Mostrando entradas con la etiqueta cátedra. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta cátedra. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de diciembre de 2017

Gracias a la palabra raer...

… los amantes del lenguaje rural y la obra de Miguel Delibes hoy tenemos un pequeño, o gran, motivo para el regocijo. Vamos con ello.

Raer
CH p. 146
Pero tan pronto cede el calor, el pino negral empieza a raer.
Raer: 
Perder resina. (Investigación de campo)

El “experto” en temas rurales y narrativa de Miguel Delibes –que ahora imparte clases por radio-, nos dijo en el glosario de Cátedra Miguel Delibes y en el primer librito que lanzó al mercado, editado por  “Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua” (¿?),  lo que acabáis de leer.

Con el paso del tiempo, el mismo señor, -que ya había leído alguna aclaración- quiso remediar, pero sin corregir (rectificar, según dicen, es de sabios), y en su segundo librito de “experto”, -esta vez editado por ediciones “Cinca”-,  nos envía su, nueva, versión:

Raer
 CH p. 146
Pero tan pronto cede el calor, el pino negral empieza a raer.
Raer: Perder resina el pino que recogerá el resinero con la raedera. (Investigación de campo)

Subimos de nivel, y en la radio, hoy, 25 de octubre de 2017, cuando son, aproximadamente, las 19 horas y 15  minutos, se oye y escucha: 
                                       
Buenas tardes. Un pino negral, el… famoso pinus panister, (él dijo panister, ¿será otra clase de pino?) es el pino resinero, pero que no da piñones. Abundantísimo pues, por ejemplo, en la provincia de Segovia y de sobra conocido por Miguel Delibes. Aparece, entre otros, en su libro “Diario de un cazador” cuando relata que comieron en la cotarra “San Crispín” y que, desde lo alto se dominaban los bosques de negral. Al pino negral se le ha vuelto a extraer la resina, parece que vuelve a ser rentable. Aumentan en los últimos años grupos de pinos negrales con su pote, bajo la entalladura, mientras el pino llora su resina lentamente. Como se sabe la mayor parte de la resina caerá al pote, dentro, pero otra poca se quedará pegada a la entalladura antes de entrar en el pote. Pero aquí nada se pierde, el resinero acudirá a sus pinos negrales y con un utensilio que llaman raedera irá rascando esa resina pegada a la entalladura. “Bosques de negrales quiero, que embellecen el paisaje y, ahora, vuelven a dar dinero”.

Lo primero que quiero y debo decir es que, según Delibes -a pesar de que calor pertenece, eso creo, al género masculino- Mariano Sastre dice al escritor: “Pero tan pronto cede la calor (…)”.

Podemos observar que el experto en temas rurales y narrativa de Delibes, aprovechando que “el Pisuerga pasa por Valladolid”, sin venir a cuento quiere demostrarnos que sabe lo que es raer  y nos suelta lo que ya ha aprendido –aunque aún desconoce que en la misma operación  es necesario el paraguas-. Pero se niega a corregir lo que dijo sobre la palabra raer cuando no sabía. Lo que dijo entonces lo podéis ver más arriba, y lo que  ahora dice, lo hemos comentado hace poco:

“Como se sabe la mayor parte de la resina caerá al pote, dentro, pero otra poca se quedará pegada a la entalladura antes de entrar en el pote. Pero aquí nada se pierde, el resinero acudirá a sus pinos negrales y con un utensilio que llaman raedera irá rascando esa resina pegada a la entalladura”.

Como vosotros sabéis mejor que yo, la operación de acudir con la raedera al pino y rascar la resina adherida en la entalladura, se llama RAER y es la última operación que el resinero ejecuta en la temporada, excepto el año que tocara recoger el sarro.

O sea que, al “experto”, le queda por aprender que el pino negral o resinero no es “el famoso pinus panister”, sino el pinus pinaster. Si la palabra hubiera sido escrita podríamos decir que ha habido un baile de letras o quizá un error de imprenta, pero no, en el lenguaje hablado no se da esta posibilidad; sencillamente… ¡no lo ha oído nunca, lo desconoce!

Así que… decía yo al principio: regocijémonos porque los “expertos”, aunque públicamente siguen sin reconocer el error,  hoy saben que RAER no es "perder resina", sino otra de las operaciones que el resinero le hace al pino negral o resinero (PINUS PINASTER), para extraer su resina.

Camporredondo, 2 de noviembre de 2017

Firma el pastor, amigo del resinero.

lunes, 24 de abril de 2017

Pasante

Podéis observar que lo que publicamos hoy fue escrito hace la... tira de tiempo. Se quedó ahí y hoy, animado por lo que acabo de escuchar en Es radio CYL Dialecto agrario, y aprovechando que el Arroyo de la Vega pasa por Camporredondo, he decidido largarlo. ¿Por qué lo he decidido? pues hombre porque me ha llamado la atención. Si de garrafa, se deriva garrafón, de botella grande, botellón. y de pistola exagerada, pistolón, entre otros ejemplos,  parece extraño que para saber el aumentativo de linde/ lindero, debamos recurrir a un experto por ser incapaces de deducir que el aumentativo de linde, lindero/a, sea: LINDERÓN. Y claro, no es que no lo sepa el oficinista, el médico, o el doctor en ciencias de no sé qué, sino ni más ni menos que el presidente de la confederación hidrográfica del Duero. Yo imagino que este señor alguna relación debe de tener con el campo, que es donde suelen estar las lindes entre terrenos contiguos. Parece obvio que cuando éstas son extraordinarias, los agricultores, regantes o no, las llamen linderones. O sea, linde amplia normalmente poblada de yerbajos de los que Delibes dice que, si desaparecen, desaparece la caza por falta de refugio. Así que eso, que solo me queda agradecer a "ES radio" su interés en velar por el lenguaje rural. Y ya, aprovechando -esta vez sí- que el Pisuerga pasa por Valladolid, me permito rogarle, con su permiso, y si a bien lo tiene, que el momento en la tarde dedicado al dialecto agrario en un miércoles cualquiera, lo dedique (en lenguaje rural) a la palabra aumentativo de ignorante. Simplemente porque creo que le iría "como anillo al dedo" a todo aquél que no  es capaz de relacionar linde, lindero/a, lindazo... con linderón.

24 de abril de 2017



La palabra que a continuación trataremos, no es una mejora incluida en el “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca. Porque ahora lo que encontramos es una palabra añadida a las publicadas en el anterior diccionario editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua y a Cátedra Miguel Delibes: Pasante.

Esta vez el que se mete en camisas de once varas, una vez más, soy yo. Pero allá voy, cuesta abajo, y con la galga del carro intercadente, cuando no totalmente marrotada.

Leo en el “diccionario”:

pasante
CH p. 70
Todos los pozos son pasantes, todos, o sea, se comunican unos con otros.
Pasante. (Del ant. part. Act. de pasar)
1. adj. Que pasa. Apl. a pers., u. t. c. s.

Hasta aquí lo que dicen Miguel Delibes y el DRAE.

Desde aquí lo que dice el “experto en Delibes.

Pasante: que se comunican entre sí, como dice el texto. El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)

No, no, no; éste no es mi campo, ya lo sé. Pero también tengo derecho a aprender de aquéllos que saben más.

Me ha llamado la atención:“El DRAE solo lo admite para personas aunque en Delibes también lo encontramos para unos pozos. (Investigación de campo)”, y por eso intento decir lo que yo he entendido: el DRAE, en su primera parte dice, “adj. Que pasa”. A continuación sigue diciendo, “Aplicado a personas., u. t. c. s (usado también como sustantivo”).

¿Qué he entendido yo? pues que cuando es aplicado a personas es usado, también, como sustantivo. Por tanto el DRAE lo admite en todos los casos, y Delibes lo usa como adjetivo. O sea: los pozos son pasantes, aunque ya sé que los pozos no pasan, sino que es el agua el que va y viene de unos a otros. (Vasos comunicantes, sólo que muy exagerados).

¿No he entendido nada? Pues perdón; espero que algún experto, doctor o no, me lo explique.


Camporredondo, 23 de octubre de 2015.


martes, 21 de marzo de 2017

Olma 2

Y quiero seguir usando mis modestos archivos, no vaya a ser que mañana lo lamente. Además quiero insistir: es posible -no soy más que un humilde paleto-  que no quede claro lo que digo o, sencillamente, me haya equivocado. Por tanto, aquel que no esté de acuerdo, o dude de mis razonamientos, aquí tiene, y yo se lo agradecería en el alma, ocasión para rebatir, o preguntar sobre aquello que yo no haya sido capaz de dejar claro. Entre todos, vosotros y yo, podemos aportar luz sobre las tinieblas que otros se encargan de propagar.

Ahí va lo que tecleé hace unos meses: 

En el “Diccionario” del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por ediciones Cinca, he pasado por delante de “nogala” y estuve tentado de volver a replicar. Entonces pensé: ya está bien de dar la paliza a los seguidores de “La pizarra de Gaude” si ya hemos dicho lo suficiente sobre su significado. Pero llegué a la palabra olma y vi que el “experto” sigue en sus trece. Entonces me dije: tengo que seguir porque, además, es otra nueva oportunidad para insistir sobre aquella otra palabra que tanto impacto causó entre los bienintencionados seguidores de los “Diccionarios”. Esta palabra es: cacanalona ¡Dios bendito!

Ya comenté que encontré en un importante periódico de tirada nacional (ABC) la palabra cacanalona como el gran descubrimiento realizado por el autor de los libritos, por lo que ahora, a la par que insistimos sobre olmo-olma, nogal-nogala, recogeremos también la palabra cacanalona.

El “descubridor” de cacanalona (palabra que ya dejamos claro que Delibes nunca escribió, porque no existe) sigue machacando con que, en los pueblos castellanos distinguimos entre árboles masculinos y femeninos más que por su género por su tamaño. “Un olmo, especialmente corpulento y de formas redondas, será una olma; igualmente un nogal, con una gran copa, ancha y poderosa, será una “nogala”. Como me parece que esto ya lo dejamos claro en su momento, ahora quiero incidir sobre el sentido que Delibes le da –así lo creo, e intentaré razonarlo- a la palabra canalona que esta sí, tiene sentido rural.

Hemos dicho, que el olmo solitario y en cuanto excede de una determinada frondosidad le llamamos olma; igualmente ocurre con nogal-nogala; también lo aplicamos sobre el pez que excede del amaño corriente: lo llamamos peza.

Ahora se nos presenta un caso similar, dice Delibes en “Mis amigas las truchas”: “El Navia es un río incitante que aquí se ciñe a una CANALONA tumultuosa no más ancha que un par de metros y allá se explaya en una vadera que uno no es capaz de franquear de un lance con cucharilla del 3. (…)”.
Vayamos con esta “manía” que tenemos en los pueblos castellanos -como dice el “experto-” de distinguir a los árboles (y otras cosas, como vamos a ver) más que por su género por su tamaño.

Dice el DRAE:

canalón
Del aum. de canal.
1. m. conducto que recibe y vierte el agua de los tejados.

Delibes llegó al río Navia, y observó un canalón tan extraordinariamente grande que no encontró otra palabra más a mano –como me ocurría a mí cuando pescaba un pez de dimensiones extraordinarias -¡vaya peza!, decía yo- el escritor -que llevaba el pueblo escrito en la cara dijo-: ¡vaya canalona! Así lo escribió y así fue hasta que llegaron los expertos y dijeron: Delibes vio un canalón muy grande y lo llamó eso: cacanalona. Pero no quedó ahí la cosa, llegaron lo colegas del “experto” y dijeron: ¡vaya palabra que ha rescatado del olvido, Urdiales!

Entonces ¿cómo queda la cosa? Pues que en los pueblos de Castilla seguimos (porque somos muy brutos) sumando árboles o cosas a las que no distinguimos por su género sino por su tamaño:

Nogal solitario y de dimensiones extraordinarias según su entorno: NOGALA

Olmo con las mismas características del nogal: OLMA.

Pez extraordinario en el arroyo del pueblo: PEZA.

Y ya tenemos una más: canalón de dimensiones extra: CANALONA.

Es que en estos pueblos de Castilla somos la lechona. Bueno, no me queda muy bien, quise decir: ¡somos la leche!

Como final, y aunque los libritos no hacen mención a ella, quiero referirme a la palabra vadera que Delibes llama, muy correctamente, al vado ancho que nadie es capaz de franquear de un lance con una cucharilla del 3. (¿Otro cambio de género por su tamaño?).


Camporredondo, 17 de octubre de 2015

PD. De sorpresa en sorpresa: no puedo -o no debo, ni quiero- pasar por alto, la última intervención (15-3-17) del experto en Miguel Delibes en Es Radio CYL Es el campo. Pero no temáis: no os largaré todo el discurso. Dice el experto:

(…) consiste, esto del lance ligero, en ir a por el pez dentro del río, a veces contra corriente.

Yo siempre pensé que el pez hay que buscarlo dentro del agua, porque de lo contrario habría que buscarlo en la pescadería o dentro del cajón en el que lo traía el fresquero por los pueblos. Así que, por si había alguna duda: a por el pez hay que ir dentro del río, si es río, o del mar si es en el mar. Aunque también puede ser en el arroyo donde, si es grande, lo llamaremos “peza”. Sigue el preguntado y llega hasta…

…hoy hemos hablado del Delibes pescador y del “lance ligero”, que es el que te obliga a meterte dentro del río para pescar.

Ya sabéis que soy de secano, quiero decir que no entiendo de pesca -ni de peces- más allá del que se pone en la mesa. Pero sí me gusta saber, y como me gusta saber he buscado y leído algo sobre el “lance ligero” como modalidad de pesca. Esto es lo que, sin entrar en profundidades -en las que me ahogaría- he encontrado: El lance ligero parece ser que es modalidad de pesca que consiste en lanzar el anzuelo con el cebo y automáticamente ir recogiendo el sedal para provocar que los peces, depredadores, se precipiten sobre su posible presa.

Parece -sólo digo parece- que se puede pescar desde dentro del río o el mar, desde la orilla, desde un puente, desde un barco… o sea, añado yo, hasta desde un helicóptero si llegara el caso.

Dice bien Delibes al decir que ha venido a “sustituir la paciente y tradicional figura del pescador de caña y lombriz…”. Parece claro ¿no? Este sistema no obliga al pescador a meterse dentro del agua,  -creo que Delibes no lo dice en ninguna parte- pero sí le obliga a mantenerse activo: lanzar y recoger constantemente.

Y, también, quiero y debo decir: si hasta aquí no he metido la pata hasta el corvejón, si sigo estoy seguro de meterla porque, como el “experto”, no entiendo nada. Y supongo que con la emisora, formaríamos los tres un gran equipo de ignorantes pescadores por el método de “lance ligero”. Eso deduzco al escuchar la emisora.

Esto digo en...

Camporredondo, 20-3-2017


lunes, 27 de febrero de 2017

Refrotarse

A continuación podéis -si así lo creéis oportuno- comprobar lo que sobre la palabra refrotar tecleé allá por el año 2015. Una vez tecleado me pareció que había cosas más importantes, y lo archivé.

Cuando hoy lo encontré pensé en eliminarlo, pero al final me dije ¿por qué lo vas a eliminar? Lo que creo que debes hacer es resumir lo que querías decir desde aquí, desde el mundo rural. Y ahí va:

Delibes ni refrota (vuelve a frotar), ni restriega (vuelve a estregar), ni refriega (vuelve a fregar)... ningún objeto. El escritor nos habla –eso creo yo- del amor propio (ver lo que dice de Juanito Osuna)... todo menos dedicarse a fregar, frotar, restregar etc..

Cuando habla de las perdices abatidas por Juanito Osuna, nos habla de la necesidad que éste siente de quedar por encima del otro cazador. No le basta con abatir más piezas, necesita que el mundo lo sepa ¡Juanito Osuna ha doblado, en pájaros abatidos, al otro cazador! Entonces no deja pasar ocasión para airearlo, pregonarlo (refrotarlo, restregarlo, refregarlo…) ante quien pueda escucharlo: he ganado a… luego soy mejor que él.

La Desi tiene su amor propio herido; al "picaza" la Marce no le encuentra más que defectos y ella desearía refrotar, restregar, refregar... dar en los morros, diríamos en mi pueblo, con lo que piensa del cabo Argimiro, -"es más largo que una peseta de tripas"- pero no se atreve a hacerlo por miedo a las consecuencias que le puede acarrear al "Picaza".

En "La partida" ocurre otro tanto de lo mismo, "el sargentón" le mira y le refrota -le pasa por las narices- que tenía un hijo en infantería etc.

Así que no; ni volver a frotar, ni volver a fregar, ni volver a restregar. Sencillamente  insistir con el ánimo de fastidiar o presumir.


Y ya sin más os paso lo que opinaba en aquel momento sobre refrotar:

Refrotarse
LP p. 60
(...)
refrotarse por las narices (...)
Refrotarse:
Volver a frotarse. (Investigación de campo)
LM p. 66
(...) y sus 47 perdices se las había
refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia.
LHR p. 66

(...)
refrotarse por las narices (...)


Publicado en “Diccionario de castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editados por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, ediciones Cinca y glosario de Cátedra Miguel Delibes.

En principio así,a vuela tecla, debemos decir que en ninguna de las tres referencias usadas por el "experto" Miguel Delibes escribe refrotarse (frotarse -o refrotarse- uno mismo con algo) sino refrotase... al otro. ¿verdad que no es lo mismo? Cuestión de leer, o no, a Miguel Delibes.

Además de no estar muy de acuerdo con el sentido que el “experto” en Delibes le da a la palabra refrotar quiero aventurar (pobre de mí) la impresión que tengo sobre lo que Delibes pretende al hacer uso de esta palabra.

Como seguidor-admirador de la obra de Delibes he creído observar que el escritor lamenta -o no está muy de acuerdo- con la ausencia de algunas palabras -de uso bastante cotidiano- en el DRAE.

Yo -repito, pobre de mí- he pensado que hace uso de esta palabra para reivindicarla ya que la RAE no parece tenerla en cuenta, porque si no, a ver, ¿por qué sí aparecen las siguientes?

Estregar
Del lat. vulg. stricāre.
Conjug. c. acertar o c. reg.
1. tr. Frotar, pasar con fuerza algo sobre otra cosa para dar a esta calor, limpieza, tersura, etc. U. t. c. prnl.

Restregar
Conjug. c. acertar.
1. tr. Estregar o frotar mucho y con ahínco algo con otra cosa.

O sea: no es volver a estregar, sino hacerlo insistentemente y con ahínco.

Fregar
Del lat. Fricāre 'frotar, restregar'.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Restregar con fuerza una cosa con otra.
2. tr. Limpiar algo restregándolo con un estropajo, un cepillo, etc., empapado en agua y jabón u otro líquido adecuado.

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
1. tr. Frotar algo con otra cosa. U. t. c. prnl.
2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Estregar-restregar; fregar-refregar… ¿no es similar: frotar-refrotar?

Hecha mi, torpe, reflexión, vamos con mi desacuerdo con el autor del librito.

Si tenemos en cuenta que la palabra refrotar no la recoge el DRAE, tendremos que adaptarnos al uso que de ella se hace en el mundo rural ¿o no? Digo el mundo rural porque es el mío, en él nací, me crié, y en él estoy. Además, las perdices no son muy frecuentes por las avenidas de las grandes ciudades. 

Aun así:

Refrotarse: Volver a frotarse. (Investigación de campo).

Esto es lo que nos dice el “experto” en Delibes.

Un pequeño paréntesis: si por creer haber frotado suficiente, cesamos en la operación, siempre que volvamos a frotar haremos lo mismo: frotar. Entiendo que refrotar no es volver a frotar, sino frotar con insistencia. Esto parece deducirse de las palabras de Delibes.

Primeramente, una vez más, quiero y debo decir, que yo no hago más que analizar las palabras –rurales por supuesto- desde el punto de vista de un hombre nacido y criado en el campo. Por lo tanto jamás pretendo sentar cátedra; no estoy preparado para ello. Para lo que sí me siento preparado es para aprender. Desde esta perspectiva solicito de aquéllos que no estén de acuerdo con mis reflexiones que las critiquen para, entre todos, encontrar el significado que cada palabra tiene. Lo que no puede ser es que llegue un señor que desconoce absolutamente este mundo y quiera decirnos cómo hablamos o cómo se llaman las herramientas que durante muchos años hemos usado.

Lo primero a tener en cuenta es que el escritor no está fregando, ni está estregando. Delibes, una vez más, nos habla de caza. Por tanto la palabra refrotar deberá entenderse en este contexto. Veamos:

Delibes escribe en “La mortaja” “(…) y sus 47 perdices se las había refrotado 47 veces por la nariz a la concurrencia”. Y lo malo es que, detrás, irán las 23 mías. Sus 47 pájaros sin los 23 míos no tienen ningún valor para él. Habrá que oírle. (…) nos está diciendo que Juanito Osuna se jacta de haber caído 47 perdices, más pájaros que el otro experto cazador, y esto lo exhibe una y otra vez (no se cansa de refrotarlo por las narices). El escritor también podría decirnos –porque en este mundo también se usa- no se cansa de restregarlo (pasarlo) por las narices. Ésta es una muestra de en lo que apoyo mi teoría anterior. Si leemos “La hoja roja” también veremos que nos dice (…) el cabo Argimiro, que era más largo que una peseta de tripas, por más que ella (la Desi) no se lo refrotase a la Marce, (…) Como vemos (y hay más veces), Delibes vuelve a hacer uso de la palabra refrotar para decirnos que la Desi no se atrevió a refrotar a la Marce lo que pensaba del cabo Argimiro.

Resumiendo: refrotar, en el uso que Delibes hace de la palabra, no quiere decir volver a frotar, sino hacer alarde, insistentemente (ya es cansino), de algo de lo que te sientes orgulloso, hasta llegar al hartazgo del que te escucha.

Como anillo al dedo viene la segunda acepción del DRAE:

Refregar
Del lat. refricāre.
Conjug. c. acertar.
 2. tr. coloq. Dar en cara a alguien con algo que le ofende, insistiendo en ello.

Y si usted no quiere ésta, tenemos otra que quizás se adapte mejor al entorno:

“Dar en los morros”. O lo que es lo mismo, alardear insistentemente de aquello que, para nosotros, tiene un gran mérito. En este caso haber abatido 47 perdices frente a las 23 caídas por el otro afamado cazador.


Esto lo que se me ocurre hoy en:

Camporredondo a 7 de noviembre de 2015.


lunes, 20 de febrero de 2017

Más humeón

La verdad es que tengo poco que añadir, como no sea para felicitarnos por el progreso. Lo que quiero decir es que el “experto” parece que progresa (se va informando, va leyendo). Por ejemplo, parece haber aprendido que humeón no es el humo para auyentar a las abejas (así aparece en el diccionario editado por Fundación Instituto castellano y leonés de la lengua y en Cátedra Miguel Delibes), sino el aparato dentro del cual se produce el humo con el que tranquilizar a las abejas para que no ataquen al apicultor. También ha suprimido la clase sobre como catar la colmena y… me parece otro acierto.

Sin embargo sigue ahuyentando a las abejas y esto es muy grave porque, si ahuyentamos a las abejas, la colmena se nos queda vacía y ¿qué sería de una colmena sin abejas? Pues que sería un tarro con miel.

Pero aún hay más: ¿ahuyentamos, o adormecemos a las abejas? Porque ahuyentar (espantar, hacer huir) y adormecer (aquietar), al mismo tiempo, se me antoja harto difícil: o ahuyentamos o adormecemos, las dos cosas a la vez son imposibles ¿o no? A no ser que el “experto” quiera decirnos que unas veces, con el humo, ahuyentamos a las abejas y otras las adormecemos

Os remito lo que escuché en la radio el miércoles 15 de febrero de 2017. Ahí va:

Muy buenas tardes. El humeón es un utensilio utilizado para disminuir la agresividad de las abejas, para ahuyentarlas, para adormecerlas. Tengo que decir que, aparte del humeón, antiguamente se empleaban otros métodos para crear humo, por ejemplo se colocaba cera, pez o brea sobre un palo y se quemaba. Otra posibilidad: poner unas ramas medio verdes, medio secas, en una lata grande y quemarlas. Incluso había gente que ponía en la lata cagajones que estuvieran algo secos para quemarlos y crear humo, en fin, de un modo o de otro, el objetivo era hacer humo para, como digo, disminuir la agresividad de las abejas. En ocasiones, para estos casos, en que no se utilizaba el humeón propiamente dicho, se llevaba la operación con un fuelle. Los humeones, que es de lo que hablamos hoy, han ido evolucionando con el tiempo, pero su modo de empleo es el mismo, se introducen en él unas pajas… unas hierbas algo secas… hojarasca… etc. y se las prende fuego. El objetivo no es tener llama, sino humo. El humeón se compone de un fuelle que lleva un objeto cilíndrico metálico, de tapa cónica, que tiene un agujero arriba por el que saldrá finalmente el humo. Por cierto, el nombre por el que los apicultores conocen hoy al humeón es el ahumador. Y acabo con la cita de Miguel Delibes que dice que el señor Cayo se llego al chamizo, cogió el humeón, le llenó de paja el depósito, parsimoniosamente raspó un fósforo y le prendió fuego, la paja ardía sin llama como un pequeño brasero de picón de encina.

A continuación transcribo lo encontrado en Cátedra Miguel Delibes.

Humeón: Humo utilizado para auyentar a las abejas. El humo sale de la cera pez o brea que está colocada sobre un palo; de las ramas verdes o de cagajones de caballerías colocados en una lata o de los citados cagajones puestos sobre una teja. En ocasiones se ayuda la operación con un fuelle. El objetivo final es el de catar las colmenas. Modo de coger la miel: se cortan las colmenas con una paleta y se agarran con la mano. (Investigación de campo)

¡No me digáis que no hay motivos para felicitarse!

Ante la insistencia del señor “experto” en la quema de cagajones para obtener humo con el que tranquilizar a las abejas, quiero aportar algo. Pero primero dejadme que haga una pregunta: al insistir en la quema de cagajones… ¿nos está diciendo, mira si serían brutos que quemaban cagajones para obtener humo? Porque si así fuera, debo, y quiero decir, que jamás lo vi, ni siquiera lo escuché en todo el contorno de Camporredondo. Por aquí, generalmente, se usaba la abundante paja -en cada casa había un pajar con paja suficiente para alimentar al ganado-. Los cagajones, como dice el experto” se usaban para estercolar (abonar) el terreno, para lo que estaban muy solicitados.

Por lo que leo en “El disputado voto del señor Cayo”, de lo que el señor Cayo llenó depósito del humeón fue precisamente de paja. También podría haberlo llenado con yerbajos, hojarasca, burrajo u otro cualquiera de los abundantes combustibles que siempre hay más a mano que los cagajones que, parece obvio, primero habría que estar pendiente de que el buey o la mula cagaran, recogerlo, ponerlo a secar y esperar a que secaran lo suficiente para que entraran en combustión. Desde luego si había quien así lo hacía, yo también me apunto: era muy bruto.

Pero aún quiero abundar un poco más: lo que se ahumaba con el humeón, además de las abejas, era la miel y… habría que ver el saborcillo que debía adquirir la miel ahumada con humo de cagajones. Digo yo que sería algo así como hacer unas chuletillas de lechazo con sarmientos o con vigas de la RENFE.

Bueno, si el “experto lo dice ¿quién soy yo para corregirlo? Lo que sí estoy obligado a decir es que, en esta zona de Valladolid, no usaban cagajones, lo más corriente era la paja.

Bueno, ya vale ¿Os dais cuenta? No tenía nada que decir pero, si empiezo, pierdo el oremus. Así que nada, aquí sigo -ya casi me atrevo a decir que tecleando en vez de aporreando teclas- en:

Camporredondo 18 de febrero de 2017.



lunes, 13 de febrero de 2017

Taravilla

¿Me meto en camisas de once varas? SI. A continuación veréis que digo verdad.


He vuelto sobre lo que tecleé hace ya algunos meses y, ahora que me decido a publicarlo, he creído conveniente puntualizar algunas cosas. ¿Por qué Delibes escribió taravilla con "v"?  ¿Por qué yo estoy convencido -frente a lo que recoge el DLE actual- de que es lo correcto? A la primera pregunta siento que ya no es posible responder, pero a la segunda sí es posible y, además, quiero hacerlo. Cuando yo fui a la Escuela Nacional -de esto hace muchos, muchos años- el maestro que indudablemente era más mayor y sabía infinitamente más que yo, me enseñó que taravilla (cierre que había en algunas ventanas y puertas) se escribía con "V" y así he seguido.



Delibes, que habla el lenguaje del señor Cayo  -eso creo yo- que es un señor mayor y de pueblo como yo, sabía que el señor Cayo escribía la palabreja con "V" y así nos lo transmite en "El disputado voto del señor Cayo" pág. 134 y 136.



Cómo ha pasado el tiempo, y sigo queriendo saber, he echado mano del diccionario de autoridades de la lengua castellana (tomo VI 1739) y ¡sorpresa! también recoge taravilla -la taravilla que había en la cocina del señor Cayo, no otra- con "V".



Recurro al segundo diccionario de la lengua castellana (1780) y sigue manteniendo que taravilla se escribe con "V".



Después parece que la Real Academia Española ha cambiado y, ahora sí, puede que el señor "experto" tenga razón al considerar que debe ser error ortográfico.



Resumiendo: el señor Cayo escribía con "V" la palabra taravilla: como yo. El señor Cayo era un hombre mayor: como yo. El señor Cayo era un hombre rural: como yo. Entonces... si el señor Cayo era mayor, de pueblo, y yo soy un hombre mayor y también de pueblo y los dos escribimos en lenguaje rural como nuestros abuelos... ¿quiere alguien decirme por qué debo escribir tarabilla con "B"? Sabéis que siempre he sostenido (¡joder que presuntuoso soy!) que el lenguaje rural no entiende de academias porque entonces habremos acabado con nuestro entrañable lenguaje: EL RURAL.



Y ya vamos con lo tecleado hace ya... la tira.





Taravilla
DVSC pp. 133-134
En las poyatas, a los lados de la chimenea, se apilaban cazuelas, sartenes, pucheros, platos y, colgados de alcayatas, cacillos, espumaderas y un gran tenedor de latón. Sobre la cabeza de Víctor, sentado en el escañil, sujeta al muro por una
taravilla, estaba una perezosa que medio ocultaba un calendario polícromo.
Tarabilla:
Zoquetillo de madera que sirve para cerrar las puertas y las ventanas. (Nuevo Diccionario de la Lengua Española)
Taravilla:
El significado del DRAE es correcto. Consideramos que se trata de un error ortográfico al escribir "v" por "b". (Investigación de campo)
DVSC p. 135
(...) antes de soltar la
taravilla y bajar la perezosa,


Para no hacerme “más” pesado, reproduzco sólo una parte de lo publicado en “Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, editado por Fundación instituto castellano y leonés de la lengua, el mismo, editado por ediciones Cinca, más lo que recoge Cátedra Miguel Delibes.

Una vez más, a mi modo de ver y entender, el experto en Delibes no consigue separar el lenguaje rural del académico, no entiende que Delibes nos está describiendo una estancia (la cocina) de la casa del señor Cayo en la que, entre otras cosas, hay una taravilla (con v), que sujeta a la perezosa (especie de mesa abatible con la pared).

No sé si hace falta decir que la casa del señor Cayo no era un moderno chalet de lujo, sino una casa rural, muy antigua, en la que todavía prestaban su utilidad la taravilla (zoquetillo giratorio para cerrar puertas y ventanas, y para sujetar perezosas) y la perezosa.

Dice el “experto”:

Taravilla: El significado del DRAE es correcto. Consideramos que se trata de un error ortográfico al escribir "v" por "b". (Investigación de campo)


Y qué dice el paleto (yo): el significado del DRAE es correcto, porque habla en lenguaje académico. Pero teniendo en cuenta que el señor Cayo (Delibes) está hablando en lenguaje rural, lo correcto es lo que escribe Delibes y, desde esa perspectiva, el error ortográfico lo comete el “experto” que no entiende el lenguaje rural.

Y ¿para qué darle más vueltas? Taravilla transmitido por nuestros abuelos, es correcto. ¿Tarabilla, con el DRAE en la mano? pues también correcto. Pero entonces no estaremos hablando del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes. “Sopas y sorber, no puede ser”. (sopas de las de antes, de las de pan); porque si no tendríamos que decir: sopa (de gallina blanca) y sorber, no puede ser, que, por cierto, con esta última sopa, sí se puede sorber; porque suele ser más caldosita.

Deduzco: seguimos queriendo dar lecciones al maestro. ¡Ay Señor, Señor!

Y en el día de hoy 13 de noviembre de 2015 yo sigo en:


Camporredondo