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viernes, 20 de octubre de 2017

Y -si puedo- las veces que haga falta

Son las 19 horas y 16 minutos del día 11 de octubre de 2017 cuando en la radio se oye…

Buenas tardes. Es curiosa esta niebla meona, que fue primero definida por el escritor Miguel Delibes, y definida años después por los académicos de la Real Academia Española.

En un libro titulado “El último coto” Delibes escribía que, “durante casi un mes la provincia había estado entumida (en el campo decimos entumecida…) bajo una niebla meona. Niebla húmeda y densa” -decía el escritor- que al congelarse en el aire deja los campos albos como después de una nevada”.

Si acudimos al diccionario de la academia se nos indica que esto de la niebla meona es algo que se emplea en el habla coloquial y la define así: “niebla de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna”. O sea que la RAE ha preferido quedarse con las primeras consecuencias de la niebla meona, “gotas menudas que no llegan a ser llovizna” y Miguel Delibes se centró, en su momento, en las últimas consecuencias: “niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire deja los campos albos como después de una nevada”. Una complementa a la otra, y la otra complementa a la una. Llegarán días de nieblas meonas a Castilla y León… ¡abriguémonos!

Y, de nuevo, vuelve a salir la voz del campo para tratar de dar su… “paleta” opinión.

En una cachapada de ocasiones -ésta es una más-, he dicho que Delibes define –porque así lo aprendió en el campo- muy correctamente lo que es la niebla meona: “niebla húmeda y densa”. Añadiendo que, si se congela, deja los campos albos como después de una nevada. Según el “espabilado más que experto”, para Delibes niebla meona es la que se congela en el aire. No señor, no. Delibes dice que si la niebla meona se congela en el aire (sólo si se congela en el aire), deja los campos albos como después de una nevada. Parece que el “espabilado más que experto” no lo acaba de entender porque, a ver, ¿por qué nos dice que Delibes se centra en las últimas consecuencias? No, para la RAE, la niebla meona no tiene primeras consecuencias, ni para el escritor segundas, la niebla meona es la que es: “niebla húmeda y densa de la que se desprenden finísimas gotas de agua que no llega a considerarse lluvia”. Después podrá congelarse o no, lo mismo que la lluvia podrá transformarse en nieve, hielo…, pero no deja de ser agua que se desprende de la nube y cae.

Digamos lo que la niebla meona es -después de haber sido calado en muchas ocasiones por ella- en lenguaje rural, que es donde Miguel Delibes lo aprendió directamente y -por lo que podemos deducir- también la RAE: niebla meona es aquella niebla densa que, sin llegar a ser lluvia, acaba calando hasta los huesos. De ahí que la Real Academia diga: "niebla de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna”. Le falta a la Real Academia añadir aquello que yo pude comprobar sin intermediarios: “… no llega a ser llovizna, pero cala, moja, empapa”.

De manera que ni Delibes, ni la RAE, descubrieron la niebla meona. Yo me imagino que el nombre bien pudo ocurrírsele al campesino/a que después de llegar a casa empapado dijo: ¡vaya una niebla, parece que se mea!

Una cosa es totalmente cierta: yo nací en la primera mitad del siglo XX y lo aprendí de mis abuelos. De manera que allá por la mitad del siglo XIX (muy anterior al querido escritor y los académicos de la RAE) la niebla ya andaba meándose por estos campos de Camporredondo y, a veces se congelaba y parecía que había nevado, y otras veces –cuando la temperatura no era tan baja- simplemente se convertía en gruesas gotas que caían de los árboles… y otras gotitas calaban a las ovejas, machos, burros… o se fijaban sobre mi manta que acababa pesando… ¡cómo pesaba!

Lo triste de esto es que los advenedizos “-espabilados más que expertos-“ no comprendan que lo que dicen Delibes -en su extensa y maravillosa obra - y la RAE es lo mismo. A no ser que la lluvia solo lo sea si se congela, que es lo que ocurre con la niebla meona, que no es otra cosa más que gotas finísimas de agua que no llegan a considerarse lluvia, pero que, si se congelan, dejan los campos blancos como después de una nevada.

Niebla meona
EUC p. 106
Durante casi un mes, la provincia ha estado entumida bajo una niebla meona, niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada.
niebla. (Del lat. nebula).
~ meona.
1. f. Aquella de la cual se desprenden gotas menudas que no llegan a ser llovizna.
Niebla meona: Delibes acaba de definirnos lo que es para él la niebla meona: niebla húmeda y densa que al congelarse en el aire, deja los campos albos como después de una nevada. (Investigación de campo)

Como podemos comprobar el “espabilado más que experto” insiste en que Delibes tiene por “niebla meona” la que se congela y deja los campos albos. Así lo recoge en un glosario –de allí lo he transcrito- que cabalga -por el espacio estelar- sobre las estelares ondas electromagnéticas.

La lluvia son gotas de agua que se desprenden de la nube y caen sobre la tierra. También puede transformarse en nieve o en hielo, pero eso es otro cantar. Lo mismo ocurre con las finísimas gotas de agua que componen la niebla meona y Delibes –que la conocía- así lo dice, añadiendo que si se congela deja los campos albos como después de una nevada.

Quiero añadir, que los efectos de la niebla meona –si se congela- pueden llegar a cargar tanto las ramas de los árboles que llega a desgajarlas: ocurría muy a menudo. Era lo que nosotros –gente inculta- llamábamos cencellada, que es una especie de carama (escarcha congelada), pero muy exagerada.

Delibes, tanto en esta ocasión (niebla meona) como en tantas otras –que tampoco parecen entender los espabilados- dice lo que dice: primero entendámoslo y después mostrémoslo al mundo, como estudiosos y “expertos” que queremos ser.


Como creo que es interesante, este ex pastor repite lo que dijo en alguna ocasión acerca de los siguientes términos sobre fenómenos atmosféricos:



Rocío.- humedad en el ambiente que al bajar la temperatura nocturna se fija sobre las plantas en forma de pequeñas gotitas de agua.



Escarcha.- humedad en el ambiente que con temperatura cercana a los cero grados se fija sobre las plantas en forma de pequeños cristales de hielo.



Carama/caramada.- humedad elevada en el ambiente (neblina) que con temperaturas bajo cero se fija a las plantas en forma de hielo.



Cencella/cencellada.- fenómeno producido por la niebla meona que con temperaturas bajo cero se fija sobre el suelo y las plantas dejando los campos como si hubiera nevado.  Cuando la cencella es excesiva (cencellada) las ramas de los árboles, por exceso de peso y muy a menudo suelen desgajarse.



Camporredondo, 14 de octubre de 2017


Firmado: pastor –de ovejas-, al que la “niebla meona” empapaba hace muchos, muchos años.

lunes, 3 de abril de 2017

Lechazar

Vamos con una pequeña curiosidad que tengo:

Ya sabéis que hubo un tiempo en que mi profesión -a tiempo completo- fue pastor. Bien. Pues resulta que, pese a haber nacido entre ovejas, jamás pude observar que la oveja pariera otra cosa que no fuese cordero/a lechal (se alimentara, al principio, sólo de leche). Digo esto, porque escuchando un programa de radio (22-3- 2017) dedicado al campo –que sigue siendo lo mío, y me gusta- preguntan a su “experto” por la palabra “lechazar” que Miguel Delibes maneja en el libro “Castilla habla”… y el “experto” nos saca de dudas. Entre otras cosas, dice:

 (…) ninguna oveja para lechazar como la churra. Lechazar es, por tanto, parir corderos lechales, sean de la raza que sean.

¡Toma castaña!

Ahora, ahí va mi pregunta para ver si el “experto” o la emisora, pueden, o quieren, responder: ¿la oveja puede parir cordero/a pascual? ¿Quizá borrego/a? ¿Tal vez ya carnero…? En pocas palabras: ¿la oveja puede parir otra cosa que no sea cordero/a lechal?

Lo que Delibes escribe es lo que Florencio le dice; y yo estoy de acuerdo: (…) Por eso le digo que, por estas tierras, ninguna como la churra para lechazar, (…)

Queda meridianamente claro que todas las ovejas –no faltaría más- paren corderos lechales: todos los corderos tienen la necesidad de, al nacer, mamar; aunque también puede ser alimentado con biberón pero, en cualquier caso, con leche. Mejor, al principio, con los calostros de la madre.

Pero si bien todo esto es cierto, no lo es menos que -eso es lo que dice Florencio a Delibes, y yo estoy de acuerdo-  de entre todas las ovejas -sean de la raza que sean- que traen corderos a la vida (paren), la mejor para lechazar (producir lechazos de calidad) es la churra. O sea que el mejor lechazo para el asado castellano es el que pare la oveja churra.

Lechazar: Producir corderos para ser destinados al consumo como lechazos, es decir: alimentados sólo con leche, en este caso para el asado castellano. También para chuletillas; pero el señor Florencio está hablando -y así lo recoge Delibes- del asado castellano. Y para eso, qué duda cabe, el más fino, el mejor, es el parido por la oveja churra. (La mejor oveja para lechazar es la churra).

Bueno y… nada más. Espero que los “expertos” arrojen un rayito de luz sobre mi oscura ignorancia.

Permitidme que, sobre el tema, os recomiende el libro -de Luciano López Gutiérrez- “En torno a las palabras de Delibes” y en su página 142-143 encontraréis lo que es saber sobre lo que se habla. En este caso sobre la palabra lechazar.

Y ahora permitidme una licencia, dice el refranero: “para gustos los colores” y yo añado: “para los paladares los sabores”. ¿Por qué lo digo? Pues porque estoy de acuerdo con lo que el señor Florencio dice acerca de que el cordero de madre que ha pastado por el Valle Esgueva puede ser más fino, pero, en contraposición, yo me quedo con el cordero segoviano que, por haber comido la madre otro tipo de hierba -más consistente y aromática-, transmite al hijo y, qué duda cabe, a su carne, un sabor distinto. Así que: ¿el lechazo del Valle Esgueva es más fino? Sí. ¿El segoviano, distinto, otro sabor? También. “Para gustos los colores y “para los paladares, los sabores”.

Y así terminamos en:

Camporredondo, 30 de marzo de 2017.

lunes, 23 de enero de 2017

A vueltas con el herradón

Óscar  -seguidor y comentarista de “La pizarra de Gaude”- en reciente comentario, me animaba –aun a riesgo de que me llamen pesado- a seguir defendiendo el lenguaje rural. Pues bien, dígole a Óscar: no te preocupes, que este paleto no se rinde ante "expertos", ni sus "voceros" afines.

No me canso de repetir -a los seguidores de “La pizarra de Gaude”- que el experto en la narrativa de Miguel Delibes no ha leído la obra del escritor (quizá ahora vaya leyendo). Una muestra más de ello es lo que intentaré teclear a continuación.

De nuevo transcribo lo que apareció en los mal llamados “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” y en “Cátedra Miguel Delibes”

Herradón
CH p. 120
(...) los
herradones que ha encargado una clienta.
Herradón:
n.m. Cubo grande de metal de uso exclusivo para el ordeño. 2. n.m. Garrafa grande de hierro galvanizado en que se vierte la leche ordeñada. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Herradón:
Cubo grande de latón o zinc que dobla en tamaño a la herrada. Se empleaba para ordeñar a las ovejas. Consta de asa y de un saliente en su parte superior para sacar la leche sin dificultad. Es más ancho en la parte inferior con el objeto de que no lo vuelquen las ovejas al ordeñarlas. (Investigación de campo)

Y a continuación lo emitido en “Es Radio CYL” programa “Es el campo” “Dialecto agrario”, el miércoles 18 de enero de 2017 en la voz de su autor.

De nuevo la presentadora pregunta a los invitados que -como suele ocurrir- no conocen la palabra. Entonces la presentadora recurre al “experto” señor Urdiales: ¿qué significa la palabra herradón?, Cuéntanos. El experto responde:

“Muy buenas tardes. Hoy me gusta muchísimo la palabra que traigo que es la de herradón. Un herradón es un… recipiente. Un recipiente, es un cubo grande de metal en principio de uso exclusivo para el ordeño, en principio. Luego es curioso como Miguel Delibes lo emplea en un libro que se llama Castilla habla y… bueno alguien le estaba comentando a Miguel Delibes, -habla de los herradones que ha encargado una clienta para poner flores- aunque la verdad, dice el que está hablando, es que estos chismes se siguen vendiendo para ordeñar. Realmente era su función original y para lo que la gente en general los empleaba. A día de hoy, pues claro, ya siglo XXI, segunda década del siglo XXI, se pueden comprar herradones para poner lo que uno quiera: flores u otra serie de cosas. Pero, originalmente -la gente mayor sí que lo recuerda- un herradón es un cubo grande de latón o de cinc que, en principio, dobla en tamaño a la herrada, que también es otro de los aperos conocidos. Y es verdad que se empleaba para eso, para ordeñar las ovejas. Claro, constaba de un asa y un saliente en su parte superior para poder sacar la leche sin dificultad. Una vez que ya tiene leche suficiente… para derramarla, o lo que quisiera, pues tiene ese saliente. Muy importante: el herradón es más ancho en la parte inferior que en la superior ¿para qué? con objeto de que cuando el pastor ordeña las ovejas si la oveja da una patada o… mueve de alguna manera el herradón… el herradón, en general no caiga, puesto que es más ancho en la parte de abajo. De manera que se mantiene mucho mejor y bueno… es una manera de salvar la leche que uno está ordeñando ¿no? Así que herradón es el cubo grande que es más ancho por abajo y que se empleaba básicamente para ordeñar a las ovejas”.

De momento diremos que Delibes escribió "Castilla habla" hace 30 años (1986) y no en la segunda década del siglo XXI. ¿La gente sigue comprando herradones para poner flores?

En entradas anteriores referidas al mismo tema, u otros, yo sostengo que el autor de los desaguisados no había leído al escritor. Sin embargo ahora (hoy) no lo tengo tan claro porque, a ver: ¿no sabe el señor Urdiales que el que habla con Delibes es el alfarero (cacharrero entre nosotros) Conceso Gómez? Desde luego si a estas alturas no lo sabe, es que ahora tampoco ha leído “Castilla habla”, en cuyo capítulo XX. “Alfares bíblicos” Delibes pega la hebra con los hermanos -alfareros ellos- Conceso y Alberto Gómez San José.

Pero lo que yo opino (malpensado que es uno) es que el experto necesita deshacerse de la palabra alfarero y alfarería para seguir sosteniendo que los herradones son/eran de latón o cinc, materiales que no son los más adecuados para el trabajo en el taller de alfarería de los hermanos Gómez San José en Arrabal de Portillo. O sea que el experto tiene dos opciones: eliminar a los alfareros, y su alfarería, y seguir con los herradones metálicos, o aceptar que nunca tuvo ni idea de lo que era un herradón. Parece que ha optado por eliminar la palabra alfarero y seguir manteniendo los herradones metálicos que no son los herradones en la narrativa de Delibes.

De manera que le dejo dos preguntas -de momento- al señor Urdiales: ¿usted no se dio cuenta de que la conversación que Delibes sostiene con los hermanos Conceso y Alberto transcurría en Arrabal de Portillo y, además, que ésta se llevaba a cabo dentro de un taller de alfarería? Y si se dio cuenta… ¿no sabe usted que en las alfarerías de Arrabal de Portillo sólo se trabajaba el barro?

Y seguimos. Si el lector no es tonto -que no lo es- se ha dado cuenta que el autor de la entrevista radiofónica (“experto” en Delibes) para salir del paso se ha cepillado a los hermanos alfareros y los ha sustituido por “alguien le estaba comentando a Miguel Delibes,” “(…) aunque la verdad, dice el que está hablando…”. Queda suficientemente claro que el que comentaba y hablaba con Delibes era el alfarero Conceso Gómez, pero el señor Urdiales no está interesado en descubrirlo.

Paso a paso el herradón del señor Urdiales, y el herradón en la narrativa de Miguel Delibes:

Dice Urdiales.- “… es un cubo grande de metal…” Pues no, no es cierto: los de Miguel Delibes son de barro cocido y, además, vidriados por dentro para mayor higiene. Elaboran el barro y confeccionan los herradones los hermanos, alfareros, Alberto y Conceso.

Sigue el “experto”.-“… en principio, de uso exclusivo para el ordeño…” Pues no, en principio no, el herradón fue inventado para el ordeño y así se usó desde tiempo inmemorial. Uno es libre, después, para usarlo como jarro para el agua o el vino. (El trillo se inventó para trillar, aunque a alguien le parezca muy adecuado como mesa de comedor: no es mi caso).

Sigue adelante.- “… un herradón es un cubo grande de latón o de cinc…” Pues tampoco: en la narrativa de Miguel Delibes no son de aleación de cobre y cinc (latón) ni de cinc. Demostrado: son de barro cocido.

Vamos más allá.- “dobla en tamaño a la herrada…”. No, no, en casa –y en muchas casas de Camporredondo- los hubo de unos dos a tres litros (para ordeñar a la cabra) y eran herradones… bueno, a veces, sobre todo si en la casa no los había más grandes, los llamábamos herradoncillos.

Otro pasito.-”…constaba de un asa…” No, no y no, eso sería una herrada: el herradón tenía dos asas… siempre. Era condición indispensable para facilitar su manejo. Si el "experto" hubiera ordeñado con el herradón se habría dado cuenta de lo útil de las dos asas.

Vamos con el último.- “… el herradón es más ancho en su parte inferior…” naturalmente, para darle mayor estabilidad; así como en su parte superior es más estrecho para evitar que la leche salpique al ordeñador y/o se caiga al suelo.

Y así, como dicen que “una imagen vale más que mil palabras”, ahí va el herradón que los hermanos Conceso y Alberto confeccionaban en su taller alfarero de Arrabal de Portillo. Allí, sí, allí donde Delibes conversa sobre herradones y otros cacharros de alfarería. Quiero hacer constar que con el mayor de los herradones de la foto este aporreador de teclas ordeñaba a sus ovejas.

Herradones (dos de ellos mancos) al lado del entremijo/prensa familiar.
Aquí os presento tres tamaños de herradón (dos con un asa rota). Hay alguno más, y falta el más pequeño que no hemos llegado a tiempo para su salvación. ¡Qué le vamos a hacer!

¡Ah! Una pequeña advertencia que los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya se han dado cuenta: la parte interior del herradón esta vidriada. El motivo no es otro que para facilitar su limpieza para mejor higiene.

XX. Alfares bíblicos. Este es el capítulo y título de la obra de Miguel Delibes “Castilla habla” en su página 119. No tengo que decir que si alguno de vosotros está interesado en conocer, mínimamente, el oficio de cacharrero (alfarero) por estas tierras nuestras y, por ende, de Delibes, no tiene más que darse un garbeo por las cuatro páginas y media en las que el escritor nos narra con toda claridad lo que este digno oficio fue en tiempos remotos, o no tanto.

Después de que lo hayáis leído no os quedará ninguna duda de que lo que fabricaban los hermanos Alberto y Conceso Gómez San José, en su taller de alfarería en Arrabal de Portillo, era toda clase de cacharros de barro cocido que después vendían por todas partes, principalmente por estos pueblos de Dios. Así como también queda claro que el señor Urdiales no conoce la palabra herradón en la narrativa de Miguel Delibes.

Herradones bajo el entremijo en el que doña Josefa, mi madre, hacía el queso

Y una nota para el señor Urdiales:

Mire usted, quizás este -su amigo- no sepa si herradón se escribe con “H” o sin ella; pero en cuanto a si eran de barro o de latón los que fabricaban los hermanos Conceso y Alberto en Arrabal de Portillo no le diré más que con dos de la fotografía -que mi madre compró directamente a los cacharreros, (alfareros)- me tocó ordeñar algunas ovejas desde que me salieron los dientes. Los corderos berreaban en el corral y yo –al nacer- lo hacía separado por una sencilla ventana. Lea usted a Delibes.


Camporredondo 20 de enero de 2017.

lunes, 16 de enero de 2017

¿Hembra, o buseto?

Aun pensando que es una página digna de ser emitida el día 28 de diciembre, algo tengo que decir.

¿Qué hace la gente en Calgary (Canadá) un miércoles a -25ºC? Todos los miércoles hacen lo mismo: a las 19 h. (hora española) sintonizan por internet EsRadio Castilla y León y esperan a que salga mi sección a eso de las 19:30. Calentitos, en casa escuchan mi "Dialecto agrario" en el programa "Es el campo de CyL". A todo el que me lo pide, le mando la traducción del castellano rural al inglés de Canadá. Hoy, la palabra es "hembra", la de la foto.

No hay texto alternativo automático disponible.


¡Pobres canadienses! además, se lo “traducen” del castellano rural.

A lo que acabáis de ver y leer, le sumamos lo que sigue, transmitido -vía ondas hercianas- por el señor Urdiales Yuste en "Es Radio CYL" "Es el campo" "Dialecto agrario" el día 11 de enero de 2017, del que es autor. A la pregunta ¿qué es hembra en el dialecto agrario? el experto responde:

Muy buenas tardes. La hembra… claro, en Delibes, y más en “Diario de un cazador” que es un libro de los de Miguel Delibes, es un diario de caza. Hay un cazador… más o menos inventado, más o menos real. Pues la hembra para Delibes, es decir, para un cazador es, en el contexto que yo lo he cogido de “Diario de un cazador”, el reclamo de codorniz que imita el sonido de la hembra y así lo dice, lo escribe, Miguel Delibes en diario de un cazador. Dice lo siguiente: “Zacarías anunció que dentro de unas semanas empezará a salir con la hembra. No tengo pepita en la lengua y le dije que el reclamo es una perrería”. O sea, la hembra como reclamo, como el reclamo de la codorniz que imita en este caso el sonido de la hembra, ¡ojo! también hay reclamos que imitan el sonido del macho. Bueno creo que la gente puede intuir como se utiliza, por supuesto, o ya lo ha utilizado alguna vez. Para que suene se le presiona como si fuese un acordeón. De manera que hoy, si alguien no lo sabía, ha aprendido que la palabra hembra también sirve para denominar el reclamo de la codorniz, de la hembra de la codorniz.

Esto es lo que ha enseñado hoy el “experto” a sus seguidores. Los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya saben lo que es hembra: él se lo ha enseñado hoy, a los que le siguen. Ahora viene el paleto y nos dice: pues no, esto no es así. Si el señor Urdiales hubiera leído el libro “Diario de un cazador”, de Miguel Delibes, se habría dado cuenta que, el escritor, nos viene –y sobre todo continúa- hablando de la caza de la perdiz con reclamo. ¡Ah! ¿Que no se lo cree el señor doctor? Pues le recomiendo que lea -aunque sólo sea por esta vez- “Diario de un cazador".

No. Delibes, en este pasaje, no habla de cazar codornices con reclamo: sino perdices.

No. El escritor no usa el reclamo -artificial- que imita el canto de la codorniz, ni siquiera el de la perdiz. Usa directamente la perdiz HEMBRA que es la que mejor imita el canto de la perdiz. Y ¡ojo! que también imita el canto del macho, ¡pues claro coño! como que es el MACHO de la perdiz que también se usa como reclamo y no vea usted como imita de bien el canto del macho. ¡Es que son la leche estas perdices que imitan tan bien! ¿Qué imitan tan bien? pues eso, joder, ¡el canto de la perdiz!

Y tercer no.- Ni para Delibes, ni para un cazador, la foto “es reclamo de codorniz que imita el sonido de la hembra”. El reclamo del que el “experto” nos muestra la fotografía, es un artilugio que imita el sonido de la perdiz, pero que no por ello se llama hembra, ni macho, a pesar de que -bien manejado- reproduce los dos sonidos.

O sea, de momento, separemos a la codorniz de todo este lío. La pobrecilla, en abril, y en aquel tiempo, aún no había aparecido por estos lares.

Y viene la parte siguiente: Zacarías ya hace unos días que tiene pensado en salir con la hembra a reclamo (caza con reclamo) pero… ¿sabe el señor Urdiales Yuste con qué hembra? Pues con el artilugio de la foto no, sino con la que hemos mentado… ésa, ésa: la perdiz HEMBRA. Ésta es la hembra para Delibes o para un cazador, como dice el “experto”. Y esa es la hembra con la que Zacarías sale al reclamo.

Lo que ocurre al señor Urdiales (experto en maltrato a la obra de Delibes y al lenguaje rural) es que le han enseñado un artilugio que sirve como reclamo –manual, o sea artificial- para la perdiz y se ha liado. Como me liaría yo si me dedicara a impartir clases sobre aquello que desconozco. Aunque aquí quiero arriesgarme un poco. Si yo, analfabeto de mí, me dedicara a impartir clases, en colegios o institutos, fíjese lo que le digo: haría mejor papel que el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes y en el dialecto agrario. Eso es lo que pienso, y a las pruebas me remito.

Y sigo. El aparato que el señor Urdiales nos muestra como “hembra” es un reclamo artificial para perdiz que tiene su nombre particular: BUSETO. No sé si con “s” o “x”… pero buseto al fin y al cabo. ¿Nadie se lo ha dicho señor? Pues sí, este artilugio se llama así y puedo decirle que había en mi pueblo cazadores que, haciéndolo sonar, parecía que cantaban las propias perdices. Presionado de una forma simula el canto de la perdiz (hembra) y  de otra distinta imita el canto de la perdiz (macho).

Resumiendo:

Codornices no. Machos de perdiz era lo que cazaba Zacarías, en este caso, usando como reclamo la perdiz (hembra).

Hembra no. El aparato para reclamo se llama BUSETO. También puede ser que sea buxeto, pero eso no viene ahora a cuento.

Y es verdad. Con el BUSETO, sabiendo manejarlo, se reproduce el canto de la hembra y del macho de perdiz.

Quiero dar los nombres de tres auténticos maestros en el arte de manejar la hembra… no, ¿en qué estaría yo pensando? Quería decir el buseto: mi tío Emiliano, mi vecino Germán y mi primo José Antonio que… ¿qué cree usted que dirían si oyeran que al buseto (reclamo mecánico) le llaman hembra?

Bueno, creo que, con esto, los seguidores del señor Urdiales y su “Dialecto agrario” que no lo supieran hoy saben un poco más sobre este artilugio para la caza con reclamo que, aunque lo usé, nunca fui maestro en su manejo: jamás atraje perdiz, hembra o macho, hasta ponerlos al alcance de los perdigones. ¡Ah! Perdigones de plomo, no de perdices pequeñas o grandes, que luego el “experto” me lo recrimina… ¡menudo es el “experto”!

¡Aguafiestas, que soy un aguafiestas! ¡Mira que traer a colación el buseto a estas horas…!

Y aquí seguimos: al calorcito de la calefacción y escuchando el “Dialecto agrario” para poder desfacer entuertos.

Camporredondo, 12 de enero de 2017

P.D. Fuera de “concurso” quiero hacer un comentario: sabéis que no soy experto en nada… bueno, si acaso en el arte de pastorear ovejas (eso decían de mí en otro tiempo). Quiero decir que no soy -líbreme Dios- experto en Miguel Delibes. Pero sí lo he leído (tengo toda su obra), y os puedo asegurar que no recuerdo que el escritor haya cazado perdices ni, por supuesto codornices (excepto el día que en compañía de Zacarías cazaron con red y pito como reclamo de codorniz y acabó a tantarantanes entre los dos), con el buseto (hembra para el señor Urdiales). Sí ha cazado –aunque dice que no le gustaba hacerlo- usando como reclamo la perdiz y, en el caso de la codorniz -aunque en menor medida- con la propia codorniz y red o, como decimos en mi pueblo: rede.

¿Quiere esto decir que no cazara con el buseto (hembra para el señor Urdiales) como reclamo? No, lo que quiero decir es que yo no recuerdo que el escritor hable de ello en su obra. Y ahora sí: sanseacabó ¡Mira que soy pesado, joder!


lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Gazapo? ¿lebrato?

¿Gazapo? ¿Lebrato? Veamos.

Aun después de vista la acepción recogida en el Diccionario de la lengua Española (DLE), si yo tengo que decidirme sobre a qué animal -cría del conejo o de la liebre- debo denominar como gazapo, lo tengo claro: siempre me decidiré por la de la liebre. Además de ser lo que vi y aprendí desde mi más tierna infancia, creo que es lo que más se ajusta a la realidad de la palabra gazapear que, últimamente, nos ocupa. Intentaré razonar por qué:

Para ello definiremos de nuevo la palabra “gazapear”:

Gazapear es imitar el desplazamiento del gazapo que, sabiéndose débil, trata siempre de moverse con toda la cautela del mundo, ora reptando, ora ocultándose tras de la mata, terrón, surco o piedra que tenga más a mano. El gazapo (cría de la liebre) desde su nacimiento sabe que su vida depende de evitar, en lo posible, ser visto, porque sus exiguas fuerzas no son suficientes para defenderse corriendo como hacen los adultos.

Admitido esto (en ambiente rural), pregunto: ¿qué animal -cría de la liebre, o cría del conejo- tiene más necesidad de gazapear? La cría del conejo –llamado, por casi todos, gazapo- cuando sale a la superficie ya es capaz de moverse con cierta soltura y autonomía. Además, en sus primeras aventuras, siempre se mantiene cerca de la cueva/madriguera donde nació ¿sí o no? Sin embargo, al que “otros” llaman sencillamente lebrato, viene al mundo en la superficie, sin más techo que le cobije que el cielo –azul, o encapotado- . Lo que acabo de decir no lo he aprendido en ninguna enciclopedia, como no sea en la enciclopedia de la vida en la naturaleza. He visto muchos gazapos (hijos de liebre) que, aun estando yo observándoles, permanecían como clavados en la tierra; sabían que su vida dependía de no ser vistos, por lo que se mimetizaban hasta confundirse con el suelo, del que sólo destacaban los ojillos muy abiertos y asustados. Lo mismo que muchas veces, cuando la liebre no ve campo libre (está rodeada por el rebaño de ovejas) gazapea, se mueve pegada al suelo tratando de no dejarse ver. Cuando la liebre -o cualquier otro animal- se mueve de esta manera, decimos que gazapea (imita al gazapo). Queda claro que estoy hablando del gazapo en el campo, porque no tendría mucho sentido hablar de gazapear si el gazapo está encerrado en la conejera. Delibes observó que el “zorro manco gazapeaba a un kilómetro”, luego estaba a campo abierto.

O sea: si la cría del conejo cuando sale de su madriguera ya es medianamente suficiente para moverse con un mínimo de autonomía, y además se le ofrece la seguridad de la cueva/madriguera, y la cría de la liebre nace sin otro techo que el cielo… ¿quién de los dos estará más necesitado de permanecer oculto, o moverse con sigilo (gazapear)? ¿Y cuando se mueve despacio y con toda la precaución del mundo, qué decimos? Pues eso, decimos que gazapea, y para gazapear, nadie más indicado que EL GAZAPO.

Termino. Jamás he visto gazapear a la cría del conejo porque, si son sorprendidos, siempre se dirigen, decididamente, a la madriguera. Sí he visto gazapear a la cría de la liebre, porque no tiene más remedio que hacerlo si quiere llegar a MATACÁN (gazapo, lebrato, menos de media liebre, media liebre, más de media liebre, liebre y liebre en grado superlativo: MATACÁN).

Debo dejar claro que no soy yo el que ha inventado que el gazapo es la cría de la liebre, esto ya lo decían mis abuelos y creo los abuelos de mis abuelos también. Bueno, y ya sabéis: fui pastor, y creo que los abuelos de mis abuelos también, así que algunos hemos visto.

Resumiendo: cuando me hablan de gazapo –no de errata, del gazapo animal- siempre pregunto si la cría de la libre o del conejo, a pesar de que pienso que el verdadero gazapo, el más necesitado de gazapear por estar más desvalido, es el por otros llamado lebrato, o sea el hijo de la liebre.

Ah, ¿qué como llamamos nosotros a la cría del conejo? Pues lisa y llanamente… conejillo y cuando es un poco más crecido decimos conejete, que es una categoría superior.

Como veis, a pesar de haber estado fuera unos pocos años, sigo siendo más de campo que eso que gusta tanto a los conejos: las amapolas, o las cerrajas (lecherines para el Nini), que también les llena satisfacción. Y cuidado con dárselas húmedas: pueden ser letales.

Esto es, en cuestión de conejos y liebres, sólo un apunte que hacemos desde…


Camporredondo, 25 de noviembre de 2016.

lunes, 3 de octubre de 2016

Crispilla

Os puedo asegurar que cuando doy mi opinión sobre una palabra de las que creo que están en trance de desaparecer, o están ya desaparecidas, antes de lanzarla a las ondas hercianas he luchado lo indecible para poder demostrar que aquello que digo se ajusta a la realidad. De lo contrario el efecto que produciría seria el opuesto al que me propongo: conservar y defender el lenguaje de mis abuelos.

Pero también he de admitir que, aun con todo el esfuerzo y mejores deseos puestos, puedo equivocarme y seguro que a veces, o muchas veces, me equivocaré. Por eso, de vez en cuando, meto mi cuña particular y digo: si algo de lo que digo es dudoso, o no queda suficientemente claro, preguntad y debatimos, seguro que entre todos podemos aproximarnos a la verdad.



Ésta es (así lo creo) la crispilla de que nos habla Delibes en “Castilla Habla” página 85.

A continuación lo que es la crispilla para el DLE (Diccionario de la Lengua Española):

colmenilla
Del dim. De colmena.
1. f. Hongo comestible de sombrerete aovado, consistente y carnoso, tallo liso y cilíndrico, y color amarillento oscuro por encima y más claro por debajo.

Lo que digo es consecuencia de lo que acabo de escuchar en la emisora EsRadio Castilla y León programa de tarde “Es el campo” (18-3-2016), en el que -una vez más- la presentadora, en su laudable afán porque no se pierdan más palabras rurales, recurre a aquél que lo desconoce más que ella misma. A las pruebas me remito.

El “experto” en Delibes -apoyo del que se sirve la presentadora- nos comenta más de lo que ha encontrado. Digo más, porque Ángel Rodríguez nos habla de la crispilla y el orejón pero no nos dice (creo que no hace falta) en la época que se crían. Entonces el experto que cree saberlo todo sobre setas, pero que lo que ha oído es que en el mes de octubre el personal sale al campo en busca de ellas ,dice: ¡tate! La crispilla y el orejón puedo encontrarlas al mismo tiempo que busco nícalos. Pero esto no se lo han dicho ni Ángel Rodríguez, ni Miguel Delibes, esto es deducción, equivocada, de aquél que , como decía, cree saberlo todo sobre setas. Si hubiera recurrido al entorno en el que se cría la, colmenilla según el DLE, crispilla según Miguel Delibes, manjarria según el que aporrea las teclas… y muchos nombre más que tiene por esos pueblos de Dios, le habrían dicho lo que yo les diré ahora: la crispilla, colmenilla, manjarria… es un hongo de primavera.

Además quiero añadir algo que cae por su propio peso: si la crispilla es producto, como muy bien dice Delibes, de la putrefacción de las hojas del álamo (negrillo, añado yo) con poco que pensemos, nos daremos cuenta de que en el mes de octubre, o bien las hojas aun se mantienen sobre las ramas del árbol, o bien acaban de caer, con lo que no ha habido tiempo para su putrefacción. ¡Vale ya de paliza!

Tengo que decirlo por si aún queda alguien que habiendo escuchado la radio mentada, se vuelve loco buscando la crispilla (manjarria) en el mes de octubre, incluso noviembre, como nos dice el señor Urdiales en su intervención en el programa “Es el campo de Castilla y León”.

Es que cuesta tan poco documentarse como que en cualquier parte de internet que lo busque le van a decir lo que les digo yo ahora: la manjarria es seta de primavera.

Tengo un recuerdo y os lo voy a contar: iba yo con mi hermano Alfredo –que me llevaba de la mano- por el Hoyo Simón donde había algunos –pocos- chopos y otros árboles. De repente se para y me dice: coge esa manjarria. Yo que -si me llevaba de la mano- tendría muy pocos años, me llevé un susto de padre y muy señor mío ¡no me atrevía a cogerla! Lo que yo conocía eran los nícalos y los pucheruelos. Además debo añadir que, como me crié muy enclenque, mi madre aprovechó la ocasión para endosármela mezclada con un huevo.

Ahora os cuento donde cogí las últimas manjarrias: en otras ocasiones he comentado que, por el arroyo que va desde la ermita hacia Camporredondo bajaba agua -incluso en verano-. Bueno, pues a la vera del arroyo (parte derecha desde el pueblo) había dos hileras de frondosos chopos negrillos. Bien. Pues entre hilera e hilera se me ocurrió meterme un día –mientras mis ovejas seguían por la cañada- y allí estaban las crispillas de Delibes, colmenillas del DLE y para nosotros –de pueblo- manjarrias. Después el arroyo se secó definitivamente, los chopos desaparecieron y nunca más se supo de manjarrias posteriores.

Así que: las crispillas, colmenillas o manjarrias se crían y recogen en primavera, un poco después de que lo hagan los pucheruelos, que suelen salir entre febrero y marzo.

Aficionado a las setas: jamás busques crispillas, ni orejones, en el mes de octubre. Búscalas entre marzo y mayo que tendrás tu recompensa, y es que ya lo dijo… ¡pues no sé quién lo dijo!... el refrán: “zapatero a tus zapatos”.

Nota: quiero dejar constancia de que yo me refiero al hongo de la fotografía, por ser al que, creo, hace mención Ángel Rodríguez y recoge Delibes en “Castilla Habla” página 85. Pero si estoy equivocado y es otra seta a la que hacen mención, vuelvo la espada a la vaina -quiero decir que me la envaino- pido humildemente perdón y vosotros podéis seguir buscando crispillas en el mes de octubre o cuando lo creáis oportuno. Pero eso sí: las colmenillas, o manjarrias, en primavera. Y los pucheruelos a partir del mes de febrero. Muy ricos los pucheruelos, para este aporreador de teclas: mejores que las manjarrias: no hay comparanza.

Al menos esto es lo que hay en…
Camporredondo, 25 de septiembre de 2016.

martes, 12 de julio de 2016

El matacán.

El DLE (Diccionario de la Lengua Española) en su acepción 3 dice:

Matacán
3. m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros.

El glosario de Cátedra Miguel Delibes dice:

Matacán

VHCV p. 77, passim

El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3. 
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros.

Y en Facebook encuentro:

14 h · 
El matacán es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece (VHCV) Matacán: Liebre que ha sido corrida por los perros.

Y yo digo: intentaré dar mi opinión sobre el matacán.

Vamos a ver: ¿a qué tipo de personal va dirigido lo que más arriba he transcrito? ¿Seremos tan brutos los no titulados?

Comencemos por el más fácil y breve: el DLE (Diccionario de la Lengua Española). No señores académicos, a la liebre, no la convierte en matacán el que haya sido corrida por los perros. Más abajo intentaremos razonarlo.

Vamos con Cátedra Miguel Delibes: ¿no le parece, al autor del glosario  de la cátedra, que Delibes –el cazador que escribe- deja meridianamente claro lo que es el matacán? ¿Corregimos, o intentamos corregir, al maestro?

Y a continuación vamos con D. Jorge Urdiales Yuste: 

¿Sería usted tan amable de sacarme de dudas? A mí me parece -sólo me parece- que usted, como el aceite, desearía quedar encima, pero -otra vez más-  le diré una cosa: hay más diferencia entre usted y el lenguaje rural que Delibes usa, que entre el párvulo y el maestro en la escuela. Si no tengo razón  ¿por qué usted intenta darnos otra versión de la que nos da el escritor? ¿No está claro, o no lo entiende?

Y  ahora para todos aludidos más arriba:

Delibes en “El matacán del majuelo” nos deja más claro que el agua (así decimos los de mi pueblo) lo que es un matacán, no creo que haga falta repetirlo. Pero vamos pasito a pasito.

Cuando la liebre nace, en sus propios genes ya lleva escrito que vive en un ambiente que no la perdonará el menor error o descuido. Así, enseguida deberá cuidar de no ponerse al alcance de la comadreja, del turón, del gato, del lince, del raposo, del jabalí, del lobo… etc. etc. etc. además de las rapaces que intentarán hincarle las garras y el pico en cuanto se descuide. Y aquí viene la pregunta del ex pastor y ex cazador: ¿cómo creen ustedes que la liebre llega a matacán? Pues eso, eso; corriendo, corriendo. Bueno debo añadir que en sus primeros días en este medio natural en que la toca vivir, más que correr gazapea (que quiere decir que se mueve sigilosamente, dicho sea de paso para el experto que piensa que es buscar gazapos porque son más fáciles de cazar que los conejos) gazapea, decía, porque no quiere que la vean y se la zampen. Pero, a medida que crece, prefiere poner tierra de por medio, lo cual le facilita llegar a matacán que, como acabamos de ver, no hay necesidad de que la corra el perro. A medida que la liebre va echándose sus, obligadas, carreras, va enmagreciendo, va musculándose, se le van alargando sus patas traseras… se le va aquillando el pecho (se le pone pecho de liebre, pechiliebre ¿os acordáis?), y corta el viento como un dalle, que es lo que dice Delibes. Y todo esto ha ocurrido sin que el galgo (perro) haya visto a la liebre.

Pero claro; si ignoramos que la liebre tiene muchos enemigos naturales que la obligan a correr, llegamos a pensar que si no la corre el perro nunca llegará a matacán. ¡Craso error!

El galgo del guarda Bonifacio Alonso con la libre de los majuelos de La Gamarra en Camporredondo, o el lebrel de Arabia de Don Benjamín con la liebre del majuelo del tío Saturio (ver El matacán del majuelo), no pudieron nada contra el animal porque ya era matacán (liebre a lo bestia). Los galgos del pueblo tampoco la alcanzaban porque la liebre había enmagrecido, se había musculado, se la habían desarrollado las patas traseras, el pecho se la había aquillado y para cazarla tuvieron que hacerla trampas: a los dos matacanes (¿o fue uno sólo?) les mataron de dos disparos: uno murió camino del perdedero natural y el otro al llegar al Monte Arenas –su perdedero natural- donde, saliendo por detrás de un pimpollo su cazador-matador, dos disparos acabaron con él, el matacán de La Gamarra.

Y nada más. Repito lo que dijo Delibes sobre el matacán:

Matacán

VHCV p. 77, passim
El matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.

¿Alguien puede decirlo más claro? En el pueblo tenemos la misma opinión: la liebre llega a matacán a fuerza de años y carreras que no, necesariamente, las dará perseguida por el galgo (perro).

Esto aprendí en mi juventud, y esto digo en:

Camporredondo, 9 de julio de 2016





sábado, 12 de septiembre de 2015

Escríbalo vs escíbalo

Una vez más queda patente la baja o nula credibilidad que me ofrecen estos libritos titulados “diccionarios”, o el bajo o nulo interés que demuestra su autor por la obra de Delibes y el lenguaje rural.

Intento razonar lo que digo: en la página 132 del “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” -editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua-, en el mismo “diccionario” -editado por ediciones Cinca, página 68- y en Cátedra Miguel Delibes, se repite lo que, fielmente, transcribo:

Escríbalo
ET p. 118
(...) un acre olor a
escríbalos y boñiga.
Escríbalos:
El término empleado en la zona es "escíbalos" (cagarruta de oveja o cabra) aunque por su parecido alguien pueda llamarlos "escríbalos". (Investigación de campo)

Leído esto, y leído “El tesoro” página 134, Círculo de lectores, año 1989 -con carta del autor incluida-, encontramos alguna diferencia. Dice el escritor:

(…) Ya en la esquina, tomaron el callejón de la izquierda, a la abrigada, cuyo piso, reblandecido, exhalaba un fuerte olor a escíbalos y boñiga. (…).

Bien. A ver por dónde empiezo: si en la edición de “El tesoro” que el autor ha leído se hubiera colado un error de imprenta, ¿no debería molestarse en investigar un poquito?, ¡siquiera un poquito! El autor de los libritos dice que el término empleado en la zona es escíbalos. Pero entonces… esa investigación de que alardea ¿para qué sirve? ¿Y si el autor hubiera leído erróneamente, podemos achacar el error al escritor? ¿Pretendemos eso?

Señores, ante esto, yo no sé qué pensar… bueno sí sé lo que pienso aunque no lo deba escribir.

Lo que sí quiero es reiterar el gran riesgo que corre la obra de Delibes y el lenguaje rural si su comprensión queda en manos de estos libritos. ¿Pasaremos a la historia de dicho lenguaje la palabra escríbalo, porque un señor no supo leer al escritor, así lo entendió y la daremos por verdadera? Tengamos en cuenta –vuelvo a recordar- que el autor de los libritos es filólogo doctor cum laude en ciencias de la información y, a su vez, vienen avalados por: Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua, Fundación Miguel Delibes-en cuya sede se presentó la edición de ediciones Cinca-, Cátedra Miguel Delibes, diario El norte de Castilla, ministerio de incultura rural, Excma. diputación provincial de Valladolid… y admirado por todos aquéllos que desconocen el mundo en torno al cual gira buena parte de la obra de Delibes: el mundo rural.

¡Para qué insisto, si da igual! Delibes no escribió la palabra escríbalo. Esta palabra es fruto de la más absoluta ignorancia del que se cree docto en esta materia. Digo ignorancia porque no quiero pensar en mala fe.

Y por hoy punto final.

PD después del punto final quiero rogar respuesta a una pregunta que se me ocurre al autor de los libritos: usted dice “…aunque por su parecido alguien pueda llamarlos “escríbalos”. (Investigación de campo). ¿Quiere usted, señor autor, decirnos quién es ese alguien que, según usted, lo llama escríbalos?

Gracias.


Camporredondo, 11 de septiembre de 2015.

domingo, 2 de agosto de 2015

Cachaba/cachava

Cachaba
EC p. 206
Luego le dio a besar su mano y se alejó, apoyándose en la
 cachaba, 
cachava.
 
1.
 f. cayado (palo o bastón curvado en la parte superior).
cayado.
 (Del lat. caia, garrote).
1.
 m. Palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener las reses.
Cachaba:
 Palabra inexistente con "b". Consideramos que es un error de imprenta. (Investigación de campo)
LR p. 31
(...)con una
 cachaba en cada mano,
LR p. 32
(...) clavó en el suelo una de las
 cachabas (...)
ET p. 81
(...) recostados en las
 cachabas,

Recogido en Cátedra Miguel Delibes, Diccionarios de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes editados por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua y ediciones Cinca.

Cuando cachemos patatas, tueros, surcos, etc. usaremos el verbo cachar:

Pretérito imperfecto o Copretérito
cachaba
cachabas
cachaba
cachábamos
cachabais
cachaban


Ahora que hablamos de “cachava” (cayada para los pastores), veremos que hablamos de algo distinto.

Vaya manera de complicar las cosas. Y lo más curioso, creo yo, es por no emplear la palabra en el lenguaje del que siempre usaba la cayada: el pastor.

En mi vida -como conductor de rebaño de ovejas- os puedo asegurar que conocí a bastantes pastores y, ¡qué casualidad! cada uno usábamos un palo, más o menos pulido, al que doblábamos en forma de arco en uno de los extremos y lo llamábamos… ¿cómo lo llamábamos? Pues eso: cayada. Seguramente -mejor digamos es posible- que a algún culto señor se le ocurriera que  aquella palabra sonaba demasiado rústico y, para destacar, dijo: esto se llama cayado, palo, bastón, garrote, báculo y vaya usted a saber de cuantas maneras más. Todo menos cayada que suena a paleto.

Aquí tienen una muestra que avala lo que digo

Dice el DRAE:

cayada.
(Del lat. caia, garrote).
1. f. cayado ( palo o bastón).

cayado.
(Del lat. caia, garrote).
1. m. Palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener las reses.

Como veis cayada no tiene definición. La definición hay que buscarla en cayado que, como vemos, nos dice que es “especialmente el de los pastores”. De paso quiero añadir que servía para muchas cosas más que para sujetar a las ovejas.

Ya saben que lo que quiero es aprender. Entonces, pregunto: si el cayado es especialmente el de los pastores, y éstos, los pastores digo, hace muchos, muchos años decidieron que se llamaba cayada ¿quién debe decidir el nombre?

Esto me recuerda –más de una vez me ocurrió- que cuando el sujeto se creía por encima del nivel del pastor y su rebaño para abrirse paso entre las ovejas lanzaba puntapiés -mejor diré coces o patadas- a la vez que gritaba ¡aparta ovejo! Una vez le dije a uno de estos "intelectuales": “¡eres tan bruto, tan torpe, que no sabes que son ovejas!

Resumiendo: ya sabemos que la palabra proviene del latín caiado-caiada, pero también sabemos que el latín no es idioma muy al uso corriente. Es por eso por lo que reivindico la palabra cayada en castellano, porque fue mí  (y de todos los pastores que conozco) útil de trabajo.

En fin que yo decía hace un rato que vaya manera de complicar las cosas con lo fácil que es: ni  con “B”, ni con “V”: cayada. También encuentro -entre el mundo llamado “culto”- que hay quien lo complica de la manera que acabo de sugerir que, en vez de escribir cayada, escribe callada que, quizá, es lo que yo debería haber hecho: callarme. Pero no quiero hacerlo, porque quiero reivindicar la palabra cayada que parece que no se usa demasiado. Al mismo tiempo quiero rendirla un homenaje y para ello, aunque sea repetirme os vuelvo a ofrecer –con vuestro permiso- este extraordinario romance que, casi seguro, escribió un usuario de la CAYADA.

Bueno que, por mí no ha de quedar; quiero reivindicar y reivindico, en esta tierra castellana de mis amores; ni cayado, ni báculo, ni garrote, ni palo, ni estaca, ni cachava… El equipo pastoril lo formaban: la alforja o el morral, la manta y la CAYADA. Es posible que hasta aquí llegara de la mano de los merineros en su trashumancia entre las dehesas de Extremadura y las montañas de León. De cualquier forma, lo que este ex pastor y sus colegas más inmediatos manejábamos era la: CAYADA.


Dos cayadas. La de la izquierda -del bisabuelo
Patricio- lleva más de 150 años llamándose cayada

                                                                  Camporredondo, 2 de julio de 2015