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martes, 14 de julio de 2015

Cacanalona

Nogala.- (rural) se dice del nogal solitario y por lo general muy frondoso.

Olma.- (rural) se dice del olmo solitario y, generalmente, de extraordinario desarrollo.

Peza.- (rural) decíamos del pez del arroyo que excedía del tamaño corriente.

He querido comenzar de esta manera para si  -llegado el momento- nos sirve de referencia.

Desde que salí a la palestra en defensa de palabras rurales que yo creí que estaban en peligro de desaparecer, siempre me moví en el entorno de mi pueblo y, a veces, me alejé un poco, pero siempre sin rebasar el límite de mi vieja Castilla, que no está mal para un, absolutamente, iletrado.

Digo esto porque la palabra de hoy a mí me parece que ha rebasado los límites de mi pretensión: el lenguaje rural castellano. La palabra, según nos dice el señor Urdiales, es:

Cacanalona

Es ésta una palabra que, en mi ya larga estancia en este valle de lágrimas, jamás había oído. Por lo que acabo de decir, he procurado buscarla por tierra, mar y… ríos. Al llegar al río Navia, que es donde nos sitúa Delibes con sus “Mis amigas las truchas”, y no habiéndola encontrado por ninguna parte del lenguaje rural castellano pensé: es posible que cacanalona sea palabra del lenguaje gallego (lo mismo que el río) y hasta allí llegué. Pero por más vueltas que he dado, nada, allí tampoco he encontrado nada.

Como creo que la “azotea” sirve para algo más que para llevar la visera, seguí pensando y sólo puedo decir que llegué a esta conclusión: la palabra tiene que ser un posible error de imprenta. Porque no quiero pensar en el informante tartaja, y la palabra sea canalona. ¿Por qué canalona? Volvamos arriba, al comienzo del escrito. Si nogala, olma y peza pudieron ser ¿por qué canalona: se dice del canalón que se sale de madre por su tamaño, no pudo ser? He dicho que pudo ser error de imprenta pero, ¿se cometió el mismo error en Cátedra Miguel Delibes y en los dos diccionarios del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes? Yo creo que debemos buscar el  error en otra parte.

Lo que no puedo es dar por buena la palabra cacanalona –como parte del lenguaje rural castellano- porque me suena a -por decir algo- chino.

Si no hubiera venido precedida de otras que, efectivamente, solo fueron fruto de la imaginación de su autor, seguramente lo habríamos dejado correr.

Por todo lo expuesto, quiero decir y digo: en el entorno en el que me muevo esta palabra nunca ha existido. Por lo que la dejamos en suspense esperando que alguien, que sepa más, nos proporcione alguna referencia. Todo menos -aquí y ahora- parir un palabra, e incluirla en el grupo de palabras en trance de desaparecer sin  más que acabar de nacer en el capricho de su autor. Aquí lo dejo… (4 de junio de 2015).

… y aquí sigo. (27 de junio de 2015). Presumo de disfrutar de toda la obra de Miguel Delibes, pero en este caso -y algunos más- (es el precio de prestar libros) “Mis amigas las truchas” no aparecía. Comoquiera que yo lo había leído y no había encontrado la palabra en cuestión, cuando llegué a los muy afamados, y bien publicitados, “diccionarios” me sorprendió el palabro.

¿Os acordáis que no ha mucho, porque lo había leído en algún periódico, yo decía: “Delibes ya tiene su diccionario”? pues aquí tenéis otra muestra del llamado “diccionario” de Delibes. He dicho y vuelvo a decir: ¿cómo es posible que Delibes tenga un diccionario con palabras que no existen y que jamás usó el escritor?

No sería demasiado pedir que dejemos descansar en paz al escritor. Dediquémonos al estudio y disfrute de su obra, podemos aprender mucho y, además, nos hace falta. Pero, de momento, admitamos nuestra ignorancia en el lenguaje rural y en la obra de Miguel Delibes.

Aparecido el libro, sin más, transcribo lo que el escritor escribió en “Mis amigas las truchas” en el pasaje del río Navia. Escribió:

“El Navia es un río incitante que aquí se ciñe a una CANALONA (¿qué decía yo más arriba?) tumultuosa no más ancha que un par de metros y allá se explaya en una vadera que uno no es capaz de franquear de un lance con cucharilla del 3. (…)”

Y ya sólo añadir que la palabra cacanalona tampoco aparece entre la correspondencia que el "experto" mantuvo con el escritor y se nos ofreció en el “diccionario” editado por ediciones Cinca. ¿Será otra de las subrayadas por el escritor?

Comencé esta entrada el pasado 4 de junio y la cierro hoy en:

Camporredondo, 27 de junio de 2015

PD. Advierto –sólo es un hombre de campo el que advierte- sobre el peligro que representan diccionarios tan poco rigurosos para la protección de palabras que están en claro retroceso. He encontrado en varios  periódicos (ABC entre ellos)  que entre las palabras que admiran se encuentra cacanalona. Sólo decir que, como queda claro en mi escrito, Delibes jamás usó palabra que no existiera. ¿Deberemos protegerla? Esta palabra la incluyen entre sus páginas de cultura… ¿cultura? Me resisto a creer que ésta sea la cultura de nuestra prensa.

martes, 2 de junio de 2015

Araña

Sigo en mi afán por amachambrar todas las palabras que, como la que nos ocupa, están en trance de desaparecer. Eso pienso yo.

No digo que la araña (arácnido que fabrica telas) pueda desaparecer, pero sí puede desaparecer la araña como útil para pescar cangrejos. Aquélla con la que conseguimos buenas capturas, de esto hace ya algunos años. Después creo que se prohibieron, pero el que ahora teclea ya se había cortado la coleta como pescador de cangrejos. Aunque las conservé durante muchos años.

Comprendo que el señor Urdiales haya tenido, a mí me lo parece, alguna dificultad a la hora de describir la araña como útil de pesca, sin otra referencia que la que le aportó Miguel Delibes a su consulta:

"Araña: Especie de araña de metal para pescar cangrejos. (Miguel Delibes 1 de octubre de 2003)"

En el “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes”, editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua, el señor Urdiales pone todo su esfuerzo en describirnos la araña, pero yo –ya sabéis que soy duro de mollera- no conseguí entenderlo más allá de lo que sabía por haber tenido algunas docenas de ellas. El señor Urdiales recurrió al DRAE y, con lo que allí se dice, ocupó dos páginas del diccionario, total para que yo, por aquello que dije antes, no consiguiera enterarme de su forma.

Ahora, en el nuevo-viejo diccionario editado por ediciones Cinca, el autor ha mejorado, o intentado mejorar, lo que dijo en el primero y éste es el resultado:

"Araña: Alambre de unos 20-30 cm. para pescar cangrejos que se dobla en forma de círculo. Por cualquiera de sus extremos se pinchan las lombrices hasta cubrir todo el alambre. Posteriormente se doblan los extremos del alambre y se unen. En uno de ellos se engancha el hilo que sirve para echar y sacar del río la araña. También se le pone algo de peso (una piedrecita) al alambre para que no se quede flotando. (Investigación de campo)"

Comoquiera que yo sigo sin enterarme, recurro a mi cuñado Marciano y le digo: hazme un dibujo de la araña para pescar cangrejos, porque si yo intento hacer una descripción de ella, seguramente no me va a salir mejor que al “experto” en la narrativa de Miguel Delibes, y la gente no puede hacerse, ni por asomo, idea de cómo era este artilugio con el que sacábamos cangrejos a esjarrapellejo. Y aquí os presento el resultado:

Araña para pescar cangrejos: abierta y cerrada. Faltan las lombrices.

A partir de aquí vosotros ya tenéis una imagen de cómo era la araña para pescar cangrejos. Marciano nos ha dibujado dos posiciones: Abierta y cerrada. Así podemos explicar, con un margen mínimo de error, cómo se usaba este artilugio que tan buenos resultados –os lo puedo asegurar- daba.

Con las patas de la araña abiertas, se llenaban los alambres (se pinchaba la lombriz a lo largo del  alambre) con lombrices de tierra –son las más apetecibles- y cuando estaban llenas se cerraban, se echaban al río, o al arroyo, y a esperar. Puedo asegurar que había que esperar poco rato para que la pinza del cangrejo se cerrara sobre la lombriz. Una vez que la pinza se cerraba ya podías sacar la araña con toda tranquilidad que por nada del mundo se soltaba el cangrejo. 

Si esperabas un poco podías sacar una docena agarrada a la araña, pero corrías el riesgo de quedarte sin lombrices en poco rato.

Para evitar el gasto en lombrices -yo no lo hice- había quien ponía un muelle alrededor de la lombriz y de esta manera el cangrejo luchaba por comérsela pero lo tenía complicado.

Como contrapeso, para que la araña se hundiera, la semiesfera, o cuerpo de la araña, era de plomo, de esta forma la araña se mantenía con las patas para arriba que es lo que el pescador quería.

Éste era el tipo de araña industrial. Pero he sacado cangrejos, sin ir preparado para ello, con una cuerda y un trozo de chorizo atado en la punta. El cangrejo cuando se pone a tripear se olvida de todo: hasta del peligro que corre por tragón.

Si tenéis laguna duda podéis preguntar: la respuesta es gratis.


Camporredondo, 16 de mayo de 2015