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lunes, 10 de julio de 2017

Seguimos añadiendo palabras

Para asar el ceguillo –que estaba provocador- acababa yo de poner la chisquereta en el corral. Al momento, mi vecina –que es de armas tomar- se puso a garlear (garlar): ¡pero qué huevazos eres! ¿qué coño estás haciendo? ¡vas a prender el barrio! Visto el mal jerol que tenía mi vecina -pues no se daba a razones-, le dije: ¡anda castaña, que me tienes hasta los cojones! ¿no capiscas que no hay peligro? Así acabó la trifulca: ella se enfurruñó, se largó, y me dejó cariparejo, tranquilo quiero decir.

Ceguillo braseado –hasta el olor alimenta- pan reciente, bota de vino tiesta, manta tendida sobre el céspede, nos acodamos en ella y… ¡a disfrutar…!

Al ponerme de pie -después de la panzada- me dio un chisquido a la altura de los riñones que me obligó a cavilar… ¿y ahora cómo trinco yo el azadón y voy a quitar los chascones de grama que hay en “La cazuelilla?”. Quizás un poco apirolado -fruto de los apretones a la bota- púseme a cantar las excelencias que representaba la matanza del marrano en el apaño de la casa.

Tanto, creo, me excedí, que mi mujer -que había salido a disfrutar el cacho de ceguillo asado- va y me suelta: ¡anda, cállate, que ya chocheas! Mi hijo que estaba deseando meterse con su padre, aseveró lo que su madre decía. Entonces -como con la madre no tenía yo nada que hacer- advertí a mi chico: cállate tú que cobras, no aguanto lo que dice tú madre contimás pa’ aguantártelo a ti.

Para no liarla, apagué las ascuas de la fogata, cambié el azadón por la cayada, la alforja y la manta y, por el coladero salí a la vereda que unía al cordel en busca del careo que ya había junado días atrás.

Así transcurrió el día: ceguillo bien asado y saboreado, apretones a la bota, ovejas ahítas y herradón lleno a rebosar. ¿hay quién de más? Bueno… el chisquido en la espalda se pasó al poco rato.

Vamos con alguna palabreja:

CASTAÑA.- Referido al órgano genital femenino. Exclamación de desaprobación hacia una mujer. ¡Anda castaña! Si se quería ofender más y mejor se decía: ¡Anda castaña pilonga! Con lo cual parecía que la ofensa quedaba sellada.
Con el mismo significado se empleaba la palabra seta.
El DLE en su 13 acepción la recoge como sigue:
castaño, ña
13. f. coloq. Cosa aburrida, fastidiosa o de mala calidad.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

CEGUILLO.- Estómago del cerdo.
Solía comerse a la brasa. Buenísimo. Pero si no se consumía así, se picaba y se embutía en los chorizos sabadeños que tanto sabor… y grasa, aportaban al cocido.
El ceguillo se asaba añadiéndole sal, o después de adobado. Rico de las dos maneras. Si se asaba con manojos (sarmientos de la vid) miel sobre hojuelas.
El DLE no recoge esta palabra.

CÉSPEDE.- Conjunto de hierba muy tupida. (Se dice de la hierba del jardín) > Césped.
Aunque recogida por el DLE, esta palabra, fuera del mundo rural, no se usa demasiado.
Hay otra palabra –en el mundo rural- que se empleaba con un significado parecido: rede. La palabra rede se usa para referirse a la red. Por ejemplo, se colocaba en el carro para aumentar su capacidad, también para trascolar la tierra con la rede de telera (abonar directamente con el ganado)…etc.
céspede
1. m. césped.
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CHASCÓN.- En lenguaje rural: pequeño grupo de plantas (grama por ejemplo) que crece aislado. “Voy a quitar unos chascones de grama que han salido en la de la cazuelilla”.
Es curios que el DLE recoja esta palabra como:
chascón, na
De chasca2.
1. adj. Bol. y Chile. Enmarañado, enredado, greñudo. U. t. c. s.
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¿Debo de entender que nuestros abuelos importaron la palabra de Bolivia o Chile? Suena un poco raro, ¿no? En mi pueblo la palabra chascón, y chasconera (conjunto de chascones, arrancados en hilera) fue una palabra muy al uso.

CHISQUIDO.- Ruido, o sensación, que hace algo al romperse. “Se ha roto, se ha oído/he notado un chisquido”. >Chasquido.
El DLE sólo la recoge como chasquido. Es, por tanto, chisquido, una palabra eminentemente rural. Otros lo achacarán a mi falta de cultura... ¡qué le vamos a hacer!

CHOCHEAR.- Deformar la realidad, sobre todo por causa de la edad. “El abuelo (mi caso) ya chochea”. También se usa para mostrar desacuerdo con lo que otro dice. Por falta de recursos para refutar lo que el interlocutor dice se usa: ¡anda calla, que ya chocheas!
Chochear
De chocho2.
1. intr. coloq. Mostrar debilitadas las facultades mentales por efecto de la edad.
2. ntr. coloq. Manifestar de forma exagerada el cariño y afición a personas o cosas, hasta el punto de comportarse como quien chochea.
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COBRAR.- Recibir una azotina. “No hagas eso que cobras”.
Era una forma de obligar –principalmente al niño- a cambiar de opinión a la hora de hacer algo que creemos incorrecto.
Cobrar
Afér. De recobrar.
8. tr. coloq. Dicho de una persona, especialmente de un niño: Recibir un castigo corporal. Cobró un par de tortas. U. t. c. intr.Siempre acaba cobrando.
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CONTIMÁS.- Cuanto más. “Contimás lo muevas peor”. “Es como la mierda, contimás la muevas, peor huele”.
Palabra no recogida en el DLE.

COLADERO (referido a cañadas).-Vía pecuaria –sin anchura prefijada- cuya anchura se establecía según necesidades.
Si para desplazar el rebaño de un lugar a otro había que dar un rodeo excesivo, se establecía un coladero para acortar el camino. En Camporredondo había establecido un coladero de forma permanente -a través del pinar municipal- para unir el cordel (ramal) del camino de Portillo con la vereda del Puente de las Cabras sin tener que llegar al pueblo.
Según el DLE en su segunda acepción:
coladero
2. m. Camino o paso estrecho.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados

CORDEL (también llamado ramal)- Vía pecuaria con anchura de 45 varas (37,71 metro). El cordel generalmente era un ramal que partía de la cañada real (90 varas) como servicio a su paso por poblaciones determinadas.

Después de vacaciones, seguiremos con más palabras en:
Camporredondo, 9 de julio de 2017



martes, 4 de julio de 2017

Más cosas y más palabras

Aquella noche serena de mayo hacía presagiar una mañana espléndida. El paseo por la cañada del camino de Portillo se presumía muy agradable, por lo que muy temprano -todavía obscuro- con la claridad que nos proporcionaban las bombillas de 15 bujías repartidas por las esquinas del pueblo, nos cogimos del bracete y… ¡a caminar! dijimos.

Quizás la mañana invitaba a burrear, pero no, supimos ponerle calma, sosiego, al paseo y seguimos caminando sin acelerar el ritmo cardiaco más allá del necesario para compensar el esfuerzo requerido al caminar cuesta arriba.

Amanecía cuando -por el barco- coronábamos la cuesta hacia el páramo. Justo antes de entrar en “El bosque”, mi esposa -a mano derecha- descubrió unos pájaros enormes que careaban en un campo de yeros. Mira: las avutardas, me dijo. Volví la vista en dirección a Montemayor y enseguida me di cuenta de que era un grupo barbones. Así se lo comenté sin dejar de caminar. Mi amor, extrañada, replicó: pero es lo mismo ¿o no? No, le dije, el barbón forma parte del grupo de las avutardas, pero ésos son los machos: los barbones.

Oye, preguntó mi mujer, ¿qué cábida tendrá esta tierra de yeros en la que picotean los barbones? Quizá dos obradas y tres cuartas… a todo tirar; así calculé a ojo de buen cubero.

Al llegar al pinar me llamó la atención la cantidad chotas que sobre las copas de los albares se veían y comenté a mi acompañante: ¿te has fijado? ¡Vaya cachapada de piñas que hay este año! 

Unos pasos más y el olor del tomillo, sardinilla, cantueso, estepa… hacían la delicia de nuestro paseo. Caminamos un rato entre el pinar y el labrantío, en dirección este, hasta bajar por la cañada de Carramambres en dirección al hogar donde nos esperaba la casca: el rico almuerzo del segador. dos huevos, un torreno (torrezno) y la tajada de la olla; mezclado todo con el pan candeal, lechuguino, reciente, que acababa de dejar el panadero.


Barbón: macho de la avutarda. Internet, José María Rodríguez Cidoncha.
BARBÓN.- Macho de la avutarda.
Lo mismo que se habla del rebaño de ovejas, -soslayando que el rebaño también lo componen los carneros- se dice del bando de avutardas, no diciendo que el bando lo componen las hembras y los machos: barbones. A la vista de la fotografía creo que no será necesario explicar el por qué se le llama barbón: las hembras no tienen barbas.
El DLE no recoge esta palabra si no es como barbudo, cabra, o fraile cartujo lego.

BRACETE (Cogidos de, o del).- Se dice cuando la mujer se coge del brazo del hombre. “Los vi que iban paseando cogidos de, o del, bracete”.
El DLE –muy actualizado, y muy correctamente- lo recoge como “con el brazo asido al de otra persona”.
En otro tiempo el ir cogidos de –o del- bracete sólo era entendido, en el mundo rural, entre pareja hombre y mujer.

BUJÍA.- Unidad de intensidad luminosa empleada en lugar del actual vatio. Equivale a la luz proyectada por una vela encendida. Las primeras bombillas que recuerdo en mi pueblo (allá por los años 1940) eran de 15 bujías, o sea, el equivalente a 15 velas encendidas.

BURREAR.- Hacer burradas. Hacer cosas a lo bestia, sin usar el raciocinio.
El DLE no recoge esta palabra.

CÁBIDA.- Aforo de un tonel (medido en cántaras). Superficie de un terreno (medido en obradas, fanegas etc.). Capacidad de una cosa para contener otra.

El DLE sólo la admite sin acento. Por tanto CÁBIDA debemos aceptarla como palabra rural.

CACHAPADA.- Gran cantidad de la cosa. "Junamos (vimos) una cachapada de jabalíes" "te lo dije una cachapada de veces etc."
Palabra no recogida en el DLE.

CAIDO.- Lo mismo que caído sin acento en la i.
Palabra que tantas veces escuché en mi niñez: “me he -o te has- caido” y que hoy no se entiende sin acento. Por eso el DLE no la recoge.
Se emplea la palabra caído -con acento- cuando la relación entre el peso bruto y la tara es grande. Se dice: tiene mucho caído. En este caso sí que lleva acento. Valga un ejemplo: se pesa una res para carne y si, después de sacrificada, se vuelve a pesar y la diferencia es grande, se dice que tiene mucho caído (mal negocio ha hecho el comprador).
Cabe pensar que en lenguaje rural se le da sentido distinto a la palabra caido (porrazo que te das por caer) que a la palabra caído, relación existente entre el peso bruto de la cosa pesada y el neto. La diferencia es la tara o parte inservible: caído.

CALENTAR.- Pegar. “No hagas eso que te caliento”.
El DLE la recoge como -forma coloquial- dar azotes a alguien.

CASCA.- Comida. Se refiere al sustento diario, mantención (manutención en lenguaje académico). “Se ajustó por un tanto -en dinero- más la casca”.
El DLE no recoge la palabra con esta acepción.

Camporredondo, 17 de junio de 2017



martes, 20 de junio de 2017

Mediatín

¿Mediatín, mediantín, o mediantino?


Mediatín
CH p. 68
(...) aunque las labranzas son pequeñas, todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos.
Mediatín: Tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo los esfuerzos y los beneficios. (Investigación de campo)

En estos términos encontramos las dos primeras clases impartidas por el profesor de lenguaje rural.
La tercera clase se amplió un poco. Quedó como sigue:

mediatín
(…) aunque las labranzas son pequeñas,  todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos.
Mediatín: también llamado “mediantín”. Tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo los esfuerzos y los beneficios. Se dan dos posibilidades: 1. que uno ponga la tierra y otro el esfuerzo; 2. Que los dos labradores junten sus pequeñas tierras. (Investigación de campo)

Son –aproximadamente- las siete horas y treinta minutos de la tarde del día 7 de junio de 2017, cuando en el dial de la radio se escucha la voz del profesor. Oigamos, y escuchemos, lo que nos dice:

Buenas tardes. Me preguntáis hoy por los mediatines: bueno, mediatínes, o mediantines, con una ene, de más, que también lo he oído así en otras partes de Castilla y León. Delibes nombra la palabra mediatín en el capítulo XI de Castilla habla, y el escritor, en este capítulo, está en Campaspero, provincia de Valladolid, y charla con dos octogenarios que le cuentan entonces -hablamos de los años 80- que, aunque las labranzas eran pequeñas, todavía se empleaban algunos mediatines. Se referían, esta gente -este par de ancianos- a la tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo esfuerzos y beneficios. Esto de mediatín tenía dos posibilidades: en la primera uno ponía la tierra, y otro el esfuerzo y, en la segunda posibilidad, los dos labradores juntaban sus pequeñas tierras. Hombre, los usos y costumbres de nuestros labradores han ido cambiando con los tiempos, pero bueno, al menos nos quedan las palabras que ellos nombraban.

Ahora pasamos a lo que Delibes dice que escuchó de los dos octogenarios campasperanos según el libro “Castilla habla” Pág. 68. Ahí va:

(…) Todo lo que hay en este pueblo es propiedad, sí señor, y, aunque las labranzas son pequeñas, todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos. (…)

Si el señor profesor hubiera seguido leyendo –y comprendiendo- "Castilla habla", se habría dado cuenta de que por los años ochenta, en Campaspero, empezaba a pintar bastos: el agua empezaba a escasear y sabido es que, en agricultura, si el agua blega, la productividad se reduce de manera considerable.

Entonces, no es de extrañar que los octogenarios Jesús García Acebes y Jesús García García le digan al escritor que todavía se emplean (trabajan la tierra) algunos mediantinos -que es lo correcto-. Es lo mismo que decir que aún trabajan algunos labradores medianos (medianillos diríamos en mi pueblo).

Ved cómo lo recoge nuestro colega y amigo Oroncio Javier García Campo, en “CAMPASPERO: LÉXICO Y FORMA DE HABLAR DE SUS GENTES”. Si buscamos la palabra, veremos que lo correcto es:

El de la foto fue un labrador mediano (Mediantino
 en Campaspero).

Mediantino: labrador que no era ni rico ni pobre. Tenía una pareja de machos y unas tierras, con lo que vivía modestamente.

Abundando un poco más en la posibilidad de consulta diré –para los posibles interesados- que CAMPASPERO: LÉXICO Y FORMA DE HABLAR DE SUS GENTES” se puede consultar en la Fundación Joaquín Díaz en Urueña (Valladolid).

Hechas estas puntualizaciones entramos en lo que el profesor entiende y el sentido que le da a la palabra mediatín/mediantín. Señor profesor: aquello que usted entiende como “uno pone la tierra y otro el esfuerzo” no se llama mediatín, ni mediantín, aquello se llama medianero o, también, aparcero (agricultores medianeros o aparceros): uno pone la tierra, o sea una mitad, y el otro pone el esfuerzo –otra mitad-, con lo que se cerraría el circuito; trabajan la labranza a medias: son medianeros o, repito: aparceros.

En la segunda parte que el señor profesor también entiende como mediatín o mediantín, sencillamente es trabajar las tierras en conjunto (forman una pequeña sociedad). Caso que por mi tierra desconozco. Otra cosa es que dos labradores se unan para formar un yunta para poder labrar (cada uno su tierra), en cuyo caso uno pone una mitad de la pareja y el otro la otra mitad. Esto se llama de otra manera: acoyuntar.

O sea, según los campasperanos, Oroncio Javier García y este humilde anciano ex agricultor…

Mediantín/mediantino: labrador de clase media. Labrador que tenía una labranza media (tamaño medio) que le permitía ganarse los gabrieles.

Par más información: “La pizarra de Gaude”. Pero si quieres información de primera mano ponte en contacto con Oroncio Javier García Campo, en Campaspero (Valladolid). Oroncio Javier es –sin trampa ni cartón- verdadero experto en lenguaje rural.

Si lo dicho ha servido para que el señor profesor prepare su próxima clase, seguro que será mucho más interesante para sus posibles alumnos.

Hasta aquí puedo llegar en:


Camporredondo, 8 de junio de 2017.

domingo, 11 de junio de 2017

Oteando

Apoyándose en la obra de Delibes “El camino”, hoy, -19 de mayo de 2017- el profesor se propuso impartir su clase de lengua sobre la palabra “otear”. Buscó en el DLE y, de las dos acepciones que el diccionario recoge -para aclarárselo a sus alumnos-, eligió la primera (estaba más a mano), y ésta dice:

otear
Der. Del ant. oto'alto1', y este del lat. altus.
1. tr. Registrar desde un lugar alto lo que está abajo.

O sea, otear, -desde la puerta de la calle- según dijo el profesor:
El párroco oteó las proximidades (El camino) Otear: Registrar desde un lugar alto lo que está abajo.

Como yo –alumno de entendederas muy limitadas- no creo que el párroco -en la puerta de la calle-estuviera observando desde un “lugar alto (otero) lo que está abajo”, busco en el Diccionario de la lengua española y veo que recoge una segunda acepción. Ésta:

2. tr. Escudriñar, registrar o mirar con cuidado.

¡Tate! dije, esto me cuadra: el párroco escudriñó, registró, miró con cuidado y cuando se cercioró de que nadie ajeno podía oírle se dirigió a Daniel, el Mochuelo, porque podía tener algo que ver en aquel milagro y le dijo:
“buena la has hecho, hijo, buena la has hecho”

Escribe Delibes en “El camino”:
“(…) En la puerta de la calle, don José, el cura, que era un gran santo, se tropezó con Daniel, el Mochuelo, que le observaba a hurtadillas, tímidamente. El párroco oteó las proximidades y como no viera a nadie en derredor, sonrió al niño, le propinó unos golpecitos paternales en el cogote, y le dijo en un susurro.
Buena la has hecho, hijo; buena la has hecho. (…)”.

Después de leer esto, me ha parecido ver, y entender, que el párroco no oteaba desde el lugar alto (otero) que domina un llano la progresión de los indios por la llanura, sino que, desde la puerta de la calle escudriñó, registró, miró con cuidado, y al observar que nadie ajeno podía escuchar lo que decía, se dirigió al niño y, tras propinarle unos golpecitos paternales en el cogote dijo: buena la has hecho hijo, buena la has hecho.

Conclusión: el señor profesor se olvidó de que la clase versaba sobre la obra de Delibes “El camino” y transformó la puerta de la calle en un “otero” (lugar alto que domina un llano) y, posiblemente, a los habitantes del pueblo, en los indios galopando por la llanura del oeste americano.


Camporredondo 21 de mayo de 2017.

lunes, 29 de mayo de 2017

Más archivo

Aquí sigo, agarbado –agalbado también se decía en mi pueblo: yo lo decía- al agrego de este sitio maravilloso desde donde, a la vez que contemplo un precioso mundo de plantas y flores antes de que puedan aguachinarse. Desde aquí voy agazapando palabras que se usan poco o, me atrevería a decir, nada.

Como no me interesa meterme en el ajo, voy eliminando estrés dando cuenta de unos taquitos de queso de oveja animados con un trago de vino aguachado como corresponde a esa edad en la que el alcohol, también, es materia prohibida.

Ahí va otro grupo de palabras que de tan amachambradas que estaban se negaron a salir en su momento.

AGARBAR.- Recoger, juntar las garbas (gavillas) > Agavillar.

Para facilitar la tarea a los segadores, el Motril, o mochil (muchacho o niño), iba juntando las gavillas (garbas) en grupos de dos o tres, de forma que cuando el segador se dedicaba a formar los haces (atar se llamaba la faena) se le facilitaba la tarea por no tener que recoger todas las gavillas sino los grupos de éstas.

Para intentar dejar la tarea lo más clara posible, diremos: no es lo mismo agarbar o agavillar –juntar las gavillas en grupos de dos, o tres- que recoger todas y juntarlas en la morena, en cuyo caso no se ataban. Si lo digo es porque he encontrado en alguna parte en que se confunde agavillar con amorenar (formar morenas) las gavillas.

El DLE no la recoge como tal, pero sí recoge la palabra agavillar.

AGARBARSE.- Tenderse pegado al suelo como una garba (gavilla). >Agavillarse.

El DLE lo recoge como agacharse, cuando no es lo mismo agacharse (doblarse, acuclillarse) que tenderse en el suelo adoptando la posición de la gavilla.

AGAZAPAR.- Coger, agarrar, asir, pillar… “Le cogí, lo agazapé”.

El DLE recoge otras acepciones referidas al gazapo: ocultar, acechar, agachar…

En este mundo rural lo que decimos –también referido al gazapo- es: le agazapé, le cogí como a un gazapo.

Tengo que añadir que esto es así porque nosotros –mundo rural- consideramos gazapo tanto al conejo como al lebrato joven, que por saberse débiles se quedan pegados al suelo en vez de correr para tratar de ponerse a salvo. Así que, se creyó a salvo –porque creyó que estaba escondido- pero yo lo agazapé (agarré, cogí etc.).

El DLE le da otro sentido a la palabra.

AGREGARSE.- Resguardarse de las inclemencias del tiempo. >Ponerse al agrego.

“Hacía aire muy frío y tuvimos que ponernos al agrego que nos brindaba la tapia”.

El DLE recoge la palabra con otras acepciones.

AGUACHAR.- Añadir agua a otro líquido: leche, vino etc. > Enaguachar, Aguachinar.

El DLE nos envía a enaguachar que sí: es lo mismo.

AGUACHINAR.- Añadir agua a otro líquido (vino, leche, et.) para adulterarlo. >Aguachar, enaguar, enaguachar.

También se dice cuando una planta, o fruto, se estropea por exceso de agua.

Esta palabra sí, es recogida en el DLE con la misma acepción.

AJO (estar en el).- Estar inmerso en una acción, problema, jaleo etc. “Cuando quise darme cuenta estaba metido en “tol” ajo”.

AMACHAMBRADO/A.- Fuertemente asegurado.

Siempre que se quisiera hacer gala de tener algo asegurado al máximo se usaba esta palabra. “Oye, ten cuidado que se te puede escapar”. “No te preocupes: lo tengo amachambrado”.

En este mundo mío –y de otros-, el rural, no es lo mismo unir a caja y espiga (machihembrar) que amachambrar.

El DLE no recoge esta palabra.

Y el próximo día: más palabras.


Camporredondo, 24 de mayo de 2017

martes, 11 de abril de 2017

Lechuguino

“Con pan y vino se anda el camino”. Lo que dice el refranero es bastante cierto; pero yo quiero añadirle algo: si al pan y al vino los animas con un chorizo casero, de pueblo –de aquéllos de 20-22 de pimentón, 20-22 de sal… etc. etc.- como los que embutía la señora Pepa (mi madre), bien curado, de los que llamábamos de la tripa del cagalar -gordos y hermosos-, es posible que usted no ande el camino, sino que se quede dormido haciendo la digestión a la sombra del primer pino que encuentre. ¡Joder qué delicia! Es otro de los manjares que el llamado progreso se ha llevado por delante.

Reivindicación:

Pasemos al lechuguino (pan lechuguino): es el tema que trataremos hoy. Lo que a continuación quiero referir, es la explicación que nos da el maestro panadero (5ª generación) de San Miguel del Arroyo, “Ore”. “Ore” es panadero -hoy jubilado, sigue su hijo- desde su más tierna infancia, 5ª generación de panadero rural. Lo digo por si alguien piensa que hablo desde mi experiencia de pastor o agricultor. Lo que he requerido de mi amigo y panadero “Ore”, es lo que, desde que nací, pude aprender.

Panes hechos para la ocasión, al estilo tradicional, por el maestro panadero "Ore"
en San Miguel del Arroyo (Valladolid).
Nada mejor que una foto de los panes – fabricados a mano por mi amigo y maestro panadero “Ore” en su horno de San Miguel del Arroyo para la ocasión-, en la que podemos apreciar, sin otra posible interpretación, que el pan lechuguino no tiene canteros, sino que una cosa es el lechuguino y otra el pan que -corrientemente se hace- de cuatro, o cinco, cortezones (canteros para otros). Los dos, exquisitos; los dos, de pan candeal -cuando lo había-, pero distintos en su forma. No, no hay lechuguino de cuatro canteros. Hay pan lechuguino y pan de cuatro, o cinco, cortezones (canteros para gente urbanita y académica).

Al pan lechuguino podremos adornarle –porque además se lo merece- con flores, pero dejaría de ser el pan lechuguino castellano para pasar a ser pan lechuguino ornado con flores, que es lo que le pasa al lechuguino que nos presentan los que se ve que han aprendido en otra escuela.

Situémonos: provincia de Valladolid, Tierra de Pinares, zona de San Miguel del Arroyo y Camporredondo. En esta parte de Castilla -panera del hoy desaparecido trigo candeal- el  maestro panadero “Ore”, y sus ancestros, fabricaban –entre otras exquisiteces- el famoso pan lechuguino -sin otros adjetivos- y el de cuatro canteros. Además fabricaban –y fabrican- las famosas tortas de chicharrón y las no menos –en otro tiempo- famosas hogazas, que eran las más familiares.

Y vamos con la variedad de trigo usado para la fabricación de estos dos formatos de pan. Hubo un tiempo –que el progreso se encargó de hacer que pasara a la historia- en que el pan se fabricaba con el trigo candeal –también con el Aragón, aunque era de inferior calidad-. Pero aquellos tiempos pasaron. Sin embargo, el pan lechuguino, el de cuatro canteros, y otros, siguieron fabricándose. La calidad del pan pasó a ser inferior, pero los panes no cambiaron de nombre. Quiero decir que el nombre no se lo da el trigo usado en la fabricación, sino el formato usado (o sea, que si el trigo no es candeal, este tipo de pan seguirá llamándose lechuguino)

Todo lo que digo es porque parece –si me atengo a lo escuchado en radio, o publicado en algunos libros- que el pan lechuguino, y los demás exquisitos panes que se producen en Castilla y León, haya desaparecido con el trigo candeal que, qué duda cabe, fue uno de los mejores trigos para panificar. (¿os acordáis de lechazar?… pues eso).

Además quiero hacer mención a lo que Delibes escribió en aquel tiempo. Escribe Delibes: “(…) con pan y vino se anda el camino” reza el refrán, pero es obvio que si el pan es lechuguino, de cuatro canteros, y el vino de Rueda o Vega Sicilia, (yo añadiría hoy: o Dehesa de los Canónigos) es posible que el camino se haga dos veces y hasta sin sentirlo. (…).

Y ahora, pobre de mí, me meto “en camisas de once varas”: parece -digo yo- que si Delibes se hubiera  referido, sólo, al pan lechuguino, hubiera sido suficiente con decir: “…pero es obvio que si el pan es lechuguino…” pero yo creo que Delibes conoce y valora, también, el de cuatro canteros. 

Entonces yo, burro de mí, lo que interpreto –dado que no hay pan lechuguino de cuatro canteros, y creo que Delibes lo sabe-, que él ha querido decir -o tal vez ha dicho-  que el pan puede ser lechuguino, o de cuatro canteros, con tal de que sea pan de trigo candeal y fabricado en Valladolid.

Y si digo lo que digo, es porque he escuchado lo escuchado: “Es radio CYL, programa Es el campo, dialecto agrario”, (miércoles 5 de abril de 2017).

Entre otras cosas, dice el experto: “…el pan lechuguino, que tanta gente conoce, es el pan de cuatro canteros, pan de trigo candeal, más aplastado. Además de los cuatro canteros, lleva ciertos cortes o dibujos, la gente lo recordará, en el centro. Los dibujos varían según los panaderos, pero antiguamente solían tener forma de flor o de cogollo de lechuga, de ahí lo de lechuguino…”. (Afirmar esto último me parece, cuando menos, un poco arriesgado, o caprichoso…).

Dejando para otra ocasión el posible origen del nombre “lechuguino” (a ver si algún lector se anima a participar) pasamos, brevemente, a comentar si el trigo debe de ser candeal o no. Es evidente que, si condición indispensable para tener un pan lechuguino es elaborarlo con trigo candeal, hace rato que el pan lechuguino habría desaparecido. El trigo candeal, trigo por excelencia en la panificadora, desapareció hace ya algunos decenios: era de mucha calidad, pero de muy bajo rendimiento y el progreso se encargó de sustituirlo por otros que nada, o muy poco, tienen que ver con la categoría panificadora del candeal.

Y nada más por el momento. Si queréis otro día seguimos, pero hoy queremos dejar sentado que el pan lechuguino no tiene cortezones (canteros para la cultura académica) y que los cortezones (canteros) –que son cuatro o cinco- quedan para el pan que da nombre eso… al pan de cuatro cortezones, que es parecido, pero no es lo mismo.

Ejemplo de pan lechuguino en Castilla

Pan de cuatro cortezones (canteros)

Pan con cinco canteros (cortezones)





Valgan estas fotos, junto a la opinión de nuestro amigo maestro panadero “Ore”, para dejar constancia de lo que decimos sobre el pan lechuguino y el de cuatro cortezones (canteros). 


Quiero retirarme -y me retiraré-, pero no sé cuando, aquí, en:


Camporredondo a 10 de abril de 2017.