lunes, 10 de marzo de 2014

En Camisas de Once Varas: Derretir.

En otro tiempo, la comida del mediodía siempre, o casi siempre, era el cocido castellano que, a veces, era alegrado con un trozo de carne de oveja y un chorizo negro o sabadeño más el relleno. Pero lo que no podía faltar era el fruto de la matanza: el trozo de tocino.

Bueno, pues según leemos en el DCT página 702, esto hoy no sería posible porque el tocino se nos derretiría; nos llenaría los gabrieles de grasa, no podríamos untar el pan en el tocinillo ¡con lo bueno que estaba! Y el colesterol andaría por las nubes. ¿Por qué digo esto? vean por qué:

Derretir v.tr. Deshacer en agua hirviendo el tocino para sacar la manteca. (Sic).

¿Lo ven ustedes? no hay forma de hacer un cocido.

¿Cómo se derretía el tocino, las pocas veces y lo poco que se derretía? (porque hacía falta para el cocido de todo el año). Pues véanlo: se colocaba la trébede, sobre ella la caldera y bajo ellas se prendía el manojo. En el fondo se echaba un poco de agua, ¿para qué? Pues para que no se abrasara la caldera hasta que el tocino empezara a soltar grasa. Esto ocurría justo mientras el agua se evaporaba y el tocino ya iba derritiéndose con el calor, pero sin agua. Había que tener cuidado, si el tocino llevaba la corteza, de ponerla hacia arriba, o sea, el tocino debía de tocar el fondo de la caldera para que, en seguida, antes de que el agua evaporase, comenzara a soltar grasa. Así seguía el tocino al calorcillo hasta que soltaba toda su grasa, pero sin agua, porque se nos habría cocido. ¿Ven qué fácil?

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