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lunes, 20 de febrero de 2017

Más humeón

La verdad es que tengo poco que añadir, como no sea para felicitarnos por el progreso. Lo que quiero decir es que el “experto” parece que progresa (se va informando, va leyendo). Por ejemplo, parece haber aprendido que humeón no es el humo para auyentar a las abejas (así aparece en el diccionario editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua y en Cátedra Miguel Delibes), sino el aparato dentro del cual se produce el humo con el que tranquilizar a las abejas para que no ataquen al apicultor. También ha suprimido la clase sobre como catar la colmena y… me parece otro acierto.

Sin embargo sigue ahuyentando a las abejas y esto es muy grave porque, si ahuyentamos a las abejas, la colmena se nos queda vacía y ¿qué sería de una colmena sin abejas? Pues que sería un tarro con miel.

Pero aún hay más: ¿ahuyentamos, o adormecemos a las abejas? Porque ahuyentar (espantar, hacer huir) y adormecer (aquietar), al mismo tiempo, se me antoja harto difícil: o ahuyentamos o adormecemos, las dos cosas a la vez son imposibles ¿o no? A no ser que el “experto” quiera decirnos que unas veces, con el humo, ahuyentamos a las abejas y otras las adormecemos

Os remito lo que escuché en la radio el miércoles 15 de febrero de 2017. Ahí va:

Muy buenas tardes. El humeón es un utensilio utilizado para disminuir la agresividad de las abejas, para ahuyentarlas, para adormecerlas. Tengo que decir que, aparte del humeón, antiguamente se empleaban otros métodos para crear humo, por ejemplo se colocaba cera, pez o brea sobre un palo y se quemaba. Otra posibilidad: poner unas ramas medio verdes, medio secas, en una lata grande y quemarlas. Incluso había gente que ponía en la lata cagajones que estuvieran algo secos para quemarlos y crear humo, en fin, de un modo o de otro, el objetivo era hacer humo para, como digo, disminuir la agresividad de las abejas. En ocasiones, para estos casos, en que no se utilizaba el humeón propiamente dicho, se llevaba la operación con un fuelle. Los humeones, que es de lo que hablamos hoy, han ido evolucionando con el tiempo, pero su modo de empleo es el mismo, se introducen en él unas pajas… unas hierbas algo secas… hojarasca… etc. y se las prende fuego. El objetivo no es tener llama, sino humo. El humeón se compone de un fuelle que lleva un objeto cilíndrico metálico, de tapa cónica, que tiene un agujero arriba por el que saldrá finalmente el humo. Por cierto, el nombre por el que los apicultores conocen hoy al humeón es el ahumador. Y acabo con la cita de Miguel Delibes que dice que el señor Cayo se llego al chamizo, cogió el humeón, le llenó de paja el depósito, parsimoniosamente raspó un fósforo y le prendió fuego, la paja ardía sin llama como un pequeño brasero de picón de encina.

A continuación transcribo lo encontrado en Cátedra Miguel Delibes.

Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

¡No me digáis que no hay motivos para felicitarse!

Ante la insistencia del señor “experto” en la quema de cagajones para obtener humo con el que tranquilizar a las abejas, quiero aportar algo. Pero primero dejadme que haga una pregunta: al insistir en la quema de cagajones… ¿nos está diciendo, mira si serían brutos que quemaban cagajones para obtener humo? Porque si así fuera, debo, y quiero decir, que jamás lo vi, ni siquiera lo escuché en todo el contorno de Camporredondo. Por aquí, generalmente, se usaba la abundante paja -en cada casa había un pajar con paja suficiente para alimentar al ganado-. Los cagajones, como dice el experto” se usaban para estercolar (abonar) el terreno, para lo que estaban muy solicitados.

Por lo que leo en “El disputado voto del señor Cayo”, de lo que el señor Cayo llenó depósito del humeón fue precisamente de paja. También podría haberlo llenado con yerbajos, hojarasca, burrajo u otro cualquiera de los abundantes combustibles que siempre hay más a mano que los cagajones que, parece obvio, primero habría que estar pendiente de que el buey o la mula cagaran, recogerlo, ponerlo a secar y esperar a que secaran lo suficiente para que entraran en combustión. Desde luego si había quien así lo hacía, yo también me apunto: era muy bruto.

Pero aún quiero abundar un poco más: lo que se ahumaba con el humeón, además de las abejas, era la miel y… habría que ver el saborcillo que debía adquirir la miel ahumada con humo de cagajones. Digo yo que sería algo así como hacer unas chuletillas de lechazo con sarmientos o con vigas de la RENFE.

Bueno, si el “experto lo dice ¿quién soy yo para corregirlo? Lo que sí estoy obligado a decir es que, en esta zona de Valladolid, no usaban cagajones, lo más corriente era la paja.

Bueno, ya vale ¿Os dais cuenta? No tenía nada que decir pero, si empiezo, pierdo el oremus. Así que nada, aquí sigo -ya casi me atrevo a decir que tecleando en vez de aporreando teclas- en:

Camporredondo 18 de febrero de 2017.



lunes, 19 de septiembre de 2016

Pasito a pasito...

… el señor “experto” va aprendiendo. ¡Albricias!

Todo pudo comenzar con el siglo. El doctor seguramente sintió la llamada del campo (quizá era primavera) y se lanzó a tumba abierta tras la huella de Delibes. Hay una pequeña -nada, insignificante- diferencia entre Delibes y el doctor y es que, durante muchos años, el escritor dejó su huella por laderas, páramos y vegas pegando la hebra con todo aquél, hombre o mujer rural, que pudiera ponerle al corriente de los usos y costumbres de la gente de campo. Eso hizo Delibes, pero el aspirante a experto pensó que todo eso era mucho más fácil de conseguir... ¡dónde va a parar! Seguramente pensó: esto lo cojo yo con el ordenador y en un tris lo explico a mi manera. Y a su manera lo cuenta.

No sé si lo pensó así o no, lo cierto es que el fruto de su (investigación de campo) es lo que os presento. No me hagáis mucho caso, que yo de estas cosas de la escritura no entiendo nada. Pero sí os invito a que, aparte de lo que yo pueda comentar como hombre de campo que soy, vosotros saquéis vuestras conclusiones. Transcribo (y no es la primera vez) lo que encuentro, y leo, en Cátedra Miguel Delibes cuyo autor es Jorge Urdiales Yuste que, según me comentaron en la Cátedra, es el responsable del glosario ¡ y qué glosario!:

Humeón

LGNA p. 11
(...) llegó el tiempo de catar las colmenas y allí no aparecían las carillas ni el humeón, vivos ni muertos.
Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)
DVSC p. 89
El señor Cayo se empinó, cortó un carraspo de la rama más baja y lo introdujo en la escriña, sacando el rabo por el agujero. Se llegó al chamizo, cogió el humeón y rellenó de paja el depósito. Parsimoniosamente raspó un fósforo y le prendió fuego. La paja ardía sin llama, como un pequeño brasero de picón de encina. Depositó el humeón en el suelo, tomó con un dedo una pella de miel y huntó las hojas exteriores del carraspo.
DVSC p. 94
-¿Me alcanza el humeón?
-¿El fuelle ese?
-El fuelle, sí señor.

CH p. 179
(...) el aparato ese, el humión, humeón, o como le digan (...)


Os ruego que leáis con atención lo que he transcrito para que así podáis sacarme de las dudas que después expondré.

Lo que acabáis de leer aparece en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y también en el mismo diccionario editado por ediciones Cinca. Además de -como ya hemos dicho- en Cátedra Miguel Delibes (quiero hacer constar que yo sólo le he dado -en Cátedra Miguel Delibes- a copiar, y aquí; a pegar. Todo lo demás es responsabilidad del autor).

Vamos con el último descubrimiento del “experto” (6 de febrero de 2016):

Jorge Urdiales Yuste
La Castilla de Delibes en imágenes actuales: un humeón moderno para ahuyentar a las abejas. Delibes los conoció más caseros. No sé vosotros.


  











Y va mi pregunta: ¿Cómo sabe el doctor que Delibes conoció humeones más caseros? ¿En qué obra nos lo dice? En las guerras de nuestros antepasados el escritor nos habla de que Pacífico Pérez cataba las colmenas a pelo, por tanto nos dice: “… allí no aparecían las carillas ni el humeón. O yo no leo bien o Delibes sólo habla del humeón. ¿Correcto? Sigamos.

En el “Disputado voto del señor Cayo”, página 89, Delibes vuelve a hablar del humeón, nos dice: …, cogió el humeón y rellenó de paja el depósito (…) depositó el humeón en el suelo (…).

Como vemos en esta página el señor Cayo cogió el humeón y llenó de paja el depósito. Delibes una vez más nos habla del humeón que no es puchero, ni teja, ni bote: nuestro humeón.

De nuevo en “El disputado voto del señor Cayo”, en su página 94 dice el escritor: ¿Me alcanza el humeón? ¿El fuelle ese? El fuelle, sí señor.

Aquí también nos habla Delibes del fuelle. No cabe duda que nos está hablando de nuestro humeón. El escritor sigue sin hablar de  otros humeones caseros.

No he visto (cortito que es uno) por ninguna parte que Delibes nos hable de otros humeones que los que ya hemos comentado suficientemente en anteriores entradas y que repetiremos en ésta.

Y vamos con otro humeón: en “Castilla habla” página 179 vuelve Delibes sobre el humeón para decirnos: (…) el aparato ese, el humión, humeón, o como le digan (…). O sea que, como veremos a continuación, Miguel Delibes sigue hablando del humeón que mostramos en las fotografías. Delibes sigue sin conocer otro humeón que el que ya conocemos.

De estos dos humeones puedo decir que en el año 1936 ya daban humaza a las
colmenas en las montañas de Prades. En el centro, una lamparilla de carburo.
Meridianamente claro queda que Delibes se refiere, siempre, al humeón clásico, con depósito para el combustible y el fuelle para hacer salir el humo y dirigirlo a la colmena. El mismo que sostiene en sus manos el niño y los mismos que mi esposa restauró el año 1987 y que fueron abandonados en un colmenar de las montañas de Prades (Tarragona) allá por los aciagos años 1936 a 1939. 

Lo que ocurre es que, una vez más, no leemos suficiente. Si a eso le sumamos que todo nos suena a chino, pues cometemos patinazos difíciles de entender. Jacinto de Diego, a la pregunta que le hace el escritor sobre su forma de hacer el humo, le cuenta las formas que él usaba para obtenerlo, al fin y al cabo no es más que disponer de humo y dirigirlo a la colmena para que las abejas no nos molesten. Pero no habla, el apicultor, de humeones sino de maneras de obtener el humo: Delibes sigue sin conocer otros humeones que los que ha podido ver con el señor Cayo y Jacinto de Diego. Por lo menos no nos lo dice.

La diferencia entre el doctor y el paleto estriba en que el paleto lo que no ve claro lo pregunta (le gusta saber) y el doctor lo sabe todo. Veamos qué ocurre. Sólo os pido disculpas si soy un poco pesado, pero es creo que así quedará más claro:

Delibes pega la hebra con Jacinto de Diego que lleva más de sesenta años metido a apicultor. Llegado el momento Delibes pregunta y el apicultor responde, vedlo. Pregunta el escritor: (…) ¿para hacer el humo? Responde Jacinto: Yo con un bote o un puchero con un agujero en el culo me apañé siempre; ponía dentro un poco de lumbre y un poco de paja, yerba encima para que no se cayera, y ¡a soplar! Sin juntar los labios, a ver, de otra manera se abrasa usted los morros. En tiempos del difunto don Manolo, ya empezó el personal a utilizar el aparato ese, el humión, el humeón o como le digan, pero yo siempre me las apañé con el puchero.

Y vamos con aclaraciones: si nos fijamos en lo transcrito de Cátedra Miguel Delibes, el experto toma como humeón el humo necesario que se proyecta sobre la colmena, o el enjambre, para ahuyentar a las abejas (no distingue entre el humo y el aparato dentro del cual se produce). Parece claro que al doctor le han hablado, pero él no lo ha entendido. A partir de ahí viene todo lo demás. Pero de todo, lo que no me parece muy honrado es que, para nosotros cubrirnos la espalda, recurrimos a Delibes y eso, a mí me parece que… no está bien señor doctor. Delibes nunca dijo conocer humeones caseros (el primer humeón conocido por Jacinto de Diego fue este, él lo dice). A Delibes, Jacinto de Diego le dijo que él se arreglaba con un puchero, pero el escritor ni siquiera lo vio. Lo que Delibes vio fue el humeón que parece que hacía tiempo ya usaba Doro, el hijo de Jacinto. Lo que hubo antes del humeón conocido fue otro de los muchos recursos que empleaba el hombre de campo, siempre tan necesitado de todo y carente de casi todo. Así, unos usaban una teja, otros un puchero, un bote y todo lo que podamos imaginar. Pero eso era una forma de ahumar la colmena para librarse de posibles picaduras. Eso no es el humeón al que se refiere Delibes.

De manera que no, Delibes no conoció otros humeones más caseros (porque no los había), ni el humeón de las fotografías es tan moderno. Los que yo os presento en la foto fueron abandonados en el año 1936 pero, ¿cuántos años pueden tener si tenemos en cuenta que el invento del humeón de las fotos data del año 1875? ¿podríamos decir hoy (2016) que es el humeón moderno?

Y ahí va mi reflexión: una vez más el experto ha metido la pata hasta el corvejón y en vez de reconocerlo, trata de darle la vuelta y nos dice que Delibes… bla, bla, bla. No, no, no, el experto nunca entendió el berenjenal en el que se metió tras la huella de Delibes, por eso confunde el humeón con el humo: humo es lo que se necesita para aplacar a las abejas y humeón es el aparato dentro del cual se produce el humo. El experto ha descubierto, pero ya era tarde, (había editado un librito, dos veces, y publicado un glosario en Cátedra Miguel Delibes) lo que es el humeón.

No sé lo que pretende, el doctor, con lo que nos muestra a continuación cuando nos dice: Delibes los conoció más caseros. No sé vosotros. ¿Quiere decir, acaso, que Delibes conoció el que sigue?

Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

Pues no, este humeón es fruto de la más absoluta ignorancia sobre el tema tratado. Delibes relata su conversación con Jacinto en la que éste se refiere a los métodos rudimentarios que él usaba para manejar la colmena. Pero ni la teja, ni el puchero, ni el bote eran reconocidos como humeones. El humeón apareció cuando a su inventor (último cuarto del siglo XIX) se le ocurrió sustituir la teja por el depósito, y los “morros” del apicultor por el fuelle. A esta unión la llamó humeón, porque producía humo. “Y el apicultor vio que era bueno y nació el humeón para facilitar la manipulación de la colmena”.

Así que, una vez más, Delibes dijo lo que dijo, no lo que ahora nos hubiera interesado que dijera.

Como final quiero referirme al modo de coger la miel porque… ¡es para nota!

Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

¡Cojonudo, admirable, bravo!

Corta la colmena con una paleta. ¿Qué es lo que corta con una paleta, el aguijón  a todas las abejas? ¿El habitáculo? Una vez cortado… lo que sea, lo agarra con la mano. Supongo que aquí no tendremos ninguna duda: agarrarlo con las extremidades inferiores hubiera resultado un poco incómodo y poco práctico. Así, yo, también con la mano, me quito el sombrero ante esta magistral lección de apicultura.

Mi tío Everardo las cataba “a pelo”, pero ya no quedan colmenas en…

Camporredondo, 16 de febrero de 2016



Desoperculador. Perteneció al mismo grupo de los
dos humeones tarraconenses.
PD. 
No quiero terminar sin aportar mi opinión sobre lo que, al parecer, el experto tampoco ha entendido: coger la miel. En el tiempo al que nos referimos, se sacaban los panales de la colmena, se desoperculaban -con el desoperculador por supuesto-para abrir las celdillas y que la miel saliera. O sea: se cortaba el opérculo de todas celdillas del panal. ¿Es esto a lo que se refiere el experto? Naturalmente, los panales, el barreñón para recoger la miel, el desoperculador etc. se agarraban con la mano. Muchas veces con las dos manos.

 ¡Ah! Y el humo no sirve para auyentar (ahuyentar) a las abejas –buena la tendríamos entonces- si no para calmar su agresividad. Dice el DRAE en su acepción primera:






ahuyentar
Del lat. *effugientāre, der. de fugiens, -entis 'que huye'.
1. tr. Hacer huir a una persona o a un animal.
Si nos fiamos de lo que la Real Academia nos dice, si ahuyentamos a las abejas (las hacemos huir) se acabó el negocio de la miel ¿o no?

Ahora creo  haber sido capaz de explicar que Delibes no pudo conocer, porque no había sido inventado,  –además, insisto, él no lo dice- otro humeón que el que mostramos en las fotografías.

Resumiendo: ¿humeón? el de las fotos. Todo lo demás son recursos que el ser humano rural ha usado para solucionar los muchos problemas que se le presentaban y, sabiamente, solucionaba.








miércoles, 28 de octubre de 2015

Mantención 2

Sí, sí, sí… ya lo sé: cual ajo, me repito. Por eso titulo a esta entrada mantención 2. Es que el experto también se repite, y ya sabéis, soy: cabezota, testarudo, cabezón, obstinado, bruto, contumaz, tozudo, empecinado, obcecado, tenaz… y tengo muchas más “virtudes”. Si queréis, puede hasta que sea incorregible. Pero es que prefiero ser todo esto, a ser uno de los que llevaba detrás de mí en mi época de pastor: prefiero ser irreductible.

A continuación veréis por qué:

Mantención
CH p. 177
(...) para la mantención de las abejas (...)
Mantención: Se refiere a "manutención". La falta de cultura da estas variaciones fonéticas, como amachambrar por machihembrar, marrotar por malrotar, etc. (Investigación de campo)

Esto encontré en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” editado por “Fundación instituto castellano y leonés de la lengua” y en “Cátedra Miguel Delibes”. Por eso largué mi perorata en “La pizarra de Gaude”, “En camisas de once varas: Mantención”, de fecha 23 de enero de 2014.

Pero la vida sigue, y el tiempo pasa. Pues, con el tiempo, sigo encontrando en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel-Delibes”, esta vez editado por "ediciones Cinca”, lo que sigue:

mantención
CH p. 177
(…) para la mantención de las abejas (…)
Mantención: Se refiere a “manutención”. La falta de cultura da estas variaciones fonéticas, como amachambrar por machihembrar, marrotar por malrotar; etc. (Investigación de campo)

O sea, que el “experto” sigue en sus trece: se cree -porque así corresponde a sus intereses- todo un profesor rural. Y, ya se sabe, para el profesor, los “otros” carecen de cultura. (Nos falta cultura, ¡qué le vamos a hacer!).

No me cabe la más mínima duda de que al que le falta cultura rural es al autor de estos libritos pero, pregunto: ¿de cultura de la otra… de la buena, de la culta, qué tal anda el “experto” autor de los libritos? Lo digo porque un filólogo, doctor cum laude en ciencias de la información, debería saber que la RAE también admite como correcta la palabra mantención. Esta vez tuvo tan seguro que la palabra mantención era incorrecta, que no hizo lo que en circunstancias normales hace -y que tantas veces le ha sacado del atolladero: recurrir al DRAE, el cual en esta ocasión dice:

mantención.
1. f. coloq. p. us. manutención.

Digo que… sería igual si el diccionario de la Real Academia recoge la palabra mantención o no porque, no me canso de decirle: estamos hablando en lenguaje rural. Como hace el señor Cayo (Disputado voto del señor Cayo), Jacinto de Diego (Castilla Habla), el propio Delibes en todas las ocasiones que se presentan, este humilde tecleador, desertor de la esteva y la cayada, y tantos y tantos “incultos” que nos preocupamos de dejar, en la colmena, miel suficiente para la mantención de las abejas, o sea, para que no mueran por inanición (de hambre, quiero decir).

Y ya, metidos en harina, aprovecho para decirle al “experto” lo que en lenguaje rural significa la palabra amachambrar. Otra vez más, verá usted señor: cuando a un hombre, o mujer, rural le oiga decir que aquello a lo que se refiere lo tiene amachambrado, lo que le está diciendo es que lo tiene fuertemente asegurado, fuertemente agarrado, remachado, o como dijo aquel militar… “atado, y bien atado”. Pero cuando vea que un carpintero –u otro profesional- hace los empalmes a macho y hembra, eso se llama machihembrar.

Resumiendo señor culto, académicamente hablando: machihembrar, malrotar, manutención… ¡Sí! Pero si usted tiene el honor de hablar con un hombre o mujer de campo, de ésos a los que nos llaman paletos: amachambrar, mantención, marrotar… ¡También! Y es que, señor “experto” en… no sé qué, a nosotros se nos marrota la fruta, lo que tenemos fuertemente asegurado decimos que lo tenemos amachambrado, a veces el ajuste entre el obrero y el “amo” se hacía por un tanto en dinero, contante y sonante, más la mantención…, y así, échele usted hilo a la cometa señor Urdiales ¡qué le vamos a hacer! Tiene usted que tener paciencia con nosotros, porque somos así de incultos. Pero no se preocupe: con profesores como usted, pronto aprenderemos y, entonces, podría usted dar por finiquitado el lenguaje de nuestros abuelos. Lo que ocurre es que no queremos que eso suceda, y por eso seguiremos diciendo –como hacía Miguel Delibes y sus personajes- que dejamos, como decía, miel suficiente para la mantención de las abejas.

Otra cosa que le quiero enseñar al “experto”: a veces, cuando el obrero y el “amo” se ajustaban (se entendían, cerraban el trato) lo mismo decían, por tanto y la mantención, como por tanto y la “casca”, o sea, la comida. Ya ve usted si somos incultos. Pero yo sé que, en el fondo, usted comprende y perdona nuestra ignorancia.

No quiero finalizar, sin animar al “experto” a que nos diga ese “etc”. que él añade… ¿qué quiere decir, que hay más palabras que no entiende? Si es así ¡dígalo usted hombre, estamos deseando darle unas clases de las que usted está muy necesitado…! De todas maneras le recomiendo que se dé una vuelta por “La pizarra de Gaude”, donde encontrará aclaraciones a algunas palabras que usted, al parecer, no comprende.

Entretanto deje usted que estos hombres y mujeres rurales hablen como les dé la gana. Usted no nos entiende porque le falta… ¿qué le falta? Pues eso: cultura rural. Es usted un inculto ¡ruralmente hablando!. Se lo digo yo que, en lenguaje académico, y en rural también, pego cada tropezón… ¡ah! Y no se preocupe, que yo tropiezo en un cabón (cavón) o una piedra, pero no en carbón de piedra ¿se acuerda? Sí hombre, sí, eche usted un vistazo por “La pizarra de Gaude: En camisas de once varas: carbón”, de fecha 14-5-2014 y verá lo que comentamos.


Camporredondo, 10 de octubre de 2015

lunes, 12 de mayo de 2014

En Camisas de Once Varas: Oreo.

Yo creo que a estas alturas todo el mundo -o casi- ha oído (y entendido)… ¡Cómo a oreado!
Se suele decir cuando a una temperatura alta, o moderadamente alta, se le suma un viento seco que facilita que la humedad desaparezca rápidamente. Esto ya lo sabe el personal. Pero, y a las pruebas me remito, no todo el mundo sabe lo que es hacer el oreo en la colmena para evitar la enjambrazón.

Entonces, un experto en la narrativa de Miguel Delibes creo que sería esto lo que debería aclararnos, ya que el escritor da por hecho que todo el mundo lo sabe. Pero parece que, esta vez, Delibes se ha equivocado.

¿Hacía falta un experto en Delibes, para que nos dijera lo que es el oreo en general? Si en mi pueblo hubiera niños (hace años que no nacen en él) hasta el más pequeño nos diría: evaporarse la humedad. Pero claro: parece que allí, donde un niño de pueblo sabe lo que es el oreo, en la ciudad, según le parece al experto en Delibes, es necesario decírselo a todos, pequeños y mayores. ¿Que no es así? Pues entonces dígame por qué esto:

Oreo1.
2. tr. Dicho del aire. Dar en algo para que se seque o se le quite la humedad o el olor que ha contraído. U. m. c. prnl. Los campos se han oreado. (Sic).

Lo que acabo de teclear aparece –tomado del DRAE- en la Cátedra Miguel Delibes.

Ahora, amable lector, dígame: ¿para qué me sirve esta explicación a mí que no tengo ni idea –y es verdad, no broma- de lo que es el oreo que evita la enjambrazón prematura, y que precisamente es lo que no me aclara el escritor? O sea, yo quiero saber lo que es el oreo que retrasa la enjambrazón y el experto me suelta que el aire quita la humedad y el olor. ¡Joder, qué aclaración!

Como no me aclara nada el experto, yo sigo leyendo “Las Ratas” y un poco más abajo leo: “-Nini, ¿es cierto que si no destruyo las celdillas reales el enjambre se me largará? (…)”. ¡Ya está! Me digo…

Oreo.- Manipulación que se hace en la colmena para retrasar la enjambrazón. Ahora sólo me queda la duda de si se trata de dividir la colmena o, como parece que hacía el Nini, destruir las celdillas reales. Pero de esto, si algún día me dedico a la apicultura, ya me informaré. De momento sé algo que el experto en Delibes parece que ignora: el oreo -al que se refiere Delibes- no es quitar la humedad del campo, ni el olor de una prenda, sino una manipulación de la colmena para evitar, o retrasar, la enjambrazón..

HACE FALTA UN OREO DE EXPERTOS EN LENGUAJE RURAL.

viernes, 7 de marzo de 2014

En Camisas de Once Varas: Humeón


La verdad es que juego con ventaja. En realidad juego con dos ventajas: soy de pueblo, por tanto conozco un poco aquello de lo que hablo y, además, de vez en cuando me echa una mano la técnica (lo digo por las fotos) si no cualquiera me creería: pastor, paleto y discrepando hasta con la Cátedra Delibes que, dicho sea de paso, Delibes no tiene nada que ver en esto. ¡Ya me gustaría que lo viera!

Sigo preguntando -ya saben que yo aquello que ignoro lo pregunto- ¿el señor Cayo no deja suficientemente claro lo que es el humeón? ¿Delibes no escribe con suficiente claridad? Dirán ustedes, y éste… ¿por qué dice esto? Vean por qué:

Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballería colocados en una lata o de los citados cagajones colocados sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

Ya sé que ahuyentar lleva h intercalada, pero es que es lo que leo y quiero reproducir fielmente.

¿Hay quién dé más? Pues esto es lo que dice el DCRNMD en la página 150. ¡Menos mal que el autor es experto en Delibes! Por favor, si el señor Cayo (Delibes) nos dice con toda claridad que coge el humeón y llena de paja el depósito, parsimoniosamente raspa un fósforo y le prende fuego (…) ¿qué más puede decir? ¿Debo seguir? Es que lo de catar las colmenas roza ya el esperpento. No me atrevo a decirles cómo se catan las colmenas porque seguro que ustedes ya lo saben…

Bueno pues todo esto, y más, hoy he visto que está apoyado por la Cátedra Delibes. Sigo preguntando: ¿No hay otro experto en Delibes? ¿Si estoy cabreado? ¡Pues claro! Es que admiro muchísimo al escritor y posiblemente más a la persona; por eso digo: ¡esto es intolerable!

Y como final quiero presentarles dos humeones con una antigüedad de unos 100-78 años (1914-1936) que fueron restaurados el año 1987 por un matrimonio enamorado del mundo rural y en memoria del tío Everardo que cataba la colmena sin careta. Sí tenía, entre otras cosas, el desoperculador para desopercular los panales, no para cortar las colmenas.

Vean los humeones y en el centro un carburo del que también hablaremos en su momento