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martes, 9 de enero de 2018

Seguimos con nogala y olma. ¿Y van?

Lo primero que, por respeto, debo de hacer, es pedir disculpas a mis colegas y amigos rurales por mis reiteraciones sobre temas y palabras que ellos saben mucho mejor que yo. Al mismo tiempo debo pedirles comprensión por mi insistencia porque… ¿tengo otra opción? No podría acostumbrarme a que las ovejas fueran delante del pastor.

Seguimos.

Cuando son –aproximadamente- las 19 horas y veinte minutos del día 18 de octubre de 2017, oigo que la radio dice:

Buenas tardes. Dice Miguel Delibes -en “El disputado voto del señor Cayo”- que la sombra de la nogala es muy traicionera. Bueno, él pone esta frase en boca del propio Cayo -la sombra de la nogala, que no es la sombra del ciprés-. Pero hay más nogalas en los libros de Delibes, como la de la tía Bibiana en “Viejas historias de Castilla la Vieja” por ejemplo. La pregunta es la siguiente: ¿es que no son lo mismo un nogal que una nogala? ¿Es que acaso no son el mismo árbol? Veamos: biológicamente son lo mismo -estamos hablando, en ambos casos, del nogal como árbol- otra cosa es que, en la Castilla rural, se haya cuidado el lenguaje hasta tal punto que se ha llegado a distinguir entre un nogal normal y corriente y un nogal corpulento de tronco más ancho y hermoso. Y eso es precisamente una nogala: un nogal más hermoso. Podríamos decir, más grandón. Así se puede leer este cambio de género en las obras de Delibes como también pasa, -cuidadito-, con olmo y olma. ¿Esto  qué es? Pues para mí es otra riqueza más del español de los pueblos de Castillla y León que diferencian, por su altura de tronco, entre nogal y nogala.

Como lo primero que hace el “experto” -en temas arbóreos, Delibes y lenguaje rural- son dos preguntas, intentaré responder con mi bajo nivel cultural: sí, el nogal y la nogala son lo mismo. Sí, son el mismo árbol, no le quepa a usted la menor duda, aunque a usted –por su bajo nivel en lenguaje rural- le pareciera siempre que nosotros le cambiamos de género.

A partir de aquí me veo en la obligación –aunque ya sé que el “experto” no lo entiende- de aclararle, otra vez más, por qué los hombres y mujeres rurales llamamos nogala a lo que no es más que un simple -más o menos desarrollado- nogal. De nuevo, ahí voy:

Cuando el nogal está aislado (caso del de “el señor Cayo, o el de la tía Bibiana y otros”), por el hecho de crecer aislados, se aprovechan más de aguas y nutrientes del suelo. Por tal motivo se desarrollan más y más rápidamente. Pero le voy a aclarar un poco más: el mismo nogal puede crecer aislado y, -comparado con su entorno- puede parecer exagerado su tamaño, entonces diremos: ¡vaya nogala! 

Pero vamos con el paso siguiente: ese nogal que, en un momento, nos pareció enorme, le incluimos dentro del conjunto de nogales (nogaleda) y no pasa de ser un nogal más.

Usted -que es más listo que el hambre-, ya se ha dado cuenta de que para ser nogala es necesario que el nogal sea -como usted dice- algo más que hermoso.

Todo lo que hemos dicho para el nogal/nogala es igualmente válido para olmo/olma.

Dicho lo dicho y escuchado lo escuchado, esto queda como sigue:

Nogala.- nogal desarrollado que crece –normalmente- aislado, al lado de construcciones o no.
Olma.- olmo que crece aislado y, comparado con el entorno, es de mayores proporciones.

Pero la misma nogala, o la misma olma, si están incluidos en la nogaleda o la olmeda (campo plantado de nogales o de olmos), no pasarían de ser más que un nogal o un olmo más. Eso sí, diríamos… ¡vaya nogaleda, u olmeda! Según su desarrollo o, simplemente, por su capacidad para impresionar nuestro sentido visual (nuestro ojo).

Podríamos añadir más ejemplos, pero ya está bien de aburrir y querer dar clases a los maestros rurales. Mí clase va dirigida a los “expertos” que estén interesados en aprender.

A continuación os presento lo que, sobre nogala, entiende el “experto” en lenguaje rural. Así lo publica en distintos medios, al parecer, tan expertos como él:

Nogala: En los pueblos castellanos suele distinguirse entre árboles masculinos y femeninos más que por su género por su tamaño. Un chopo, especialmente corpulento y de formas redondas, será una chopa; igualmente un nogal, con una gran copa, ancha y poderosa, será una "nogala". (Investigación de campo)

Supongo que con esta vez ya será suficiente para que los “intelectuales” -en lenguaje rural-, les quede claro que la palabra nogala, olma, peza, canalona (no cacanalona)… no es producido por un cambio de género, sino una exclamación ante lo magnífico según el entorno en el que crecen. No, en los pueblos castellanos saben -por naturaleza- lo que es un nogal, un olmo, un chopo, un pez…etc. Fíjese si lo sabrán, que son ellos los que lo siembran o plantan.

Camporredondo, 20 de octubre de 2017

sábado, 16 de diciembre de 2017

Gracias a la palabra raer...

… los amantes del lenguaje rural y la obra de Miguel Delibes hoy tenemos un pequeño, o gran, motivo para el regocijo. Vamos con ello.

Raer
CH p. 146
Pero tan pronto cede el calor, el pino negral empieza a raer.
Raer: 
Perder resina. (Investigación de campo)

El “experto” en temas rurales y narrativa de Miguel Delibes –que ahora imparte clases por radio-, nos dijo en el glosario de Cátedra Miguel Delibes y en el primer librito que lanzó al mercado, editado por  “Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua” (¿?),  lo que acabáis de leer.

Con el paso del tiempo, el mismo señor, -que ya había leído alguna aclaración- quiso remediar, pero sin corregir (rectificar, según dicen, es de sabios), y en su segundo librito de “experto”, -esta vez editado por ediciones “Cinca”-,  nos envía su, nueva, versión:

Raer
 CH p. 146
Pero tan pronto cede el calor, el pino negral empieza a raer.
Raer: Perder resina el pino que recogerá el resinero con la raedera. (Investigación de campo)

Subimos de nivel, y en la radio, hoy, 25 de octubre de 2017, cuando son, aproximadamente, las 19 horas y 15  minutos, se oye y escucha: 
                                       
Buenas tardes. Un pino negral, el… famoso pinus panister, (él dijo panister, ¿será otra clase de pino?) es el pino resinero, pero que no da piñones. Abundantísimo pues, por ejemplo, en la provincia de Segovia y de sobra conocido por Miguel Delibes. Aparece, entre otros, en su libro “Diario de un cazador” cuando relata que comieron en la cotarra “San Crispín” y que, desde lo alto se dominaban los bosques de negral. Al pino negral se le ha vuelto a extraer la resina, parece que vuelve a ser rentable. Aumentan en los últimos años grupos de pinos negrales con su pote, bajo la entalladura, mientras el pino llora su resina lentamente. Como se sabe la mayor parte de la resina caerá al pote, dentro, pero otra poca se quedará pegada a la entalladura antes de entrar en el pote. Pero aquí nada se pierde, el resinero acudirá a sus pinos negrales y con un utensilio que llaman raedera irá rascando esa resina pegada a la entalladura. “Bosques de negrales quiero, que embellecen el paisaje y, ahora, vuelven a dar dinero”.

Lo primero que quiero y debo decir es que, según Delibes -a pesar de que calor pertenece, eso creo, al género masculino- Mariano Sastre dice al escritor: “Pero tan pronto cede la calor (…)”.

Podemos observar que el experto en temas rurales y narrativa de Delibes, aprovechando que “el Pisuerga pasa por Valladolid”, sin venir a cuento quiere demostrarnos que sabe lo que es raer  y nos suelta lo que ya ha aprendido –aunque aún desconoce que en la misma operación  es necesario el paraguas-. Pero se niega a corregir lo que dijo sobre la palabra raer cuando no sabía. Lo que dijo entonces lo podéis ver más arriba, y lo que  ahora dice, lo hemos comentado hace poco:

Como se sabe la mayor parte de la resina caerá al pote, dentro, pero otra poca se quedará pegada a la entalladura antes de entrar en el pote. Pero aquí nada se pierde, el resinero acudirá a sus pinos negrales y con un utensilio que llaman raedera irá rascando esa resina pegada a la entalladura”.

Como vosotros sabéis mejor que yo, la operación de acudir con la raedera al pino y rascar la resina adherida en la entalladura, se llama RAER y es la última operación que el resinero ejecuta en la temporada, excepto el año que tocara recoger el sarro.

O sea que, al “experto”, le queda por aprender que el pino negral o resinero no es “el famoso pinus panister”, sino el pinus pinaster. Si la palabra hubiera sido escrita podríamos decir que ha habido un baile de letras o quizá un error de imprenta, pero no, en el lenguaje hablado no se da esta posibilidad; sencillamente… ¡no lo ha oído nunca, lo desconoce!

Así que… decía yo al principio: regocijémonos porque los “expertos”, aunque públicamente siguen sin reconocer el error,  hoy saben que RAER no es "perder resina", sino otra de las operaciones que el resinero le hace al pino negral o resinero (PINUS PINASTER), para extraer su resina.

Camporredondo, 2 de noviembre de 2017

Firma el pastor, amigo del resinero.

lunes, 4 de diciembre de 2017

Orillar

Entre las palabras que, en su momento, recogimos en el “Diccionario de Camporredondo” ya figura esta palabra. Porque no pensamos que la palabra orillar se encontrara en peligro, creí que con decir… ORILLAR.- Acercarse demasiado a la orilla” sería suficiente para darle el significado rural que pretendíamos. Ése era nuestro propósito.

Al decir "acercarse demasiado a la orilla", estábamos pensando en el carro circulando por la carretera polvorienta (carro y carretera polvorienta sí que han desaparecido) y en cómo, al arrimarse la rueda del carro al borde (orilla) de la cuneta, la rueda se hundía y el carro volcaba. Éste es el sentido que le dimos. Indudablemente, como veremos más adelante, la palabra orillar tiene un sinfín de acepciones, motivo por el cual hoy nos decidimos a profundizar un poco más.

Aproximadamente a las 19 horas y treinta minutos de hoy, 22 de noviembre de 2017, y escuchando un programa sobre el campo, habla el “experto” en lenguaje rural para aclararnos lo que significa la palabra orillar.

Oigo, y escucho, en la radio:

Buenas tardes. El miércoles pasado hablé del adverbio orilla, tan empleado por los mayores en Castilla y León. El de hoy es un verbo, el verbo orillar. De la misma vitalidad, creo yo, que la palabra del último programa. Leo en Delibes, que nos cuenta que el señor Cayo dio un rodeo para orillar los escombros. Vuelvo a leer esa misma palabra en “El hereje”  cuando dice que “después de orillar los bogales del camino -conforme a su experiencia-, el carruaje se detuvo ante la puerta de la parra junto al pozo. Orillar; es decir dejar a un lado, rodear. Es palabra esta que enriquece nuestro español, eso no cabe duda. Es palabra que, como tantas otras, deberíamos de seguir empleando. Olvidemos tanto anglicismo y palabras de fuera y mantengamos muestras viejas palabras de Casilla la Vieja como la de hoy: orillar.

Visto desde la perspectiva que acabamos de teclear, parece que debemos entender que la palabra orillar sólo nos sirve cuando queramos rodear los escombros y bogales por la incomodidad o el riesgo que implica intentar ignorarlos.

Indudablemente, si sólo pensamos en la palabra orillar como palabra rural y en el sentido que le da el “experto”…, ocurre como cuando yo la incluí en el Diccionario de Camporredondo: flaco favor la hacemos. Desde ese punto de vista el comentarista de la radio, y yo en el diccionario, parece que tenemos razón: habría que agradecernos que la tengamos por palabra en peligro de desaparición. Pero es que la misma palabra, orillar, tiene muchas más acepciones.

 Veamos:

Orillar: acercar a la orilla. Orillar: eludir, dar de lado un problema. Orillar: soslayar una dificultad. Orillar: reforzar el borde de una tela. Orillar: esquivar cualquier obstáculo. Orillar: dejar de lado lo que estás haciendo y dedicarte a otra cosa… en fin, echadle hilo a la cometa porque hay para dar y vender sinónimos de la palabra orillar. Repetimos que, si a la palabra orillar la encuadramos dentro del entorno del carro (cuneta, bogales, etc.) podemos decir que ya ha desaparecido por falta de carros, pero ahora hay otro tipo de vehículos que necesitan tener cuidado con no orillarse porque pueden volcar en la cuneta, atascarse en el lodo, o romper los bajos en los bogales. O como me ocurrió a mí, en mis años jovencitos, que por orillar la yunta con el arado al brocal del pozo, uno de los machos cayó dentro. Por cierto, la palabra bogales nunca la oí hasta que leí a Delibes y, parece ser que se refiere a terrenos con piedra a ras de tierra o muy somera (lo desconozco).

Resumiendo, la palabra orillar, en la narrativa de Delibes, tiene el mismo futuro que la recogida en el Diccionario de Camporredondo: ni hay carros para que orillen bogales o vuelquen en la cuneta, ni Señores Cayo para orillar escombreras. Sin embargo la palabra orillar seguirá usándose: así lo espero y deseo. Ah, y permitidme que de mi opinión: algunas opciones de la palabra orillar son estrictamente rurales, otras no. Así lo demuestran nuestros diccionarios desde el siglo XVIII al XXI.

Y ahora, orillamos la palabra orillar para seguir con otras cosas.



Camporredondo, 25 de noviembre de 2017


jueves, 9 de noviembre de 2017

Ayer (hoy es 6 de noviembre de 2017)


 Ayer a las 7:58 · 

...se hallaron cadáveres de liebres desnucadas por la violencia de la pedrea (Aventuras, venturas y...) Pedrea: combate a pedradas.

Lo que acabamos de leer lo encontré -en FACEBOOK- esta misma mañana.

Porque no me cuadraba con lo que Delibes escribe en “Aventuras venturas y desventuras de un cazador a rabo” acudí al libro, lo abrí por la página 25 y dice lo siguiente:

 “… explicación: el terrible pedrisco que azotó a este término a mediados de agosto, cuyos granizos –del tamaño de huevos de paloma- arrasaron la fauna menor y media hasta el punto  de que en las tierras desguarnecidas aparecieron cadáveres de liebres desnucadas por la violencia de la pedrea. (…)”.

Al leer -lo ya leído- me di cuenta de por qué no me cuadraba y pensé ¡coño! ¿por qué no coges el  DLE y consultas? Y consulté, no era necesario, pero consulté. Aquí os muestro el resultado que nos aclara nuestras… ¿dudas?:

pedrea
1. f. Acción de apedrear o apedrearse.
2. f. Combate a pedradas.
3. f. Pedrisco, granizada.
4. f. coloq. Conjunto de los premios menores de la lotería nacional.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados
¿Está claro? Parece que sí. El autor leyó “Aventuras, venturas y desventuras de un cazador a rabo”,  buscó pedrea en el Diccionario de la Real Academia Española y, quizá acuciado por la prisa, no se dio cuenta de que las liebres no murieron en un combate a pedradas (las liebres que yo conocí jamás se apedreaban) si no como consecuencia de una enorme granizada (pedrea) del tamaño de huevos de paloma.

Claro, ahora me explico por qué no me cuadraba. Pensaba yo -pobre de mí- ¡mira que habré visto liebres luchando en mi  larga vida pastoril!... pero nunca las vi luchando a cantazos (pedradas). Y claro, Delibes habla de las liebres que había desnucado la granizada (pedrea: pedrisco, granizada).

Bueno y, aclarado esto, parece que me quedo más tranquilo: las liebres no combaten a pedradas. ¡UF!
Una curiosidad para el que no lo haya visto: cuando las liebres combaten parece que boxean. ¿Quizá es su forma de boxear?  Lo que es cierto es que… ¿Lo veis? No se apedrean.

Puede verse de forma más gráfica, en este vídeo de liebres boxeadoras encontrado en YOUTUBE. https://www.youtube.com/watch?v=39j3x9zUYGU
Camporredondo, 6 de noviembre de 2017



martes, 20 de junio de 2017

Mediatín

¿Mediatín, mediantín, o mediantino?


Mediatín
CH p. 68
(...) aunque las labranzas son pequeñas, todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos.
Mediatín: Tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo los esfuerzos y los beneficios. (Investigación de campo)

En estos términos encontramos las dos primeras clases impartidas por el profesor de lenguaje rural.
La tercera clase se amplió un poco. Quedó como sigue:

mediatín
(…) aunque las labranzas son pequeñas,  todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos.
Mediatín: también llamado “mediantín”. Tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo los esfuerzos y los beneficios. Se dan dos posibilidades: 1. que uno ponga la tierra y otro el esfuerzo; 2. Que los dos labradores junten sus pequeñas tierras. (Investigación de campo)

Son –aproximadamente- las siete horas y treinta minutos de la tarde del día 7 de junio de 2017, cuando en el dial de la radio se escucha la voz del profesor. Oigamos, y escuchemos, lo que nos dice:

Buenas tardes. Me preguntáis hoy por los mediatines: bueno, mediatínes, o mediantines, con una ene, de más, que también lo he oído así en otras partes de Castilla y León. Delibes nombra la palabra mediatín en el capítulo XI de Castilla habla, y el escritor, en este capítulo, está en Campaspero, provincia de Valladolid, y charla con dos octogenarios que le cuentan entonces -hablamos de los años 80- que, aunque las labranzas eran pequeñas, todavía se empleaban algunos mediatines. Se referían, esta gente -este par de ancianos- a la tierra que se trabaja entre dos labradores, repartiendo esfuerzos y beneficios. Esto de mediatín tenía dos posibilidades: en la primera uno ponía la tierra, y otro el esfuerzo y, en la segunda posibilidad, los dos labradores juntaban sus pequeñas tierras. Hombre, los usos y costumbres de nuestros labradores han ido cambiando con los tiempos, pero bueno, al menos nos quedan las palabras que ellos nombraban.

Ahora pasamos a lo que Delibes dice que escuchó de los dos octogenarios campasperanos según el libro “Castilla habla” Pág. 68. Ahí va:

(…) Todo lo que hay en este pueblo es propiedad, sí señor, y, aunque las labranzas son pequeñas, todavía se emplean algunos mediatines, que llamamos. (…)

Si el señor profesor hubiera seguido leyendo –y comprendiendo- "Castilla habla", se habría dado cuenta de que por los años ochenta, en Campaspero, empezaba a pintar bastos: el agua empezaba a escasear y sabido es que, en agricultura, si el agua blega, la productividad se reduce de manera considerable.

Entonces, no es de extrañar que los octogenarios Jesús García Acebes y Jesús García García le digan al escritor que todavía se emplean (trabajan la tierra) algunos mediantinos -que es lo correcto-. Es lo mismo que decir que aún trabajan algunos labradores medianos (medianillos diríamos en mi pueblo).

Ved cómo lo recoge nuestro colega y amigo Oroncio Javier García Campo, en “CAMPASPERO: LÉXICO Y FORMA DE HABLAR DE SUS GENTES”. Si buscamos la palabra, veremos que lo correcto es:

El de la foto fue un labrador mediano (Mediantino
 en Campaspero).

Mediantino: labrador que no era ni rico ni pobre. Tenía una pareja de machos y unas tierras, con lo que vivía modestamente.

Abundando un poco más en la posibilidad de consulta diré –para los posibles interesados- que CAMPASPERO: LÉXICO Y FORMA DE HABLAR DE SUS GENTES” se puede consultar en la Fundación Joaquín Díaz en Urueña (Valladolid).

Hechas estas puntualizaciones entramos en lo que el profesor entiende y el sentido que le da a la palabra mediatín/mediantín. Señor profesor: aquello que usted entiende como “uno pone la tierra y otro el esfuerzo” no se llama mediatín, ni mediantín, aquello se llama medianero o, también, aparcero (agricultores medianeros o aparceros): uno pone la tierra, o sea una mitad, y el otro pone el esfuerzo –otra mitad-, con lo que se cerraría el circuito; trabajan la labranza a medias: son medianeros o, repito: aparceros.

En la segunda parte que el señor profesor también entiende como mediatín o mediantín, sencillamente es trabajar las tierras en conjunto (forman una pequeña sociedad). Caso que por mi tierra desconozco. Otra cosa es que dos labradores se unan para formar un yunta para poder labrar (cada uno su tierra), en cuyo caso uno pone una mitad de la pareja y el otro la otra mitad. Esto se llama de otra manera: acoyuntar.

O sea, según los campasperanos, Oroncio Javier García y este humilde anciano ex agricultor…

Mediantín/mediantino: labrador de clase media. Labrador que tenía una labranza media (tamaño medio) que le permitía ganarse los gabrieles.

Par más información: “La pizarra de Gaude”. Pero si quieres información de primera mano ponte en contacto con Oroncio Javier García Campo, en Campaspero (Valladolid). Oroncio Javier es –sin trampa ni cartón- verdadero experto en lenguaje rural.

Si lo dicho ha servido para que el señor profesor prepare su próxima clase, seguro que será mucho más interesante para sus posibles alumnos.

Hasta aquí puedo llegar en:


Camporredondo, 8 de junio de 2017.

lunes, 5 de junio de 2017

El profesor y el matacán.

Hace ya algunos años, al parecer auspiciado por la Diputación Provincial y la universidad de Valladolid, el profesor se lanzó a explorar este mundo maravilloso –nunca fácil- en el que nací hace muchos decenios: el mundo rural.

Cuando el profesor creyó tener preparada su clase, cuando creyó que sabía -pero no sabía, pues ni siquiera había leído la historia de “El matacán del majuelo” en “Viejas historias de Casilla la Vieja”- se armó de valor -porque valor sí tenía- y añadió a su glosario de palabras, esta de hoy: matacán. Lo que le salió lo comprobaréis a continuación:

Matacán
VHCV p. 77, passim
El
matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle.
matacán.
3.
m. Liebre que ha sido ya corrida por los perros
.
Cómo desconocía la palabra matacán acudió al Diccionario de la real academia española (DRAE entonces) y acertó en que, el matacán, era una liebre: pero nada más.

Pasado el tiempo el profesor -sí sé dónde- se informó, leyó, y asimiló un poco más. El profesor va aprendiendo, despacio, pero progresa.

24 de mayo de 2017. Son las siete horas y veinticinco minutos aproximadamente, cuando suena en el altavoz de la radio el “dialecto agrario”, escuchemos:

Buenas tardes queridos cazadores y buenas tardes queridos oyentes. Digo queridos cazadores, porque la palabra que tratamos hoy se mete de lleno en el terreno de los cazadores. Es palabra que se oye entre la gente que va de caza, también se oye en los pueblos, y a penas se escucha en la ciudad. En ocasiones Miguel Delibes explicó el significado de la palabra rural que estaba escribiendo, como es el caso de la palabra de hoy: matacán. Dice Delibes en un libro llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” que, el matacán, como es sabido, es una liebre que se resabia y a fuerza de carreras y de años enmagrece, se la desarrollan las patas traseras, se la aquilla el pecho y corta el viento como un dalle. Por cierto, el empleo de la, en un par de ocasiones en Delibes, luego ya se modificó por ley, que sería lo correcto. Nos encontramos por tanto ante una liebre experimentada que ha tenido que correr muchas veces huyendo de otros predadores, de galgos, de cazadores… y todas estas carreras enmagrecen su cuerpo. Es curioso, en “Viejas historias de Castilla la Vieja” el matacán que nombra Delibes es casi una cuestión de estado para los vecinos del pueblo, no había manera de matarlo y el pueblo entero sale al campo para acabar con él y al fin lo logran. Al matacán le va muy bien el dicho español que dice… “el diablo es más sabio por viejo que por diablo”.

Ejemplo de matacán, encontrado en internet

Como acabamos de leer, parece que ha aprendido que para que la liebre llegue a matacán, no necesariamente, debe ser corrida por los perros (que es lo que nos dijo en su primera clase). Desde que la liebre nace, su supervivencia principalmente depende de sus patas. Así la (aunque lo correcto sea le, yo soy de pueblo) toca, siempre, correr delante de los muchos depredadores que tiene. De forma que puede llegar a matacán sin haber corrido delante de un perro (aunque así lo afirme, también, el DLE). El caso de “El matacán del majuelo” de Delibes, es muy similar al de “el matacán de los majuelos de “La Gamarra” en Camporredondo, que cuando le descubrieron los galgueros y sus galgos ya no había dios que "-nunca mejor dicho-" le echara un galgo.

Pero decía que va aprendiendo despacio, porque todavía no entiende cómo se expresa el ser humano rural. Cuando dicen “¡al suelo todo el mundo!”, no quiere decir que el mundo entero se agaville, no. Si el escritor dice que todo el pueblo marchó tras él, se está refiriendo a todo el pueblo cazador, o aficionado a la caza. No, todo el pueblo no salió en persecución del matacán, ni hizo cuestión de estado. Lo que Delibes quiere decir, y dice, es que salieron unos cuantos aficionados y dos escopeteros, de los que, uno de ellos, de dos disparos dio muerte al matacán. Así que el pueblo entero no dio muerte al matacán y ¿sabe el señor profesor por qué fue así? Pues porque el resto de habitantes del pueblo –casi todos- estaban trabajando. De todo esto puedo dar fe. Así que no, a partir de ahora el señor profesor ya sabe que el pueblo no hace cuestión de estado el dar muerte, o no, al matacán.

Y ya, de paso, insistir: la liebre, para llegar a matacán, no necesita que la corran los perros, sino que tiene muchísimos "sparring" que la obligan permanentemente a mantenerse en forma y, ¿la que se descuida? pues la que se descuida no llega a matacán.

También es posible que a los no versados no les diga nada la palabra matacán. Más claro lo habríamos tenido si en vez de matacán, nuestros antepasados hubieran escogido la palabra mataperro, que es a lo que re refiere: MATA-CAN = MATA-PERRO. Cierto es que no descubrimos el significado del nombre hasta que nos damos cuenta de que el perro puede caer reventado al correr tras el… mataperro, o matacán que es lo mismo.

¡Ay señor señor!

Camporredondo 25 de mayo de 2017

lunes, 17 de abril de 2017

Liga

Es radio CYL Es el campo, Dialecto agrario (12-4-2017)

A la pregunta de la presentadora...
"Jorge ¿qué significa liga?, buenas tardes". Responde el “experto”:

Muy buenas tardes. En un libro de Miguel Delibes llamado “Viejas historias de Castilla la Vieja” el protagonista se queja de que, al ir a estudiar a la capital, el hecho de ser de pueblo se le hacía una desgracia ante sus compañeros de clase, y no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepo o colorines con liga, porque sus compañeros le menospreciaban y se reían de él. ¿Qué es la liga? La liga es un junco o un palito estrecho, de unos cincuenta centímetros, al que se enrolla una goma que tiene efecto adhesivo. Las ligas se ponían, antiguamente, junto a los montones de grano, o los bebederos, así, cuando los pájaros iban a comer, o beber, se quedaban pegados a ellos. Claro y ¿para qué esta caza de pájaros en los pueblos?, pues cuantos menos pajaritos hubiera, menos granos de cereal se iban a comer. Observen -si alguien no lo ha visto- este próximo verano por ejemplo, a los gorriones picoteando en los montones de cereal de las eras de cualquier pueblo. Y, si no han visto alguna liga de éstas, pues pregunten a la gente mayor que, en general, casi todos ellos sí que las conocían.

Y en el glosario de Cátedra Miguel Delibes (copiar y pegar) también opina el “experto”:

Liga
VHCV p. 12
El Topo, el profesor de Aritmética y Geometría, me dijo una tarde en que yo no acertaba a demostrar que los ángulos de un triángulo valieran dos rectos. "Siéntate, llevas el pueblo escrito en la cara". Y a partir de entonces, el hecho de ser de pueblo se me hacía una desgracia, y yo no podía explicar cómo se cazan gorriones con cepos o colorines con
liga, ni que los espárragos, junto al arroyo, brotaran más recios echándoles porquería de caballos, porque mis compañeros me menospreciaban y se reían de mí.
liga1.
(De ligar).
1.
f. Cinta o banda de tejido elástico, a veces con hebilla, para asegurar las medias o los calcetines.
2.
f. Venda o faja.
3.
f. Unión o mezcla.
4.
f. Acción y efecto de ligar (alear dos metales, fundiéndolos).
5.
f. Confederación que hacen entre sí los príncipes o Estados para defenderse de sus enemigos o para ofenderlos.
6.
f. Agrupación o concierto de individuos o colectividades humanas con algún designio común.
7.
f. Competición deportiva en que cada uno de los equipos admitidos ha de jugar con todos los de su categoría.
8.
f. Cantidad de cobre que se mezcla con el oro o la plata cuando se bate moneda o se fabrican alhajas.
9.
f. Cuba. Mezcla de hojas de tabaco de diferentes plantaciones con el fin de lograr un producto de mejor calidad.
hacer alguien buena ~ con otra persona.

1.
fr. Convenir con ella por sus condiciones.
hacer alguien mala ~ con otra persona.

1.
fr. No convenir con ella por sus condiciones.
liga2.
(De or. inc.).
1.
f. muérdago.
2.
f. Masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros.
Liga:
Junco o palito estrecho de unos 50 cm., al que se enrolla una goma que tiene efecto adhesivo. Las ligas las ponían al lado del grano o en los bebederos. Así, cuando los pájaros iban a comer, o beber, se quedaban pegados a ellas. Esto se hacía para que no se comieran el grano. En verano, en cualquiera de estos pueblos, se puede ver a los pájaros en las eras comiendo encima de los montones de cereal. (Investigación de campo)
LSI p. 12
(...) le obsequiaba, a falta de bocado más exquisito, con una picaza, o una ratera, o media docena de gorriones atrapados con
liga
en la charca,

Bueno, pues todo este repertorio -que por cierto es lo que recoge el DRAE en su vigésima segunda edición- para ilustrarnos sobre algo que el "experto" desconoce y que, según parece, o no ha investigado o, una vez más, le ha fallado su "investigación de campo". La primera parte es la charla que nos largó en la emisora “Es Radio CYL programa El campo, dialecto agrario” (12 de abril de 2017). La segunda parte -para ser fiel al texto- he querido darle a copiar y pegar en Cátedra Miguel Delibes, que es lo mismo, o parecido, a lo publicado en sus libritos sobre el castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes.

Cuando digo que el "experto" desconoce, me apoyo en que si lo hubiera conocido habría copiado la acepción nº 2 -liga² (de or inc)- del DRAE y habría quedado como un señor. Pero no, quería dejar su impronta y la cag... pifió.

Me parece que -como él dice- para las personas mayores (de pueblo) poco o nada tengo que decir (de sobra saben ellos lo que es la liga), pero para los desinformados -jóvenes, o no tanto- por expertos que no lo son, algo debo decir, poco, pero algo me veo obligado a decir:

No, la liga no es un junco, tampoco es un palito de 50 centímetros ni nada que se le parezca. La liga es, ni más, ni menos, que un pegamento que se obtenía a partir del fruto del almuérzago (muérdago en otra parte y en el DLE).

Seguramente hoy -si es que alguien caza pájaros con liga- encontrará pegamentos en el mercado tan eficaces como la liga hecha con las bayas del muérdago. Pero en aquel tiempo había que ingeniárselas como mejor se pudiera. No sería difícil explicar el procedimiento para la obtención de la liga, pero es algo que no voy a hacer, porque siempre me pareció cruel esta forma de cazar pájaros, y ahora no lo es menos. Nunca cacé pájaros con liga, entre otras cosas porque, desde mi más tierna infancia tuve mi tiempo ocupado en otros menesteres de los que no formaba parte cazar pájaros con liga. No obstante, sí puedo decir y digo: la liga es una clase de pegamento obtenido de las bayas del almuérzago (muérdago es más corriente, y también se conoce como liga) y, como dicen otros, "punto". El junco, el palito de 50 centímetros, la teja, la piedra, la rama del árbol, la antena del aparato de radio del coche para que no te lo caguen, etc. son el soporte sobre el que depositar la liga para que los pájaros se peguen y no puedan -nunca mejor dicho- despegar.

Y para qué darle más vueltas:

Liga: pegamento que se obtiene (o se obtenía) a partir de las bayas del muérdago y que algunos empleaban para cazar pájaros con… liga.

En este caso tengo hasta el apoyo del Diccionario de la lengua española (DLE), vean:

liga²

De or. inc.
1. f. muérdago.
2. f. Masa hecha con zumo del muérdago para cazar pájaros.
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¿Algo más que decir? Sí ¿Se cazaban los pájaros para que no se comieran el grano? Es posible que algo hubiera y que, desde hoy, se diga así. Pero, en otro tiempo, se cazaban para comerlos (había hambre, mucha hambre), también para enjaular y vender, sobre todo jilgueros y demás aves canoras. De ahí que los sitios más apropiados, siempre, fueran los bebederos, allí acudían toda clase de pájaros y allí se cazaban… ¿con juncos o palitos? Allí se empleaba la liga y el soporte más adecuado en cada ocasión.

Voy a permitirme indicar otro espacio, en el campo, en el que se cazaban pájaros con liga: cuando nevaba en el pueblo, y por tanto en sus eras, los pájaros se las arreglaban para retirar la nieve allí donde sabían que podía haber algún resto de grano del verano anterior. Bien, pues estos espacios se aprovechaban para colocar la liga sobre el soporte más adecuado, para que cayeran los pájaros y después freírlos en la sartén. No, no era para que no se comieran el grano, era para comer pajaritos fritos (a falta de pan buenas son tortas; a falta de perdices, o faisanes, buenos son -o eran- los pajaritos).

A ver qué os parece: dicen que un día -en el arroyo del Masegar (arroyo muy cangrejero cuando aún traía agua)- se encontraba un doctor cum laude pescando cangrejos. En esto que pasó por allí el paleto del pueblo (yo) y preguntó al culto pescador: ¿qué cebo usas? El doctor, muy sabio él, respondió: pues reteles y arañas. El paleto (yo), extrañado, dijo para sus adentros: ¡qué raros son estos universitarios! y siguió su camino. ¿Sería esto posible?... Entonces ¿por qué el retel y la araña no pueden ser cebo, y el junco y el palito de 50 centímetros sí que pueden ser liga? Bueno pues... ni lo uno, ni lo otro. Para pescar cangrejos el cebo bien puede ser hígado, lombriz de tierra u otros y, para cazar pájaros con liga, condición indispensable es disponer del pegamento que, en este caso, es el obtenido de las bayas del muérdago que no se llama ni junco, ni palito, sino: LIGA.
O sea ¿qué significa liga? Lo define muy bien, un poco más arriba, el DLE.
Lo demás: juncos, palitos, tejas, piedras, ramas, antenas de coche…etc.: son meros soportes de la liga para cazar pájaros.

Esgarabuches. Cepo para cazar pájaros. También se cazaban con liga

Y ahora me permito una licencia añadida: cuando Delibes escribe que Isidoro cazaba gorriones con cepo, yo añadiría: o esgarabuches (ballesta para otros) además de añadir que tanto el gorrión como el colorín se cazaban, indistintamente, con cepo (esgarabuches) o liga (muérdago). Lo que pasa es que el esgarabuches solía ser trampa mortal y la liga no.

Estos dos esgarabuches pertenecen a lo que fue el "Museo de la vida rural La perdiz"

Dicho y escrito en:
Camporredondo, 13 de abril de 2017

martes, 11 de abril de 2017

Lechuguino

“Con pan y vino se anda el camino”. Lo que dice el refranero es bastante cierto; pero yo quiero añadirle algo: si al pan y al vino los animas con un chorizo casero, de pueblo –de aquéllos de 20-22 de pimentón, 20-22 de sal… etc. etc.- como los que embutía la señora Pepa (mi madre), bien curado, de los que llamábamos de la tripa del cagalar -gordos y hermosos-, es posible que usted no ande el camino, sino que se quede dormido haciendo la digestión a la sombra del primer pino que encuentre. ¡Joder qué delicia! Es otro de los manjares que el llamado progreso se ha llevado por delante.

Reivindicación:

Pasemos al lechuguino (pan lechuguino): es el tema que trataremos hoy. Lo que a continuación quiero referir, es la explicación que nos da el maestro panadero (5ª generación) de San Miguel del Arroyo, “Ore”. “Ore” es panadero -hoy jubilado, sigue su hijo- desde su más tierna infancia, 5ª generación de panadero rural. Lo digo por si alguien piensa que hablo desde mi experiencia de pastor o agricultor. Lo que he requerido de mi amigo y panadero “Ore”, es lo que, desde que nací, pude aprender.

Panes hechos para la ocasión, al estilo tradicional, por el maestro panadero "Ore"
en San Miguel del Arroyo (Valladolid).
Nada mejor que una foto de los panes – fabricados a mano por mi amigo y maestro panadero “Ore” en su horno de San Miguel del Arroyo para la ocasión-, en la que podemos apreciar, sin otra posible interpretación, que el pan lechuguino no tiene canteros, sino que una cosa es el lechuguino y otra el pan que -corrientemente se hace- de cuatro, o cinco, cortezones (canteros para otros). Los dos, exquisitos; los dos, de pan candeal -cuando lo había-, pero distintos en su forma. No, no hay lechuguino de cuatro canteros. Hay pan lechuguino y pan de cuatro, o cinco, cortezones (canteros para gente urbanita y académica).

Al pan lechuguino podremos adornarle –porque además se lo merece- con flores, pero dejaría de ser el pan lechuguino castellano para pasar a ser pan lechuguino ornado con flores, que es lo que le pasa al lechuguino que nos presentan los que se ve que han aprendido en otra escuela.

Situémonos: provincia de Valladolid, Tierra de Pinares, zona de San Miguel del Arroyo y Camporredondo. En esta parte de Castilla -panera del hoy desaparecido trigo candeal- el  maestro panadero “Ore”, y sus ancestros, fabricaban –entre otras exquisiteces- el famoso pan lechuguino -sin otros adjetivos- y el de cuatro canteros. Además fabricaban –y fabrican- las famosas tortas de chicharrón y las no menos –en otro tiempo- famosas hogazas, que eran las más familiares.

Y vamos con la variedad de trigo usado para la fabricación de estos dos formatos de pan. Hubo un tiempo –que el progreso se encargó de hacer que pasara a la historia- en que el pan se fabricaba con el trigo candeal –también con el Aragón, aunque era de inferior calidad-. Pero aquellos tiempos pasaron. Sin embargo, el pan lechuguino, el de cuatro canteros, y otros, siguieron fabricándose. La calidad del pan pasó a ser inferior, pero los panes no cambiaron de nombre. Quiero decir que el nombre no se lo da el trigo usado en la fabricación, sino el formato usado (o sea, que si el trigo no es candeal, este tipo de pan seguirá llamándose lechuguino)

Todo lo que digo es porque parece –si me atengo a lo escuchado en radio, o publicado en algunos libros- que el pan lechuguino, y los demás exquisitos panes que se producen en Castilla y León, haya desaparecido con el trigo candeal que, qué duda cabe, fue uno de los mejores trigos para panificar. (¿os acordáis de lechazar?… pues eso).

Además quiero hacer mención a lo que Delibes escribió en aquel tiempo. Escribe Delibes: “(…) con pan y vino se anda el camino” reza el refrán, pero es obvio que si el pan es lechuguino, de cuatro canteros, y el vino de Rueda o Vega Sicilia, (yo añadiría hoy: o Dehesa de los Canónigos) es posible que el camino se haga dos veces y hasta sin sentirlo. (…).

Y ahora, pobre de mí, me meto “en camisas de once varas”: parece -digo yo- que si Delibes se hubiera  referido, sólo, al pan lechuguino, hubiera sido suficiente con decir: “…pero es obvio que si el pan es lechuguino…” pero yo creo que Delibes conoce y valora, también, el de cuatro canteros. 

Entonces yo, burro de mí, lo que interpreto –dado que no hay pan lechuguino de cuatro canteros, y creo que Delibes lo sabe-, que él ha querido decir -o tal vez ha dicho-  que el pan puede ser lechuguino, o de cuatro canteros, con tal de que sea pan de trigo candeal y fabricado en Valladolid.

Y si digo lo que digo, es porque he escuchado lo escuchado: “Es radio CYL, programa Es el campo, dialecto agrario”, (miércoles 5 de abril de 2017).

Entre otras cosas, dice el experto: “…el pan lechuguino, que tanta gente conoce, es el pan de cuatro canteros, pan de trigo candeal, más aplastado. Además de los cuatro canteros, lleva ciertos cortes o dibujos, la gente lo recordará, en el centro. Los dibujos varían según los panaderos, pero antiguamente solían tener forma de flor o de cogollo de lechuga, de ahí lo de lechuguino…”. (Afirmar esto último me parece, cuando menos, un poco arriesgado, o caprichoso…).

Dejando para otra ocasión el posible origen del nombre “lechuguino” (a ver si algún lector se anima a participar) pasamos, brevemente, a comentar si el trigo debe de ser candeal o no. Es evidente que, si condición indispensable para tener un pan lechuguino es elaborarlo con trigo candeal, hace rato que el pan lechuguino habría desaparecido. El trigo candeal, trigo por excelencia en la panificadora, desapareció hace ya algunos decenios: era de mucha calidad, pero de muy bajo rendimiento y el progreso se encargó de sustituirlo por otros que nada, o muy poco, tienen que ver con la categoría panificadora del candeal.

Y nada más por el momento. Si queréis otro día seguimos, pero hoy queremos dejar sentado que el pan lechuguino no tiene cortezones (canteros para la cultura académica) y que los cortezones (canteros) –que son cuatro o cinco- quedan para el pan que da nombre eso… al pan de cuatro cortezones, que es parecido, pero no es lo mismo.

Ejemplo de pan lechuguino en Castilla

Pan de cuatro cortezones (canteros)

Pan con cinco canteros (cortezones)





Valgan estas fotos, junto a la opinión de nuestro amigo maestro panadero “Ore”, para dejar constancia de lo que decimos sobre el pan lechuguino y el de cuatro cortezones (canteros). 


Quiero retirarme -y me retiraré-, pero no sé cuando, aquí, en:


Camporredondo a 10 de abril de 2017.

lunes, 3 de abril de 2017

Lechazar

Vamos con una pequeña curiosidad que tengo:

Ya sabéis que hubo un tiempo en que mi profesión -a tiempo completo- fue pastor. Bien. Pues resulta que, pese a haber nacido entre ovejas, jamás pude observar que la oveja pariera otra cosa que no fuese cordero/a lechal (se alimentara, al principio, sólo de leche). Digo esto, porque escuchando un programa de radio (22-3- 2017) dedicado al campo –que sigue siendo lo mío, y me gusta- preguntan a su “experto” por la palabra “lechazar” que Miguel Delibes maneja en el libro “Castilla habla”… y el “experto” nos saca de dudas. Entre otras cosas, dice:

 (…) ninguna oveja para lechazar como la churra. Lechazar es, por tanto, parir corderos lechales, sean de la raza que sean.

¡Toma castaña!

Ahora, ahí va mi pregunta para ver si el “experto” o la emisora, pueden, o quieren, responder: ¿la oveja puede parir cordero/a pascual? ¿Quizá borrego/a? ¿Tal vez ya carnero…? En pocas palabras: ¿la oveja puede parir otra cosa que no sea cordero/a lechal?

Lo que Delibes escribe es lo que Florencio le dice; y yo estoy de acuerdo: (…) Por eso le digo que, por estas tierras, ninguna como la churra para lechazar, (…)

Queda meridianamente claro que todas las ovejas –no faltaría más- paren corderos lechales: todos los corderos tienen la necesidad de, al nacer, mamar; aunque también puede ser alimentado con biberón pero, en cualquier caso, con leche. Mejor, al principio, con los calostros de la madre.

Pero si bien todo esto es cierto, no lo es menos que -eso es lo que dice Florencio a Delibes, y yo estoy de acuerdo-  de entre todas las ovejas -sean de la raza que sean- que traen corderos a la vida (paren), la mejor para lechazar (producir lechazos de calidad) es la churra. O sea que el mejor lechazo para el asado castellano es el que pare la oveja churra.

Lechazar: Producir corderos para ser destinados al consumo como lechazos, es decir: alimentados sólo con leche, en este caso para el asado castellano. También para chuletillas; pero el señor Florencio está hablando -y así lo recoge Delibes- del asado castellano. Y para eso, qué duda cabe, el más fino, el mejor, es el parido por la oveja churra. (La mejor oveja para lechazar es la churra).

Bueno y… nada más. Espero que los “expertos” arrojen un rayito de luz sobre mi oscura ignorancia.

Permitidme que, sobre el tema, os recomiende el libro -de Luciano López Gutiérrez- “En torno a las palabras de Delibes” y en su página 142-143 encontraréis lo que es saber sobre lo que se habla. En este caso sobre la palabra lechazar.

Y ahora permitidme una licencia, dice el refranero: “para gustos los colores” y yo añado: “para los paladares los sabores”. ¿Por qué lo digo? Pues porque estoy de acuerdo con lo que el señor Florencio dice acerca de que el cordero de madre que ha pastado por el Valle Esgueva puede ser más fino, pero, en contraposición, yo me quedo con el cordero segoviano que, por haber comido la madre otro tipo de hierba -más consistente y aromática-, transmite al hijo y, qué duda cabe, a su carne, un sabor distinto. Así que: ¿el lechazo del Valle Esgueva es más fino? Sí. ¿El segoviano, distinto, otro sabor? También. “Para gustos los colores y “para los paladares, los sabores”.

Y así terminamos en:

Camporredondo, 30 de marzo de 2017.