Mostrando entradas con la etiqueta animales. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta animales. Mostrar todas las entradas

martes, 4 de julio de 2017

Más cosas y más palabras

Aquella noche serena de mayo hacía presagiar una mañana espléndida. El paseo por la cañada del camino de Portillo se presumía muy agradable, por lo que muy temprano -todavía obscuro- con la claridad que nos proporcionaban las bombillas de 15 bujías repartidas por las esquinas del pueblo, nos cogimos del bracete y… ¡a caminar! dijimos.

Quizás la mañana invitaba a burrear, pero no, supimos ponerle calma, sosiego, al paseo y seguimos caminando sin acelerar el ritmo cardiaco más allá del necesario para compensar el esfuerzo requerido al caminar cuesta arriba.

Amanecía cuando -por el barco- coronábamos la cuesta hacia el páramo. Justo antes de entrar en “El bosque”, mi esposa -a mano derecha- descubrió unos pájaros enormes que careaban en un campo de yeros. Mira: las avutardas, me dijo. Volví la vista en dirección a Montemayor y enseguida me di cuenta de que era un grupo barbones. Así se lo comenté sin dejar de caminar. Mi amor, extrañada, replicó: pero es lo mismo ¿o no? No, le dije, el barbón forma parte del grupo de las avutardas, pero ésos son los machos: los barbones.

Oye, preguntó mi mujer, ¿qué cábida tendrá esta tierra de yeros en la que picotean los barbones? Quizá dos obradas y tres cuartas… a todo tirar; así calculé a ojo de buen cubero.

Al llegar al pinar me llamó la atención la cantidad chotas que sobre las copas de los albares se veían y comenté a mi acompañante: ¿te has fijado? ¡Vaya cachapada de piñas que hay este año! 

Unos pasos más y el olor del tomillo, sardinilla, cantueso, estepa… hacían la delicia de nuestro paseo. Caminamos un rato entre el pinar y el labrantío, en dirección este, hasta bajar por la cañada de Carramambres en dirección al hogar donde nos esperaba la casca: el rico almuerzo del segador. dos huevos, un torreno (torrezno) y la tajada de la olla; mezclado todo con el pan candeal, lechuguino, reciente, que acababa de dejar el panadero.


Barbón: macho de la avutarda. Internet, José María Rodríguez Cidoncha.
BARBÓN.- Macho de la avutarda.
Lo mismo que se habla del rebaño de ovejas, -soslayando que el rebaño también lo componen los carneros- se dice del bando de avutardas, no diciendo que el bando lo componen las hembras y los machos: barbones. A la vista de la fotografía creo que no será necesario explicar el por qué se le llama barbón: las hembras no tienen barbas.
El DLE no recoge esta palabra si no es como barbudo, cabra, o fraile cartujo lego.

BRACETE (Cogidos de, o del).- Se dice cuando la mujer se coge del brazo del hombre. “Los vi que iban paseando cogidos de, o del, bracete”.
El DLE –muy actualizado, y muy correctamente- lo recoge como “con el brazo asido al de otra persona”.
En otro tiempo el ir cogidos de –o del- bracete sólo era entendido, en el mundo rural, entre pareja hombre y mujer.

BUJÍA.- Unidad de intensidad luminosa empleada en lugar del actual vatio. Equivale a la luz proyectada por una vela encendida. Las primeras bombillas que recuerdo en mi pueblo (allá por los años 1940) eran de 15 bujías, o sea, el equivalente a 15 velas encendidas.

BURREAR.- Hacer burradas. Hacer cosas a lo bestia, sin usar el raciocinio.
El DLE no recoge esta palabra.

CÁBIDA.- Aforo de un tonel (medido en cántaras). Superficie de un terreno (medido en obradas, fanegas etc.). Capacidad de una cosa para contener otra.

El DLE sólo la admite sin acento. Por tanto CÁBIDA debemos aceptarla como palabra rural.

CACHAPADA.- Gran cantidad de la cosa. "Junamos (vimos) una cachapada de jabalíes" "te lo dije una cachapada de veces etc."
Palabra no recogida en el DLE.

CAIDO.- Lo mismo que caído sin acento en la i.
Palabra que tantas veces escuché en mi niñez: “me he -o te has- caido” y que hoy no se entiende sin acento. Por eso el DLE no la recoge.
Se emplea la palabra caído -con acento- cuando la relación entre el peso bruto y la tara es grande. Se dice: tiene mucho caído. En este caso sí que lleva acento. Valga un ejemplo: se pesa una res para carne y si, después de sacrificada, se vuelve a pesar y la diferencia es grande, se dice que tiene mucho caído (mal negocio ha hecho el comprador).
Cabe pensar que en lenguaje rural se le da sentido distinto a la palabra caido (porrazo que te das por caer) que a la palabra caído, relación existente entre el peso bruto de la cosa pesada y el neto. La diferencia es la tara o parte inservible: caído.

CALENTAR.- Pegar. “No hagas eso que te caliento”.
El DLE la recoge como -forma coloquial- dar azotes a alguien.

CASCA.- Comida. Se refiere al sustento diario, mantención (manutención en lenguaje académico). “Se ajustó por un tanto -en dinero- más la casca”.
El DLE no recoge la palabra con esta acepción.

Camporredondo, 17 de junio de 2017



lunes, 17 de abril de 2017

Liga

Es radio CYL Es el campo, Dialecto agrario (12-4-2017)

A la pregunta de la presentadora...
"Jorge ¿qué significa liga?, buenas tardes". Responde el “experto”:

Muy buenas tardes. En un libro de Miguel Delibes llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” el protagonista se queja de que, al ir a estudiar a la capital, el hecho de ser de pueblo se le hacía una desgracia ante sus compañeros de clase, y no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepo o colorines con liga, porque sus compañeros le menospreciaban y se reían de él. ¿Qué es la liga? La liga es un junco o un palito estrecho, de unos cincuenta centímetros, al que se enrolla una goma que tiene efecto adhesivo. Las ligas se ponían, antiguamente, junto a los montones de grano, o los bebederos, así, cuando los pájaros iban a comer, o beber, se quedaban pegados a ellos. Claro y ¿para qué esta caza de pájaros en los pueblos?, pues cuantos menos pajaritos hubiera, menos granos de cereal se iban a comer. Observen -si alguien no lo ha visto- este próximo verano por ejemplo, a los gorriones picoteando en los montones de cereal de las eras de cualquier pueblo. Y, si no han visto alguna liga de éstas, pues pregunten a la gente mayor que, en general, casi todos ellos sí que las conocían.

Y en el glosario de Cátedra Miguel Delibes (copiar y pegar) también opina el “experto”:

Liga
VHCV p. 12
El Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos. "Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara". Y a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia, y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con
liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recios echándoles porquería de caballos, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí.
liga1.
(De ligar).
1.
f. Cinta o banda de tejido elástico, a veces con hebilla, para asegurar las medias o los calcetines.
2.
f. Venda o faja.
3.
f. Unión o mezcla.
4.
f. Acción y efecto de ligar (alear dos metales, fundiéndolos).
5.
f. Confederación que hacen entre sí los príncipes o Estados para defenderse de sus enemigos o para ofenderlos.
6.
f. Agrupación o concierto de individuos o colectividades humanas con algún designio común.
7.
f. Competición deportiva en que cada uno de los equipos admitidos ha de jugar con todos los de su categoría.
8.
f. Cantidad de cobre que se mezcla con el oro o la plata cuando se bate moneda o se fabrican alhajas.
9.
f. Cuba. Mezcla de hojas de tabaco de diferentes plantaciones con el fin de lograr un producto de mejor calidad.
hacer alguien buena ~ con otra persona.

1.
fr. Convenir con ella por sus condiciones.
hacer alguien mala ~ con otra persona.

1.
fr. No convenir con ella por sus condiciones.
liga2.
(De or. inc.).
1.
f. muérdago.
2.
f. Masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros.
Liga:
Junco o palito estrecho de unos 50 cm., al que se enrolla una goma que tiene efecto adhesivo. Las ligas las ponían al lado del grano o en los bebederos. Así, cuando los pájaros iban a comer, o beber, se quedaban pegados a ellas. Esto se hacía para que no se comieran el grano. En verano, en cualquiera de estos pueblos, se puede ver a los pájaros en las eras comiendo encima de los montones de cereal. (Investigación de campo)
LSI p. 12
(...) le obsequiaba, a falta de bocado más exquisito, con una picaza, o una ratera, o media docena de gorriones atrapados con
liga
en la charca,

Bueno, pues todo este repertorio -que por cierto es lo que recoge el DRAE en su vigésima segunda edición- para ilustrarnos sobre algo que el "experto" desconoce y que, según parece, o no ha investigado o, una vez más, le ha fallado su "investigación de campo". La primera parte es la charla que nos largó en la emisora “Es Radio CYL programa El campo, dialecto agrario” (12 de abril de 2017). La segunda parte -para ser fiel al texto- he querido darle a copiar y pegar en Cátedra Miguel Delibes, que es lo mismo, o parecido, a lo publicado en sus libritos sobre el castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes.

Cuando digo que el "experto" desconoce, me apoyo en que si lo hubiera conocido habría copiado la acepción nº 2 -liga² (de or inc)- del DRAE y habría quedado como un señor. Pero no, quería dejar su impronta y la cag... pifió.

Me parece que -como él dice- para las personas mayores (de pueblo) poco o nada tengo que decir (de sobra saben ellos lo que es la liga), pero para los desinformados -jóvenes, o no tanto- por expertos que no lo son, algo debo decir, poco, pero algo me veo obligado a decir:

No, la liga no es un junco, tampoco es un palito de 50 centímetros ni nada que se le parezca. La liga es, ni más, ni menos, que un pegamento que se obtenía a partir del fruto del almuérzago (muérdago en otra parte y en el DLE).

Seguramente hoy -si es que alguien caza pájaros con liga- encontrará pegamentos en el mercado tan eficaces como la liga hecha con las bayas del muérdago. Pero en aquel tiempo había que ingeniárselas como mejor se pudiera. No sería difícil explicar el procedimiento para la obtención de la liga, pero es algo que no voy a hacer, porque siempre me pareció cruel esta forma de cazar pájaros, y ahora no lo es menos. Nunca cacé pájaros con liga, entre otras cosas porque, desde mi más tierna infancia tuve mi tiempo ocupado en otros menesteres de los que no formaba parte cazar pájaros con liga. No obstante, sí puedo decir y digo: la liga es una clase de pegamento obtenido de las bayas del almuérzago (muérdago es más corriente, y también se conoce como liga) y, como dicen otros, "punto". El junco, el palito de 50 centímetros, la teja, la piedra, la rama del árbol, la antena del aparato de radio del coche para que no te lo caguen, etc. son el soporte sobre el que depositar la liga para que los pájaros se peguen y no puedan -nunca mejor dicho- despegar.

Y para qué darle más vueltas:

Liga: pegamento que se obtiene (o se obtenía) a partir de las bayas del muérdago y que algunos empleaban para cazar pájaros con… liga.

En este caso tengo hasta el apoyo del Diccionario de la lengua española (DLE), vean:

liga²

De or. inc.
1. f. muérdago.
2. f. Masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
¿Algo más que decir? Sí ¿Se cazaban los pájaros para que no se comieran el grano? Es posible que algo hubiera y que, desde hoy, se diga así. Pero, en otro tiempo, se cazaban para comerlos (había hambre, mucha hambre), también para enjaular y vender, sobre todo jilgueros y demás aves canoras. De ahí que los sitios más apropiados, siempre, fueran los bebederos, allí acudían toda clase de pájaros y allí se cazaban… ¿con juncos o palitos? Allí se empleaba la liga y el soporte más adecuado en cada ocasión.

Voy a permitirme indicar otro espacio, en el campo, en el que se cazaban pájaros con liga: cuando nevaba en el pueblo, y por tanto en sus eras, los pájaros se las arreglaban para retirar la nieve allí donde sabían que podía haber algún resto de grano del verano anterior. Bien, pues estos espacios se aprovechaban para colocar la liga sobre el soporte más adecuado, para que cayeran los pájaros y después freírlos en la sartén. No, no era para que no se comieran el grano, era para comer pajaritos fritos (a falta de pan buenas son tortas; a falta de perdices, o faisanes, buenos son -o eran- los pajaritos).

A ver qué os parece: dicen que un día -en el arroyo del Masegar (arroyo muy cangrejero cuando aún traía agua)- se encontraba un doctor cum laude pescando cangrejos. En esto que pasó por allí el paleto del pueblo (yo) y preguntó al culto pescador: ¿qué cebo usas? El doctor, muy sabio él, respondió: pues reteles y arañas. El paleto (yo), extrañado, dijo para sus adentros: ¡qué raros son estos universitarios! y siguió su camino. ¿Sería esto posible?... Entonces ¿por qué el retel y la araña no pueden ser cebo, y el junco y el palito de 50 centímetros sí que pueden ser liga? Bueno pues... ni lo uno, ni lo otro. Para pescar cangrejos el cebo bien puede ser hígado, lombriz de tierra u otros y, para cazar pájaros con liga, condición indispensable es disponer del pegamento que, en este caso, es el obtenido de las bayas del muérdago que no se llama ni junco, ni palito, sino: LIGA.
O sea ¿qué significa liga? Lo define muy bien, un poco más arriba, el DLE.
Lo demás: juncos, palitos, tejas, piedras, ramas, antenas de coche…etc.: son meros soportes de la liga para cazar pájaros.

Esgarabuches. Cepo para cazar pájaros. También se cazaban con liga

Y ahora me permito una licencia añadida: cuando Delibes escribe que Isidoro cazaba gorriones con cepo, yo añadiría: o esgarabuches (ballesta para otros) además de añadir que tanto el gorrión como el colorín se cazaban, indistintamente, con cepo (esgarabuches) o liga (muérdago). Lo que pasa es que el esgarabuches solía ser trampa mortal y la liga no.

Estos dos esgarabuches pertenecen a lo que fue el "Museo de la vida rural La perdiz"

Dicho y escrito en:
Camporredondo, 13 de abril de 2017

lunes, 27 de febrero de 2017

Refrotarse

A continuación podéis -si así lo creéis oportuno- comprobar lo que sobre la palabra refrotar tecleé allá por el año 2015. Una vez tecleado me pareció que había cosas más importantes, y lo archivé.

Cuando hoy lo encontré pensé en eliminarlo, pero al final me dije ¿por qué lo vas a eliminar? Lo que creo que debes hacer es resumir lo que querías decir desde aquí, desde el mundo rural. Y ahí va:

Delibes ni refrota (vuelve a frotar), ni restriega (vuelve a estregar), ni refriega (vuelve a fregar)... ningún objeto. El escritor nos habla –eso creo yo- del amor propio (ver lo que dice de Juanito Osuna)... todo menos dedicarse a fregar, frotar, restregar etc..

Cuando habla de las perdices abatidas por Juanito Osuna, nos habla de la necesidad que éste siente de quedar por encima del otro cazador. No le basta con abatir más piezas, necesita que el mundo lo sepa ¡Juanito Osuna ha doblado, en pájaros abatidos, al otro cazador! Entonces no deja pasar ocasión para airearlo, pregonarlo (refrotarlo, restregarlo, refregarlo…) ante quien pueda escucharlo: he ganado a… luego soy mejor que él.

La Desi tiene su amor propio herido; al "picaza" la Marce no le encuentra más que defectos y ella desearía refrotar, restregar, refregar... dar en los morros, diríamos en mi pueblo, con lo que piensa del cabo Argimiro, -"es más largo que una peseta de tripas"- pero no se atreve a hacerlo por miedo a las consecuencias que le puede acarrear al "Picaza".

En "La partida" ocurre otro tanto de lo mismo, "el sargentón" le mira y le refrota -le pasa por las narices- que tenía un hijo en infantería etc.

Así que no; ni volver a frotar, ni volver a fregar, ni volver a restregar. Sencillamente  insistir con el ánimo de fastidiar o presumir.


Y ya sin más os paso lo que opinaba en aquel momento sobre refrotar:

Refrotarse
LP p. 60
(...)
refrotarse por las narices (...)
Refrotarse:
Volver a frotarse. (Investigación de campo)
LM p. 66
(...) y sus 47 perdices se las había
refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia.
LHR p. 66

(...)
refrotarse por las narices (...)


Publicado en “Diccionario de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editados por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, ediciones Cinca y glosario de Cátedra Miguel Delibes.

En principio así,a vuela tecla, debemos decir que en ninguna de las tres referencias usadas por el "experto" Miguel Delibes escribe refrotarse (frotarse -o refrotarse- uno mismo con algo) sino refrotase... al otro. ¿verdad que no es lo mismo? Cuestión de leer, o no, a Miguel Delibes.

Además de no estar muy de acuerdo con el sentido que el “experto” en Delibes le da a la palabra refrotar quiero aventurar (pobre de mí) la impresión que tengo sobre lo que Delibes pretende al hacer uso de esta palabra.

Como seguidor-admirador de la obra de Delibes he creído observar que el escritor lamenta -o no está muy de acuerdo- con la ausencia de algunas palabras -de uso bastante cotidiano- en el DRAE.

Yo -repito, pobre de mí- he pensado que hace uso de esta palabra para reivindicarla ya que la RAE no parece tenerla en cuenta, porque si no, a ver, ¿por qué sí aparecen las siguientes?

Estregar
Del lat. vulg. stricāre.
Conjug. c. acertar o c. reg.
1. tr. Frotar, pasar con fuerza algo sobre otra cosa para dar a esta calor, limpieza, tersura, etc. U. t. c. prnl.

Restregar
Conjug. c. acertar.
1. tr. Estregar o frotar mucho y con ahínco algo con otra cosa.

O sea: no es volver a estregar, sino hacerlo insistentemente y con ahínco.

Fregar
Del lat. Fricāre 'frotar, restregar'.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Restregar con fuerza una cosa con otra.
2. tr. Limpiar algo restregándolo con un estropajo, un cepillo, etc., empapado en agua y jabón u otro líquido adecuado.

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Frotar algo con otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Estregar-restregar; fregar-refregar… ¿no es similar: frotar-refrotar?

Hecha mi, torpe, reflexión, vamos con mi desacuerdo con el autor del librito.

Si tenemos en cuenta que la palabra refrotar no la recoge el DRAE, tendremos que adaptarnos al uso que de ella se hace en el mundo rural ¿o no? Digo el mundo rural porque es el mío, en él nací, me crié, y en él estoy. Además, las perdices no son muy frecuentes por las avenidas de las grandes ciudades. 

Aun así:

Refrotarse: Volver a frotarse. (Investigación de campo).

Esto es lo que nos dice el “experto” en Delibes.

Un pequeño paréntesis: si por creer haber frotado suficiente, cesamos en la operación, siempre que volvamos a frotar haremos lo mismo: frotar. Entiendo que refrotar no es volver a frotar, sino frotar con insistencia. Esto parece deducirse de las palabras de Delibes.

Primeramente, una vez más, quiero y debo decir, que yo no hago más que analizar las palabras –rurales por supuesto- desde el punto de vista de un hombre nacido y criado en el campo. Por lo tanto jamás pretendo sentar cátedra; no estoy preparado para ello. Para lo que sí me siento preparado es para aprender. Desde esta perspectiva solicito de aquéllos que no estén de acuerdo con mis reflexiones que las critiquen para, entre todos, encontrar el significado que cada palabra tiene. Lo que no puede ser es que llegue un señor que desconoce absolutamente este mundo y quiera decirnos cómo hablamos o cómo se llaman las herramientas que durante muchos años hemos usado.

Lo primero a tener en cuenta es que el escritor no está fregando, ni está estregando. Delibes, una vez más, nos habla de caza. Por tanto la palabra refrotar deberá entenderse en este contexto. Veamos:

Delibes escribe en “La mortaja” “(…) y sus 47 perdices se las había refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia”. Y lo malo es que, detrás, irán las 23 mías. Sus 47 pájaros sin los 23 míos no tienen ningún valor para él. Habrá que oírle. (…) nos está diciendo que Juanito Osuna se jacta de haber caído 47 perdices, más pájaros que el otro experto cazador, y esto lo exhibe una y otra vez (no se cansa de refrotarlo por las narices). El escritor también podría decirnos –porque en este mundo también se usa- no se cansa de restregarlo (pasarlo) por las narices. Ésta es una muestra de en lo que apoyo mi teoría anterior. Si leemos “La hoja roja” también veremos que nos dice (…) el cabo Argimiro, que era más largo que una peseta de tripas, por más que ella (la Desi) no se lo refrotase a la Marce, (…) Como vemos (y hay más veces), Delibes vuelve a hacer uso de la palabra refrotar para decirnos que la Desi no se atrevió a refrotar a la Marce lo que pensaba del cabo Argimiro.

Resumiendo: refrotar, en el uso que Delibes hace de la palabra, no quiere decir volver a frotar, sino hacer alarde, insistentemente (ya es cansino), de algo de lo que te sientes orgulloso, hasta llegar al hartazgo del que te escucha.

Como anillo al dedo viene la segunda acepción del DRAE:

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
 2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Y si usted no quiere ésta, tenemos otra que quizás se adapte mejor al entorno:

“Dar en los morros”. O lo que es lo mismo, alardear insistentemente de aquello que, para nosotros, tiene un gran mérito. En este caso haber abatido 47 perdices frente a las 23 caídas por el otro afamado cazador.


Esto lo que se me ocurre hoy en:

Camporredondo a 7 de noviembre de 2015.


lunes, 6 de febrero de 2017

Tornacaza.

Sigo usando archivos. 
Esta vez quiero rogar al lector, -posible cazador urbano, rural ya soy yo- que nos diga si está de acuerdo con lo que, en su momento, tecleé. 

No, esta vez no sé de qué va la palabra tornacaza: jamás la usé; ni siquiera la oí. Soy de pueblo.

Como en mis años de cazador, y algunos después, no he oído la palabra, me limitaré a intentar raciocinar sobre ella y lo que Delibes (en mi cavilar) dice en ‘El último coto’.

Escribe el cazador:

“(…) Uno no caza nada porque faltan reflejos, vista y elasticidad y estas mermas no se recuperan con los años sino todo lo contrario. Una constatación obligada: el nordestazo de ayer puso las cosas difíciles. Ordinariamente cuando uno regresa bolo de una cacería, la memoria de las piezas que falló le perseguirá como un reproche durante toda la semana. Empero, la tornacaza de ayer no fue tan refinada; las presuntas víctimas no torturaron mi cerebro. ¿Por qué? Porque no hubo presuntas víctimas, porque solamente tuve una oportunidad de romper el maleficio: el pájaro aquel, de la pestaña, que antes de coger el viento, se elevó en línea recta inmolándose. Me llené de perdiz, me precipité y se fue a criar. (…)”.

Cuando el cazador regresa bolo (no ha colgado ninguna pieza) de una cacería, durante toda la semana (principalmente la noche siguiente) la memoria le martiriza, le tortura, no encuentra explicación. Pero en ninguna parte nos dice Delibes que al día siguiente vuelva a buscar las posibles piezas muertas (sabe que es absurdo). Esta vez ni siquiera le remuerde la conciencia, él sabe que lo que le ha ocurrido (excepto la perdiz de la pestaña) no es achacable al cazador. De manera que para qué torturarse buscando (en la tornacaza) una explicación.

Porque tuve de profesor al mejor y más experimentado cazador (caza menor) que pateó estos campos de Castilla desde su más tierna edad (1931) (a los 8 años pastor de ovejas y cazador -1939-), y dado que jamás le oí hablar de la tornacaza, aunque sí sabía lo que era lógico o no en el comportamiento de la caza y su seguimiento posterior al disparo, me permito -incluso si Delibes lo hubiera entendido, o dicho así- discrepar de esta manera de entender la tornacaza.

Ya anticipo que si la explicación que da el librito es tornacaza, será en la jerga venatoria urbana, o académica; nunca rural.

Cuando a un cazador se le escapa la pieza por error de puntería -o cualquier otro motivo- sabe de sobra si hay que buscarla o no. Esto lo aprendí a muy temprana edad (no más de 5 años). Si el cazador tiene que buscar la pieza (como ocurría con mi hermano) debe buscarla en ese momento porque mañana ya no dependerá de si la has emplomado o no, sino de que las alimañas que -entre otras cosas- se alimentan de esto, no acierten a pasar por allí. Harto difícil es que, principalmente el raposo, con su fino olfato, que se pasa toda la noche buscando algo con que llenar el bazaco, no detecte una pieza muerta. Si la pieza ha muerto, con toda seguridad que en la noche algún depredador o carroñero la encontrará. Y si está herida es más que posible que también desaparezca por el mismo motivo.

De manera que volver al día siguiente por donde se realizó la cacería, con el ánimo de encontrar una perdiz, herida o muerta, pues… permitidme que me ahorre el calificativo. Si ayer disparé, la vi caer, y aún así no fui capaz de encontrarla ¿se me ocurriría volver al día siguiente a patear el mismo terreno? Pido un respeto a la inteligencia del cazador, al menos del cazador rural que sabe que sería absurdo.

Digo esto por lo que vais a ver a continuación:

Tornacaza
EUC p. 68
Empero, la
tornacaza de ayer no fue tan refinada;
Tornacaza:
Repaso que se da al lugar en donde ha habido una cacería para buscar alguna pieza herida o muerta que no se haya recogido. Se hace al día siguiente. (Investigación de campo)

Éste es el resultado de la investigación del autor del “Diccionario (librito) del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” y “Cátedra Miguel Delibes”. Desde mi punto de vista… ¡Qué pena!

A partir de aquí yo os invito a que leáis lo que más arriba hemos recogido de “El último coto”.

Repito, sin entrar a devanarse los sesos sobre la palabra tornacaza, cuyo significado desconozco, analicemos lo que el cazador ha escrito. No me imagino que se pueda deducir que el cazador piensa en volver al día siguiente a buscar las piezas que -él nos lo dice- sabe que no ha matado.

Ni siquiera la memoria le tortura su cerebro porque sabe que tuvo un fallo de principiante…

Pero sigamos con la tornacaza del autor de los libritos. Dice:

Tornacaza: Repaso que se da al lugar en donde ha habido una cacería para buscar alguna pieza herida o muerta que no se haya recogido. Se hace al día siguiente. (Investigación de campo)

Y pregunto: ¿cómo se puede deducir que tornacaza sea lo que el autor del librito nos dice? ¿Cómo puede deducir que el cazador vuelva a buscar unas piezas que él sabe que no ha abatido? ¿Volvería, el cazador, a buscarlas por si acaso se habían arrepentido y se habían muerto?

Permitidme que exprese lo que yo entiendo que, el “escritor que caza” (estoy hablando de Delibes), quiere decir: cuando uno regresa bolo de una cacería, la memoria de las piezas que falló le perseguirá como un reproche durante toda la semana. Sin embargo la tornacaza de ayer…

Parece que queda suficientemente claro que el cazador lamenta durante un tiempo los fallos que cometió durante la cacería. Su memoria no deja de recordarle lo que falló, y al recordarlo no caza, rememora el día de la caza y esta es su TORNACAZA: volver sobre la última cacería con el pensamiento. El cazador vuelve, torna a la cacería, y es en la tornacaza cuando piensa en los fallos que pudo cometer. No es el caso de “El último coto” donde el cazador sabe todo lo que ha ocurrido y no necesita torturarse más. La tornacaza de ayer, el repaso mental de lo ocurrido ayer al cazador ,lo tiene suficientemente claro.

Resumiendo:

Tornacaza: vuelta sobre la caza; repaso por la noche, sobre la cacería, un día después de ella, en el mismo instante de que finalice, o una semana después. En una palabra; repasar con la mente lo ocurrido en la cacería.

Qué no es –para este ex cazador hombre de campo- tornacaza: volver a buscar las piezas que no se han recogido durante la cacería, y menos al día siguiente.

Lo que acabo de teclear es lo que, humildemente, pienso que nos transmite Delibes en “El último coto”. De todo ello lo que afirmo es que, en lenguaje rural, tornacaza no es buscar al día siguiente las posibles piezas muertas. Quizá en las grandes cacerías se produzca una especie rebusca de piezas abatidas; pero eso ya no es caza, ni creo que haya cazador que se precie que lo ponga en práctica.

Repito: desconocía la palabra, pero me arriesgo a tildar de “deducción sin sentido” el significado que he encontrado en Cátedra y Diccionario en la narrativa de Miguel Delibes. Su autor, quizás bien repanchingado en el sofá, haya visto algún programa de “Jara y sedal” y ha sacado sus propias conclusiones.
Hace unos cuantos años: día de caza en Camporredondo. Las perdices estaban en el peladero.
Cazadores, de izquierda a derecha: Jacinto, Justiniano, Justiniano hijo, Marciano, Justo, Ismael y Amadeo.
El que ahora teclea -a esa misma hora- estaba con las ovejas en el campo.


Camporredondo a 20 de noviembre de 2015