jueves, 28 de mayo de 2015

Arados 2

Qué duda cabe que el señor Urdiales -poco a poco- va comprendiendo a Delibes y aprendiendo el lenguaje rural. Pero al ritmo que va tardará algunos años en ponerse al día. Yo lo digo muchas veces: para aprender este lenguaje hay que romper muchos pares de alpargatas recorriendo caminos un poco más incómodos que los paseos de las grandes urbes, y pegar la hebra con gentes que no echan mano del DRAE cada vez que ignoran una palabra. Una vez más digo: el lenguaje rural no tiene diccionario, porque si lo tuviera ¿para qué estaríamos tratando de salvar algunas palabras?

Comenzó el señor Urdiales creyendo que había recogido tres tipo de arado (ver periódico El Norte de Castilla del lunes 28.01.13 página 33 de ¿culturas?). Aquello ya intentamos corregirlo y parece que algo hemos conseguido (ver “La pizarra de Gaude: En camisas de once varas”).

Como nos hemos comprometido a seguir las “mejoras”, en algunas palabras, recogidas en el nuevo-viejo “Diccionario del Castellano Rural en la Narrativa de Miguel Delibes”, editado por ediciones Cinca, sólo a eso nos vamos a limitar. Para lo demás os remito al mencionado blog “La Pizarra de Gaude” en sus entregas de “En Camisas de Once varas”.

Referido a los arados, primera mejora:

"Arado romano: instrumento que sirve (…)

EH p. 54"   (Yo lo leo en El hereje Pág. 97 ediciones Destino 1ª edición septiembre 1998)

“Benjamín Martín, más pragmático, hizo hincapié en que en Villanubla únicamente dos labradores seguían con los bueyes de arado (…)"

Ésta es una de las mejoras añadidas en el segundo-primer diccionario. Cierto es que no sé para qué nos añade esta mejora, pues no aclara a qué tipo de arado se refiere. De todas maneras, como la mejora-ampliación viene precedida de “arado romano”, sólo quiero advertir: si alguna ventaja ofrecían los bueyes sobre los machos o mulas para arar, era con el arado de vertedera. Los bueyes son más lentos pero tienen algo muy a tener en cuenta a la hora de arar con este arado: su mayor fuerza. O sea: para arrastrar el arado romano mejor los machos o mulas que los bueyes porque éstos son muy lentos.

Seguimos con más mejoras:

"Arado terciado

CH p. 169

No el arado viñero, que ese entra en cualquier parte, es decir, un arado terciado (…)
Arado terciado: Estas dos palabras no se emplean nunca juntas por la zona. El arado es siempre el mismo, ya sea en viñas o en terreno de cereal. Terciar: labrar por tercera vez un terreno de barbecho. Suele hacerse en los meses de mayo-junio. Las dos primeras veces se denominan alzar (noviembre) y binar (febrero-marzo). (Investigación de campo)"

Porque el señor Urdiales no ha mejorado lo que nos decía en el primer diccionario, nosotros tampoco modificamos lo que allí dijimos: no señor Urdiales, el arado no es siempre el mismo. El arado terciado NO EXISTE si no es como referencia entre uno de mayor y otro de menor tamaño. Imagínese: el agricultor tiene dos arados, pero uno por exceso y otro por defecto ninguno de los dos cubre sus necesidades. ¿Qué hace entonces? Pues eso, busca uno terciado (ni el más grande ni el más pequeño). Pero el arado terciado varía según sean los arados de referencia. ¿Me he explicado? ¿Sí? Pues entonces ha quedado claro que el arado terciado no existe, lo convierten en terciado sus referentes.

Seguimos mejorando palabras.

"Arado viñero

CH p. 169

No el arado viñero, que ése entra en cualquier parte, pero tampoco el grande, es decir, un arado terciado (…)

Arado viñero: Arado al que se le pone solamente un animal de tiro" (en la edición anterior, aquí decía animal de carga) "para que quepa por las viñas. El arado viñero es más pequeño que el de vertedera. (Investigación de campo)"

Para que podamos apreciar la mejora introducida, reproduzco lo que el "experto recoge" en Cátedra Miguel Delibes:

Arado viñero

CH p. 169
No el arado viñero, que ése entra en cualquier parte, pero tampoco el grande, es decir, un arado terciado (...)
Arado viñero: Arado al que se le pone solamente un animal de carga para que quepa por las viñas. El arado es siempre el mismo, sea para una viña o para un campo de cereal. (Investigación de campo).

Con tanto lío de arados el señor Urdiales se va a volver tarumba. A ver: vuelve el “experto” a mezclar –sin al parecer mucha convicción- arado terciado, arado de vertedera y arado viñero. Dice el señor Urdiales: el arado viñero es más pequeño que el de vertedera. (Investigación de campo)

Verá usted señor Urdiales: vertedera es el nombre genérico de un grupo de arados que voltean la tierra, de ahí su nombre. El arado viñero es uno más de este tipo de arado, lo mismo que lo es el brabant o brabante que es un arado, al parecer, de la región de Brabante (región entre Bélgica y Holanda) y otros más pequeños que éste. Así que el arado terciado, en el caso que nos ocupa, no es el viñero sino el intermedio entre éste, que es el más pequeño, y el siguiente arado. Pero todos dentro del grupo de arados de vertedera.

Diga usted conmigo: el arado viñero es el más pequeño de los arados de vertedera. Así, muy bien. Es que no es lo mismo.


Camporredondo 10 de mayo de 2015.

jueves, 21 de mayo de 2015

Aspereza/asperura

Quizá voy a pecar de excesiva meticulosidad por intentar dejar lo más claro posible lo que yo entiendo –así lo recogí en el Diccionario de Camporredondo- por aspereza, según Delibes, y asperura, según el tecleador de este invento.

En el nuevo-viejo Diccionario del castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes, su autor, nos deja recogida la siguiente definición de aspereza:

Aspereza: Friura, cristalitos de agua nieve en poca cantidad. También llamada asperura (Investigación de campo)

Es posible que yo entienda como los gigantones pero, aun siendo así, también debo decir que después de haber caído, sobre mis espaldas, varias chaparradas de asperura, alguna idea debo de tener sobre el tema.

Si admitiera que la asperura son pequeños cristalitos de agua nieve, estaría admitiendo que la asperura son pequeños granizos: pero eso no es cierto. Si admitiera que es en poca cantidad, debo preguntar ¿comparado con qué? De forma que dejaré –sin recurrir al DRAE- lo que este paleto entiende y ha entendido toda la vida por:

Asperura.-  Nieve caída en forma de pequeñas bolitas. No, no son pequeños granizos aunque sean en forma de bolitas. Indudablemente cuando la asperura se derrite se convierte en agua, eso es indiscutible, pero la asperura no es agua nieve.

Sobre “en poca cantidad”, pues debo decir que en toda mi vida de hombre de campo he visto cubrirse, muchas veces, el suelo con una ligera, o buena capa.

Cuatro palabras clásicas de cuando uno se asomaba a la puerta de casa y al entrar preguntaban ¿está granizando, o nevando? La respuesta, cuando correspondía, era: no, está cayendo asperura.

Es todo lo que quería matizar sobre la asperura que tantas veces cayera sobre mi azotea.


Camporredondo, 14 de mayo de 2015

sábado, 16 de mayo de 2015

Rambalesca 2

Hay una frase, que yo suelo usar muy a menudo, para significar lo difícil que es expresar, hacer o decir una cosa cuando yo no sé expresarla o, cuando el que me oye -pero no me escucha- no lo entiende o no quiere entenderme. La frase es: “es como machacar en hierro frío”. Vosotros, mejor que yo sabéis lo difícil que es trabajar el hierro en frío. A mí me pasa una cosa, sé lo difícil que es trabajar el hierro en frío, pero carezco de fragua y no soy capaz de calentarlo. (No soy capaz de hacerme entender).

En fecha 3 de septiembre de 2014 publiqué en “La Pizarra de Gaude” lo que podéis ver a continuación. Ni quito ni pongo nada para demostrar que persisto en mi cabezonada. Ya sabéis que “nada hay más atrevido que la ignorancia”.

Ahí va:

Rambalesca

CH p. 139

(...) dejarán de ser una manifestación penitencial espontánea para convertirse en una rambalesca escenificación del drama del Calvario.

Rambalesca: No aparece así en el DRAE. Aquí quiere decir rocambolesca. (Investigación de campo)

No, no se asuste usted lector de “En camisas de once varas” por lo que acaba de leer, tal vez el error sea de este hombre de campo que no ha entendido lo que el DCRNMD (pág. 197) y Cátedra Miguel Delibes publican. Yo lo he recogido –tal cual- para que sea usted el que me saque de esta duda: ¿es posible que el autor del glosario de la cátedra no entienda lo que es una obra delibesiana? ¿Parece extraño verdad? Pero entonces ¿cómo explicar que no sepa lo que es “una rambalesca escenificación del drama del Calvario”?

Aquí el DRAE nos ha cambiado el paso: no aparece la palabra rambalesca, lo cual nos habría facilitado las cosas. El Diccionario de la Real Academia debería decirnos que se refiere a una obra de Enrique Rambal. Cómo el diccionario no nos  lo dice, el experto hace su particular investigación y nos dice: Aquí quiere decir rocambolesca. Y yo digo aquí y ahora: Delibes nos quiere decir, y nos dice, que “El calvario de Ahedo” si deja de ser una manifestación espontánea puede convertirse en una obra Rambalesca (de Enrique Rambal), eso quería decir y eso dice. Y va mi pregunta ¿si Delibes hubiera querido decir rocambolesca, qué se lo impedía?

No pudiendo creer lo que leía busqué y enseguida encontré lo que usted puede leer a continuación:

José María (se refiere a José maría de Cossío) cuenta que él una vez en Valladolid fue comparsa de la compañía de Rambal. Representaba éste La Pasión y muerte de Nuestro Señor Jesucristo, una obra de tan clamoroso éxito que de los pueblos cercanos y lejanos de la capital llegaba la gente a pie, en carro, en tren y se despoblaban los vecindarios casi en masa, como antaño con La pata de cabra... Ver a Rambal entre bastidores, esperando salir a escena para representar la escena final, en la que Nuestro Señor aparecía en la Cruz, vestido el buen Rambal (…).

Con esto me dije: ¡ya está! Delibes tiene razón, se refiere a que podría convertirse en  una escenificación del Calvario del estilo de Enrique Rambal, lo que acaba de presenciar en “El Calvario de Ahedo” (páginas 134-139 de “Castilla habla”; de ahí rambalesca (estilo Enrique Rambal).

Entiendo que el autor del glosario -muy joven- no ha conocido la obra de Enrique Rambal fallecido en 1956, quizás tampoco ha oído hablar de la representación de Enrique Rambal (hijo) en “El mártir del calvario”, pero lo que no puedo entender es que al efectuar la investigación de campo haya descubierto que el escritor quiere decir “rocambolesca”. ¿Rectificamos al maestro?

No me siento con suficientes ánimos para seguir…

LEA “CASTILLA HABLA” (EL CALVARIO DE AHEDO), MERECE LA PENA Y USTED DECIDIRÁ SI DELIBES, “AQUÍ QUIERE DECIR ROCAMBOLESCA” O DECÍA BIEN AL DECIR “RAMBALESCA”

Seguimos:

Cómo la noticia de reedición del Diccionario del Castellano rural en la narrativa de Miguel Delibes nos anuncia que hay palabras mejoradas, yo he acudido al nuevo-viejo diccionario para ver las mejoras incluidas en esta nueva edición, y aquí os traigo la mejora referida a esta palabra:

Antes decía el diccionario:

Rambalesca: No aparece así en el DRAE. Aquí quiere decir rocambolesca. (Investigación de campo)

Y ahora dice el mejorado diccionario:

Rambalesca: No aparece así en el DRAE. Variante vulgar de rocambolesca. (Investigación de campo).

Como podemos apreciar, parece que algo hemos querido corregir… porque no queremos rectificar: Delibes quiso decir, y dijo, Rambalesca (representación al estilo de Enrique Rambal) y el experto, erre que erre, corrige al autor y sigue en sus trece: Delibes usó la palabra Rambalesca pero no como estilo de Enrique Rambal, sino como palabra vulgar variante de rocambolesca. Eso entiendo yo que ya sabéis que no entiendo nada. ¿El escritor usa el término vulgar de rocambolesca? Me rindo ante tanta lucidez y sabiduría por parte del “experto”.

Para que el posible lector de “La pizarra de Gaude” tenga claro cuáles son nuestros apoyos, vuelvo a repetir: al autor de los diccionarios le apoyan las siguientes instituciones: Fundación Instituto Castellano y Leonés de la lengua, Cátedra Miguel Delibes, Fundación Miguel Delibes, Excma. Diputación Provincial de Valladolid, Ministerio de cultura (según el autor hace posibles sus charlas en colegios e institutos) y el diario El Norte de Castilla. Y apoyan con su presencia en portadas de algunos periódicos, varias personas de la cultura.

En contraposición, a este paleto le apoyan, su flamante certificado de estudios primarios (conseguido durante el servicio militar, de donde también me licencié, el año 1965), y la cayada que aún conservo desde mis tiempos de pastor de ovejas. 

El experto en Miguel Delibes y doctor en ciencias de la información dice, porque el DRAE no recoge rambalesca: “variante vulgar de rocambolesca”.

Y yo, con mi currículo, digo: Delibes nos habla de que si cambian su espontaneidad para convertirlo en espectáculo, el calvario de Ahedo dejará de ser una manifestación espontanea para convertirse en una rambalesca escenificación del Calvario. De donde deduzco que Delibes se refiere a la escenificación de “El Mártir del Calvario”, obra cumbre -con 5000 representaciones- de Enrique Rambal. Ignoro, yo no soy ilustre letrado, si al referirse a rambalesca, como apellido de Enrique Rambal, pierde su significado para convertirse en una vulgaridad. Eso es algo que vosotros tendréis que juzgar y decidir.

Recordad: a partir de la edición mejorada del citado diccionario, cualquier obra de Enrique Rambal no será tenida como una obra rambalesca, sino como una vulgaridad de la palabra rocambolesca. ¡Vivir para ver!

Camporredondo, 10 de abril de 2015.

domingo, 10 de mayo de 2015

Raer 2

Seguimos encontrando palabras “mejoradas” en el nuevo-viejo diccionario del Castellano Rural en la Narrativa de Miguel Delibes.

Si el camino es errado, cuanto más avancemos por él más lejos estaremos de la meta. ¡Vaya tontería que se me acaba de ocurrir!

Sin embargo, lo que se me acaba de ocurrir, creo yo, viene aquí como anillo al dedo.

A ver, comenzamos a caminar:

Raer: Perder resina. (Investigación de campo).

Así aparece en el Diccionario del Castellano Rural en la narrativa de Miguel Delibes editado por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la lengua y en la Cátedra Miguel Delibes.

Seguimos caminando:

Raer: Perder resina el pino que recogerá el resinero con la raedera. (Investigación de campo).

Aquí aparece la “mejora” en el Diccionario del Castellano rural en la Narrativa de Miguel Delibes editado por ediciones Cinca. Ambas del mismo autor del texto.

Si cuando el “experto” al comenzar a caminar por el camino de la resina ha errado, por muchas vueltas que quiera darle jamás yo –que soy muy bruto- podré entender lo que quiere decir.

Como parece que andamos por caminos alejados de los del resinero, vamos a intentar desglosar las tareas que realizaba para la elaboración del pino negral (pinus pinaster) referidos a una temporada para la extracción de la resina. Para no ser pesado, lo que voy a decir está pormenorizado en “La pizarra de Gaude”. Incluso allí podéis contemplar al resinero realizando cada tarea.

El resinero comenzaba la temporada, para la extracción de la resina, allá por el mes de marzo, desroñando. Seguía, clavando. Continuaba, pica a pica, remondando. Seguía, remasando. Después, raía. Y finalizaba, el año que tocaba, recogiendo el sarro.

Como veis, la quinta operación que el resinero realizaba era RAER. Entonces ¿cómo se puede entender que raer sea perder resina el Pino?

raer.
(Del lat. radĕre).
1. tr. Raspar una superficie quitando pelos, sustancias adheridas, pintura, etc., con un instrumento áspero o cortante.


He querido recurrir al DRAE porque nos dice muy claro lo que es raer. Pero nos juega una mala pasada: no nos lo aclara del todo y así se presta a confusión. No nos dice: raer es raspar, con la raedera, la superficie de la entalladura para despegar la resina que, a lo largo de la temporada, se ha ido quedando adherida. Creo que esto sí que lo volvemos a explicar para facilitar la tarea a los posibles expertos que quieran aprovecharlo: El discurrir de la miera hacia el pote depende de la temperatura ambiente: a mayor temperatura, más licuada se mantiene la resina y mejor desliza hacia el pote. Pero a lo largo de la temporada, sobre todo al principio y al final de la misma, incluso por la noche, la temperatura desciende y la resina espesa y no desliza, no corre, se queda adherida en la entalladura. Esto, ni qué decir tiene, que es al final de la temporada (la temperatura desciende bastante y la distancia hasta el pote es mayor) cuando más resina va quedando pegada al pino, en su entalladura.

Termina la temporada y el resinero, al que le ha costado gran esfuerzo que el pino suelte su sangre, (resina) no puede permitir que a última hora se quede allí pegado parte de su esfuerzo. ¿Qué hacer entonces? Pues coger la raedera y, como si fuera una remasa más, raspar la superficie de la entalladura, remasar la resina así recogida, echarla a la cuba y dar por terminada la temporada; siempre que ese año no toque recoger el sarro.

Así que, resumiendo:

Raer.- Raspar, con la raedera, la superficie de la entalladura para recoger (remasar) la resina que quedó allí pegada durante la temporada.

O sea: rae el resinero con la raedera, y el pino no pierde resina por el hecho de raer. El pino pierde resina porque el resinero para eso le elabora. El resinero le hace cortes y el pino llora y pierde su sangre (resina). Sí que es cierto: el resinero, con raedera o con cuchillo y lata, recoge la resina y con ello se gana el sustento para su familia.

Y ahora puedo aseguraros que yo me he enterado de lo que es raer. ¿Y vosotros?

Camporredondo, 18 de abril de 2015.

viernes, 1 de mayo de 2015

Pasen y lean...

... lo que aquí decimos.
¡Comprender a Delibes… ésa es la cuestión! 

Posiblemente el señor Urdiales está pidiendo ayuda. Por eso titula: "COMPRENDER A DELIBES"… porque yo no le comprendo. Lo siento señor Urdiales: a lo largo de sus escritos deja usted patente que no comprende a Delibes. Usted tiene en mente su particular Delibes. Lean a continuación:

COMPRENDER A DELIBES
URDIALES YUSTE, Jorge
Publicado en el año 2005 en la Revista de Folklore número 293
“(…)
Hay otras voces populares-rurales muy arraigadas a las que Delibes les da un significado muy particular. Tal es el caso del verbo “carear” que significa pacer o pastar el ganado cuando va de camino y así se emplea por estos pueblos. Las ovejas carean fundamentalmente las tierras que no han sido aradas. Sin embargo, Delibes no va a utilizar el verbo “carear” para unas tierras, sino para el cabello de un muchacho cuando escribe en Las guerras de nuestros antepasados que el chico “tenía la pelambre entrecana y los remolones careados” (p. 64)”.

Como acabamos de leer, quizá podamos admitir que el chico -Pacífico Pérez-  tuviera la pelambre, o pelambrera, entrecana, pero que una persona tenga los remolones cariados, o careados como dice PP,.. pues yo pediría un respeto hacia la persona. Remolón: colmillo del jabalí.

Buscando referencias y contrastes llegué hasta Villanueva de Duero (Valladolid) donde, por casualidad, encontré lo que acaba usted de leer, escrito, al parecer, por el señor Urdiales. Es más extenso pero, como decimos por estos pueblos de Dios, “para muestra un botón”.

Ahora compare usted lo que ha entendido el señor Urdiales, con lo que Pacífico Pérez (“Las Guerras de Nuestros Antepasados, página 64”) le dijo al doctor Burgueño López:

“(…) Y como quiera que el bicho aquél, el jabalí, digo, tenía la pelambre entrecana y los remolones careados (1), todos dimos por buena la explicación, ¿se da cuenta? (…)

Se está refiriendo, PP, al suicidio del jabalí.

Esto ha quedado escrito, y por eso yo lo he leído hoy. Si yo no hubiera leído “Las Guerras de nuestros antepasados...” ¿qué cree usted que pensaría del escritor Delibes? Pues esto es lo que está consiguiendo el Señor Urdiales y, vuelvo a decir, aplauden: Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Cátedra Miguel Delibes, Fundación Miguel Delibes, Excma. Diputación de Valladolid, el Ministerio de Cultura -que hace posible que el señor Urdiales vaya predicando por colegios e institutos-, El Norte de Castilla… y, aquí tiene usted otro ejemplo, la Revista Folklore, más... ¡échele usted hilo a la cometa!

El señor Urdiales nos aclara más cosas que sus lectores "no sabíamos". Entre ellas destacamos ésta que es una sentencia que no deja lugar a dudas. Escribe: "(...) carear significa pacer o pastar las ovejas cuando van de camino". Y yo, que no sé nada de esto, pregunto: y cuando han llegado al careo ¿qué hacen? yo siempre creí que van de camino hasta que llegan al careo, y una vez en él pues eso: carean.

Pero en su afán por ilustrarnos en el arte del pastoreo añade: "Las ovejas carean fundamentalmente las tierras que no han sido aradas". Yo, a continuación, me imagino al señor Urdiales secándose el sudor... ¡qué esfuerzo tiene que suponer llegar a conclusiones de tan alta reflexión! A ver: usted se imagina un rebaño de ovejas pastando en una tierra recién arada? Yo es que, en mi época de pastor, fui tan torpe que no supe aprovechar el pasto de la tierra recién arada. ¡Lo que me perdí y se perdieron mis ovejas!

Y... ¡para qué seguir!

En atención al posible interesado, de forma sucinta vamos a decir lo que significa la palabra careo según este ex pastor: careo es todo aquel terreno -de labrantío o no- en el que abunda el pasto para el ganado (¡vaya careo que hay!). El ganado va de camino hasta que llega al careo y, una vez en él, en este caso las ovejas: carean. Del verbo carear.

Los remolones, colmillos del jabalí cariados, son otra cosa (parece que tenían caries). De eso podemos hablar en otro momento. Así que por ahora dejemos al jabalí con su pelambre entrecana y sus colmillos cariados, compadeciendo al pobre animal  por el dolor tan fuerte que debía sentir y que, se supone, le llevó al suicidio; o eso es lo que relata Pacífico Pérez al doctor Burgueño.

Y de todo lo dicho -y mucho más- lo verdaderamente grave es que a nadie parece preocuparle.

Camporredondo, 29, de abril de 2015.

(1) Me atrevo a decir que "careados" es fruto del escrupuloso respeto que el doctor Burgueño siente por el vocabulario de Pacífico Pérez, o se debe a error de imprenta. Todo, menos ser fruto del "muy significado particular" que le da el escritor Delibes según observa el señor Urdiales.



domingo, 26 de abril de 2015

¡Joder qué imaginación...!

¡Joder qué imaginación tiene el experto!

En cualquiera de las dos glorias que siguen... ¿dónde colocaríamos el puchero con los gabrieles y el tocino?
A todo trapo: gloria en Camporredondo (Valladolid)

4 h.
Así era la Castilla de Delibes. En esas casas se comía cocido todos los días. Hecho en la gloria, toda la mañana.














Chimenea, hogar, llar... o simplemente fuego de
morillos, donde se cocían los gabrieles y las patatas.
“Habló el buey y dijo mu”. O lo que es lo mismo; habló Urdiales y dijo: el cocido se hacía en la gloria durante toda la mañana. La Diputación que oyó esto, habló y dijo: paguemos a este “experto” para que predique estas enseñanzas por nuestros pueblos y ciudades. El ministerio de in-cultura rural exclamó: permitamos que expertos como éste prediquen tanta sabiduría por colegios e institutos, al fin y al cabo es más fácil gobernar bueyes que digan “mu”. Y llegó el paleto (yo) y dije: de todos estos sabios, me quedo con el buey.

He querido abrir esta entrada con dos hermosas glorias en pleno rendimiento en la Castilla de Delibes donde, es cierto, se comía cocido todos los días  –y patatas todas las noches- y aquél y éstas se cocían a fuego lento durante toda la mañana los unos, y parte de la noche las otras -casi siempre viudas- en la cocina bilbaína o económica, o en la humilde placa anterior a la bilbaína, o en la chimenea, hogar, llar… o -llámelo usted como quiera- entre los morillos. Todo menos en la gloria porque… dígame el señor Urdiales -que parece bien informado- ¿dónde colocaría usted el puchero con los gabrieles y el tocinillo? Bueno, creo que se impone informar, de manera un poco más rigurosa, y eso es lo que vamos a hacer desde la boca de abastecimiento a la gloria.

La gloria, calefacción por suelo radiante (posiblemente de época romana) mediante el fuego era y, como vemos, todavía sigue siendo, una serie de túneles o cañones debajo del piso, por los que se canaliza el fuego -que el combustible genera al arder- hacia la chimenea o salida de humos. En el tránsito de la llama, buscando la salida, va calentando el suelo -para calentar el suelo, no para cocer los garbanzos- y por radiación calienta las habitaciones por las que pasa. Así de sencillo.

Cómo y por qué de la forma de encender la gloria: por la boca de abastecimiento se aporta el combustible, normalmente hornija (ver lo que es hornija en el “Diccionario de Camporredondo”), pero también en las zonas de Castilla en las que abunda la paja se atiza con este combustible, o con burrajo… en fin, cualquier material que genere una llama y que, además, sea económicamente asequible para la, generalmente débil, economía doméstica.

Una vez metida la leña a la entrada del cañón de la gloria se prende (se enciende) y comienza la combustión. Por ende, el suelo se va calentando. Mientras la llama es intensa se mantiene abierta la boca de entrada de la leña y la salida de humos (cortafuegos en la chimenea). Como el calor tiende a subir y como la chimenea está muy alta –por encima del tejado- se establece una corriente de aire desde la boca de abastecimiento hacia la chimenea. Cuando la llama va cesando, se van cerrando tanto la boca de entrada como el tiro o salida de humos, hasta que la combustión cesa por completo , que es cuando se cierra de forma hermética, o casi hermética. ¿Para qué se cierra de forma casi hermética? Pues para evitar que el calor que siguen generando las brasas, más el acumulado por efecto de la combustión, se escape. De esta manera, si en el cañón de la gloria hay calor acumulado (y lo hay) el suelo se mantiene caliente durante todo el día. El calor se mantiene hasta el día siguiente en que volveremos a repetir la misma operación.

¿Qué conclusiones sacamos de esta explicación? Pues que el tiempo de apertura de la boca de abastecimiento, como el tiro, o cortafuegos, de la salida de humos, deberá ser el menor posible.

A partir de aquí habrá que sacar alguna enseñanza: no es posible que cozamos los gabrieles en la gloria, porque además de ser imposible (¿metemos el puchero en el cañón y cerramos?), la cocinera tendría que bajarse a la cueva, se vería obligada a mantener la boca de abastecimiento abierta, y el calor se nos escaparía.

Bueno, además, ¡qué cojones hago dando explicaciones sobre algo que es absurdo! El cocido en los pueblos de la Castilla de Delibes se cocía a fuego lento en la forma que ya hemos dicho más arriba, lo que pasa es lo que, también he dicho hace un rato: “habló el buey y dijo ¡mu!”

Lo verdaderamente preocupante de todo esto es que, de los que escuchan o leen a Urdiales; unos, los que saben, se ríen pero no actúan y los que, por su juventud, no saben de qué va el tema, pues lo aceptan y asimilan. Así se deforma la historia: para ilustrar en colegios e institutos el Ministerio de in-cultura les pone un profesor analfabeto en lenguaje rural. Hasta donde no llegue el ministerio llega la Diputación, o la Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, o la Cátedra Miguel Delibes… en fin, todas estas instituciones que, con el DRAE en la mano, son infalibles, pero en cuanto les metes por los caminos sin asfaltar, o tienen que pisar terrones, no saben dar un paso y patinan: resbalan y caen.

Deducción que yo saco: al señor Urdiales le hablaron de la gloria como forma de calefacción, después le dijeron que en los pueblos de Castilla se comía el cocido todos los días… el experto lo metió en la coctelera y sacó: comen cocido todos los días, se calientan con el calor de la gloria, como no sabe lo que es la gloria, recurre al DRAE que le complica más y dice: aprovechando el fuego de la gloria cuecen los garbanzos del cocido. ¿Acierta? Pues está claro que no. Pero, por si las moscas, dice: “en los pueblos de la Castilla de Delibes…”. Entonces yo digo: no señor Urdiales, eso no es así y, además, Delibes nunca lo dijo, porque Delibes conocía, como yo, la forma en la que se cocía el cocido castellano. Así que otra vez más le digo: señor Urdiales, usted con su bienintencionada ignorancia, está haciendo mucho daño al leguaje y costumbres castellanas.

Después de todo lo dicho pienso, parecerá raro, pero sí que pienso: el Isidoro de Delibes llevaba el pueblo escrito en la cara y como tal era motivo de mofa. Ha pasado un poco tiempo e Isidoro, que sigue llevando el pueblo escrito en la cara, aquí le tienes intentando hacer comprender a los maestros del lenguaje lo que es una gloria. Que no es la Gloria-Cielo que ellos nos enseñaban, no; esta gloria es con la que nos calentábamos. Eso sí los garbanzos los cocinaban nuestras madres y abuelas con leña, sí, pero no en la gloria.

Y dice el DRAE:
gloria.
(Del lat. gloria).
6.f. Hornillo dispuesto para calentarse y para cocer las ollas.

Esto dice y se queda en eso: en la gloria.

Sí, sí, sí. Ya sé que el DRAE dice todo esto. Pero como la Castilla de Delibes es la de la gloria- calefacción por suelo radiante (la de los romanos) creo que es a ésa a la que debemos referirnos. La del DRAE, o el Diccionario de la Real Academia nos dice cómo es, o era, o el experto debe decirnos en qué zona de esta Castilla de nuestros amores se llama gloria a los fogones en los que se cocían los gabrieles. Así que quedo a la espera de que alguien nos muestre este tipo de gloria para calentarse o cocer el cocido a fuego lento. Y si alguien descubre que no es cierto lo que más arriba digo lo rectificamos: todo menos cargarnos la gloria tradicional por suelo radiante: la de la Castilla de Delibes.

Y sigue el DRAE:
gloria.
(Del lat. gloria).

7. f Estrado hecho sobre un hueco abovedado, en cuyo interior se quema paja u otro combustible para calentar la habitación.

La verdad es que el DRAE tampoco ayuda mucho. La definición que nos da de gloria, al menos desde la Castilla de Delibes, no es muy acertada. Comparemos la definición con las fotos del encabezamiento del escrito. Lejos de ser un estrado es un túnel bajo el suelo de la casa. En fin, espero haber dejado claro lo que es la gloria en la Castilla de Delibes.

Camporredondo, 27 de marzo de 2015.

martes, 21 de abril de 2015

¿Adobadera?

Adobadera
EC p. 14
Su padre empezó a dar vueltas nerviosas a una adobadera entre las manos.
Adobadera: Molde para hacer adobes. (Diccionario de Uso del Español)
Adobera: Molde para hacer adobes. Obra hecha de adobes. (Diccionario General de la Lengua Castellana)
Adobera: n.f. Molde para hacer adobes. Sinónimos: abancal, amacal, formón, gradilla, horma, macal, mecal, marcel. (Diccionario del Castellano Tradicional)
Adobadera: Utensilio que sirve para hacer adobes. Tanto en el DRAE como en algunos otros diccionarios el término empleado es "adobera". Sea adobera o adobadera, los dos denominan el mismo utensilio. Por estos pueblos no se emplea adobadera para denominar el recipiente que sirve para hacer el adobo (1).
La adobera es un molde de madera de forma rectangular en tres dimensiones, con asas a ambos lados. (Investigación de campo).

Texto transcrito desde el glosario de la Cátedra Miguel Delibes que se halla también en el Diccionario del Castellano Rural en la Narrativa de Miguel Delibes. Obra del mismo autor.

A veces siento tentaciones de abandonar ante tanta ignominia hacia la obra de Miguel Delibes y el lenguaje rural. Pero después recapacito y me pregunto: si los “diccionarios" en la narrativa de Delibes falsean la realidad, si, además, el ministerio de in-cultura rural, la Diputación provincial de Valladolid, Fundación del Instituto Castellano y Leonés de la Lengua, Cátedra Miguel Delibes, Fundación Miguel Delibes, El Norte de Castilla… y no sé si alguien más lo apoyan… ¿qué pasará con la obra de Delibes y con el lenguaje rural en general? Entonces me doy cuenta y pienso: aun con mis muchas limitaciones, de todo género, debo seguir.

Supongo que, a estas alturas, no descubro la pólvora si digo que la obra de Miguel Delibes gira, en buena parte, en torno al mundo rural. Lo que digo queda patente en numerosas de sus obras. Tampoco cabe dudar del cariño que el escritor siente por el mundo rural y la preocupación que, fundadamente, tiene sobre este mundo del que si alguien se aproxima a él es para aprovecharse (y así seguimos, añado yo).

En el caso de El Camino, Delibes se vale de tres niños de pueblo, tres amigos que actúan como actuaban los niños de pueblo de aquella época. Entre estos niños destaca la figura de uno de ellos: Daniel, el mochuelo, cuyos padres se ganaban los gabrieles fabricando queso para la venta.

Con esto creo que sería suficiente para preguntarnos: si la familia de Daniel, el mochuelo, son queseros… ¿qué hacía su padre con un útil de fabricación de adobes -ladrillos de tierra y paja para la construcción de edificios- en la quesería? ¿Será que está sopesando la posibilidad de trocar el oficio de quesero por el de trabajador del barro, barrero?

Al parecer al autor del trabajo no le ha extrañado (desconoce el tema y no parece tener muchas ganas contrastar nada).

Como a mí sí que me preocupa el tema, sigo con una palabra que yo jamás oí para mentar al mencal o adobera que es lo mismo: mencal, de toda la vida, en esta zona de Valladolid, y adobera para el resto... y adobadera, al parecer, para el autor de los "diccionarios"

Abrimos los diccionarios -Diccionario del Castellano Rural en la Narrativa de Miguel Delibes editado por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua y reeditado por ediciones Cinca con el apoyo de Fundación Miguel Delibes y Cátedra Miguel Delibes- y nos encontramos con lo que vemos en la parte superior de este escrito.

Podría haber sido que el escritor lo hubiera dejado escrito: Él tampoco es infalible. Pero es que Miguel Delibes dijo ADOBERA, -ver página 311 de La obra completa del autor, Ediciones Destino que dice para todos los que, al menos, quieran leer: “Su padre empezó a dar vueltas nerviosas a una adobera entre las manos. (…)”-. Si lo que acabamos de leer lo leen mis nietos y, además, admiran al mismo escritor que su abuelo, defenderán a capa y espada que el mencal se llama adobadera ¡Delibes lo dijo! Entonces a mí me cabe la obligación de decir, para todos los nietos: Delibes dijo, como casi siempre, muy correctamente: ADOBERA.

Ahora quizás puedan decirme: el Diccionario del Uso del Español dice adobadera y, por si acaso, yo digo ¡A mí qué cojones me importa, en este caso, lo que dice el DUE (que no sé si lo dice) yo estoy hablando en lenguaje rural en la narrativa de Delibes y lo demás eso: ¡aquí está demás!

Siguiendo con más disparates, vean lo que añade el “experto” en sus exhaustivas aclaraciones: "Por estos pueblos no se emplea adobadera para denominar el recipiente que sirve para hacer el adobo". (1)

Ante aclaración tan rotunda tengo que rendirme: efectivamente, para hacer el adobo, por estos pueblos no se usa la adobadera: se usa, normalmente, la artesa y también los barreñones.

Y como final sólo añadir: la tierra aparente con la que se hacían los adobes, y adobas, también se llamaba adobera (tierra adobera).

Hasta aquí lo que dijo Delibes visto por el filólogo- doctor cum laude en ciencias de la información y experto en Delibes: Jorge Urdiales Yuste.
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A partir de aquí lo que dijo Delibes visto por el iletrado hombre de campo Gaudencio Busto García.

Hasta este momento hemos discutido sobre lo que escribió Delibes, según el “experto”, y aplauden sus admiradores (véase la relación de entidades admiradoras más arriba).

Ahora vamos con lo que el escritor dijo sobre los deseos de un quesero que anhelaba, con su mujer, que su hijo fuera algo en la vida, y que su hijo escuchaba desde el piso superior. Situemos la acción:

“No obstante, Daniel, el mochuelo, escuchaba con frecuencia las conversaciones de sus padres en la planta baja, durante la noche, cuando él se acostaba. Por la grieta del entarimado divisaba el hogar, la mesa de pino, las banquetas, el entremijo y todos los útiles de la quesería. (…)”. (El Camino, página 310, obra completa de Miguel Delibes, edición 2ª).

Todo aquél que lea con interés y comprenda la obra de Delibes se habrá dado cuenta de que lo que divisaba Daniel, el mochuelo, en el hogar, no eran otra cosa que los útiles para hacer el queso.

Entonces, a cualquiera se le ocurre una pregunta ¿Qué tiene que ver un mencal, o adobera, que es lo mismo, entre las manos de un quesero en la quesería? La respuesta se contesta con otra pregunta: ¿dónde está el error? Pero como no leemos, por tanto mal podremos comprender, nos vamos al DRAE, y el diccionario de la Real Academia recoge, muy correctamente, la palabra que el experto nos presenta.

¿Error? No: falta de interés por la obra de Miguel Delibes (es mi opinión) –pero que nos sirve para nuestro propósito- y desprecio por el lenguaje rural. ¿Soy duro? No, y a las pruebas me remito.

Resumiendo. Dijo Delibes: “Su padre empezó a dar vueltas nerviosas a una adobera (ÚTIL PARA HACER QUESO CON FORMA DE ADOBE) entre las manos”.

Y después de esto no me queda más que decir: Delibes dijo adobera. Lo de adobadera, posiblemente sea otro útil para hacer el adobo. Si llega el momento, y adobadera existe, hablaremos.

Por todo lo dicho, y por todo lo dicho en otros apartados, ruego que los mencionados "diccionarios", en atención y respeto al lenguaje rural y a la obra de Miguel Delibes, sean anulados y reeditados con el mayor rigor.

Y ahora, para el que quiera leer:

ENCELLA - Molde circular para hacer queso con una medida fija.
CINCHO.- Molde de esparto tejido para hacer el queso adaptado a la dimensión deseada. ADOBERA.- Molde fijo para hacer el queso con forma de adobe.
ADOBADERA… pues, de momento, la dejamos, aparcada.

Camporredondo, 9 de abril de 2015.


(1) Ver Cátedra Miguel Delibes y Diccionario del Castellano Rural en La Narrativa de Miguel Delibes editado por Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua¨.

domingo, 19 de abril de 2015

El jabón rural.

Porque se nota a la legua, y porque yo os lo he dicho siempre que la ocasión lo ha requerido, vosotros sabéis que el edificio de mi cultura descansa sobre los cimientos de la universidad-Escuela Nacional (6 a 14 años) de Camporredondo –Valladolid-, en mi vieja Castilla.

Es, por tanto, un edificio con paredes de adobe, de una sola planta, cuyos ventanucos son reducidos, para evitar que las temperaturas extremas puedan entrar y salir alegremente y su cubierta está compuesta por elementos nacidos y desarrollados en la naturaleza.

Con esta premisa es fácil deducir que, desde mi más tierna infancia, yo haya tenido muchas dudas -por incomprensión- sobre algunas materias que estaban por encima de la planta baja de mi edificio. Una de las dudas que no he conseguido despejar es ésta que os presento:

Desde la primera vez que vi a mi madre hacer jabón, yo no podía entender cómo era posible que si me caía una gota de grasa –aceite, manteca, sebo…- aquello fuera una mancha, y mi madre con el sebo, manteca o aceite consiguiera hacer jabón para quitar las manchas.

Porque aún nadie me lo ha explicado, y porque ahora gozamos de unos químicos que publican en las revistas mundiales de mayor prestigio y que incluso nos inventan una nariz portátil -separada de la cara-, quiero aprovechar para que, si lo tienen a bien, resuelvan mis inquietudes.

Ya me han preguntado: ¿para qué quieres, a tu edad, que te aclaren la duda que tienes sobre el jabón hecho con grasa? Y yo he contestado: pues para saber, a mi edad, por qué se quitan las manchas con el jabón hecho con grasa.

Y dicho esto, pasamos a fabricar jabón de forma artesanal por el método que empleaba mi madre y las demás señoras de mi pueblo. Ya he comentado que una de las materias primas que usaban era el aceite gastado. Pero como este tipo de grasa era más bien escaso, nos centraremos en la manteca. Mejor aún: usemos el sebo que era el que abundaba en casa y el que menos se adaptaba al consumo cotidiano (la manteca era una fuente de sabor y energía para añadir a las patatas viudas).

El sebo, de sobra sabéis que es la manteca de los herbívoros. Bien. Pues el de casa procedía, principalmente, de la toquilla que envuelve el bazaco (ver Diccionario de Camporredondo en esta misma pizarra) de las ovejas, más toda la grasa que, según la cantidad de pasto, había temporadas en que era elevado. Todo este sebo se iba recogiendo en cajones o bolsas, y cuando había una cantidad considerable, o se vendía, o se llenaba la caldera y se colocaba ésta encima de la trébede, se encendía un manojo y, dale que dale, hasta que el sebo derretía. La grasa, así obtenida, la mezclaban con sosa.

Bien mezclados el sebo y la sosa, se vertían sobre un cajón a propósito hasta un nivel adecuado a la altura que se quisiera dar al cantero de jabón. Se esperaba el tiempo suficiente para que fuera solidificando de nuevo y, antes de que endureciera, se cortaban los canteros a gusto de la consumidora. Se esperaba hasta que enfriaran los canteros y desde allí hasta el arroyo para lavar la colada que, como decía nuestra amiga Luisa, solía ser todos los lunes de cada semana.

Yo creo que están más que justificadas mis dudas: la grasa produce manchas en la ropa, pero si la procesamos resulta que es un extraordinario anti manchas. Explíquemelo usted señor/a químico/a.

Y sin más, pasemos a daros la fórmula mágica que nos ofrece mi hermana Consolación que tantas veces fabricó jabón para el consumo familiar.

Ahí van los ingredientes y su forma de hacer el jabón:

Ingredientes: agua y sosa mas, manteca, sebo o aceite.

Útiles necesarios: barreñón (barreño dice mi hermana, el mío es más grande) de barro cocido, palo del mango de escoba, por ejemplo, para remover, cajón adecuado a las necesidades y cuchilla para cortar los canteros.

Cantidad de ingredientes de referencia: por cada ½ kilogramo de sosa, tres litros de agua y tres kilogramos de manteca (en nuestro caso, sebo).

Sobre los tres litros de agua se vierte el ½ kilo de sosa y se remueve, con el palo, hasta que quede completamente desleído. Conseguido esto se añaden tres kilos de manteca –en nuestro caso sebo-. Si el sebo esta solidificado sería conveniente que el agua estuviera caliente para agilizar el proceso. Debemos remover la mezcla hasta que espese. Como ya tendremos preparado el cajón, verteremos la mezcla en él y esperaremos hasta que, pasadas unas dos horas, se pueda cortar a la medida que queramos que vaya a tener el cantero de jabón.

Un consejo que da mi hermana es que debes hacerlo donde no haya corrientes de aire, porque se cortaría y nunca cuajaría. Y otro: cuidado con las manos porque es sosa y te quemarías. Así nos lo dice y así os lo pasamos. Y añade:

Suerte y que salga bien. Y yo añado un deseo:

Que la crisis no nos obligue a fabricar, de nuevo, jabón rural.

Nota al final de todo: por el ingrediente (sosa), altamente corrosivo, usado en la fabricación del jabón, los útiles usados deberían ser de madera o barro cocido.

Camporredondo 8 de abril de 2015.

domingo, 12 de abril de 2015

Escavanar

21 horas · 
Luego me lo volvió a repetir una cuadrilla que estaba escavanando (D1C)
Escavanar:Entrecavar los sembrados, con escarda o azadilla

Así soluciona el “experto” las dudas sobre el lenguaje usado por Delibes: acudiendo al DRAE, que es más fácil que investigar por los pueblos. Lo anterior es lo que encuentro en el blog de Jorge Urdiales.

Escavanar
D1C p. 178
No me preocupó el asunto, pero apenas me metí en el pinar, un tazado que andaba a la miera me vino con el mismo cuento. Luego me lo volvió a repetir una cuadrilla que estaba
escavanando. Me llegué a los majuelos y me puse a manearlos con calma.
escavanar.
 (Por *escavonar, de excavón).
1.
 tr. Agr. Entrecavar los sembrados, con escarda o azadilla, cuando ya tienen bastantes raíces, para que la tierra se ahueque y se meteorice mejor, y para quitar las malas hierbas.

Y así lo encuentro en el glosario de la Cátedra Miguel Delibes, del mismo autor. Quiere decirse que así lo dice el DRAE: ése es nuestro mérito.

Pero como la cosa, al menos para mí, no está clara… ¿qué os parece si buscamos una explicación a la palabra escavanar usada en el “Diario de un Cazador? Vamos allá:

Para coger el hilo y llegar al ovillo debemos comenzar por el libro “Diario de un Cazador” que es donde Delibes hace uso del lenguaje rural (el que aprendió entre nosotros, él siempre lo dijo.)

Abrimos –otra vez más- el libro por su página 186 y vemos que el “Diario de un Cazador” va por el 14 de octubre, miércoles. Es importante que nos fijemos en la fecha, así nos daremos cuenta (si no somos “expertos”) que no hay concordancia entre la definición que nos ofrece el DRAE y ella.

Veamos: ¿conocemos, en Castilla, algún tipo de sembrado que por el 14 de octubre esté empezando a desarrollar su raigambre como para tener que “escavanarlo para que la tierra se ahueque y se meteorice mejor, y para quitar las malas hierbas?” ¿No os parece que ésta es una labor más propia de la primavera? ¡Sin embargo estamos a 14 de octubre, miércoles! ¿Dónde estará el error? Porque indudablemente hay un error. ¿Será de Delibes? Pues yo sinceramente creo que no, y vamos a razonarlo: en cierta ocasión, me permití llevar la contraria al “experto” que decía que la liebre encaderada…bla, bla, bla. Yo dije entonces y repito una vez más: Delibes no pudo decir, y no dijo, encaderada, sino escaderada. Abrimos “El Libro de la Caza Menor” y, efectivamente, hay alguna edición que, tal vez asesorado por algún “experto”, le pareció más correcto encaderada que escaderada y así lo pasó a la imprenta. Sin embargo lo que Delibes escribió fue escaderada: rota la cadera. Luego es un error de imprenta. ¿Alguna duda al respecto? Si queréis podemos comprobarlo.

Seguimos con la palabra que ahora nos ocupa: “escavanar” que, dicho sea de paso, por aquí no se emplea, ni se ha empleado nunca (aquí se ha usado rozar, cavuchar, binar... –con la binadera, no con el binador-).

Delibes –eso creo yo- no quiso decir, y creo que no dijo, escavanar, sino escaballar, que esto sí es más propio de mediado el mes de octubre. Pero tenemos el mismo problema que con encaderada- escaderada; lo escuchó otro de tantos “expertos” y acudió al DRAE. Como el diccionario recoge escavanar pero no escaballar dijo -para eso son expertos-: ya está, Delibes quiere decir escavanar. Y así, otra vez la imprenta, o los “expertos” en lenguaje rural, y en Delibes, lo montaron a su manera. (Es sólo una posibilidad).

Desgraciadamente hoy el escritor nos ha dejado y a los que opinamos sobre su obra nos va de maravilla, publicamos lo que nos viene en gana y nadie nos corrige. Bueno… a veces sale algún paleto, pero no tiene mayor importancia mientras a los “expertos” los apoye el mismísimo ministerio de incultura rural.

Y vamos a razonar –si es posible- por qué Delibes pudo decir escaballar y no escavanar. Ya quedó claro, eso espero, que la palabra escavanar la hemos encontrado en el DRAE. ¿Por qué no aparece escaballar en el DRAE? pues porque el lenguaje rural no tiene diccionario y esta palabra, a los sesudos académicos, no se les ha ocurrido incluirla. Por tanto escaballar es palabra rural 100% y Delibes quiere perpetuar este entrañable lenguaje (seguramente la cuadrilla le dijo que estaban escaballando).

Otra razón creo que ya la hemos dado al decir que el 14 de octubre no es el tiempo en el que se escavanaba (aquí rozaba, binaba, cavuchaba, etc.), el tiempo de escavanar es en primavera.

Lo que voy a decir ahora ya sé que a muchos y muy modernos viticultores (que no lo han entendido) les parecerá una burrada: “si quieres ver a tu viña moza, pódala con hoja”. Éste es el dicho que viene como anillo al dedo para el tema que tratamos: “… una cuadrilla que estaba escavanando (…)” pues no, la cuadrilla estaba ESCABALLANDO, que está más acorde al tiempo al que se refiere el “Diario de un Cazador”.

De nuevo (ya lo recogí en el “diccionario de Camporredondo”) quiero referirme a lo que era escaballar: de sobra es conocido que por el mes de octubre –antes más que ahora- ya suele helar, y en cuanto hiela las hojas de las cepas se caen y en cuanto se caen y hay tiempo se quita de la cepa todos los sarmientos que en la siguiente temporada serán inservibles. Se quitan estos sarmientos y así cuando llega la época de la poda la tarea está muy reducida para, en el menor tiempo posible, dar la poda definitiva.

Quiero, y debo añadir, que cuando se vendimiaba la hoja de la viña era aprovechada como pasto para las ovejas, por eso enseguida se podía empezar a escaballar, de ahí que Delibes pudiera ver a la cuadrilla escaballando. Además, a poco que no seamos expertos, nos daremos cuenta que a continuación Delibes manea los majuelos con calma: estamos entre viñas y no entre sembrados de primavera.

No sé si ha quedado claro el tema escavanar-escaballar.

Ahora, para aquellos -expertos o no- que no entienden aquello de “si quieres ver a tu viña moza pódala con hoja”: cuando el abuelo dice esta frase no nos está diciendo que podemos la viña en el mes de septiembre. Lo que el abuelo quiere decir –eso decía el mío- es que no se debe retrasar la poda de la viña. De manera señor www.puntovino.es yo no me atrevería a tildar de ridículos y equivocados a nuestros “viejos” –entre los que me cuento- si no ha entendido lo que dicen.

Y con esto espero haber dejado claro (yo así lo creo) que Delibes NO dijo escavanando sino escaballando.

Como siempre existe la posibilidad de que, con los años, la memoria nos puede traicionar, me puse en contacto con Arturo Sastre Ruiz (87 años) y no me dejó terminar, me dijo: mi hermano Secundino (83 años) la última vez que escaballó (aun les queda una pequeña viña) fue el año pasado. Cierto es que ni los hermanos Sastre, ni yo, somos expertos en Delibes, pero sí en escaballar.

Y ya, pues no puedo hacer más que ponerme a vuestra disposición, incluso a disposición de los “expertos”, con los que estaría encantado debatir sobre el mundo rural: siempre estoy dispuesto a aprender.


Camporredondo, 27 de octubre de 2015.