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martes, 10 de noviembre de 2015

Lecherines 2

Lechinterna (lechetrezna) al borde de la carretera de Montemayor de Pililla al área recreativa de Fuente Mínguez.


Comienzo con una fotografía de la lechinterna (lechetrezna), a la que NO se refiere Delibes en “Las ratas”, porque una cosa es la ignorancia, sin más trascendencia, y otra la que puede tener repercusiones graves para la salud.

Digo que es a la que NO se refiere Miguel Delibes porque doy por sentado que es la que pertenece a la zona en la que Delibes sitúa la novela. Los lectores saben que Miguel Delibes concibió la idea de escribir “Las ratas” en un viaje al santuario de El Henar (distante de mi pueblo escasos 15 km) donde le hablaron de los topos (ratas de agua), de su captura para la venta y consumo en las cocinas de la zona.

Si tenemos en cuenta que por esta zona, en aquel tiempo, había agua por cualquier cauce o arroyo, es fácil deducir que este tipo de roedores abundaba: doy fe de ello. Y de ello he hablado en la entrada a “La pizarra de Gaude” que titulé “Los toperos”.

Si, como parece, es en esta zona donde localizó su obra maestra, tengo que admitir, y admito, que Delibes nunca nos habló de la lechinterna (lechetreza) de la fotografía porque esta planta, una vez más, digo: los conejos nunca la han comido, porque de haberlo hecho, habrían muerto: es tóxica. Lo que acabo de decir, el escritor también lo sabía.

Lecherines
LR p. 130
Con el alba abandonaba la cueva y pasaba el día cazando lagartos, recolectando manzanilla, o cortando lecherines para los conejos.
Lecherina: n.f. Planta glauca, con cepa leñosa pero endeble y flores de color amarilloverdoso dispuestas en umbela. Vive en cunetas, ribazos y baldíos y florece a principios de primavera. Sinónimos: chirrihuela, lechetrezna, lechera, lecheinterna, leche de brujas. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Lecherines: Forraje para los conejos parecido a las mielgas, de color muy verde y de
flor amarilla, que al quebrarla saca un líquido parecido a la leche. También llamada "lechinterna". (Investigación de campo)
LM p. 102
Cada mañana, Juan llevaba al conejo su ración de berza y de lecherines.

Estas acepciones están escritas en los dos libritos, mal llamados diccionarios en la narrativa de Miguel Delibes y en Cátedra Miguel Delibes. Dígame usted, con estos avales… ¿quién no cree que la lechinterna es un alimento conejil?

Es posible que haya –en alguna parte- otro tipo de plantas también llamadas lechetreznas, y hasta puede ser que sean un buen alimento para los conejos, pero éstas de “Las ratas”, ni son alimento para los conejos, ni Delibes lo dijo en ninguna parte. Por tanto, yo rogaría al autor de estos desaguisados que acompañe una fotografía que justifique lo que dice o que retire que lecherines es la planta “también llamada lechinterna. (Investigación de campo)”. Supongo que no habrá mucha dificultad para, allí donde se informó, obtener un soporte fotográfico. ¡Estamos hablando de una planta tóxica!

Como comentario final digo: hay un amplio grupo de plantas que pueden ser consideradas lecherines, y que a los conejos satisface grandemente, que no me atrevo a dar ningún nombre. Pero lo que sí digo, con toda rotundidad, es que ninguna es llamada lechinterna. Lechinterna es la de la foto y es VENENOSA.

Sólo añadir que, en los pueblos, a nadie se le ocurre dar una planta verde mientras contenga agua porque, fermenta, se les hincha el bazaco y… ¡zas!



Camporredondo 6 de octubre de 2015

domingo, 26 de abril de 2015

¡Joder qué imaginación...!

¡Joder qué imaginación tiene el experto!

En cualquiera de las dos glorias que siguen... ¿dónde colocaríamos el puchero con los gabrieles y el tocino?
A todo trapo: gloria en Camporredondo (Valladolid)

4 h.
Así era la Castilla de Delibes. En esas casas se comía cocido todos los días. Hecho en la gloria, toda la mañana.














Chimenea, hogar, llar... o simplemente fuego de
morillos, donde se cocían los gabrieles y las patatas.
“Habló el buey y dijo mu”. O lo que es lo mismo; habló Urdiales y dijo: el cocido se hacía en la gloria durante toda la mañana. La Diputación que oyó esto, habló y dijo: paguemos a este “experto” para que predique estas enseñanzas por nuestros pueblos y ciudades. El ministerio de in-cultura rural exclamó: permitamos que expertos como éste prediquen tanta sabiduría por colegios e institutos, al fin y al cabo es más fácil gobernar bueyes que digan “mu”. Y llegó el paleto (yo) y dije: de todos estos sabios, me quedo con el buey.

He querido abrir esta entrada con dos hermosas glorias en pleno rendimiento en la Castilla de Delibes donde, es cierto, se comía cocido todos los días  –y patatas todas las noches- y aquél y éstas se cocían a fuego lento durante toda la mañana los unos, y parte de la noche las otras -casi siempre viudas- en la cocina bilbaína o económica, o en la humilde placa anterior a la bilbaína, o en la chimenea, hogar, llar… o -llámelo usted como quiera- entre los morillos. Todo menos en la gloria porque… dígame el señor Urdiales -que parece bien informado- ¿dónde colocaría usted el puchero con los gabrieles y el tocinillo? Bueno, creo que se impone informar, de manera un poco más rigurosa, y eso es lo que vamos a hacer desde la boca de abastecimiento a la gloria.

La gloria, calefacción por suelo radiante (posiblemente de época romana) mediante el fuego era y, como vemos, todavía sigue siendo, una serie de túneles o cañones debajo del piso, por los que se canaliza el fuego -que el combustible genera al arder- hacia la chimenea o salida de humos. En el tránsito de la llama, buscando la salida, va calentando el suelo -para calentar el suelo, no para cocer los garbanzos- y por radiación calienta las habitaciones por las que pasa. Así de sencillo.

Cómo y por qué de la forma de encender la gloria: por la boca de abastecimiento se aporta el combustible, normalmente hornija (ver lo que es hornija en el “Diccionario de Camporredondo”), pero también en las zonas de Castilla en las que abunda la paja se atiza con este combustible, o con burrajo… en fin, cualquier material que genere una llama y que, además, sea económicamente asequible para la, generalmente débil, economía doméstica.

Una vez metida la leña a la entrada del cañón de la gloria se prende (se enciende) y comienza la combustión. Por ende, el suelo se va calentando. Mientras la llama es intensa se mantiene abierta la boca de entrada de la leña y la salida de humos (cortafuegos en la chimenea). Como el calor tiende a subir y como la chimenea está muy alta –por encima del tejado- se establece una corriente de aire desde la boca de abastecimiento hacia la chimenea. Cuando la llama va cesando, se van cerrando tanto la boca de entrada como el tiro o salida de humos, hasta que la combustión cesa por completo , que es cuando se cierra de forma hermética, o casi hermética. ¿Para qué se cierra de forma casi hermética? Pues para evitar que el calor que siguen generando las brasas, más el acumulado por efecto de la combustión, se escape. De esta manera, si en el cañón de la gloria hay calor acumulado (y lo hay) el suelo se mantiene caliente durante todo el día. El calor se mantiene hasta el día siguiente en que volveremos a repetir la misma operación.

¿Qué conclusiones sacamos de esta explicación? Pues que el tiempo de apertura de la boca de abastecimiento, como el tiro, o cortafuegos, de la salida de humos, deberá ser el menor posible.

A partir de aquí habrá que sacar alguna enseñanza: no es posible que cozamos los gabrieles en la gloria, porque además de ser imposible (¿metemos el puchero en el cañón y cerramos?), la cocinera tendría que bajarse a la cueva, se vería obligada a mantener la boca de abastecimiento abierta, y el calor se nos escaparía.

Bueno, además, ¡qué cojones hago dando explicaciones sobre algo que es absurdo! El cocido en los pueblos de la Castilla de Delibes se cocía a fuego lento en la forma que ya hemos dicho más arriba, lo que pasa es lo que, también he dicho hace un rato: “habló el buey y dijo ¡mu!”

Lo verdaderamente preocupante de todo esto es que, de los que escuchan o leen a Urdiales; unos, los que saben, se ríen pero no actúan y los que, por su juventud, no saben de qué va el tema, pues lo aceptan y asimilan. Así se deforma la historia: para ilustrar en colegios e institutos el Ministerio de in-cultura les pone un profesor analfabeto en lenguaje rural. Hasta donde no llegue el ministerio llega la Diputación, o la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, o la Cátedra Miguel Delibes… en fin, todas estas instituciones que, con el DRAE en la mano, son infalibles, pero en cuanto les metes por los caminos sin asfaltar, o tienen que pisar terrones, no saben dar un paso y patinan: resbalan y caen.

Deducción que yo saco: al señor Urdiales le hablaron de la gloria como forma de calefacción, después le dijeron que en los pueblos de Castilla se comía el cocido todos los días… el experto lo metió en la coctelera y sacó: comen cocido todos los días, se calientan con el calor de la gloria, como no sabe lo que es la gloria, recurre al DRAE que le complica más y dice: aprovechando el fuego de la gloria cuecen los garbanzos del cocido. ¿Acierta? Pues está claro que no. Pero, por si las moscas, dice: “en los pueblos de la Castilla de Delibes…”. Entonces yo digo: no señor Urdiales, eso no es así y, además, Delibes nunca lo dijo, porque Delibes conocía, como yo, la forma en la que se cocía el cocido castellano. Así que otra vez más le digo: señor Urdiales, usted con su bienintencionada ignorancia, está haciendo mucho daño al leguaje y costumbres castellanas.

Después de todo lo dicho pienso, parecerá raro, pero sí que pienso: el Isidoro de Delibes llevaba el pueblo escrito en la cara y como tal era motivo de mofa. Ha pasado un poco tiempo e Isidoro, que sigue llevando el pueblo escrito en la cara, aquí le tienes intentando hacer comprender a los maestros del lenguaje lo que es una gloria. Que no es la Gloria-Cielo que ellos nos enseñaban, no; esta gloria es con la que nos calentábamos. Eso sí los garbanzos los cocinaban nuestras madres y abuelas con leña, sí, pero no en la gloria.

Y dice el DRAE:
gloria.
(Del lat. gloria).
6.f. Hornillo dispuesto para calentarse y para cocer las ollas.

Esto dice y se queda en eso: en la gloria.

Sí, sí, sí. Ya sé que el DRAE dice todo esto. Pero como la Castilla de Delibes es la de la gloria- calefacción por suelo radiante (la de los romanos) creo que es a ésa a la que debemos referirnos. La del DRAE, o el Diccionario de la Real Academia nos dice cómo es, o era, o el experto debe decirnos en qué zona de esta Castilla de nuestros amores se llama gloria a los fogones en los que se cocían los gabrieles. Así que quedo a la espera de que alguien nos muestre este tipo de gloria para calentarse o cocer el cocido a fuego lento. Y si alguien descubre que no es cierto lo que más arriba digo lo rectificamos: todo menos cargarnos la gloria tradicional por suelo radiante: la de la Castilla de Delibes.

Y sigue el DRAE:
gloria.
(Del lat. gloria).

7. f Estrado hecho sobre un hueco abovedado, en cuyo interior se quema paja u otro combustible para calentar la habitación.

La verdad es que el DRAE tampoco ayuda mucho. La definición que nos da de gloria, al menos desde la Castilla de Delibes, no es muy acertada. Comparemos la definición con las fotos del encabezamiento del escrito. Lejos de ser un estrado es un túnel bajo el suelo de la casa. En fin, espero haber dejado claro lo que es la gloria en la Castilla de Delibes.

Camporredondo, 27 de marzo de 2015.

lunes, 2 de marzo de 2015

La grama.

Nuestro sabio refranero, dice:”Hacienda, tu amo te atienda y si no que te venda”. También este otro: “El ojo del amo engorda el ganado”.

Apoyada en estas dos contundentes y sabias sentencias, vamos con la entrada de hoy.

Había una vez un terrateniente –que lo era por herencia- que dado que su progenitor la había dejado terreno suficiente, y muy productivo -sin más que preocuparse de observar el cultivo de lo heredado- para vivir desahogadamente, decidió fijar su residencia en la ciudad donde -eso creyó él- la vida era más alegre y cómoda, y podía disfrutar de su espléndida hacienda.

Para dirigir la heredad nombró un cachicán (encargado) para que tomara todas las decisiones necesarias para su buen funcionamiento. De esta manera, el “señor” sólo se ocuparía de recoger y administrar los cheques que del banco, con regularidad, le fuera remitiendo. La vida así sería más llevadera lejos del polvo, el barro, el calor, el frío, las tormentas... en fin todas esas calamidades, para él insufribles, que en el campo se padecen. ¡Esto es vida! comentó para sus amigos el nuevo y rico terrateniente.

La hacienda continuó su marcha bajo la vigilancia de su nuevo director: el cachicán.

Comoquiera que el terreno estaba bien cultivado, la primera cosecha fue espléndida, con lo que el heredero se encontraba todo ufano y orgulloso por la decisión que había tomado: él se pasaba la vida bien comido, bebido y distraído sin preocuparse de dar una vuelta por el pueblo.

Los obreros seguían con la rutina de arar y sembrar. Un día, el cachicán -que era nuevo en la heredad- observó cómo los obreros, siguiendo la tradición, unos araban y otros, con el garucho, recogían la grama y mantenían el terreno limpio de esta rastrera e indeseable planta. ¿Qué es lo que hacen ustedes? preguntó con mucha educación. Pues ya ve usted, lo que hacemos siempre: recoger la grama, respondieron los braceros. No, no, a partir de hoy se cultivará como yo diga, ¿no saben ustedes que eso es abono para la tierra? Queda terminantemente prohibido el uso del garucho en estas tierras. Y así se hizo.

Así las cosas, las cosechas fueron disminuyendo paulatinamente, hasta que pasados unos (pocos) años el amo se vio en la necesidad de ir rebajando su nivel de vida pues los cheques cada vez eran más raquíticos y ya no daban para tanto.

El heredero llamó al encargado a su refugio en la gran ciudad y quiso saber por qué los cheques habían ido disminuyendo de forma tan alarmante.

Mire usted señor: no sé lo que ocurre, pero el terreno ha sido invadido por una extraña planta que le convierte en un prado y no deja crecer la semilla. Yo le sugeriría que, si usted lo cree conveniente, vendiera la heredad antes de que sea tarde.

El "señor" lo pensó un momento y le dijo al cachicán: creo que tiene usted razón, antes de que los agricultores vecinos, posibles interesados, se den cuenta de la baja productividad del terreno, póngalo usted a la venta y véndalo. Señor, respondió el cachicán, si usted me dice el precio yo intentaré venderlo al mejor postor. Y así lo hicieron, el hábil cachicán volvió al pueblo y al cabo de unos días reclamó una reunión de urgencia con el propietario: no he podido conseguir, dijo, el precio que usted fijó, pero si usted quiere, para evitarle incomodidades yo me quedaría con la heredad en… y rebajó el precio de salida. El comprador y el vendedor se pusieron de acuerdo y el, “listo,” nuevo propietario volvió al pueblo con la escritura bajo el brazo.

Reanudaron las faenas del campo y el amo dijo: desempolvad los garuchos y recoged la grama, démonos prisa que la sementera está al caer. Señor, dijo uno de los obreros, usted nos dijo: “dejad la grama que es abono para la tierra”. No importa lo que yo dijera, los tiempos han cambiado y hay que coger los tiempos según vengan.

Y colorín colorado… “Hacienda tu amo te atienda o si no que te venda” ¿está claro?

El otro refrán, “el ojo del amo engorda el ganado” viene a decir lo mismo. Pero ese lo dejamos para cuando el torpe y vago sea el ganadero y el listo, en vez ser el cachicán, lo sea el rabadán, y el terreno sea el rebaño de ovejas… ¡Ya me entendéis!


Camporredondo 22 de febrero de 2015



lunes, 23 de febrero de 2015

Los hermanos agricultores

En un rincón de Castilla, de cuyo nombre no quiero acordarme… ha muchos años, vivieron dos hermanos agricultores que tenían puntos de vista muy dispares en la forma de cultivar la tierra: uno aprovechaba la mínima ocasión para ponerse manos a la obra: arar y sembrar. Y el otro gustaba de hacer las labores sólo cuando el terreno estuviera en buena sazón, según su criterio.

Cuando terminaron las labores de era… recogieron paja y grano y barrieron la era, no quedaba más tarea que ir preparando la tierra para la siguiente cosecha.

Arando con el arado romano en El Henar.
Uno de los hermanos, sin pensarlo dos veces, unció los machos, cogió el arado de vertedera y salió dispuesto a voltear la tierra antes de que lloviera. Al salir, con la yunta, del corral, encontró al otro hermano que, extrañado, le preguntó: ¿pero dónde vas? A lo que el otro le responde: ¡joder! ¿No lo ves? Voy a arar. Pero hombre, ¿no ves que está muy duro el terreno? Te va a costar mucho levantar el rastrojo y levantarás muchos terrones. Si, contestó el otro, eso ya lo sé, pero cuando llueva tendré buena parte de la tierra preparada para sembrar. Yo no, dice el otro, prefiero esperar las lluvias de otoño y con buen tempero será más fácil.

De esta manera uno fue labrando despacito y el otro esperó la llegada de las lluvias de otoño.

Llegaron las lluvias y, pasados unos días, que parecía que ya no escamparía nunca más, los hermanos salieron a la puerta para observar el tiempo y uno dice ¡oye! ¿Qué te parece si enganchamos y vamos sembrando? ¡Quita hombre!, ¿no ves que está muy pesado? Ahora no se haría buena labor, espera unos días y verás que buena labor se hace. Bueno, bueno, dice el otro, aún así yo voy a ir sembrando.

Pasaron unos días y cuando, según el criterio de uno de los hermanos, el terreno estaba en su punto, el otro ya tenía todo sembrado. Más, hete aquí, que al encargado de abrir los grifos allá arriba se le ocurrió abrirlos y se le debió de olvidar cerrarlos, de forma que cuando dejó de llover ya era tarde para la sementera.

Pasó el invierno, llegó y pasó la primavera y, llegó el verano. La cosecha del que sembró en su tiempo no debemos decir que fue espléndida, mientras que la del otro hermano encañeció (encañó) y se agostó sin apenas haber espigado.

Como la cosecha de uno de los hermanos fue muy mediocre, y había que sembrar para la siguiente y no habiendo ni semilla, ni para comprarla, el hermano cuyo granero estaba barrido se presentó en casa del otro y le dijo: ¿no podrás prestarme unas fanegas para la siembra? Es que como la cosecha ha sido mala no tengo semilla. Sí hombre, no faltaría más, y le dio el grano necesario para la sementera.

El invierno siguiente fue muy duro, sobre todo para las paneras barridas. No teniendo ya de donde echar mano, el de las paneras vacías volvió en casa de su hermano y dijo: mira a ver si te sobran unas fanegas que no tengo nada para que coman los chicos. ¡Pero hombre! dijo el otro ¡no creerás que yo iba a consentir que mis sobrinos pasaran hambre! carga y lleva al mercado lo que quieras. Como le parecía que su hermano no cargaba lo suficiente le animó a que llenara más talegas de grano, pues él tenía de sobra. Sí, le dijo el otro, pero es que no podré pagártelo. No te preocupes hombre, eso está arreglado, vamos a hacer una cosa: yo te doy el grano y tú me das un beso en el culo. Acepto, dijo el otro, no tengo otro remedio. Y así fue como cerraron el trato. El hermano le dijo, aprende: “Para no tener que dar a tu hermano un beso en el culo... siembra en blando y en duro”.

Moraleja: que cada uno saque la que crea conveniente, yo saqué la mía y no me arrepiento.

Camporredondo 18 de febrero de 2015

jueves, 13 de noviembre de 2014

Dedicado a los jóvenes seguidores de “La pizarra de Gaude”

Dicen que los que tenemos mucha “experiencia” acumulada necesitamos dormir menos horas.

Tal vez por eso esta noche desperté y me puse a contar ovejitas -¿por qué será?- tratando de conciliar nuevamente el sueño.

De repente, se plantó delante de mi nebulosa memoria, algo que posiblemente comencé a oír el mismo día que abrí los ojos por primera vez al otro lado de la ventana, desde la que se oía como balaban las ovejas y quizás un poco más allá el lobo aullaba por no poder entrar al corral para llevarse la borrega blanca, o negra, que seguramente le habría dado igual.

Para vosotros, jóvenes -que sois todos- seguidores de “La pizarra de Gaude”.

Cuando yo nací, la trashumancia era el medio de traslado de los rebaños de merinas y yeguadas entre las dehesas de Extremadura y los montes de León.

Como el paso de los rebaños era a través de La Cañada Merinera y ésta está próxima a Camporredondo (mi pueblo) los pastores solían reponer sus viandas en la tienda de mis padres.

Quizás fueron estos pastores –boca a boca- los que la divulgaron por todos los recorridos y por eso es éste el romance más lejano  que guarda mi memoria.


Camporredondo 10-XI-2014

El azadón

En este mundo mío -el rural- siempre que se quiera trasmitir o justificar nuestro cansancio o agotamiento físico, sea cual sea el motivo de nuestro decaído ánimo… esfuerzo excesivo, enfermedad o arrechucho de cualquier índole, recurrimos a la frase referida al azadón: “¡estoy como si hubiera estado cavando todo el día!” O sea, al borde de la extenuación.

Lo que acabo de decir no es fruto de la tradición, es que está más que justificada la frase.

Situémonos. Mes de febrero: las viñas piden a gritos ser excavadas para que el tronco se airee evitando con ello posibles epidemias -eso se decía, tal vez pensando en la filoxera- y porque vendrán las lluvias de final del invierno y principios de primavera y hay que prepararlas para que en el alcorque que formemos se recoja el agua que después vendrá muy bien en los meses de estío para que la vendimia sea generosa. Temprano cogemos el azadón y, golpe a golpe, azadonada tras azadonada, vamos dejando los troncos libres de la tierra que los arropaba.

En el pueblo había muchos majuelos y, si no era suficiente, hasta otros pueblos limítrofes, -y no tan cercanos- se desplazaban cuadrillas de hombres dispuestos a doblar su columna vertebral (el riñón decíamos) delante de las cepas para ganarse los gabrieles (el cocido).

Hemos quitado la tierra que cobija el tronco de la cepa en el mes de febrero, y en la primera quincena del mes de mayo volvemos a cobijarla para que el agua recogida no evapore con facilidad.

En estos mismos majuelos nacen y se crían plantas que no son deseables -aunque entre éstas estaban las buenísimas ajunjeras de la ensalada que ya hemos comentado en entrada aparte-. Bien; pues estas plantas se eliminaban cavando el majuelo. Algunos podían ararse, pero los más viejos que se habían plantado a cepa revuelta, o sea, sin ningún orden, no quedaba otro remedio que cavar para eliminarlas.

Ejemplo de plantación a cepa revuelta (Alcozar)
Avanzan los meses, y en el verano tampoco nos escapábamos del manejo del azadón: hacer regaderas, regar por inundación reforzando los surcos con el azadón. Quizás fuera el verano el de menor actividad del azadón. Pero enseguida llegaba septiembre y se pegaba a nosotros como una lapa para el resto del año.

Hasta la llegada de los arados de vertedera todas las plantas de raíz profunda –que hay que ver las que había-… panderillos (collejas), mielgas, gatuñas, quebranta arados, amapeas, etc. se arrancaban con el azadón hasta la máxima profundidad posible.

Si querías hacer un pozo empezabas su ejecución con el azadón. Si era un foso para retención de avenidas de aguas tormentosas: el azadón. Quiero decir que en cuanto traspasabas la puerta principal, o la trasera (puerta carretera), raro sería que no colgaras del hombro el azadón.

Era tan insustituible y de tanta utilidad que daba igual si llovía como si no. Durante el invierno, en el momento que dejara de chaparrear el azadón siempre nos brindaba una posibilidad: ha llovido y está muy pesado para arar, pues coges el azadón y te vas a cavar las pestañas que no se aran por su proximidad con el cauce o el pozo. Si, si, el arado no araba toda la pestaña porque el animal de tiro no permitía arrimar más el arado. Cuando nevaba tampoco era obstáculo que impidiera -salvo excepciones- cavar las pestañas.

Hablando de excepciones acude a mi -ya no joven- mente, la siguiente escena que escuché cuando tenía no más de siete años. El que sigue “La pizarra” ya sabe que en casa –por ser lo que llamábamos casino- se montaban entre los mayores del pueblo aquellas partidas de cartas que ya hemos comentados en otras entradas.

Monumento al labriego (Archidona)
Fue un día de un febrero tan frío que sólo he conocido dos en toda mi vida. En aquel mes nevó en abundancia y antes de que la nieve derritiera, las heladas se sucedieron, una tras otra, durante todo el mes, de forma que ni siquiera el azadón ofrecía ninguna posibilidad de ganarse el sustento para la familia.

Para los que no lo saben debo anticipar que en aquel tiempo se cobraba el jornal diario, de forma que el día que no trabajabas -aunque fuera por causa de fuerza mayor- no cobrabas. Si hubiera habido alguna posibilidad de ahorro durante los días de sueldo o jornal pues en llegando días como estos no habría problema: se echa mano de la hucha y la despensa y santas pascuas. Pero ni lo uno ni lo otro era posible. El caso era que el día que el jornalero trabajaba escasamente el jornal llegaba, no a fin de mes, sino a fin de día. Con esta perspectiva vamos a imaginar todo un mes sin entrar ni un solo real en casa.

Resumiendo:

Aquella noche llegó uno de los participantes en la partida y antes de que ésta comenzara comentó: ¿qué os parece que ha hecho Epulón? (nombre supuesto). Todos quedaron expectantes y siguió: ya veis como está el panorama; pues imaginaos como estarán las cosas en casa de Lázaro: no tienen ni un trozo de pan para comer la familia. Lázaro ha ido en casa del “amo” para ver si tenía trabajo y, ni más ni menos, le ha dicho: sí hombre, coge el azadón y vamos a cavar la pestaña del… ¡Qué más da el nombre! no quiero mencionarlo porque no quiero.

Él se ha envuelto en el tapabocas y Lázaro con apenas una chaquetilla que tiene han llegado al posible corte donde debería comenzar la cava de la pestaña. Cuando le ha dejado en la tarea, Epulón se ha venido a casa y Lázaro ha querido comenzar a cavar pero… era imposible, la cantidad de nieve, más la tierra helada impedían que el azadón pudiera penetrar en la roca en que, al parecer ,se había transformado la tierra. Lázaro llorando ha llegado a casa y le ha dicho al “amo”:

- Es imposible, el azadón no rompe la tierra: no puedo cavar la pestaña.
Pues si no hay trabajo, no hay sueldo.
- Es que mi familia tiene hambre.
- Si no hay trabajo no hay sueldo, repitió el “amo”.

Lázaro se ha ido para casa y a pedir limosna fue hasta hace un rato que ha vuelto a casa.

Fue éste un relato que jamás -pese a mi juventud- he podido olvidar. Un día quise rememorarlo y me lo conté. Y sin más que sirva como denuncia de las miserias que se vivían en aquel tiempo esto es lo que escribí y así lo titulé: EL LARGO INVIERNO.

Varios decenios han transcurrido y mi memoria se niega a borrarlo.


Camporredondo, invierno de 2005.

martes, 9 de septiembre de 2014

En Camisas de Once Varas: Chitas.

Lea usted con atención lo que yo he leído en la “Cátedra Miguel Delibes” y en las pág. 100-101 del DCRNMD:

Chita
LR p.51
(...) los sobrinos de la señora Clo descalzaron al bicho y comieron las chitas.
Chita: En el carnero o vaca, el hueso de la cuartilla del pie que los muchachos emplean en el juego del mismo nombre. Prov. Perú. Cabra. Hito, en la expresión de dar en la chita. Ardite, comino, en la frase de no darse, no valer una chita. (Diccionario General de la Lengua Castellana)
Chitas: Tripas del cerdo. La oración nos indica que en el pueblo están de matanza. Han matado y chamuscado al cerdo, le han quitado las pezuñas (se quitan mejor en caliente) y han lavado bien sus tripas para después freírlas y comérselas. (Investigación de campo).

Después de leer esto, yo, que no soy experto sino un simple aficionado a la obra de Delibes -después de leer al "experto"- digo: no sé lo que el escritor quiere decir al decirnos que “los sobrinos de la señora Clo descalzaron al bicho y comieron las chitas”. “Chita: En el carnero o vaca, el hueso de la cuartilla del pie que los muchachos emplean en el juego del mismo nombre”.
 
Pues no; si a lo que se refiere es a la taba (astrágalo) y al juego de la misma, ésta se encuentra, en el carnero o la vaca, en lo que los matachines, o matarifes, de pueblo, llamamos el colgadero, o lo que es lo mismo: en el tarso (entre nosotros corvejón, aquél hasta donde solemos meter la pata de vez en cuando).

Seguimos con una pregunta: ¿Le descalzaron las tripas? Desde luego una cosa es clara: en el pueblo estaban de matanza ¡Qué gran descubrimiento! Por tanto, han matado y chamuscado al cerdo: esto creo que se deduce fácilmente. Ahora parece que sí, quitaron las pezuñas al cerdo que, “se quitan mejor en caliente” (doy fe de ello, porque yo las quitaba). Después “han lavado bien sus tripas” ¡sí! pero no para freírlas y comérselas, sino para hacer, con ellas, los chorizos y longaniza. Esto creo que puedo asegurarlo después de haber participado en muchas matanzas y haber dado a la manivela de la máquina, desde mi más tierna infancia, para embutir la longaniza.

En fin, que no tengo ni idea de lo que hay que saber para ser experto en Delibes, porque de "experto" parece que va en la Cátedra Miguel Delibes el que esto interpreta para nosotros -iletrados- en la narrativa de Delibes.

Lo que sí quiero decir -para el que quiera escuchar- es que Delibes, en “Las Ratas”, nos presenta un cuadro más sobre la miseria que se vivía en aquel tiempo, en el que incluso las pezuñas del cerdo se aprovechaban para matar el gusanillo que no paraba de escarbar en lo más profundo del aparato digestivo. Y esto no es porque lo diga Delibes en “Las Ratas” sino que lo dice el que, en varias ocasiones, las entregó al niño que esperaba a que se descalzara al marrano para recogerlas del suelo, si hubiera sido preciso.

Repito: lo que acabo de decir no es palabra de experto, pero bien pudo ser el NINI del que se valió Delibes para su magnífica obra “Las Ratas”.

Nota final: Yo, humildemente he interpretado que Delibes a las pezuñas las llama chitas, por lo que ni entro ni salgo en esto. Seguramente en la zona en la que el escritor sitúa “las Ratas” a las pezuñas las llaman chitas. Lo que yo quitaba al cerdo después de chamuscado eran las pezuñas y, tristemente, en aquel tiempo las pezuñas también eran aprovechadas como entretenimiento para los jugos gástricos.

LA OBRA DE DELIBES MERECE UN ESTUDIO UN POCO MÁS SERIO, ÉSA ES MI OPINIÓN.


martes, 2 de septiembre de 2014

En Camisas de Once Varas: Mondongo.

Créame, seguidor de “En camisas de once varas”, que mi paciencia –y creo que no carezco de una buena dosis- está llegando a su límite: comencé esta andadura hace tiempo y cuanto más camino por esta sendas de… me atrevo a llamarlo indignidad, donde todo el mundo sabemos de todo porque nadie nos sale al encuentro -creo que somos un poco pasotas, o el tema tratado no nos dice nada- me pregunto si vale la pena seguir. Repase, si usted quiere, “En camisas de once varas” y se dará cuenta de lo que estoy diciendo.

Voy con la palabra de hoy “mondongo” que encuentro en Cátedra Miguel Delibes escrito por el “experto” en Miguel Delibes, dice así:

Mondongo
LPD p. 31
(...) al amor de la gloria, mucho
 mondongo y muchas horas de intimidad.
mondongo.
1.
 m. Intestinos y panza de las reses, y especialmente los del cerdo. 

¿No cree usted que ya está bien? Vamos a ver: Delibes en “Las Perdices del Domingo” rememora las horas entrañables que pasaron en casa del guarda (tristemente fallecido) atendidos por su esposa y donde no faltaba de nada: el calor de la gloria (calefacción de pueblo), mucho mondongo (que no necesariamente es sólo chorizo, morcilla, etc.). Cuando el cazador dice mucho mondongo se refiere a la abundancia de productos capaces de satisfacer los paladares de los cazadores. Pero sobre todo las muchas horas de intimidad. Y el fallecimiento de su buen amigo le entristece en lo que parece ser un otoño enlutado y triste.

Pues bien: en esto llega el experto y, en Cátedra Miguel Delibes, parece querer reescribir la historia y nos ilustra. Parece querer decirnos lo que es el mondongo (¿quién ha preguntado eso?) y dice:

Mondongo. Intestinos y panza de las reses, y especialmente los del cerdo.

Según el experto ¿qué es lo que hay al amor de la gloria durante las muchas horas de intimidad? Pues, según él, lo que allí hay son intestinos y panza de cerdo, como vemos buenos ingredientes para pasar unas agradables horas de intimidad después de una jornada de caza.

Vamos a ver si entre todos podemos acercarnos a lo que el cazador que escribe nos quiere decir al acercarse a Villanueva de Duero (Finca de los Araoz) por primera vez en la temporada de caza. Lo primero es tener un recuerdo entrañable en memoria del guarda recientemente fallecido. Después rememorar las horas de intimidad al calor de la gloria (calefacción rural) amenizadas con mucho mondongo. Al decir mondongo el narrador no nos presenta un conjunto de intestinos y panza de cerdo humeantes después de abrir al cerdo en canal. Delibes nos quiere decir que allí había de todo, tal vez unas judías bien aderezadas con oreja de cerdo y morcilla y hasta con liebre -que están como para perder el conocimiento-, también embutidos: morcilla, chorizo, longaniza, y ¿por qué no?, queso y otras delicias para pasar un rato inolvidable después de la jornada cinegética. Entonces el escritor para no relatarnos, manjar por manjar, lo que allí había, se vale de la palabra que se usaba en esto casos: mondongo, allí había mucho mondongo, allí había de todo y por si faltaba algo estaban al amor de la gloria. ¿Quiere usted más? ¿Le parece a usted válida la explicación de la palabra mondongo? El "experto" en Delibes no ha pasado una jornada al estilo rural donde hay mondongo, mucho mondongo  (también es cierto que tendrá controlado su colesterol, los cazadores lo tenían muy complicado después de jornadas de este estilo).

Y si usted cree que no es suficiente para entender lo que es la palabra mondongo, lo siento por usted: móntese una jornada de caza y si al final  hay mucho mondongo, en casa de pueblo, al amor de la gloria, con pan reciente de trigo candeal, la bota bien tiesta, con buen tinto (para quien no guste de la bota, que levante el porrón o se sirva del jarro de barro…). En fin, olvídese de la panza del cerdo si sus intestinos no están rellenos de picadillo y, como nos dice Delibes, su gazuza quedará satisfecha.

Ah, y no se olvide al salir al aire puro del campo castellano de dar suelta a los gases que se le acumularon en el estómago después de haber ingerido tanto… MONDONGO.

BUEN PROVECHO

jueves, 10 de julio de 2014

En Camisas de Once Varas: Buñolero.

Me pareció tan obvio que buñolero es “todo aquél que hace o vende buñuelos” que cuando leí “Diario de un cazador” le di un significado que quizá no tiene: 

Comienza Delibes diciendo -El día 10 de julio, viernes- en "Diario de un Cazador": "En la vida hay días torcidos y de nada sirve que nos esforcemos en variar su mala disposición. (…)”.

A partir de aquí  pensé: el narrador tiene uno de esos días en que nos damos cuenta de que por mucho que presumamos de ser algo importante en la vida, no somos nada, o muy poco; de ahí que nos damos cuenta de que no somos más que eso: un buñolero. Dándole al oficio de buñolero un sentido humilde en el que podemos vernos reflejados: todos somos buñoleros, aunque queramos aparentar lo contrario.

Por eso, al encontrarme en la Cátedra Miguel Delibes con la definición, copiada del DRAE, sobre:

Buñolero
D1C p. 159
(...) se da cuenta de que aunque presuma de estar de vuelta, en el fondo no es más que un
buñolero.
buñolero, ra.
1.
m. y f. Persona que por oficio hace o vende buñuelos.


Decía que al encontrarme con esta acepción pensé: yo tengo que estar equivocado y Delibes lo que quiere es, simplemente, decirnos lo que es un buñolero, sin otra posible interpretación.

Como saben que ando metido en camisas de once varas, pero quiero ir reduciendo el tamaño de éstas, pregunto: ¿alguien puede aclararme lo que Delibes quiere decir cuando dice que “en el fondo uno no es más que un buñolero? Lo pregunto porque no puedo creer la acepción que nos ofrece la Cátedra Miguel Delibes; creo que para consultar el DRAE no se necesitan "expertos" que, como yo, no son más que simples buñoleros.

Gracias y…

SIGAMOS RESPETANDO EL LENGUAJE RURAL.

Y con esta entrada "En Camisas de Once Varas" les dice: que ustedes sean felices este verano.  Espero volver  D.M  con renovadas energías.


domingo, 6 de julio de 2014

En Camisas de Once Varas: Entremijo.

1. m. Mesa baja, larga, de tablero con ranuras, cercada de listones y algo inclinada, para que, al hacer queso, escurra el suero y salga por una abertura hecha en la parte más baja.

Esta acepción aparece en el DRAE y de allí la ha tomado el autor del glosario de la Cátedra de Miguel Delibes. Por tanto es a los dos a los que dedicamos la foto que adjuntamos para que si ellos vieron un entremijo que era bajo, sepan que había de varias alturas y capacidades según el volumen de quesos que hubiera que hacer.

Ahí va nuestro entremijo: sobre él nuestra madre dedicó muchas horas para formar quesos que después vendía para colaborar al sustento de mi familia. Vaya para ella, y todas las mujeres de Camporredondo que hacían un queso excepcional, nuestro más emocionado recuerdo.

Sirva, también, la foto para los que creen que los herradones eran de latón.

RECORDEMOS EL PASADO, SON NUESTRAS RAÍCES.

sábado, 7 de junio de 2014

En Camisas de Once Varas: Manducón.

En la página 930 el DCT. nos dice:

Manducón adj. Entre niños, al que le gusta mandar o dominar a los demás. (Sic).

Claro que entre niños la misma palabra tanto puede significar comer como mandar, al fin y al cabo es el mundo de los niños que quizás no es fácil de entender. Pero es que los niños de mi pueblo se ve que siempre han sido un poco especiales y por eso:

Manducón.- Pues eso, que manducar es comer y todo aquél que manduca, con exceso, pues se le llama manducón, o tragón. “¡Vaya como manduca el niño!”.

Pero había otro tipo de niño que no es que manducara en exceso –como era mi caso- sino que lo que le gustaba era mandar, dar órdenes. A este angelito no se le decía o llamaba manducón sino mandón.

Y esto es todo lo que quería decir acerca de esta palabra que seguramente en otros pueblos tenía significado distinto que en el mío pero, como éste es mi pueblo y aquí lo decíamos así, me parece que tengo el derecho, y sobre todo el deber, de reivindicarlo.

El lenguaje rural es así: RESPETÉMOSLO.


miércoles, 4 de junio de 2014

En Camisas de Once Varas: Boruga.

No quiero pasar por alto lo que pienso que es fruto de una pregunta no bien hecha, no bien entendida o respuesta mal interpretada:

Boruga: Una fase del queso. (Miguel Delibes, 1 de octubre de 2003. (Sic)

Después de muchos años de ver hacer el queso –incluso participando en su elaboración- es sorprendente que el experto en la narrativa de Miguel Delibes nos diga que boruga es “una fase del queso". Cuando yo leí por primera vez “El Camino” me di cuenta de la palabra boruga y busqué, encontrando lo que el DRAE nos dice:

Boruga.
1. f. Cuba y R. Dom. Requesón que, después de coagulada la leche, sin separar el suero, se bate con azúcar y se toma como refresco.

Creyendo haber entendido lo que el escritor nos dice en “El camino” lo di por bueno hasta que, ahora, nos dice el autor del DCRNMD en su página 76 y en la Cátedra Miguel Delibes, que Delibes le dijo, en comunicación privada, lo que más arriba hemos recogido.

Para no repetir lo que ya dije en esta misma pizarra sobre el queso en Camporredondo, me limitaré a remitir hasta allí al posible lector. Por mi parte no hay fase del queso donde se obtenga la boruga, excepto como dice el DRAE y supongo que nos diría Delibes si esto fuera posible. Él se limita a decirnos que la madre hedía a cuajada y a boruga, algo muy natural si tenemos en cuenta que la madre de Daniel, el Mochuelo, hacía queso (eran queseros).

PROTEJAMOS EL LENGUAJE RURAL.




jueves, 29 de mayo de 2014

En Camisas de Once Varas: Fresco

Fresco
CH p. 26
Ni carnicería ni
fresco.
fresco, ca.
(Del germ. *frisk, nuevo, ágil).
3.adj. Dicho de un alimento: No congelado.

Con más frecuencia de lo que yo desearía, me equivoco. Por eso, una vez más, pensé: le doy a copiar, y a pegar, y estoy seguro de reproducir, fielmente, lo que me cuesta trabajo creer que estoy leyendo.

Sí señor, esto encuentro en la Cátedra Miguel Delibes cuyo autor parece que está un poco en la higuera –como se dice en los pueblos- respecto de la charla que el cronista mantiene con Darío Espinosa, toda una institución en Sedano.

Para que usted pueda juzgar sobre lo que el autor del glosario entiende sobre la charla del escritor con el señor Darío, reproduzco una pequeña parte de ella “… matábamos un cochinillo cada uno, el que podía de cien kilos, de cien; el que podía de ciento cincuenta, de ciento cincuenta. Y con el marrano y la huerta nos pasábamos el año, que entonces no había vicio; ni carnicería, ni fresco. O sea, nadie comía merluza aquí más que algún señorito, una colilla a la semana a todo tirar. (…)”.

Si a nadie le explicas, hoy, a lo que el señor Darío llama fresco, cualquiera entendería –digo yo- que es un alimento no congelado, que es lo que entiende el autor del glosario al verlo en el DRAE. Pero es que el autor del glosario es “experto” en Miguel Delibes, por tanto, creo, está obligado a transmitir a las nuevas generaciones, si no lo tienen claro, que el señor Darío se refiere al pescado cuando dice fresco, porque en aquel tiempo al/la que vendía pescado no se le conocía como pescadero/ra sino como fresquero/ra. De ahí que Delibes nos dice que no había carne ni fresco o sea: pescado.

Pero es que costaba tan poco aclararlo como darse cuenta de habla de carne y no de pescado, pero si nos dice que sólo comía merluza algún señorito. O sea:

Fresco.- Se decía del pescado que por los pueblos vendía el fresquero ambulante. “Ha venido el fresquero”. Digo fresquero porque en aquel tiempo no era muy normal que la mujer vendiera fresco por los pueblos. (También había alguna fresquería fija).

Podría ahondar más en el tema pero no aclararíamos más las cosas. Fresco = pescado.

El fresquero pregonaba su mercancía a la voz de: ¡Fresqueroooooooooooo!


VALE LA PENA LEER, E INTENTAR COMPRENDER A DELIBES.

jueves, 8 de mayo de 2014

En Camisas de Once Varas: Muscularse.

Quizás el corto recorrido de mis entendederas no lleguen hasta donde deberían y por eso no entiendo:

Muscularse: tomar tensión muscular. (Investigación de campo). (Sic)

Así lo recoge el DCRNMD en su página 166 y la Cátedra Miguel Delibes en el glosario del mismo autor.

Como no lo entiendo pues tengo que decir, y digo, lo que entiendo:

Muscularse.- Criar músculo eliminando la grasa, sólo carne magra.

Esto es muy aconsejable, creo, para bajar los índices de colesterol y triglicéridos, pero para disfrutar de un buen asado, éste tiene que tener un grado aceptable de grasa porque, de lo contrario, le quita usted la gracia.

Recuerde que esto no es más que una humilde opinión, basada en que, en mis tiempos, en los que no se comía a capricho, se buscaba el, poco, lechazo sin grasa. No era cosa de disfrutar comiendo sino de alimentarse fuerte y con la menor cantidad de alimento posible (faltaba mucho para tener poco) por eso se buscaba carne: músculo.

No, no dejo de decir lo que yo entiendo por tensión muscular: tensionar los músculos, por ejemplo para largarle a otro un buen gancho, de izquierda, o derecha ¡qué más da!

Dicen (¿será verdad?) que hay gente que va al gimnasio para muscularse, o sea, para eliminar grasa y muscularse.

Después, cuando uno está musculado, tensiona los músculos para levantar una piedra ¡qué bruto!

Y ahora vamos con el tema que nos ha traído hasta aquí:

Muscularse.- Florencio y el cronista Delibes charlan sobre el asado (con eso está todo dicho) y yo podré estar, o no, de acuerdo con Florencio –haría algunas acotaciones- pero de lo que tratan es de si la oveja se muscula e influye en la calidad del lechazo. Si la oveja se muscula es que, además de costarle sangre, sudor y lágrimas acudir hasta el pasto, éste escasea, y si escasea el pasto la oveja pierde su grasa y disminuye la cantidad de leche. Disminuye la cantidad de leche y ¿qué ocurre? Pues que el lechazo también se muscula y pierde la gracia de aquella grasilla de que hablábamos hace un rato. De todas maneras no es de la tensión muscular de la oveja de lo que habla Florencio con Delibes sino de que come poco y con esfuerzo y por eso lo que tiene es músculo y no sebo, como sería más deseable para dar un lechazo de primera como es el segoviano, aunque haya alguna zona que ocurra lo que dice Florencio.


Resumiendo: una cosa es estar musculado y otra tener los músculos en tensión ¿o no?

¿No lo he entendido? Pues créame que lo siento.

CUIDEMOS EL LENGUAJE RURAL.

viernes, 11 de abril de 2014

En Camisas de Once Varas: Achicoria 2

Porque creo que mi explicación sobre achicoria, unido a la definición que nos ofrece el DRAE, son poco clarificadoras, he creído oportuno incluir “En camisas de once varas” achicoria 2. Perdonad mi reiteración.

La cosa empezó porque “Cátedra Miguel Delibes” y su experto en la obra del escritor, no supieron a lo que se refería al decirnos D. Miguel en “La Hoja Roja “que Moisés se abrasó la cara en el horno de achicoria.

Visto que yo tampoco he acertado en mi explicación, intentaré afinar un poco más, incluyendo la parte referida a otro tipo de achicoria que, no entiendo por qué, la llaman así y digo:

Achicoria.- Quiero referirme a la achicoria en cuyo horno-tostadero se abrasó la cara -según el escritor- Moisés ("La hoja roja"). Planta cuyas hojas eran/son pasto apetecible para ovejas y conejos. Nunca, ni crudas ni cocidas, para personas (son muy amargas). La raíz de esta planta previo tueste y molienda, se empaquetaba y se destinaba para el consumo como sucedáneo del café.

Como ensalada: después de arrancada, tanto si se amontonaba, como si se enterraba debidamente, entallaban y, este tallo -si antes de salir a la superficie se recogía- era una excelente ensalada. Y aquí acabó la historia de la achicoria cultivada para consumirla como sucedáneo del café. Así que, de ella, ¿nos olvidamos?

Achicoria amarga o silvestre: dice el DRAE “su infusión se usa como remedio tónico aperitivo. Nunca vi a nadie recogiendo la llamada achicoria silvestre para consumo más allá del consumo como pasto para ovejas y conejos. Entiendo que si se llama así es por la similitud entre sus hojas y las de la achicoria cultivada. De todas maneras la achicoria cultivada también es amarga. ¿Hay achicoria dulce?

Achicoria. 1. f. Planta de la familia de las compuestas, de hojas recortadas, ásperas y comestibles, así crudas como cocidas.

Ante esta aseveración yo no tengo nada que decir porque no sé a qué achicoria se refiere el DRAE.

Escoba. Al nacer, ajunjera
Y ahora vamos con otro tipo de planta que algunos llaman achicoria (desconozco la razón). Me refiero a la escoba que Miguel Delibes menciona en su diálogo con Ángel Rodríguez en Torrepadre. A la escoba le viene dado el nombre porque de la caña o tallo de esta planta se hacían las escobas para barrer la era. A la achicoria que se refiere Ángel Rodríguez en “Castilla Habla” (las setas y otros frutos silvestres) es la ajunjera (ajonjera en otras zonas). En el Diccionario de Camporredondo ya está recogida y en alguna otra parte de La Pizarra de Gaude he dejado sentado que, para mí, es la mejor ensalada que existe o ha existido, porque encontrar un majuelo escavado y esponjoso hoy, me parece imposible.


RESPETEMOS EL LENGUAJE RURAL