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lunes, 3 de abril de 2017

Lechazar

Vamos con una pequeña curiosidad que tengo:

Ya sabéis que hubo un tiempo en que mi profesión -a tiempo completo- fue pastor. Bien. Pues resulta que, pese a haber nacido entre ovejas, jamás pude observar que la oveja pariera otra cosa que no fuese cordero/a lechal (se alimentara, al principio, sólo de leche). Digo esto, porque escuchando un programa de radio (22-3- 2017) dedicado al campo –que sigue siendo lo mío, y me gusta- preguntan a su “experto” por la palabra “lechazar” que Miguel Delibes maneja en el libro “Castilla habla”… y el “experto” nos saca de dudas. Entre otras cosas, dice:

 (…) ninguna oveja para lechazar como la churra. Lechazar es, por tanto, parir corderos lechales, sean de la raza que sean.

¡Toma castaña!

Ahora, ahí va mi pregunta para ver si el “experto” o la emisora, pueden, o quieren, responder: ¿la oveja puede parir cordero/a pascual? ¿Quizá borrego/a? ¿Tal vez ya carnero…? En pocas palabras: ¿la oveja puede parir otra cosa que no sea cordero/a lechal?

Lo que Delibes escribe es lo que Florencio le dice; y yo estoy de acuerdo: (…) Por eso le digo que, por estas tierras, ninguna como la churra para lechazar, (…)

Queda meridianamente claro que todas las ovejas –no faltaría más- paren corderos lechales: todos los corderos tienen la necesidad de, al nacer, mamar; aunque también puede ser alimentado con biberón pero, en cualquier caso, con leche. Mejor, al principio, con los calostros de la madre.

Pero si bien todo esto es cierto, no lo es menos que -eso es lo que dice Florencio a Delibes, y yo estoy de acuerdo-  de entre todas las ovejas -sean de la raza que sean- que traen corderos a la vida (paren), la mejor para lechazar (producir lechazos de calidad) es la churra. O sea que el mejor lechazo para el asado castellano es el que pare la oveja churra.

Lechazar: Producir corderos para ser destinados al consumo como lechazos, es decir: alimentados sólo con leche, en este caso para el asado castellano. También para chuletillas; pero el señor Florencio está hablando -y así lo recoge Delibes- del asado castellano. Y para eso, qué duda cabe, el más fino, el mejor, es el parido por la oveja churra. (La mejor oveja para lechazar es la churra).

Bueno y… nada más. Espero que los “expertos” arrojen un rayito de luz sobre mi oscura ignorancia.

Permitidme que, sobre el tema, os recomiende el libro -de Luciano López Gutiérrez- “En torno a las palabras de Delibes” y en su página 142-143 encontraréis lo que es saber sobre lo que se habla. En este caso sobre la palabra lechazar.

Y ahora permitidme una licencia, dice el refranero: “para gustos los colores” y yo añado: “para los paladares los sabores”. ¿Por qué lo digo? Pues porque estoy de acuerdo con lo que el señor Florencio dice acerca de que el cordero de madre que ha pastado por el Valle Esgueva puede ser más fino, pero, en contraposición, yo me quedo con el cordero segoviano que, por haber comido la madre otro tipo de hierba -más consistente y aromática-, transmite al hijo y, qué duda cabe, a su carne, un sabor distinto. Así que: ¿el lechazo del Valle Esgueva es más fino? Sí. ¿El segoviano, distinto, otro sabor? También. “Para gustos los colores y “para los paladares, los sabores”.

Y así terminamos en:

Camporredondo, 30 de marzo de 2017.

sábado, 28 de enero de 2017

De herradas y herradones

Herrada, izquierda, y herradón. Se aprecia que son dos recipientes distintos

Amigo Piscator: si “una imagen vale más que mil palabras”, aquí tienes la imagen de la herrada y el herradón en Camporredondo. Así son y así las conocí siempre. La herrada siempre de cinc. Dudo que, en otro tiempo, haya habido herradas, ni herradones -nunca los vi-, de latón (aleación de cobre y cinc). Por aquí las herradas eran, y son, de zinc y los herradones de los “alfares bíblicos” de los que habla Delibes en “Castilla habla”, siempre de barro cocido. Tal vez en tiempos remotos las herradas fueran de madera reforzadas con aros de metal y de ahí le venga el nombre de herrada: “recipiente de madera reforzado con aros de hierro“ pero este cura –entrado ya en años- no lo sabe.

En cuanto a los tamaños de herradas y herradones, las había de toda capacidad. El consumidor nunca tuvo problemas para elegir lo que mejor se adaptara a sus necesidades.

Respecto del uso que le da el diccionario, podemos pensar que una pieza con esta forma sirve lo mismo para transportar leche que para sacar agua del pozo. Además, para ambas cosas se usaba. De forma que el herradón nunca es el aumentativo de herrada (así como collerón no es aumentativo de collera) sino que son dos útiles perfectamente diferenciados, aunque a los dos se les den usos similares.

En cuanto al cubo o la herrada, es curioso como se decía “coge le herrada y sacas un cubo de agua del pozo”, por lo que es fácil deducir que el cubo y la herrada son la misma cosa. Así fue y así es aquí y ahora.

Aprovechando que el Pisuerga pasa por un pueblo a 30 kilómetros de Camporredondo, incluimos foto de otro recipiente que tampoco debe estar muy claro para lo que se usaba: el balde. Observamos que del mismo material, zinc, se fabricaban el balde y la herrada.

Baldes en el corral. Como la herrada: son de cinc.


Camporredondo, 28 de enero de 2017









lunes, 23 de enero de 2017

A vueltas con el herradón

Óscar  -seguidor y comentarista de “La pizarra de Gaude”- en reciente comentario, me animaba –aun a riesgo de que me llamen pesado- a seguir defendiendo el lenguaje rural. Pues bien, dígole a Óscar: no te preocupes, que este paleto no se rinde ante "expertos", ni sus "voceros" afines.

No me canso de repetir -a los seguidores de “La pizarra de Gaude”- que el experto en la narrativa de Miguel Delibes no ha leído la obra del escritor (quizá ahora vaya leyendo). Una muestra más de ello es lo que intentaré teclear a continuación.

De nuevo transcribo lo que apareció en los mal llamados “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” y en “Cátedra Miguel Delibes”

Herradón
CH p. 120
(...) los
herradones que ha encargado una clienta.
Herradón:
n.m. Cubo grande de metal de uso exclusivo para el ordeño. 2. n.m. Garrafa grande de hierro galvanizado en que se vierte la leche ordeñada. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Herradón:
Cubo grande de latón o zinc que dobla en tamaño a la herrada. Se empleaba para ordeñar a las ovejas. Consta de asa y de un saliente en su parte superior para sacar la leche sin dificultad. Es más ancho en la parte inferior con el objeto de que no lo vuelquen las ovejas al ordeñarlas. (Investigación de campo)

Y a continuación lo emitido en “Es Radio CYL” programa “Es el campo” “Dialecto agrario”, el miércoles 18 de enero de 2017 en la voz de su autor.

De nuevo la presentadora pregunta a los invitados que -como suele ocurrir- no conocen la palabra. Entonces la presentadora recurre al “experto” señor Urdiales: ¿qué significa la palabra herradón?, Cuéntanos. El experto responde:

“Muy buenas tardes. Hoy me gusta muchísimo la palabra que traigo que es la de herradón. Un herradón es un… recipiente. Un recipiente, es un cubo grande de metal en principio de uso exclusivo para el ordeño, en principio. Luego es curioso como Miguel Delibes lo emplea en un libro que se llama Castilla habla y… bueno alguien le estaba comentando a Miguel Delibes, -habla de los herradones que ha encargado una clienta para poner flores- aunque la verdad, dice el que está hablando, es que estos chismes se siguen vendiendo para ordeñar. Realmente era su función original y para lo que la gente en general los empleaba. A día de hoy, pues claro, ya siglo XXI, segunda década del siglo XXI, se pueden comprar herradones para poner lo que uno quiera: flores u otra serie de cosas. Pero, originalmente -la gente mayor sí que lo recuerda- un herradón es un cubo grande de latón o de cinc que, en principio, dobla en tamaño a la herrada, que también es otro de los aperos conocidos. Y es verdad que se empleaba para eso, para ordeñar las ovejas. Claro, constaba de un asa y un saliente en su parte superior para poder sacar la leche sin dificultad. Una vez que ya tiene leche suficiente… para derramarla, o lo que quisiera, pues tiene ese saliente. Muy importante: el herradón es más ancho en la parte inferior que en la superior ¿para qué? con objeto de que cuando el pastor ordeña las ovejas si la oveja da una patada o… mueve de alguna manera el herradón… el herradón, en general no caiga, puesto que es más ancho en la parte de abajo. De manera que se mantiene mucho mejor y bueno… es una manera de salvar la leche que uno está ordeñando ¿no? Así que herradón es el cubo grande que es más ancho por abajo y que se empleaba básicamente para ordeñar a las ovejas”.

De momento diremos que Delibes escribió "Castilla habla" hace 30 años (1986) y no en la segunda década del siglo XXI. ¿La gente sigue comprando herradones para poner flores?

En entradas anteriores referidas al mismo tema, u otros, yo sostengo que el autor de los desaguisados no había leído al escritor. Sin embargo ahora (hoy) no lo tengo tan claro porque, a ver: ¿no sabe el señor Urdiales que el que habla con Delibes es el alfarero (cacharrero entre nosotros) Conceso Gómez? Desde luego si a estas alturas no lo sabe, es que ahora tampoco ha leído “Castilla habla”, en cuyo capítulo XX. “Alfares bíblicos” Delibes pega la hebra con los hermanos -alfareros ellos- Conceso y Alberto Gómez San José.

Pero lo que yo opino (malpensado que es uno) es que el experto necesita deshacerse de la palabra alfarero y alfarería para seguir sosteniendo que los herradones son/eran de latón o cinc, materiales que no son los más adecuados para el trabajo en el taller de alfarería de los hermanos Gómez San José en Arrabal de Portillo. O sea que el experto tiene dos opciones: eliminar a los alfareros, y su alfarería, y seguir con los herradones metálicos, o aceptar que nunca tuvo ni idea de lo que era un herradón. Parece que ha optado por eliminar la palabra alfarero y seguir manteniendo los herradones metálicos que no son los herradones en la narrativa de Delibes.

De manera que le dejo dos preguntas -de momento- al señor Urdiales: ¿usted no se dio cuenta de que la conversación que Delibes sostiene con los hermanos Conceso y Alberto transcurría en Arrabal de Portillo y, además, que ésta se llevaba a cabo dentro de un taller de alfarería? Y si se dio cuenta… ¿no sabe usted que en las alfarerías de Arrabal de Portillo sólo se trabajaba el barro?

Y seguimos. Si el lector no es tonto -que no lo es- se ha dado cuenta que el autor de la entrevista radiofónica (“experto” en Delibes) para salir del paso se ha cepillado a los hermanos alfareros y los ha sustituido por “alguien le estaba comentando a Miguel Delibes,” “(…) aunque la verdad, dice el que está hablando…”. Queda suficientemente claro que el que comentaba y hablaba con Delibes era el alfarero Conceso Gómez, pero el señor Urdiales no está interesado en descubrirlo.

Paso a paso el herradón del señor Urdiales, y el herradón en la narrativa de Miguel Delibes:

Dice Urdiales.- “… es un cubo grande de metal…” Pues no, no es cierto: los de Miguel Delibes son de barro cocido y, además, vidriados por dentro para mayor higiene. Elaboran el barro y confeccionan los herradones los hermanos, alfareros, Alberto y Conceso.

Sigue el “experto”.-“… en principio, de uso exclusivo para el ordeño…” Pues no, en principio no, el herradón fue inventado para el ordeño y así se usó desde tiempo inmemorial. Uno es libre, después, para usarlo como jarro para el agua o el vino. (El trillo se inventó para trillar, aunque a alguien le parezca muy adecuado como mesa de comedor: no es mi caso).

Sigue adelante.- “… un herradón es un cubo grande de latón o de cinc…” Pues tampoco: en la narrativa de Miguel Delibes no son de aleación de cobre y cinc (latón) ni de cinc. Demostrado: son de barro cocido.

Vamos más allá.- “dobla en tamaño a la herrada…”. No, no, en casa –y en muchas casas de Camporredondo- los hubo de unos dos a tres litros (para ordeñar a la cabra) y eran herradones… bueno, a veces, sobre todo si en la casa no los había más grandes, los llamábamos herradoncillos.

Otro pasito.-”…constaba de un asa…” No, no y no, eso sería una herrada: el herradón tenía dos asas… siempre. Era condición indispensable para facilitar su manejo. Si el "experto" hubiera ordeñado con el herradón se habría dado cuenta de lo útil de las dos asas.

Vamos con el último.- “… el herradón es más ancho en su parte inferior…” naturalmente, para darle mayor estabilidad; así como en su parte superior es más estrecho para evitar que la leche salpique al ordeñador y/o se caiga al suelo.

Y así, como dicen que “una imagen vale más que mil palabras”, ahí va el herradón que los hermanos Conceso y Alberto confeccionaban en su taller alfarero de Arrabal de Portillo. Allí, sí, allí donde Delibes conversa sobre herradones y otros cacharros de alfarería. Quiero hacer constar que con el mayor de los herradones de la foto este aporreador de teclas ordeñaba a sus ovejas.

Herradones (dos de ellos mancos) al lado del entremijo/prensa familiar.
Aquí os presento tres tamaños de herradón (dos con un asa rota). Hay alguno más, y falta el más pequeño que no hemos llegado a tiempo para su salvación. ¡Qué le vamos a hacer!

¡Ah! Una pequeña advertencia que los seguidores de “La pizarra de Gaude” ya se han dado cuenta: la parte interior del herradón esta vidriada. El motivo no es otro que para facilitar su limpieza para mejor higiene.

XX. Alfares bíblicos. Este es el capítulo y título de la obra de Miguel Delibes “Castilla habla” en su página 119. No tengo que decir que si alguno de vosotros está interesado en conocer, mínimamente, el oficio de cacharrero (alfarero) por estas tierras nuestras y, por ende, de Delibes, no tiene más que darse un garbeo por las cuatro páginas y media en las que el escritor nos narra con toda claridad lo que este digno oficio fue en tiempos remotos, o no tanto.

Después de que lo hayáis leído no os quedará ninguna duda de que lo que fabricaban los hermanos Alberto y Conceso Gómez San José, en su taller de alfarería en Arrabal de Portillo, era toda clase de cacharros de barro cocido que después vendían por todas partes, principalmente por estos pueblos de Dios. Así como también queda claro que el señor Urdiales no conoce la palabra herradón en la narrativa de Miguel Delibes.

Herradones bajo el entremijo en el que doña Josefa, mi madre, hacía el queso

Y una nota para el señor Urdiales:

Mire usted, quizás este -su amigo- no sepa si herradón se escribe con “H” o sin ella; pero en cuanto a si eran de barro o de latón los que fabricaban los hermanos Conceso y Alberto en Arrabal de Portillo no le diré más que con dos de la fotografía -que mi madre compró directamente a los cacharreros, (alfareros)- me tocó ordeñar algunas ovejas desde que me salieron los dientes. Los corderos berreaban en el corral y yo –al nacer- lo hacía separado por una sencilla ventana. Lea usted a Delibes.


Camporredondo 20 de enero de 2017.

lunes, 5 de diciembre de 2016

¿Gazapo? ¿lebrato?

¿Gazapo? ¿Lebrato? Veamos.

Aun después de vista la acepción recogida en el Diccionario de la lengua Española (DLE), si yo tengo que decidirme sobre a qué animal -cría del conejo o de la liebre- debo denominar como gazapo, lo tengo claro: siempre me decidiré por la de la liebre. Además de ser lo que vi y aprendí desde mi más tierna infancia, creo que es lo que más se ajusta a la realidad de la palabra gazapear que, últimamente, nos ocupa. Intentaré razonar por qué:

Para ello definiremos de nuevo la palabra “gazapear”:

Gazapear es imitar el desplazamiento del gazapo que, sabiéndose débil, trata siempre de moverse con toda la cautela del mundo, ora reptando, ora ocultándose tras de la mata, terrón, surco o piedra que tenga más a mano. El gazapo (cría de la liebre) desde su nacimiento sabe que su vida depende de evitar, en lo posible, ser visto, porque sus exiguas fuerzas no son suficientes para defenderse corriendo como hacen los adultos.

Admitido esto (en ambiente rural), pregunto: ¿qué animal -cría de la liebre, o cría del conejo- tiene más necesidad de gazapear? La cría del conejo –llamado, por casi todos, gazapo- cuando sale a la superficie ya es capaz de moverse con cierta soltura y autonomía. Además, en sus primeras aventuras, siempre se mantiene cerca de la cueva/madriguera donde nació ¿sí o no? Sin embargo, al que “otros” llaman sencillamente lebrato, viene al mundo en la superficie, sin más techo que le cobije que el cielo –azul, o encapotado- . Lo que acabo de decir no lo he aprendido en ninguna enciclopedia, como no sea en la enciclopedia de la vida en la naturaleza. He visto muchos gazapos (hijos de liebre) que, aun estando yo observándoles, permanecían como clavados en la tierra; sabían que su vida dependía de no ser vistos, por lo que se mimetizaban hasta confundirse con el suelo, del que sólo destacaban los ojillos muy abiertos y asustados. Lo mismo que muchas veces, cuando la liebre no ve campo libre (está rodeada por el rebaño de ovejas) gazapea, se mueve pegada al suelo tratando de no dejarse ver. Cuando la liebre -o cualquier otro animal- se mueve de esta manera, decimos que gazapea (imita al gazapo). Queda claro que estoy hablando del gazapo en el campo, porque no tendría mucho sentido hablar de gazapear si el gazapo está encerrado en la conejera. Delibes observó que el “zorro manco gazapeaba a un kilómetro”, luego estaba a campo abierto.

O sea: si la cría del conejo cuando sale de su madriguera ya es medianamente suficiente para moverse con un mínimo de autonomía, y además se le ofrece la seguridad de la cueva/madriguera, y la cría de la liebre nace sin otro techo que el cielo… ¿quién de los dos estará más necesitado de permanecer oculto, o moverse con sigilo (gazapear)? ¿Y cuando se mueve despacio y con toda la precaución del mundo, qué decimos? Pues eso, decimos que gazapea, y para gazapear, nadie más indicado que EL GAZAPO.

Termino. Jamás he visto gazapear a la cría del conejo porque, si son sorprendidos, siempre se dirigen, decididamente, a la madriguera. Sí he visto gazapear a la cría de la liebre, porque no tiene más remedio que hacerlo si quiere llegar a MATACÁN (gazapo, lebrato, menos de media liebre, media liebre, más de media liebre, liebre y liebre en grado superlativo: MATACÁN).

Debo dejar claro que no soy yo el que ha inventado que el gazapo es la cría de la liebre, esto ya lo decían mis abuelos y creo los abuelos de mis abuelos también. Bueno, y ya sabéis: fui pastor, y creo que los abuelos de mis abuelos también, así que algunos hemos visto.

Resumiendo: cuando me hablan de gazapo –no de errata, del gazapo animal- siempre pregunto si la cría de la libre o del conejo, a pesar de que pienso que el verdadero gazapo, el más necesitado de gazapear por estar más desvalido, es el por otros llamado lebrato, o sea el hijo de la liebre.

Ah, ¿qué como llamamos nosotros a la cría del conejo? Pues lisa y llanamente… conejillo y cuando es un poco más crecido decimos conejete, que es una categoría superior.

Como veis, a pesar de haber estado fuera unos pocos años, sigo siendo más de campo que eso que gusta tanto a los conejos: las amapolas, o las cerrajas (lecherines para el Nini), que también les llena satisfacción. Y cuidado con dárselas húmedas: pueden ser letales.

Esto es, en cuestión de conejos y liebres, sólo un apunte que hacemos desde…


Camporredondo, 25 de noviembre de 2016.

lunes, 17 de octubre de 2016

Galápago

Comprenderéis, amigos, que si Delibes habla de ovejas -y su “experto” también-, si un ex-pastor no se pronuncia acerca del tema, quedaría un poco deslavazado ¿o no? ¡Pues vamos allá!:

Galápago
LR p. 145
(...) pues según sabía por el Centenario, la oveja que come centellas cría galápago en el hígado (...)
Galápago: En las ovejas, enfermedad que las lleva a la muerte después de unos 10-15 días. Es una especie de cirrosis. El animal va languideciendo y mostrándose triste hasta que, finalmente, muere. (Investigación de campo)

Os lo presento tal cual aparece en Cátedra Miguel Delibes (y en los “diccionarios” del mismo autor que publica al amparo de la Cátedra). Pero hay más: en el programa “Es el campo” de Es radio CyL, (5-10-2016) tuve ocasión de escucharlo y observé que el “experto” en nada ha variado su manera de entenderlo, sino que lo ha ampliado. Dice, exactamente, lo mismo que ya dijo en sus intervenciones anteriores en los otros medios, más su explicación añadida.

Quiero acudir en defensa del entrevistado por la presentadora: ésta le preguntó si sabía lo que era el galápago, y yo creo que respondió adecuadamente, dijo: Como no sea un animal… y claro, como para eso está el “experto” en Delibes… la locutora reclamó su auxilio.

El señor “experto” -que sigue sin entender el lenguaje rural y por ende el del escritor- dice: no, según Delibes no es un animal, es una enfermedad, una especie de cirrosis y nos larga lo que él ha entendido, eso sí, poniéndolo siempre en la pluma del escritor… porque ésa es su fuerza, más ahora que Delibes no está.

Para que no tengáis que acudir a vuestra librería, os transcribo lo que Delibes escribió en “Las Ratas”: “Por Nuestra Señora de la Luz brotaron las centellas en el prado y el Nini se apresuró a enviar razón al Rabino Grande para que alejara las ovejas, pues según sabía por el Centenario, la oveja que come centellas cría galápagos en el hígado y se inutiliza”.

Como podemos leer, Delibes no hace mención a enfermedad ninguna, así como tampoco a que en 10 o 15 días la oveja muere. El escritor nos dice que la oveja cría galápagos por comer centellas. Lo demás es fruto de la tan socorrida (investigación de campo) que de tanta ayuda le sirve al señor Urdiales. Entretanto seguimos sin saber en qué entorno se produce la “(investigación de campo)” que, a nosotros, nos daría ocasión de consultar para ampliar nuestra exigua cultura rural.

Viene la opinión del ex-pastor que dice: señor al que preguntó la locutora, usted tenía razón; el galápago –además de islas y tortugas- es un animal. Es un animal, en forma de lombriz, que puede invadir el cuerpo de la oveja si ésta ha comido centellas. Delibes sólo dice centellas (plantas), pero hay otros posibles motivos como, más adelante, veremos.

¿La oveja, enferma –según Delibes- por haber comido centellas? ¡Pues parece que sí! Pero la enfermedad que la lleva a la muerte es la producida por un animal (lombriz) que se llama galápago y que invade su cuerpo –también el hígado- provocándole la muerte.

Aparte de la decadencia en que entra la oveja que padece de galápagos (lombrices), hay otro síntoma externo y es que, decimos, tiene papada. Esto –no soy veterinario- parece que es provocado (la papada, o papera) por los galápagos que invaden el hígado del animal.

De manera que, entrevistado y bien informado señor, el galápago es un animal. Animal que invade el cuerpo de la oveja y puede provocar su muerte en breve espacio de tiempo.

Comentario: Delibes no dice que el galápago es una enfermedad. Lo que el escritor dice es que la oveja que come centellas cría galápagos y sí, es cierto, los galápagos (lombrices) acaban matando al animal. Los galápagos, exactamente igual que el lobo, no son una enfermedad de la oveja, aunque unos y otro la maten.

Galápago: animal en forma de lombriz que se instala en distintas partes del cuerpo de la oveja –también en el hígado y pulmones- y que puede acabar matándola.

Y vamos con los galápagos de Camporredondo, y su posible afectación a la oveja. Para este ex-pastor -y su entorno- siempre que una oveja enfermaba y uno de los síntomas era que tenía papada, decíamos que tenía galápagos y nosotros, incultos como dice el “experto” en Delibes, lo achacábamos a que había bebido agua estancada en un estanque en el que había galápagos. También decíamos que por comer hierba cerca de la cagada de un perro (por aquello de las lombrices). De ahí que la oveja tuviera galápagos. No, nunca oí que fuera por comer centellas, y otras hierbas, aunque también puede ser: yo lo ignoro

Lo del agua estancada y los galápagos también lo decíamos cuando en una pequeña laguna de agua veíamos, de niños, muchos bichos del estilo de las lombrices. Decíamos: no hay que meterse ahí porque está lleno de galápagos. Así que nosotros, a todo aquello que tuviera forma de lombriz, lo llamábamos galápago.

Resumiendo: el galápago es un animal (especie de lombriz). Se fija en distintas partes del interior de la oveja en cuya salud produce muy graves problemas. ¿Es una enfermedad de la oveja? No. Es un animal, o bicho, que provoca graves alteraciones en la salud de la oveja, entre otras provocar papadas o paperas –no sé que será más correcto- y llega a ocasionar su muerte.

Otra cosa que ignoro es si el problema que acarrea el galápago en el hígado de la oveja se llama cirrosis –veterinarios tiene la ciencia que lo podrán responder-.

Así que: Delibes nunca dijo que el galápago fuera una enfermedad de la oveja. Sólo dijo que la oveja que comía centellas criaba galápagos. Tampoco dijo que muriera en 10 o 15 días, esto es fruto de la (investigación de campo) del señor Urdiales, a la que yo no puedo acudir, para contrastar, porque no sé donde se realizó la investigación.

Hace más de cien años ya era así y, mientras algún experto no nos convenza de lo contrario, así seguirá siendo en Camporredondo.

Nota final:

1.- por falta de base científica, lo único que no admite duda es que el galápago es un animal en forma de lombriz. Tiene este nombre porque los humanos hace muchos, muchos años, así lo decidieron.

2.- que se instala en el interior de la oveja creándole graves problemas de salud.

3.- que hay distintas creencias de cómo llegan al interior de la oveja.

4.- que Delibes nunca dijo que fuera una enfermedad de la oveja, sino que el Nini aprendió del Centenario que la oveja que comía centellas criaba galápagos.

5.- que no leemos, o mal interpretamos, lo que el escritor escribió.

He dicho, lo que he dicho, en:

Camporredondo, 7 de octubre de 2016

martes, 28 de junio de 2016

¿El más experto?: el DRAE.



Reflexión previa a la entrada de hoy.

No, no debo meterme por terreno resbaladizo porque, seguro, patinaré. Eso ya lo sé. Pero si no me meto en algún berenjenal de éstos nunca sabríais, por vía directa, que nada hay más atrevido que la ignorancia. Y como quiero colaborar a vuestra amplia cultura pues… allá voy, cuesta abajo y sin galga en el carro.

Soy aficionadillo a la obra de Delibes, eso lo sabéis: yo os lo he dicho reiteradamente. Pero lo que no os he dicho nunca es que también me gusta leer comentarios, críticas, opiniones de todo tipo, referidas a D. Miguel y su obra. Y como casi todas son favorables, bien documentadas y razonadas, pues no puedo decir más que, con casi todas, estoy de acuerdo. (Ya sé que algunos me aplicarán la fábula de Tomás de Iriarte; “El oso, la mona y el cerdo”, pero es lo que hay).

Acabo de decir que con casi todos los comentarios sobre la obra de Delibes estoy de acuerdo, pero dentro de ese “cuasi” se encuentra mi total desacuerdo con la forma de entender y comentar la obra del escritor por parte del “experto” que, creo, comenzó intitulándose experto antes de leer la narrativa de D. Miguel para, a medida que transcurría el tiempo, ir aprendiendo por dónde van los –nunca mejor dicho- tiros del escritor.

Pregunto: ¿con solo buscar, en el DRAE, las palabras que el escritor maneja y contarnos lo que, según el diccionario de la Real Academia significan, ya se es experto en Delibes? ¿Tan fácil es? Entonces ¿cómo calificaríamos a los comentaristas a los que más arriba me he referido? El título de hoy en mi entrada en “La pizarra de Gaude” no es tomado al azar: es título pensado y meditado para el caso que nos ocupa. Quiero invitaros a repasar el glosario de Cátedra Miguel Delibes para que veáis y podáis opinar.

Y después de este pequeño comentario, seguimos:

“Cuando el viejo se lo propuso a la muchacha, la Desi palideció, pensando en la Adriana, la resinera, y en Moisés, el que se abrasó la cara en el horno de achicoria, le dijo que se iba con él y que qué le había sucedido al señorito Isaías”. (…)

Has leído bien, sí. Delibes, en "Obra completa 1ª edición página 394 La hoja roja”, nos habla de la achicoria cultivada y del horno en que se tostaba. Entonces, si a nosotros lo que nos interesa… si queremos ser expertos en la narrativa de Delibes… ¿quiere alguien decirme qué pinta aquí lo que sigue?

Achicoria
LHR p. 177, passim
(...) el que se abrasó la cara en el horno de
achicoria, y le dijo que se iba con él y que qué le había sucedido al señorito Isaías.
achicoria.
(De chicoria).
1. f. Planta de la familia de las Compuestas, de hojas recortadas, ásperas y comestibles, así crudas como cocidas. La infusión de la amarga o silvestre se usa como remedio tónico aperitivo.

Pues esto lo encontramos en el glosario de la Cátedra Miguel Delibes (¡vaya tela!) cuyo autor es el mismo de lo que sigue:

(...) en el horno de achicoria (La hoja roja). Achicoria: planta de hojas recortadas y comestibles. Cuando no había café se bebía achicoria.

Y los dos razonamientos son fruto de lo que indico a continuación.

Dice el DRAE:

achicoria.
(De chicoria).
1. f. Planta de la familia de las Compuestas, de hojas recortadas, ásperas y comestibles, así crudas como cocidas. La infusión de la amarga o silvestre se usa como remedio tónico aperitivo.
2.  f. Bebida que se hace por la infusión de la raíz tostada de esta planta y se utiliza como sucedáneo del café.

Que es lo que nos dice el DRAE. Y… ¿qué decía yo al principio? Pues eso: el más experto, el DRAE. ¿Que no te crees lo que digo? Pues vete a la Cátedra Miguel Delibes y echas una ojeada al "espléndido" glosario con que nos obsequia; es digno de un premio Nobel que, de no existir, tendrían que crear como premio a la mejor investigación en lenguaje rural castellano: ¡joder, qué pena!

Nuestro/su deseo es ser experto en la narrativa de Delibes, o eso cabe deducir. Pero el esfuerzo requerido es tremendo. Si queremos saber tanto como sabía el escritor sobre el mundo rural, después de haber pasado muchas horas, muchos días y muchos años, pegando la hebra (pegando y fumando un cigarrillo de hebra mientras charlaba) con la gente de campo... mira que lo digo veces: si quieres comprender el lenguaje rural, el que manejaba Delibes, y no has nacido y crecido en el pueblo, o pateas muchos terrones y charlas con sus destripadores, o no te molestes: siempre serás un analfabeto profundo, por más que tengas todos los títulos académicos habidos y por haber. Y cuanto más hables, más meterás la pata.

Pero ¿qué ocurre si tienes prisa para que se te escuche o se te vea en seguida por televisión? Pues eso, recurres al más experto que conoces: el DRAE. Pero te vuelvo a decir, el Diccionario lo hacen personas que, como tú, jamás han pisado un cavón y en cuanto pisan el terrón, como tú, en seguida tropiezan y se caen. Pero en la academia son, casi, infalibles.

Total que yo, como hombre rural que soy, y me siento, te agradecería que el lenguaje rural vaya por un lado y la academia por otro, no trates de academizar mi lenguaje porque sería un asesinato -de mis viejas y entrañables palabras- con premeditación y alevosía.

Y como final te digo: si quieres saber algo sobre el horno donde se tostaban las achicorias -el equivalente a aquél en el que se quemó la cara Moisés- te aconsejo (¿quién soy yo para aconsejar?) que te des una vuelta por “La pizarra de Gaude”, allí encontrarás (gratis) lo que buscas. Y si a pesar de todo no quedas satisfecho, te lo ruego: pregunta, podemos explicar desde el momento de preparar la tierra para su siembra, hasta que se empaqueta la achicoria para su venta como sucedáneo del café, después de pasar por el horno, claro. Y si otro día quieres que hablemos de la achicoria silvestre pues también podemos hacerlo. De momento te anticipo que las ovejas y los conejos domésticos las comían, y comen si se las dan, con todas ganas del mundo.

Permitidme, aunque sea de pasada: yo digo que la mejor ensalada del mundo es la de ajunjeras (que otros también llaman achicoria). Otros de mi pueblo, mayorcitos como yo (entre ellos Marciano, mi cuñado) sostienen que la mejor es la de los tallos de achicoria cuando se ha enterrado la raíz y se cogen blanquitos antes de salir a la superficie (cuestión de gustos). ¡Ah! y las hojas de la achicoria -sucedáneo del café- nunca las vi comer, ni crudas, ni cocidas (son muy amargas). Las ovejas y los conejos sí, con tantas ganas como las silvestres.

Rematamos la faena con una pequeña anécdota: Allá por los años cincuenta del siglo XX, un joven de mi pueblo, metido en juerga, gritaba a pleno pulmón, para que todo el mundo se enterara de la importancia que tenía esta planta para la economía rural: “¡VIVA LA ACHICORIA!” Y yo, eco retardado de su grito, repito: ¡VIVA!
Camporredondo 6 de abril de 2015

martes, 8 de marzo de 2016

Ubre 2

¡Hombre, un respeto a la RAE! Me dice mi amigo Javier al observar que no estoy de acuerdo con el significado que allí le dan a algunas palabras que se usan, o han usado, en el mundo rural.

Creo –le digo a mi amigo- que no he sabido expresarme: para la RAE, todo el respeto del mundo. Pero no me quedo ahí, todo mi respeto y la máxima colaboración (si es que puedo colaborar en algo). Una cosa -creo yo- es el respeto y otra el miedo; esto sí que puedo asegurarte que no hay ningún motivo para tenérselo.

Hechas estas precisiones vamos con lo que más importa:

ubre.
(Del lat.uber, -ĕris).
1. f.En los mamíferos, cada una de las tetas de la hembra.
2. f. Conjunto de ellas.

Ante la definición que el DRAE nos ofrece en su vigésima segunda edición, por no estar de acuerdo con lo que yo aprendí de mis abuelos (siglo XIX), envié mi reflexión al diccionario y, parece que algo se ha tenido en cuenta (el comentario fue aceptado).

Ahora, he consultado la edición vigésima tercera del académico diccionario y encuentro:

Ubre
Del lat. uber, -ĕris.
1. f. En los mamíferos, cada una de las tetas de la hembra.
2. f. Conjunto de las ubres.

Al parecer, el DRAE ha creído conveniente clarificar el “conjunto de ellas” y lo ha sustituido por: “conjunto de las ubres”, por lo que –con todo el respeto del mundo- sigo discrepando en lo que entiendo –porque así lo aprendí del lenguaje rural- que hay de diferencia entre ubre y teta-.
En mi afán por buscar el origen de la definición que nos ofrece el DRAE, he recurrido a la edición tercera (MDCCLXXXXI) del “Diccionario de la “Lengua Castellana” y ésta es la definición que nos ofrece de la palabra:

Ubre. s. f. La gordura que como dureza tienen los animales interiormente en las tetas.

Yo -que me agarro a un clavo ardiendo- interpreto, a mi favor, lo que el “Diccionario de la Lengua Castellana en el año 1791 nos dice: “dureza que tienen los animales interiormente en las tetas”. Si nos fijamos, el diccionario no nos dice en la teta, si no que, parece, se refiere al conjunto de ellas. Usa el singular para ubre, para después, al explicar lo que es, usar el plural de teta. Yo -que de letras no entiendo nada- interpreto que se refiere al conjunto de tetas. Luego:

Ubre.- singular femenino: “dureza, o gordura”, que forma el conjunto de las tetas. Siempre teniendo en cuenta que:

Teta: está formada por la glándula secretora de leche, más el pezón.

De todas maneras el Diccionario de la Lengua Castellana no nos lo aclara demasiado, porque parece darnos a entender que teta se refiere sólo al pezón “dureza que tienen los animales interiormente en las tetas”. Yo interpreto, así lo aprendí, y creo haberlo constatado ordeñando ovejas, que la teta la forman la glándula secretora de leche y el pezón, que es la parte de la teta por donde las crías succionan la leche, o por donde, mediante el ordeño, el ordeñador la extrae.

Para no hacerme más pesado:

Teta: glándula secretora de leche, más el pezón por donde se extrae.

Ubre.- conjunto de tetas de la hembra.

¿Por qué digo estas cosas con tanta seguridad? Pues porque cuando no había visto, ni sabía si existía la palabra escrita, me enseñaron que la oveja y la cabra tenían una ubre y dos tetas y la vaca cuatro tetas y una sola ubre. Claro, yo se lo oí a mi abuelo pero… ¿mi abuelo se lo inventó y con él todos los de su tiempo? No tengo otra fuente de información, después haber ordeñado durante algunos años, sujetando con la mano izquierda la ubre y ordeñando con la derecha el pezón de la teta (esto a las ovejas, las cabras y vacas se ordeñaban de distinta forma). De esta manera, desde el siglo de mi abuelo (siglo XIX) hasta ahora, que nos desmienten en la RAE, hemos vivido creyendo lo que acabo de decir.

Como a mi abuelo no puedo preguntarle donde lo aprendió, me toca defender lo que él me enseñó. Y eso es lo que estoy haciendo en este momento. ¿La academia tiene distinto punto de vista? Por eso es La RAE y yo el paleto que ordeñaba el pezón de la teta, mientras sujetaba a la oveja por la ubre.

Si he interpretado correctamente lo que dice el “Diccionario de la Lengua Castellana”, es lo que se decía en el siglo XVIII, y si no, es lo que se decía en el mundo rural –al menos- desde el siglo XIX.

Aquí queda para la polémica, bien entendido que si alguien está equivocado lo más lógico es que sea este ex pastor que entendía que cuando una oveja quedaba inútil de una teta decía que era tetimanca, y cuando enfermaba de la ubre y quedaba inútil para producir leche decía que estaba ubrada.

Así lo aprendí y así os lo cuento en:


Camporredondo, 19, de octubre de 2015.

sábado, 12 de septiembre de 2015

Escríbalo vs escíbalo

Una vez más queda patente la baja o nula credibilidad que me ofrecen estos libritos titulados “diccionarios”, o el bajo o nulo interés que demuestra su autor por la obra de Delibes y el lenguaje rural.

Intento razonar lo que digo: en la página 132 del “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes” -editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua-, en el mismo “diccionario” -editado por ediciones Cinca, página 68- y en Cátedra Miguel Delibes, se repite lo que, fielmente, transcribo:

Escríbalo
ET p. 118
(...) un acre olor a
escríbalos y boñiga.
Escríbalos:
El término empleado en la zona es "escíbalos" (cagarruta de oveja o cabra) aunque por su parecido alguien pueda llamarlos "escríbalos". (Investigación de campo)

Leído esto, y leído “El tesoro” página 134, Círculo de lectores, año 1989 -con carta del autor incluida-, encontramos alguna diferencia. Dice el escritor:

(…) Ya en la esquina, tomaron el callejón de la izquierda, a la abrigada, cuyo piso, reblandecido, exhalaba un fuerte olor a escíbalos y boñiga. (…).

Bien. A ver por dónde empiezo: si en la edición de “El tesoro” que el autor ha leído se hubiera colado un error de imprenta, ¿no debería molestarse en investigar un poquito?, ¡siquiera un poquito! El autor de los libritos dice que el término empleado en la zona es escíbalos. Pero entonces… esa investigación de que alardea ¿para qué sirve? ¿Y si el autor hubiera leído erróneamente, podemos achacar el error al escritor? ¿Pretendemos eso?

Señores, ante esto, yo no sé qué pensar… bueno sí sé lo que pienso aunque no lo deba escribir.

Lo que sí quiero es reiterar el gran riesgo que corre la obra de Delibes y el lenguaje rural si su comprensión queda en manos de estos libritos. ¿Pasaremos a la historia de dicho lenguaje la palabra escríbalo, porque un señor no supo leer al escritor, así lo entendió y la daremos por verdadera? Tengamos en cuenta –vuelvo a recordar- que el autor de los libritos es filólogo doctor cum laude en ciencias de la información y, a su vez, vienen avalados por: Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua, Fundación Miguel Delibes-en cuya sede se presentó la edición de ediciones Cinca-, Cátedra Miguel Delibes, diario El norte de Castilla, ministerio de incultura rural, Excma. diputación provincial de Valladolid… y admirado por todos aquéllos que desconocen el mundo en torno al cual gira buena parte de la obra de Delibes: el mundo rural.

¡Para qué insisto, si da igual! Delibes no escribió la palabra escríbalo. Esta palabra es fruto de la más absoluta ignorancia del que se cree docto en esta materia. Digo ignorancia porque no quiero pensar en mala fe.

Y por hoy punto final.

PD después del punto final quiero rogar respuesta a una pregunta que se me ocurre al autor de los libritos: usted dice “…aunque por su parecido alguien pueda llamarlos “escríbalos”. (Investigación de campo). ¿Quiere usted, señor autor, decirnos quién es ese alguien que, según usted, lo llama escríbalos?

Gracias.


Camporredondo, 11 de septiembre de 2015.

domingo, 2 de agosto de 2015

Cachaba/cachava

Cachaba
EC p. 206
Luego le dio a besar su mano y se alejó, apoyándose en la
 cachaba, 
cachava.
 
1.
 f. cayado (palo o bastón curvado en la parte superior).
cayado.
 (Del lat. caia, garrote).
1.
 m. Palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener las reses.
Cachaba:
 Palabra inexistente con "b". Consideramos que es un error de imprenta. (Investigación de campo)
LR p. 31
(...)con una
 cachaba en cada mano,
LR p. 32
(...) clavó en el suelo una de las
 cachabas (...)
ET p. 81
(...) recostados en las
 cachabas,

Recogido en Cátedra Miguel Delibes, Diccionarios de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes editados por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua y ediciones Cinca.

Cuando cachemos patatas, tueros, surcos, etc. usaremos el verbo cachar:

Pretérito imperfecto o Copretérito
cachaba
cachabas
cachaba
cachábamos
cachabais
cachaban


Ahora que hablamos de “cachava” (cayada para los pastores), veremos que hablamos de algo distinto.

Vaya manera de complicar las cosas. Y lo más curioso, creo yo, es por no emplear la palabra en el lenguaje del que siempre usaba la cayada: el pastor.

En mi vida -como conductor de rebaño de ovejas- os puedo asegurar que conocí a bastantes pastores y, ¡qué casualidad! cada uno usábamos un palo, más o menos pulido, al que doblábamos en forma de arco en uno de los extremos y lo llamábamos… ¿cómo lo llamábamos? Pues eso: cayada. Seguramente -mejor digamos es posible- que a algún culto señor se le ocurriera que  aquella palabra sonaba demasiado rústico y, para destacar, dijo: esto se llama cayado, palo, bastón, garrote, báculo y vaya usted a saber de cuantas maneras más. Todo menos cayada que suena a paleto.

Aquí tienen una muestra que avala lo que digo

Dice el DRAE:

cayada.
(Del lat. caia, garrote).
1. f. cayado ( palo o bastón).

cayado.
(Del lat. caia, garrote).
1. m. Palo o bastón corvo por la parte superior, especialmente el de los pastores para prender y retener las reses.

Como veis cayada no tiene definición. La definición hay que buscarla en cayado que, como vemos, nos dice que es “especialmente el de los pastores”. De paso quiero añadir que servía para muchas cosas más que para sujetar a las ovejas.

Ya saben que lo que quiero es aprender. Entonces, pregunto: si el cayado es especialmente el de los pastores, y éstos, los pastores digo, hace muchos, muchos años decidieron que se llamaba cayada ¿quién debe decidir el nombre?

Esto me recuerda –más de una vez me ocurrió- que cuando el sujeto se creía por encima del nivel del pastor y su rebaño para abrirse paso entre las ovejas lanzaba puntapiés -mejor diré coces o patadas- a la vez que gritaba ¡aparta ovejo! Una vez le dije a uno de estos "intelectuales": “¡eres tan bruto, tan torpe, que no sabes que son ovejas!

Resumiendo: ya sabemos que la palabra proviene del latín caiado-caiada, pero también sabemos que el latín no es idioma muy al uso corriente. Es por eso por lo que reivindico la palabra cayada en castellano, porque fue mí  (y de todos los pastores que conozco) útil de trabajo.

En fin que yo decía hace un rato que vaya manera de complicar las cosas con lo fácil que es: ni  con “B”, ni con “V”: cayada. También encuentro -entre el mundo llamado “culto”- que hay quien lo complica de la manera que acabo de sugerir que, en vez de escribir cayada, escribe callada que, quizá, es lo que yo debería haber hecho: callarme. Pero no quiero hacerlo, porque quiero reivindicar la palabra cayada que parece que no se usa demasiado. Al mismo tiempo quiero rendirla un homenaje y para ello, aunque sea repetirme os vuelvo a ofrecer –con vuestro permiso- este extraordinario romance que, casi seguro, escribió un usuario de la CAYADA.

Bueno que, por mí no ha de quedar; quiero reivindicar y reivindico, en esta tierra castellana de mis amores; ni cayado, ni báculo, ni garrote, ni palo, ni estaca, ni cachava… El equipo pastoril lo formaban: la alforja o el morral, la manta y la CAYADA. Es posible que hasta aquí llegara de la mano de los merineros en su trashumancia entre las dehesas de Extremadura y las montañas de León. De cualquier forma, lo que este ex pastor y sus colegas más inmediatos manejábamos era la: CAYADA.


Dos cayadas. La de la izquierda -del bisabuelo
Patricio- lleva más de 150 años llamándose cayada

                                                                  Camporredondo, 2 de julio de 2015