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lunes, 9 de enero de 2017

Friura

Como podréis observar al final de la lectura, esto lo tecleé hace ya algunas fechas y lo dejé archivado. Al hacer repaso del año lo encontré -junto con otros escritos- y pensé: ya es hora de lanzarlo a las ondas hercianas, y ahí va.

Cada pasito que doy por este -para mí- desconocido mundo rural de los advenedizos doctores y afines, me llevo una nueva sorpresa. Esta vez fue una palabra que yo creí que era de uso corriente tanto en el mundo rural como en el académico pero… ¡vaya sorpresa! En un programa vespertino sobre el lenguaje rural me espeté con que se necesita un "experto" para que nos aclare lo que significa la palabra FRIURA.

Admiróse un portugués
Al ver que, en su tierna infancia,
Todos los niños, en Francia,
Saben hablar en francés.
Arte diabólico es
Dijo, torciendo el mostacho;
Pues para hablar en gabacho,
Un Fidalgo en Portugal,
Llega a viejo y lo habla mal,
Y aquí lo parla un muchacho.

Recordado de mi “Enciclopedia, Grado Medio, de D. José Dalmáu Carles”, allá por el año 1948. (año en que comenzó mi licenciatura)

Llegó el portugués (doctor y afines) a Francia (mundo rural) y quedó admirado al ver que la gente de pueblo, al frío, también le llamamos friura. Como resulta que desconocían que en Francia se hablaba francés, recurrieron al DRAE y sí: allí estaba la palabra. Resulta que friura  es lo mismo que frío. ¡Me cachis en la mar…!

Escribe Delibes en las ratas:
Si con el alba vuelve el norte arrastrará la friura y la espiga salvará. La huerta ya es más difícil -dijo el niño.
La preocupación entre los agricultores es grande: la cosecha se está perdiendo, el hielo ha hecho aparición y tienen miedo a que el esfuerzo de todo el año -una vez mas- haya sido inútil: está helando.
En esto, el Nini (el niño sabio de las ratas), les da una pequeña esperanza: si vuelve el norte (aire del norte), les dijo, arrastrará la friura, la cosecha de cereales salvará; no así la huerta.
Si lo que está acabando con las esperanzas de los agricultores es el hielo (el frío), y la esperanza es que vuelva el norte ¿qué es lo que arrastrará el viento del norte? Pues ¡joder! el frío que Delibes, en un correctísimo francés (en nuestro símil, lenguaje rural), llama friura.
Escucho un programa radiofónico (Programa “Es el campo de CyL” en EsRadio) aproximadamente, esto: hoy en nuestro dialecto agrario traemos una nueva palabra… Y seguidamente pregunta al, supuestamente, conocedor del mundo rural: ¿conoces la palabra friura? Naturalmente el “culto” entrevistado (posiblemente, portugués él) desconoce totalmente la palabra. Para eso, dice la locutora, consultamos al “experto en Delibes” lo que significa esta palabra, y… ¡tachan…! Sale el "experto", que para eso ha tenido que consultar el DRAE y nos aclara que también se usa en la provincia de Valladolid ¡Bravo, bravísimo! dije yo al escucharlo ¿qué habríamos hecho nosotros sin esta aclaración? Acto seguido me pregunté: ¿si dicen de nosotros, gente rural, que nos falta cultura (ver lo que sigue)

Mantención


CH p. 177 


(...) para la mantención de las abejas (...)

Mantención: Se refiere a "manutención". La falta de cultura da estas variaciones fonéticas, como amachambrar por machihembrar, marrotar por malrotar, etc. (Investigación de campo)
qué diremos de todos estos “doctores” que desconocen la palabra friura? Pero no aprieto la galga en ese momento, y cavilo: creo que debo echar una manita y documentarles un poco porque es una pena que gente tan culta desconozca algunas palabras parecidas: tristura, guapura, donosura, galanura, friura, frescura, catadura… Y para no cansar a los cultos lectores de “La pizarra de Gaude” sólo añado: tomadura. Pero… perdón por la ocurrencia ¡creo que me han tomado el pelo! a mí me parece que esto es una tomadura… de pelo. No entro, ni salgo, en si académicamente es correcto o no, digo que el mundo rural y su lenguaje merecen todo el respeto del mundo. ¿Qué les parece si yo, paleto, e inculto donde los haya, me presento en la universidad y empiezo a impartir clases en lenguaje académico? Pues eso es lo que hacen estos advenedizos que, merendaron un día a la sombra de un pino albar (pinus pinea) y lo confundieron con el pino negral o resinero (pinus pinaster). Sin embargo se fueron tan convencidos de saber todo sobre el lenguaje rural que hasta se permiten editar unos “libritos” que, en lenguaje rural, serían el catón. Bueno no, no serían El Catón, porque el Catón no confundía: enseñaba.
Como todas las palabra recogidas un poco más arriba, y, seguramente, muchas más, están recogidas en el DRAE no voy a insistir.


Y no quiero decir nada sobre la palabra que Delibes también hubiera podido usar: frior. Frior también es frío intenso, pero que sólo usamos los incultos. Entre los que aún usan, o usamos, esta correcta palabra -hoy en desuso-, se encuentra mi cuñado Marciano que, cuando le pregunto ¿por qué dices frior? me responde con otra pregunta; "¿por qué a la temperatura alta le decimos calor y a la baja no le decimos frior? Nuestros abuelos usaban la palabra frior con la misma naturalidad que calor. Después –supongo- que empezaron a dejar caer la erre y como la RAE no está para corregir –eso parece- sino para aceptar lo que la calle dice, dejó que frior envejeciera y aceptó frío que es la que –de momento- perdura. De todas maneras… ¿no dices tú que el lenguaje rural no tiene diccionario? Pues eso, los rurales seguimos con el lenguaje de nuestros abuelos y, ellos, decían que hacía frior cuando la temperatura era baja".
Y, otra vez más, digo: aquí sigo impartiendo clases de lenguaje rural. Pero sólo para principiantes como los doctores en ciencias de la información y afines, o sea: para “portugueses” (incultos) que se admiran al ver que en su tierna infancia, todos los niños en Francia (mundo rural) saben hablar su lenguaje materno. ¡Pero mi cátedra sólo puede formar hasta obtener certificado de estudios primarios ¡eh! Para licenciaturas y doctorados, en el mundo rural hay profesores mucho más preparados que yo.
Y aquí sigo -en compañía del antónimo de frior- en…


Camporredondo, 19 de junio de 2016

lunes, 21 de noviembre de 2016

¿Puchero enfermo, o puchero de enfermo?

Releyendo “Un año de mi vida” (pág. 123) de Miguel Delibes me ha llamado la atención una frase a la que quizás en otro momento no di importancia ninguna. Además he consultado el DLE (Diccionario de la Lengua Española) y encuentro la misma frase: “huele a puchero de enfermo”.

Puchero de enfermo
1. m. Cocido que se hace en el puchero, sin ingredientes que puedan ser nocivos a los estómagos delicados.
2. m. Cosa consabida, insustancial y fuera de razón. Huele a puchero de enfermo.
Real Academia Española © Todos los derechos reservados


Analizando la acepción primera y llegando hasta donde me permite mi magín, veo claro que el puchero de enfermo no tiene trampa ni cartón: lo pueden consumir incluso los estómagos delicados. ¿Es insustancial? Posiblemente sí, pero absolutamente fiable: es… lo que parece.

La acepción segunda es distinta: puede que el puchero de enfermo sea insustancial, lo que no quiere decir que esté fuera de razón dado que su destino es el enfermo (puchero de, o para, enfermo). También puede ser que nos interese más cuidar nuestra salud que el posible sabor añadido que pueda tener el cocido en general (puchero), en cuyo caso es interesante el puchero de enfermo, por lo que jamás estará fuera de razón.

Después de setenta y… años descubro que lo que aprendí de aquellos sabios de faja negra rodeando la cintura y boina calada hasta las orejas -y otros-, que acudían a jugar la partida en la cocina de casa, (habilitada en las noches de invierno como cantina) es un significado distinto al que le dan los diccionarios de la Real Academia. Decían, aquéllos, cuando un asunto no era de fiar o no estaba suficientemente claro: huele a puchero enfermo: "¡cuidado, esto huele a puchero enfermo!" Daban a entender que el asunto (puchero) no estaba claro: huele a podrido, esto me huele mal, tiene tufillo, huele a cuerno quemado o, sencillamente: huele a puchero enfermo (puchero-asunto cuyas condiciones habrá que auscultar), por lo que debías tomar precauciones y no fiarte de las apariencias.

Usaban esta frase u otra equivalente: ¡cuidado, esto me huele a cuerno quemado! (ten cuidado que puede no ser lo que parece, puede tener trampa).

Tanto una frase como la otra nos daban a entender que no había que fiarse de las apariencias, que aquello aparentemente inofensivo, o favorable, podía tener trampa. Un ejemplo adaptado a los tiempos que ahora corren: “he colocado mis ahorros en “Fórum Filatélico -o en preferentes- (dos timos) y me dan un 7% de interés”. Aquél de faja negra y boina calada hasta las orejas que lo oye (lo oyó) dice (dijo): oye, esto huele a puchero enfermo (por eso no le pillaron). Quiere decirse que a pesar de las apariencias favorables puede ser peligroso (si el puchero está enfermo y te fías, sólo, de su apariencia, puede ser peligroso)

Es posible que las frases puedan ser parecidas, pero el resultado puede resultar completamente distinto. El puchero de, o para enfermo, es una garantía de salubridad, se puede consumir sin temor a intoxicarse, y el olor a puchero enfermo nos previene contra las buenas apariencias pero que puede encerrar algún peligro del que después nos lamentaremos.

Resumiendo: mis ancestros y el DLE establecen diferencias entre la palabra “puchero enfermo o puchero de enfermo. Para los míos (rurales ellos y yo) existe la posibilidad de que el puchero esté enfermo (en condiciones poco saludables, lo que representa un riesgo) y para el diccionario el puchero es para el enfermo en cuyo caso existe total garantía de salubridad (puede uno fiarse) aunque cierto es que puede resultar insustancial: pero no hay engaño. Como insustancial puede resultar mi escrito. Pero como existe libertad de expresión yo la he usado, garantizando que no tiene ningún riesgo su lectura… que no huele a “puchero enfermo” vamos.

Sanseacabó: he querido decir, y he dicho, que en mi pueblo no usamos la frase puchero de enfermo, sino puchero enfermo, que es parecido pero no es lo mismo.

¿Estáis de acuerdo? ¿No? Pues venga que hay que mojarse.

Y, de momento, nada huele a puchero enfermo en…

Camporredondo, 31 de octubre de 2016


lunes, 12 de septiembre de 2016

Cachapada

Debo empezar -otra vez más- por decir que escribo –o como se llame esto que hago- desde un pueblo muy pequeño de la provincia de Valladolid llamado Camporredondo. Es tan pequeño que en la actualidad somos aproximadamente 150 habitantes y cuando más habitantes hubo fueron unos 600. Digo todo esto para que, quizás, se pueda entender que es muy difícil que hasta aquí pudiera llegar desde el otro lado del “charco” la palabra que trataré de presentaros hoy: cachapada.

Ya sabéis que soy aficionadillo a estas cosas que nuestros abuelos manejaban a las mil maravillas: el lenguaje rural.

Bien. Tengo recogidas bastantes palabras que creo están a punto de desaparecer –o desaparecidas- y que como llevo bastante tiempo en el empeño, pensé que ya no habría ocasión para rescatar del olvido ninguna más. Pero ¡héteme aquí! hace unos días un señor de mi pueblo (Pedro Ajo Barrero) escribe en Google un artículo sobre los buzones de correos y nos dice: “(…) Después de estar casi una tarde entera para elegir un buzón, porque no veas la cachapada de modelos de buzón que allí había”. (…)  Visto lo visto y leído lo leído, no pude evitar una exclamación malsonante; acababa de rescatar para el “Diccionario de Camporredondo” otra palabra que, a mí -a pesar de haberla usado cachapada de veces- se me había escapado. No cabe duda que se me habrán ido otras muchas, pero que se me escape ésta no tiene (tengo) perdón de Dios. Es una palabra que mi hermano Alfredo (e.p.d.), once años mayor que yo, usaba siempre que tuviera que hacer alusión a una gran cantidad de algo… ¡qué cachapada de… –lo que fuera- había!

Busqué y busqué la palabra -siempre con resultados negativos- en diccionarios habidos y por haber y “nada de nada, nada”, por ninguna parte… nada. Hasta que pensé: si decimos cachapada para referirnos a gran cantidad de cosa, y no existe, busqué la cosa en singular y… zas allí estaba cachapa.

Como ya era más fácil seguir el rastro: el rastro seguí. Encontrando que en casi todas partes se refiere a una especie de tortilla que se hace en Colombia y Venezuela.

Relacionado con cachapa encontré cachapera y cachapera -en estos países- se lo aplican a la mujer que hace cachapas (tortillas) y también a la mujer lesbiana.

¡Anda! me dije, en Venezuela y Colombia, a la mujer lesbiana le llaman, también, cachapera, y en España a la mujer lesbiana le llaman tortillera. O sea, la palabreja parece que no es ajena al castellano mas tradicional y, por ende, rural.

Cachapa.- Venezuela y Colombia: Tortilla.

Cachapera.- Ven. y Col. Mujer que hace cachapas y, también, mujer lesbiana.

Tortillera.- España: mujer que hace tortillas y, también, mujer lesbiana.

A partir de aquí, ya estoy preguntando: ¿vosotros creéis que mi hermano Alfredo estuvo alguna vez en Venezuela o Colombia y se trajo para acá la palabra cachapada? Yo os puedo asegurar que no. A partir de ahí lo que pienso es que la palabra cachapa (tortilla) viajó allende los mares y allá se quedó, como otras muchas palabras que nosotros olvidamos, pero que nuestro hermanos, allende los mares, conservan como oro en paño.

Así que, desde este momento, a la tortilla también llamaré cachapa y a Pedro Ajo Barrero le estaré eternamente agradecido por rescatar, para nosotros, cachapada. Palabra que nuestros abuelos, y  nosotros, usábamos, pero que, como por arte de birlibirloque, nos hemos cargado.

¿Algún comentario? Pues nada, aquí seguimos esperando cachapada de palabras en trance de desaparecer.

Camporredondo 11 de septiembre de 2016


sábado, 19 de diciembre de 2015

Perdido 2

Ruego paciencia al posible lector, porque sólo así podrá terminar esta lectura que yo creo es imprescindible presentarla en su totalidad para que después, cada cual, saque sus propias conclusiones.

La primera parte se refiere a lo que el “experto” en Miguel Delibes entiende que significa la palabra perdido, que publicó en Diccionario del Castellano Rural en la Narrativa de Miguel Delibes y en el glosario de Cátedra Miguel Delibes. ¡Dios bendito!

La segunda parte incluye el mismo Diccionario del Castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, esta vez editado por ediciones Cinca, en el que, nos dicen, que algunas palabras han sido mejoradas. La palabra que hoy nos ocupa es una de las "mejoradas".

Vamos con la primera parte.

Perdido
D1C p. 167
A la tarde le metí en un
perdido de escobillas y avena loca.
perdido, da.
(Del part. de perder).
1.
adj. Que no tiene o no lleva destino determinado.
2.
adj. U., unido a ciertos adjetivos, para aumentar y reforzar el sentido de estos. Histérica perdida. Enamorado perdido. Tonto perdido.
3.
m. Hombre sin provecho y sin moral.
4.
m. Impr. Cierto número de ejemplares que se tiran de más en cada pliego, para que supliendo con ellos los que salgan de la pre nsa imperfectos o inútiles, no resulte incompleta la edición.
5.
f. prostituta.
~ por alguien.
1.
loc. adj. Ciegamente enamorado de él.
~ por algo.
1.
loc. adj. Muy aficionado a ello.
ser alguien un ~.
1.
fr. Ser demasiado franco o pródigo.
2.
fr. Estar destituido de estimación y crédito.
ponerse ~.
1.
fr. coloq. Ensuciarse mucho, ponerse muy sucio.
V.
 
alma perdida
bala perdida
caja perdida
caso perdido
centinela perdida
cosa perdida
desván perdido
fondo perdido
gente perdida
manga perdida
mano perdida
mujer perdida
pan perdido
ratos perdidos
tiempo perdido

Perdido:
Lugar que no está comunicado ni por veredas, caminos, etc. (Investigación de campo)
AVD p. 49
(...) entre las aulagas de los
perdidos.
AVD p. 58
En Castilla, a falta de las praderas húmedas de que tanto gusta, la avefría asentaba en las cunetas o en los
perdidos pantanosos contiguos a los carrascales (...)
AVD p. 75
(...) de arduas laderas y estirados navazos, donde apenas amuebla los
perdidos una rala vegetación esteparia (...)
AVD p. 85
(...) dediqué mi atención a inspeccionar el terreno y, desdeñando pajas y junqueras, tropecé con un retazo de cebada pinada no mayor de cien metros en cuadro, con más cardos que espigas y la mayor parte de éstas sin granar. Se trataba evidentemente de unperdido, una siembra abandonada (...)
AVD p. 194
(...) donde los majuelos ocupan la mayor parte de las ochocientas hectáreas, alternando con algunos olivares, cuatro
 perdidos de esparto y unos pocos retales de cereal.
LPD p. 26
(...) empezaban a verse pájaros entre los barbechos y
perdidos de los bajos,
LPD p.63
(...) me dediqué a registrar
perdidos, arroyos y majanos,

Querido lector: todo lo que acabas de leer aparece, tal cual, en el DRAE excepto, claro está, el uso que Delibes hace de la palabra perdido en algunas de sus obras.

Al pie de las acepciones que nos aporta el Diccionario de la Real Academia Española, el señor Urdiales nos muestra su "(investigación de campo)” para decirnos:

Perdido: Lugar que no está comunicado ni por veredas, caminos, etc. (Investigación de campo).

Patente queda que el señor Urdiales no puede haber investigado, porque a tenor de lo que nos aporta, tomado del DRAE, queda claro que nada tiene que ver con el terreno, que es por donde se mueve el cazador y que el “experto” aún no ha descubierto.

Dígame querido lector: ¿Dónde y cómo investigó el experto?

Vamos con la segunda parte que conforma el nuevo-viejo diccionario.

Perdido.
D1C p. 167
A la tarde le metí en un perdido de escobillas y avena loca.

Con lo que acabamos de leer encabezaba el primer diccionario y la Cátedra Miguel Delibes.

Perdido,da. (Del part. de perder).

1. adj. Que no tiene o no lleva destino determinado.

Esto también aparece al principio de la primera parte.

Perdido: Tierra sin labrar durante años. (Investigación de campo).

¡Esto sí que es nuevo! Aquí al señor Urdiales le habían llegado -sin él investigar- unos folios mecanografiados en los que le advertían de sus posibles errores.

Y sigue el diccionario:

AVD p. 49
(…) entre las aulagas de los perdidos.
AVD p 58
En Castilla, a falta de las praderas húmedas de que tanto gusta, la avefría asentaba en las cunetas o en los perdidos pantanosos contiguos a los carrascales (…)
AVD p. 75
(…) de arduas laderas y estirados navazos, donde apenas amuebla los perdidos una rala vegetación esteparia (…)
AVD p. 85
(…) dedique mi atención a inspeccionar el terreno y, desdeñando pajas y junqueras, tropecé con un retazo de cebada pinada no mayor de cien metros en cuadro, con más cardos que espigas y la mayor parte de estas sin granar. Se trataba evidentemente de un perdido, una siembra abandonada (…)
LPD p. 26
(…) empezaban a verse pájaros entre los barbechos y perdidos de los bajos.

Juzgue usted lo que acaba de leer. Yo, una vez más, voy a dar mi opinión sobre este segundo-primer diccionario.

La verdad es que poco tengo que añadir. Sí creo que debo opinar y preguntar: después de lo visto y leído… ¿esto es una “mejora” de la palabra PERDIDO, o es una rectificación absoluta al primer diccionario que, aparte de este menda, nadie corrigió?

La palabra perdido referida al campo (terreno que se deja de labrar) el DRAE –fuente de información del señor Urdiales- no la recoge. Me arriesgo a asegurar que es palabra del más puro castellano rural, por eso no aparece en la Real Academia y si el diccionario nos falla, el señor Urdiales eso: está perdido.

Entiendo que dado el error mayúsculo cometido en el primer diccionario y aplicando un mínimo de cordura, el autor debería reconocer su error y justo en dos líneas rematar la faena: perdón lector, me equivoqué y la palabra perdido queda como sigue:

Perdido: Tierra sin labrar durante años. (Investigación de campo).

Pero el autor de este último-primer diccionario demuestra muy poco respeto (es mi opinión) hacia sus lectores y sigue rellenando “como Dios le da a entender” para ver si pasa desapercibido y… todos tan felices.

Ahora, a pesar de haber dejado claro en el Diccionario de Camporredondo y en mi anterior crítica en “La Pizarra de Gaude” sección “En camisas de once varas”, lo que significa la palabra rural perdido, quiero ampliar un poco su significado para que no quede duda sobre ella.

Perdido:

Parcela de terreno que durante años no se labra. Debo decir que no es lo mismo que barbecho que es la parcela de terreno que, si bien no se siembra, sí que se labra. El perdido adquiere su título en el momento en que se deja de labrar durante uno o más años agrícolas.

Después hay otros perdidos: unos porque se desorientan, otros porque no sabemos por dónde andamos, otros porque son unos perdigallas… en fin que el término perdido es palabra del castellano de muy amplio espectro. Delibes, conocedor del ambiente rural en el que se desarrollan algunas de sus obras hace uso de ella, pero referida al campo exclusivamente.

Y mi queja final: ¿no deberíamos reclamar sobre la edición y salida al mercado de unos diccionarios sin un mínimo de rigor? La verdad es que no, porque sin ellos yo no habría salido a la palestra a intentar defender el lenguaje de mis abuelos y la obra del escritor en castellano rural más grande que dio Castilla. Desde esa perspectiva, no otra, muchas gracias señor Urdiales.

No soy pesado, no, ya sé que me repito, pero no soy pesado. Lo que acaban de leer está respaldado por: Fundación Instituto Castellano y leonés de la lengua, Cátedra Miguel Delibes. Fundación Miguel Delibes; Excma. Diputación provincial de Valladolid, Misterio de incultura rural que “hace posible que el señor Urdiales predique por institutos y colegios”, diario El Norte de Castilla y… como suelo decir: ¡échele usted hilo a la cometa! ¿Es posible que a nadie le importe la interpretación que el experto hace sobre ésta y otras palabras rurales?

Como final digo: he tratado de buscar la palabra perdido, referida al campo, y no he conseguido nada positivo, por lo que deduzco que es palabra eminentemente rural. Por todo ello ruego, al que más sepa, nos informe sobre su origen para darle la mayor difusión posible. Me queda lamentar que los perdidos (terrenos que se dejan de labrar) en Castilla van en aumento ¿a alguien le preocupa? Al que esto teclea sí, mucho.

Camporredondo 5 de mayo de 2015.



sábado, 16 de mayo de 2015

Rambalesca 2

Hay una frase, que yo suelo usar muy a menudo, para significar lo difícil que es expresar, hacer o decir una cosa cuando yo no sé expresarla o, cuando el que me oye -pero no me escucha- no lo entiende o no quiere entenderme. La frase es: “es como machacar en hierro frío”. Vosotros, mejor que yo sabéis lo difícil que es trabajar el hierro en frío. A mí me pasa una cosa, sé lo difícil que es trabajar el hierro en frío, pero carezco de fragua y no soy capaz de calentarlo. (No soy capaz de hacerme entender).

En fecha 3 de septiembre de 2014 publiqué en “La Pizarra de Gaude” lo que podéis ver a continuación. Ni quito ni pongo nada para demostrar que persisto en mi cabezonada. Ya sabéis que “nada hay más atrevido que la ignorancia”.

Ahí va:

Rambalesca

CH p. 139

(...) dejarán de ser una manifestación penitencial espontánea para convertirse en una rambalesca escenificación del drama del Calvario.

Rambalesca: No aparece así en el DRAE. Aquí quiere decir rocambolesca. (Investigación de campo)

No, no se asuste usted lector de “En camisas de once varas” por lo que acaba de leer, tal vez el error sea de este hombre de campo que no ha entendido lo que el DCRNMD (pág. 197) y Cátedra Miguel Delibes publican. Yo lo he recogido –tal cual- para que sea usted el que me saque de esta duda: ¿es posible que el autor del glosario de la cátedra no entienda lo que es una obra delibesiana? ¿Parece extraño verdad? Pero entonces ¿cómo explicar que no sepa lo que es “una rambalesca escenificación del drama del Calvario”?

Aquí el DRAE nos ha cambiado el paso: no aparece la palabra rambalesca, lo cual nos habría facilitado las cosas. El Diccionario de la Real Academia debería decirnos que se refiere a una obra de Enrique Rambal. Cómo el diccionario no nos  lo dice, el experto hace su particular investigación y nos dice: Aquí quiere decir rocambolesca. Y yo digo aquí y ahora: Delibes nos quiere decir, y nos dice, que “El calvario de Ahedo” si deja de ser una manifestación espontánea puede convertirse en una obra Rambalesca (de Enrique Rambal), eso quería decir y eso dice. Y va mi pregunta ¿si Delibes hubiera querido decir rocambolesca, qué se lo impedía?

No pudiendo creer lo que leía busqué y enseguida encontré lo que usted puede leer a continuación:

José María (se refiere a José maría de Cossío) cuenta que él una vez en Valladolid fue comparsa de la compañía de Rambal. Representaba éste La Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, una obra de tan clamoroso éxito que de los pueblos cercanos y lejanos de la capital llegaba la gente a pie, en carro, en tren y se despoblaban los vecindarios casi en masa, como antaño con La pata de cabra... Ver a Rambal entre bastidores, esperando salir a escena para representar la escena final, en la que Nuestro Señor aparecía en la Cruz, vestido el buen Rambal (…).

Con esto me dije: ¡ya está! Delibes tiene razón, se refiere a que podría convertirse en  una escenificación del Calvario del estilo de Enrique Rambal, lo que acaba de presenciar en “El Calvario de Ahedo” (páginas 134-139 de “Castilla habla”; de ahí rambalesca (estilo Enrique Rambal).

Entiendo que el autor del glosario -muy joven- no ha conocido la obra de Enrique Rambal fallecido en 1956, quizás tampoco ha oído hablar de la representación de Enrique Rambal (hijo) en “El mártir del calvario”, pero lo que no puedo entender es que al efectuar la investigación de campo haya descubierto que el escritor quiere decir “rocambolesca”. ¿Rectificamos al maestro?

No me siento con suficientes ánimos para seguir…

LEA “CASTILLA HABLA” (EL CALVARIO DE AHEDO), MERECE LA PENA Y USTED DECIDIRÁ SI DELIBES, “AQUÍ QUIERE DECIR ROCAMBOLESCA” O DECÍA BIEN AL DECIR “RAMBALESCA”

Seguimos:

Cómo la noticia de reedición del Diccionario del Castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes nos anuncia que hay palabras mejoradas, yo he acudido al nuevo-viejo diccionario para ver las mejoras incluidas en esta nueva edición, y aquí os traigo la mejora referida a esta palabra:

Antes decía el diccionario:

Rambalesca: No aparece así en el DRAE. Aquí quiere decir rocambolesca. (Investigación de campo)

Y ahora dice el mejorado diccionario:

Rambalesca: No aparece así en el DRAE. Variante vulgar de rocambolesca. (Investigación de campo).

Como podemos apreciar, parece que algo hemos querido corregir… porque no queremos rectificar: Delibes quiso decir, y dijo, Rambalesca (representación al estilo de Enrique Rambal) y el experto, erre que erre, corrige al autor y sigue en sus trece: Delibes usó la palabra Rambalesca pero no como estilo de Enrique Rambal, sino como palabra vulgar variante de rocambolesca. Eso entiendo yo que ya sabéis que no entiendo nada. ¿El escritor usa el término vulgar de rocambolesca? Me rindo ante tanta lucidez y sabiduría por parte del “experto”.

Para que el posible lector de “La pizarra de Gaude” tenga claro cuáles son nuestros apoyos, vuelvo a repetir: al autor de los diccionarios le apoyan las siguientes instituciones: Fundación Instituto Castellano y Leonés de la lengua, Cátedra Miguel Delibes, Fundación Miguel Delibes, Excma. Diputación Provincial de Valladolid, Ministerio de cultura (según el autor hace posibles sus charlas en colegios e institutos) y el diario El Norte de Castilla. Y apoyan con su presencia en portadas de algunos periódicos, varias personas de la cultura.

En contraposición, a este paleto le apoyan, su flamante certificado de estudios primarios (conseguido durante el servicio militar, de donde también me licencié, el año 1965), y la cayada que aún conservo desde mis tiempos de pastor de ovejas. 

El experto en Miguel Delibes y doctor en ciencias de la información dice, porque el DRAE no recoge rambalesca: “variante vulgar de rocambolesca”.

Y yo, con mi currículo, digo: Delibes nos habla de que si cambian su espontaneidad para convertirlo en espectáculo, el calvario de Ahedo dejará de ser una manifestación espontanea para convertirse en una rambalesca escenificación del Calvario. De donde deduzco que Delibes se refiere a la escenificación de “El Mártir del Calvario”, obra cumbre -con 5000 representaciones- de Enrique Rambal. Ignoro, yo no soy ilustre letrado, si al referirse a rambalesca, como apellido de Enrique Rambal, pierde su significado para convertirse en una vulgaridad. Eso es algo que vosotros tendréis que juzgar y decidir.

Recordad: a partir de la edición mejorada del citado diccionario, cualquier obra de Enrique Rambal no será tenida como una obra rambalesca, sino como una vulgaridad de la palabra rocambolesca. ¡Vivir para ver!

Camporredondo, 10 de abril de 2015.

jueves, 9 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: A huevo.

Yo creo que tiene que llegar el momento de cortar este empeño que tengo en ver las cosas de distinta manera a como las ve el “experto” en la narrativa de Miguel Delibes y, debo entender,  aquél que se las publica.

Aquí tenemos otra muestra más:

A huevo: Locución adverbial: que apenas cuesta. “Indica lo baratas que costaban o se vendían las cosas”.

EUC p. 65.
(…) sobre el navazo encharcado y fallar una segunda a huevo (…)

Vamos a ampliar un poco lo que Delibes nos dice en “El último coto” y después seguimos comentando: “(…) No cacé más de hora y media (el temor de la vuelta al coche me enervaba) tiempo suficiente para derribar una perdiz lanzada sobre el navazo encharcado y fallar una segunda a huevo, entre los pinos. (…)”

Bien, parece que el cazador no andaba de compras en ese momento, ni pretende decirnos si las cosas se compraban o vendían baratas. Delibes en “El último coto” nos dice que le salió una perdiz a huevo, o sea fácil, a capón… ¿se acuerdan? Bueno pues eso; que aun saliéndole mansa, a huevo, la falló. Ése parece que era su lamento, más que el de los precios en el mercado.

Decía al principio del escrito que veo las cosas de distinta manera a como las ve el “experto” con lo que uno de los dos nos equivocamos; o no, porque posiblemente los dos tengamos razón, cada uno lo vemos desde distinta óptica: él desde la ciudad y yo desde el terruño desde donde, indudablemente, las cosas parece que se ven de distinta manera: yo veo a la perdiz volando lanzada sobre el navazo encharcado y volando entre los pinos, y él la ve volando entre los puestos del pescado, la carne o la fruta. A mí no me preocupan los precios del mercado y a él no le preocupa si el navazo está encharcado o era un secarral.

YO SIGO CONTANDO LAS COSAS DESDE EL PUEBLO.


martes, 7 de octubre de 2014

En Camisas de Once Varas: A capón.

A capón: Disparar sin tener tiempo de utilizar el punto de mira.

Esto se encuentra escrito en la página 35 del Diccionario de Expresiones populares en la Narrativa de Miguel Delibes.

Uno ya empieza a cansarse y siente ganas de abandonar, pero, claro, abres el diccionario en sus primeras páginas y encuentras lo que más arriba hemos tecleado y dices: si lo dejo así, dirá aquél que sea cazador o conozca un poco este mundo ¿es que nadie se ha dado cuenta? Y yo digo ¡joder! es verdad lo que puede pensar el lector ¿nadie se ha dado cuenta de lo que dicen en este diccionario? ¿Desde cuándo saltar la pieza a capón se traduce en un disparo tan difícil que ni siquiera tiene el cazador tiempo de utilizar el punto de mira? Veamos lo que dice Delibes:

“(…) Hay que considerar que la perdiz es capaz de volar a una velocidad de cien kilómetro a la hora y si a eso le añadimos los ochenta o noventa del huracán, se comprenderá que la patirroja que levanta a diez metros –sigilosamente, además, acallada por los bramidos del viento- puede interponer en poco más de un segundo sesenta entre ella y los tubos de la escopeta. El tiro, aun arrancando a capón, exige una celeridad de la que no todos, desgraciadamente, disponemos. (…).

Si leemos con atención, en seguida nos daremos cuenta que Delibes no nos está hablando de un disparo a capón, sino de que la pieza (la perdiz) aun arrancando a capón (saliendo fácil) en un momento, con la fuerza de sus alas y ayudada por el viento, si no te das prisa en disparar se te alarga. O sea: se necesita rapidez en el disparo porque, de lo contrario, desaparece del campo cubierto por la escopeta.

Resumiendo: es la pieza la que arranca (sale, levanta el vuelo en este caso) a capón y si, con las circunstancias especiales del día, el disparo no es rápido, se nos va a criar. O sea: a capón (a huevo) sale la perdiz y el disparo debe ser rápido. Si no lo haces así habría que darle, al cazador, un capón con los nudillos bien apretados. Y otro a mí quizás por no saber explicarlo.

Quiero añadir -porque me brinda la oportunidad el DEPNMD en la misma página 35- que Delibes en el “El último coto” página 70, nos deja más claro a todos lo que es “a capón”. Dice:

Los pájaros, juntos, en pares, o separados, arrancaban por todas partes, sin malicia, blandos, a capón (a huevo, decíamos casi todas veces; lo cual no es dispararle al huevo).

SI USTED NO ESTÁ DE ACUERDO, PODEMOS SEGUIR DISCUTIENDO LA JUGADA.