguntó al entrevistado sobre la palabra “gafa”. El señor no conocía más gafa que la que usamos para ver. Porque el entrevistado desconoce la palabra, la locutora recurrió al “experto”, quien atribuye la palabra a Delibes y dice lo que más arriba he tecleado.

Me llamó la atención el buen deseo y predisposición de la locutora por la conservación del lenguaje rural, así como a continuación el recurso usado para ello: el “experto”. No hace falta que os diga la distancia existente entre el doctor cum laude en ciencias de la información y este ex pastor -y ex cazador- en el tema –lenguaje rural- que nos ocupa. Pues ésta es otra de tantas palabras que, según este paleto, el señor Urdiales no entiende y, como no lo entiende, adjudica su autoría al escritor que caza. (¿Otra investigación de campo, que viene a ser un a mí me lo han dicho?).

Según el “experto”, para Delibes la perdiz resabiada (agresiva), hosca (áspera), inabordable (que  no permite acercamiento)…es una perdiz “gafa” pero… vamos a ver señor Urdiales, leamos de nuevo: “…, e inabordable. Jesús, el práctico, la calificó  de gafa, vocablo que, seguramente por extensión del aplicado a la caballerías de casco irritado delata inquietud”.

Cavilemos: según este humilde e inculto paleto, el que dice de la perdiz que es gafa es Jesús, el práctico que, leyendo “Las perdices del domingo”, parece que es el que dirige, o aconseja, cómo ha de realizarse la cacería. Delibes, como tantas otras veces, se limita a tomar nota, y reproducir lo que Jesús, el práctico, dice. Y Jesús, el práctico, dice que la perdiz es gafa como podía haber dicho que era comadreja (lo digo por lo de áspera, hosca e inabordable).

De manera que si lo dejamos al albur, o capricho, del señor “experto”, el lenguaje rural se anotará una (otra) palabra más que nunca ha existido sino en la ignorancia del atrevido “experto” que se la adjudicó a Delibes, siendo esto muy fácil: el escritor no está para desmentirlo.

Como último comentario quiero decir: los nombres de los personajes usados por Delibes, en esta obra, no son imaginarios, sino reales, personas de carne y hueso; por tanto Jesús, el práctico, dijo que la perdiz era gafa –la palabra no la inventó Delibes- y el “cazador que escribe” la recogió.

Y repito: sólo es la opinión de un humilde hombre de campo (ex pastor, ex agricultor, y ex cazador) que jamás llamó, ni oyó llamar gafa, a una perdiz resabiada, hosca e inabordable.

Respeto para el escritor y para el lenguaje rural: ellos no pueden defenderse.


Camporredondo, 25 de junio de 2016

PD. Acostumbro a que aquello que digo se aproxime, lo mas posible, a la realidad. En este caso me puse en contacto con el ayuntamiento de Cabreros del Río y con algunos vecinos más (cazadores y no cazadores) interesándome por la palabra que nos ocupa; resultando que, como presumía, la palabra gafa no existe más allá de la gafa, o gafas, para la vista. Debo decir que entre los cazadores había uno mayor y él jamás oyó la palabra referida a la perdiz.

Resultando señor Urdiales que no, Delibes escuchó la palabra gafa de boca de Jesús, el práctico. Jesús, el práctico, la usó como pudo haber usado otra cualquiera para concluir que la perdiz era difícil de cazar y en vez de decir que era hosca, inabordable y resabiada, como muy bien calificó Delibes, se le ocurrió llamarla gafa como, según dije más arriba, pudo  haber dicho comadreja.

Seriedad señor Urdiales, conservemos las palabras en trance de desaparecer, pero dejemos de inventar otras (no tenemos  categoría), porque, si además usted se apoya en Delibes, puede que por respeto y admiración al cazador que escribe, la palabra que nunca existió, pase a formar parte de palabras en trance de desaparecer. Además, como ya me ha sucedido, puede que haya quién diga que Delibes se inventó palabras que no pertenecen al castellano.

Puede que usted tenga -y es de temer- otra fuerza, la mía es la fuerza del que busca la razón sin más pretensiones que el amor por nuestro lenguaje rural. Investigue, ayúdenos a conservar el maravilloso lenguaje que hablaron nuestros abuelos, y nosotros mismos, pero... no falte a la verdad.

Al principio del escrito el "experto" hacía una pregunta: ¿Qué es para Delibes una gafa? Pues bien; como creo estar en condiciones de satisfacer la  curiosidad del señor Urdiales le diré: para Delibes una gafa es aquello que "usamos algunos para leer y hay gente la lleva siempre". Lo que ocurre es que a Delibes le llamó la atención el significado de gafa que le dio Jesús, el práctico, a la perdiz, la recogió, y nos la transmitió. Después cada quisque la interpretamos como "Dios nos da a entender" y así nos luce el pelo.

martes, 26 de julio de 2016

Matrero

Matrero

AVD p. 44
En diciembre la perdiz mesetera sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo. Es pájaro
 matrero, a menudo con algún perdigón en el cuerpo,
matrero.
1.
 
adj. Astuto, resabido.

Hasta aquí lo publicado en Cátedra Miguel Delibes -dependiente de la UVA- pero que, como allí me dijeron, del glosario -DICCIONARIO DE VOCES Y EXPRESIONES POPULARES Y RURALES EN LA OBRA DE MIGUEL DELIBES -  sólo su autor es responsable. Sin comentarios.

A continuación, en Facebook, hoy me encuentro lo que sigue:

Jorge Urdiales Yuste
Es pájaro matrero, a menudo con algún perdigón en el cuerpo (Aventuras, venturas y desventuras...) Matrero: Astuto, resabido

Como cada vez sé menos, pero sigo queriendo ilustrarme; echo mano del Diccionario de la Lengua Española (DLE) y vean lo que nos dice:
matrero, ra
De or. inc.
1. adj. Astuto, resabido.
2. adj. Suspicaz, receloso.
3. adj. Engañoso, pérfido.
4. adj. Arg. y Ur. Fugitivo que buscaba el campo para escapar de la justicia. U. t. c. s.
5. adj. rur. Arg. y Nic. Dicho del ganado: cimarrón. U. t. c. s.
6. adj. Col. Dicho de un toro: Mañoso, que esquiva el trapo con que se lo invita ytrata de embestir al torero.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
Leo –hasta ahí sí que llego- que, efectivamente, el diccionario recoge 6 acepciones para la palabra matrero: algo voy aprendiendo. Pero quiero y necesito saber más. Ahora quiero saber qué es eso de resabido que, parece, que Delibes – según el autor del glosario de su Cátedra- aplicó a la perdiz mesetera en el mes de diciembre. Para ello vuelvo al DLE y allí dice:
resabido, da
Del part. de resaber.
1. adj. Que se precia de entendido.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
¡Joder! digo… ¿qué clase de perdices cazaba D. Miguel? Me acuerdo de que, en mis años jóvenes, las perdices podían ser suspicaces, recelosas  pero…  ¿resabidas? ¡Ya está! Pensé: el autor del glosario, y ahora de lo publicado en Facebook, ha tenido un pequeño desliz sin importancia: en vez de aplicar la acepción nº 2 ha aplicado la nº 1 que, aunque están próximas, no quieren decir lo mismo. No es lo mismo –digo yo- una perdiz recelosa, suspicaz… que no se fía vamos (sus motivos debe de tener) que aquella otra -que yo desconozco- que presume (se precia) de entendida.
Y ahí va mi pregunta: ¿Vosotros conocéis alguna perdiz, o cualquier otro animal de los llamados irracionales, que se precie o presuma de algo? Hombre ya sé que había una ratita muy presumida que barría su casita…, pero aquello no tiene nada que ver con las cacerías de D. Miguel Delibes.
Y ya está. Espero que, si lo tenéis a bien me expliquéis lo que yo no acabo de entender, al fin y al cabo no soy más que un humilde paleto inculto deseoso de aprender del “doctor  cum laude en ciencias de la información”.
Como final os ofrezco la frase completa de lo que escribió Delibes en “Aventuras, venturas,  y desventuras de un cazador a rabo”:
En diciembre la perdiz mesetera sabe más que Lepe, Lepijo y su hijo. Es pájaro matrero, a menudo con algún perdigón en el cuerpo, que recela hasta de su madre.
¡Jolines, recela, la perdiz recela! pero… ¿no es eso lo que dice la segunda acepción del DLE? Bueno entonces no hace falta -eso creo yo- que me aclaréis nada: creo que, aunque inculto, esto sí que lo he entendido. Parece que la perdiz mesetera, en diciembre, no era resabida, sino recelosa, suspicaz. Si le añadimos la posibilidad de que llevara en su cuerpo algún perdigón, creo que estaba más que justificado que no se fiara ni de su madre.
Desde este pueblecito… felices vacaciones.

 Camporredondo, 24 de julio de 2016.

martes, 12 de julio de 2016

El matacán.

El DLE (Diccionario de la Lengua Española) en su acepción 3 dice:

Matacán
3. m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros.

El glosario de Cátedra Miguel Delibes dice:

Matacán

VHCV p. 77, passim

El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3. 
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros.

Y en Facebook encuentro:

14 h · 
El matacán es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece (VHCV) Matacán: Liebre que ha sido corrida por los perros.

Y yo digo: intentaré dar mi opinión sobre el matacán.

Vamos a ver: ¿a qué tipo de personal va dirigido lo que más arriba he transcrito? ¿Seremos tan brutos los no titulados?

Comencemos por el más fácil y breve: el DLE (Diccionario de la Lengua Española). No señores académicos, a la liebre, no la convierte en matacán el que haya sido corrida por los perros. Más abajo intentaremos razonarlo.

Vamos con Cátedra Miguel Delibes: ¿no le parece, al autor del glosario  de la cátedra, que Delibes –el cazador que escribe- deja meridianamente claro lo que es el matacán? ¿Corregimos, o intentamos corregir, al maestro?

Y a continuación vamos con D. Jorge Urdiales Yuste: 

¿Sería usted tan amable de sacarme de dudas? A mí me parece -sólo me parece- que usted, como el aceite, desearía quedar encima, pero -otra vez más-  le diré una cosa: hay más diferencia entre usted y el lenguaje rural que Delibes usa, que entre el párvulo y el maestro en la escuela. Si no tengo razón  ¿por qué usted intenta darnos otra versión de la que nos da el escritor? ¿No está claro, o no lo entiende?

Y  ahora para todos aludidos más arriba:

Delibes en “El matacán del majuelo” nos deja más claro que el agua (así decimos los de mi pueblo) lo que es un matacán, no creo que haga falta repetirlo. Pero vamos pasito a pasito.

Cuando la liebre nace, en sus propios genes ya lleva escrito que vive en un ambiente que no la perdonará el menor error o descuido. Así, enseguida deberá cuidar de no ponerse al alcance de la comadreja, del turón, del gato, del lince, del raposo, del jabalí, del lobo… etc. etc. etc. además de las rapaces que intentarán hincarle las garras y el pico en cuanto se descuide. Y aquí viene la pregunta del ex pastor y ex cazador: ¿cómo creen ustedes que la liebre llega a matacán? Pues eso, eso; corriendo, corriendo. Bueno debo añadir que en sus primeros días en este medio natural en que la toca vivir, más que correr gazapea (que quiere decir que se mueve sigilosamente, dicho sea de paso para el experto que piensa que es buscar gazapos porque son más fáciles de cazar que los conejos) gazapea, decía, porque no quiere que la vean y se la zampen. Pero, a medida que crece, prefiere poner tierra de por medio, lo cual le facilita llegar a matacán que, como acabamos de ver, no hay necesidad de que la corra el perro. A medida que la liebre va echándose sus, obligadas, carreras, va enmagreciendo, va musculándose, se le van alargando sus patas traseras… se le va aquillando el pecho (se le pone pecho de liebre, pechiliebre ¿os acordáis?), y corta el viento como un dalle, que es lo que dice Delibes. Y todo esto ha ocurrido sin que el galgo (perro) haya visto a la liebre.

Pero claro; si ignoramos que la liebre tiene muchos enemigos naturales que la obligan a correr, llegamos a pensar que si no la corre el perro nunca llegará a matacán. ¡Craso error!

El galgo del guarda Bonifacio Alonso con la libre de los majuelos de La Gamarra en Camporredondo, o el lebrel de Arabia de Don Benjamín con la liebre del majuelo del tío Saturio (ver El matacán del majuelo), no pudieron nada contra el animal porque ya era matacán (liebre a lo bestia). Los galgos del pueblo tampoco la alcanzaban porque la liebre había enmagrecido, se había musculado, se la habían desarrollado las patas traseras, el pecho se la había aquillado y para cazarla tuvieron que hacerla trampas: a los dos matacanes (¿o fue uno sólo?) les mataron de dos disparos: uno murió camino del perdedero natural y el otro al llegar al Monte Arenas –su perdedero natural- donde, saliendo por detrás de un pimpollo su cazador-matador, dos disparos acabaron con él, el matacán de La Gamarra.

Y nada más. Repito lo que dijo Delibes sobre el matacán:

Matacán

VHCV p. 77, passim
El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.

¿Alguien puede decirlo más claro? En el pueblo tenemos la misma opinión: la liebre llega a matacán a fuerza de años y carreras que no, necesariamente, las dará perseguida por el galgo (perro).

Esto aprendí en mi juventud, y esto digo en:

Camporredondo, 9 de julio de 2016





martes, 7 de junio de 2016

¿Subir o bajar? He ahí la cuestión.

...los pájaros que le están entrando a ese marica los baja uno con la gorra
Bajar: Poner algo en lugar inferior a aquel en que estaba.

Y en Cátedra Miguel Delibes encuentro esto otro:

Bajar
D1C p. 95
Hemos hecho nueve perdices y un conejo en lo de Ubierna. Tuve un día fenómeno. Hacer nueve perdices entre dos escopetas a estas alturas es una hazaña. Melecio, cada vez que
bajaba una, me decía:
bajar.
(De bajo).
1.
tr. Poner algo en lugar inferior a aquel en que estaba.
AVD p. 12, passim
Era suficiente seguir, un poco alerta, las sinuosidades de éste o aquélla para, al cabo de unos minutos,
bajar una perdiz.
LSI p. 56
(...) que los pájaros que le están entrando a ese marica los
 baja uno con la gorra,

Tanto para el primer caso, como para el segundo y tercero, vemos que el DRAE (vigésima segunda edición) se expresa muy acertadamente. Bajar: "poner algo en lugar inferior a aquel en que estaba" stop. De lo contrario no sería bajar sino subir ¿He acertado? ¡Uf, menos mal!

Y yo, convencido de lo que digo, me atrevo a pronosticar que el “experto” cuando pasen unos cuantos años acabará aprendiendo y hasta le felicitaré por ser tan buen alumno.

Repasando su obra en la narrativa de Miguel Delibes podemos deducir que maneja el DRAE casi a la perfección. Ahí están si no sus "diccionarios", o la cátedra Miguel Delibes (¡Vaya glosario!), corroborando lo que digo ¡Qué maestría, con qué elegancia nos remite, nos lleva de la mano, nos aclara nuestras dudas sobre las palabras -en la narrativa de Miguel Delibes- que nosotros no entendemos! Le falta un empujoncito para que él entienda, correctamente, lo que dice Delibes a lo largo de su obra. Pero… “darle tiempo al tiempo”.

Perdiz bajando. Indudablemente ha pasado a una  posición inferior
a la que en vuelo llevaba.
De momento podemos entender, gracias a sus aclaraciones, y al DRAE, (22ª edición) que “bajar es poner algo en lugar inferior a aquel en que estaba”. Menos mal que nos lo aclara, porque yo he llegado a pensar que bajar podía ser poner algo a un nivel superior. No sabéis lo bien he descansado al saber por la tecla del “experto” lo que es bajar.

Mirad si me habré quedado a gusto que yo pensé -desde que cogí la manía de leer a Delibes- que cuando, en varias de sus obras, habla de la caza usaba la palabra bajar para referirse… ¡veréis que burrada llegué a pensar!: creí que Delibes cada vez que bajaba una perdiz era que apuntaba con la escopeta, hacía ¡pum! y la mataba. Ya veis que burrada puede llegar a pensar un paleto ignorante. Con lo fácil que es: sale el pájaro, Delibes, o uno de su cuadrilla de cazadores, dispara su escopeta, pero no para matarlo, sino para bajarlo, para ponerlo en un lugar inferior, más cómodo, no vaya a ser que el pájaro padezca mal de altura y pueda ocurrirle algo malo.

A partir de ahora ya sé una cosa más: bajar es poner algo en lugar inferior a aquél en que estaba”, lo contrario sería muy, muy difícil: por lo menos para mí que no soy experto en nada.

De todas maneras Delibes, y demás cazadores y gente rural son la leche. Porque la leche hay que ser para decir que derribar a una perdiz en vuelo es bajarla... ¡me cachis en la mar! Menos mal que los sabios -ayudándose del DRAE- nos lo aclaran: "bajar es poner algo en lugar inferior a aquel en que estaba". ¡toma del frasco carrasco!

¡Cuánta sabiduría se adquiere con los años!

Camporredondo 1 de abril de 2015

martes, 19 de abril de 2016

Avena 2

Habíamos quedado en que yo  –por aquello de aprender- repasaría  las palabras mejoradas que encontrara en el Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes editado por ediciones Cinca, del mismo autor que el editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua.

Comparando los dos diccionarios (mismo diccionario) encuentro una palabra que ya critiqué en anterior ocasión. Pero como ahora ha sido mejorada, entiendo que yo también debo mejorar lo que dije. La palabra es:

Avena: Aunque el significado del DRAE es el correcto, aquí Miguel Delibes quiere referirse a un campo de avena cuando escribe una avena, igual que los labradores se refieren a una tierra sembrada de alfalfa cuando dicen una alfalfa. (Investigación de campo). 

En negrita la mejora.

Una avena: lenguaje agrícola. Tras una avena se
escondían las perdices.
 Avena en grano

El señor Urdiales insiste en que es el DRAE el que nos da el significado correcto; y yo insisto en que en la narrativa de Delibes lo correcto es lo que dice el escritor rural: una avena, referido a un campo sembrado de avena. O sea: el significado académico y, por tanto,  académicamente correcto, es lo que dice el DRAE, y lo correcto en la narrativa de Delibes es lo que éste escribe, que es el lenguaje entre los labradores. Y sí, cuando éstos dicen una alfalfa, una cebada, un trigo, un centeno… es que éste es su lenguaje; sobre él versa la obra de Delibes. Por tanto, avena, palabra académica, por un lado, y una avena (campo sembrado de avena) por otro. Ambas son correctas, cada cual en su momento. Cuando habla el agricultor Delibes, cualquiera entiende que se refiere a un campo sembrado de avena, y cuando habla el académico Urdiales, lo correcto es lo que dice el DRAE. De momento estamos en el campo.

Supongo que el Delibes-académico de la Real Academia Española algo sabía sobre el significado académico de la palabra avena.

Insisto una vez más: el lenguaje rural NO tiene diccionario, y si no queremos admitirlo tal como es, nada más elegante que ignorarlo: ¡jamás academizarlo!

Otra vez vuelvo: las perdices de “Diario de un cazador” se ocultan tras una avena (ver Diario de un cazador, destinolibro, página 46 10ª edición, marzo de 1991). Porque si decimos bajo una avena podría prestarse a confusión y creer que una avena es un árbol o arbusto llamado avena. ¡Qué pesado soy! Aun así podría decir algo más, pero creo que debo tensar las bridas, no vaya a ser que el caballo -cabreo- se desboque.

Discrepancias:

1.- Yo digo: lo correcto, en lenguaje rural, es lo  que dice Delibes. El "experto" en la narrativa de Miguel Delibes se decanta por lo que, en leguaje académico, dice el DRAE (parece que hablamos lenguajes distintos).

2.- El cazador que escribe dice que las perdices se le ocultaron tras una avena, (Diario de un cazador, Destinolibro pág. 46) y yo así lo entiendo, y el "experto" en la narrativa de Miguel Delibes insiste en que las perdices se ocultaron bajo una avena. ¿Sabremos lo que es una avena?

¿Usted qué opina?

Camporredondo 18 de mayo de 2015


P.D.

Por la fecha que figura en "Diario de un cazador"  (6 de octubre) y dado que por esas fechas las avenas hace rato que reposan en las paneras, puedo pensar, y pienso, que Delibes se refiere a la avena silvestre (avena loca) que, indudablemente, seguía sin segar.  En cualquiera de los dos supuestos en nada cambia lo dicho en este escrito. (Entre el cazador y las perdices se interponía una avena, loca o cuerda, pero avena).