Mostrando entradas con la etiqueta Oficio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Oficio. Mostrar todas las entradas

martes, 14 de junio de 2016

¿Corta o... Larga?

¿Corta… o larga?

Hoy, en EsRadio Castilla y León (19:30) en mi sección "Dialecto Agrario", la palabra "corta" (la parte de monte que le corresponde a cada vecino; la leña del monte). En el pueblo de la foto pasa lo mismo.

Una vez más: como no tengo ni la foto, ni el nombre del pueblo al que hace mención el señor Urdiales, no puedo hacer mi llamada telefónica de rigor.

No señor Urdiales, no. Usted intenta arreglarlo pero es imposible: tanto en el primero de sus "diccionarios" como en el glosario de la Cátedra Miguel Delibes (¡vaya ejemplar!). Usted nos dice lo que a continuación transcribo, sin quitar, ni poner, una coma:

Corta
AVD p. 15
(...) le soltábamos en la corta, en el verdugal y,
Corta: Parte del monte que le corresponde a cada vecino. (Investigación de campo)


Como ya se lo he criticado en más ocasiones, usted cree que con añadir ahora: "…la leña del monte. En el pueblo de la foto pasa lo mismo”, queda todo arreglado y no es así. Ya le he dicho que la palabra corta (en "Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo") se refiere a la parte del monte, o de la pimpollada (monte) particular, que se tala (se corta). Esa es la corta. Y otra vez más le digo que antes podían quedar para los vecinos los tocones. La ramera no, porque el rematante de la corta (el que se quedaba con la subasta de la madera), la ramera también la vendía a los panaderos, a los caleros, a los cacharreros… mire usted, a propósito, a aquellos cacharreros de Arrabal de Portillo que hacían y vendían herradones de barro cocido pero que usted también, en su sabiduría de hombre de letras cum laude, nos dice que eran de latón.

Pero volvamos a retomar el hilo. La corta, repito, es aquella parte del monte que se tala o, la misma palabra lo dice: se corta. Eso es la corta. No sé si ahora le ha quedado claro o vuelvo a repetirlo: a los vecinos, normalmente, les quedaban los tocones que el ayuntamiento vendía (o subastaba) por lotes entre los del pueblo, pero esto eran los tocones y correspondían al que acudiera a la subasta en la que se adjudicaban los lotes de tocones (parte del árbol que queda enterrada de donde parten todas las raíces que soportan y alimentan al pino).

Ejemplo de corta rasa
Aquí tiene usted una muestra de lo que es corta rasa: operación por la que se eliminan la totalidad de plantas, ya sean pinos u otro tipo de árboles. Queda claro lo que son los tocones, que era la parte que, mediante subasta, pertenecía a todo aquél que acudiera con sus pesetillas. Espero haberlo  dejado claro de una vez: esto no pertenecía a los habitantes del pueblo por derecho de propiedad, ¡NO!

Corta de entresaque, aclareo.

Pero había otro tipo de corta (la más común) que es la que vemos en la fotografía de la derecha. Este tipo de corta se denominaba selectiva, de entresaque, de aclareo, etc.

Por ser esta una entrada –sólo- con el ánimo de dejar claro lo que es y quiere decir la palabra corta (que es a la que se refiere Delibes) no entraremos en por qué estos tipos de talar los pinos y, también, las encinas. Si llega el momento intentaremos decir algo.

Y está tan claro –como el monte después de la corta- que no debo martirizar más al posible lector.

Corta: superficie del monte que por diversos motivos se tala. Es a esta corta a la que se refiere Delibes en “Aventuras, Venturas y Desventuras de un Cazador a Rabo” que, si bien eran encinas, para el caso es lo mismo, CORTA: Tala masiva de pinos u otro tipo de árboles.

Y no debo añadir más. El posible lector seguro que sabe más que los que nos metemos “en camisas de once varas”.


Camporredondo, 28 de marzo de 2015.

miércoles, 25 de mayo de 2016

¿Lía o mazo?.

Mañana, más lenguaje rural en Gestiona Radio. A las 19 y pico me tendréis unos 15 minutos hablando de los verbos levantar y lindar y de la lía de cuerda (foto). Y de Daniel el Mochuelo.

Comenzaba yo a teclear mi opinión sobre la foto y palabra “lía” que Urdiales publica en facebook, cuando un amigo que me visitaba en ese momento me espetó: ¿a ti qué más te da que esto se llame lía o de otra manera? Podrías tener razón, le respondí, pero si Urdiales dice que esto es una lía y nadie puntualiza, la palabra mazo o madeja –que es lo mismo- desaparecerá y como yo no estoy porque desaparezca ni una palabra más de las que yo usé de niño –porque mis abuelos la usaban- pues algo tengo que aclarar y a eso voy. ¿Te parece bien? Pues vamos allá:

De sobra es conocido -yo os lo he dicho- que en casa, en casa de mis padres, hubo tienda de ultramarinos, carnicería, estanco, etc. Bien. Pues en aquella tienda también se vendían atillos para atar los haces de mies: unos agricultores los llevaban cortados y anudados (yo cortaba y anudaba) y otros se lo llevaban en mazos o madejas, con lo que se ahorraban la mano obra de cortar y anudar.

En la imagen, fardo de mazos de cuerda trenzada.
¡Qué suerte al encontrarlo y cuántos recuerdos!
He dicho mazo, ¿verdad que he dicho mazo o madeja? Pues vamos, como siempre, a explicar todo el proceso: mis padres pedían al almacén de suministros (de coloniales, le llamaban) -primero de hijos Abel González y después otros- uno o varios fardos de cuerda de esparto tejido de los que obtener los atillos. El fardo lo componían varias docenas de mazos o madejas y de cada uno de estos mazos o madejas cortados por uno de los dos extremos se sacaba la medida justa del atillo (de atar) para atar los haces de cereal. La operación de formar el atillo finalizaba con dicho corte y un nudo a cada extremo para evitar que el trenzado se deshiciera.

Pero había veces que la cuerda de esparto trenzado se le quería dar otro uso de largura no prefijada, y la gente compraba un mazo para después (en el sitio determinado) cortarlo a la medida. Ejemplos: lía para tender a secar la ropa, su medida dependía del corral o el sobrado; lía para tender los racimos de uva para su conservación, ésta dependía de la habitación donde se fueran a tender los racimos, etc. etc. etc. Ustedes se habrán dado cuenta de que acabo de decir LÍA; sí, pues ésa era la lía: trozo de cuerda de esparto trenzado sin largura previamente determinada.

Cuando los pimentoneros –bejaranos les decían, porque de Béjar solían venir- iban por los pueblos vendiendo pimentón para las matanzas, también llevaban mazos o madejas de tripas para embutir la longaniza y los ricos chorizos (no, los de ahora no: los otros) que se embutían en las matanzas.

Ya he dicho que en casa había carnicería, y como la carne se vendía al corte, pues las tripas sobraban. ¿Qué hacía mi madre con las tripas? Pues como no se podía desperdiciar nada, las lavaba, volvía lo de dentro a fuera, las raía, las volvía a lavar, las recogía en mazos o madejas, las metía en un barril de madera mezcladas con sal para su conservación y cuando llegaba el tiempo de la matanza, las que no usaba en casa, las vendía por mazos o madejas, haciendo competencia a los bejaranos pimentoneros.
Nota: por ser más pequeños también se les decía macillos. Lógico ¿no?

De manera que si yo no digo que lo que presenta Urdiales se conocía como mazo o madeja los futuros habitantes de Camporredondo desconocerían esta palabreja.

Ahora vamos con la razón que puede asistirle a Urdiales, y a todos que piensan como él, relacionada con que, efectivamente, la foto representa una lía, aunque ¿no creen que sería un poco excesiva su largura para un uso corriente? ¿Podremos decir que una madeja de… lana, por ejemplo, es una hebra? Pues por lo mismo el mazo no puede ser una lía (eso creo yo) y por eso nuestros antepasados lo llamaban:

  • Fardo; conjunto de mazos atados.
  • Mazo; cuerda larga recogida en forma de madeja.
  • Lía; cuerda de esparto trenzado de largura variable.
  • Atillo; cuerda de esparto trenzado para atar los haces de mies y otros usos.
Y dicho esto me quedo a gusto porque sé que las palabras fardo, mazo, lía y atillo aún siguen vivas.

¿Alguna duda? Pues si la hay ¡a preguntar!... se ha dicho.

Camporredondo, 25 de marzo de 2015.


martes, 8 de marzo de 2016

Ubre 2

¡Hombre, un respeto a la RAE! Me dice mi amigo Javier al observar que no estoy de acuerdo con el significado que allí le dan a algunas palabras que se usan, o han usado, en el mundo rural.

Creo –le digo a mi amigo- que no he sabido expresarme: para la RAE, todo el respeto del mundo. Pero no me quedo ahí, todo mi respeto y la máxima colaboración (si es que puedo colaborar en algo). Una cosa -creo yo- es el respeto y otra el miedo; esto sí que puedo asegurarte que no hay ningún motivo para tenérselo.

Hechas estas precisiones vamos con lo que más importa:

ubre.
(Del lat.uber, -ĕris).
1. f.En los mamíferos, cada una de las tetas de la hembra.
2. f. Conjunto de ellas.

Ante la definición que el DRAE nos ofrece en su vigésima segunda edición, por no estar de acuerdo con lo que yo aprendí de mis abuelos (siglo XIX), envié mi reflexión al diccionario y, parece que algo se ha tenido en cuenta (el comentario fue aceptado).

Ahora, he consultado la edición vigésima tercera del académico diccionario y encuentro:

Ubre
Del lat. uber, -ĕris.
1. f. En los mamíferos, cada una de las tetas de la hembra.
2. f. Conjunto de las ubres.

Al parecer, el DRAE ha creído conveniente clarificar el “conjunto de ellas” y lo ha sustituido por: “conjunto de las ubres”, por lo que –con todo el respeto del mundo- sigo discrepando en lo que entiendo –porque así lo aprendí del lenguaje rural- que hay de diferencia entre ubre y teta-.
En mi afán por buscar el origen de la definición que nos ofrece el DRAE, he recurrido a la edición tercera (MDCCLXXXXI) del “Diccionario de la “Lengua Castellana” y ésta es la definición que nos ofrece de la palabra:

Ubre. s. f. La gordura que como dureza tienen los animales interiormente en las tetas.

Yo -que me agarro a un clavo ardiendo- interpreto, a mi favor, lo que el “Diccionario de la Lengua Castellana en el año 1791 nos dice: “dureza que tienen los animales interiormente en las tetas”. Si nos fijamos, el diccionario no nos dice en la teta, si no que, parece, se refiere al conjunto de ellas. Usa el singular para ubre, para después, al explicar lo que es, usar el plural de teta. Yo -que de letras no entiendo nada- interpreto que se refiere al conjunto de tetas. Luego:

Ubre.- singular femenino: “dureza, o gordura”, que forma el conjunto de las tetas. Siempre teniendo en cuenta que:

Teta: está formada por la glándula secretora de leche, más el pezón.

De todas maneras el Diccionario de la Lengua Castellana no nos lo aclara demasiado, porque parece darnos a entender que teta se refiere sólo al pezón “dureza que tienen los animales interiormente en las tetas”. Yo interpreto, así lo aprendí, y creo haberlo constatado ordeñando ovejas, que la teta la forman la glándula secretora de leche y el pezón, que es la parte de la teta por donde las crías succionan la leche, o por donde, mediante el ordeño, el ordeñador la extrae.

Para no hacerme más pesado:

Teta: glándula secretora de leche, más el pezón por donde se extrae.

Ubre.- conjunto de tetas de la hembra.

¿Por qué digo estas cosas con tanta seguridad? Pues porque cuando no había visto, ni sabía si existía la palabra escrita, me enseñaron que la oveja y la cabra tenían una ubre y dos tetas y la vaca cuatro tetas y una sola ubre. Claro, yo se lo oí a mi abuelo pero… ¿mi abuelo se lo inventó y con él todos los de su tiempo? No tengo otra fuente de información, después haber ordeñado durante algunos años, sujetando con la mano izquierda la ubre y ordeñando con la derecha el pezón de la teta (esto a las ovejas, las cabras y vacas se ordeñaban de distinta forma). De esta manera, desde el siglo de mi abuelo (siglo XIX) hasta ahora, que nos desmienten en la RAE, hemos vivido creyendo lo que acabo de decir.

Como a mi abuelo no puedo preguntarle donde lo aprendió, me toca defender lo que él me enseñó. Y eso es lo que estoy haciendo en este momento. ¿La academia tiene distinto punto de vista? Por eso es La RAE y yo el paleto que ordeñaba el pezón de la teta, mientras sujetaba a la oveja por la ubre.

Si he interpretado correctamente lo que dice el “Diccionario de la Lengua Castellana”, es lo que se decía en el siglo XVIII, y si no, es lo que se decía en el mundo rural –al menos- desde el siglo XIX.

Aquí queda para la polémica, bien entendido que si alguien está equivocado lo más lógico es que sea este ex pastor que entendía que cuando una oveja quedaba inútil de una teta decía que era tetimanca, y cuando enfermaba de la ubre y quedaba inútil para producir leche decía que estaba ubrada.

Así lo aprendí y así os lo cuento en:


Camporredondo, 19, de octubre de 2015.

jueves, 7 de enero de 2016

Aquí seguimos.

El herrador  volvió a calarse la boina, enjaretó el acial (la Mortaja)
En este caso enjaretó el acial al burro (¿queda claro?).
No se preocupen, al burro no le hace daño, el acial está flojo.
Jorge Urdiales Yuste
El herrador volvió a calarse la boina, enjaretó el acial (La mortaja) 
Enjaretar: Hacer pasar por una jareta un cordón, cinta o cuerda.

Lo que acabáis de leer -sorprendido- lo encontré en el blog del señor Urdiales. La fecha no hace falta que yo la refleje, está transcrita tal cual.

Cuando, por curiosidad, hoy he vuelto a su blog he podido constatar que lo publicado en aquella fecha ha desaparecido. ¿Se ha eliminado deliberadamente? Si es así, creo que hubiera sido más elegante rectificar el error, pedir perdón por ello y aclararnos lo que realmente significa la palabra enjaretar a la que Delibes se refiere. No obstante, si el autor no lo hace, este paleto quiere volver y:

Vuelvo sobre la palabra enjaretar.

Ruego a los posibles lectores reflexión sobre el significado de la palabra enjaretar a la que se refiere Delibes.

jareta.
(Del ár. hisp. šaríṭa, y este del ár. clás. šarīṭah, cinta).
1. f. Dobladillo que se hace en la ropa para introducir una cinta, un cordón o una goma, y sirve para fruncir la tela.

Esto es lo que, muy acertadamente, nos dice el Diccionario de la Real Academia (DRAE). Pero nosotros, y Delibes, hablamos en lenguaje rural ¿Lo entiende usted señor Urdiales? Hablamos en lenguaje rural.

Bien. Ahora yo pregunto al que más sepa que, indudablemente, no es el "experto" en Miguel Delibes. ¿Tiene alguna relación este enjaretar que nos dicen el DRAE, y el “experto” en Delibes, con lo que viene sosteniendo el señor Urdiales y que yo hace tiempo intenté –sin conseguirlo- que me explicara?¿dónde tienen las jaretas los animales de tiro o carga para enjaretarles el acial o los arreos? Me refiero a lo que nos dice en sus pseudodiccionarios cuando indica que en el tiempo en que Delibes escribía (1950) nosotros enjaretábamos a los machos para la fiesta (Página 13 del “Diccionario del Castellano Rural en la Narrativa de Miguel Delibes”) ¿tiene algo que ver que el herrador enjarete el acial (coloque el acial sobre el labio superior del animal), para que el macho se deje herrar, con pasar un cordón por una jareta o dobladillo en la ropa? ¿Tiene el animal, en el morro, alguna jareta?

Seguramente el señor Urdiales tiene su razón pero yo, que soy muy bruto -soy de los más brutos de mi pueblo- no lo entiendo, y quiero aprender, aunque obtengo muy exiguos resultados.

Verá señor Urdiales: enjaretar, endosar, endilgar, endiñar, etc. son palabras que este paleto instaló en su mollera hace ya muchos, muchos años, y todas, en el ambiente en el que estamos –herrando a la caballería, macho en el caso de “La Mortaja” de Delibes- tienen un mismo significado (quizá equivocado): colocar algo desagradable, o difícil, a otro ¡ya se lo enjareté! ¿Le parece a usted que no es desagradable para el macho que le coloque, el herrador, el acial? Tenía usted que ver cuando al animal más rebelde se le coloca (enjareta) el acial quedarse como una estatua, digo yo que será porque le duele el morro, no la jareta.

De manera, señor Urdiales, que enjaretar -en el caso que nos ocupa- el acial al que Delibes se refiere en “La Mortaja”, no es pasar un cordón por una jareta. No, no y no señor Urdiales. Usted no acaba de entender nuestro lenguaje, como tampoco entiende a Delibes. O si lo entiende, lo disimula usted muy bien.

Ahora un ruego: si yo estoy equivocado, le ruego me saque de mi error. Eso sí, no podré pagarle, yo estas cosas las hago porque las siento en el alma, y es que es el lenguaje que hablaban mis abuelos y no me gusta verlo maltratado. Quisiera, querido señor Urdiales, que usted se informara bien y después se lo transmitiera a nuestros descendientes, yo no sabría hacerlo, y bien que lo siento.

Enjaretar es: endosar, endilgar, endiñar, enristrar, encalomar… (y más) a otro algo que es sumamente desagradable, o difícil, para uno mismo. ¿Lo ve? ¡Ya le enjareté a usted la difícil papeleta de transmitir a las nuevas generaciones nuestro lenguaje rural! Esto no es desagradable, pero si difícil, sobre todo para el que lo desconoce.

Aun así, señor Urdiales, usted tiene razón. Antes las mujeres se dedicaban, entre otras muchas cosas, a hacer jaretas, por las que después enjaretaban un hiladillo, una cuerda, incluso una vara para soportar una cortina. Pero ése es otro tema. El herrador de “La mortaja”, dado el tiempo en que Delibes la escribió, dudo que supiera hacer jareta y menos para enjaretar el acial.


Camporredondo, 2 de marzo de 2015.

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Los basculeros

El agricultor de Camporredondo guarda en su memoria unos años de –humilde- abundancia (decenios 4 y 5 de mil novecientos) para sus arcas, consecuencia del precio de la remolacha. Al precio fijado de antemano (250 ptas tonelada) se le sumaba una subvención (1000 ptas tonelada) que, dada la escasez de azúcar, se añadía para animar al cultivo de la remolacha azucarera.

Condición indispensable para tener derecho a la subvención era tener pozo en el terreno y una superficie que -creo recordar- debería ser igual o superior a 5000 metros cuadrados.

Fueron aquéllos unos tiempos en que para el agricultor de Camporredondo todo venía favorable: agua por los cauces y arroyos y a ras de tierra. Terreno sin explotar y elevadísimo precio de la remolacha azucarera.

Por aquellos años la recogida de la remolacha y la achicoria (otra fuente de riqueza) se hacía, por las fábricas transformadoras, en el mismo pueblo. Allí, al principio de la cañada de El camino de Portillo, se establecieron tres básculas representantes de las fábricas azucareras: Monzón, Santa Victoria y Aranda de Duero. Allí situaron sus básculas. Allí pesaban, amontonaban y desde allí en camiones se llevaban hasta el centro de transformación.

Para la recepción del producto se requería dotación de personal: el jefe de báscula (receptor). el pesador, el escribiente, el descontero y los guardas, éstos en turnos de mañana tarde y noche.

El llamado descontero era el encargado de calcular la cantidad de tierra y desperdicio que se habría de descontar del peso bruto del producto. Para el agricultor, el descontero era su mayor rival.

Total, que para esta labor las fábricas desplazaban cada temporada, hasta Camporredondo, grupos de personas capaces de desarrollar esta tarea.

Estos hombres cumplían su horario y después, dado que estaban lejos de su ambiente familiar, necesitaban alguna distracción para tratar de reducir las largas y frías noches del invierno camporredondés. El pueblo les brindaba una única posibilidad: la cantina. En la cantina jugaban sus partidas de tute, brisca o mus. Dirimían quien pagaba la envuelta (botella de vino con gaseosa y sus cacagüeses -cacahuetes-) y después charlaban, cantaban y bailaban para pasarlo lo mejor posible.

Fruto de aquellas reuniones fue la canción que hoy "La pizarra de Gaude" os ofrece como recuerdo a aquellas noches en que yo les veía, y oía, cantar y bailar sentado con mi taburete sobre el fogón de la cocina, habilitada como cantina para aquellas ocasiones (no había más).

Canción popular en Camporredondo (click en el enlace)

En la canción se mencionan dos nombres: Escribano (el más bromista de todos) que era el apellido de Gregorio, uno de los participantes, y el otro era Gaudencio, el cantinero. De ahí que era el más contento -eso dice la canción- porque la quincenita (nómina) iba a parar al bolso de Gaudencio.

Para todos vosotros:

“Nivele usted, nivele usted” La composición, letra y música, es de uno de los basculeros
.
Canta el coro de Camporredondo.

NIVELE USTED, NIVELE USTED

Estribillo
Nivele usted, nivele usted
La báscula para pesar
Para pesar
Mire señor pesador
Que el descuento me ha apretao
Y ya me voy a mosquear.

Son los de la remolacha
Y los de la achicoria
Un grupito bien formado
Pa el trabajo y pa la broma.
Y cuando nos divertimos
Aunque a veces nos critiquen
No nos preocupa nada
Ya sabemos lo que dicen.

Al estribillo

El más bromista de todos
Es el amigo Escribano
A la fiesta nunca falla
Salta y baila como un maño.
Es el amigo Gaudencio
El que más contento está
Pues toda la quincenita
A su bolso va a parar.



Al estribillo

El amargo y lo dulce
Son dos cosas del montón
Y con el vino son tres
Las que abundan en Monzón.
Los guardas de por la noche
Son los que más se divierten
Echando leña en la estufa
Y dando diente con diente.



Al estribillo

Dicen los agricultores
Que en la báscula están todos
Los que saben vivir bien
Beber mucho y pagar poco.
Dicen los agricultores
Que en la báscula les roban
Pero siempre están aquí
A beber vino de gorra.



Al estribillo

Estamos muy enterados
De que algunos no les gusta
Que por la noche cantemos
Chunda, chunda, chunda, chunda.
Sabemos por experiencia
Que el que no bebe no gasta
Pero el que vino no bebe
En el pueblo no destaca.



Al estribillo

Nos despedimos de ustedes
Público tan distinguido
Deseando nos perdonen
Si en algo hemos ofendido.
 Señores aquí termina
Termina nuestra canción
El que quiera retratarse
Que se acerque al mostrador

Nivele usted, nivele usted
La báscula para pesar
Para pesar
Mire señor pesador
Que el descuento me ha apretao
Y ya me voy a mosquear.



21 de agosto de 2015.

domingo, 2 de agosto de 2015

Cachaba/cachava

Cachaba
EC p. 206
Luego le dio a besar su mano y se alejó, apoyándose en la
 cachaba, 
cachava.
 
1.
 f. cayado (palo o bastón curvado en la parte superior).
cayado.
 (Del lat. caia, garrote).
1.
 m. Palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener las reses.
Cachaba:
 Palabra inexistente con "b". Consideramos que es un error de imprenta. (Investigación de campo)
LR p. 31
(...)con una
 cachaba en cada mano,
LR p. 32
(...) clavó en el suelo una de las
 cachabas (...)
ET p. 81
(...) recostados en las
 cachabas,

Recogido en Cátedra Miguel Delibes, Diccionarios de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes editados por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua y ediciones Cinca.

Cuando cachemos patatas, tueros, surcos, etc. usaremos el verbo cachar:

Pretérito imperfecto o Copretérito
cachaba
cachabas
cachaba
cachábamos
cachabais
cachaban


Ahora que hablamos de “cachava” (cayada para los pastores), veremos que hablamos de algo distinto.

Vaya manera de complicar las cosas. Y lo más curioso, creo yo, es por no emplear la palabra en el lenguaje del que siempre usaba la cayada: el pastor.

En mi vida -como conductor de rebaño de ovejas- os puedo asegurar que conocí a bastantes pastores y, ¡qué casualidad! cada uno usábamos un palo, más o menos pulido, al que doblábamos en forma de arco en uno de los extremos y lo llamábamos… ¿cómo lo llamábamos? Pues eso: cayada. Seguramente -mejor digamos es posible- que a algún culto señor se le ocurriera que  aquella palabra sonaba demasiado rústico y, para destacar, dijo: esto se llama cayado, palo, bastón, garrote, báculo y vaya usted a saber de cuantas maneras más. Todo menos cayada que suena a paleto.

Aquí tienen una muestra que avala lo que digo

Dice el DRAE:

cayada.
(Del lat. caia, garrote).
1. f. cayado (‖ palo o bastón).

cayado.
(Del lat. caia, garrote).
1. m. Palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener las reses.

Como veis cayada no tiene definición. La definición hay que buscarla en cayado que, como vemos, nos dice que es “especialmente el de los pastores”. De paso quiero añadir que servía para muchas cosas más que para sujetar a las ovejas.

Ya saben que lo que quiero es aprender. Entonces, pregunto: si el cayado es especialmente el de los pastores, y éstos, los pastores digo, hace muchos, muchos años decidieron que se llamaba cayada ¿quién debe decidir el nombre?

Esto me recuerda –más de una vez me ocurrió- que cuando el sujeto se creía por encima del nivel del pastor y su rebaño para abrirse paso entre las ovejas lanzaba puntapiés -mejor diré coces o patadas- a la vez que gritaba ¡aparta ovejo! Una vez le dije a uno de estos "intelectuales": “¡eres tan bruto, tan torpe, que no sabes que son ovejas!

Resumiendo: ya sabemos que la palabra proviene del latín caiado-caiada, pero también sabemos que el latín no es idioma muy al uso corriente. Es por eso por lo que reivindico la palabra cayada en castellano, porque fue mí  (y de todos los pastores que conozco) útil de trabajo.

En fin que yo decía hace un rato que vaya manera de complicar las cosas con lo fácil que es: ni  con “B”, ni con “V”: cayada. También encuentro -entre el mundo llamado “culto”- que hay quien lo complica de la manera que acabo de sugerir que, en vez de escribir cayada, escribe callada que, quizá, es lo que yo debería haber hecho: callarme. Pero no quiero hacerlo, porque quiero reivindicar la palabra cayada que parece que no se usa demasiado. Al mismo tiempo quiero rendirla un homenaje y para ello, aunque sea repetirme os vuelvo a ofrecer –con vuestro permiso- este extraordinario romance que, casi seguro, escribió un usuario de la CAYADA.

Bueno que, por mí no ha de quedar; quiero reivindicar y reivindico, en esta tierra castellana de mis amores; ni cayado, ni báculo, ni garrote, ni palo, ni estaca, ni cachava… El equipo pastoril lo formaban: la alforja o el morral, la manta y la CAYADA. Es posible que hasta aquí llegara de la mano de los merineros en su trashumancia entre las dehesas de Extremadura y las montañas de León. De cualquier forma, lo que este ex pastor y sus colegas más inmediatos manejábamos era la: CAYADA.


Dos cayadas. La de la izquierda -del bisabuelo
Patricio- lleva más de 150 años llamándose cayada

                                                                  Camporredondo, 2 de julio de 2015 













miércoles, 8 de julio de 2015

Boruga 2

En fecha 4-6-2014 en “La Pizarra de Gaude “sección “en camisas de once varas” ya hice un  comentario sobre esta palabra.

Al observar que ahora el autor del “diccionario” ha incluido alguna mejora pensé: algo debemos mejorar para ponernos a tono con el nuevo-viejo “diccionario” y ahí va:

Quiero y debo agradecer la mejora, porque con ella sé que la boruga -que yo desconocía- no es exclusiva de Cuba y República Dominicana (países de las Antillas) como nos dice el DRAE y recoge el autor en el “diccionario” editado por Instituto castellano y leonés de la lengua. Ahora, en el editado por ediciones Cinca, nos amplía la zona y parece que el refresco es común a las 13 islas antillanas: gracias.

Dice el autor en la mejora incluida en el “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” editado por ediciones Cinca:

Boruga: En las Antillas, refresco de requesón batido con el suero de la leche y azúcar. (Investigación de campo)

Sin embargo, me llama la atención que en la correspondencia que, al parecer, mantiene el autor del "diccionario" con el escritor, la palabra boruga -que ahora nos ocupa- no aparece incluida entre la correspondencia que nos ofrece en el último diccionario. No tengo por qué dudar, ni dudo, de lo que el "experto" autor nos dice: "Boruga: una fase del queso. (Miguel Delibes, 1 de octubre de 2003)"

Pero lo que me sugiere es una pregunta: en la entrevista que para el periódico El Mundo concedió a la periodista Pilar Ortega Bargueño, en la que, parece, que el escritor no se muestra muy satisfecho con la obra de Jorge Urdiales, entre otras cosas, Delibes dice: “… No subrayó mis subrayados. En ese diccionario hay palabras de pueblo y palabras de región. No todas valen…” (el recorte del periódico ya lo incluí en una entrada previa). Entonces -porque no lo entiendo- pregunto: si en la correspondencia que Urdiales nos ofrece, Delibes contesta a todas las palabras consultadas, sin subrayar ninguna, ¿se refiere el escritor a otra correspondencia no presentada a sus lectores por el señor Urdiales? Me surge la pregunta porque me sorprende que Delibes nos diga que boruga es una fase del queso, cuando parece ser -yo lo desconozco- que el refresco se obtiene batiendo la cuajada con el suero añadiéndole azúcar. Por tanto, nada que ver con aquello que, después de elaborado, será queso.

Resumiendo: boruga es un refresco que se obtiene batiendo la leche cuajada con el suero y añadiéndole azúcar. ¿Qué tiene que ver el queso con el refresco? Sí claro: los dos son derivados de la leche, sí: como el yogur. En este caso cuajamos leche con el ánimo de hacer un -no me cabe duda- buenísimo refresco. El queso lo haremos en otro momento, de la forma que ya dijimos en “La pizarra de Gaude” “El queso de Camporredondo”.

Nota aclaratoria: Sí, ya sé que el DRAE al referirse a la boruga también le da el significado de requesón… Pero es que yo, que sólo soy un humilde hombre de campo digo, porque así fue, al menos, desde que en mi pueblo se hacía el queso: la cuajada y el requesón son dos productos derivados de la leche; pero no son lo mismo. La cuajada se obtiene al cuajar la leche y el requesón se obtiene del suero hirviéndolo después de separarlo de la cuajada. Sí, sí, sí, los dos son derivados de la leche, pero son distintos… ¿el queso también es requesón?

Reconozco que soy obstinado (cabezota) pero es que no hay nadie que rebata lo que digo: yo cogía el herradón y ordeñaba las ovejas. Después mi madre filtraba la leche, le añadía el cuajo y la templaba para que cuajara con más rapidez. Una vez cuajada, separaba la cuajada y el suero. Con la  cuajada hacía el queso y del suero –previa cocción- sacaba los buenísimos requesones. Los residuos de este proceso se daban a los cerdos que, dicho sea de paso, iba muy bien.

Añadimos un esquema que, creo, es aclaratorio. La fase del queso la forman las casillas 1 al 8, y la fase boruga la forman las casillas 1 al 3 y  9.



1
.-
Leche filtrada
2
.-
Cuajo
3
.-
Leche cuajada
4
.-
Cuajada
5
.-
Suero
6
.-
Queso
7
.-
Requesón
8
.-
Residuos. Suero para los cerdos
9
.-
Boruga.

Curiosidad: en la tercera edición del Diccionario de la Lengua Castellana (1791), la palabra boruga no estaba recogida.

Camporredondo 12 de junio de 2015